Indignación contra la estulticia de ciertos grupos de la población brasilera

Cuatro sombras oscuras se abaten sobre un país solar que nunca pudieron ser disipadas por nuestra conciencia e inconsciencia colectivas: la sombra del genocidio de los pueblos originarios, los primeros dueños de estas tierras. De seis millones que eran, quedaron solamente un millón, la mayoría por no poder soportar el trabajo esclavo o por las enfermedades de los invasores contra las cuales no tenían ni tienen hoy inmunidad. La sombra de la colonización que ha saqueado nuestras tierras y nuestras selvas y nos ha hecho dependientes siempre de alguien de fuera, impidió forjar nuestro propio destino. La sombra de la esclavitud, nuestra mayor vergüenza nacional, por haber convertido a la gente traída de África en esclavos y carbón para ser consumidos en los ingenios azucareros. Nunca vistos como personas e hijos e hijas de Dios sino como “piezas” para ser compradas y vendidas, construyeron casi todo en este país. Y hoy en día, considerados perezosos y con frecuencia encarcelados, constituyen más de la mitad de nuestra población, arrojados a las periferias. Soportan el odio y el desprecio que antes se imponía a sus hermanos y hermanas de la Senzala y que ahora se les transfiere con violencia, como lo demuestra el sociólogo Jessé Souza (A elite do atraso: da escravidão à Lava Jato, 2007, p.67), hasta que pierden su sentido de dignidad. La sombra de las élites atrasadas que siempre han ocupado el estado frágil, usándolo para su beneficio. Nunca forjaron un proyecto de nación que incluyera a todos, sino, con las artes perversas de reconciliación entre los ricos,  un proyecto solo para ellos. No bastaba con despreciar a los marginados, sino que había que molerlos a palos por si se levantaban, como ocurrió varias veces en su heroica historia de resistencia y rebelión.

Cuando un superviviente de esta tribulación, a través de caminos de piedras y abismos, se convirtió en presidente e hizo algo para sus hermanos y hermanas, pronto crearon las condiciones perversas para destruir su liderazgo, excluirlo de la vida pública, y finalmente bajarlos del poder a él y a su sucesora. Esta sombra ha adquirido los contornos de una “tormenta procelosa y nocturna sombra” (Camões) bajo el actual gobierno que no ama la vida, pero exalta la tortura, alaba a los dictadores, predica el odio y deja al pueblo a su suerte, atacado letalmente por un virus, contra el que no tiene ningún plan de rescate e, inhumano, se muestra incapaz de cualquier gesto de solidaridad.

Estas sombras, por ser una expresión de deshumanización, anidaron en el alma de los brasileños y rara vez pudieron conocer la luz. Ahora se han creado las condiciones ideológicas y políticas para ser lanzadas al aire como las lavas de un volcán, hechas de  rudeza, de violencia social generalizada, de discriminación, ira y odio de grandes porciones de la población. Sería injusto culparlas a ellas. Las élites del atraso se han internalizado en sus mentes y corazones para hacerlas sentirse culpables de su destino y así acabar haciendo suyo el proyecto de aquellas, que, en realidad, va en su contra. Lo peor que puede suceder es que el oprimido internalice al opresor con un engañoso proyecto de bienestar, que le será negado siempre.

Sérgio Buarque de Holanda en su conocido libro “Las raíces de Brasil” (1936) difundió una expresión, malinterpretada en beneficio de los poderosos, de que el brasileño es “un ser cordial” por la llaneza de su trato. Pero tenía un ojo observador y crítico como para añadir a continuación que “sería un error suponer que esta virtud de la cordialidad puede significar buenas maneras y civismo” (p.106-107), pues “la enemistad puede ser tan cordial como la amistad, ya que ambas nacen del corazón” (p.107 nota 157).

En el momento actual, lo “cordial del incivismo” brasilero irrumpe del corazón, mostrando su perversa forma de ofensa, calumnia, palabras gruesas, noticias falsas, mentiras directas, ataques violentos a los negros, los pobres, los quilombolas, los indígenas, las mujeres, a los políticos de oposición LGBT, hechos enemigos y no adversarios. Ha estallado, violenta, una política oficial, ultraconservadora, intolerante, de connotaciones fascistoides. Los medios de comunicación social sirven de arma para todo tipo de ataques, desinformación y mentiras que muestran espíritus vengativos, mezquinos e incluso malvados. Todo esto forma parte de la otra cara de la “cordialidad” brasilera, hoy en día expuesta a la luz del sol y a la abominación mundial.

El ejemplo viene del propio gobierno y de sus seguidores fanáticos. De un presidente se esperarían virtudes cívicas y el testimonio personal de valores humanos que uno quisiera ver realizados en sus ciudadanos. Por el contrario, su discurso está lleno de odio, desprecio, mentiras y vulgaridad en la comunicación. Es tan inculto y estrecho de miras que ataca lo que es más preciado para una civilización, que es su cultura, su saber, su ciencia, su educación, las habilidades de su pueblo y el cuidado de su salud y de la riqueza ecológica nacional.

Nunca en los últimos cincuenta años se ha apoderado de ningún país una barbarie tan grande como en Brasil, acercándolo al nazismo alemán e italiano. Estamos expuestos a la irrisión mundial, convertidos en un país paria, negador de lo que es el consenso entre los pueblos. La degradación ha llegado al punto en que el jefe de estado realiza el humillante rito de vasallaje y sumisión al presidente más extraño y “estúpido” (P.Krugman) de toda la historia norteamericana.

Nuestra democracia ha sido siempre de baja intensidad. Hoy en día se ha convertido en una farsa, porque no se respeta la constitución, se pisotean las leyes y las instituciones sólo funcionan cuando los intereses de las empresas están amenazados. La propia justicia se hace cómplice ante las clamorosas injusticias sociales y ecológicas, como la expulsión de 450 familias que ocupaban una hacienda abandonada, transformándola en un gran productor de alimentos orgánicos; saca a la fuerza a los niños aferrados a sus cuadernos y destroza sus escuelas; tolera la deforestación y las quemas del Pantanal y de la selva amazónica y el riesgo de genocidio de naciones indígenas enteras, indefensas ante la Covid-19.

Es humillante ver que las más altas autoridades no tienen el valor patriótico de dirigir, dentro del marco legal, la remoción o el impeachment de un presidente que muestra signos inequívocos de incapacidad política, ética y psicológica para presidir una nación de las proporciones de Brasil. Se pueden hacer amenazas directas de cerrar el más alto tribunal, hacer declaraciones de volver al régimen de excepción con la represión estatal que ello implica, y no pasa nada por razones arcanas.

Las oposiciones, duramente difamadas y vigiladas, no consiguen crear un frente común para oponerse a la insensatez del poder actual.

No se debe culpar al pueblo de la degradación de las relaciones sociales, especialmente entre la gente sencilla, sino a las clases oligárquicas atrasadas que han logrado internalizar en él sus prejuicios y su visión oscurantista del mundo. Estas clases nunca han permitido que arraigase aquí un capitalismo civilizado, lo mantienen como uno de los más salvajes del mundo, ya que cuenta con el apoyo de los poderes estatales, legales, mediáticos y policiales para derribar cualquier oposición organizada. La “racionalidad económica” se revela descaradamente irracional debido a los efectos perversos sobre los más desvalidos y sobre las políticas sociales dirigidas a los que más sufren socialmente.

Este es un texto indignado. Hay momentos en que el intelectual se obliga, por razones de ética y dignidad de su oficio, a dejar el lugar del saber académico y venir a la plaza a expresar su ira sagrada. Para todo hay límites soportables. Aquí superamos todo lo que es soportable, sensato, humano y mínimamente racional. Es la barbarie instituida como política de Estado, envenenando las mentes y los corazones de muchos con odios y rechazos, que lleva a la frustración y a la depresión de millones de compatriotas, en un contexto de los más atroces, que nos ha arrebatado por el virus invisible a más de cien mil seres queridos. Guardar silencio sería rendirse a la razón cínica que, insensible, es testigo del desastre nacional. Se puede perder todo menos la dignidad del rechazo, de la acusación y de la rebeldía cordial e intelectual.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Indignação contra a boçalidade de grupos da população brasileira

Quatro sombras escuras pairam sobre um país solar que nunca puderam ser dissipadas pela nossa consciência e inconsciência coletivas: a sombra do genocídio dos povos originários,os donos primeiros destas terras.De seis milhões que eram, sobraram apenas um milhão, a maioria por não suportar o trabalho escravo ou pelas doenças dos invasores contra as quais não possuíam nem hoje possuem imunidade.A sombra da colonização que depredou nossas terras e florestas e nos tornou sempre dependentes de alguém de fora, impedidos de forjar nosso próprio destino. A sombra da escravidão,nossa maior vergonha nacional, por  termos transformado pessoas trazidas de África em escravos e carvão a ser consumido nos engenhos de cana de  açúcar.Jamais vistas como pessoas e filhos e filhas de Deus mas como “peças”a serem compradas e vendidas, construiram quase tudo o que existe neste país. E hoje, tidos por preguiçosos e presos, compõem mais da metade de nossa população, jogados nas periferias; suportam  o ódio e o desprezo antes imposto aos seus irmãos e irmãs das zensala e  agora  transferidos a eles  com uma violência tal como mostrou o sociólogo Jessé Souza (A elite do atraso:da escravidão à Lava Jato,2007 p.67) até perderem o sentido de sua dignidade. A sombra das elites do atraso que sempre ocuparam o frágil Estado, usando-o para seu benefício. Nunca forjaram um projeto de nação que incluísse a todos, apenas, com as artes perversas da conciliação entre os endinheirados, apenas um projeto só para eles. Não bastava desprezar os marginalizados mas rachar-lhes as cabeças, caso se levantassem, como ocorreu várias vezes na sua heroica história da resistência e da rebeldia.

Quando um sobrevivente dessa tribulação, por caminhos de pedras e de abismos,chegou a ser presidente e fizesse alguma coisa a seus irmãos e irmãs, logo criaram as condições perversas para destruir sua liderança, excluído da vida pública e, por fim, a ele e a sua sucessora  apeá-los do poder. Essa sombra ganhou contornos de “procelosa tempestade e noturna sombra (Camões) sob o atual governo que não ama a vida,mas exalta a tortura, louva os ditadores,prega  ódio e larga o povo à sua própria sorte, atacado letalmente por um vírus, contra o qual não tem nenhum projeto de salvamento e, desumano, se mostra incapaz de qualquer gesto de solidariedade.

Estas sombras,por serem expressão de desumanização,se aninharam na alma dos brasileiros e brasileiras e raramente puderam conhecer a luz. Agora criaram-se as condições ideológicas e políticas para serem lançadas ao ar como lavas de um vulcão, feitas  de boçalidade, de violência social generalizada, de discriminações, de raiva e de ódio de grandes porções da população. Seria injusto culpar a elas. As elites do atraso  se internalizaram em suas mentes e corações para fazer que se sintam culpadas de sua sorte e acabem por fazerem seu o projeto deles que, na verdade, é contra eles. O pior que pode acontecer é o oprimido internalizar o opressor com o projeto enganoso de bem estar, sempre lhes sendo  negado.

Sérgio Buarque de Holanda em seu conhecido “As raízes do Brasil”(1936) difundiu uma expressão mal interpretada em benefício dos poderosos, de que o brasileiro é “o homem cordial” pela lhanesa de seu trato. Mas teve um olho observador e crítico para logo acrescentar  que “seria engano supor que essa virtude da cordialidade, possa significar “boas maneiras” e civilidade (p.106-107) e arremata;” a inimizade   bem pode ser cordial como a amizade, pois, que uma e outra nascem do coração”(p.107 nota 157).

Pois, no atual momento o “cordial da incivilidade” brasileiro irrompe do coração, mostrando a sua forma perversa de ofensa, calúnia, palavras de baixo calão,fake news,mentiras diretas, ataques violentos a negros, pobres, quilombolas, indígenas, mulheres, LGBT políticos de oposição, feitos inimigos e não adversários. Irrompeu, violenta, uma política oficial, ultraconservadora, intolerante,com conotações fascistoides. As mídias sociais servem de arma para todo tipo de ataque, de  desinformação,de  mentiras  que mostram espíritos vingativos, mesquinhos e até perversos.Tudo isso pertence ao outro lado da “cordialidade”brasileira hoje exposta à luz do sol e à execração mundial.

O exemplo vem do próprio governo e de seus fanáticos seguidores, De um presidente se esperaria virtudes cívicas e  o testemunho pessoal de  valores humanos que gostaria vê-los realizados em seus cidadãos. Ao contrário,seu discurso é eivado de ódio, desprezo, de mentiras e de boçalidade na comunicação. É tão inculto e tacanho que ataca o que é mais caro à uma civilização que é  sua cultura, seu saber, sua ciência, sua educação, as habilidades de seu povo  e o cuidado da saúde e da riqueza ecológica nacional.

Nunca tanta barbárie, nos últimos cinquenta anos, tomou conta de algum país,  como no Brasil, aproximando-o ao nazifascismo alemão e italiano. Estamos expostos à irrisão mundial,feitos país pária,negacionista do que é consenso entre os povos. A degradação chegou ao ponto de o chefe de Estado fazer o humilhante  rito de  vassalagem e de submissão ao presidente mais bizarro e “estúpido”(P.Krugman) de toda a história norte-americana.

A nossa democracia sempre foi de baixa intensidade. Atualmente se transfromou numa farsa, pois  a constituição não é respeitada, as leis são atropeladas e as instituições funcionam somente quando os interesses corporativos são ameaçados. Então  a própria justiça se torna conivente face a clamorosas injustiças sociais e ecológoicas, como a expulsão de 450 famílias que ocupavam uma fazendaa bandonada,transfrmando-a em grande produtora de alimentos orgâncos; arranca crianças agarradas a seus cadernos e lhes arrasa a escola;  tolera o desmatamento e as queimadas do Pantanal e da floresta amazônica e o risco de genocídio de inteiras nações indígenas, indefesas face ao Covid-10.

É humilhante constatar que não haja da parte das mais altas autoridades  a coragem patriótica para encaminhar, dentro da legalidade jurídica, a destituição ou o impeachment de um presidente que mostra sinais inequívocos de incapacidade política, ética e psicológica para presidir uma nação das proporções do Brasil. Podem fazer-se ameaças diretas à mais alta corte, de fechá-la, de fazer proclamas à volto ao regime de exceção com a repressão estatal que implica e nada acontece por razões arcanas.

As oposições, duramente difamadas e vigiadas, não conseguem criar uma frente compartilhada para opor-se à insensatez do poder atual.

A brutalização nas relações sociais e especialmente entre o povo simples não deve ser imputada a ele, mas às classes oligárquicas do atraso que lograram internalizar neles seus preconceitos e visão obscurantista de mundo. Estas classes nunca  permitiram que vingasse aqui  um capitalismo civilizado, mas o mantém como  um dos mais selvagens do mundo, pois conta com os  apoios dos poderes estatais, jurídicos, midiáticos e policiais para abateram qualquer oposição organizada. A “racionalidade econômica”se revela desavergonhadamente irracional pelos efeitos maléficos sobre os mais desvalidos e para as políticas sociais destinadas aos socialmente mais sofridos.

Esse é um texto indignado. Há momentos em que o intelectual se obriga por razões de ética e de  dignidade de seu ofício, a deixar o lugar do saber acadêmico e vir à praça e externar sua iracúndia sagrada. Para tudo há limites suportáveis. Aqui ultrapassamos a tudo o que é dignamente suportável, sensato, humano e minimamente racional. É a barbárie instituída como política de Estado, envenenado as mentes e os corações de muitos com ódios e rejeições e levando à frustração e à depressão a milhões de compatriotas, num contexto dos mais atrozes que tiram de nosso meio pelo vírus invisível mais de cem mil entes queridos. Calar-se equivaleria render-se à razão cínica que, insensível, assiste o desastre nacional. Pode-se poder tudo, menos a dignidade da recusa,da acusação e da rebeldia cordial e intelectual.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e membro da Iniciativa Internacional da Carta da Terra

O Covid-19 nos faz descobrir espírito no cosmos, no ser humano e em Deus

O Covid-19 nos faz descobrir  espírito no cosmos, no ser humano e em Deu

Vivemos numa época particularmente anêmica de espírito. A falta de políticas governamentais por parte do atual Presidente para atacar o Covid-19 mostra mais que falta de empatia e de solidariedade para com os mais de cem mil mortos. Mostra, o que é mais grave, a falta de espírito. Parece que o presidente vive ainda no estágio pré-humanos, dos primatas. Não cuida nem ama a vidau, a vida de seu povo.

Acresce ainda que  cultura do capital que se funda no consumo afogou o espírito na materialidade opaca. E sem espírito perdemos o que há de melhor em nós: a comunicação livre, a cooperação solidária, a compaixão amorosa, o amor sensível e a sensibilidade cordial pelo outro lado de todas as coisas, de onde nos vêm mensagens de beleza, de grandeza, de admiração, de respeito, de veneração e de transcendência.

Há uma das festas da tradição cristãs, das mais importantes,  Pentecostes, na qual os cristãos celebram a irrupção do Espírito sobre amedrontados seguidores de Jesus. Transformou-os em corajosos mensageiros de sua mensagem libertadora, alcançando-nos a nós até os dias de hoje. Nesse momento trágico de afogamento do espírito que é o mesmo que o assassinato da vida, deixada por conta de um vírus, que o atual Presidente negacionista desconsidera como um simples gripe, cabe uma reflexão sobre o espírito em minúsculo e sobre o Espírito em maiúsculo.

O espírito: primeiro no universo depois em nós

Somos singularmente portadores de grande energia. É o espírito em nós. O espírito, na perspectiva da nova cosmologia (a ciência que estuda o surgimento do universo, sua expansão e evolução, para onde se dirige, qual é seu sentido e nosso lugar dentro deste processo), é tão ancestral quanto o cosmos. Espírito é aquela capacidade que os seres, mesmo os mais originários, como os hádrions, os topquarks, os prótons e os átomos tem de se relacionarem, trocarem informações e de criarem redes de inter-retroconexões, responsáveis pela unidade complexa do todo. É próprio do espírito criar unidades cada vez mais altas e elegantes.

O espírito primeiramente está no mundo; somente depois está em nós. Entre o espírito de uma árvore e nós a diferença não é de princípio. Ambos são portadores de espírito. A diferença reside no modo de sua realização. Em nós seres humanos, o espírito aparece como autoconsciência e liberdade.Na árvore por sua vitalidade e relações com o solo, com os raios solares, as energias da Terra e do cosmos; ela sente, se relaciona, se nutre e nutre a própria natureza sequestrando CO2 e dando-nos oxigênio sem o qual não vivemos.

Espírito humano é aquele momento da consciência em que ela se sente parte de um todo maior, capta a totalidade e a unidade e se dá conta de que um fio liga e religa todas as coisas, fazendo com que sejam um cosmos, e não um caos. Como se relaciona com o Todo, o espírito em nós nos faz sermos um projeto infinito, uma abertura total ao outro, ao mundo e a Deus.

Portanto, a vida, a consciência e o espírito pertencem ao quadro geral das coisas, ao universo, mais concretamente: à nossa galáxia, à Via-Láctea, ao sistema solar e ao planeta Terra, ao local onde vivemos. Para que tivessem surgido, foi preciso uma calibragem refinadíssima de todos os elementos, especialmente das assim chamadas constantes da natureza (velocidade da luz, as quatro energias fundamentais, a carga dos elétrons, as radiações atômicas, a curvatura do espaço-tempo entre outras). Se assim não fosse não estaríamos aqui escrevendo sobre isso.

Refiro apenas um dado do  livro do astrofísico e matemático Stephen Hawking intitulado “Uma breve história do tempo” (2005): ”Se a carga elétrica do elétron tivesse sido ligeiramente diferente, teria rompido o equilíbrio da força eletromagnética e gravitacional nas estrelas e ou elas teriam sido incapazes de queimar o hidrogênio e o hélio, ou então não teriam explodido. De uma maneira ou de outra a vida não poderia existir” (p. 120). A vida pertence, pois, ao quadro geral das coisas e a vida possuída pelo espírito.

O princípio andrópico fraco e forte

Para conferir alguma compreensão a essa refinada combinação de fatores, criou-se a expressão “princípio andrópico” (que tem a ver com o homem). Por ele se procura responder a esta pergunta que naturalmente colocamos: por que as coisas são como são? A resposta só pode ser: se fosse diferente nós não estaríamos aqui. Respondendo assim não cairíamos no famoso antropocentrismo que afirma: as coisas só têm sentido quando ordenadas ao ser humano, feito centro de tudo, rei e rainha do universo?

Há esse risco. Por isso os cosmólogos distinguem o princípio andrópico forte e fraco. O forte diz: as condições iniciais e as constantes cosmológicas se organizaram de tal forma que, num dado momento da evolução, a vida e a inteligência deveriam necessariamente surgir. Essa compreensão favoreceria a centralidade do ser humano. O princípio andrópico fraco é mais cauteloso e afirma: as prá-condições iniciais e cosmológicas se articularam de tal forma que a vida e a inteligência poderiam surgir. Essa formulação deixa aberto o caminho da evolução que demais a mais é regida pelo princípio da indeterminação de Heisenberg e pela autopoiesis dos biólogos chilenos MaturanaVarela.

Mas olhando para trás, nos bilhões de anos, constatamos que de fato assim ocorreu: há 3,8 bilhões de anos surgiu a vida e há uns quatro milhões de anos, a inteligência. Nisso não vai uma defesa do “desenho inteligente” ou  da mão da Providência divina. Apenas que o universo não é absurdo. Ele vem carregado de propósito. Há uma seta do tempo apontando para frente. Como afirmou o astrofísico e cosmólogo Feeman Dyson: ”parece que o universo, de alguma maneira, sabia que um dia nós iríamos chegar” e preparou tudo para que pudéssemos ser acolhidos e fazer o nosso caminho de ascensão no processo evolucionário.Curiosamente, quando no processo da evolução apareceram as flores (antes era tudo verde),nesse momento surgiu nosso ancentral. Parece que o universo e Deus lhe prapararam um berço de flores para enfatizar a alta qualidade deste ser que estava iniciando sua jornada pelos séculos até chegar a nós.

O universo autoconsciente e portador e espírito

O grande matemático e físico quântico Amit Goswami, que muito vem ao Brasil, sustenta a tese de que o universo é autoconsciente (O universo autoconsciente, Record 2002). No ser humano ele conhece uma emergência singular pela qual o próprio universo através de nós se vê a si mesmo, contempla sua majestática grandeza e chega a uma certa culminância.

Cabe ainda considerar que o cosmos está em gênese, não está pronto, está ainda se autoconstruindo e em expansão contínua. Cada ser mostra uma propensão inata a irromper, crescer e irradiar. O ser humano também. Apareceu no cenário quando 99,96% de tudo já estava pronto. Ele é expressão do impulso cósmico para formas mais complexas e altas de existência.

Alguns aventam a ideia: mas não seria tudo puro acaso? O acaso não pode ser excluído, como mostrou Jacques Monod no seu livro O acaso e a necessidade, o que lhe valeu o prêmio Nobel em biologia. Mas ele não explica tudo. Bioquímicos comprovaram que para os aminoácidos e as duas mil enzimas subjacentes à vida pudessem se aproximar, constituir uma cadeia ordenada e formar uma célula viva seriam necessários trilhões e trilhões de anos. Portanto, mais tempo do que o universo e a Terra possuem de fato, que é de 13,7 bilhões de anos. O recurso ao acaso é dar honra à ignorância. Melhor é dizer  que não sabemos.

Dizendo de forma mais exata: o recurso ao acaso mostre apenas nossa incapacidade de entender ordens superiores e extremamente complexas como a consciência, a inteligência, o afeto e o amor. Nesse sentido, talvez a visão de Pierre Teilhard de Chardin do universo, segundo a qual este mais e mais se complexifica e, assim, permite a emergência da consciência e da percepção de um ponto Ômega da evolução na direção do qual estamos viajando, seja mais adequada para expressar a dinâmica mesma do universo.

Não seria melhor calarmos reverentes e respeitosos diante do mistério da existência e do sentido do universo?

Depois dessas reflexões, já estamos habilitados a abordar a dimensão teológica do espírito como  Espírito Criador.

O Espírito Criador e a cosmogênese

Como não podia deixar de ser, Deus também é incluído na dimensão do espírito. E por excelência. Está presente na primeira página da Bíblia quando se narra a criação do céu e da terra. Diz-se que sobre o touwabohu, isto é, sobre o caos, melhor, sobre as águas primitivas “soprava um ruah (um vento, uma energia) impetuoso” (Gn 1,2). Daquele caos tirou todas as ordens: os seres inanimados, os animados e o ser humano. A este, tirado do pó como todos os demais, Deus “soprou-lhe nas narinas o ruah de vida, o espírito, e ele tornou-se um ser vivo”  (Gn 2,7). É no capítulo 37 de Ezequiel que irrompe, de forma insuperavelmente plástica, a força vital do espírito. Quando este vem, os ossos ressequidos ganham carne e se transformam em vida.

Também as expressões mais altas do ser humano são atribuídas à presença do espírito nele, como a sabedoria e a fortaleza (Is 11,2), a riqueza de ideias (Jo 32,28), o senso artístico (Ex 28,3), o desejo ardente de ver Deus e o sentimento de culpa e a consequente penitência (Ex 35,21; Jr 51,1; Esd 1,1; Es 26,9; Sl 34,19; Ez 11,19; 18,31).

Deus “tem” espírito

Essa força criadora e vivificadora é eminentemente possuída por Deus. As Escrituras falam com frequência do espírito de Deus (ruah Elohim). Ele é dado a Sansão para ter força portentosa (Jz 14,6; 19,15), aos profetas para terem coragem de denunciar em nome dos pobres da Terra as injustiças que padecem, para enfrentar o rei, os poderosos e anunciar-lhes o juízo de Deus.

Especialmente no judaísmo inter-testamentário, esperava-se para os fins dos tempos a efusão do espírito sobre toda a criatura (Jl 2,28-32; At 2, 17-21). O Messias será “forte no espírito” e virá dotado de todos os dons do espírito (Is 11,1ss).

É nesse contexto do judaísmo tardio que surge a tendência de personificar o espírito. Ele continua sendo uma qualidade da natureza, do ser humano e de Deus. Mas sua ação na história é tão densa que começa a ganhar autonomia. Assim se diz, por exemplo, que “o espírito exorta, se aflige, grita, se alegra, consola, repousa sobre alguém, purifica, santifica e enche o universo”. Jamais se pensa nele como criatura, mas como algo do mundo de Deus que, quando se manifesta na vida e na história, tudo transforma.

O Espírito é Deus, Deus é Espírito

A compreensão começou a mudar quando se cunhou uma expressão decisiva:”espírito de santidade” ou “espírito santo”. Essa formulação guarda certa ambiguidade, pois pode-se dizer espírito santo para se evitar dizer o nome de Deus (coisa que  os judeus até hoje, por respeito, evitam) como pode-se significar o próprio Deus. Para a mentalidade hebraica, “santo” é o nome por excelência de Deus, o que equivale dizer na compreensão grega: Deus como transcendente, distinto de todo e qualquer ser da criação.

Em resumo, podemos afirmar: pela palavra espírito (ruah) aplicado a Deus (Deus “tem” espírito, Deus envia o seu espírito, o espírito de Deus) os judeus expressavam a seguinte experiência: Deus não está atado a nada; irrompe onde quer; confunde planos humanos; mostra uma força à qual ninguém pode resistir; revela uma sabedoria que torna estultície todo o nosso saber. Assim, Deus se mostrou aos líderes políticos, aos profetas, aos sábios, ao povo, especialmente, em momentos de crise nacional (Jz 6,33; 11, 29; 1 Sam 11,6).

Assim como é dado ao rei para que governe com sabedoria e prudência, no caso o rei Davi (1 Sam 16,13),  (oxalá o dê ao presidente anti-espírito que nos (des)governa) será dado também ao servo sofredor, destituído de toda pompa e grandiloquência (Is 42,1). Em Is 61,1 diz-se explicitamente: ”o espírito de Javé está sobre mim porque Javé me ungiu… para anunciar a libertação dos cativos e a boa-nova para os pobres”, texto que Jesus aplicará a si na sua primeira aparição na sinagoga de Nazaré (Lc 4, 17-21). Por fim, o espírito de Deus não sinaliza apenas sua ação inovadora no mundo, mas aponta para o próprio ser de Deus. O espírito é Deus. E Deus é  Espírito. Como Deus é santo, o Espírito será o Espírito Santo.

O Espírito Santo penetra tudo, abarca tudo, está para além de qualquer limitação. “Para onde irei para estar longe de teu Espírito? Para onde fugirei a fim de estar longe de tua face? Se eu escalar os céus, aí estás, se me colocar no abismo, também aí estás” (Sl 139,7) Até o mal não está fora de seu alcance. Tudo o que tem a ver com mutação, ruptura, vida e novidade tem a ver com o espírito. O Espírito Santo está tão unido à história que ela de profana se transforma em história santa e sagrada.

O Espírito num mundo sem espírito e em degradação

Hoje sentimos a urgência da irrupção do Espírito Santo como na primeira manhã da criação. A Carta da Terra, face à crise mundial ecológica, com energias negativas que nos podem arrastar ao abismo, afirma: “Como nunca antes da história, o destino comum nos conclama a buscar um novo começo. Isso requer uma mudança na mente e no coração. Requer um novo sentido de interdependência global e de responsabilidade universal… Temos ainda muito a aprender a partir da busca conjunta por verdade e sabedoria (final)”]

O Papa Francisco diz igualmente em sua encíclica “sobre o cuidado da Casa Comum:”Nunca maltratamos e ferimos a Casa Comum como nos último dois séculos(n. 53). Se “não mudarmos nosso estilo de vida insustentável- continua- só poderemos desembocar nas catástrofes”(n.161).

Cabe ao Espírito iluminar nossa mente e transformar nosso coração. Se fizermos essa conversão, dificilmente escaparemos das ameaças que pesam sobre o sistema-vida e sistema-Terra. Cabe ao Espírito a capacidade de transformar o caos destrutivo em caos criativo, como operou no primeiro momento do Big Bang. Ele pode transformar a tragédia como a atual do Covid-19 numa crise acrisoladora que nos permite dar um salto de qualidade rumo a uma nova ordem, mais alta, mais humana, mas cordial, mais amorosa e mais espiritual. O universo, a Terra e cada um de nós somos templos do Espírito. Ele não permitirá que seja desmantelado e destruído. Esse pedido é urgente para a atual situação quando a Terra como um todo é atacada por um vírus letal que está dizimando milhares de vidas.

Importa suplicar ao Espírito: Vem, Espírito Criador! Renove a face da Terra, aqueça nossos corações e rasgue um horizonte de sentido e de esperança para a nossa realidade humana desumanizada e agora posta sob o risco de milhares desaparecerem vitimas da intrusão do Covid-19. A ciência, a técnica a vacina são fundamentais. Mas apenas com elas não está garantido que evitemos voltar ao que era antes. Para isso precisamos de outro espírito que dê centralidade ao que conta: a vida, a cooperação, a interdependência, a generosidade e o cuidado para com a natureza e para uns para outros. Se não fizermos esta viragem paradigmática, podemos  ser atacados novamente e de forma ainda mais letal.

Leonardo Boff é ecoteólogo, um dos redatores da Carta da Terra e escritor e escreveu:”O Covid-19: o contra-ataque da Terra contra a Humanidade” a sair em breve pela Editora Vozes, 2020.

 

 

Post-covid-19: What cosmology and ethics to incorporate (IV)

Post-covid-19: What cosmology and ethics to incorporate (IV)
The sustainable way of life is brought about by virtuous practices consistent with a sustainable mode of living. There are many virtues in a different possible world. I will be brief because I have already published three volumes with the title, “Virtues for a different possible world” (Sal Terrae 2005-2006). I mention 10 virtues, without detailing their content, because that would take us too far afield.
Virtues of a different possible, and necessary, world
The first virtue is essential caring. I call it essential because according to a philosophic tradition that came from the Romans, passed down through the centuries, which is best expressed by several authors, especially in Heidegger’s central nucleus of Time and Being. Caring, it is seen as the essence of the human being. It ts a precondition for the group of factors necessary for life. Without caring, life would never have arisen, nor could it survive. Some cosmologists, such as Brian Swimme and Stephan Hawking, viewed caring as the essential dynamic of the universe. Had the four fundamental energies lacked the subtle caring to act synergistically, we would not have the world we have. All life is dependent on caring. Because we are biologically imperfect beings, with no specialized organs, without the infinite care of our mothers, we could not have gotten out of our cribs and sought nourishment. We need the caring of others. All that we love, we also care for, and we love all that we care for. With respect to nature, this requires a relationship that is amicable, non aggressive and respectful of her limits.
The second virtue is the awareness of belonging to nature, to the Earth and the universe. We are part of a great Totality that surrounds us. We are the conscious and intelligent part of nature; we are that part of the Earth that feels, thinks, loves and venerates. This feeling of belonging fills us with respect, marvelous amazement and security.
The third virtue is solidarity and cooperation.  We are social beings who not only live, but coexist with others. We know from bio-anthropology that it was the solidarity and cooperation of our anthropoid ancestors that, by searching for food and bringing it for collective consumption, allowed them to rise to the top of the animal kingdom, and inaugurate the human world. Today, with respect to the coronavirus, what can save us is this solidarity and universal cooperation. Solidarity must begin with the least among us and the invisible. Otherwise, it is not universally inclusive.
The fourth virtue is collective responsibility. We discussed its meaning above. It is the moment of consciousness when each member of society understands the good and bad effects of their decisions and acts. The uncontrolled deforestation of the Amazon would be absolutely irresponsible because it would destroy the balance of the rains for vast regions and eliminate the biodiversity that is indispensable for the future of life. We need not mention nuclear war, whose deadly effects would eliminate all life, especially human life.
The fifth virtue is hospitality, as a duty and a right. Immanuel Kant was the first to present hospitality as both a duty and a right in his famous work, “In view of perpetual peace” (1795). Kant understood that the Earth belongs to all, because God did not gift any part of the Earth to anyone. The Earth belongs to all her inhabitants, who are free to go wherever they want. Wherever someone is found, it is everyone’s the duty to offer hospitality, as a sign of common belonging to the Earth; and we all have the right to be welcomed, without distinctions. To Kant, hospitality and respect for human rights would constitute the pillars of a world republic (Weltrepublik). This theme has great topicality, given the number of refugees and widespread discrimination against different groups. Hospitality is perhaps one of the most urgent virtues for the process of globalization, even though it is one of the least commonly practiced.
The sixth virtue is universal coexistence. Coexistence is a primary factor because we are all products of the coexistence of our parents. We are beings of relationships, which is to say, we do not simply live, but we coexist through our lives. We participate in the lives of others, their joys and sadness. However, for many it is difficult to coexist with those who are different, be it in ethnicity, religion, or political ideas. What is important is to be open to the exchange. That which is different always brings us something new that either benefits or challenges us. What we must never do is turn difference into inequality.  We can be humans of many different backgrounds, be it Brazilian, Kechua, Italian, Aymara, Wampanoag, Japanese, Peruvian, Aztec, or Yanomami. Each form is human and has its dignity. Today, through the cybernetic mass media of communications, we open windows onto all people and cultures.  Knowing how to coexist with these differences opens new horizons and brings us into a form of communion with everyone. This coexistence also involves nature. We coexist with the landscape, the jungles, the birds and all other animals. It is not just to see the star filled skies, but to enter into communion with the stars, because we come from them and with them we are part of the great All. In fact, we are part of a community of common destiny with all of creation.
The seventh virtue is unconditional respect.Each being, no matter how small, has value in itself, independent of its usefulness to humans. Albert Schweitzer,the great Swiz physician who went to Gabon, Africa, to care for the lepers, profoundly developed the theme. For Schweitzer, respect is the most important basis of ethics, because it includes welcome, solidarity and love. We must start by respecting ourselves, maintaining dignified attitudes and manners that move others to respect us. It is important to respect all beings of creation, because they have value in themselves. They exist or live and deserve to exist or live. It Is especially valuable to respect all human person, because a human is a carrier of dignity, a sacred being with inalienable rights, regardless of their origin. We owe supreme respect for the sacred and to God, the intimate mystery of all things. We must venerate and bend our knees only before God, because only God deserves that attitude.
The eight virtue is social justice and fundamental equality for all. Justice is more than merely giving to each his or her own. Among humans, justice is love and the minimal respect we owe everyone else. Social justice requires guaranteeing the minimum to all persons, without creating privilege, and equally respecting their rights because we are all human beings and deserve to be humanely treated. Social inequality means social injustice and, theologically, it is an offense to the Creator and His sons and daughters. The major perversity that exists nowadays is perhaps that of leaving millions of people in misery, condemned to die before their time. The violence of social inequality and injustice has been revealed in the age of this coronavirus. While some people can safely live quarantined in their homes or apartments, the great majority of the poor are exposed to infection and often to death.
The ninth virtue is the tireless search for peace. Peace is one of the most longed for conditions, because given the type of society we have built, we live in constant competition, called on to consume and to exalt productivity. Peace does not exist by itself.  Peace is the fruit of values that must be lived out and bring peace as a result. One of the most certain ways of understanding peace comes to us from the Earthcharter, where is said: «Peace is the plenitude that results from correct relationships with one’s own self, with other persons, other cultures, other lives, the Earth and the Great All, of whom we are part» (n.16 f). As can be seen, peace is the result of adequate relationships and the fruit of social justice. Without these relationships and this justice we will only know a truce, but never a permanent peace.
The tenth virtue is the development of the spiritual meaning of life. Human beings have a corporal exterior through which we relate with the world and other people.  We also have a psychical interior where our passions, great dreams and our angels and demons are found in the architecture of desire. We must control our demons and lovingly cultivate our angels.  Only that way can we enjoy the equilibrium necessary for life.
But we also posses a depth, the dimension where the great questions of life reside: who are we? Where do we come from? Where are we going? What can we look for after this terrestrial life? What is the Supreme Energy that sustains the heavens and keeps our Common Home circling the Sun and maintains her always alive so that we may live? This is the spiritual dimension of the human being, with intangible values, such as unconditional love, trust in life, and courage to confront the unavoidable difficulties. We realize that the world is filled of meaning, that things are more than things, that they are messengers and have another invisible side. We intuit that there is a mysterious Presence that impregnates all things. The spiritual and religious traditions have called this Presence by a thousand names, without ever being able to totally decipher it. It is the mystery of the world that is sent to the Abyssal Mystery that makes that everything be what it is. Cultivating this space makes us more human, more humble, and roots us in a transcendent reality that is adequate to our infinite desire.
Conclusion: to simply be human
The conclusion we draw from these long reflections on the coronavirus 19 is: we must simply be humans, vulnerable, humble, connected with each other, part of nature and the conscious and spiritual part of the Earth with the mission of caring for the sacred inheritance we have received, Mother Earth, for us and future generations.
The last phrases of the Earthcharter are inspiring: «That our time be remembered by the awakening of a new reverence to life, by the firm commitment to achieve sustainability and to intensify the struggle for justice and peace, and for the joyful celebration of life».
*Leonardo Boff is an ecotheologian and has written, in three volumes, Virtues for another possible world,  (3 vol.), Sal Terrae, 2005-2006