La tenebrosa figura de Jair Bolsonaro amenaza la democracia

El actual presidente parece desvariar y ha lanzado constantesamenazas a la normalidad democrática, en el caso de que pierda las elecciones. En la primera vuelta, el 2 de octubre, recibió el 43,44% de los votos y el expresidente Lula el 48,5%. Hay gran expectativa de que gane la elección, pues la superioridad sobre Bolsonaro es notable. 

Lula ha recibido el apoyo de casi todos los partidos incluso de los más distantes, pues han percibido que la democracia está en juego y el destino histórico de nuestro país también. La victoria de Bolsonaro llevaría adelante su proyecto de desmantelamiento de las instituciones de forma abiertamente autoritaria y amenazadora de golpe de estado. 

Tenemos que tratar de entender por qué irrumpió esta ola de odio, de mentiras como método de gobierno, fake news, calumnias y de corrupción gubernamental que no puede ser investigada. Me viene a la mente un artículo que publiqué tiempo atrás y que voy a reformular aquí.

Dos categorías resultan clarificadoras: una proviene del psicoanálisis junguiano, la de la sombra, y otra de la gran tradición oriental del budismo y afines y, entre nosotros, del espiritismo, el karma.

La categoría de sombra, presente en cada persona o colectividad, está constituida por aquellos elementos negativos que nos cuesta aceptar, que procuramos olvidar o incluso reprimir, enviándolos al inconsciente ya sea el personal o el colectivo. 

En efecto, cinco grandes sombras marcan la historia político-social de nuestro país: 

La primera es el genocidio indígena, que perdura hasta hoy, pues sus reservas están siendo invadidas y durante la pandemia fueron prácticamente abandonados por las autoridades actuales. 

La segunda es la colonización, que nos impidió tener un proyecto propio de pueblo libre, y no al contrario, siempre dependiente de poderes extranjeros de ayer y de hoy. Creó el síndrome del “vira-lata”, el perro callejero.

La tercera es la esclavitud, una de nuestras vergüenzas nacionales, pues implicaba tratar a la persona esclavizada como una cosa, una ”pieza”, puesta en el mercado para ser comprada y vendida, sometida constantemente al látigo, al desprecio y al odio.

La cuarta es la permanencia de la conciliación entre sí de los representantes de las clases dominantes, ya sean herederas de la Casa Grande o del industrialismo, especialmente a partir de São Paulo, denominadas por Jessé Souza las “élites del atraso”. Son profundamente egoístas hasta el punto de que Noam Chomsky ha afirmado: “Brasil es un tipo de caso especial, pues raramente he visto un país donde elementos de la élite tengan tanto desprecio y odio por los pobres y por el pueblo trabajador”. Ellas no pensaron nunca en un proyecto nacional que incluyese al pueblo, su proyecto es solamente de ellos para ellos, capaces de controlar el estado, ocupar sus aparatos y conseguir sobornos y fortunas en los proyectos estatales. 

La quinta sombra es la democracia de baja intensidadentrecortada por golpes de estado, que siempre se rehace pero sin cambiar de naturaleza. Perdura hasta hoy y actualmente muestra una gran debilidad por la posición de los representantes de derecha o extrema derecha, con sus chanchullos como el presupuesto secreto. Medida por el respeto a la constitución, por los derechos humanos personales y sociales, por la justicia social y por el nivel de participación popular, parece antes una farsa que una democracia realmente consolidada. 

Siempre que un líder político con ideas reformistas, venido del piso de abajo, de la senzala social, presenta un proyecto más amplio que abarque al pueblo con políticas sociales inclusivas, estas fuerzas de conciliación, con su brazo ideológico, los grandes medios de comunicación, como periódicos, radios y canales de televisión, asociados a parlamentarios y a sectores importantes de la judicatura, han usado el recurso del golpe, ya sea militar como en 1964 o jurídico-político-mediático como en 2016 para garantizar sus privilegios. 

El desprecio y el odio, en otro tiempo dirigido a los esclavizados, ha sido transferido cobardemente a los pobres y miserables, condenados a vivir siempre en la exclusiónEstas sombras flotan sobre la atmósfera social de nuestro país, siempre ideológicamente escondida, negada y reprimida.

Con el presidente actual y con el séquito de sus seguidores lo que estaba oculto y reprimido salió del armario. Estaba siempre allí, recogido pero activo, impidiendo que nuestra sociedad, dominada por la élite del atraso, hiciese las transformaciones necesarias y consiguiendo que continuase con una característica conservadora y, en algunos campos, como en las costumbres, hasta reaccionaria y por eso de fácil manipulación política. Dentro del alma de una porción de brasileros hay un pequeño “bolsonaro” reaccionario yodiador. El Bolsonaro histórico ha dado cuerpo a este “bolsonaro” escondido. Lo mismo sucedió con el “hitler” escondido en una parte del pueblo alemán. 

Estas cinco sombras mencionadas se han visto agravadas actualmente por la adquisición incentivada de armas por parte de la población, por la magnificación de la violencia e incluso de la tortura, por el racismo cultural, por la misoginia, por el odio a los de otra opción sexual, por el desprecio a los afrodescendientes, a los indígenas, a los quilombolas y a los pobres en general. Es de extrañar que muchos, hasta personas sensatas, inclusive académicos y gente de clase media puedan seguir a una figura tan perturbada, maleducada y sin ninguna empatía con las personas que sufrieron la pérdida de seres queridos por la Covid-19.

Esta es una explicación, ciertamente no exhaustiva, a través de la categoría de sombra que subyace a las diferentes crisis político-sociales.

La otra categoría es la del karma. Para darle algún grado analítico y no solo hermenéutico (esclarecedor de la vida), me valgo de un largo diálogo entre el gran historiador inglés Arnold Toynbee y Daisaku Ikeda, eminente filósofo japonés, recogido en el libro Elige la vida, (Emecé. Buenos Aires 2005).

Karma es un término sánscrito que originalmente significa fuerza y movimiento, concentrado en la palabra “acción” que provocaba su correspondiente “re-acción”. Se aplica a los individuos y también a las colectividades.

Cada persona es marcada por las acciones que practica en la vida. Esa acción no se restringe a la persona, sino que connota todo el ambiente. Es una especie de cuenta-corriente ética cuyo saldo está en constante mutación según las acciones buenas o malas que se hacen, o sea los “débitos y los créditos”. Incluso después de la muerte, la persona, en la creencia budista y espiritista carga esta cuenta; por eso se reencarna para que, por medio de varios renacimientos, pueda poner a cero la cuenta negativa y entrar en el nirvana o en el cielo. 

Para Toynbee no es necesario recurrir a la hipótesis de los muchos renacimientos porque la red de vínculos garantiza la continuidad del destino de un pueblo (p.384). Las realidades kármicas impregnan las instituciones, los paisajes, configuran a las personas y marcan el estilo singular de un pueblo. Esta fuerza kármica actúa en la historia, marcando los hechos benéficos o maléficos, cosa ya vista por C. G. Jung en sus análisis psico-socio-históricos.

Toynbee en su gran obra en diez volúmenes Estudio de la Historia (A Study of History) trabaja el binomio Desafío-Respuesta (Challange-Response) y ve sentido en la categoría del karma. Pero le da otra versión que me parece clarificadora y nos ayuda a entender un poco las sombras nacionales, especialmente de la extrema derecha brasilera e incluso internacional.

La historia está hecha de redes relacionales dentro de las cuales está insertada cada persona, ligada con las que la precedieron y con las presentes. Hay un funcionamiento kármico en la historia de un pueblo y de sus instituciones de acuerdo a los niveles de bondad y justicia o de maldad e injusticia que produjeron a lo largo del tiempo. Este sería una especie de campo mórfico que permanecería impregnando todo.

Tanto Toynbee como Ikeda concuerdan en esto: “la sociedad moderna (incluidos nosotros) sólo puede ser curada de su carga kármica, añadiríamos, de su sombra, a través de una revolución espiritual social comenzando en el corazón y en la mente (p.159), en la línea de la justicia compensatoria, de políticas sanadoras e instituciones justas. 

Sin embargo, ellas solas no son suficientes y no desharán las sombras y el karma negativo. Es necesario el amor, la solidaridad, la compasión y una profunda humanidad para con las víctimas. El amor será el motor más eficaz porque él, en el fondo, afirman Toynbee e Ikeda “es la Última Realidad” (p.387). Algo semejante dice Watson, uno de los descodificadores del código genético: el amor está en nuestro ADN.

Una sociedad atravesada por el odio y por la mentira como en Bolsonaro y sus seguidores, algunos fanatizados, es incapaz de deconstruir una historia tan marcada por las sombras y por el karma negativo como la nuestra. Esto se aplica específicamente alos modos rudos, ofensivos y mentirosos del actual presidente y de sus ministros.

Solo la dimensión de luz y el karma del bien libran y redimen a la sociedad de la fuerza de las sombras tenebrosas y de las kármicas del mal como los grandes sabios de la humanidad, como el Dalai Lama y los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma, lo atestiguan.


Si no derrotarnos electoralmente al actual presidente en esta segunda vuelta que se realizará el 30 de octubre, el país se moverá de crisis en crisis, creando una corriente de sombras y karmas destructivos, comprometiendo el futuro de todos. Pero la luz y la energía de lo positivo siempre se han mostrado históricamente más poderosas que las sombras y el karma negativo.

Estamos seguros de que serán ellas las que garanticen, así lo esperamos, la victoria de Lula, que no guarda rencor ni odio en el corazón, sino que se mueve por la amorosidad y por la política del cuidado del pueblo, especialmente de los empobrecidos y de sus necesidades.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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