¿Por qué hemos llegado adonde estamos?: los peligros planetarios

Leonardo Boff*

A nadie se le pasa por la cabeza que la situación mundial sea buena. Lo que presenciamos por los medios  digitales/sociales son escenas de guerra, niños inocentes asesinados por la furia de los ataques contra Hamas, sacrificando ilegítimamente a todo el pueblo palestino de la Franja  de Gaza, la guerra entre Rusia y Ucrania que dura ya dos años y otros 18 lugares de violencia y crímenes de guerra en África y otras partes.

Según la famosa ONG Oxfam, en 2024, la fortuna personal de los 36 individuos más ricos del mundo,  equivale  a los ingresos de más de la mitad de la humanidad, concretamente, a 4.700 millones de personas. En Brasil los 3.390 más ricos (el 0.0016%) poseen el 16% de toda la riqueza del país, más que 182 millones de brasileros (el 85% de la población).

 La misma fuente nos afirma que cada cinco segundos un niño de menos de diez años muere de hambre o de sus consecuencias más inmediatas. ¿Quién no se conmueve, en su humanidad mínima, con tales escenas dramáticas, verdaderas tragedias humanas? Parecería que hemos tocado  los límites del fin de los tiempos. Son escenas que podrían estar en el libro del Apocalipsis.

Para entender la crisis actual, debemos retroceder al siglo XVII/XVIII con la aparición del  paradigma de la modernidad. Los padres fundadores, Francis Bacon y especialmente René Descartes y otros rompieron con una larga tradición de la humanidad. Esta entendía la naturaleza, la Tierra y el propio cosmos como algo vivo  y cargado de propósito.

Pero he aquí que surge Descartes e introduce un dualismo fundamental de graves consecuencias históricas. Él distinguió la res cogitans, el ser pensante y portador de espíritu, de la res extensa, cosa extensa y material, los demás seres. El único portador del espíritu, res cogitans, es el ser humano. Los demás seres, la res extensa, obran mecánicamente y sin un sentido manifiesto. Con esto introdujo por un lado un severo antropocentrismo y por otro, un craso materialismo. La Tierra y la naturaleza solo tienen algún sentido en la medida en que se ordenan al ser humano que las trata como le apetece. Esta concepción materialista del mundo no humano abrió espacio para todo tipo de uso y abusos, inclusive en la propia  investigación científica, sin  preocupación ética de las consecuencias que de ella se podrían derivar.

De ahí nacieron todas las ciencias modernas y su aplicación práctica en una operación técnica. La tecnociencia fue el gran instrumento al servicio de los únicos portadores del espíritu, los seres humanos, separados de la  naturaleza y “dueños y señores” de ella (Descartes), transformados después en colonizadores, esclavócratas y devastadores sistemáticos de la naturaleza. La ciencia no fue puesta al servicio de la vida sino de la dominación de los otros y de la naturaleza.

De ese dualismo inicial surgieron otros dualismos: espíritu y materia, cultura y naturaleza, civilizado y salvaje, idealismo y materialismo, que desgarran la experiencia humana. Se perdió la visión de la totalidad.

Con estos presupuestos se proyectó la arquitectónica del saber atomizado, sin relacionar un saber con los otros saberes, hasta el punto de saber cada vez más sobre cada vez menos.

Indudablemente, este paradigma de la modernidad trajo grandes beneficios en todos los ámbitos de la vida humana, haciéndola menos penosa, refinando los medios de curación, creando los instrumentos de locomoción, las grandes avenidas de comunicación digital y nos llevó hasta el espacio exterior, a la Luna y a Marte y al universo más distante, fuera ya del sistema solar.

Ese paradigma se concentra en el reino de los medios, sin definir salvo raramente (o nunca colectivamente) los fines para los cuales los medios deben servir. El capitalismo entendió bien la cuestión y le definió un fin: un crecimiento ilimitado a través de la acumulación  individual de riqueza, en la lógica de la mayor competición posible, explotando lo más que pueda los recursos de la naturaleza, suponiendo falsamente que la Tierra también posee recursos ilimitados.

A partir de 1972 con el documento Los límites del  crecimiento, la conciencia colectiva despertó al hecho de los límites de la Tierra y de su incapacidad de sostener un proyecto ilimitado. El gran sistema de producción nunca dio mucha importancia a tal hecho. Lo decisivo es garantizar las ganancias y la riqueza.

Los empresarios y los grandes consorcios económicos y financieros están  poniendo  su confianza en la omnipotencia de la tecnociencia que sería capaz de dar una solución a todos los problemas. Esa fue y sigue siendo su gran ilusión. Su sistema económico-financiero, mundialmente integrado, está de tal forma engrasado que le faltan las condiciones y las ganas de parar. Parar sería abandonar su fin, la acumulación ilimitada, cambiar de la relación de  explotación a una relación amigable con la naturaleza, es decir, implicaría negarse a sí mismo. Ahora está quedando claro que el sistema mundial está agónico, dados los cambios de la faz de la Tierra.

Frente a la  voracidad del sistema mundial de explotación/devastación de la naturaleza, la Tierra viva viene reaccionando de distintas formas: con eventos extremos, con la liberación de virus, algunos misteriosos, el virus X, diez veces más letal que el coronavirus, cubriendo todo el planeta. Ha vuelto   obsoletas las fronteras entre las naciones y afectado peligrosamente a toda la humanidad.

Últimamente el cambio climático  parece haber alcanzado un punto irreversible. La Tierra ha cambiado debido a las prácticas irresponsables (antropoceno) de los que toman las decisiones políticas, controlan el curso mundial de los capitales y de las finanzas y persisten en la devastación de la naturaleza. Sería injusto atribuir simplemente ese cambio climático a la actividad de las grandes mayorías empobrecidas que, comparadas con las citadas, poco contribuyen. Estamos presenciando a nivel mundial los efectos deletéreos de esos cambios: los eventos extremos. La ciencia y la técnica ya no podrán revertir esta mutación, solo advertir la llegada de los eventos amenazadores (inundaciones, vendavales, tsunamis, sequías  prolongadas y nevadas aterradoras) y aminorar sus efectos dañinos.

Ahora podemos responder: ¿por qué hemos llegado adonde estamos? Porque desde hace ya tres siglos, los países dominantes  situados en el Norte Global decidieron habitar de esta forma peligrosa y devastadora la única Casa Común que tenemos. Impusieron a todo el mundo su modo de vivir, de producir, de competir y de consumir. No se nos ve como ciudadanos sino como clientes y consumidores.

Actualmente, debido al acúmulo de crisis planetarias y a nuestra capacidad de autodestruirnos con armas atómicas, hemos llegado a un punto en el que el retorno se vuelve prácticamente imposible. De seguir por el camino inaugurado hace siglos, vamos camino de nuestra  propia sepultura.

Estoy de acuerdo con el viejo Martin Heidegger: “Sólo un Dios nos podrá salvar”.

*Leonardo Boff ha escrito La búsqueda de la justa medida: como equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2013; Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía 2010.

Por que chegamos aonde chegamos: os riscos planetários

                             Leonardo Boff

Há ninguém passa pela cabeça que a situação mundial seja boa. O que assistimos pela midia digital/social são cenas de guerra, crianças inocentes sendo assassinadas pela fúria dos ataques contra o Hamas, sacrificando ilegitimamente todo um povo de palestinos da Faixa de Gaza, a guerra entre a Rússia e a Ucrânia que dura já três anos e outros 18 lugares de violência e crimes de guerra na África e alhures.

Segundo a famosa ONG Oxfam, em 2024, se considerarmos a fortuna pessoal dos 36 indivíduos mais ricos do mundo,  ela equivale  à renda de mais da metade da humanidade, concretamente, dos 4,7 bilhões de pessoas. No Brasil os 3.390 mais ricos (0.0016%) detêm 16% de toda a riqueza do país, mais do que 182 milhões de brasileiros (85% da população).

 A mesma fonte nos afirma que a cada cinco segundos, uma criança com menos de dez anos morre de fome ou de suas consequências  mais imediatas. Quem não se comove, em sua humanidade mínima, com tais cenas dramáticas, verdadeiras tragédias humanas? Parece que tocamos nos limites do final dos tempos. São cenas que poderiam estar no livro do Apocalipse.

Para enterdermos a crise atual, devemos retrocer ao século XVII/XVIII com o advento do paradigma da modernidade.Os pais fundadores, Francis Bacon e especiamente René Descartes e outros romperam com uma larga tradição da humanidade. Esta entendia a natureza, a Terra e o próprio cosmos como algo vivo  e carregado de propósito.

Eis que surge Descartes e introduz um dualismo fundamental com graves consequências históricas. Ele distinguiu a res cogitans, o ser pensamente e portador de espírito, da res extensa coisa extensa e material, os demais seres. O único portador do espírito, res cogitans, é o ser humano. A res extensa, os demais seres agem mecanicamente e sem um sentido manifesto. Com isso ele introduziu, por um lado um severo antropocentrismo e por outro um crasso materialismo. A Terra e a natureza só tem algum sentido na medida em que se ordenam ao ser humano que as trata ao seu bel-prazer. Essa concepção materialista do mundo não humano abriu espaço para todo tipo de uso e abuso e da própria  investigação científica, sem qualquer preocupação ética das consequências que daí se poderiam derivar.

Daí nasceram todas as ciências modernas e sua aplicação prática numa operação técnica. A tecno-ciência foi o grande instrumento a serviço dos únicos portadores do espírito, os seres humanos – separados na  natureza e “donos e senhores” dela (Descartes), transformados depois em colonizadores, escravocratas e sistemáticos devastadores da natureza. A ciência não foi posta a serviço da vida mas da dominação dos outros e da natureza.

Desde dualismo inicial surgiram outros dualismos: espírito e matéria, cultura e natureza, civilizado e selvagem, idealismo e materialismo  que dilaceram a experiência humana. Perdeu-se uma visão de totalidade.

Com estes pressupostos  projetou-se a arquitetônica do saber atomizado, sem relação de um com outros saberes,a ponto de sabermos cada vez mais sobre cada vez menos.

Indubitavelmente, este paradigma da modernidade trouxe grandes vantagens para todos os âmbitos da vida humana, tornando-a menos penosa, refinando os meios de cura, criando os instrumentos de locomoção, as grandes avenidas de comunicação digital e nos levou até o espaço exterior, para a Lua e Marte e para o mais distante no universo, já fora do sistema solar.

Esse paradigma se concentra no reino dos meios sem raramente (ou nunca coletivamente) definir os fins para os quais os meios devem servir. O capitalismo entendeu bem a questão e definiu-lhe um fim: um crescimento ilimitado através da acumulação  individual de riqueza, na lógica de uma competição maior possível, explorando o mais que pode os recursos da natureza no falso pressuposto de que a Terra também possuí recursos ilimitados.

A partir de 1972 com o documento Os limites do crescimento, a consciência coletiva despertou para o fato dos limites da Terra e de sua incapacidade de suportar um projeto ilimitado. O grande sistema de produção não deu nunca muita importância a tal fato. O decisivo é garantir os ganhos e a riqueza.

O empreendedores e os grandes conglomerados econômicos e financeiros estão pondo  sua confiança na onipotência da tecno-ciência que seria capaz de dar uma solução a todos os problemas. Essa foi e continua sendo a sua grande ilusão. Seu sistema econômico-financeiro,mundialmente integrado, está de tal forma azeitado que lhe faltam condições e vontade de parar. Parar seria abandonar seu fim, a acumulação ilimitada, mudar de relação de exploração para uma relação amigável para com a natureza, vale dizer, implicaria negar-se a si mesmo. Agora está ficando claro que o sistema mundial está agônico,dadas as mudanças da face da Terra.

Face à voracidade do sistema mundial de exploração/devastação da natureza, a Terra viva reagiu de várias formas: com eventos extremos, com a liberação de vírus, alguns misteriosos, o vírus X, dez vezes mais letais que o Coronavírus, cobrindo toda o planeta. Tornou obseletos os limites entre as nações e afetou perigosamente a  inteira humanidade.

Ultimamente a mundança climática parece ter alcançado um ponto irreversível. A Terra mudou devido às práticas irresponsáveis (antropoceno) dos que detém as decisões políticas, controlam o curso mundial dos capitais e das finanças e persistem na devastação da natureza. Seria injusto atribuir simplesmente essa mudança climática à atividade das grandes maiorias empobrecidas que, comparadas com as citadas, pouco contribuem. Estamos mundialmente assistindo os efeitos deletérios dessas mudanças: os eventos extremos. A ciência e a técnica não poderão mais reverter esta mutação, apenas advertir da chegada dos eventos ameaçadores (enchentes, vendavais, tsunamis, estiagens prolongadas e aterradoras nevascas) e minorar seus efeitos danosos.

Agora podemos responder: por que chegamos aonde chegamos? Porque já há três séculos, os países dominantes,  situados no Norte Global,decidiram habitar desta forma perigosa e devastadora a única Casa Comum que temos. Impuseram a todo mundo seu modo de viver, de produzir,de concorrer e de consumir. Não somos vistos como cidadãos mas com clientes e consumidores.

Agora chegamos ao momento em que, devido ao acúmulo de crises planetárias e à nossa capacidade de nos autodestruir com armas atômicas atingimos um ponto em que o retorno se torna praticamente impossível. A seguir o caminho inaugurado há séculos, estamos a caminho de nossa própria sepultura.

Concordo com o velho Martin Heidegger: “Só um Deus nos poderá salvar”.

Leonardo Boff escreveu A busca da justa medida: com equilibrar o planeta Terra, Vozes 2013;Cuidar da Terra-proteger a vida: como escapar do fim do mundo, Record, 2010.

Warum wir dort sind, wo wir sind: planetarische Risiken

Leonardo Boff

 Niemand kann glauben, dass die Weltlage gut ist. Was wir in den digitalen/sozialen Medien sehen, sind Szenen des Krieges, unschuldige Kinder, die durch die Wut der Angriffe gegen die Hamas ermordet werden, die unrechtmäßige Opferung eines ganzen palästinensischen Volkes im Gazastreifen, der seit drei Jahren andauernde Krieg zwischen Russland und der Ukraine und 18 weitere Orte der Gewalt und Kriegsverbrechen in Afrika und anderswo.

Nach Angaben der renommierten Nichtregierungsorganisation Oxfam,2024, wird das Privatvermögen der 36 reichsten Personen der Welt im Jahr 2024 dem Einkommen von mehr als der Hälfte der Menschheit, nämlich 4,7 Milliarden Menschen, entsprechen. In Brasilien besitzen die reichsten 3.390 Personen (0,0016 %) 16 % des gesamten Reichtums des Landes, mehr als 182 Millionen Brasilianer (85 % der Bevölkerung).

Aus der gleichen Quelle erfahren wir, dass alle fünf Sekunden ein Kind unter zehn Jahren an Hunger oder seinen unmittelbaren Folgen stirbt. Wer ist nicht in seiner minimalen Menschlichkeit von solchen dramatischen Szenen, von wahren menschlichen Tragödien, berührt? Wir scheinen die Grenzen der Endzeit erreicht zu haben. Es sind Szenen, die im Buch der Offenbarung stehen könnten.

Um die gegenwärtige Krise zu verstehen, müssen wir ins 17./18. Jahrhundert zurückgehen, als das Paradigma der Moderne aufkam. Die Gründerväter, Francis Bacon und insbesondere René Descartes und andere, brachen mit einer langen Tradition der Menschheit. Letztere verstanden die Natur, die Erde und den Kosmos selbst als etwas Lebendiges und Sinnvolles.

Dann kam Descartes und führte einen grundlegenden Dualismus mit schwerwiegenden historischen Folgen ein. Er unterschied die res cogitans, das denkende und geisttragende Wesen, von der res extensa, dem extensiven und materiellen Ding, den anderen Wesen. Einziger Träger des Geistes, res cogitans, ist der Mensch. Die res extensa, die anderen Wesen, handeln mechanisch und ohne erkennbaren Sinn. Damit führte er einerseits einen strengen Anthropozentrismus und andererseits einen groben Materialismus ein. Die Erde und die Natur haben nur insofern einen Sinn, als sie dem Menschen geordnet sind, der sie nach Belieben behandelt. Diese materialistische Auffassung von der nicht-menschlichen Welt hat Raum für alle Arten von Nutzung und Missbrauch und für die wissenschaftliche Forschung selbst eröffnet, ohne ethische Bedenken hinsichtlich der Folgen, die sich daraus ergeben könnten.

Daraus entstanden alle modernen Wissenschaften und ihre praktische Anwendung in einem technischen Betrieb. Die Technowissenschaft war das große Instrument im Dienste der einzigen Träger des Geistes, der Menschen, die in der Natur getrennt und “Herren und Herrinnen” (Descartes) über sie waren und dann zu Kolonisatoren, Sklavenhaltern und systematischen Zerstörern der Natur wurden. Die Wissenschaft wurde nicht in den Dienst des Lebens gestellt, sondern in den der Beherrschung der anderen und der Natur.

Aus diesem anfänglichen Dualismus haben sich andere Dualismen entwickelt: Geist und Materie, Kultur und Natur, zivilisiert und wild, Idealismus und Materialismus, die die menschliche Erfahrung auseinandergerissen haben. Die Vision der Totalität ist verloren gegangen.

Mit diesen Voraussetzungen wurde die Architektur des atomisierten Wissens entworfen, in der es keine Beziehung zwischen den einzelnen Erkenntnissen gibt, so dass wir immer mehr über immer weniger wissen.

Zweifellos hat dieses Paradigma der Moderne allen Bereichen des menschlichen Lebens große Vorteile gebracht: Es hat die Schmerzen gelindert, die Mittel zur Heilung verfeinert, die Instrumente zur Fortbewegung und die großen Wege der digitalen Kommunikation geschaffen und uns in den Weltraum gebracht, zum Mond und zum Mars und in die entferntesten Winkel des Universums, bereits außerhalb des Sonnensystems.

Dieses Paradigma konzentriert sich auf den Bereich der Mittel, ohne dass selten (oder nie kollektiv) der Zweck definiert wird, dem die Mittel dienen sollen. Der Kapitalismus hat das Problem gut verstanden und ein Ziel dafür definiert: unbegrenztes Wachstum durch die individuelle Anhäufung von Reichtum, in der Logik des größtmöglichen Wettbewerbs, wobei die Ressourcen der Natur so weit wie möglich ausgebeutet werden, in der falschen Annahme, dass die Erde ebenfalls unbegrenzte Ressourcen hat.

Ab 1972, mit dem Dokument Die Grenzen des Wachstums, wurde das kollektive Bewusstsein für die Grenzen der Erde und ihre Unfähigkeit, ein unbegrenztes Projekt zu unterstützen, geweckt. Das große Produktionssystem hat dieser Tatsache nie viel Aufmerksamkeit geschenkt. Das Entscheidende ist, Profite und Reichtum zu garantieren.

Unternehmer und große Wirtschafts- und Finanzkonglomerate vertrauen auf die Allmacht der Wissenschaft, die für alle Probleme eine Lösung bereithält. Dies war und ist ihre große Illusion. Ihr global integriertes Wirtschafts- und Finanzsystem ist so gut geölt, dass es weder die Voraussetzungen noch den Willen hat, damit aufzuhören. Aufzuhören hieße, sein Ziel, die unbegrenzte Akkumulation, aufzugeben, von einem Verhältnis der Ausbeutung zu einem naturfreundlichen zu wechseln, mit anderen Worten, sich selbst zu verleugnen. Es wird jetzt deutlich, dass das Weltsystem angesichts der Veränderungen im Gesicht der Erde in Agonie ist.

Angesichts der Ungeheuerlichkeit des globalen Systems der Ausbeutung/Verwüstung der Natur hat die lebendige Erde auf verschiedene Weise reagiert: mit extremen Ereignissen, mit der Freisetzung von Viren, von denen einige mysteriös sind, wie das X-Virus, das zehnmal tödlicher ist als das Coronavirus und den gesamten Planeten bedeckt. Es hat die Grenzen zwischen den Nationen verwischt und die gesamte Menschheit auf gefährliche Weise in Mitleidenschaft gezogen.

In letzter Zeit scheint der Klimawandel einen unumkehrbaren Punkt erreicht zu haben. Die Erde hat sich aufgrund der unverantwortlichen Praktiken (Anthropozän) derjenigen verändert, die politische Entscheidungen treffen, die globalen Kapital- und Finanzströme kontrollieren und die Natur immer weiter zerstören. Es wäre ungerecht, diesen Klimawandel einfach den Aktivitäten der großen verarmten Mehrheiten zuzuschreiben, die im Vergleich zu den oben Genannten wenig dazu beitragen. Wir erleben die schädlichen Auswirkungen dieser Veränderungen weltweit: extreme Ereignisse. Wissenschaft und Technik werden nicht mehr in der Lage sein, diese Veränderung rückgängig zu machen, sondern nur noch vor bedrohlichen Ereignissen (Überschwemmungen, Stürme, Tsunamis, langanhaltende Dürren und furchterregende Schneestürme) zu warnen und ihre schädlichen Auswirkungen zu minimieren.

Jetzt können wir die Frage beantworten: Warum sind wir da, wo wir sind? Weil die dominierenden Länder des globalen Nordens vor drei Jahrhunderten beschlossen haben, die einzige gemeinsame Heimat, die wir haben, auf diese gefährliche und verheerende Weise zu bewohnen. Sie haben ihre Art zu leben, zu produzieren, zu konkurrieren und zu konsumieren allen aufgezwungen. Wir werden nicht als Bürger betrachtet, sondern als Kunden und Verbraucher.

Wir sind jetzt an einem Punkt angelangt, an dem wir aufgrund der Häufung planetarischer Krisen und unserer Fähigkeit zur Selbstzerstörung mit Atomwaffen einen Punkt erreicht haben, an dem eine Rückkehr praktisch unmöglich ist. Wenn wir den vor Jahrhunderten eingeschlagenen Weg weitergehen, sind wir auf dem Weg in unser eigenes Grab.

Ich stimme dem alten Martin Heidegger zu: “Nur ein Gott kann uns retten”.

Leonardo Boff Autor von: A busca da justa medida: com equilibrar o planeta Terra, Vozes 2013;Cuidar da Terra-proteger a vida: como escapar do fim do mundo, Record, 2010.

Übersetzt von Bettina Goldhartnack

Tirare il freno di sicurezza: vista la gravità della crisi attuale

       Leonardo Boff

Ci troviamo nel cuore di una crisi spaventosa e diffusa nel modo in cui abitiamo e ci relazioniamo con il nostro pianeta, devastato e attraversato da guerre di grande distruzione e guidato dall’odio razziale e ideologico. Inoltre, l’era della ragione scientifica ha creato l’irrazionalità del principio di autodistruzione: possiamo porre fine, con armi già costruite, alla nostra vita e a gran parte, se non all’intera, biosfera.

Non sono pochi gli analisti della situazione mondiale che ci mettono in guardia sul possibile utilizzo di tali armi di distruzione di massa. Il motivo di fondo sarebbe la disputa su chi comanda sull’umanità e chi ha l’ultima parola. Ha a che fare con il confronto tra l’uni-polarità sostenuta dagli Stati Uniti e la multi-polarità richiesta dalla Cina, dalla Russia e, infine, dal gruppo di paesi che formano i BRICS. Se ci fosse una guerra nucleare, in questo caso, si realizzerebbe la formula: 1+1=0: una potenza nucleare distruggerebbe l’altra e insieme annienterebbero l’umanità e una parte sostanziale della vita.

Date queste circostanze, ci troviamo a dover tirare il freno di sicurezza sul treno della vita, perché, senza freni si può precipitare in un abisso. Temiamo che questo freno sia già ossidato e reso inutilizzabile. Possiamo uscire da questa minaccia? Dobbiamo provarci, secondo il detto di Don Chisciotte: “prima di accettare la sconfitta, dobbiamo combattere tutte le battaglie”. E noi lo faremo.

Utilizzo due categorie per chiarire meglio la nostra situazione. Uno del teologo e filosofo danese Soren Kierkegaard (1813-1885), l’angoscia, e un’altra del teologo e filosofo tedesco, illustre discepolo di Martin Heideger, Hans Jonas (1903-1993), la paura.

L’angoscia (“Il concetto di angoscia”, SE 2018) per Kierkegaard non è solo un fenomeno psicologico, ma un dato oggettivo dell’esistenza umana. Per lui pastore e teologo, oltre che esimio filosofo, sarebbe l’angoscia di fronte alla perdizione o alla salvezza eterna. Ma è applicabile alla vita umana. Questa si presenta fragile e soggetta a morire in qualsiasi istante. L’angoscia non lascia la persona inerte, ma la spinge continuamente a creare le condizioni per salvaguardare la vita.

Oggi dobbiamo alimentare questo tipo di angoscia esistenziale di fronte alle minacce oggettive che gravano sul nostro destino e che possono essere fatali. È qualcosa di sano, che appartiene alla vita e non qualcosa di malsano da curare psichiatricamente.

Hans Jonas nel suo libro “Il principio di responsabilità” (Einaudi, Torino 2009) analizza la paura di trovarci sull’orlo del baratro e di precipitarvi fatalmente. Siamo in una situazione di non ritorno. Non si tratta più di un’etica del progresso o del miglioramento. Ma della prevenzione della vita contro le minacce che possono portarci alla morte. La paura qui è salutare e salvifica, poiché ci obbliga a un’etica della responsabilità collettiva, nel senso che tutti debbano contribuire alla preservazione della vita umana sulla Terra.

La situazione attuale a livello planetario è fuori dal controllo umano. Abbiamo creato un’Intelligenza Artificiale Autonoma che già è indipendente dalle nostre decisioni. Chi, con i suoi miliardi e miliardi di algoritmi, gli impedisce di scegliere di distruggere l’umanità?

In primo luogo, abbiamo un compito da svolgere: dobbiamo assumerci la responsabilità del danno che stiamo visibilmente causando al sistema-vita e al sistema-Terra, senza capacità di impedirlo o fermarlo, ma solo mitigandone gli effetti dannosi. Il sistema energivoro di produzione globale è così ben oliato che non può né vuole fermarsi. Non rinuncia ai suoi mantra fondamentali: aumento illimitato del profitto individuale, concorrenza feroce e super-sfruttamento delle risorse della natura.

Inoltre, è importante responsabilizzarci anche per il male che, in passato, non abbiamo saputo evitare fisicamente e spiritualmente e le cui conseguenze sono diventate inevitabili, come quelle che stiamo subendo come il crescente riscaldamento del pianeta e l’erosione della biodiversità.

La paura che ci attanaglia riguarda il futuro della vita e la garanzia che possiamo ancora sopravvivere su questo pianeta. Alla luce di questo desiderato Jonas formulò un imperativo etico categorico:

Agisci affinché gli effetti della tua azione siano compatibili con la permanenza di un’autentica vita umana sulla Terra; oppure, espresso negativamente: agisci in modo che gli effetti della tua azione non siano distruttivi per la possibilità futura di una tale vita; o, semplicemente, non mettere in pericolo la continuità indefinita dellumanità sulla Terra” (Op.cit. 2009). Noi aggiungeremmo: “non mettere in pericolo la continuità indefinita di ogni forma di vita, della biodiversità, della natura e della Madre Terra”.

Queste riflessioni ci aiutano ad alimentare una certa speranza nella capacità degli esseri umani di cambiare, poiché dispongono di libero arbitrio e flessibilità.

Ma poiché il rischio è globale, si impone un’istanza globale e plurale (rappresentanti dei popoli, delle religioni, delle università, dei popoli originari, della saggezza popolare) per trovare una soluzione globale. Per questo dobbiamo rinunciare al nazionalismo e ai confini obsoleti tra le nazioni.

Come si può osservare, le varie guerre che si svolgono oggi riguardano i confini tra le nazioni, l’affermazione dei nazionalismi e la crescente ondata di conservatorismo e di politiche di estrema destra allontanano questa idea di un centro collettivo per il bene di tutta l’umanità.

Dobbiamo riconoscere: questi conflitti sui confini tra le nazioni, sono dissociati dalla nuova fase della Terra, divenuta Casa Comune, e rappresentano movimenti regressivi e contrari al corso irresistibile della storia che unifica sempre più il destino umano con il destino del pianeta vivente.

Siamo una Terra sola e un’Umanità sola da salvare. E con urgenza poiché il tempo corre contro di noi. Cambiamo mentalità e le nostre pratiche.

Leonardo Boff ha scritto Habitar a Terra, Vozes 2022;Roma 2022; Terra madura: uma teologia da vida, Planeta 2023.



































































































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       Leonardo Boff

 

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autodistruzione: possiamo porre fine, con armi già costruite, all
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Non sono pochi gli
analisti della situazione mondiale che ci mettono in guardia sul possibile
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parola. Ha a che fare con il confronto tra l
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a dagli Stati Uniti e la multi-polarità richiesta dalla
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realizzerebbe la formula: 1+1=0: una potenza nucleare distruggerebbe l’altra e
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annienterebbero l’umanità e una
parte sostanziale della vita.

 

Date
queste circostanze
, ci troviamo a dover
tirare il freno di sicurezza sul treno della vita, perch
é,
se
nza freni si può
precipitare in un abisso. Temiamo che questo freno sia già ossidato e reso
inutilizzabile. Possiamo uscire da questa minaccia? Dobbiamo provarci,
secondo il detto di Don Chisciotte: prima di accettare la sconfitta,
dobbiamo combattere
tutte le battaglie”.
E noi
lo faremo.

 

Utilizzo
due categorie per chiarire meglio la nostra situazione. Uno del teologo e
filosofo danese Soren Kierkegaard (1813-1885), l’
angoscia, e unaltra
del teologo e filosofo tedesco, illustre discepolo di Martin Heideger, Hans
Jonas (1903-1993), la
paura.

 

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(
Il
concetto di angoscia
, SE
201
8) per Kierkegaard non è solo un
fenomeno psicologico, ma un
dato oggettivo
dell
esistenza umana. Per lui pastore e
teologo, oltre che
esimio filosofo, sarebbe
l
angoscia di fronte alla perdizione o
alla salvezza eterna. Ma è applicabile alla vita umana.
Questa si presenta fragile e soggetta
a morire
in qualsiasi istante. Langoscia
non lascia la persona inerte, ma la spinge continuamente a creare le condizioni
per salvaguardare la vita.

 

Oggi
dobbiamo alimentare questo tipo di
angoscia esistenziale di fronte alle minacce oggettive che
gravano sul nostro destino e che possono essere fatali. È qualcosa di sano, che
appartiene alla vita e non qualcosa di malsano da curare psichiatricamente.

 

Hans
Jonas nel suo libro
Il principio di responsabilità
(
Einaudi, Torino 2009)
analizza la
paura di trovarci
sull’orlo del baratro e di precipitarvi fatalmente
.
Siamo in una situazione di non ritorno. Non si tratta
più
di unetica
del progresso o del miglioramento. Ma
della
prevenzione della vita contro le minacce che possono portarci
alla
morte. La paura qui è salutare e salvifica, poich
é ci
obbliga a unetica
d
ella responsabilità collettiva,
nel senso che tutti
debbano contribuire alla
preservazione della vita umana sulla Terra.

 

La
situazione attuale a livello planetario è fuori dal controllo umano
. Abbiamo
creato un
Intelligenza
Artificiale Autonoma che già
è indipendente dalle nostre decisioni. Chi, con i suoi miliardi e miliardi di
algoritmi,
gli impedisce di scegliere di distruggere lumanità?

 

In
primo luogo, abbiamo un compito da svolgere: dobbiamo assumerci la
responsabilità del danno che stiamo visibilmente causando al sistema
vita
e al sistema
Terra, senza capacità di impedirlo
o fermarlo, ma solo mitigandone gli effetti dannosi. Il sistema energivoro di
produzione globale è così ben oliato che non può n
é vuole
fermarsi. Non rinuncia ai suoi mantra fondamentali: aumento illimitato del
profitto individuale, concorrenza feroce e
super-sfruttamento
delle risorse della natura.

 

Inoltre,
è
importante responsabilizzarci anche per il
male che
, in passato, non abbiamo saputo evitare fisicamente e
spiritualmente e le cui conseguenze sono diventate inevitabili, come quelle che
stiamo subendo come il crescente riscaldamento del pianeta e l
erosione
della biodiversità.

 

La
paura che ci attanaglia riguarda il futuro della vita e la garanzia che
possiamo ancora sopravvivere su questo pianeta. Alla luce di questo
desiderato Jonas formulò un imperativo etico categorico:

 

Agisci affinché gli effetti della tua azione siano compatibili con la permanenza di un’autentica
vita umana sulla Terra;
oppure, espresso negativamente: agisci in modo che gli effetti della tua azione non
siano distruttivi per la possibilità futura di
una tale vita; o, semplicemente, non mettere in pericolo
la continuità indefinita dell
umanità sulla Terra” (Op.cit. 2009).
Noi aggiungeremmo: non mettere in pericolo la continuità indefinita di ogni forma di vita, della biodiversità,
della natura e della Madre Terra
”.

 

Queste
riflessioni ci aiutano ad alimentare una certa speranza nella capacità degli
esseri umani di cambiare, poich
é dispongono
di libero arbitrio e flessibilità.

 

Ma
poich
é il rischio è globale, si impone un’istanza globale e
plurale (rappresentanti dei popoli, delle religioni, delle università, dei
popoli
originari, della saggezza popolare) per trovare una
soluzione globale.
Per questo dobbiamo
rinunciare al nazionalismo e ai confini obsoleti tra le nazioni.

 

Come
si può
osservare, le varie guerre che si svolgono oggi
riguardano i confini tra le nazioni, l
affermazione
de
i nazionalismi e la crescente
ondata di conservatorismo e di politiche di estrema destra allontanano questa
idea di un centro collettivo per il bene di tutta l
umanità.

 

Dobbiamo
riconoscere: questi conflitti sui
confini tra le
nazioni
, sono dissociati dalla
nuova fase della Terra, divenuta Casa Comune, e rappresentano movimenti
regressivi
e contrari al corso irresistibile della
storia che unifica sempre più il destino umano con il destino del pianeta
vivente.

 

Siamo
una Terra
sola e un’Umanità sola da
salvare. E con urgenza p
oiché il
tempo corre contro di noi. Cambiamo mentalità e
le nostre pratiche.

 

 

Leonardo
Boff ha scritto
Habitar a Terra, Vozes 2022; Terra madura: uma
teologia da vida
, Planeta 2023.