Para poner fin a la guerra en Ucrania, debemos saber cómo prevenir nuevas guerras

08.03.22 en Pressensa

Riccardo Petrella é um dos maiores cientistas sociais e analistas, grande promotor de um pacto social mundial ao redor do tema da Água. Suas reflexões equilibradas e sensatas nos ajudam a entender o que está em jogo na guerra na Ucrânia.

***********************

Hay que imponer un alto el fuego inmediato en Ucrania. Armar a Ucrania y adoptar las duras sanciones anunciadas contra Rusia no hacen sino acentuar y exacerbar la guerra. No son la solución para la paz y para «liberar» a los ucranianos, sino, sobre todo, el instrumento para la derrota, o incluso la muerte de Rusia por asfixia económica y, secundariamente, para someter el futuro de los ucranianos a los intereses de Estados Unidos y de las «potencias» europeas occidentales. En la actual escalada, no son los colores del arco iris, sino las setas nucleares las que están en el horizonte. Qué absurdo.

Es bien sabido que la guerra en Ucrania -el país donde nació Rusia, el Estado de Rusia- no es principalmente una guerra entre rusos y ucranianos. Se trata de una distorsión de la historia actual propagada en particular por quienes, empezando por Estados Unidos y los dirigentes de los países de la OTAN, provocaron la inaceptable invasión de Ucrania por parte de Rusia y son corresponsables de ella con Rusia. ¿Por qué? Tratemos de entenderlo.

La guerra en Ucrania es el resultado, entre otros, de dos grandes factores de oposición y conflicto entre países y grupos sociales dominantes en todo el mundo. Mientras no se eliminen estos dos factores, habrá «como mucho» suspensiones temporales de guerras mundiales «localizadas», que terminarán aquí con la «victoria» de unos y allí con la «victoria» de otros. Las víctimas seguirán siendo los habitantes de la Tierra, todas las especies incluidas. La autodestrucción de la humanidad seguirá siendo una amenaza en el horizonte.

Primer factor. La guerra de supervivencia entre dos potencias mundiales antaño fuertes e indiscutibles, pero en crisis y cada vez más debilitadas.

La «guerra en Ucrania» forma parte de la nueva fase de la guerra entre Estados Unidos y Rusia desde el colapso y desaparición de la URSS en 1989 y el fin de la Guerra Fría Este/Oeste. Por un lado, se trata de la guerra que los grupos sociales dominantes en Estados Unidos (y, bajo su impulso/imposición, en los países de la OTAN) han librado contra Rusia durante los últimos treinta años para debilitar su poder político, económico y militar, aprovechando la grave crisis de régimen en la que había caído el país en 1989. Es una de las guerras que libra Estados Unidos para mantener su lugar como primera potencia mundial frente a los factores de erosión y debilitamiento que han contribuido al regreso con fuerza en Estados Unidos del «pueblo americano» conquistador, nacionalista y racista, del que Trump se ha convertido en el campeón más convencido.

Por otra parte, es la guerra tanto de resistencia contra la supremacía de Estados Unidos, como de ataque, a favor del restablecimiento del poder perdido por el colapso de la URSS, que los grupos sociales dominantes en Rusia han llevado a cabo: a) a nivel internacional, en un contexto de creciente debilidad frente a su enemigo de la Guerra Fría, y b) a nivel continental en el Este y el Oeste de la Rusia actual frente a los países/estados que se han independizado y son hostiles a Rusia. Para Putin en particular, el recuerdo y la fascinación del poder de Rusia en el pasado, incluyendo el período de la URSS, han sido y son para la mayoría de los actuales líderes rusos fuentes de inspiración para su estrategia de poder bélico y despótico.

Sin embargo, Mijail Gorbachov (*) había sido claro, sincero y por encima incluso de los intereses de poder directos de Rusia, en un mensaje oral público a Estados Unidos (y a sus oponentes rusos) unos meses antes de la reunificación alemana en 1990. Les advirtió que no cometieran el error de considerar la desaparición de la URSS como una victoria de los Estados Unidos y del sistema capitalista de mercado. La URSS, insistió, se había derrumbado por razones estructurales internas, porque su sistema había demostrado ser ineficiente, injusto e insostenible. Por ello insistió en que debe darse prioridad a la construcción de un nuevo sistema de seguridad económica y política europea que garantice unas relaciones pacíficas Este-Oeste entre todos los pueblos europeos. Así, retomó una propuesta anterior que había hecho a Estados Unidos para el desmantelamiento coordinado de las armas nucleares. La propuesta fue rechazada por Estados Unidos, que sólo estaba a favor de una reducción del número de misiles nucleares, por lo que Gorbachov contestó: «De acuerdo, entonces conservo la capacidad de destruiros no 6.000 veces, sino 3.000 veces».

Conocemos la historia. Estados Unidos y los países europeos (así como la Rusia de Putin) no hicieron ningún caso al mensaje de Gorbachov. Estados Unidos hizo todo lo posible por reforzar su control militar de Europa (para ellos, esto es la «seguridad europea») y, para ello y con el acuerdo y la sumisión de los aliados europeos, ampliarlo geopolíticamente integrando en la OTAN a todos los países con fronteras europeas con Rusia (excluyendo a Bielorrusia). La historia de esta prórroga, hecha de tratados y acuerdos incumplidos y de promesas incumplidas, especialmente por parte de Estados Unidos y, «por alianza», de los europeos, está bien resumida en un largo y riguroso artículo de Hall Gardner, profesor de la Universidad Americana de París, publicado en Other News el 25 de febrero pasado.

Persiguiendo frente a un «enemigo» considerado sistémico, su estrategia de dominación de todos los tiempos La paz a través del poder, Estados Unidos ha logrado su objetivo. Ha «ganado». ¿Pero qué han ganado? ¿Qué ha ganado la Unión Europea? Piénsese que esto es el colmo de la hipocresía: para financiar el envío de material de guerra y la ayuda económica a los ucranianos para reforzar su ejército, la Comisión Europea recurrió al Fondo Europeo para la Paz, que cuenta con un presupuesto de 6.000 millones de euros. Sin duda pensó que la paz se podía construir armando a la gente. Al apoyar a Estados Unidos en la ampliación de la OTAN hacia el Este, los europeos han ganado en tener una guerra en casa.

¿Qué han ganado los ucranianos, aparte de aceptar convertirse en una colonia militar de Estados Unidos y, a su vez, de potencias europeas como Francia y, sobre todo, Alemania? Una colonia que, obviamente, no se limitará al ámbito militar, sino que ya es económica y financiera. Lo será aún más en los próximos años. En las condiciones actuales de la UE, la «victoria» de los EE.UU. se traducirá en una sumisión y dependencia cada vez mayor de Ucrania a las normas e intereses de los mercados financieros mundiales y a los imperativos del mercado único europeo. La libertad y la independencia de los ucranianos se convertirán en palabras vacías sin referencias concretas.

En lo que respecta a los rusos, no han ganado nada hasta ahora. Y lo que es peor, los grupos sociales que los dominan salen bien mal parados en todos los sentidos, entre otros, a ojos de una opinión pública occidental y occidentalizada que está fuertemente moldeada y manipulada por el sistema de información global dominado por los medios de comunicación occidentales.

Por el momento, sólo los grupos sociales dominantes en Estados Unidos parecen salir ganando. Sí, han ganado al extender su control militar (y político) a toda Europa (excluyendo a Bielorrusia). Además, están consiguiendo transformar la OTAN en una poderosa estructura militar de orientación global al servicio del mantenimiento del poder de EE.UU. en todo el mundo, también de cara a sus otras guerras, especialmente la nueva guerra contra China (e India). También gracias a una mutación radical del poder militar a través de las nuevas tecnologías de la inteligencia artificial (sistemas de datos, gestión, comunicación y decisión, sistemas de satélites, nuevas energías, redes, plataformas…).

Es en este contexto que debe interpretarse la estrategia de expansión de la OTAN hacia el este. A Estados Unidos no le importa la libertad e independencia de los ucranianos. A Estados Unidos le interesa sobre todo reducir el poder de Rusia. Han ganado en provocar la guerra en Europa, después de Irak, Afganistán, Libia, Siria… entre los casos más recientes. Es increíble, parece una pesadilla, ¡nos hemos enterado de que el gobierno italiano ha anunciado una participación militar en Ucrania!

Esto nos lleva al segundo factor.

Segundo factor. La guerra se ha convertido en una forma de ser del mundo económico, tecno-científico y cultural dominante.

El espíritu de guerra es intrínseco a la economía dominante. La economía de mercado financiarizada nos ha educado para la guerra, para pensar y actuar/participar en las guerras: del petróleo, del trigo, de los ordenadores, de los medios de comunicación, de los contenedores, de las vacunas, de los smartphones, de los coches, del arroz, de los plátanos, de las universidades, de las redes, de las patentes, de la IA, del espacio. La guerra está en nuestras cabezas, en varias formas y palabras: competitividad, rentabilidad, liderazgo, número 1, conquista del mercado, resiliencia, adaptación, innovación….

Desde hace varios años estamos convencidos de que China es ahora el enemigo, nuestro «enemigo sistémico» porque es el nuevo competidor por la supremacía mundial. La pérdida de esta supremacía por parte de Estados Unidos se ve como una terrible amenaza para el futuro, para nuestra libertad. Las catástrofes ecológicas, en particular el clima en ebullición, nos han hecho comprender la fragilidad de la supervivencia y, por tanto, han acentuado esta profunda infiltración de la cultura de la guerra, haciéndonos creer de nuevo en la necesidad de ser los más fuertes, los más resistentes, esta vez a nivel mundial. De ahí el imperativo de dominación mundial que se ha impuesto sobre cualquier visión de cooperación, solidaridad, reparto y ayuda mutua. La guerra ha entrado en nuestras mentes como la lluvia en Noruega.

De ahí las grandes dificultades encontradas, principalmente por culpa de Estados Unidos, para encontrar soluciones globales comunes a las catástrofes ecológicas. De ahí el rechazo de los más fuertes, encabezados por EEUU y la UE, a un plan mundial justo y solidario de lucha contra el Covid-19 basado en vacunas accesibles a todos los habitantes de la Tierra al mismo tiempo, etc.

En este contexto, los millones de «yo» superan a los miles de «nosotros» y los países con poder nuclear creen, sobre todo los más poderosos, que mantener su poder en niveles más altos que los demás es una condición necesaria e indispensable para su supervivencia. Y como el poder militar está cada vez más tecnificado y vinculado al poder financiero para captar la innovación tecnológica mundial y los mercados globales, cualquier pérdida de mercados tecnológicamente valiosos se considera estratégicamente peligrosa para el poder económico y, por tanto, para el poder militar.

En el pasado, eran los militares los que impulsaban la innovación y la tecnología, hoy es al revés, incluso peor: son los imperativos económicos y financieros los que obligan a los militares a producir armas nucleares. La inaceptable expansión de la fuerza militar de la OTAN y la reacción defensiva de Rusia, basada en la seguridad por medios inaceptables, están en línea con esta cultura de guerra generalizada.

¿Qué hacer?

La sabiduría y la preocupación por salvaguardar el futuro pacífico de la humanidad y la supervivencia del mundo nos llevan a dar prioridad a tres líneas de acción, apoyadas por una fuerte movilización ciudadana.

En primer lugar, el cese inmediato de las hostilidades sobre el terreno y dejar que las negociaciones entre rusos y ucranianos decidan qué hacer a continuación. Por lo tanto, la prohibición de acciones como el envío de armas y dinero a los ucranianos o a los rusos; la suspensión inmediata de las sanciones contra Rusia.

Además, un compromiso por parte de la OTAN de detener el proceso de integración de Ucrania en la OTAN (recordemos que los franceses y los alemanes se opusieron a ello a principios de los años 90) y, por parte de Rusia, de abandonar cualquier posibilidad de recurrir a las armas nucleares; la convocatoria de una convención europea para definir un nuevo tratado sobre seguridad europea.

Por último, sentar las bases, basadas en el respeto del actual Tratado de la ONU sobre la prohibición de las armas nucleares, para la redefinición de un Pacto Mundial de Seguridad, en particular mediante aplicaciones muy concretas en los ámbitos de la energía, el agua, las semillas, la salud, el transporte, la información y el conocimiento. Nunca antes la seguridad global, para todos, basada en la responsabilidad común de los bienes esenciales para la vida ha sido tan obvia, necesaria y urgente.

(*) Me permito dedicar estas reflexiones a Mijail Gorbachov, como homenaje a una de las principales figuras políticas del siglo XX, ferviente defensor de las relaciones de confianza y transparencia entre los ciudadanos y de las relaciones pacíficas entre los pueblos, único estadista que, siendo presidente de la URSS, la segunda potencia militar del mundo, se atrevió a proponer oficialmente el desmantelamiento coordinado de las armas nucleares.

*Doctor of Political and Social Sciences, honorary degree from eight universities: in Sweden, Denmark, Belgium (x2), Canada, France (x2), Argentina. Professor emeritus of the Catholic University of Louvain (Belgium); President of the Institut Europeen de Recherche sur la Politique de l’Eau (IERPE) in Brussels (www.ierpe.eu); President of the “University of the Common Good” (UBC), a non-profit association active in Antwerp (Belgium) and Sezano (VR-Italy) From 1978 to 1994 he headed the department FAST, Forecasting and Assessment in Science and Technology at the Commission of the European Communities in Brussels and in 2005-2006 he was President of the Apulian Aqueduct. He is the author of numerous books on economics and common goods.

The Insanity of the Horsemen of the Apocalypse: Russia and USA

The book of Revelation, which narrates the final clashes of our history, between the forces of death and those of life, paints us a horse of fire that symbolizes war: “the rider was given to banish the peace of the earth so that men behead each other”(6,4). The war between Russia and Crimea and the order of the Russian president to keep nuclear weapons on high alert, provoke us to the action of the fire horse, the beheading of humanity, worth say, a human Armageddon.

The severe sanctions imposed by NATO and the USA on the Russian Federation can lead to the collapse of its entire economy. In the face of this national disaster, the possibility that the Russian leader does not accept defeat as if Napoleon (1812) or Hitler (1942) had taken the country, which they failed to do. Then he would carry out the threats and launch a nuclear strike. Only Russia’s arsenal can destroy, several times, all life on the planet. And a strike can damage the entire biosphere without which our life could not survive.

Behind this Russia/Ukraine confrontation hide powerful forces in dispute for world hegemony: Russia, allied with China and the USA. The strategy of the latter is more or less known, guided by two main ideas: “one world and one empire” (the USA), guaranteed by full-spectrum dominance: domination in all fields with 800 military bases distributed around the world, but also with economic, ideological and cultural domination.

Such complete domination would underlie the USA’s claim to be “exceptional”, to be “the indispensable and necessary nation”, the “anchor of global security” or the “only truly world power”. In this imperial will, NATO, behind which the USA stands, expanded to the limits of Russia. All that was needed was the insertion of Ukraine to close the siege. Missiles placed on the Ukrainian border would reach Moscow in minutes.

Hence Russia’s demand for Ukraine to remain neutral, otherwise it would be invaded. This is what happened with the perversities that every war produces. No war is justifiable because it kills human lives and goes against the meaning of things, which is the tendency to persist in existence.

China, in turn, disputes world hegemony not through military means, even in alliance with Russia, but through economic means with its great projects such as the Silk Road. In this field it is surpassing the USA and would reach world hegemony even with a certain ethical ideal, that of creating “a community of common destiny shared by all humanity, with societies sufficiently supplied”.

But I don’t want to prolong this warlike perspective, truly insane to the point of being suicidal. But this confrontation of powers reveals the unawareness of the actors on the screen about the real risks to the planet that, even without nuclear weapons, could endanger human life. It must be said that all arsenals of weapons of mass destruction have proven to be totally useless and ridiculous in the face of a tiny virus like Covid-19.

This war reveals that those responsible for human destiny have not learned the basic lesson of Covid-19. It has not respected national sovereignties and national boundaries, it has affected the entire planet. The epidemic calls for the establishment of global governance in the face of a global problem. The challenge goes beyond national borders, it is to build the Common Home.

They have not realized that the big problem is global warming. We are already in it, since the fatal events of flooding entire regions, typhoons, and shortage of fresh water are visible. We only have 9 years to avoid a situation of no return. If by 2030 we reach 1.5 degrees Celsius of heat, we will be unable to control it and will be heading towards a collapse of the Earth-system and the life-systems.

We have reached the limits of Earth’s sustainability (Earth Overshoo) data show that by September 22, 2020, the non-renewable resources necessary for life will be exhausted.The consumerism that persists demands of Earth what she can no longer give.In response, she sends us deadly viruses, increases warming, destabilizes climates, and decimates thousands of living beings.

Overpopulation associated with a disastrous social inequality, with the vast majority of humanity living in poverty and misery, when 1% of them control 90% of the wealth and essential goods and services, can lead to conflicts with countless victims and the devastation of entire ecosystems.

These are the problems,among others,that should concern the heads of state,the CEOs of large corporations and the citizens,because they directly jeopardize the future of all humanity. In the face of this global risk, a war for zones of influence and obsolete sovereignties is ridiculous.

What gives us hope are those anonymous “Noahs” that are sprouting everywhere, from below, building their saving arks through production that respects the limits of nature, through agro-ecology, through communities of solidarity, through participatory socio-ecological democracies, working from their own territories. They have the strength of the seed of the new, and with a new mind (the Earth as Gaia) and a new heart (a bond of affection and care for nature) they guarantee a new future with the awareness of universal responsibility and global interdependence. Their war is against hunger and the production of death, and their struggle is for justice for all, promotion of life, and defense of the weakest and most destitute.

They are not alone. There are powerful forces with another vision of necessary development and that do not subscribe to capitalist logic but produce in harmony with nature that are bearers of hope for another necessary world.

That is what must be. And what should be, has intrinsically an invincible force.

Leonardo Boff is an eco-theologian, philosopher, and has written Inhabiting the Earth: what is the way to universal brotherhood? Vozes 2021.

La locura de los jinetes del Apocalipsis: USA y RUSIA

El libro del Apocalipsis, que narra los enfrentamientos finales de nuestra historia entre las fuerzas de la muerte y las de la vida, nos pinta un caballo de fuego que simboliza la guerra: “al que lo montaba se le concedió desterrar la paz de la tierra para que los hombres se degollaran unos a otros” (6,4). La guerra entre Rusia y Ucrania y la orden del presidente ruso de mantener las armas nucleares en alerta máxima, nos traen a la mente la acción del caballo de fuego, la destrucción de la humanidad, es decir, un Armagedón humano.

Las durísimas sanciones impuestas por la OTAN y por USA a la Federación Rusa pueden llevar al colapso de toda su economía. Ante este desastre nacional no se puede excluir la posibilidad de que el líder ruso no acepte la derrota como si Napoleón (1812) o Hitler (1942) hubiesen tomado el país, cosa que no consiguieron. Entonces cumpliría las amenazas e iniciaría un ataque nuclear. Sólo el arsenal de Rusia puede destruir varias veces toda la vida del planeta. Y una respuesta puede damnificar toda la biosfera sin la cual nuestra vida no podría continuar.

Detrás de esta confrontación Rusia/Ucrania se ocultan fuerzas poderosas en disputa por la hegemonía mundial: Rusia, aliada a China, y los USA. La estrategia de este último es más o menos conocida, orientada por dos ideas-fuerza: “un mundo y un solo imperio” (USA), garantizado por la full-spectrum dominance: la dominación en todos los campos, con 800 bases militares distribuidas por el mundo, pero también con la dominación económica, ideológica y cultural. Tal dominación completa sería la base de la pretensión de “excepcionalidad” de USA, de ser “la nación indispensable y necesaria”, el “ancla de la seguridad global” o el “único poder” (lonely power) realmente mundial.

En esa voluntad imperial, la OTAN, detrás de la cual está Estados Unidos, se ha extendido hasta los límites de Rusia. Sólo faltaba incluir a Ucrania para cerrar el cerco. Misiles colocados en la frontera ucraniana alcanzarían Moscú en minutos. De ahí se entiende la exigencia de Rusia de mantener la neutralidad de Ucrania o en caso contrario sería invadida. Ha sido lo que ha ocurrido con las perversidades que toda guerra produce. Ninguna guerra es justificable porque asesina vidas humanas y va contra el sentido de las cosas, que es la tendencia a mantenerse en la existencia.

China, a su vez, disputa la hegemonía mundial no por la vía militar, aun siendo aliada de Rusia, sino por la vía económica con sus grandes proyectos, como el de la Ruta de la Seda. En este campo está superando a los USA y podría alcanzar la hegemonía mundial con un cierto ideal ético, el de crear “una comunidad de destino común participado por toda la humanidad, con sociedades suficientemente abastecidas”.

Pero no quiero prolongar esta perspectiva bélica, verdaderamente insana hasta el punto de ser suicida. Esta confrontación de potencias revela la inconsciencia de los actores en cuestión acerca de los peligros reales que pesan sobre el planeta que, incluso sin armas nucleares, pueden poner en peligro la vida humana. Recordemos que todos los arsenales de armas de destrucción masiva se mostraron totalmente inútiles y ridículos frente un pequeñísimo virus como el Covid-19.

Esa guerra revela que los responsables del destino humano no han aprendido la lección básica del Covid-19. Este no ha respetado las soberanías ni los límites nacionales. Ha alcanzado al planeta entero. La epidemia pide la instauración de una gobernanza global para un problema global. El reto va mucho más allá de las fronteras nacionales; es construir la Casa Común.

No se han dado cuenta de que el gran problema es el calentamiento global. Ya estamos dentro de él, los eventos fatales de inundaciones de regiones enteras, de huracanes y de escasez de agua dulce, son visibles. Tenemos solamente 9 años para evitar una situación de no retorno. Si hasta 2030 alcanzamos 1,5°C más de calor, seremos incapaces de controlarlo e iremos en dirección a un colapso del sistema-Tierra y de los sistema-vida.

Hemos llegado a los límites de sostenibilidad de la Tierra. Los datos de la Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshoot) indican que el 22 de septiembre de 2020 se agotaron los recursos anuales no renovables, necesarios para la vida. El consumismo persistente exije de la Tierra lo que ella ya no puede dar. En respuesta, ella nos envía virus letales, aumenta el calentamiento, desestabiliza los climas y destruye millares de seres vivos.

La sobrepoblación mundial asociada a una nefasta desigualdad social, con la gran mayoría de la humanidad viviendo en la pobreza y en la miseria cuando el 1 % de ella controla el 90% de la riqueza y de los bienes y servicios esenciales, pueden conducir a conflictos con incontables víctimas y a la devastación de ecosistemas completos. 

Estos, entre otros, son los problemas que deberían preocupar a los jefes de estado, a los CEOs de las grandes corporaciones y a los ciudadanos, pues son los que ponen directamente en peligro el futuro de toda la humanidad. Ante este peligro global es ridícula una guerra por zonas de influencia y de soberanías ya obsoletas.

Lo que nos causa esperanza son esos “Noés” anónimos que brotan en todas partes, a partir de abajo, construyendo sus arcas salvadoras mediante una producción que respeta los límites de la naturaleza, mediante una agro-ecología, comunidades solidarias y democracias socioecológicas participativas, que trabajan a partir de sus mismos territorios. Poseen la fuerza de la semilla, de lo nuevo, y con una mente nueva (la Tierra como Gaia) y un corazón nuevo (lazo de afecto y de cuidado con la naturaleza) garantizan un nuevo futuro, con la conciencia de una responsabilidad universal y una interdependencia global. La guerra de estos es contra el hambre y lo que produce la muerte, y su lucha es por justicia para todos, promoción de la vida y defensa de los más débiles y desvalidos. Así es como debe ser y lo que debe ser tiene intrínsecamente una fuerza invencible.

*Leonardo Boff es eco-teólogo, filósofo y ha escrito: Habitar la Tierra: ¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

A insanidade dos cavaleiros do Apocalipse: Rússia e USA

O livro do Apocalipse que narra os embates  finais de nossa história,entre as forças da morte e as da vida, nos pinta um cavalo de fogo que simboliza a guerra:”ao cavaleiro foi-lhe dada desterrar a paz da terra para que os homens se degolassem uns aos outros”(6,4).A guerra entre a Rússia e a Crimeia e a ordem do presidente russo de manter as armas nucleares em alerta máximo,nos suscitam a ação do cavalo de fogo, a degola da humanidade,vale dizer, um Armaggedon humano.

As sanções severíssimas impostas pela NATO e pelos USA à Federação Russa podem levar ao colapso toda a sua economia.Face a esse desastre nacional não se pode excluir a possibilidade de que o líder russo, não aceite a derrota como se Napoleão (1812) ou Hitler(1942) tivessem tomado o país, coisa que não conseguiram. Então realizaria as ameaças e iniciaria um ataque nuclear. Só o arsenal da Rússia pode destruir, por várias vezes humana a vida do planeta. E um revide pode danificar toda a biosfera sem a qual a nossa vida não poderia persistir.

Por detrás deste confronto Rússia/Ucrânia se ocultam forças poderosas em disputa pela hegemonia mundial: a Rússia,aliada à China e os USA. A estratégia deste último é mais ou menos conhecida, orientada por duas ideias-força:”um mundo e um só império”(os USA), garantido pela full-spectrum dominance: a dominação em todos os campos com 800 bases militares distribuídas pelo mundo, mas também com a dominação econômica, ideológica e cultural. Tal dominação completa fundaria a pretensão dos USA de sua “excepcionalidade”, de ser “a nação indispensável e necessária”, a”âncora da segurança global” ou o “único poder”(lonely power) realmente mundial.

Nessa vontade imperial, a NATO, por detrás da qual estão USA, se expandiu até os limites da Rússia. Só faltava mesmo inserção da Ucrânia para fechar o cerco. Mísseis colocados na fronteira ucraniana alcançariam Moscou em minutos. Daí se entende a exigência da Rússia da manutenção de neutralidade da Ucrânia, caso contrário seria invadida. Foi o que ocorreu com as perversidades que toda guerra produz. Nenhuma guerra é justificável porque assassina vidas humanas e vai contra o sentido das coisas que é a tendência de permitirem na existência.

A China, por sua vez, disputa a hegemonia mundial não por  via militar, mesmo aliada à Rússia, mas pela via econômica com seus grandes projetos como a Rota da Seda. Neste campo está ultrapassando os USA e alcançaria a hegemonia mundial até com um certo ideal ético, o de criar “uma comunidade de destino comum participado por  toda a humanidade, com sociedades suficientemente abastecidas”.

Mas não quero prolongar esta perspectiva bélica, verdadeiramente insana a ponto de ser suicidaria. Mas esse confronto de potências revela a inconsciência dos atores em tela acerca dos reais riscos que pesam sobre o planeta que, mesmo sem as armas nucleares, poderão pôr em risco a vida humana. Seja dito que todos os arsenais de armas de destruição em massa se mostraram totalmente inúteis e ridículas face a um pequeniníssimo vírus como o Covid-19.

Essa guerra revela que os responsáveis pelo destino humano não aprenderam a lição básica do Covid-19.Ele não respeitou as soberanias e os limites nacionais.Atingiu o inteiro planeta.A epidemia pede a instauração de uma governança global face a um problema global.O desafio vai além das fronteiras nacionais, é construir a Casa Comum.

Não se deram conta de que o grande problema é o aquecimento global. Já estamos dentro dele,pois, os eventos fatais de inundações de regiões inteiras,tufões e escassez de água doce, são visíveis.Temos somente 9 anos para evitar uma situação de não retorno.Se até 2030 atingirmos 1,5 graus Celsus de calor, seremos incapazes de controlá-lo e vamos na direção de um colapso do sistema-Terra e dos sistema-vida.

Encostamos nos limites de sustentabilidade da Terra.Os dados da Sobrecarga da Terra (Earth Overshoot) apontam que no dia 22 de setembro de 2020 esgotaram-se os recursos não renováveis, necessários para a vida.O consumismo que persiste, cobra da Terra o que ela já nã pode dar.Em resposta,ela nos envia vírus letais,aumenta o aquecimento,desestabiliza os climas e dizima milhares de seres vivos.

A superpopulação associada a uma nefasta desigualdade social com a grande maioria da humanidade vivendo na pobreza e na miséria,quando 1% dela controla 90% da riqueza e dos bens e serviços essenciais, podem conduzir a conflitos com incontáveis vítimas e à devastação de  inteiros ecossistemas.

Estes são os problemas,entre outros,que deveriam preocupar os chefes de estado, os CEOs das grandes corporações e os cidadãos, pois eles diretamente colocam em risco o futuro de toda a humanidade. Face a esse risco global é ridícula uma guerra por zonas de influência e de soberanias já obsoletas.

O que nos causa esperança são aqueles “Noés”anônimos que vicejam em todas as partes, a partir de baixo, construindo suas arcas salvadoras mediante uma produção que respeita os limites da natureza,por uma agro ecologia,por comunidades solidárias, por democracias sócio-ecológicas participativas, trabalhando a partir dos próprios territórios. Eles possuem a força da semente do novo e com uma nova mente (a Terra como Gaia) e com um novo coração (laço de afetivo e de cuidado para com a natureza) garantem um novo futuro com a consciência de uma responsabilidade universal e uma interdependência global. A guerra deles é contra a fome e a produção da morte e sua luta é por justiça para todos, promoção da vida e defesa dos mais fracos e desvalidos. Isso é o que deve ser. E o que deve ser, tem intrinsecamente uma força invencível.

Leonardo Boff é eco-teólogo, filósofo e escreveu Habitar a Terra:qual o caminho para a fraternidade universal? Vozes 2021.