Oración del Papa Francisco a San José

Envié al Papa mi libro en español SAN JOSÉ: LA PERSONIFICACIÓN DEL PADRE CELESTIAL(,uno de mis mejores libros (DABAR, Méxco) y me contestó diciendo:

“Quiero compartir contigo la oración que rezo desde hace cuarenta años después de Laudes:

Glorioso Patriarca San José, que tienes el poder de hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una solución feliz. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en Ti. Que no se diga que te he invocado en vano, y puesto que tú puedes todo junto con Jesúy María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén.”

Supe por un secretario suyo que todas las noches antes de dormir escribe unas notas con los problemas que tiene con la Iglesia y el mundo y las pone debajo de la imagen de San José. Y me aseguró que despierta siempre con alguna buena idea en la cabeza. 

Aquí está esa bella oración para quien quiera rezarla

El necesario diálogo inter-religioso

Leonardo Boff*

El diálogo interreligioso es una de las demandas más urgentes en esta fase planetaria de la humanidad. El fundamentalismo y el terrorismo actuales se enraízan profundamente en convicciones religiosas más que en ideologías. Sólo motivaciones que se fundan en un sentido radical que trasciende los sentidos históricos inmediatos sustentan el valor de las personas, dispuestas a sacrificarse y a hacerse personas-bomba para destruir a otros, considerados como enemigos. Ese sentido normalmente lo producen las religiones. 

Trasfondo religioso de los conflictos actuales

Detrás de los principales conflictos del final del siglo XX y de principios del siglo XXI hay un trasfondo religioso, así en Irlanda, en Kosovo, en Kachemira en el pasado, y actualmente en Siria, en Afganistán, en el Congo y hoy dia de forma violenta entre Ucrania y Rusia, el ataque terrorista de Hamas de Gaza el 7 de octubre de 2023 y la represalia desproporcionada por parte del Estado de Israel, dirigido por un primer ministro de extrema derecha, contra los palestinos de la Franja de Gaza.

No sin razón escribió Samuel P. Huntington, uno de los observadores más atentos del proceso de globalización en su discutido libro El choque de civilizaciones (Planeta 2005): «en el mundo, la religión es una fuerza central, tal vez la fuerza central que motiva y moviliza a las personas… Lo que en última instancia cuenta para las personas no es la ideología política ni el interés económico. Aquello con lo que las personas se identifican son las convicciones religiosas, la familia y los credos. Por estas cosas combaten y hasta están dispuestas a dar su vida».

Efectivamente, no obstante el proceso de secularización y el eclipse de lo sagrado con la introducción de la razón crítica a partir del Iluminismo del siglo XVIII, la religión há sobrevido a todos los ataques. Y por el contrario, las últimas décadas están presenciando una vuelta poderosa del factor religioso y místico en todas las sociedades mundiales, vuelta propiciada principalmente por los hijos e hijas de los maestros de la sospecha y de la crítica devastadora de la religión, como Marx, Freud, Nietzsche, Popper y otros. 

La religión es la cosmovisión común de la mayoría de la humanidad. En ella encuentra orientación para la vida y de ella deriva actitudes éticas. Lo formuló bien Ernst Bloch, el filósofo marxista que rescató el sentido profundo del factor religioso y sentenció: “donde hay religión, ahí hay esperanza”. Y donde hay esperanza surgen incontables razones para luchar, para soñar, para proyectar utopías salvacionistas y dar sentido a la vida y a la historia.

Pluralismo religioso de hecho y de derecho

Entonces hay que partir del hecho incisivo de la religión, o mejor, del pluralismo religioso. Hay tantas religiones cuantas culturas hay en el mundo. Cuando una cultura produce su religión es señal de que ha llegado a su madurez. Ella ayuda a conferir identidad y cohesión cultural.

Todas las religiones trabajan con un sentido último y con valores que orientan la vida. Por eso poseen un alto valor humanizador y civilizatorio. Pero es importante no desconocer que ellas corren el riesgo permanente del fundamentalismo, de imaginarse absolutas y las mejores. Esta actitud está a un paso de la guerra religiosa, cosa que ha ocurrido con frecuencia en la historia. Las religiones necesitan, entonces, reconocerse mutuamente, entrar en diálogo y buscar convergencias mínimas que les permitan convivir pacíficamente. De aquí la importancia del diálogo entre todas.

Ante todo, es importante reconocer el pluralismo religioso, como de hecho y como de derecho. El hecho es innegable, basta constatarlo. La cuestión es su legitimación de derecho. En este punto hay divergencias profundas, especialmente en la Iglesia jerárquica católica, en otras iglesias cristianas, en ciertas tendencias del islam y de otras religiones. Aquí algunas iglesias cristianas muestran su fundamentalismo explícito, pues se juzgan las portadoras exclusivas de la revelación divina y las únicas herederas de la gesta salvadora de Dios en la historia por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesús.

Pero la pluralidad no se puede negar. Por eso hay que defender el derecho a este pluralismo de hecho. Primero por una razón interna a la propia religión. Ninguna religión puede pretender encuadrar a Dios, el Misterio, la Fuente originaria de todo ser o cualquier nombre que se le quiera dar a la Suprema Realidad, en las redes de su discurso y de sus ritos. Si así fuera, Dios sería un pedazo del mundo, en realidad un ídolo. Perdería totalmente su trascendencia a cualquier objetivación humana. Él está siempre más allá de como podamos representarlo. Así pues, hay espacio para otras expresiones y otras formas de celebrarlo que no sean exclusivamente a través de esta iglesia o de esta religión concreta. Como decía un pensador franciscano del siglo XIII Duns Scoto: «Si Dios existe como las cosas existen, entonces Dios no existe». Él no está en el orden de las cosas sino del fundamento de su existencia y de la permanencia en esa existencia.

Así por ejemplo, las religiones de matriz africana presentes en Brasil, no son cartesianas y occidentales. Tienen otra forma propia de sentir, de interpretar y de vivir lo Sagrado. Son religiones profundamente ecológicas, ligadas a las energías de la naturaleza y del cosmos. El mismo AXÉ es una energía cósmica, presente en todos los seres y más fuertemente en personas carismáticas como los pais y mães de santo. Su modo de cultivar lo Sagrado debe ser acogido como una de las formas legítimas de caminar hacia Dios (Olorum) y de ser visitados por las divinidades.

El equívoco de la pretensión de exclusividad

En verdad no es el pluralismo religioso lo que debe ser cuestionado sino la pretensión de una de las religiones de considerarse la única verdadera. No vale el sofisma: si hay un solo Dios, debe haber una sola religión. Ahora bien, la naturaleza de Dios y la naturaleza de la religión son profundamente distintas. La naturaleza de Dios es el Misterio, lo Inefable, lo Infinito. La naturaleza de la religión es lo limitado, lo histórico, lo finito, aquello que fue creado por la cultura humana. Dios nunca podrá ser identificado con alguna doctrina. Él está dentro y también fuera y más allá, pues esta es su naturaleza. Además, si aceptamos que Dios es diversidad de divinas personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo en permanente relación de amor y de diálogo, esto proporciona mayor fundamento para justificar la diversidad religiosa.

Por eso es importante reconocer el hecho de las muchas religiones e iglesias, para que cada una de ellas pueda decir algo de lo Inefable y revele dimensiones que otra no puede expresar. Todas juntas sinfónicamente señalan a la Realidad Sagrada y todas se callan, reverentes, delante de Ella porque Ella las desborda por todos los lados y formas.

Esta última reflexión nos obliga a introducir una distinción de fundamental importancia para que el diálogo interreligioso sea posible y adquiera alguna eficacia: la distinción entre espiritualidad y religión.

Distinción entre religión y espiritualidad

Por espiritualidad entendemos el encuentro con el Misterio del mundo, con el Inefable, con el Tao, con Olorum, con lo Numinoso con aquello que se acordó llamar Dios (aunque haya tradiciones que no se sientan bien, como el budismo, que es antes una sabiduría que una religión). Ese encuentro no es inventado ni impuesto. Simplemente sucede como una experiencia originaria. El ser humano es un ser de apertura al otro, al mundo y al Infinito. Él es simplemente un sistema abierto y dialogante. Él plantea preguntas radicales sobre su origen y su destino, sobre el sentido del universo, sobre el significado de su vida, de su sufrimiento y de su muerte. Él es un grito lanzado al infinito. Experimentar esta realidad constituye aquello que llamamos espíritu. Es un modo de ser, de relacionarse, de sentirse dentro de un Todo mayor. Científicos contemporáneos la llaman “espiritualidad natural” por pertenecer a la naturaleza humana (Cf. Steven Rockefeller, Spiritual Democracy and Our Schools, N,York 2022).

Esta espiritualidad natural no es monopolio de las religiones o de algún camino espiritual. Es anterior a todo. Posee el mismo derecho de ciudadanía antropológica que la libido, la voluntad, la inteligencia y la sensibilidad. Así como existe la inteligencia intelectual y la inteligencia emocional, existe también la inteligencia espiritual mediante la cual captamos, más allá de los hechos y de las emociones, los contextos globales de nuestra vida, totalidades significativas, valores y nuestra inserción en un Todo mayor. 

Es propio de la espiritualidad captar visiones globales y orientarse por un sentido trascendental. Neurólogos y neurolingüistas detectaron una base empírica de esta inteligencia en la biología de las neuronas. Algunos neurocientíficos y el psiquiatra I.Marshall con su esposa, física cuántica, Danah Zohar entre otros (Cf.D. Zohar, QS,Inteligencia espiritual, Paza&Janes, Barcelona 2001) llegan a hablar del “punto Dios” en el cerebro. En una perspectiva evolutiva quiere decir que el universo evolucionó hasta el punto de producir un ser de inteligencia que dispone de una capacidad de percibir, a partir de cierta aceleración de las neuronas, el Misterio de este universo, Misterio que penetra y resplandece en todo. Ese “punto Dios” representa una ventaja evolutiva de la especie homo, presente en todos sus representantes. Lógicamente, Dios no está solo presente en un punto del cerebro, sino en todo el ser humano y cada una de sus dimensiones. Pero es a partir de un punto de las neuronas desde el que se deja percibir fenomenológicamente. 

Esta experiencia espiritual está en la base de todas las religiones y caminos espirituales. La forma como esta experiencia se expresó históricamente varía de acuerdo a las culturas en India, en China, en el Tibet, en Japón, entre los Mayas, Aztecas, Tupí-Guaraní, Yanomami entre otros. Las religiones son los constructos culturales, los más diversos intentos de expresar en una doctrina, en una celebración, en un texto sagrado, en un código ético, esta espiritualidad originaria.

Las religiones son diferentes y muchas, pero la espiritualidad originaria es la misma. Ella permite el entendimiento y el diálogo entre las religiones, porque todas beben de la misma fuente de aguas cristalinas: la espiritualidad natural. Las religiones son canalizaciones de esta fuente originaria. 

Importancia de las religiones para la paz mundial

Si tal es la importancia de las religiones en la configuración de la humanidad concreta, entonces son decisivas para la convivencia y la paz mundial. Por eso entendemos la relevancia que el Papa Francisco les da en las dos encíclicas ecológicas Laudato Sì: sobre el cuidado de la Casa Común (2015) y en la Fratelli tutti (2020) en el sentido de salvaguardar la vida y el futuro de la Madre Tierra. Es muy conocida y siempre citada la tesis fundamental del teólogo alemán Hans Küng, recientemente fallecido, el mejor estudioso de las religiones en fase planetaria, con el cual concordamos: 

«No habrá paz entre las naciones si no existe paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones, si no existe diálogo entre las religiones» (Religiões do mundo, São Paulo 2018, 280; L. Boff, Ethos mundial., Rio de Janeiro 2003, 137).

El diálogo entre las religiones sigue un camino singular. No puede empezar por la discusión de las doctrinas que pronto generan debates interminables y divisiones, sino por la toma de conciencia de la espiritualidad que une a todas. Y esto se hace mediante la oración o meditación. El diálogo empieza cuando todos comienzan a rezar juntos o a meditar. Rezar y meditar es sumergirse en la espiritualidad. Ahí las personas empiezan a reconocerse, a descubrir la bondad de uno y otro, la piedad, la reverencia y la búsqueda sincera del Misterio de todas las cosas, de “Dios”. 

Las doctrinas quedan relativizadas en nombre de la vida concreta, inspirada por la respectiva religión. Lógicamente, todo lo que es sano, puede enfermar. Todas las religiones pueden incorporar desvíos, endurecimientos, actitudes fundamentalistas de grupos. Aquí hay un vasto campo de crítica recíproca y de procesos de purificación. Así como la enfermedad remite a la salud, de forma semejante la experiencia espiritual devolverá salud a las religiones. De este diálogo orante nacen los puntos de convergencia que fundan la paz posible entre las religiones, uno de los factores de la paz mundial.

Pero hay iglesias, especialmente entre nosotros, las neopentecostales, que siguen la lógica del mercado y hacen de la religión un gran negocio, no raramente explotando a los pobres con la teología de la prosperidad y últimamente con la teología del dominio. Por buscar beneficios económicos, fácilmente se alían a partidos políticos de vertiente más conservadora. De esta forma desnaturalizan la religión y la iglesia, pues estas no han sido hechas para el mercado sino para atender las demandas espirituales de las personas.

Puntos de convergencia en el diálogo interreligioso

El diálogo continuado permitió establecer puntos comunes entre las religiones, enumerados ya en 1970 en la Conferencia Mundial de las Religiones en favor de la Paz en Kyoto. Esos puntos convergentes fueron así formulados y reforzados años después en el gran encuentro de Chicago.

1. Hay una unidad fundamental de la familia humana en igualdad y dignidad de todos sus miembros.

2. Cada ser humano es sagrado e intocable, especialmente en su conciencia.

3. Toda comunidad humana representa un valor.

4. El poder no puede ser igualado al derecho. El poder jamás se basta a sí mismo, jamás es absoluto y debe ser limitado por el derecho y por el control de la comunidad.

5. La fe, el amor, la compasión, el altruismo, la fuerza del espíritu y la veracidad interior son, en última instancia, muy superiores al odio, la enemistad y el egoísmo. 

6. Se debe estar, por obligación, del lado de los pobres y oprimidos y contra sus opresores.

7. Alimentamos la profunda esperanza de que al final triunfará la buena voluntad.

Como se deduce, este diálogo no se agota en sí mismo. Se ordena a algo mayor: la paz entre los pueblos, la paz con la Tierra, la paz con los ecosistemas, la paz del ser humano consigo mismo y la paz con la Fuente originaria de donde vino y adonde va. Esa paz es, como bien lo definió la Carta de la Tierra, «la plenitud creada por relaciones correctas consigo mismo, con otras personas, con otras culturas, con otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del cual somos parte».

El diálogo abierto entre las religiones significa, por tanto, la convivencia pacífica y alegre entre los más distintos caminos espirituales que ven, en su diversidad, una riqueza del único y mismo Misterio fontal del cual venimos y hacia el cual nos dirigimos. Su contribución es fundamental para la paz entre los diversos pueblos que habitamos la misma Casa Común.

*Leonardo Boff, 1938, teólogo, filósofo y autor de cerca de cien libros en las áreas de teología, filosofía, ética, espiritualidad y ecología.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

La espiritualidad natural, la ética, el cuidado:como protelar el fin del mundo

Leonardo Boff*

La crisis de nuestro modo de vivir en este único planeta nos envuelve a todos, hasta a las naciones imperiales. ¿Quién iba a decir que en Estados Unidos iba a haber una severa erosión de los valores democráticos? El sueño original americano, repiten sus mejores, «implicaba un nuevo mundo en el cual el pueblo vivía libre para realizar sus sueños, dentro de un ambiente social que generaba ciudadanos ilustrados, responsables y comprometidos, con una preocupación apasionada por la dignidad y los derechos  individuales y de los otros en la perspectiva del bien común». Evidentemente ese era el sueño de la población, no de los órganos gubernamentales y del aparato militar de seguridad que buscaban y siguen buscando por todos los medios, incluso bélicos, el monopolio del poder mundial.   Para estos el sueño era y es otro.

Lo que está ocurriendo desde los años 60, nos dice Steven Rockefeller, de la familia de los multimillonarios Rockefeller, uno de los ideadores de la Carta de la Tierra, de opción budista, una de las personas más dialogales con quien pude convivir en los trabajos de la redacción de dicha Carta, es que la juventud actual ha olvidado los valores mencionados, vive centrada en su propio yo, desprecia a su propio país y ha perdido el sentido de la solidaridad. Concluye  diciendo: “América es una nación en busca de su propia alma” (Spiritual Democracy and our Schools, N.York 2022, p.15).

Lo que se dice de Estados Unidos vale prácticamente para todos o para los principales países, también para el nuestro, ya que somos todos interdependientes y rehenes de la cultura del capital, acumulador, materialista, consumista, excluyente e insensible al destino de las mayorías pobres. Como profesor y pedagogo, Steven Rockefeller escribió el referido libro «para renovar el espíritu americano a través de la educación desde la más tierna infancia».

Maneja tres categorías con las cuales me identifico y con las cuales he trabajado desde hace años con vistas a un nuevo paradigma y otro estilo de educación: la espiritualidad, la ética y el cuidado de la Casa Común.

Steven ve la espiritualidad como una dimensión esencial del ser humano con el mismo derecho de ciudadanía que el cuerpo, la inteligencia, la voluntad, la psique. Por eso es natural. No se trata de identificar la espiritualidad con la religión, aunque pueda haber interrelaciones entre ellas. La espiritualidad natural es innata. De ella nacen las religiones como canalizaciones culturales de esta dimensión espiritual originaria.

Como nos lo han mostrado, dice Steven, la filosofía, la psicología de lo profundo y las neurociencias, la «espiritualidad es una capacidad innata en el ser humano que, cuando se alimenta y se desarrolla genera un modo de ser hecho de relaciones consigo mismo y con el mundo, promueve la libertad personal, el bienestar, y el florecimiento del bien colectivo» (p.10). La espiritualidad natural plantea las preguntas inevitables del ser humano: por qué estamos en este mundo, qué nos espera más allá de esta vida y la percepción de una Realidad Suprema. Ella se expresa por el amor incondicional, por la reverencia ante el Universo, por la solidaridad, por el cuidado hacia todo lo que existe y vive y por la compasión por quien sufre.

Esta comprensión me hace recordar las palabras de Mijaíl Gorbachev al cerrar la redacción de la Carta de la Tierra en la sede de la UNESCO en París en el año 2000: “Si queremos salvar la vida en el planeta necesitamos valores nuevos y otra  espiritualidad”. Es decir, no son suficientes nuestros bienes materiales ni la tecnociencia. Todo esto debe venir impregnado de los valores del corazón, sede del amor, del afecto, de la empatía, de la ética, del cuidado y de la espiritualidad. Sólo así se consigue establecer un lazo afectivo y solidario con todos los seres y con la Tierra y así salvarlos. Todo ser posee un valor en sí mismo, más allá del uso humano. La espiritualidad natural nos permite sentir todo esto, es una especie de órgano natural de nuestra vida que ninguna otra parte de nuestra  naturaleza puede desempeñar adecuadamente. La física cuántica Danah Zohar y su marido neurólogo, I. Marshall, demostraron que tenemos dentro de nosotros lo que llamaron “el punto Dios en el cerebro”. Siempre que de forma existencial se abordan lo Sagrado y lo Espiritual se verifica una aceleración de las neuronas de una parte del cerebro. Es una especie de órgano interior por el cual la espiritualidad natural e innata capta aquella Energía poderosa y amorosa que sustenta todo y que obra también en nuestro interior (D.Zohar, O ser quântico, Rio 1991).

La espiritualidad natural nos remite directamente a la ética, en el sentido clásico de los griegos: la Casa (ethos) bien cuidada, ahora la Casa Común, la Tierra. El “ethos” busca el bien vivir. La “ética”, las formas y maneras de concretar el bien vivir, por las virtudes del amor, de la justicia, de la justa medida, de la belleza y demás virtudes, según el sentir de la distintas culturas. Desde la más tierna edad y en el proceso educativo se debe esclarecer la espiritualidad natural que viene siempre acolitada por la ética del bien vivir.

Hoy más que nunca se hace urgente el cuidado, entendido como la esencia de todos los vivientes, especialmente del ser humano, según el mito romano de Higino, explorado por la filosofía y la antropología (cf.L. Boff. Saber cuidar: ética de lo humano-compaixão pela Terra,  Vozes 2023). Dejado a sí mismo, ningún organismo vivo sobrevive sin cuidado.

En la actualidad se están confrontando dos paradigmas: el del poder y el del cuidado. El del poder actual como dominación caracteriza la modernidad. Con este poder se sometieron pueblos, muchos esclavizados, se explotó despiadadamente la naturaleza, la materia, la vida y la propia Tierra, hoy en busca de sostenibilidad. El paradigma del cuidado renuncia al poder como dominación, establece una relación amistosa con la naturaleza y respeta a la Tierra como la Gran Madre y Gaia. Actualmente ante la devastación al modo de la modernidad, se impone el paradigma del cuidado si queremos asegurar las condiciones ecológicas para nuestra supervivencia.

La humanidad se encuentra en una encrucijada: o sigue el camino del poder que implica una explotación ilimitada de los recursos naturales hasta el punto de haber afectado al equilibrio de la Tierra, visto el cambio climático irreversible; camino que puede llevarnos a un armagedón ecológico. O sigue el camino del cuidado: la humanidad para, reflexiona sobre los peligros para sobrevivir y define un rumbo más benevolente, marcado por el cuidado de la naturaleza, de unos a otros y de la Tierra. En caso contrario, dice la Carta de la Tierra, «nos arriesgamos a nuestra destrucción y a la destrucción de la diversidad de la vida» (Preámbulo). No dice otra cosa el Papa Francisco en la Fratelli tutti: «estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o nadie se salva» (n.24)

Queda poco tiempo para dar un viraje a nuestro destino común con la Tierra, vamos a sobrevivir y a inaugurar otra forma de habitar el planeta, con sentimiento de pertenencia y con la conciencia de ser sus fieles guardianes.

La educación posee esta misión mesiánica de desentrañar desde el nacimiento la espiritualidad natural, la ética de la Tierra y el cuidado de la creación. Por ese camino habrá salvación.

*Leonardo Boff ha escrito Cuidar de la Casa Común: cómo retrasar el fin del mundo,Vozes 2024.

La teología del dominio: refutando una falacia

Leonardo Boff*

Está siendo discutido entre analistas políticos, en el seno de grupos neopentecostales, en gran parte bolsonaristas, el paso de la teología de la prosperidad a la teología del dominio. Estimo que el actual conflicto entre el Estado sionista de Israel y la Franja de Gaza con características de carnicería e incluso de genocidio de palestinos haya reforzado en Brasil este paso. Se sabe desde hace mucho tiempo que Benjamín Netanyahu es un sionista radical de extrema derecha que expresó su proyecto de restaurar Israel con las dimensiones que tenía, en su auge, en tiempos de David y de Salomón. Estos aprovecharan que sea em Agyto se en las potencias mesopotamicas habia conflictos internos y por eso no podian guerrearse, par exapndir el territorio de israel. Pero duró poco por que vinieron los asirios y los llevaran al exilio. De ahí el apoyo de Netanyhau sin restricciones a la expulsión y a la colonización de los territorios de la Cisjordania, de población árabe musulmana.

La teología del dominio o el dominionismo nació en los USA en los años 70 del siglo pasado, en un contexto de reconstrucción cristiano calvinista. Como es sabido Calvino en el siglo XVI instauró en Ginebra un gobierno religioso extremadamente riguroso y violento hasta con pena de muerte. Sería un modelo para todo el mundo.

El dominionismo agrupa varias tendencias cristianas fundamentalistas, inclusive integristas católicos que postulan una política exclusivamente religiosa, de base bíblica, a ser aplicada en toda la humanidad con exclusión de cualquier otra expresión, considerada como falsa y por eso sin derecho a existir. Es la ideología totalizadora central para la derecha cristiana en el campo de la política y de las costumbres.

Veamos cuál es la base bíblica fundamental que sustenta esta teología. Se basa en el primer capítulo del Génesis. A decir verdad en el Génesis hay dos versiones de la creación, pero se aprovecha solo la primera, que se refiere directamente al dominio. Veamos el texto:

“Dios dijo: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza para que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los animales salvajes y todos los reptiles que se arrastran sobre la tierra. Dios creó el hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó. Y Dios los bendijo y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y subyugadla, mandad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo lo que vive y se mueve sobre la tierra” (Génesis 1,26-29).

Este texto así como está legitima todo tipo de dominación y ha servido a los desarrollistas de argumento para su proyecto de crecimiento ilimitado.

Sin embargo, ha sido leído de forma fundamentalista y literalista, sin tener en cuenta que entre nosotros hoy y el relato bíblico distan por lo menos 3-4 mil años. El sentido de las palabras cambia. Esos grupos no consideran lo que ellas significaban en la época en que fueron escritas hace miles de años. Desvelemos su significado en hebreo. Veremos que el texto, interpretado hermenéuticamente como debe ser, muestra la falacia de la teología del dominio. Ella representa un delirio paranóico, irrealizable en la fase del mundo plural y globalizado en el que nos encontramos.

El texto debe ser interpretado en la óptica de la afirmación del ser humano creado “a imagen y semejaza de Dios”. Con esta expresión, no se quiere en hebreo definir lo que es el ser humano (su naturaleza); al contrario, se quiere determinar lo que él, operativamente, debe hacer. Así como Dios sacó todo de la nada, el ser humano, creado creador, debe llevar adelante lo que Dios creó con benevolencia: “Dios vio que todo era bueno” (Génesis1,25). El significado original en hebreo de “imagen y semejanza” (selem y demût) quiere decir que el ser humano es el representante y el lugarteniente del Creador.

Las expresiones “subyugar” y “dominar” deben ser entendidas, simplemente, como “cultivar y cuidar”. Pero vamos a los detalles. Para “dominar” usa la palabra hebrea radash (Génesis 1,26) que significa gobernar bien como el Creador gobierna su creación. Para subyugar emplea en hebreo el término kabash (Génesis 1,28), que significa actuar como un rey bueno, no dominador, que sabiamente mira hacia sus súbditos. Por eso el salmo 8 alaba a Dios por haber creado al ser humano como rey:

Tú lo hiciste apenas inferior a un ser divino, tú lo coronaste de gloria y honra, le diste el dominio (kabash) sobre las obras de tus manos, sometiste (radash) todo a sus pies; las ovejas y todos los bueyes y hasta los animales salvajes, las aves del cielo y los peces del mar, todo lo que se abre camino por el mar” (Salmo 8,6-9).

Aquí, como en el Génesis 1, no hay nada de violencia ni de dominación: hay que actuar como el Creador, que obra con amor hasta el punto de decir en el libro de la Sabiduría que “creó todos los seres con amor y ninguno con odio, si no, no los habría creado… Él es el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 1,24.26). Aquí se desvanece la base para cualquier teología del dominio.

Hay una segunda versión del Génesis (2,4-25) que es distinta de la primera y nunca ha sido referida por los representantes de la teología del dominio. En esta segunda, Dios saca a todos los seres del polvo de la tierra, también al ser humano, estableciendo con eso un lazo de profunda hermandad entre todos. Creó al hombre, que vivía en soledad. Entonces le dio una mujer, no para procrear, sino para ser su compañera (Génesis 2,23). Los puso en el Jardín del  Edén, no para dominarlo, sino para “cultivarlo y guardarlo” (2,15), usando las palabras hebrea abad para arar-cultivar y shamar para guardar o cuidar.

Esta comprensión que pone a todos los seres sacados del mismo origen, del polvo de la tierra, y confía a la pareja humana la misión de cultivar y guardar, proporcionaría otro tipo de fundamento para la convivencia de todos los seres humanos con todos los demás seres de la naturaleza. Aquí no existe ninguna base para el dominio, al contrario, lo niega en favor de una convivencia armoniosa entre todos.

Este análisis, basado en el hebreo, es decisivo para dejar de apoyar una interpretación fuera de tiempo, fundamentalista, al servicio de un sentido político, excluyente y totalitario del dominio sobre los pueblos y sobre la Tierra, como si fuera el proyecto de Dios. Nada más distorsionado y falso. Por más que el fundamentalismo y la orientación de extrema derecha en política esté creciendo en el mundo, esta tendencia no ofrece las condiciones objetivas reales para prevalecer y constituir una única forma religiosa de organizar la política de la humanidad, una y diversa.

*Leonardo Boff, profesor de teología sistemática con acento en la teología bíblica. Véanse algunas fuentes entre tantas: Aubrey Rose (org.) Judaism and Ecology., N.York 1992; Ronald A.Simkins, Criador e Criação:a natureza da mundividência do Antigo Israel, Vozes1994 pp.158-160; James B.Martin-Schramm&Robert L.Stivers, Christian environmental Ethics, N.York 2003 esp.pp. 102-104; von Rad. Das erste Buch Mose, Genesis, Göttingen 1967.

Traducción de MªJosé Gavito Milano