Desatanizar a Satán o Diablo

En estos tiempos de campaña política y presidencial no es raro que un candidato satanice a su adversario. Se hace inclusive una división esdrújula entre quién está de parte de Dios y quién de parte del Diablo o de Satán.

Ese término Satán (en hebraico) o Diablo (en latín) ha ido adquiriendo muchos significados, positivos y negativos, a lo largo de la historia. Esto ocurre en muchas religiones especialmente en las abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islamismo).

No obstante, debemos decir que nadie ha sufrido tantas injusticias y ha sido tan “satanizado” como el mismo Satán. Al principio no fue así. Por esta razón es importante recordar brevemente la historia de Satán o del Diablo.

Él se cuenta entre los “hijos de Dios” al igual que los demás ángeles, como se dice en el libro de Job (1,6). Está en la corte celestial; por lo tanto, es un ser de bondad. No es la figura mala que adquirirá más tarde. Pero recibió de Dios una tarea inusitada e ingrata: debe poner a prueba a las personas buenas como Job que es “un hombre íntegro, recto, temeroso de Dios y alejado del mal” (Job 1,8). Debe someterlo a todo tipo de pruebas para ver si, en realidad, es aquello que todos dicen de él: “no hay otro igual en la tierra” (Job 1,8). Como prueba promovida por Satán, Job pierde todo, la familia, los bienes y los amigos. Pero no pierde la fe.

A partir de siglo VI aC se produjo una gran mutación, cuando los judíos vivieron el cautiverio babilónico (587a.C.) en Persia. Allí se confrontaron con la doctrina de Zoroastro que establecía un combate entre el “príncipe de la luz” y el “príncipe de las tinieblas”. Ellos incorporaron esta doctrina dualista y maniquea que dio origen a Satán como parte del reino de las tinieblas, el “gran acusador” o el “adversario” que induce a los seres humanos a actos de maldad. Después se produce un enfrentamiento entre Dios y Satán. En los textos judaicos tardíos, a partir del siglo II, especialmente en el libro de Henoc se elabora la saga de la revuelta de los ángeles dirigida por Satán, ahora llamado Lucifer, contra Dios. Se narra la caída de Lucifer y cerca de un tercio de los ángeles que le siguieron y acabaron siendo expulsados del cielo.

Surge entonces la pregunta: si fueron expulsados, ¿dónde los ponemos? Ahí se hizo uso de la categoría del infierno: del fuego ardiente y de todos los horrores, bien descritos por Dante Alighieri en la segunda parte de su Divina Comedia dedicada al infierno. 

En el Primer Testamento (el Antiguo) casi no se habla del diablo (cf.Cron 21,1;Samuel 24,1). En el Segundo Testamento (Nuevo), aparece en algunos relatos “… serán lanzados en el horno de fuego; ahí será el llanto y el crujir de dientes” (Mt 8,12;13,42-50;Lc 13,27) o en la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro (Lc 16,23-24) o en el Apocalipsis (16,10-11).

Esta comprensión fue asumida por los teólogos antiguos, de modo especial por san Agustín. Él influenció toda la tradición de las Iglesias, la doctrina de los papas y ha llegado hasta hoy.

La categoría del infierno y de la condenación eterna fue determinante en la conversión de los pueblos originarios de América Latina y de otros lugares de misión, produciendo miedo y pánico. Sus antepasados, se les decía, por el hecho de no haber sido cristianos, están en el infierno. Y se argumentaba que si ellos no se convertían y no se dejaban bautizar conocerían el mismo destino. Esto se puede ver en todos los catecismos que se elaboraron poco después de la conquista, con los que se pretendía convertir a aztecas, incas, mayas y otros. Fue el miedo lo que condujo y sigue conduciendo a la conversión de multitudes, como ha demostrado el gran historiador francés Jean Delumeau. Es apelando al Diablo, a Satanás, como hoy en día, en tiempos de ira y de odio social, se busca descalificar al adversario, a menudo convertido en un enemigo al que hay que desmoralizar y eventualmente liquidar.

Aquí debemos superar todo el fundamentalismo del texto bíblico. No basta citar textos sobre el infierno, incluso en boca de Jesús. Debemos saber interpretarlos para no caer en contradicción con el concepto de Dios y destruir incluso la buena nueva de Jesús, del Padre lleno de misericordia, como el padre del hijo pródigo que acoge al hijo perdido (Lc 15,11-23).

En primer lugar el ser humano busca una razón para el mal en el mundo. Tiene gran dificultad para asumir su propia responsabilidad. Entonces la trasfiere al Demonio o a los demonios.

En segundo lugar, el significado de los demonios y del infierno de los horrores representa una pedagogía del miedo para, por medio del miedo, hacer que las personas busquen el camino del bien. Demonio e infierno son por lo tanto creaciones humanas, una especie de pedagogía siniestra, como todavía hay madres que dicen a los niños: “Si no te portas bien, por la noche viene el lobo malo a morderte el pie”. El ser humano puede ser el Satán de la tierra y de la sociedad. Él puede crear el “infierno” para los otros por medio del odio, la opresión y los mecanismos de muerte, como infelizmente está ocurriendo en nuestra sociedad.

En tercer lugar, Satán o el Diablo es una criatura de Dios. Decir que es una criatura de Dios, significa que, en cada momento, Dios está creando y recreando esta criatura, incluso en el fuego del infierno. ¿Puede Dios que es amor y bondad infinita proponerse hacer eso? Bien dice el libro de la Sabiduría: “Sí, tu amas a todos los seres y no detestas nada de lo que hiciste; si odiases alguna cosa no la habrías creado; y cómo podría subsistir alguna cosa si no la quisieses… salvas a todos porque te pertenecen, oh Soberano amante de la vida” (Sab 11,24-26). El Papa Francisco lo dijo claramente: “no existe condenación eterna; ella es sólo para este mundo”.

En cuarto lugar, el gran mensaje de Jesús es la infinita misericordia de Dios-Abba (papá) que ama a todos, también a los “ingratos y malos” (Lc 6,35). La afirmación del castigo eterno en el infierno destruye directamente la buena-nueva de Jesús. Un Dios castigador es incompatible con el Jesús histórico que anunció la infinita amorosidad de Dios para con todos, también para con los pecadores. El salmo 103 ya había intuido eso: “El Señor es compasivo y clemente, lento para la cólera y rico en misericordia. No está siempre acusando ni guarda rencor para siempre. No nos trata según nuestros pecados… como un padre siente compasión por sus hijos e hijas, así el Señor se compadecerá de los que le aman, porque conoce nuestra naturaleza y se acuerda de que somos polvo… la misericordia del Señor es desde siempre para siempre”(103,8-17). Dios no puede perder nunca a ninguna criatura, por más perversa que sea. Si la perdiese, aunque fuera una sola, habría fracasado en su amor. Y eso no puede suceder.

Bien dijo el Papa Francisco que predica incansablemente la misericordia: La misericordia siempre será mayor que cualquier pecado y nadie puede poner límites al amor de Dios que perdona” (Misericordiae vultus, 2).

Esto no significa que se entrará en el cielo de cualquier manera. Todos pasaremos por el juicio y por la clínica de Dios, para purificarnos, reconocer nuestros pecados, aprender a amar y finalmente entrar en el Reino de la Trinidad. El purgatorio no es la antesala del infierno, sino la antesala del cielo. Quien está en él purificándose participa ya del mundo de los redimidos.

El infierno y los demonios y el principal de ellos, Satán, son proyecciones nuestras de la maldad que existe en la historia o que nosotros mismos producimos y de la cual no queremos responsabilizarnos y la proyectamos en estas figuras siniestras.

Tenemos que liberarnos, finalmente, de tales proyecciones, para vivir la alegría del mensaje de salvación universal de Jesucristo. Eso deslegitima toda satanización en cualquier situación, especialmente en política y en las iglesias pentecostales que usan de forma totalmente exorbitante la figura del demonio y del infierno. Esto asusta a los fieles en lugar de consolarlos con el amor y la infinita misericordia de Dios.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito: Vida para além da morte, Vozes, 2021, muchas ediciones. En español, Hablemos de la otra Vida, publicado por Sal Terrae.

Brasil: proyecto autoritario versus proyecto democrático

Nunca en nuestra historia hemos corrido un peligro tan amenazador como el que estamos corriendo ahora con ocasión de las elecciones del 30 de octubre. Hay un proyecto de Brasil autoritario, de sesgo fascista, que puede desmantelar nuestros bienes más preciosos, los culturales y los naturales como la selva amazónica y nuestra biodiversidad.

Es propio del fascismo manipular y distorsionar la religión, la familia y la moral de tal forma que contradicen directamente los valores predicados por Jesús y queridos por Dios, citado siempre por estas personas fanatizadas que lo tienen en los labios pero no en el corazón. En ese proyecto nefasto predomina el odio, la mentira y la división, producida dentro de las familias y en el círculo de amigos. Permitió la compra de muchos miles de armas, exalta la tortura y se propone eliminar opositores.

También se presenta otro proyecto, el proyecto de un Brasil democrático, asumido por un frente amplio y democrático, que a la vista del peligro inminente, unió partidos antes opuestos, celebridades de la ciencia, las artes, la religión y líderes populares. Este proyecto de Brasil está fundado en la democracia, en las libertades, en el respeto de los derechos humanos y de la naturaleza. Da centralidad a la vida, comenzando con los 33 millones de hambrientos y otros cerca de 100 millones con insuficiencia alimentaria. A pesar de una economía neoliberal concentradora y fracasada, procura crear oportunidades de trabajo, cuidar de la salud, la educación, la cultura, la seguridad y el ocio para todos. 

Nadie puede permanecer neutral e indiferente ante esta amenaza, pues se volvería cómplice de la tragedia socioecológica que puede ocurrir. Es un asunto de supervivencia del país como nación, evitando retroceder a la pura y simple barbarie.

Confiamos en el sentido común de los electores y de las electoras para optar por el proyecto más esperanzador. Contamos también con Dios, el “apasionado amante de la vida” como dicen las Escrituras y con la patrona de Brasil, la negra Nuestra Señora Aparecida.

Nada supera la fuerza intrínseca del amor y del cuidado de unos a otros y para con la Madre Tierra. La capacidad de discernimiento y el buen sentido de nuestro pueblo le harán escoger el mejor proyecto de Brasil y garantizar un futuro prometedor para todos, en el que estarán el compromiso por la justicia social y por la paz, y la alegre celebración de la vida. 

Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo y escritor, miembro de la Comisión Internacional de la Carta de la Tierra.

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Publico este texto pues es aclaratorio y puede iluminar a aquellos que aún no han decidido de qué lado de la historia quieren estar con su voto.

                                              CARTA A LOS HERMANOS PRESBÍTEROS DE LA IGLESIA CATÓLICA

Mis queridos hermanos presbíteros,

Hemos visto el fantasma del hambre, de la violencia, del autoritarismo, del prejuicio y de la exclusión social rondando nuestro país de forma preocupante. Más grave es ver como la política que exalta la tortura, desprecia al pobre y se burla de la muerte se ha mezclado con el fundamentalismo religioso que se dice cristiano.

Estamos envueltos en un clima que preanuncia una mezcla de los regímenes totalitarios del siglo pasado con el moderno régimen teocrático y fundamentalista de los talibanes. No debemos minimizar los peligros del contexto político actual, pues los que se abstuvieron antes de que se concretasen hechos históricos semejantes, se arrepintieron amargamente por no haber dimensionado correctamente las consecuencias.

Tenemos la oportunidad de evitar que se repitan eventos lamentables de nuestra historia. Todos los actos ya practicados, gestos, discursos y promesas del actual presidente y su grupo apuntan hacia un régimen autoritario y de desprecio de la vida humana y de la naturaleza. No se trata de especulación. Si no fuese por los pocos frenos jurídicos e institucionales que aún están funcionando en la República, ya viviríamos sin el poco de democracia y libertad que todavía nos queda.

Una victoria en la elección que se aproxima significaría refrendar al Gobierno de la Muerte y le daría respaldo para seguir en su proyecto de entrega del país a la rapiña de garimpeiros, explotadores ilegales de la naturaleza, crimen organizado y empresarios sin ética. Además de esto, sellaría el destino del pueblo más pobre y oprimido, amargado por el hambre y la miseria; de los pueblos originarios que están abandonados a su suerte y corren peligro de exterminio; de nuestros biomas sin la protección de los órganos de fiscalización; de los estudiantes y profesores sometidos a persecución del pensamiento libre y crítico como resultado de la ideologización de la educación por el MEC; de las minorías que apenas han comenzado a asegurar sus derechos en la sociedad y que son perseguidas y vilipendiadas públicamente a la luz del día.

Desgraciadamente, algunos sacerdotes y obispos, que tienen poder real y/o simbólico en el catolicismo, se están pronunciando a favor de ese proyecto de muerte en las redes sociales, inclusive revestidos con sus ornamentos o en celebraciones litúrgicas. Sabemos que nuestra Iglesia es santa y pecadora y que se ha puesto del lado de los opresores demasiado tiempo.

Por parte de los que realmente se entregaron al proyecto de “vida en abundancia” (Jn 10,10), de “liberación de los oprimidos” (Lc 4, 18) y de amparo a los hambrientos y abandonados (Mt 25, 35-46) hemos visto sin embargo pocas manifestaciones explícitas contra el proyecto de muerte representado por el gobierno actual. Mucho de ese silencio está justificado por el miedo a “partidizar” la misión eclesial aceptada por los ministros ordenados.

Ahora bien, esta segunda vuelta de las elecciones de 2022 va mucho más allá de las cuestiones partidarias tradicionales de Brasil. Tanto es así que tenemos un frente amplio en torno a la candidatura de Lula que incluye a representantes de todos los gobiernos anteriores y de partidos que hicieron oposición a su gobierno. Ya no se trata de la disputa entre Lula y Bolsonaro, sino de un frente por la democracia contra los signos de barbarie, autoritarismo y fundamentalismo religioso ya demostrados por este gobierno que busca la reelección.

Por lo tanto, no se trata de escoger entre uno u otro candidato, sino en qué lado de la historia queremos quedar. Quedarse al margen, en este caso, es reforzar el lado opuesto.

Por estas razones, pido humildemente a los hermanos sacerdotes que se manifiesten en vídeos, homilías, pronunciamientos y publicaciones para hacer el contrapunto a los que se presentan como representantes de la Iglesia y hacen apología del actual presidente, mostrando su contradicción con el mensaje de los evangelios y la Doctrina Social de la Iglesia.

El silencio en situaciones límite de nuestra historia puede acabar volviéndose omisión. Que el Señor nos libre del Mal (Mt 6, 13).

Saludos en Cristo

Maurício Abdalla 

Profesor de filosofía de la UFES y miembro de la Red Nacional de Asesores del Centro de Fe y Política Dom Helder Câmara (CEFEP), organismo de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) y Coordinador Pedagógico de la Escuela de Fe y Política de la Arquidiócesis de Vitória.

La tenebrosa figura de Jair Bolsonaro amenaza la democracia

El actual presidente parece desvariar y ha lanzado constantesamenazas a la normalidad democrática, en el caso de que pierda las elecciones. En la primera vuelta, el 2 de octubre, recibió el 43,44% de los votos y el expresidente Lula el 48,5%. Hay gran expectativa de que gane la elección, pues la superioridad sobre Bolsonaro es notable. 

Lula ha recibido el apoyo de casi todos los partidos incluso de los más distantes, pues han percibido que la democracia está en juego y el destino histórico de nuestro país también. La victoria de Bolsonaro llevaría adelante su proyecto de desmantelamiento de las instituciones de forma abiertamente autoritaria y amenazadora de golpe de estado. 

Tenemos que tratar de entender por qué irrumpió esta ola de odio, de mentiras como método de gobierno, fake news, calumnias y de corrupción gubernamental que no puede ser investigada. Me viene a la mente un artículo que publiqué tiempo atrás y que voy a reformular aquí.

Dos categorías resultan clarificadoras: una proviene del psicoanálisis junguiano, la de la sombra, y otra de la gran tradición oriental del budismo y afines y, entre nosotros, del espiritismo, el karma.

La categoría de sombra, presente en cada persona o colectividad, está constituida por aquellos elementos negativos que nos cuesta aceptar, que procuramos olvidar o incluso reprimir, enviándolos al inconsciente ya sea el personal o el colectivo. 

En efecto, cinco grandes sombras marcan la historia político-social de nuestro país: 

La primera es el genocidio indígena, que perdura hasta hoy, pues sus reservas están siendo invadidas y durante la pandemia fueron prácticamente abandonados por las autoridades actuales. 

La segunda es la colonización, que nos impidió tener un proyecto propio de pueblo libre, y no al contrario, siempre dependiente de poderes extranjeros de ayer y de hoy. Creó el síndrome del “vira-lata”, el perro callejero.

La tercera es la esclavitud, una de nuestras vergüenzas nacionales, pues implicaba tratar a la persona esclavizada como una cosa, una ”pieza”, puesta en el mercado para ser comprada y vendida, sometida constantemente al látigo, al desprecio y al odio.

La cuarta es la permanencia de la conciliación entre sí de los representantes de las clases dominantes, ya sean herederas de la Casa Grande o del industrialismo, especialmente a partir de São Paulo, denominadas por Jessé Souza las “élites del atraso”. Son profundamente egoístas hasta el punto de que Noam Chomsky ha afirmado: “Brasil es un tipo de caso especial, pues raramente he visto un país donde elementos de la élite tengan tanto desprecio y odio por los pobres y por el pueblo trabajador”. Ellas no pensaron nunca en un proyecto nacional que incluyese al pueblo, su proyecto es solamente de ellos para ellos, capaces de controlar el estado, ocupar sus aparatos y conseguir sobornos y fortunas en los proyectos estatales. 

La quinta sombra es la democracia de baja intensidadentrecortada por golpes de estado, que siempre se rehace pero sin cambiar de naturaleza. Perdura hasta hoy y actualmente muestra una gran debilidad por la posición de los representantes de derecha o extrema derecha, con sus chanchullos como el presupuesto secreto. Medida por el respeto a la constitución, por los derechos humanos personales y sociales, por la justicia social y por el nivel de participación popular, parece antes una farsa que una democracia realmente consolidada. 

Siempre que un líder político con ideas reformistas, venido del piso de abajo, de la senzala social, presenta un proyecto más amplio que abarque al pueblo con políticas sociales inclusivas, estas fuerzas de conciliación, con su brazo ideológico, los grandes medios de comunicación, como periódicos, radios y canales de televisión, asociados a parlamentarios y a sectores importantes de la judicatura, han usado el recurso del golpe, ya sea militar como en 1964 o jurídico-político-mediático como en 2016 para garantizar sus privilegios. 

El desprecio y el odio, en otro tiempo dirigido a los esclavizados, ha sido transferido cobardemente a los pobres y miserables, condenados a vivir siempre en la exclusiónEstas sombras flotan sobre la atmósfera social de nuestro país, siempre ideológicamente escondida, negada y reprimida.

Con el presidente actual y con el séquito de sus seguidores lo que estaba oculto y reprimido salió del armario. Estaba siempre allí, recogido pero activo, impidiendo que nuestra sociedad, dominada por la élite del atraso, hiciese las transformaciones necesarias y consiguiendo que continuase con una característica conservadora y, en algunos campos, como en las costumbres, hasta reaccionaria y por eso de fácil manipulación política. Dentro del alma de una porción de brasileros hay un pequeño “bolsonaro” reaccionario yodiador. El Bolsonaro histórico ha dado cuerpo a este “bolsonaro” escondido. Lo mismo sucedió con el “hitler” escondido en una parte del pueblo alemán. 

Estas cinco sombras mencionadas se han visto agravadas actualmente por la adquisición incentivada de armas por parte de la población, por la magnificación de la violencia e incluso de la tortura, por el racismo cultural, por la misoginia, por el odio a los de otra opción sexual, por el desprecio a los afrodescendientes, a los indígenas, a los quilombolas y a los pobres en general. Es de extrañar que muchos, hasta personas sensatas, inclusive académicos y gente de clase media puedan seguir a una figura tan perturbada, maleducada y sin ninguna empatía con las personas que sufrieron la pérdida de seres queridos por la Covid-19.

Esta es una explicación, ciertamente no exhaustiva, a través de la categoría de sombra que subyace a las diferentes crisis político-sociales.

La otra categoría es la del karma. Para darle algún grado analítico y no solo hermenéutico (esclarecedor de la vida), me valgo de un largo diálogo entre el gran historiador inglés Arnold Toynbee y Daisaku Ikeda, eminente filósofo japonés, recogido en el libro Elige la vida, (Emecé. Buenos Aires 2005).

Karma es un término sánscrito que originalmente significa fuerza y movimiento, concentrado en la palabra “acción” que provocaba su correspondiente “re-acción”. Se aplica a los individuos y también a las colectividades.

Cada persona es marcada por las acciones que practica en la vida. Esa acción no se restringe a la persona, sino que connota todo el ambiente. Es una especie de cuenta-corriente ética cuyo saldo está en constante mutación según las acciones buenas o malas que se hacen, o sea los “débitos y los créditos”. Incluso después de la muerte, la persona, en la creencia budista y espiritista carga esta cuenta; por eso se reencarna para que, por medio de varios renacimientos, pueda poner a cero la cuenta negativa y entrar en el nirvana o en el cielo. 

Para Toynbee no es necesario recurrir a la hipótesis de los muchos renacimientos porque la red de vínculos garantiza la continuidad del destino de un pueblo (p.384). Las realidades kármicas impregnan las instituciones, los paisajes, configuran a las personas y marcan el estilo singular de un pueblo. Esta fuerza kármica actúa en la historia, marcando los hechos benéficos o maléficos, cosa ya vista por C. G. Jung en sus análisis psico-socio-históricos.

Toynbee en su gran obra en diez volúmenes Estudio de la Historia (A Study of History) trabaja el binomio Desafío-Respuesta (Challange-Response) y ve sentido en la categoría del karma. Pero le da otra versión que me parece clarificadora y nos ayuda a entender un poco las sombras nacionales, especialmente de la extrema derecha brasilera e incluso internacional.

La historia está hecha de redes relacionales dentro de las cuales está insertada cada persona, ligada con las que la precedieron y con las presentes. Hay un funcionamiento kármico en la historia de un pueblo y de sus instituciones de acuerdo a los niveles de bondad y justicia o de maldad e injusticia que produjeron a lo largo del tiempo. Este sería una especie de campo mórfico que permanecería impregnando todo.

Tanto Toynbee como Ikeda concuerdan en esto: “la sociedad moderna (incluidos nosotros) sólo puede ser curada de su carga kármica, añadiríamos, de su sombra, a través de una revolución espiritual social comenzando en el corazón y en la mente (p.159), en la línea de la justicia compensatoria, de políticas sanadoras e instituciones justas. 

Sin embargo, ellas solas no son suficientes y no desharán las sombras y el karma negativo. Es necesario el amor, la solidaridad, la compasión y una profunda humanidad para con las víctimas. El amor será el motor más eficaz porque él, en el fondo, afirman Toynbee e Ikeda “es la Última Realidad” (p.387). Algo semejante dice Watson, uno de los descodificadores del código genético: el amor está en nuestro ADN.

Una sociedad atravesada por el odio y por la mentira como en Bolsonaro y sus seguidores, algunos fanatizados, es incapaz de deconstruir una historia tan marcada por las sombras y por el karma negativo como la nuestra. Esto se aplica específicamente alos modos rudos, ofensivos y mentirosos del actual presidente y de sus ministros.

Solo la dimensión de luz y el karma del bien libran y redimen a la sociedad de la fuerza de las sombras tenebrosas y de las kármicas del mal como los grandes sabios de la humanidad, como el Dalai Lama y los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma, lo atestiguan.


Si no derrotarnos electoralmente al actual presidente en esta segunda vuelta que se realizará el 30 de octubre, el país se moverá de crisis en crisis, creando una corriente de sombras y karmas destructivos, comprometiendo el futuro de todos. Pero la luz y la energía de lo positivo siempre se han mostrado históricamente más poderosas que las sombras y el karma negativo.

Estamos seguros de que serán ellas las que garanticen, así lo esperamos, la victoria de Lula, que no guarda rencor ni odio en el corazón, sino que se mueve por la amorosidad y por la política del cuidado del pueblo, especialmente de los empobrecidos y de sus necesidades.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

La crisis brasilera y los puntos de inflexión de la crisis mundial

Brasil debe decidir el 2 de octubre qué futuro quiere para el país: 

¿Quiere un futuro de barbarie y no de civilización, de atraso en vez de modernidad, de un protofascismo que, frente a la democracia, viene representado por el actual presidente Jair Bolsonaro? 

¿O apoya el proyecto contrario de dar continuidad a la refundación de Brasil de abajo hacia arriba, desde dentro hacia fuera, con una democracia que se abre a lo social, a la sociedad organizada, especialmente en los cientos de movimientos sociales cuyas luchas, generalmente, se centran en derechos históricamente a ellos negados, encarnado en el expresidente Lula? 

En este segundo proyecto ocupa el primer lugar la erradicación del hambre de 33 millones de brasileros y de otros 110 millones con insuficiencia alimentaria, la generación de empleos y de políticas sociales de salud, de educación, de seguridad, de ciencia y tecnología, entre otros objetivos.

Es la primera vez en la historia que nuestro destino está en juego. Las encuestas electorales están indicando que predominará la racionalidad, la conciencia cívica, eligiendo a Lula, librando al país de la ola de odio, de violencia, de fake news y de irresponsabilidad ante la pandemia que, debido al negacionismo oscurantista del presidente Bolsonaro, causó la muerte de por lo menos 300 mil personas que hoy podrían estar entre nosotros. 

La perversidad aliada a mentiras cotidianas y a una completa falta de decencia y de ética pública no puede prevalecer. Somos demasiado importantes para nosotros mismos y para el futuro del mundo, dada nuestra riqueza ecológica, que nos obliga políticamente a empeñarnos seriamente para infligir una clamorosa derrota al proyecto de Bolsonaro de desmantelamiento de la democracia y de las instituciones democráticas.

A la par que esta crisis nacional, se está produciendo otra crisis cuya gravedad excede en mucho a la nuestra: la crisis ecológico-social del sistema-Tierra y del sistema-vida. La crisis es global, afecta al ambiente, a la economía, a la política, a la sociedad, a la ética, a las religiones y al sentido de nuestro propio vivir. Puede poner en grave peligro de extinción a gran parte de la vida en la Tierra.

Dejando a un lado la peligrosa crisis derivada de una potencial guerra nuclear promovida por Rusia y por las potencias militaristas de Occidente, que pondría en peligro la supervivencia de nuestra especie, me restrinjo a los tippings points, a los puntos sociales de inflexión o de cambio provocados por el creciente calentamiento global. El cuadro es más que preocupante y, en cierta manera, desolador. 

A finales de febrero y en la primera semana de abril del presente año fueron publicados tres volúmenes del Sexto Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). El Informe de Evaluación 6 (Assesment Report 6) reveló una aceleración insospechada del calentamiento global. La Organización Meteorológica Mundial de la ONU confirmó tal evento. Advirtió que la subida de 1,5 grados centígrados que se imaginaba no alcanzar hasta 2030 se ha frustrado. Se hizo una proyección al 50% de que dicho calentamiento será alcanzado ya en el año 2026, por lo tanto dentro de 4 años. La temperatura podría subir 2,7 grados centígrados o más, dependiendo de las regiones del planeta, especialmente a causa de la entrada en masa del metano, 28 veces más dañino que el CO2, resultante del deshielo de Groenlandia, de los casquetes polares y del permafrost. 

La brasilera Patrícia Pinho, autora líder del estudio sobre los puntos de inflexión sociales causados por esta aceleración del calentamiento, revelada por el IPCC, afirma en su conclusión que «las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano han generado impactos adversos expresivos y significantes en todos los países del mundo, considerándose genuinamente como una amenaza para la humanidad»(cf. IHU del 25 de junio de 2022). En su informe revela que esta subida de temperatura produce puntos de inflexión sociales bastante negativos, provocando erosión del modo de vida de las poblaciones dependientes de la selva, sobre todo de los pueblos indígenas, los ribereños y la población urbana pobre, comprometiendo la agricultura, tanto la de supervivencia como la agroindustrial, y la disminución de los recursos pesqueros, además de aumentar los conflictos, la violencia, las migraciones y la crisis humanitarias.

Este cambio de situación es poco conocido y ni siquiera es tomado en consideración por los planificadores de los nuevos gobiernos de los estados ni de la Unión. Deben elaborarse estrategias mínimas, como, por ejemplo, no construir viviendas en la laderas (recordemos los desastres de Petrópolis y de Angra dos Reis este año), acomodar a las personas en espacios más llanos y que no están amenazados por las inundaciones.

A la Bolsa Familia hay que agregar la Bolsa Floresta, plantar árboles en todos los rincones, junto con la agricultura del campo introducir la agricultura urbana en los espacios entre edificios, la arborización de las calles y la preservación de las mínimas fuentes de agua, allí donde surgieren, rodeadas de plantas que garanticen su perpetuidad.

De todas formas, tenemos que prepararnos para eventos extremos cada vez más frecuentes y nocivos, usando sistemas de alerta-prevención para la población, y utilizar la ciencia y la tecnología para disminuir los efectos dañinos inevitables.

Termino con la observación de un científico norteamericano, vinculado al tema del calentamiento global: «Nuestra generación tiene que pasar por un camino lleno de peligros. Es como conducir de noche: la ciencia son los faroles, pero la responsabilidad de no salirse de la carretera es del conductor, que también tiene que tener en cuenta que los faroles tienen un alcance limitado». Es decir, no bastan la ciencia y la técnica, necesitamos asumir colectivamente la responsabilidad por nuestro futuro. Ojalá encontremos medios que garanticen nuestra supervivencia como especie sobre este planeta que nos gestó y al cual tenemos que reaprender a cuidar y hacerlo nuestra Casa Común.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor y ha escrito: En busca de la justa medida: el pescador ambicioso y el pez encantado, Vozes 2022; Habitar la Tierra, Vozes 2021.