Indignación contra la estulticia de ciertos grupos de la población brasilera

Cuatro sombras oscuras se abaten sobre un país solar que nunca pudieron ser disipadas por nuestra conciencia e inconsciencia colectivas: la sombra del genocidio de los pueblos originarios, los primeros dueños de estas tierras. De seis millones que eran, quedaron solamente un millón, la mayoría por no poder soportar el trabajo esclavo o por las enfermedades de los invasores contra las cuales no tenían ni tienen hoy inmunidad. La sombra de la colonización que ha saqueado nuestras tierras y nuestras selvas y nos ha hecho dependientes siempre de alguien de fuera, impidió forjar nuestro propio destino. La sombra de la esclavitud, nuestra mayor vergüenza nacional, por haber convertido a la gente traída de África en esclavos y carbón para ser consumidos en los ingenios azucareros. Nunca vistos como personas e hijos e hijas de Dios sino como “piezas” para ser compradas y vendidas, construyeron casi todo en este país. Y hoy en día, considerados perezosos y con frecuencia encarcelados, constituyen más de la mitad de nuestra población, arrojados a las periferias. Soportan el odio y el desprecio que antes se imponía a sus hermanos y hermanas de la Senzala y que ahora se les transfiere con violencia, como lo demuestra el sociólogo Jessé Souza (A elite do atraso: da escravidão à Lava Jato, 2007, p.67), hasta que pierden su sentido de dignidad. La sombra de las élites atrasadas que siempre han ocupado el estado frágil, usándolo para su beneficio. Nunca forjaron un proyecto de nación que incluyera a todos, sino, con las artes perversas de reconciliación entre los ricos,  un proyecto solo para ellos. No bastaba con despreciar a los marginados, sino que había que molerlos a palos por si se levantaban, como ocurrió varias veces en su heroica historia de resistencia y rebelión.

Cuando un superviviente de esta tribulación, a través de caminos de piedras y abismos, se convirtió en presidente e hizo algo para sus hermanos y hermanas, pronto crearon las condiciones perversas para destruir su liderazgo, excluirlo de la vida pública, y finalmente bajarlos del poder a él y a su sucesora. Esta sombra ha adquirido los contornos de una “tormenta procelosa y nocturna sombra” (Camões) bajo el actual gobierno que no ama la vida, pero exalta la tortura, alaba a los dictadores, predica el odio y deja al pueblo a su suerte, atacado letalmente por un virus, contra el que no tiene ningún plan de rescate e, inhumano, se muestra incapaz de cualquier gesto de solidaridad.

Estas sombras, por ser una expresión de deshumanización, anidaron en el alma de los brasileños y rara vez pudieron conocer la luz. Ahora se han creado las condiciones ideológicas y políticas para ser lanzadas al aire como las lavas de un volcán, hechas de  rudeza, de violencia social generalizada, de discriminación, ira y odio de grandes porciones de la población. Sería injusto culparlas a ellas. Las élites del atraso se han internalizado en sus mentes y corazones para hacerlas sentirse culpables de su destino y así acabar haciendo suyo el proyecto de aquellas, que, en realidad, va en su contra. Lo peor que puede suceder es que el oprimido internalice al opresor con un engañoso proyecto de bienestar, que le será negado siempre.

Sérgio Buarque de Holanda en su conocido libro “Las raíces de Brasil” (1936) difundió una expresión, malinterpretada en beneficio de los poderosos, de que el brasileño es “un ser cordial” por la llaneza de su trato. Pero tenía un ojo observador y crítico como para añadir a continuación que “sería un error suponer que esta virtud de la cordialidad puede significar buenas maneras y civismo” (p.106-107), pues “la enemistad puede ser tan cordial como la amistad, ya que ambas nacen del corazón” (p.107 nota 157).

En el momento actual, lo “cordial del incivismo” brasilero irrumpe del corazón, mostrando su perversa forma de ofensa, calumnia, palabras gruesas, noticias falsas, mentiras directas, ataques violentos a los negros, los pobres, los quilombolas, los indígenas, las mujeres, a los políticos de oposición LGBT, hechos enemigos y no adversarios. Ha estallado, violenta, una política oficial, ultraconservadora, intolerante, de connotaciones fascistoides. Los medios de comunicación social sirven de arma para todo tipo de ataques, desinformación y mentiras que muestran espíritus vengativos, mezquinos e incluso malvados. Todo esto forma parte de la otra cara de la “cordialidad” brasilera, hoy en día expuesta a la luz del sol y a la abominación mundial.

El ejemplo viene del propio gobierno y de sus seguidores fanáticos. De un presidente se esperarían virtudes cívicas y el testimonio personal de valores humanos que uno quisiera ver realizados en sus ciudadanos. Por el contrario, su discurso está lleno de odio, desprecio, mentiras y vulgaridad en la comunicación. Es tan inculto y estrecho de miras que ataca lo que es más preciado para una civilización, que es su cultura, su saber, su ciencia, su educación, las habilidades de su pueblo y el cuidado de su salud y de la riqueza ecológica nacional.

Nunca en los últimos cincuenta años se ha apoderado de ningún país una barbarie tan grande como en Brasil, acercándolo al nazismo alemán e italiano. Estamos expuestos a la irrisión mundial, convertidos en un país paria, negador de lo que es el consenso entre los pueblos. La degradación ha llegado al punto en que el jefe de estado realiza el humillante rito de vasallaje y sumisión al presidente más extraño y “estúpido” (P.Krugman) de toda la historia norteamericana.

Nuestra democracia ha sido siempre de baja intensidad. Hoy en día se ha convertido en una farsa, porque no se respeta la constitución, se pisotean las leyes y las instituciones sólo funcionan cuando los intereses de las empresas están amenazados. La propia justicia se hace cómplice ante las clamorosas injusticias sociales y ecológicas, como la expulsión de 450 familias que ocupaban una hacienda abandonada, transformándola en un gran productor de alimentos orgánicos; saca a la fuerza a los niños aferrados a sus cuadernos y destroza sus escuelas; tolera la deforestación y las quemas del Pantanal y de la selva amazónica y el riesgo de genocidio de naciones indígenas enteras, indefensas ante la Covid-19.

Es humillante ver que las más altas autoridades no tienen el valor patriótico de dirigir, dentro del marco legal, la remoción o el impeachment de un presidente que muestra signos inequívocos de incapacidad política, ética y psicológica para presidir una nación de las proporciones de Brasil. Se pueden hacer amenazas directas de cerrar el más alto tribunal, hacer declaraciones de volver al régimen de excepción con la represión estatal que ello implica, y no pasa nada por razones arcanas.

Las oposiciones, duramente difamadas y vigiladas, no consiguen crear un frente común para oponerse a la insensatez del poder actual.

No se debe culpar al pueblo de la degradación de las relaciones sociales, especialmente entre la gente sencilla, sino a las clases oligárquicas atrasadas que han logrado internalizar en él sus prejuicios y su visión oscurantista del mundo. Estas clases nunca han permitido que arraigase aquí un capitalismo civilizado, lo mantienen como uno de los más salvajes del mundo, ya que cuenta con el apoyo de los poderes estatales, legales, mediáticos y policiales para derribar cualquier oposición organizada. La “racionalidad económica” se revela descaradamente irracional debido a los efectos perversos sobre los más desvalidos y sobre las políticas sociales dirigidas a los que más sufren socialmente.

Este es un texto indignado. Hay momentos en que el intelectual se obliga, por razones de ética y dignidad de su oficio, a dejar el lugar del saber académico y venir a la plaza a expresar su ira sagrada. Para todo hay límites soportables. Aquí superamos todo lo que es soportable, sensato, humano y mínimamente racional. Es la barbarie instituida como política de Estado, envenenando las mentes y los corazones de muchos con odios y rechazos, que lleva a la frustración y a la depresión de millones de compatriotas, en un contexto de los más atroces, que nos ha arrebatado por el virus invisible a más de cien mil seres queridos. Guardar silencio sería rendirse a la razón cínica que, insensible, es testigo del desastre nacional. Se puede perder todo menos la dignidad del rechazo, de la acusación y de la rebeldía cordial e intelectual.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Visita solidária de Dom Vicente Ferreira e outros ao Quilombo Campo Grande-MG

Transcrevemos aqui o comovente relato da visita que o bispo auxiliar de Belo Horizonte-Brumadinho, Dom Vicente Ferreira, do Padre Júlio e da assistente pastoral Marina Paula Oliveira ao Quilombo Campo Grande  em Campo do Meio-MG, vítima da truculência da polícia militar do Governador Zema do Estado, a ponto de arrancar da escola as crianças, agarradas a seus cadernos e com uma retroescavadeira derrubar a sua escola, crime contra as crianças, à comunidade e ao saber. Sem piedade e misericórdia,a determinação do Governador, seguidor do Presidente Bolsonaro e imitador de seus exemplos, foi implacável, expondo as mais de 400 famílias ao risco da contaminação pelo Covid-19. A lei escrita em papel não está acima da terra produtiva  e da vida sagradas das pessoas. A indignação de muitas pessoas, de várias partes do país e até do exterior não comoveram o coração do Governador, duro como o do faraó do Egito. Esse clamor chegou ao coração de Deus, do Deus da justiça dos humildes e o “apaixonado amante da vida”(Sab 11,24).O apelo do bispo Dom Vicente vai na linha do Papa Francisco e do evangelho de Jesus: não pagar violência com violência, mas permanecer  firme confiança de que a verdade e a justiça prevalecerão sobre os interesses meramente materiais dos que reclam e defendem a terra, abandona, ocupada pelo MST e feita um jardim de produtos agroecológicos, oferecidos a toda a região: Lboff
WhatsApp Image 2020-08-18 at 22.32.11 (1

Visita solidária ao acampamento quilombo campo grande

Dom Vicente de Paula Ferreira

Padre Júlio César Amaral

Marina Paula Oliveira

       Nesta última semana, acompanhamos o despejo ilegal e irresponsável no Acampamento Quilombo Campo Grande, em Campo do Meio, sul de Minas Gerais. Apesar de inúmeras reuniões, ligações, denúncias e manifestações públicas, inclusive por parte da Arquidiocese de Belo Horizonte, a ação violenta da polícia militar e do governo Zema prosseguiu, ainda que com violações de direitos humanos. A operação, em meio à pandemia, colocou em risco não só as 450 famílias do acampamento, como também as centenas de apoiadores e policiais envolvidos.

Diante da injustiça e do sentimento de frustração por não conseguir fazer valer a Constituição Brasileira – que garante o direito à terra e moradia – resta apenas uma saída: colocar o corpo físico do lado daqueles em situação de maior vulnerabilidade social.

A Comissão enviada por Dom Walmor, com a missão de prestar solidariedade às famílias acampadas, uniu-se à presença de Dom Pedro Cunha, bispo da Campanha, e ao pároco local. Pensamos que encontraríamos um povo cansado, desanimado e exausto, pelos 3 dias consecutivos de resistência e violações de direitos. Pelo contrário, encontramos um povo forte e aguerrido, unido e disposto para reconstruir tudo aquilo que foi destruído pelas mãos daqueles que teriam o dever de protegê-los.

Tivemos a oportunidade de caminhar e conhecer as plantações de café, camomila, plantas medicinais, viveiros e animais de criação. É triste perceber que num período onde o povo brasileiro passa fome, o governo despeja quem produz.

Fomos acolhidos por mulheres que estavam na linha de frente dos três últimos dias de resistência. Mulheres que cuidaram de crianças, idosos, grávidas, pessoas que passaram mal e que foram feridas. Os feridos foram cuidados com as plantas que o próprio acampamento cultivou, uma vez que foi negado o atendimento médico pelos policiais.

A alimentação foi preparada com alimentos de produção do próprio acampamento e doações de parceiros, uma vez que os policiais não permitiram a entrada de produtos externos.

A mesma razão que o governo Zema utilizou para suspender as buscas das 11 joias ainda não encontradas em Brumadinho – pandemia -, não foi uma razão suficiente para impedir que centenas de vidas fossem colocadas em risco.

O povo, por sua vez, segue firme e inabalável. Fomos acolhidos por uma das famílias que foi despejada. Eles sorriram para nós. Disseram que só suportaram por causa da solidariedade vinda de todo canto do Brasil. Vão reconstruir cada tijolo. Replantar cada muda.

Se os poderosos vão conseguir dormir em paz, ainda não sabemos. Mas sabemos que as centenas de famílias e apoiadores que resistiram, dormirão na certeza de que estavam do lado certo da história, ainda que este caminho exija a resiliência incansável, própria da fé, da esperança e da caridade que brotam do reinado de Deus, em nossa história, inaugurado por Nosso Senhor Jesus Cristo.

fotos: Agatha Azevedo fotos: Agatha Azevedo

SOBRE NÓS

A Região Episcopal Nossa Senhora do Rosário (RENSER), Em sintonia com o Projeto de Evangelização Proclamar a Palavra,  responde aos apelos de uma Igreja em saída, comprometida com os mais pobres, envolvendo ministros ordenados, religiosos e leigos no anúncio do Evangelho, sobretudo na formação e no fortalecimento das comunidades eclesiais, promovendo um diálogo constante entre fé cristã e a defesa de uma Ecologia Integral.

LOCALIZAÇÃO

Endereço: Rua Coronel Alberto Cambraia, 140, Bairro Santa Cruz Brumadinho (MG) – CEP: 35468-000

Indignação contra a boçalidade de grupos da população brasileira

Quatro sombras escuras pairam sobre um país solar que nunca puderam ser dissipadas pela nossa consciência e inconsciência coletivas: a sombra do genocídio dos povos originários,os donos primeiros destas terras.De seis milhões que eram, sobraram apenas um milhão, a maioria por não suportar o trabalho escravo ou pelas doenças dos invasores contra as quais não possuíam nem hoje possuem imunidade.A sombra da colonização que depredou nossas terras e florestas e nos tornou sempre dependentes de alguém de fora, impedidos de forjar nosso próprio destino. A sombra da escravidão,nossa maior vergonha nacional, por  termos transformado pessoas trazidas de África em escravos e carvão a ser consumido nos engenhos de cana de  açúcar.Jamais vistas como pessoas e filhos e filhas de Deus mas como “peças”a serem compradas e vendidas, construiram quase tudo o que existe neste país. E hoje, tidos por preguiçosos e presos, compõem mais da metade de nossa população, jogados nas periferias; suportam  o ódio e o desprezo antes imposto aos seus irmãos e irmãs das zensala e  agora  transferidos a eles  com uma violência tal como mostrou o sociólogo Jessé Souza (A elite do atraso:da escravidão à Lava Jato,2007 p.67) até perderem o sentido de sua dignidade. A sombra das elites do atraso que sempre ocuparam o frágil Estado, usando-o para seu benefício. Nunca forjaram um projeto de nação que incluísse a todos, apenas, com as artes perversas da conciliação entre os endinheirados, apenas um projeto só para eles. Não bastava desprezar os marginalizados mas rachar-lhes as cabeças, caso se levantassem, como ocorreu várias vezes na sua heroica história da resistência e da rebeldia.

Quando um sobrevivente dessa tribulação, por caminhos de pedras e de abismos,chegou a ser presidente e fizesse alguma coisa a seus irmãos e irmãs, logo criaram as condições perversas para destruir sua liderança, excluído da vida pública e, por fim, a ele e a sua sucessora  apeá-los do poder. Essa sombra ganhou contornos de “procelosa tempestade e noturna sombra (Camões) sob o atual governo que não ama a vida,mas exalta a tortura, louva os ditadores,prega  ódio e larga o povo à sua própria sorte, atacado letalmente por um vírus, contra o qual não tem nenhum projeto de salvamento e, desumano, se mostra incapaz de qualquer gesto de solidariedade.

Estas sombras,por serem expressão de desumanização,se aninharam na alma dos brasileiros e brasileiras e raramente puderam conhecer a luz. Agora criaram-se as condições ideológicas e políticas para serem lançadas ao ar como lavas de um vulcão, feitas  de boçalidade, de violência social generalizada, de discriminações, de raiva e de ódio de grandes porções da população. Seria injusto culpar a elas. As elites do atraso  se internalizaram em suas mentes e corações para fazer que se sintam culpadas de sua sorte e acabem por fazerem seu o projeto deles que, na verdade, é contra eles. O pior que pode acontecer é o oprimido internalizar o opressor com o projeto enganoso de bem estar, sempre lhes sendo  negado.

Sérgio Buarque de Holanda em seu conhecido “As raízes do Brasil”(1936) difundiu uma expressão mal interpretada em benefício dos poderosos, de que o brasileiro é “o homem cordial” pela lhanesa de seu trato. Mas teve um olho observador e crítico para logo acrescentar  que “seria engano supor que essa virtude da cordialidade, possa significar “boas maneiras” e civilidade (p.106-107) e arremata;” a inimizade   bem pode ser cordial como a amizade, pois, que uma e outra nascem do coração”(p.107 nota 157).

Pois, no atual momento o “cordial da incivilidade” brasileiro irrompe do coração, mostrando a sua forma perversa de ofensa, calúnia, palavras de baixo calão,fake news,mentiras diretas, ataques violentos a negros, pobres, quilombolas, indígenas, mulheres, LGBT políticos de oposição, feitos inimigos e não adversários. Irrompeu, violenta, uma política oficial, ultraconservadora, intolerante,com conotações fascistoides. As mídias sociais servem de arma para todo tipo de ataque, de  desinformação,de  mentiras  que mostram espíritos vingativos, mesquinhos e até perversos.Tudo isso pertence ao outro lado da “cordialidade”brasileira hoje exposta à luz do sol e à execração mundial.

O exemplo vem do próprio governo e de seus fanáticos seguidores, De um presidente se esperaria virtudes cívicas e  o testemunho pessoal de  valores humanos que gostaria vê-los realizados em seus cidadãos. Ao contrário,seu discurso é eivado de ódio, desprezo, de mentiras e de boçalidade na comunicação. É tão inculto e tacanho que ataca o que é mais caro à uma civilização que é  sua cultura, seu saber, sua ciência, sua educação, as habilidades de seu povo  e o cuidado da saúde e da riqueza ecológica nacional.

Nunca tanta barbárie, nos últimos cinquenta anos, tomou conta de algum país,  como no Brasil, aproximando-o ao nazifascismo alemão e italiano. Estamos expostos à irrisão mundial,feitos país pária,negacionista do que é consenso entre os povos. A degradação chegou ao ponto de o chefe de Estado fazer o humilhante  rito de  vassalagem e de submissão ao presidente mais bizarro e “estúpido”(P.Krugman) de toda a história norte-americana.

A nossa democracia sempre foi de baixa intensidade. Atualmente se transfromou numa farsa, pois  a constituição não é respeitada, as leis são atropeladas e as instituições funcionam somente quando os interesses corporativos são ameaçados. Então  a própria justiça se torna conivente face a clamorosas injustiças sociais e ecológoicas, como a expulsão de 450 famílias que ocupavam uma fazendaa bandonada,transfrmando-a em grande produtora de alimentos orgâncos; arranca crianças agarradas a seus cadernos e lhes arrasa a escola;  tolera o desmatamento e as queimadas do Pantanal e da floresta amazônica e o risco de genocídio de inteiras nações indígenas, indefesas face ao Covid-10.

É humilhante constatar que não haja da parte das mais altas autoridades  a coragem patriótica para encaminhar, dentro da legalidade jurídica, a destituição ou o impeachment de um presidente que mostra sinais inequívocos de incapacidade política, ética e psicológica para presidir uma nação das proporções do Brasil. Podem fazer-se ameaças diretas à mais alta corte, de fechá-la, de fazer proclamas à volto ao regime de exceção com a repressão estatal que implica e nada acontece por razões arcanas.

As oposições, duramente difamadas e vigiadas, não conseguem criar uma frente compartilhada para opor-se à insensatez do poder atual.

A brutalização nas relações sociais e especialmente entre o povo simples não deve ser imputada a ele, mas às classes oligárquicas do atraso que lograram internalizar neles seus preconceitos e visão obscurantista de mundo. Estas classes nunca  permitiram que vingasse aqui  um capitalismo civilizado, mas o mantém como  um dos mais selvagens do mundo, pois conta com os  apoios dos poderes estatais, jurídicos, midiáticos e policiais para abateram qualquer oposição organizada. A “racionalidade econômica”se revela desavergonhadamente irracional pelos efeitos maléficos sobre os mais desvalidos e para as políticas sociais destinadas aos socialmente mais sofridos.

Esse é um texto indignado. Há momentos em que o intelectual se obriga por razões de ética e de  dignidade de seu ofício, a deixar o lugar do saber acadêmico e vir à praça e externar sua iracúndia sagrada. Para tudo há limites suportáveis. Aqui ultrapassamos a tudo o que é dignamente suportável, sensato, humano e minimamente racional. É a barbárie instituída como política de Estado, envenenado as mentes e os corações de muitos com ódios e rejeições e levando à frustração e à depressão a milhões de compatriotas, num contexto dos mais atrozes que tiram de nosso meio pelo vírus invisível mais de cem mil entes queridos. Calar-se equivaleria render-se à razão cínica que, insensível, assiste o desastre nacional. Pode-se poder tudo, menos a dignidade da recusa,da acusação e da rebeldia cordial e intelectual.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e membro da Iniciativa Internacional da Carta da Terra

Arthur Soffiati: A Humanidade e as Florestas (final)

Estamos publicando o último artigo do ecólogo Soffiati sobre as florestas, pensando na proteção delas para não destruir o habitat dos milhares de virus que vivem seja nos animais seja nas próprias árvores. Esperamos que continue sua colaboração sempre  pertinente aos tempos em que vivemos. Agradecemos por sua contribição séria e sempre bem fundada. LBoff

**************************************************************

                                         A humanidade e as florestas (final)

Arthur Soffiati

Desde os anos de 1970, está havendo um descompasso entre a importância da floresta amazônica em pé e os interesses econômicos e políticos. Um documentário intitulado “No país da Amazônia”, dirigido por Joaquim Gonçalves de Araujo e datado de 1922, mostra uma floresta rica a ser conquistada, desbravada, explorada, derrubada. Converter a floresta derrubada em dinheiro significava progresso. Muitas árvores cortadas, muitos animais mortos e uma postura triunfalista são mostrados no documentário. Os índios são mostrados como animais ou quase. Tudo indica que o documentário foi produzido por interesses econômicos, dados os recursos caros empregados na filmagem.

Outras aventuras dissonantes com a floresta foram praticadas na Amazônia, como a ferrovia Madeira-Mamoré e a Fordlândia. Elas foram recebidas com aplauso por representarem o desenvolvimento do Brasil. A partir da Conferência de Estocolmo, em 1972, a atitude em relação à grande floresta nos meios científicos e entre os ambientalistas mudou. Estudos progressivos foram mostrando a importância do grande bioma não só para o Brasil, mas para o cone sul e o mundo. Ela não é o pulmão da Terra, mas desempenha fundamental papel na troca de gases. Libera oxigênio, que não abastece o planeta, mas absorve gás carbônico que, junto com outros gases, agravam os efeito-estufa e aceleram as mudanças climáticas. A Terra sem a Amazônia lançaria na atmosfera várias giga toneladas de CO2.

Mais ainda, a floresta em pé recebe as chuvas que provêm do oceano Atlântico e produz nuvens por evapotranspiração. Essas nuvens são empurradas para oeste, esbarram nos Andes e se dirigem para o sul, transformando-se em chuva na Colômbia, Peru, Bolívia, Paraguai, Argentina, Uruguai e nas regiões sudeste e sul do Brasil. Quem segue com o dedo o paralelo 24° S, encontrará os desertos de Atacama, de Kalahari e da Austrália. No Brasil, encontrará uma área outrora coberta pela exuberante Mata Atlântica. Mata Atlântica depende fundamentalmente da Amazônia. Sem a Amazônia, Sudeste e Sul do Brasil seriam um deserto como o de Atacama.

Se Argentina, Uruguai, Paraguai, Bolívia, Peru e Colômbia zelassem por sua oferta de água, reclamariam formalmente ao governo brasileiro por amaçar a umidade de seus países. Estudos de cientistas vêm demonstrando que a floresta também abriga animais hospedeiros de vírus, bactérias e protozoários sem serem afetados por eles. Com a captura desses animais e com o desmatamento, microrganismos patogênicos podem entrar na sociedade e deflagrar epidemias com potencial pandêmico. A hipótese mais consistente para a difusão do novo corona vírus pelo mundo é o habito oriental de consumir animais silvestres, como morcegos e pangolins, obtidos nas florestas. As oito espécies de pangolim são as mais ameaçadas de extinção do mundo. Sabe-se já, com segurança, que vírus africanos foram trazidos das florestas para a sociedade.

Proteger a Amazônia, até recentemente, era uma preocupação de cientistas e ambientalistas. Com todas as advertências de que a grande floresta em pé representava uma garantia para a economia, o agronegócio, a mineração e a exploração de madeira continuaram aceleradas. Cientistas demonstraram que o desmatamento na Amazônia acima de 20% afetaria os outros 80% e a transformaria numa savana. As previsões já começaram a se confirmar. A Amazônia não está mais produzindo o antigo volume de água que abastece o mundo peri-amazônico. Nem mesmo está produzindo mais a água necessária à sua existência. Cerrado e Pantanal estão carentes de umidade. Nos períodos de estiagem, a secura está se acentuando e agravando os incêndios, como está acontecendo em 2020 no Pantanal, o maior incêndio registrado. Sudeste e Sul do Brasil estão com o abastecimento de água comprometido.

Depois de se beneficiar excessivamente com o desmatamento da Amazônia, sobretudo com a abertura da Transamazônica pela ditadura militar, o agronegócio anuncia oficialmente que defende a grande floresta desde sua origem. A fala do atual ministro do ambiente, na fatídica reunião ministerial de 22 de abril, mostra que ele atendia a um pedido da ministra da agricultura para legitimar as áreas desmatadas do que restou da Mata Atlântica. A bancada do boi no Congresso Nacional continua com seu tom agressivo em relação à proteção florestal. Os fundos de pensão e finanças internacionais pressionam o governo brasileiro – o pior de todos os tempos em termos de proteção ambiental e social – a assumir uma atitude de proteção da Amazônia. Tais fundos parecem estar atendendo a seus clientes. E o governo esperneia. De forma retrógada, agita um conceito de soberania nacional anacrônico. Hoje, a soberania do Brasil deve ser usada para proteger a Amazônia para os brasileiros e para o mundo, não para interesses particularistas mesquinhos. Propala que os países que condenam o Brasil derrubaram suas florestas. De fato, derrubaram quando esta prática ainda era aceita em nome do progresso. Agora, eles reflorestam. Sustenta que o fogo na Amazônia é uma mentira e que existe uma campanha internacional de difamação para internacionalizar a Amazônia. Por incrível que pareça é a mesma economia que predou a Amazônia que agora prega oficialmente sua defesa.

O atual governo não saiu da década de 1930. Não quer se atualizar. Não conseguiu e nem conseguirá, com sua postura anacrônica, militarista e assustada com fantasmas inexistentes.