Pascua: la irrupción de lo inesperado

Leonardo Boff*

Los cristianos celebran en Pascua aquello que ella significa: el paso. En nuestro contexto, es el paso  de la decepción a la irrupción de lo inesperado. La decepción aquí es la crucifixión de Jesús de Nazaret y lo inesperado, su resurrección.

Él fue alguien que pasó por el mundo haciendo el bien. Mas que doctrinas introdujo prácticas, ligadas siempre a la vida de los más débiles: curaba ciegos,

purificaba leprosos, hacía andar a cojos, devolvía la salud a muchos enfermos, daba de comer a multitudes y llegaba a resucitar muertos. Conocemos su fin trágico: una trama urdida entre religiosos y políticos lo llevó a la muerte en la cruz.

Los que lo seguían, apóstoles y discípulos, quedaron profundamente frustrados con el fin trágico de la crucifixión. Todos, menos las mujeres que también lo seguían, empezaron a volver a sus casas. Decepcionados, pues esperaban que traería la liberación de Israel. Tal frustración aparece claramente en los dos

discípulos de Emaús, probablemente una pareja, que caminaban llenos de tristeza. A uno que se une a ellos en el camino, lamentándose, le dicen: “Nosotros esperábamos que fuese él quien liberara a Israel, pero hace ya tres días que lo condenaron a muerte”(Lucas 24,21). Ese compañero del camino se reveló después como Jesús resucitado, reconocido en la forma como bendijo el pan, lo partió y lo distribuyó.

La resurrección estaba fuera del horizonte de sus seguidores. Había un grupo en Israel que creía en la resurrección, pero al final de los tiempos, una resurrección entendida como una vuelta a la vida como siempre fue y es. Pero con Jesús sucedió lo inesperado, pues en la historia siempre puede ocurrir lo inesperado y lo improbable. Sólo que lo improbable y lo inesperado aquí son de otra naturaleza, un evento realmente improbable e inesperado: la resurrección.

Ella debe ser bien entendida: no se trata de la reanimación de un cadáver como el de Lázaro. La Resurrección representa una revolución dentro de la evolución. El fin bueno de la historia humana se anticipa. Ella significa lo inesperado de la irrupción del ser humano nuevo, como dice San Pablo, del “novísimo Adán”.

Este evento es realmente la concretización de lo inesperado. Teilhard de Chardin, cuya mística está toda centrada en la resurrección como una absoluta novedad dentro del proceso de la evolución, decía que era un “tremendous”, algo que por tanto alcanza a todo o el universo.

Esta es la fe fundamental de los cristianos. Sin la resurrección las comunidades cristianas no existirían. Perderían su evento fundador y fundante.

Finalmente cabe resaltar que los dos misterios mayores de la fe cristiana están íntimamente ligados a la mujer: la encarnación del Hijo de Dios a María (Lucas 1,35) y la resurrección a María de Magdala (Juan 20,15). Parte de la Iglesia, la

jerárquica, rehén del patriarcalismo cultural, no ha atribuido a este hecho singular ninguna relevancia teológica. Ella seguramente está en el designio de Dios y debería ser acogido como algo culturalmente innovador.

En estos tiempos sombríos, marcados por la muerte y hasta con la eventual desaparición de la especie humana, la fe en la resurrección nos abre un futuro de esperanza. Nuestro fin no es la autodestrucción dentro de una tragedia sino la plena realización de nuestras potencialidades a través de la resurrección, la

irrupción del hombre y de la mujer nuevos.

Feliz Pascua a todos los que consiguen creer y también a quienes no lo consiguen.

*Leonardo Boffes es teólogo y ha escrito: La resurrección de Cristo y nuestra resurrección en la muerte, Vozes 1982. Publicado en español por la editorial Sal Terrae.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Peligro de destrucción de nuestro futuro

 Leonardo Boff*

En julio de 2021 el gran pensador de la complejidad Edgard Morin cumplió 100 años. Observador atento del curso del mundo, nos entregó un libro Réveillons-nous! – ¡Despertemos!, lleno de sabias y serias advertencias. Resumió su pensamiento en una entrevista a Jules de Kiss, publicada el 26 de marzo de 2022 en Franceinfo y reproducida en portugués por el IHU el 4/4/22. Lector asiduo de sus escritos, esta entrevista inspiró el presente artículo.

Morin advierte lo que vengo repitiendo desde hace mucho tiempo: debemos estar atentos, intentar ver y entender lo que está ocurriendo. La gran mayoría, inclusive jefes de estado, no son conscientes de las graves amenazas que pesan sobre el planeta Tierra, sobre la vida y sobre nuestro futuro. Parecen sonámbulos o zombis, obcecados con la idea del crecimiento económico sin fin y también con la seguridad y con más construcción de armas de destrucción masiva.

Estamos viviendo varias crisis, todas ellas graves: la más inmediata es la pandemia que afecta a todo el planeta, cuyo sentido último no ha sido identificado todavía. Para mí es una señal que la Tierra viva ha enviado a sus hijos e hijas: “no pueden seguir con el pillaje sistemático de la comunidad de vida en la cual se encuentran los hábitats de los distintos virus que en los últimos años han asolado regiones del planeta”. La Covid-19 ha alcanzado todo el planeta, pero no a otros seres vivos y domésticos. Es una señal que no está siendo leída por la mayoría de la humanidad, ni tampoco por los analistas, centrados en las vacunas y en los cuidados necesarios. 

¿Quién se pregunta en qué contexto apareció el virus? Él es consecuencia del asalto de los seres humanos a la naturaleza, especialmente por la deforestación de vastas regiones, destruyendo la casa donde habitan los virus, que pasaron a otros animales y de ellos a nosotros.

La crisis climática es grave, pues si no tenemos cuidado

hasta 2030 el calentamiento global puede aumentar 1,5 grados centígrados o más, lo que comprometería a la mayoría de los organismos vivos y a gran parte de la humanidad. Junto a esto está la Sobrecarga de la Tierra (Earth Oveshoot), constatada el 29 de julio de 2021: los bienes y servicios importantes para la vida se están agotando. Ya ahora necesitamos 1,7 Tierras para atender el tipo de consumo principalmente de las clases opulentas. Arrancamos de la Tierra lo que ella ya no nos puede dar. Ella reacciona aumentando el calentamiento, los eventos extremos, la erosión de la biodiversidad y más conflictos sociales.

Lo que funciona como una espada de Damocles es la posibilidad de una guerra nuclear que puede destruir toda la vida y gran parte de la humanidad. Morin escribe: “Pienso que hemos entrado en una nueva fase. Por primera vez en la historia, la humanidad corre peligro de aniquilación, tal vez no total –habrá algunos supervivientes, como en Mad Max –, pero una especie de ‘reinicio‘ desde cero en condiciones sanitarias sin duda terribles”. 

La guerra en Ucrania ha suscitado este fantasma, pues Rusia, como ya decía Gorbachov, puede destruir toda la vida con solo la mitad de sus ojivas nucleares. Pero, lleno de confianza en que la historia anda, no está cerrada, Morin afirma esperanzado: “Precisamos esperar lo inesperado para saber como navegar en la incertidumbre”.

Es de todos conocida la erosión de las ideas democráticas en el mundo entero. En muchos países, como en Brasil, se está imponiendo un espíritu autoritario y fascistoide, que hace de la violencia física y simbólica y de la mentira directa una forma de gobernar. La democracia ha dejado de ser un valor universal y una forma de vivir civilizadamente en comunidad. Este espíritu puede provocar un tsunami de guerras regionales de gran destrucción.

No olvidemos la advertencia del Papa Francisco en la Fratelli tutti (2020): “estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o nadie se salva”. Somos responsables de nuestro futuro y de la vida en el planeta.

Tenemos la confianza de Morin de que, como la historia ha mostrado, lo inesperado y lo improbable pueden ocurrir. Ya nos enseñaba un pre-socrático: “si no esperamos lo inesperado, cuando venga, no lo percibiremos”. Y así lo perderemos.

Esta es nuestra confianza y esperanza: estamos en medio  de crisis que no  tienen por qué terminar en tragedias fatales. Pueden ser el  despertar de una nueva conciencia y entonces, la ocasión para un salto cualitativo hacia un tipo de convivencia pacífica dentro de la única Casa Común. ¿Será este el próximo paso de la humanidad? ¡Bienvenido sea! 

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito: Cómo cuidar de la Casa Común, Vozes 2017.

Traducción de María José Gavito Milano

Adolfo Pérez Esquivel: “Parem o mundo, eu quero descer!”Denúncia:”aves de destruição em massa”


04/04/2022 – 17h44 em Vio o Mundo

Publicamos este texto de Adolfo Pérez Esquivel, Prêmio Nobel da Paz denunciando as guerras no mundo especialmente na Ucrânia. Chama atenção para algo gravíssimo: Em Kiev,estão sendo produzidas armas biológicas e químicas, apoiadas pelo Pentágono e pela Departamento de Estado dos USA. Bactérias e vírus são inoculados em Aves migratórias que poderão levar doenças por todo mundo. É um crime inominável, a pior forma de guerra para atingir diretamente a vida humana indefesa.


“Parem o mundo, eu quero descer!”

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Faz vários anos, dos quais não me lembro nem dos autores e atores do velho filme: “Parem o mundo, eu quero descer”. Entre alguns amigos, comentávamos, tudo bem, mas… para onde vamos?

Nesse momento, há várias décadas, estávamos preocupados com a situação mundial, com a guerra no Vietnã, na Argélia, os golpes de Estado; este planeta é a nossa casa comum, não temos outra e a estão destruindo a cada dia, o Apocalipse não será causado por uma catástrofe natural, o ser humano busca sua autodestruição provocando guerras, fome, discriminação, destruição do meio ambiente e outras calamidades, das quais não há retorno.

A dança das guerras não tem fim, o mundo está sofrendo atualmente 25 guerras de alta e baixa intensidade, conflitos armados em várias regiões do mundo e as guerras silenciosas da fome e a pandemia de Covid-19, com mais de cinco milhões de mortos, até o momento.

Jorge Luis Borges dizia: “Não é o amor que nos une, mas o espanto”.

É preciso escolher entre o Amor e a Vida ou a bomba. Não há guerras justas, e ainda menos guerras santas. Creio nas causas justas. Toda guerra traz consigo destruição e morte e são os povos que a sofrem, e deixam feridas e marcas do sofrimento por várias gerações.

O Papa Francisco diz: “A guerra é feita pelos governos e é padecida pelos pobres e pela gente comum”.

Estamos diante de uma guerra que já dura mais de um mês entre a Ucrânia e a Rússia, com graves perdas de vidas, destruição de cidades, refugiados. Todo mundo sabe como as guerras começam, ninguém sabe como elas terminam.

Quem são os responsáveis pela guerra? – O outro é o culpado. É a resposta do outro – é a razão da sem-razão.

É preciso “desarmar a razão armada” para construir a Paz, não como ausência de conflito, mas para restabelecer relações de convivência e respeito mútuo entre as pessoas e os povos.

“Ignacio Ramonet, diretor do Le Monde Diplomatique da España, envia uma nota “urgente”, fazendo referência a uma recente reunião do Conselho de Segurança da ONU, convocado a pedido da Rússia, que denuncia e apresenta documentação dos laboratórios biológicos e químicos encontrados em Kiev, financiados pelo Pentágono e pelo Departamento de Estado dos EUA, sobre o programa de armas biológicas na Ucrânia. “As Aves de Destruição em Massa”, documentação que mostra que o mundo está enfrentando mentes sinistras que põem em perigo a humanidade.

Vou fazer um resumo porque a situação é tão grave que exige uma análise serena e profunda. Os Estados Unidos negam sua responsabilidade no Conselho de Segurança da ONU e, ao mesmo tempo, se opõem a uma investigação sobre os laboratórios de armas biológicas que financiam.

O governo da Ucrânia é partidário e cúmplice dessa política sinistra. O mundo está preocupado com a posição dos ex-presidentes dos EUA George Bush, Barack Obama, Donald Trump e do atual, Joe Biden, se eles desconheciam a existência dos 336 laboratórios.

O que fizeram? Eles têm consciência, valores éticos, responsabilidade pelas consequências dos vírus com a utilização de aves migratórias para contaminar e atacar outros povos?o

A guerra tem muitas faces que escondem a crueldade por trás de máscaras de interesses políticos, econômicos e geopolíticos. Os meios de comunicação hegemônicos, a propaganda cúmplice. Volto a reiterar que a primeira vítima da guerra é a Verdade, e a Mentira é a Mãe de todas as violências.

Os fatos confirmam que o presidente Joe Biden não quer a paz entre a Rússia e a Ucrânia, a União Europeia também não, nem a OTAN. Todos esses atores buscam fomentar o conflito e pretendem apagar o fogo da guerra com mais combustível: o envio de armas para a Ucrânia, imposições e sanções econômicas e censura da mídia russa.

A Europa se esqueceu da Segunda Guerra Mundial, se esqueceu do Holocausto?

Os governos ocidentais pretendem tapar o sol com as mãos, censurando a cultura russa, como Dostoiévski, Tolstói, os seus artistas, cientistas, atletas e todas as manifestações desse povo. Não procuram formas de resolver o conflito através do diálogo.

Eles estão empurrando a humanidade para uma provável guerra nuclear, que colocará em risco a existência planetária.

A isso se soma a recente denúncia das “Aves de Destruição em Massa”, os laboratórios biológicos e químicos encontrados na Ucrânia, que consistem em usar aves migratórias e inocular vírus nelas.  As aves são numeradas e identificadas para atuarem como portadoras em outros continentes para descarregar vírus, doenças, epidemias, como arma silenciosa e mortal.

“Parem o mundo que eu quero descer”, estamos aqui e agora, os povos não são espectadores, são protagonistas de suas próprias vidas e construtores de sua própria história, e devem enfrentar grupos de poder econômico, político e militar, que tratam de dominar o mundo.

Devemos exigir que a Rússia e a Ucrânia parem a guerra, que os EUA, a União Europeia e a OTAN garantam que vão desmantelar as bases militares que estão cercando a Rússia. A ONU deve despertar e agir com coragem para alcançar a Paz, e não ficar paralisada pelas grandes potências. E deve fazê-lo antes que seja tarde demais.

Quando a guerra termina, a Paz não é obtida. É preciso curar as feridas do corpo e do espírito, gerar condições de igualdade e direitos de vida justa para reconstruir e construir em conjunto com os povos vítimas da violência.

Confiamos que Outro Mundo é Possível.

Nós, os povos do mundo, exigimos o fim da guerra e a construção da Paz. É um direito de toda a humanidade.

Na rebelião dos estudantes em Paris em maio de 68, eles propunham “a imaginação ao poder” – “Sejamos realistas, peçamos o impossível”.

Peçamos à UNESCO que convoque uma Assembleia Geral urgente diante da situação que a humanidade está vivenciando, para exigir o fim da guerra e o início do diálogo para se chegar a uma solução para o conflito.

Lançar as bases para promover “Um novo contrato social”, diante dos desafios do nosso tempo. Como os avanços tecnológicos e científicos revolucionaram a vida e alteraram a velocidade do tempo, é preciso revisar e atualizar o caminho para um novo amanhecer da humanidade.

Nós propomos.

Aos líderes religiosos do mundo, que se unam espiritualmente na diversidade pela Vida e Paz, que proponham 3 dias de manifestação em todos os locais de culto, em mosteiros, igrejas, templos, sinagogas; que convoquem os povos para rezar e peçam a Deus o fim da guerra, que toquem os sinos conclamando os governantes do mundo a pôr fim à guerra.

Que o amor os una e não o pavor.

O impossível é possível, se unirmos vontades e rechaçarmos a violência e as mentiras que tratam de impor um pensamento único e a monocultura das mentes.

Aos movimentos sindicais, aos operários, camponeses, indígenas, aos homens e mulheres, para que se manifestem pelo fim da guerra e pela Paz com Justiça.

Que coloquem nas fachadas de suas casas a bandeira branca e a do seu país. Que em todos os povoados se façam ouvir panelaços e manifestações com instrumentos.

Que escolas e universidades, centros científicos e intelectuais hasteiem a bandeira branca junto com a nacional.

Nós, os povos do mundo, nos mobilizamos por meio de redes sociais, de meios alternativos e pela resistência cultural e a criatividade. O impossível é possível. Não deixemos que a vida e a esperança nos sejam roubadas.

*Adolfo Pérez Esquivel, ativista argentino referência na defesa dos direitos, ganhador do Prêmio Nobel da Paz.

O risco da destruição de nosso futuro

                                    Leonardo Boff

Em julho de 2021 o grande pensador da complexidade Edgard Morin completou 100 anos .Observador atento ao curso do mundo,entregou-nos um livro-Réveillons-nous! – Despertai! cheio de sábias e severas advertências. Resumiu seu pensamento numa entrevista à Jules de Kiss, publicada em 26 de março de 2022 na Franceinfo e reproduzida em  português pelo IHU de 4/4/22. Leitor assíduo de seus escritos, esta entrevista inspirou o presente artigo.

Morin adverte aquilo que venho há muito tempo repetindo: devemos estar atentos, tentar ver e entender o que está ocorrendo. A grande maioria, inclusive chefes de estado, são inconscientes das graves ameaças que pesam sobre o planeta Terra, sobre a vida e o nosso futuro. Parecem sonâmbulos ou zumbis, obcecados pela ideia do crescimento econômico sempre crescente e também de segurança e de mais  construção de armas de destruição em massa.

Vivemos sob várias crises, todas elas graves: a mais imediata é a pandemia que afetou todo o planeta cujo sentido último ainda não foi identificado. Para mim, é um sinal de que a Terra viva enviou aos seus filhos e filhas:”não podem continuar com a pilhagem sistemática da comunidade de vida na qual se encontram os habitats dos vários vírus que nos últimos anos assolaram regiões do planeta”. Com o Covid-19 foi todo o planeta atingido, não outros seres vivos e domésticos. É um sinal de que não está sendo lido pela maioria da humanidade,nem pelos analistas, centrados nas vacinas e nos cuidados necessários. Quem se pergunta pelo contexto em que apareceu o vírus? Ele é consequência do assalto dos seres humanos sobre a natureza especialmente com o desmatamento de vastas regiões,destruindo a casinha onde habitam os vírus que passaram a outros animais e deles a nós.

Grave é a crise climática pois se não cuidarmos até o ano 2030 o aquecimento pode chegar a 1,5 graus Celsius ou mais, comprometendo a maioria dos organismos vivos e grande parte da humanidade. Junto a isso vem a Sobrecarga da Terra (Earth Oveshoot) que foi constatada no dia 29 de julho de 2021: o bens e serviços importantes para a vida estão se esgotando. Já agora precisamos de 1,7 Terra para atender ao tipo de consumo principalmente das classes opulentas. Arranca-se da Terra aquilo que ela já não pode mais dar.Ela reage aumentando o aquecimento,os eventos extremos,a erosão da biodiversidade e mais conflitos sociais.

O que funciona como uma espada de Dámocles é a possibilidade de uma guerra nuclear que pode destruir toda a vida e grande parte da humanidade. Morin escreve: “Penso que entramos em um novo período. Pela primeira vez na história, a humanidade corre o risco de aniquilação, talvez não total – haverá alguns sobreviventes, como em Mad Max –, mas uma espécie de “reinício” do zero em condições sanitárias sem dúvida terríveis”. A guerra na Ucrânia suscitou este fantasma, pois a Rússia como já dizia Gorbachev pode destruir toda a vida com apenas a metade de suas ogivas nucleares. Mas cheio de confiança de que a história anda não foi fechada, Morin afirma esperançoso:” Precisamos esperar o inesperado para saber como navegar na incerteza”

É de todos conhecida a erosão das ideias democráticas no mundo inteiro. Está se impondo, em muitos países, como no Brasil, um espírito autoritário e fascistoide que faz da violência física e simbólica e da mentira direta, uma forma de governar. A democracia deixou de ser um valor universal e uma forma de viver civilizadamente em comunidade. Este espírito pode provocar um tsunami de guerras regionais de grande de destruição.

Não esqueçamos a advertência do Papa Francisco na Fratelli tutti  (2020): “estamos no mesmo barco, ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”. Somos responsáveis pelo nosso futuro e pela vida no planeta

Temos a confiança de Morin de que, como a história tem mostrado,o inesperado e o improvável podem acontecer. Já um pré-socrático nos ensinava:”se não esperarmos pelo inesperado, quando ele vier, não o perceberemos”. E assim o perderemos.

Essa é a nossa confiança e esperança: estamos no meio de crises que não precisam terminar em tragédias fatais. Mas podem ser o despertar de uma nova consciência e então, a ocasião para um salto de qualidade rumo a um tipo de convivência pacífica dentro da única Casa Comum.Esse seria o próximo passo para a humanidade? Bem haja!

Leonardo Boff é teólogo e filósofo e escreveu:Como cuidar da Casa Comum,Vozes 2017.