Qual es el sentido de los buenos deseos para 2013?

Ya estamos avanzados en el año nuevo y todavía nos expresamos buenos deseos de salud y prosperidad. ¿Qué sentido tienen tales votos en el contexto mundial y nacional en el que vivimos?

Ellos ganan sentido si ocurre lo que pide con urgencia la Carta de la Tierra, uno de los documentos más importantes y promotores de esperanza del comienzo del siglo XXI: «un cambio en la mente y en el corazón, un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal» (conclusión). Es decir, si tuviésemos el coraje de cambiar nuestra forma de vivir, si el modo de producción y de consumo tomase en cuenta los límites de la Tierra, en especial, la escasez de agua potable y los millones y millones de personas que pasan hambre.

No es imposible que pueda haber una quiebra sincronizada del sistema-Tierra y del sistema-vida. Los tsunamis y los huracanes son pequeñas anticipaciones. La biodiversidad podrá en gran parte desaparecer, como en las conocidas 15 grandes destrucciones sufridas antaño por la Tierra. Muchos humanos también perecerán y se salvarán apenas retazos de nuestra civilización.

Jared Diamond, conocido especialista en biología evolutiva y biogeografía de la Universidad de California, en su libro Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (Debate 2006) mostró como ese colapso ocurrió en la Isla de Pascua, en la cultura maya y en Groenlandia del Norte. ¿No sería una miniatura de lo que podría ocurrir con la Tierra, una Isla de Pascua ampliada? ¿Quién nos garantiza que eso no será posible?

Hay flechas en nuestros caminos que apuntan en esa dirección. Y nosotros, divirtiéndonos, riendo despreocupadamente, jugando en las bolsas especulativas, como en la fábula de Kierkegaard: un teatro está en llamas, el payaso pide a gritos a los espectadores que vengan a apagarlo, pero nadie acude pues todos creen que es parte de la obra. El teatro se quema, consumiendo el auditorio, los espectadores y los alrededores. Noé fue el único que leyó las señales de los tiempos: construyó un arca salvadora, garantizándola para él, su familia y representantes de la biodiversidad.

Pero entre Noé y nosotros hay una diferencia: ahora no disponemos de un Arca que salve a algunos y deje perecer a los demás.  Esta vez o nos salvamos todos o perecemos todos. Con razón nos convoca en su parte final la Carta de la Tierra:

«Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo». Obsérvese que no se habla de reformas,  mejoras, recortes, regulaciones, sino «de un nuevo comienzo». No es que tales iniciativas no tengan sentido, pero serán siempre más de lo mismo e intrasistémicas. No resuelven el problema-raíz: el sistema que debe ser cambiado, solo retrasan la solución. El sistema se encuentra corroído por dentro y se ha transformado en una amenaza para la vida y el futuro de la Tierra De él no podrá venir vida nueva que incluya a todos y salve nuestro ensayo civilizatorio.
Esto supone reconocer que los valores y los principios, las instituciones y los organismos, los hábitos y los modos de producir y consumir ya no nos aseguran un futuro discernible. Un «nuevo comienzo» implica inventar una nueva Tierra y forjar un nuevo estilo de «bien vivir» y «bien convivir», produciendo lo suficiente y lo decente para todos, sin olvidar a la comunidad de vida y a nuestros hijos y nietos.

Los ejes articuladores ya no serán la economía, el mercado, el sistema bancario ni la globalización, sino la vida, la humanidad y la Tierra, considerada como Gaia, superorganismo vivo del cual nosotros somos su porción consciente e inteligente. Todos los demás subsistemas han de servir a este gran sistema uno y diverso en el cual todos serán interdependientes, construyendo juntos un destino común, también con la Madre Tierra.

La situación de la Tierra y de la humanidad es comparable a un avión en la pista de despegue. Comienza a correr. Todo piloto sabe que llega un momento crítico en el que el avión debe despegar, pues en caso contrario se estrellará al final de la pista. No son pocos, como Mijaíl Gorbachev, Martin Rees, James Lovelock, Eduard Wilson, y Albert Jacquard entre otros, los que nos advierten: hemos pasado el punto crítico y no levantamos vuelo. ¿Hacia dónde vamos?

Como la evolución no es continua sino que da saltos, nunca perdemos la esperanza, antes bien la cultivamos, de un salto cuántico que nos salve con una nueva mente y un nuevo corazón y, por eso, con un destino prometedor para 2013.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.

Dos dimensiones del ser humano: Dragón y San Jorge

Toda religión, también el cristianismo, tiene muchas valencias. Además de centralizarse en Dios, elabora narraciones sobre el drama paradójico del ser humano, generando sentido, una interpretación de la realidad, de la historia y del mundo.

Ejemplar es la leyenda de san Jorge y el combate feroz con el dragón narrada en el artículo anterior. En primer lugar, el dragón es dragón, por lo tanto una serpiente. Pero alada, con una enorme boca que emite fuego y humo y un olor mortífero.

En Occidente representa el mal y el mundo amenazador de las sombras. En Oriente es un símbolo positivo, símbolo nacional de China, señor de las aguas y de la fertilidad (long). Entre los aztecas la serpiente alada (Quezalcoatl) era un símbolo positivo de su cultura. Para nosotros occidentales el dragón es siempre terrible y representa la amenaza a la vida o las duras dificultades de la supervivencia. Los pobres dicen: “tengo que matar un dragón cada día, tal es la lucha por la supervivencia”.

Pero el dragón, como lo mostró la tradición psicoanalítica de C. G. Jung con Erich Neumann, James Hillmann, Etienne Perrot y otros, representa uno de los arquetipos (elementos estructurales del inconsciente colectivo o imágenes primordiales que estructuran la psique) más ancestrales y transculturales de la humanidad.

Y junto con el dragón viene siempre el caballero heroico que se enfrenta a él en lucha feroz. ¿Qué significan estas dos figuras? De la mano de categorías de C. G. Jung y sus discípulos, especialmente de Erich Neumann que estudió específicamente este arquetipo (La história da origem da consciência, Cultrix 1990), y de la psicoterapia existencial-humanística de Kirk J. Schneider (O eu paradoxal, Vozes 1993) procuremos entender lo que está en juego en ese enfrentamiento. Él enseña y nos desafía.

El camino de la evolución lleva a la humanidad del inconsciente al consciente, de la fusión cósmica con el Todo (Uroboros) a la emergencia de la autonomía del ego. Este paso, totalmente realizado, es dramático; por eso, el ego debe retomarlo continuamente si quiere gozar de libertad y de autonomía.

Es importante reconocer que el dragón aterrador y el caballero heroico son dos dimensiones importantes del mismo ser humano. En nosotros el dragón es nuestro universo ancestral, oscuro, nuestras sombras, de donde surgimos hacia la luz de la razón y de la independencia del ego. No sin razón en algunas iconografías, especialmente en una de Cataluña (es su patrono) el dragón aparece envolviendo todo el cuerpo del caballero. En un grabado de Rogério Fernandes (com.br) el dragón aparece envolviendo el cuerpo de san Jorge, que lo sujeta con el brazo, y tiene su rostro, nada amenazador, a la altura del de san Jorge. Es un dragón humanizado formando una unidad con san Jorge. En otras imágenes (en Google hay 25 páginas de san Jorge con el dragón) el dragón aparece como un animal domesticado al cual san Jorge, de pie, conduce sereno, no con la lanza sino con un bastón.

La actividad del héroe, en este caso san Jorge, en su lucha con el dragón, muestra la fuerza del ego, valeroso, iluminado, que se afirma y conquista autonomía, pero siempre en tensión con la dimensión oscura del dragón. Conviven, pero el dragón no consigue dominar al ego.

Dice Neumann: «La actividad de la conciencia es heroica cuando el ego asume y realiza por sí mismo la lucha arquetípica con el dragón del inconsciente, llevándola a una síntesis satisfactoria» (Op.cit. p.244). La persona que hace esta travesía no reniega del dragón, pero lo mantiene domesticado e integrado como su lado de sombra. Por esta razón, en la mayoría de los relatos, san Jorge no mata al dragón, solamente lo domestica y lo reinserta en su lugar, dejando de ser amenazador. Ahí surge la síntesis feliz de los opuestos; el yo paradójico encuentra su equilibrio pues alcanza la armonización del ego con el dragón, del consciente con el inconsciente, de la luz con la sombra, de la razón con la pasión, de lo racional con lo simbólico, de la ciencia con el arte y con la religión.

El enfrentarse a las oposiciones y la búsqueda del equilibrio constituye la característica de personalidades maduras, que integraron las dimensiones de sombra y de luz. Así lo vemos en Buda, Francisco de Asís, Jesús, en Gandhi y en Luther King.

Los cariocas tienen gran veneración por san Jorge, más que por san Sebastián, patrono oficial de la ciudad. Éste es un guerrero, acribillado por las flechas, por lo tanto, “derrotado”. El pueblo siente necesidad de un santo guerrero valiente que vence las adversidades. Y san Jorge representa el santo ideal. En la novela “Salve Jorge” será él que va  liberar las chicas traficadas para Turquia para ser prostitutas.

Tal vez los que veneran a san Jorge ante el dragón no saben nada de esto. No importa. Su inconsciente lo sabe y activa y realiza en ellos su obra: el deseo de luchar, de afirmarse como egos autónomos que se enfrentan e integran las dificultades (los dragones) dentro de un proyecto positivo de vida (san Jorge héroe victorioso). Y salen fortalecidos para la lucha de la vida.

* Leonardo Boff coordinó la publicación de la obra completa de C. G. Jung en la Editorial Vozes.

Minima Theologica: la muerte que da sentido a la vida

Aquí va otro retazo de pensamiento de una teología mínima:

El sentido que damos a la vida depende del sentido que damos a la muerte. Si la muerte es el fin de todo, de poco valen entonces los muchos trabajos y duros sacrificios a los que nos sometemos cada dia.

Pero si la muerte es el fin, en el sentido de objetivo alcanzado, entonces todo ha valido la pena. Morir es vivir más y mejor.

Por eso tiene lógica la respuesta que dió Jean Paul Sartre, al final de su vida, a una periodista que le preguntó si continuaba siendo ateo. El filósofo respondió: “Continúo, pero con la esperanza esperante de que Dios exista, de lo contrario la vida no tiene sentido”.

“Salve Jorge”: de Capadocia o de Palestina?

 

En Brasil y en otras partes del mundo hay millones de personas que ven novelas en la televisión. Una, actualmente, “Salve Jorge”, se desarrolla en Capadocia, Turquía, donde habría vivido san Jorge.

Entre los estudiosos existe un debate ya antiguo sobre el lugar de su nacimiento. Ha sido ampliamente discutido por Malga di Paulo, investigadora de la vida del santo, que fue quien proporcionó los datos para la actual novela. Próximamente va a ser publicado un libro suyo. Para Malga, que conoce a fondo la Capadocia, todos los indicios llevan a aquel lugar como la patria natal de este famoso mártir. Otros lo sitúan en Lod, Palestina, hoy Israel, donde se construyó un santuario en su honor.

Es muy poco lo que podemos decir de forma segura sobre el tema. La escuela de historiadores críticos de la vida de los santos y de los mártires, surgida a partir del siglo XVII, los Bolandistas, y su obra el Acta Sanctorum deja abierta la cuestión. Otro grupo, creado en torno a A. Buttler, basándose en los Bolandistas, y accesible en portugués a través de los 12 volúmenes de La Vida de los Santos (Vozes 1984) asevera: «Hay toda una serie de motivos para creer que san Jorge fue un mártir real y verdadero que sufrió la muerte en Lida (Palestina) probablemente en la época anterior a Constantino (306-337). Fuera de esto, parece que nada más se puede afirmar con seguridad» (vol. IV, p. 188).

Me inclino por afirmar que Palestina y no Capadocia es su lugar de nacimiento. La razón se apoya en el hecho de que habría habido una confusión de nombres. En efecto, había en Capadocia un obispo llamado Jorge de Capadocia, hecho históricamente bien confirmado. Entró en la historia de la teología por las polémicas acerca de la naturaleza de Cristo: ¿sería sólo semejante a la de Dios (arrianos) o sería la misma (anti-arrianos)? Tal discusión dividió a la Iglesia. El emperador Constancio II (uno de sus títulos era el de Papa) quería asegurar la unidad del imperio mediante una confesión única, en este caso, la arriana. Ocupó militarmente Alejandría, foco de la resistencia anti-arriana, e impuso a Jorge de Capadocia como obispo arriano (357-361), asesinado más tarde.

Mi hipótesis es que los primeros compiladores de la vida de san Jorge, ya en el siglo V y después en el siglo XII, confundieron a san Jorge con ese conocido Jorge de Capadocia y así lo hicieron nacer allí. Una hipótesis.

Dejando a un lado la discusión, es importante recordar su figura más conocida: un guerrero montado sobre un caballo blanco, vestido con coraza, con una cruz roja sobre fondo blanco, enfrentándose con su lanza puntiaguda a un terrible dragón.

Como su padre era militar siguió esa carrera. Fue tan brillante que el emperador Diocleciano lo incorporó a su guardia personal con el alto cargo de Tribuno. Cuando este imperador obligó, bajo pena de muerte, a todos los cristianos a renunciar a la fe cristiana y adorar a los dioses romanos, Jorge se negó y salió en defensa de sus hermanos en la fe. Preso y torturado, dice la leyenda que salió milagrosamente ileso de la caldera de plomo y de varios envenenamientos. Pero acabó siendo decapitado.

Al principio, en Occidente era venerado como un simple mártir, con su típica palma. Con el tiempo, y especialmente debido a las cruzadas, pasó a ser representado como guerrero, con sus instrumentos propios, y asociado especialmente al enfrentamiento con el dragón, símbolo del mal y del demonio.

La leyenda más conocida en Occidente es la siguiente:

En cierta ocasión, Jorge, como militar, pasó por Libia en el norte de África. En la pequeña ciudad de Silca el pueblo vivía aterrorizado. En un lago vecino reinaba un terrible dragón. Su soplo era tan mortífero que nadie podía aproximarse a él para matarlo. Cobraba dos carneros al día. Terminados estos, exigía víctimas humanas, escogidas por sorteo. Un día la suerte cayó sobre la hija del rey. Vestida de novia fue al encuentro de la muerte. Y he aquí que entonces aparece san Jorge con su caballo blanco y con su larga lanza. Hiere al dragón y lo domina. Le amarra la boca con el cinto de la princesa y ésta lo conduce manso como un cordero hasta el centro de la ciudad. Y todos, agradecidos, se convirtieron a la fe cristiana.

Es patrono de Inglaterra desde 1222 pero oficialmente sólo desde 1347 con Eduardo III, y se celebra con fiesta solemne (the St.George’s Day), y también lo es de Rusia, de Portugal, de Bulgaria, de Grecia, de Cataluña y de muchísimas ciudades.

Cuando el Vaticano en 1969 hizo una revisión de la lista de los santos y retiró de ella al popular San Jorge, por motivos no totalmente claros, se organizó una gran polémica. Hubo un clamor general, especialmente por parte de Inglaterra, de Cataluña y también del equipo de futbol Corinthians. El cardenal don Paulo Evaristo Arns, corinthiano fervoroso, intercedió ante el Papa Pablo VI en 1969 para que mantuviese la veneración a san Jorge, al menos como celebración optativa. A lo que el Papa respondió: “No podemos perjudicar a Inglaterra ni a la nación corinthiana; sigan con la devoción”. En el año 2000 Juan Pablo II, con sentido pastoral, restableció la fiesta. San Jorge está presente en las tradiciones afro: Ogum para la Umbanda y Oxossi para el candomblé-nagô. En Río de Janeiro el 23 de abril, que es su fiesta, es día feriado municipal, pues es el patrono oficioso de la ciudad.

En el próximo artículo intentaremos descifrar el arquetipo de base que subyace al guerrero san Jorge y al dragón. Hasta entonces, hacemos nuestra la oración popular:

«Andaré vestido y armado con las armas de san Jorge para que mis enemigos, teniendo pies no me alcancen, teniendo manos no me peguen y teniendo ojos no me vean… que mis enemigos queden humildes y sumisos a Vos. Amén».

Leonardo Boff fué profesor de historia de los dogmas en el Instituto Franciscano de Teología de Petrópolis, Rio.