En la encíclica social Fratelli tutti (2020) el Papa Francisco presenta su “sueño” de una nueva humanidad fundada en la fraternidad universal y en el amor social (n.6), inspirado en la figura y en el ejemplo de San Francisco de Asís, el hermano universal.
El infierno de los campos de extermio nazi
Este tema de la fraternidad universal fue la insistente preocupación de uno de los mejores conocedores del espíritu de Asís: Éloi Leclerc en varias de sus obras, especialmente en la Sabiduría de un Pobre (París 1959, Braga 1968) y en El Sol sale sobre Asís (París 1999, Sal Terrae 2004). Él no habla teóricamente sino a partir de una terrible experiencia personal. Joven fraile francés, aunque no siendo judío, fue llevado a Alemania y hundido en el infierno de los campos de exterminio nazi de Buchenwald y de Dachau. Conoció la banalidad del mal, las matanzas de la SS por el simple gusto de matar, las torturas y las humillaciones que marcaronsu alma como un hierro al rojo vivo.
Demolida su fe en el ser humano y dudando de todo ideal de fraternidad humana, buscaba desesperadamente un rayo de luz que no le venía de ninguna parte. Incluso después de ser liberado por los aliados en 1945 empezó a tener miedo de todo ser humano. Confiesa: “me despertaba por la noche, sobresaltado, bañado en sudor y el alma llena de pavor; aquellas imágenes de horror volvían siempre y me perseguían; no podía borrarlas” (p.33). Y continúa: “Que el Señor me perdone si a veces de noche, ese hombre viejo en el que me volví, levanta los ojos inquietos al cielo en busca de un poco de luz” (p.31).
La internalización del torturador
Cargaba dentro de sí a los verdugos nazis que le perseguían y le suscitaban cuestiones aterradoras sobre el destino humano y su capacidad de destruir vidas indefensas. Ese mismo trauma, mucho más que psicológico, pues invade y destruye todo el ser humano por dentro y por fuera, fue vivido por el fraile dominico brasilero fray Tito Alençar, bárbaramente torturado por el delegado Fleury. Internalizó su imagen perversa de tal forma que se sentía siempre perseguido por él, hasta que no aguantando más dio fin a su vida, prefiriendo morir antes que vivir en una tortura permanente. Esa experiencia terrible fue vivenciada también por fray Éloi Leclerc, que, larga y sufridamente reflexionada, nos entregó una lucecita trémula, apuntando la posibilidad de una fraternidad universal, inspirada en el pobre de Asís.
En medio de la agonia se entona el Cántico a las Criaturas
El encuentro con esa figura y con su ejemplo hizo que los albores del del sol renaciesen de nuevo en su alma obnubilada y consiguiera rescatar el sentido secreto de todo elsufrimiento. Narra un hecho misterioso que ocurrió en el tren descubierto cargado de prisioneros, que durante 28 días viajaba de un lugar a otro desde Buchenwald hasta acabar en Dachau, en los alrededores de Munich. En él iban tres frailes, uno de ellos agonizante. En medio del infierno, irrumpíó algo de cielo. Sin saber por qué, movidos por una fuerza superior, empezaron a cantar con voces casi inaudibles el Cántico de las Criaturas de San Francisco. Las densas tinieblas no pudieronimpedir la luz del señor y hermano Sol y la generosidad de la madre y señora Tierra. En el Cántico se celebra el encuentro de la ecología interior con la ecología exterior y los esponsales del Cielo con la Tierra, del cual nacen todas las cosas. La pregunta que siempre le anudaba la garganta: ¿será que la fraternidad entre los humanos y con los demás seres de la creación es posible?
La ternura y la belleza convierten a las personas
¿Esa experiencia entre agonía y deslumbramiento, no podría contener una eventual respuesta esperanzadora?Por lo menos se abrió un trémulo destello. Tal choque existencial lo motivó a estudiar y a profundizar cual sería la singularidad de esta figura absolutamente excepcional dentro del conjunto de las hagiografías.
Leclerc describe, entonces, el proceso de construcción de la fraternidad universal en la trayectoria de Francisco de Asís. Hijo de un rico comerciante de tejidos, considerado el rey de la jeneuse dorée de la ciudad de Asís, vivía en farras y algazaras, pero de repente empezó a darse cuenta de la futilidad de aquella vida. Pasaba horas en la capillita de San Damián, contemplando el rostro dulce y tierno de un crucifijo bizantino. Algo semejante hacía Dostoievsky que una vez al año viajaba hasta Dresden en Alemania para contemplar en la iglesia durante horas la belleza de un cuadro de María extraordinariamente deslumbrante. Necesitaba esta contemplación para apaciguar su alma atormentada. En la novela Los hermanos Karamazov dejó esta intrigante frase: “la belleza salvará al mundo”.
Así fue, la dulzura y la mirada misericordiosa del Cristo bizantino, a semejanza de Dostoievsky, conquistó a aquel joven en profunda crisis existencial y le cambió el destino de su vida. Le convenció la fe en el Creador que creó una fraternidad fundamental, haciendo que todos los seres, pequeños y grandes, también los humanos y el propio Jesús de Nazaret, fuesen todos sacados del polvo, del humus de la Tierra. Todos tenemos el mismo origen, formamos una fraternidad terrenal.
Dicho en términos religiosos, esta idea de una profunda solidaridad y fraternidad aparece clara en la carta a los Efesios san Pablo. El apostol recordaba a sus lectores: “Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo. Siendo Dios, no hizo caso de su condición divina; se anonadó y asumió la condición de siervo por solidaridad con los seres humanos; se presentó como un simple hombre; se humilló obedientemente hasta la muerte y muerte de cruz” (el castigo más humillante impuesto a los subversivos: Flp 2,5-8).
Una radical fraternidad y comunión con los últimos, los leprosos
A la luz de estas cavilaciones, Francisco olvidó su situación de hijo de un rico mercader, descubrió el origen común de todos los seres, el polvo de la Tierra, su humus, y contempló también la humildad de Cristo retratada en el rostro sereno y dulce del crucifijo bizantino. Como era práctico y resoluto en todo lo que se proponía, sacó pronto una conclusión: voy a unirme solidariamente a aquellos que están más próximos al Crucificado: los leprosos, y con ellos voy a vivir aquello que nos hace por la creación hermanos y hermanas y a crear una fraternidad radical con ellos. Confiesa en su testamento: “aquello que antes me parecía amargura, ahora emerge como dulzura”. Conocemos el resto de la saga del Sol de Asís como lo llama Dante en la Divina Comedia.
Por su parte, Éloi Leclerc no se contentó con la experiencia iluminadora del Cántico de las Criaturas. La angustiante pregunta no le daba sosiego: ¿cuál es el gran obstáculo que impide la fraternidad humana y con todas las criaturas y que crea espacio para las masacres y la eliminación sumaria de personas consideradas inferiores o subhumanas, como ocurrió en los campos de exterminio? Llegó a esta conclusión: es la voluntad de poder y de poder como dominación.
La voluntad de poder y de dominacion como el gran obstaculo
Como C.G.Jung ya había observado, la voluntad de poder es el más peligroso arquetipo del ser humano, pues le da la ilusión de ser como Dios, disponiendo como quiere de la vida y la muerte de los demás. Y remataba: “donde predomina el poder ahí no hay ya ternura ni amor”. Cuando se vuelve absoluto, el poder se muestra asesino y elimina a todos los que hacen oír otra voz (p.30). Pues bien, nuestras sociedades históricas (a excepción de los pueblos originarios en los cuales la fraternidad predomina y no el poder) se estructuran alrededor de la voluntad de poder y de dominio de todo lo que se presente: el otro, los pueblos, la naturaleza y la propia vida. Ella introduce la gran división entre aquellos que tienen poder y aquellos que no tienen poder.
Mientras el poder prevalezca como eje estructurador de todo jamás habrá fraternidad entre los humanos y con la creación. Como este arquetipo es humano, él está latente dentro de cada uno de nosotros. En nosotros se esconde un Hitler, un Stalin, un Pinochet y un Bolsonaro. El propio Leclerc confiesa: “Sentí despertar dentro de mi la bestia con su sed de venganza” (p.32). Tenemos que poner bajo serio control esa figura funesta que mora en nosotros, si queremos mantener nuestra humanidad y posibilitar la fraternidad ilimitada. Sinos entregamos a la seducción del poder, rompemos todos los lazos y la indiferencia, el odio y la barbarie pueden ocupar todo el espacio de la conciencia, como está ocurriendo en varios países del mundo, especialmente entre nosotros en Brasil con Bolsonaro que difunde odio, exalta torturadores, pone los fake news y la mentira como comunicación normal del Estado. Emergen entonces las figuras siniestras e incluso necrófilas referidas.
¿Quién iba a decir que en un país de la vieja cristiandad, como Alemania que nos dio tantos genios como Mozart y Beethoven, Goethe, Freud, Einstein, Marx, Heidegger, Heisenberg, Barth, Rahner,Brecht y otros tantos pudiera irrumpir la barbarie,el inimus homo?
“O nos salvamos todos o nadie se salva”
Este hecho dramatiza aún más la cuestión propuesta osadamente por el Papa Francisco en la Fratelli tutti: una fraternidad universal y un amor sin fronteras. Quizá porque esta vez, como ha repetido varias veces: ”O nos salvamos todos o nadie se salva”. Puede ser que la Tierra, o el propio universo, quien sabe, nos estén ofreciendo una última oportunidad: o cambiamos o la Tierra seguirá girando alrededor del sol, pero sin nosotros. (continúa)
*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo; ha escrito: Covid-19: contraataque de la Madre Tierra contra la humanidad, Vozes 2ª ed, 2020/21.
Uno de los efectos positivos de la irrupción de la Covid-19 en nuestras vidas ha sido el descubrimiento del planeta Tierra por toda la humanidad. Nos hemos dado cuenta forzosamente de que existe una íntima conexión entre la vida humana, la naturaleza y el planeta Tierra. El virus no cayó del cielo; vino como contraataque de la Tierra, considerada como un supersistema vivo que siempre crea y se autocrea, y se organiza para mantenerse vivo y producir todo tipo de vida existente en este planeta. Particularmente los quintillones de quintillones de microorganismos que existen en los suelos y en nuestro propio cuerpo, verdadera galaxia (Antônio Nobre) habitada por un número incalculable de virus, bacterias y otros microorganismos.
El contexto del virus, casi nunca citado por los analistas de las redes de comunicación, es el sistema capitalista anti-naturaleza y anti-vida. Él hizo que el virus perdiese su hábitat y avanzase sobre nosotros. Ese sistema de producción y de consumo asalta despiadadamente la naturaleza, saquea sus bienes y servicios y destruye el equilibrio de la Tierra.
Esta responde con el calentamiento global, la erosión de la biodiversidad, la escasez de agua potable y otros eventos extremos. Todos de alguna forma participamos de este ecocidio, pero los actores principales –es forzoso decirlo y denunciarlo – son el sistema del capital y la cultura del consumo descontrolado, y especialmente los millonarios con su consumo suntuoso. Por lo tanto, retiremos la culpa de la humanidad pobre, que colabora mínimamente y es víctima del mencionado sistema.
El ser humano, siempre curioso por saber más y más, ha hecho descubrimientos sin número: de nuevas tierras como las de América, de pueblos, culturas, todo tipo de aparatos, desde el arado hasta el robot, el submundo de la materia, los átomos, los topquarks y el campo de Higgs, lo íntimo de la vida, el código genético. Y no paran los descubrimientos.
Pero ¿quién descubrió la Tierra? Fue preciso que enviásemos astronautas fuera de la Tierra o hasta la Luna para ver la Tierra desde fuera de la Tierra y finalmente, maravillados, descubrir la Tierra, nuestra Casa Común. Frank White escribió en 1987 un libro The Overview Effect (tengo un libro firmado por él el 29/5/1989) en el cual recoge los testimonios de los astronautas emocionados hasta las lágrimas.
El astronauta Russel Scheickhart nos revela: “Vista desde afuera, la Tierra parece tan pequeña y frágil, una mancha pequeña preciosa que puedes tapar con tu dedo pulgar. Todo lo que significa algo para ti, toda la historia, el arte, el nacimiento y la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo está en aquel punto azul y blanco que puedes tapar con tu pulgar. Desde esa perspectiva entiendes que todo ha cambiado… que tu relación ya no es la misma que la de antes” (White, p.200).
Eugene Cernan confesó: «Fui el último hombre en pisar la Luna en diciembre de 1972. Desde la superficie lunar miraba con temblor reverencial hacia la Tierra, en un trasfondo muy oscuro. Lo que yo veía era demasiado hermoso para ser aprehendido, demasiado ordenado y lleno de propósito para ser un mero accidente cósmico. Uno se siente obligado interiormente a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar. La veneración y la acción de gracias surgen espontáneamente. Para eso debe existir el universo» (White p. 205).
Acertadamente comenta Joseph P. Allen: «Se ha discutido mucho sobre los pros y los contras de los viajes a la Luna, pero nunca oí a nadie argumentar que debíamos ir a la Luna para poder ver la Tierra desde fuera de la Tierra. Después de todo, esta debe haber sido seguramente la verdadera razón de que hayamos ido a la Luna» (White, p. 233).
Efectivamente esta es la razón secreta e inconsciente de los viajes espaciales: descubrir la Tierra, el tercer planeta de un sol de quinta categoría, dentro de nuestra galaxia. El sistema solar en el cual está nuestra Tierra dista 27 mil años-luz del centro de la galaxia, la Vía Láctea, en la cara interna del brazo espiral de Orión. Ese sistema con la Tierra alrededor es casi nada y nosotros une quantiténégligeable, cercana a cero. Y, sin embargo, desde aquí la Tierra a través de nosotros contempla el universo entero, del cual forma parte. Y a través de nuestra inteligencia, que pertenece al propio universo, él se piensa a sí mismo. Lo que cuenta en nosotros no es la cantidad sino la calidad, única, capaz de pensar, de amar el universo y de venerar a Aquel que lo sustenta permanentemente.
No solo descubrimos la Tierra. Descubrimos que somos aquella parte de la Tierra que piensa, ama y cuida. Por eso ser humano (homo en latín) viene de húmus, tierra fértil, y Adán procede de Adamah, tierra fecunda.
A partir de ahora nunca desaparecerá de nuestra conciencia que hemos descubierto la Tierra, nuestro hogar cósmico, y que somos la parte consciente, inteligente y amorosa de ella. Porque somos portadores de estas cualidades, nuestra misión es cuidar de ella como nuestra Casa Común, y de todos los demás seres que en ella habitan y que tienen el mismo origen que nosotros, por tanto son nuestros parientes.
Si es así, ¿por qué la hemos maltratado, superexplotado y estamos destruyendo las bases que sustentan nuestra vida? Si hay una lección que la Madre Tierra a través de la Covid-19 nos quiere transmitir es seguramente esta:
«Tenéis que cambiar vuestra relación con la naturaleza y conmigo, si queréis que yo siga ofreciéndoos todo lo que necesitáis para vivir con una sobriedad compartida, en fraternidad y sororidad universales y bajo el cuidado amoroso con todos vuestros hermanos y hermanas de la gran comunidad de vida, también mis hijos e hijas bien amados. En el pasado, en tiempos inmemoriales, os di a elegir entre “la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge la vida para que vivas tú y tu descendencia. Esta promesa la mantendré siempre”» (Deut 30,19).
Escojamos la vida. Es el llamamiento de la Madre Tierra. Es el designio del Creador.
*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito Covid-19: el contraataque de la Madre Tierra contra la humanidad, Vozes, 2ª edición 2021.
Um dos efeitos positivos da intrusão co Covid-19 foi a descoberta do planeta Terra por toda a humanidade. Demo-nos forçosamente conta de que vigora uma íntima conexão entre a vida humana, a natureza e o planeta Terra. O vírus não caiu do céu. Ele veio como contra-ataque da Terra, tida como super-sistema vivo que sempre se cria, autocria e se organiza para manter-se vivo e produzir todo tipo de vida existente neste planeta. Particularmente o quintilhões de quintilhão de micro-organismos que existem nos solos e mesmo em nosso própro corpo, verdadeira galáxia (Antônio Nobre) habitada por um número incalculável de vírus, bactéras, fungos e outros micro-organismos.
O contexto do vírus, quase nunca citado pelos analistas das redes de comunicação, é o sistema capitalista anti-natereza e antivida. Ele fez com que o vírus perdesse seu habitat e avançasse sobre nós. Esse sistema de produção e de consumo impiedosamente assalta a natureza, depreda seus bens e serviços e destrói o equilíbrio da Terra.
Esta nos responde com o aquecimento global, erosão da biodiversidade, a escassez de água potável e outros eventos extremos. Todos de alguma forma participamos deste ecocídio, mas os atores principais – é forçoso dizê-lo e denunciá-lo – são o sistema do capital e a cultura do consumo desbragado, especialmente os milionários com seu consumo suntuoso. Portanto, tiremos a culpa de cima da humanidade pobre que minimamente colabora e de forma como vitima do referido sistema.
O ser humano, sempre curioso por saber mais e mais, fez descobertas sem número: de novas terras como as Américas, de povos, culturas, todo tipo de aparatos desde o arado até o robot, o sub-mundo da matéria, os átomos, toquarks e o campo Higgs, o íntimo da vida, o código genético. E não param as descobertas.
Mas quem descobriu a Terra? Foi preciso que enviássemos astronautas para fora da Terra ou ir até à Lua para de lá ver a Terra de fora da Terra e finalmente, maravilhados, descobrir a Terra, nossa Casa Comum. Frank White escreveu um livro The Overview Effect (tenho um livro autogrado por ele de 5/29/1989) no qual recolhe os testemunhos dos astronautas emocionados até às lágrimas.
O astronauta Russel Scheickhart nos revela:” Vista a partir de fora, a Terra parece tão pequena e frágil, uma pequenina mancha preciosa que você pode cobrir com seu polegar.Tudo o que significa alguma coisa para você, toda a história, arte, o nascimento e a morte, o amor, a alegria e as lágrimas, tudo está naquele ponto azul e branco que você pode cobrir com seu polegar. E a partir daquela perspectiva você entende que tudo mudou… que a relação não é mais a mesma como fora antes”(White,p.200).
Eugene Cernan confessou:”Eu fui o último homem a pisar na Lua em dezembro de 1972. Da superfície lunar olhava com um tremor reverencial para a Terra, num transfundo muito escuro. O que eu via era demasiadamente belo para ser apreendido, demasiadamente ordenado e cheio de propósito para ser um mero acidente cósmico. A gente se sentira interiormente obrigado a louvar a Deus. Deus deve existir por ter criado aquilo que eu tinha o privilégio de contemplar. Espontaneamente surgem a veneração e a ação de graças. É para isso que existe o universo”(White p. 205).
De forma acertada comenta Joseph P. Allen:”Discutiu-se muito os prós e contras das viagens à Lua. Não ouvi ninguém argumentar que devíamos ir à Lua para podermos ver de lá a Terra de fora da Terra. Depois de tudo, esta deve ter sido seguramente a verdadeira razão de termos ido à Lua (White, p. 233).
Efetivamente esta é a razão secreta e inconsciente das viagens siderais: descobri a Terra, o terceiro planeta de um sol de quinta categoria, dentro de nossa galáxia. O sistema solar no qual está a nossa Terra dista 27 mil anos-luz do centro da galáxia, a Via Láctea, na face interna do braço espiral de Orion. Esse sistema com a Terra ao redor é um quase nada e nós une quantiténégligeable, perto do zero. E contudo é daqui que a Terra através de nós contempla o inteiro universo, do qual é parte. É através de nossa inteligência que pertence ao próprio universo que ele se pensa a si mesmo. O que conta em nós não é a quantidade mas a qualidade, única, capaz de pensar, amar o universo e venerar Aquele que permanentemente o sustenta.
Não apenas descobrimos a Terra. Descobrimos que somos Terra, Aquela porção da Terra que pensa, ama e cuida. Por isso ser humano (homo em latim) vem de húmus, terra fértil ou Adão que procede de Adamah, terra fecunda.
A partir de agora nunca sairá de nossa consciência de que temos descoberto, em fim, a Terra, nosso lar cósmico e que somos a parte consciente, inteligente e amorosa dela. Porque somos portadores destas qualidades, nossa missão é cuidar dela como Casa Comum e de todos os demais seres, que nela habitam e que têm a mesma origem que nós, portanto, são nossos parentes.
Se assim é, por que a temos maltratado, superexplorado e estamos destruindo as bases que sustentam nossa vida? Se há uma lição que a Mãe Terra através do Covid-19 nos quer transmitir é seguramente esta:
“Mudem vossa relação para com a natureza e para comigo se quiserdes que eu continue a vos oferecer tudo o que precisais para viver na sobriedade compartida, na fraternidade e sororidade universais e no cuidado amoroso para com todos vossos irmãos e irmãs da grande comunidade de vida, também meus filhos e filhas bem-amados. Em tempos muito antigos eu vos propus “a vida e a morte, a bênção e a maldição. Escolhei vida para que vivais com toda a vossa descendência. Essa promessa eu sempre manterei”(Deut 30,28).
Escolhamos a vida. É o apelo da Mãe Terra. É o desígnio do Criador.
Leonardo Boff é ecoteólogo e escreveu O Covid-19: o contra-ataque da Mãe Terra contra a humanidade, Vozes,2ª.edição 2021.
Para el teólogo, San José es el santo de los anónimos, de los trabajadores y de aquellos que asumen su misión. Y va más allá: mantiene que la Trinidad está completa en la encarnación de la Sagrada Familia.
Por: João Vitor Santos | 29 Diciembre 2020 – IHU (Instituto Humanitas Unisinos-RS)
En la entrevista que sigue, concedida por e-mail a IHU On-Line, el teólogo recupera al José histórico e indica en él elementos cruciales que nos den ánimo, “Necesitamos padres que acojan a los desamparados y que promuevan iniciativas en su calle y en su barrio para atender a quienes no pueden defenderse, como ocurrió ejemplarmente en el barrio Paraisópolis de São Paulo y en la favela da Maré de Río de Janeiro”, alerta. Y añade: “No existe solamente el regazo cálido de la madre. El padre es responsable del paso hacia el mundo de los otros, donde hay diferencias, tienen que respetarse ciertos límites e aprender a convivir pacíficamente. No es una tarea fácil, pero es imprescindible para no dejar marcas para siempre”.
Boff recupera la teología en torno a ese personaje del cual no tenemos ni una palabra en los registros canónicos. Es el llamado silencio, pero que no tiene nada de omisión. “En silencio es como vemos mejor, escuchamos la llamada del corazón y nacen visiones que dan sentido a la vida y nos alimentan la esperanza. No fue diferente con el padre trabajador José”, explica. Además, Boff dice que no podemos ignorar que Dios se hace humano y, en su interpretación, la Trinidad se personifica en la familia terrena de Cristo. “San José habla porque es el portador de este misterio abisal en el que el Padre habita. José se hace la persona que muestra, por su silencio, el misterio del Padre. Él acaba siendo la sombra del Padre, la propia personificación terrestre del Padre celeste”, sostiene.
Para él, sólo quien es divina es capaz de engendrar lo Divino. “Fue lo que ocurrió con María. Si ella no hubiera dicho “fiat”, hágase, el Hijo no habría sido concebido y nacido de ella. Esa parte divina de María es raramente asumida por las mujeres que siguen todavía rehenes de la cristología, de Cristo, olvidando que sin María no habría Cristo”, advierte. O sea, ya hemos asumido a Cristo como Dios encarnado, pero todavía nos falta asumir esta mirada sobre María. “¿Y San José, queda fuera?”, pregunta. “Mi tesis es que toda la Familia divina se autocomunicó al mundo”. Así se cierra el círculo: La Familia divina está para siempre en la familia humana que fue asumida por María, por Jesús y por José”.
Leonardo Boff es doctor en Teología por la Universidad de Munich, en Alemania. Fue profesor de teología sistemática y ecuménica con los Franciscanos en Petrópolis y después profesor de ética, filosofía de la religión y ecología filosófica en la Universidad del Estado de Río de Janeiro y profesor visitante en varias universidades extranjeras. Entre sus libros publicados, destacamos Iglesia: carisma y poder (Vozes 1982/2014), Ecología, Mundialización, Espiritualidad (Rio de Janeiro: Record, 1993), Civilización planetaria (Rio de Janeiro: Sextante, 1994), Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres (Petrópolis: Vozes, 1995), La voz del arcoiris (Rio de Janeiro: Sextante, 2000), Del iceberg al Arca de Noé (Rio de Janeiro: Sextante, 2002), Hombre: satán o ángel bueno (Rio de Janeiro: Record, 2008), Evangelio del Cristo cósmico (Rio de Janeiro: Record, 2008), Opción Tierra. La solución de la Tierra no cae del cielo (Rio de Janeiro: Sextante, 2009), Proteger la Tierra-cuidar la vida. Cómo evitar el fin del mundo (Rio de Janeiro: Record, 2010), Ética y ecoespiritualidad (Petrópolis: Vozes, 2011), Saber cuidar (Ed. 20. Petrópolis: Vozes, 2014), Reflexiones de un viejo teólogo y pensador (Petrópolis: Vozes, 2018). Específicamente sobre San José escribió San José: la personificación del Padre (Petrópolis: Vozes, 2005). Y, más recientemente, en estos tiempos de pandemia, ha publicado Covid-19: la Madre Tierra contraataca a la humanidad(Petrópolis: Vozes, 2020).
IHU On-Line – El Papa Francisco convocó el 2021 como un año especial dedicado a San José. ¿Cómo recibió usted esta noticia de que san José puede inspirarnos en tiempos de crisis?
Leonardo Boff – La recibí con sorpresa y alegría. Sorpresa porque el Magisterio habló sólo tardíamente de San José, y con alegría aporque soy devoto de este santo y le dediqué muchos años de investigación en los mejores centros teológicos del mundo, hasta en Rusia y China. Considero que mi libro San José: la personificación del Padre (Petrópolis: Vozes, 2005) es uno de los mejores y más creativos que he escrito.
Él es el santo de los anónimos, de los trabajadores que hablan con las manos, del silencio activo y de la discreción. No tenemos ninguna palabra suya, solo sueños. Hoy que toda la humanidad está recogida, es una buena ocasión pensar sobre el sentido de la vida y de nuestra relación con la Tierra. San José es el santo de la familia reunida, como actualmente las familias lo están en sus casas para protegerse de la contaminación de la covid-19.
En este momento de crisis, él nos ofrece algunas virtudes, bien acentuadas por el Papa Francisco, especialmente como “padre de acogida y padre de coraje creativo”, pues muchos están desamparados y con gran abatimiento hasta el punto de derrumbarse. Necesitamos padres que acojan a los desamparados y que promuevan iniciativas en su calle y en su barrio para atender a quienes no pueden defenderse, como ocurrió ejemplarmente en el barrio Paraisópolis de São Paulo y en la favela da Marè de Río de Janeiro.
En la Carta Apostólica “Patris corde – Con corazón de Padre” el Papa describe a San José y anuncia el año de 2021 como un año dedicado a su figura.
IHU On-Line – ¿Qué lectura hace usted de la Carta Apostólica “Patris corde – Con corazón de Padre”, firmada por el Papa que dedica el año 2021 a San José? ¿Qué señales emite Francisco con este documento y esta propuesta?
Leonardo Boff – Con el título “Padre de corazón”, el Papa, de forma nueva y creativa, quiere evitar tantos títulos que la tradición teológica ha dado a San José, no todos muy dignos: padre putativo, padre nutricio, padre legal, padre matrimonial y otros. La expresión “Padre de corazón” evita todo eso y muestra que por el corazón y el amor a María y a Jesús él se hizo realmente padre, asumiendo todas las responsabilidades. Los evangelios no lo califican, apenas se refieren con naturalidad a Jesús como “el hijo del carpintero” (Mt 13,54-56); “¿no es el hijo de José, no conocemos a su padre y a su madre?” (Jn,6,41-42)?
La Carta Apostólica Patris corde es un documento relativamente corto, de cuño pastoral y espiritual. Presenta las virtudes de José en número de siete: padre amable, padre de ternura, padre de obediencia, padre de acogida, padre de coraje creativo, padre trabajador, padre en la sombra. Si miramos bien, son virtudes transculturales, que están presentes en las comunidades humanas, aunque cada una de ellas reciba una concreción propia. El Papa comenta cada una de ellas en términos existenciales aplicándolas a las familias de hoy. Vivimos en una sociedad sin padre o con padre ausente. El Papa se da cuenta de la importancia fundamental de la figura del padre en la construcción de la personalidad de los hijos e hijas, especialmente en el respeto al otro y el sentido de los límites.
No existe solamente el regazo cálido de la madre. El padre es responsable del paso hacia el mundo de los otros, donde hay diferencias y conflictos, tienen que respetarse ciertos límites y aprender a convivir pacíficamente. No es una tarea fácil, puede ser hasta antipática, pero es imprescindible para no dejar marcas en sus hijos e hijas para siempre. Esto está entre líneas en la Exhortación Patris corde. En este aspecto no hay mayores novedades teológicas, cosa que aparece mejor en la Redemptoris Custos del 15 de agosto de 1989, una Exhortación Apostólica de Juan Pablo II. En ella hace una afirmación arrojada, en el nº 21, al sustentar que la paternidad humana de San José viene asumida en el misterio de la encarnación, señalando así una cierta dimensión hipostática.
IHU On-Line – ¿Qué es ser un“padre de corazón”? ¿Cuál es la importancia de esa figura en nuestro tiempo?
Leonardo Boff – Vivimos en una sociedad dominada por la inteligencia instrumental analítica con la cual hemos cambiado la faz del planeta, introduciendo profundas modificaciones en la naturaleza y en la sociedad mundial, algunas positivas, como los antibióticos y los medios de comunicación, y otras cuestionables. En la Laudato Si’ se hace una severa crítica de la dictadura de la tecnociencia asentada exclusivamente en la inteligencia intelectual y eficientista. Nos ha traído muchas comodidades humanas, pero ha vuelto las relaciones funcionales y frías. Faltó el corazón. Sabemos que el corazón es sede de la empatía, del sentimiento profundo, de la solidaridad, de la compasión y principalmente del amor, de la espiritualidad y de la ética, en una palabra: de la inteligencia cordial, emocional y sensible.
Esta surgió hace 220 millones de años con la irrupción del cerebro límbico de los mamíferos. Al dar a luz a su cría, la aman, la cuidan y la defienden. La razón intelectual transformada en instrumental-analítica apareció con el cerebro neocortical hace 7-8 millones de años. Es la más reciente pero no la más decisiva para la existencia humana; la necesitamos para ocuparnos de la complejidad de nuestras sociedades, pero no a costa de la empatía, de la gentileza y de la ternura.
Olvidamos que somos mamíferos sensibles y racionales. Ha habido un desencuentro entre las dos inteligencias. La intelectual y analítica reprimió la inteligencia emocional, la más profunda y ancestral en nosotros, pues se alegaba que ella interfería en la mirada objetiva de la ciencia. Hoy sabemos que nunca ha existido una inteligencia fría y absolutamente objetiva. El ser humano está siempre presente con sus sentimientos e intereses. El desafío actual consiste en recuperar la razón sensible y enriquecer la razón intelectual. No basta saber, necesitamos sentir el grito del pobre y el de la Tierra. Este sentimiento, ausente en gran parte de nuestra cultura, unido a la inteligencia intelectual, nos podrá salvar del actual derrumbe de nuestro paradigma científico-técnico. Este no tiene sentimientos ante el dolor humano y el de la naturaleza. O recuperamos la razón cordial y sensible o asistiremos al asalto cada vez más insensible y avasallador de la razón científico-técnica sobre la naturaleza, con el peligro de poner la vida del planeta en un proceso de erosión.
El desafío actual consiste en recuperar la razón sensible y enriquecer la razón intelectual. No basta saber, necesitamos sentir el grito del pobre y el de la Tierra – Leonardo Boff.
De aquí la importancia de rescatar los derechos del corazón, tan ejemplarmente vividos por el Papa Francisco en sus prácticas con los pobres y con la Madre Tierra, expresadas maravillosamente en sus dos encíclicas ecológicas Laudato Si’ y Fratellitutti.
IHU On-Line – El Papa Francisco se ha referido muchas veces, especialmente a través de la figura de Nuestra Señora de Guadalupe, a la necesidad de no volvernos una sociedad del ‘desmadre’ [que olvida la memoria de la madre]. ¿Qué significa esto?
Leonardo Boff – Uno de los temas más queridos del Papa es el de la ternura. Ella debe formar parte del comportamiento principal de la pastoral hasta el punto de hablar de la urgencia de una revolución de la ternura. Ya en la Fratelli tutti se dice que “hay lugar para el amor con ternura hacia los más pequeños y más débiles, a los más pobres” (n. 194). La ternura es una relación dulce, suave como la mano que acaricia. Es una derivación del cuidado esencial, el verdadero título de la Laudato Si: sobre el cuidado de la casa Común. Todos los seres humanos somos portadores de cuidado y de ternura. Pero ella adquiere una mayor densidad en las mujeres. Ellas son las que cuidan durante nueve meses la vida que crece dentro de ellas. Y después, el cuidado y la ternura que dan a sus hijos e hijas los hace crecer sin miedos existenciales.
El Papa Francisco vive personalmente este enternecimiento maternal con los pobres y refugiados venidos de África y con los de América Latina que quieren ir a Estados Unidos, y extiende el cuidado a nuestra relación con la naturaleza y a todos los seres considerados como hermanos y hermanas en la gran Casa Común. María vivió este cuidado hacia el hijo que crecía dentro de ella, durante toda la vida hasta el pie de la cruz. Esto debe ser asumido por los seguidores de su Hijo, que fue educado en este cuidado y que mostró un cuidado especial con los enfermos y empobrecidos. Esta actitud debería ser vivida por la Mater Ecclesiae, fuera de os burocratismos y ritualismos que se ejercen casi mecánicamente sin implicación personal. De aquí la importancia que tributa a María en las actitudes de la Iglesia, a veces demasiado doctrinaria y ritualista.
IHU On-Line – ¿Quien fue San José? ¿Cómo comprender esa figura en su tiempo, un hombre judío que acaba acogiendo a una mujer encinta?
Leonardo Boff – El José de la historia es un artesano, un padre, un esposo y un educador. No sabemos sus orígenes. San Mateo dice que su padre fue Jacob (Mt 1,16). San Lucas refiere que fue Elí (Lc 3,23). Es decir, no lo sabemos exactamente, ni como fue su fin. Solo sabemos que no viene del mundo de las letras (escribas), ni de las leyes (fariseos), ni de la burocracia estatal (cobradores de impuestos y los saduceos), ni de la clase sacerdotal y levítica. Es un interiorano, morador de un pueblo desconocido, Nazaret. Llamar a alguien nazareno, como a José y después a Jesús, equivalía a llamarlo “donnadie y pobretón”, como aparece en el evangelio de San Juan, que algunos renombrados exégetas sustentan que es la interpretación correcta.
Su profesión, en griego es tékton, nombre genérico para alguien que trabaja la madera, un carpintero multifuncional, pues construía casas, tejados, yugos, muebles, ruedas, estantes, carros de bueyes. Sabía también trabajar con piedras, construyendo muros y sepulturas, y manejaba el hierro para hacer azadas, palas, clavos y rejas. Jesús fue iniciado en la profesión del padre, pues le llaman “el hijo del carpintero” (Mt 13,55). Nadie vivía solo de una profesión. Casi todos trabajaban en el campo, cultivando frutas y legumbres, en una tierra considerada todavía hoy como una de las más fértiles del mundo. También cuidaba del pastoreo de cabras, de ovejas y de ganado. Todo esto está implícito en la profesión de Jesús como tékton, un factotum.
El padre valiente
Ya nos hemos referido a José como padre y como esposo. Es una persona valiente que acogió a una joven encinta y la llevó a su casa, Dios sabrá los comentarios en el pequeño pueblo donde todos saben todo de todos. No lo hizo sin preocupación. Se dice que era un “hombre justo” (Mt 1,19a). El sentido no es el mismo que le damos nosotros, como aquel que da valor exacto a las personas y a las cosas y que actúa correctamente. Bíblicamente el justo es también esto, pero principalmente es una persona piadosa, que vive el orden del amor a Dios, a las tradiciones del pueblo y frecuenta la sinagoga semanalmente. Quien vive así se transforma, bíblicamente, en un justo, es decir, en una persona que irradia socialmente y por su ejemplo puede volverse un líder espiritual.d
Esta atmósfera hizo de él un educador, especialmente del niño que crecía en sabiduría y gracia. Lo inició en las tradiciones y fiestas del pueblo, como hace todo padre en cualquier lugar. Si Jesús en la vida pública predica el amor incondicional y llama a Dios “Abba” (papá), fue en la carpintería de José y junto con Maria donde experimentó esta intimidad. Jesús vio esa actitud en su padre y la asumió como experiencia típica suya.
Si Jesús en la vida pública predica el amor incondicional y llama a Dios “Abba” (papá), fue en la carpintería de José y junto con María donde experimentó esta intimidad – Leonardo Boff.
IHU On-Line – ¿Por qué en los Evangelios y demás libros del Segundo Testamento no se oye la voz de José? ¿Cómo podemos interpretar el silencio de José?
Leonardo Boff – El silencio de José no es el mutismo de alguien que no tiene nada que decir. Es un trabajador que habla con las manos y con el ejemplo (justo). No es el absentismo de un alienado que no capta lo que está pasando con él. Él sabe, como esposo, padre y educador cual es la misión que tiene que cumplir. Está siempre presente cuando su presencia es necesaria: en el embarazo, en el parto, al escoger el nombre del bebé, en la hora del bautismo judaico (circuncisión), en la huida a Egipto, en buscar un lugar donde vivir, Nazaret, en la iniciación de Jesús en las tradiciones religiosas de su pueblo, yendo al templo a los 12 años.
El silencio de José no es el mutismo de alguien que no tiene nada que decir. Es el de un trabajador que habla con las manos y con el ejemplo (justo) – Leonardo Boff.
Estas acciones se expresan más por gestos que por palabras. Paul Claudel, que amaba mucho a San José debido a su silencio, escribía en 1934 a un amigo: “El silencio es el padre de la Palabra. Ahí en Nazaret hay solo tres personas muy pobres que simplemente se aman. Son los que van a cambiar el rostro de la Tierra”.
El silencio de José representa nuestra cotidianidad. Gran parte de nuestra vida sucede en el seno de la familia y en el trabajo. Lógicamente hay demasiadas palabras. Pero cuando tenemos que oír al otro guardamos silencio. Cuando trabajamos no conversamos ni discutimos. El trabajo sólo se hace bien cuando nos concentramos, silenciosamente. Tenemos también nuestro mundo interior, nuestros sueños, nuestras preguntas y preocupaciones. Guardando silencio vemos mejor, escuchamos lo que nos dice el corazón y nacen visiones que dan sentido a la vida y nos alimentan la esperanza. No fue diferente con el padre y trabajador José.
Los sueños de José
Pero hay una razón más profunda que a la teología le corresponde investigar. El Padre eterno es el misterio absoluto para el cual no hay palabras. Él no habla. Quien habla es el Hijo. Pero como dijo Jesús, su Padre trabaja y él también. Lo inefable se expresa por lo más profundo que existe en nosotros que es, según psicólogos como C. G. Jung, el inconsciente universal. Su forma preferida de comunicación es a través de los sueños y de los Grandes Sueños. José de Nazaret los tuvo. Es la morada del misterio, del Padre del Hijo en la fuerza del Espíritu.,
San José no habla porque es el portador de este misterio abisal en el cual el Padre habita. José se hace la persona que representa, por su silencio, el misterio del Padre. Él acaba siendo la sombra del Padre, la propia personificación terrestre del Padre celeste. Este es el sentido secreto del silencio de José, adecuado al misterio que pide silencio reverente porque ninguna palabra lo podrá expresar. .
San José no habla porque es el portador de este misterio abisal en el cual el Padre habita – Leonardo Boff.
IHU On-Line – ¿Quiere usted decir que José es la personificación del Padre?
Leonardo Boff – La tesis central de mi libro es que Dios se autocomunica así como es. Si es Trinidad de Personas que están eternamente juntas y actúan juntas según su singularidad personal, así se autocomunican al mundo. Sostengo que la primera Persona divina en venir a este mundo fue el Espíritu Santo. San Lucas 1,35 dice claramente que el Espíritu vino sobre María y armó su tienda sobre ella (episkiásei), esto significa que comenzó a morar definitivamente en ella.
Por detrás está el verbo skené que significa tienda, morada. Es la misma palabra que usa San Juan para la encarnación del Verbo, del Hijo (eskénosen). Aplicando el concepto a la venida del Espíritu Santo sobre María equivale a decir que la asumió y la elevó a su altura divina. Por eso, consecuentemente dice: “por causa de esto (dià óti) el Santo engendrado será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35).
Solamente quien fue hecha divina podrá engendrar al Divino. Fue lo que ocurrió con María. Si ella no hubiese dicho “fiat”, hágase, el Hijo no habría sido concebido y nacido de María. Esa parte divina de María es raramente asumida por las mujeres que siguen siendo rehenes de la cristología, de Cristo, olvidando que sin María no habría Cristo. De la encarnación del Hijo no hay duda, pues se transformó en doctrina dogmática en todas las iglesias cristianas. Y San José, ¿quedó fuera? Mi tesis es que toda la Familia divina se autocomunicó al mundo. El Padre, misterio absoluto que guarda un eterno silencio (quien habla es el Verbo, el Hijo), encontró la persona adecuada que podía acoger su presencia entre nosotros en San José, el hombre del silencio y del trabajo. San José, según esta comprensión, es la personificación terrestre del Padre celestial.
Equilibrio perfecto entre la Familia divina y la familia humana
Ahora tenemos un equilibrio perfecto porque Dios-Trinidad se autocomunicó totalmente a nosotros: a María por el Espíritu Santo, a Jesús por el Hijo, el Verbo, y a San José por el Padre. Dios es así, comunión de Personas que eternamente están juntas (pericoresis) en amor mutuo y en mutua entrega de uno a otro.
Así se cierra el círculo: la Familia divina está para siempre en la familia humana que ha sido asumida por María, por Jesús y por José. Pertenecemos eternamente al Reino de la Trinidad, hechos Dios por participación, correspondiendo a cada una de las divinas Personas en su singularidad. Quiero aclarar que esto no es todavía doctrina, es un teologúmeno, es decir, una reflexión teológica bien fundada que un día podrá ser asumida por toda la comunidad cristiana.
IHU On-Line – Una de las escenas más conmovedoras de la natividad es el viaje de José y María a Belén. ¿Cómo interpreta usted este pasaje? ¿Cuáles son las preguntas de fondo existentes allí que normalmente son borradas?
Leonardo Boff – Ese viaje de Nazaret hasta Belén debe ser correctamente interpretado. El emperador Cesar Augusto decretó realizar un censo. La finalidad no era saber cuántos habitantes había en el imperio, sino la de establecer un impuesto por cada persona. Este impuesto anual era para mantener la infraestructura de sacrificios al emperador, que se presentaba como Dios. Los judíos no podían aceptar semejante blasfemia, pues implicaba reconocer un Dios que no era el único verdadero, Yavé.
Por eso hubo muchas revueltas y la última, en el año 67, significó la total destrucción del pueblo y del templo. Los que quedaron fueron llevados como esclavos fuera de Judea y obligados a construir el canal de Corinto, existente hasta hoy, que une el Adriático con el Mediterráneo.
José y María tuvieron que someterse a ese edicto. Como no había lugar en las hospederías de la región, no les quedó otra alternativa que refugiarse en una pesebrera de animales. Allí nació Jesús, fuera de la comunidad humana y entre los animales. Aquel que vino de la oscuridad fue el primero en ver “la Luz verdadera que ilumina a cada persona que viene a este mundo” (Jn 1,9).
IHU On-Line – Otra escena inolvidable es la huida de José y María a Egipto, ya con el niño Jesús. ¿Podría explicarnos este otro momento y lo que él revela sobre el entendimiento de José acerca del poder político, especialmente de Herodes?
Leonardo Boff – Herodes era un rey sanguinario y temeroso de perder el trono. Sabiendo que había nacido un niño de la descendencia David, eventual sucesor del trono, mandó matar a todos los niños menores de dos años para asegurarse así de no tener pretendientes. El genocida así lo hizo. Y las Escrituras traen una de las más conmovedoras expresiones de las madres que perdieron a sus hijos: “En Ramá se oyó una voz, mucho llanto y muchos sollozos: es la madre que llora a sus hijos muertos y no quiere ser consolada porque los perdió para siempre” (cf. Mt 2,28).
Cuántas madres hoy en la Baixada Fluminense lloran a sus hijos inocentes muertos por la policía cuando estaban jugando o simplemente conversando en la puerta de casa. Sabiendo cuan sanguinario era Herodes, José tomó a María y a Jesús, atravesó el desierto, con todos los peligros que los evangelios apócrifos relatan, y llegó con ellos a Egipto, país odiado por los judíos por el tiempo de esclavitud que sufrieron allí. Solamente cuando se certificó que Herodes había muerto, volvió y fue a esconderse en un pueblo desconocido al norte, en Nazaret, para estar allí finalmente seguros.
IHU On-Line – ¿Qué narrativa se hace de San José hasta el decreto Quemadmodum Deus, firmado el 8 de diciembre de 1870 por Pío IX, en el que se declara a José Esposo de María y Patrono de la Iglesia Católica? ¿Qué cambia en la historia contada sobre José después de ese decreto?
Leonardo Boff – De modo general San José nunca tuvo centralidad en la Iglesia latina. Casi todo se concentraba en Jesús y en María. Solo en el siglo VIII se empezó cierto culto a San José. A partir de los años 800 aparecen los primeros sermones, pues la Iglesia no sabía qué hacer con alguien que no había dicho ni una palabra y había tenido solamente sueños. Sólo en 1870 fue proclamado patrono de la Iglesia Universal, no por el Papa Pío IX, sino por un decreto de la Congregación de Ritos.
Pío XII proclamó el día primero de mayo como día de San José, obrero. Pero fue solo el Papa Juan XXIII quien introdujo su nombre en el canon de la misa, “San José, Esposo de María”. El verdadero culto a San José, bien como trabajador o como patrono de la buena muerte, fue durante siglos venerado por el pueblo, que conocía los apócrifos, llenos de detalles de la vida cotidiana de Jesús, que inspiró a los artistas renacentistas y hasta la actualidad, como entre otros ‘La historia de José, el carpintero’ y ‘Diálogos de Jesús, María y José’. Son conmovedoras las palabras de Jesús, en La historia de José, el carpintero: “Viendo que expiraba me eché sobre el cuerpo de mi padre José, cerré sus ojos, cerré su boca y me levanté para contemplarlo”. Más tarde confió a los Apóstoles “cuando iban a sepultarlo, no me pude contener, me lancé sobre su cuerpo y lloré largamente”.
San José, a causa de la devoción popular ‒es el patrono del Estado de Ceará– da nombre a personas, calles, edificios, escuelas, y a varias congregaciones religiosas, especialmente la de los Josefinos, que llevan su nombre por el mundo. Entre tanto, uno de los mayores conocedores de Josefología, los estudios sobre San José, comenta: “la Santa Sede fue la última en ser conquistada para la devoción a San José”.(Roland Gauthier). Con la Exhortación Apostólica Patris corde del Papa Francisco se ha dado un paso más en la consolidación de la devoción a aquel que, según mi comprensión, es la personalización del Padre celestial.
IHU On-Line – San José también es una de las figuras más presentes en la piedad popular. ¿Cómo analiza usted esa devoción, especialmente en el Ceará y el Nordeste brasilero?
Leonardo Boff – En la Iglesia oficial los papas, obispos y curas son quienes tienen la palabra y poseen visibilidad. San José, oficialmente, es casi invisible. Pero existe un poderoso cristianismo popular, cotidiano y anónimo del cual pocos toman nota. En él vive la gran mayoría de los cristianos, nuestros padres, abuelos y parientes que toman en serio el Evangelio y el seguimiento de Jesús. San José por su anonimato y silencio se inserta dentro de ese mundo pequeño que es el de las grandes mayorías.
Más que patrono de la Iglesia universal es el patrono de la Iglesia doméstica, de los hermanos y hermanas menores de Jesús. Él es un representante de la “gente buena”, de la “gente humilde”, sepultados en su día a día gris, que se ganan la vida con mucho trabajo y sudor, y llevan a sus familias por los caminos de la honradez, de la solidaridad y del amor. Se orientan más por el sentimiento profundo de Dios que por doctrinas teológicas sobre Dios. Para ellos, como para José, Dios no es un problema, sino una luz poderosa para los problemas.
Más que patrono de la Igreja universal es el patrono de la Iglesia doméstica, de los hermanos y hermanas menores de Jesús – Leonardo Boff.
En un ambiente así, popular, fue donde creció y se educó Jesús. Y el pueblo inconscientemente en su fe intuitiva captó esa singularidad, la de que no habla, pero acompaña siempre a los fieles en sus dificultades y en sus fiestas.
IHU On-Line – ¿Qué mensaje puede usted darnos para enfrentar el 2021 con coraje y alegría y para que, incluso ante las adversidades, alimentemos la esperanza de un tiempo nuevo?
Leonardo Boff – Vivimos tiempos sombríos como aquellos que vivió San José. Él nunca abandonó a María y se quedó junto a su hijo hasta que él comenzó su misión liberadora. Cumplió sumisión y desapareció, pues hizo todo lo que tenía que hacer como padres, esposo, trabajador y educador. El puede acompañarnos en estos tiempos de abatimiento y dolor de tantos miles de personas, millones en el mundo, que han perdido a sus seres queridos.
Vivimos tiempos sombríos como aquellos que vivió San José. Él nunca abandonó a María y se quedó junto a su hijo hasta que él comenzó su misión liberadora – Leonardo Boff.
Su hijo no murió en la cama, sino con dolores terribles en lo alto de una cruz. Pero resucitó para decirnos: la muerte no tiene la última palabra. Los que mueren, me seguirán en mi resurrección. Yo soy solo el primero entre muchos hermanos y hermanas. La vida no está hecha para terminar en la muerte, menos de forma tan triste como ahora, sino para transformarse a través de la muerte en una vida nueva en Dios, que recibe a todos como Padre materno o Madre paterna para vivir felices con todos los que nos antecedieron, abuelos, padres, hermanos, parientes y amigos. La vida siempre escribe la última página.
Palabra final: he asumido intencionadamente el mandato que Jesús dejó a los Apóstoles:
“Cuando seáis revestidos de mi fuerza y recibáis el Espíritu de mi Padre, el Espíritu Paráclito, y cuando prediquéis el Evangelio, predicad también sobre mi querido padre José” (La historia de José, el carpintero, capítulo 30, nº 3).
El Papa Francisco con su Exhortación Patris corde y yo hemos hecho nuestra parte. Que los cristianos, hombres y mujeres, hagan también la suya.
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