LEONARDO BOFF: OCHENTA Y CINCO EN CAMINO

Ecología, ética del cuidado, liberación,espiritualidad

        Carta abierta de Juan José Tamayo a Leonardo Boff con motivo de su 85 cumpleaños

NOTA: Juan José Tamayo é o teólogo da libertação mais eminente na Espanha e o melhor intérprete da teologia da libertação sulamericana. É leigo. É importannte dizê-lo porque,enquanto fora da hierarquia doutrinal eclesiástica, escapa do alcance daquelas instâncias que,normalmente, nada esquecem, tudo cobram e nada perdoam. É professor e diretor de cátedra de teologia e de diálogo interreligoso de uma universidade estatal, Carlos III de Madrid. É seguramente um dos teólogos mais prolíficos da atualidade. Não há tema de relevância social, política, eclesial, ecológica e outras que não tenham sido abordadas por ele. Sempre com farta bibliografia de primeira mão. É analítico e profético. Tornou-se conhecido por sua coragem,mesmo frente à hierarquia eclesiástica e autoridades de estado. Somos amigos de há muitos anos. Conhece com minúcia minha obra e juntos trabalhamos em forums nacionais e internacionais. Agradeço as palavras generosas que usou pelos meus 85 anos, companheiros que sempre fomos, nas tribulações e principalmente na esperança.

“Caminemos juntos, entrañale amigo,comprometidos por una causa invencible, la de la dignidad de los condenados de la Tierra, de su vida y de su futuro, garantizado por Aquel que triunfó sobre todos los mecanismos de dominación y por su resurección, verdadera insurección, mostró el fin bueno de todos los despreciados y crucificados de la história. Gracias. LBOFF

Querido Leonardo

No quiero faltar a la fiesta de tu 85 cumpleaños en esta efemérife. Te escribo para reiterarte mi amistad y mi reconocimiento en este largo caminar ya octogenario. Nos conocimos hace cuarenta y tres años. Fue en Asturias en un Congreso sobre la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla de los Ángeles (México). Muchos han sido desde entonces nuestros encuentros y experiencias compartidas en diferentes lugares del planeta: el Foro Mundial de Teología y Liberación dentro de los Foros Sociales Mundiales (Porto Alegre, Nairobi, Belén de Pará, Senegal…), los Encuentros de Amerindia, la Sociedad de Teología y Ciencias de las Religión (SOTER), la Fundación Valores de Monterrey (México), los Congresos de Teología convocados por la Asociación de Teólogas y teólogos Juan XXIII, la Univeri9dad Carlos III de Madrid, amén de nuestro contacto epistolar permanente y el envío y los comentarios de nuestros artículos. tus prólogos a mis libros y mis reseñas de los tuyos.

Ratzinger: de mecenas a inquisidor

 Las fronteras geográficas nunca han sido obstáculo para nuestra amistad y sintonía. En 1999 mantuvimos una conversación de varios días en Madrid que se plasmó en mi libro Leonardo Boff. Ecología, mística y liberación (Desclée de Brower, Bilbao, 1999), que conserva la misma actualidad de entonces ya que los temas de los que hablamos los abordamos mirando en el futuro. En aquella conversación me contaste -y así lo reflejo en el libro- cómo Joseph Ratzinger pasó de mecenas, que te ayudó económicamente en la edición de su tesis doctoral en alemán, a inquisidor, que te condenó en 1984 imponiéndote un tiempo de silencio, que aceptaste en un gesto de humildad, y en 1992 sometiéndote a varias prohibiciones que suponían una humillación que no estuviste dispuesto a aceptar. Tras la última condena decidiste abandonar la orden franciscana, pero no el espíritu de San Francisco, que mantienes intacto.   

            Antes de la pandemia nos encontramos varias veces en Ciudad de México, Puebla de los Ángeles y Monterrey. Llevamos desde la covid-19 sin vernos. Hoy quiero compensar la distancia física en tan significativa efeméride haciendo un ejercicio de “razón anamnética” de tu vida y pensamiento.  Un hombre mayor con lentes

Descripción generada automáticamente con confianza media

Rigor metodológico y denuncia profética

Durante los ochenta y cinco años de vida has hecho un fecundo itinerario que se bifurca en múltiples sendas: la experiencia religiosa, la teología, la ecología, la política, la academia, el púlpito, la cátedra, la foresta, los foros sociales, los foros mundiales de teología y liberación, los congresos de Amerindia, el acompañamiento a las comunidades eclesiales de base, al MST…

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, decía Antonio Machado. Tú has hecho camino al andar dejando huella por donde has pasado y sigues pasando. Y siempre desde el pensamiento crítico y heterodoxo, desde la experiencia de la ternura, desde la razón del corazón -siguiendo a Pascal, cuyo 4º centenario de su nacimiento celebramos este año-, desde el amor a la Pacha Mama y desde el seguimiento de Jesús de Nazaret, el Cristo Liberador, sobre el que escribiste la primera cristología latinoamericana históricamente significativa en 1972. Luego vendrían otras de colegas y amigos, entre ellas las de Juan Luis Segundo y Jon Sobrino.

“Lo mejor de la religión -escribía Bloch en el frontispicio de su libro El ateísmo en el cristianismo– es que crea herejes”.Creo que tú eres un excelente ejemplo de este aforismo, cambiando quizá “hereje” por “heterodoxo”. Ahí radica la creatividad en todos los campos de tu ser, del saber y del quehacer humano en los que has trabajado y sigues trabajando sin descanso. Tu vida y tu pensamiento demuestran que eres un intelectual que rompe esquemas (y algunos cráneos endurecidos de colegas, obispos y algún inquisidor, otrora mecenas tuyo), abres nuevos horizontes y propones alternativas donde parece que no hay salida o se cree que la salida es una sola.

Te reconozco como uno de los teólogos más innovadores de la teología latinoamericana, que propones una ética centrada en las “virtudes para otro mundo posible”, en la construcción de una fraternidad sororal eco-humana y de una Teología del cautiverio y de la liberación, título de uno de tus primeros libros que leí, publicado por Ediciones Paulinas en 1978, el mismo año en que aparecía en la misma editorial mi obra Un proyecto de Iglesia para el futuro en España.

 En tu quehacer teológico has sabido compaginar ejemplarmente y de manera ininterrumpida durante seis décadas el rigor metodológico y la denuncia profética, otra manera de hacer teología y el compromiso político con los pobres de la tierra y con la naturaleza oprimida, cuyos gritos has sabido escuchar y a los que has querido responder desde la razón cordial. El rigor metodológico lo demuestras con el recurso a la doble mediación de la teología de la liberación: socio-analítica y hermenéutica, que se aprecia en todas las páginas de tus libros y en los artículos con los que nos sorprendes a menudo por ser reflexiones a pie de página de los acontecimientos, llenas de profundidad y de sabiduría vital.

Utilizas la mediación de las ciencias humanas y sociales para un mejor conocimiento de la realidad, descubrir los mecanismos de opresión que atentan contra la vida de los pobres y de la naturaleza y liberar a la teología de su -quizá falsa-, neutralidad social, de su -supuesta- neutralidad política y de su -sólo aparente- indiferencia ética.

Recurres a la hermenéutica, necesaria para el estudio y la interpretación de los textos fundantes del cristianismo y para no caer en el fundamentalismo, una de las manifestaciones más perversas de las religiones que, siguiendo el refrán latino corruptio optimi pessima, convierten el vino espumoso de los orígenes en vinagre imbebible. A través de la hermenéutica analizas el pre-texto y el con-texto de dichos textos, descubres su sentido primigenio emancipador y preguntas por su significación y sentido hoy a la luz de los nuevos desafíos y de las nuevas preguntas que nos plantea la dura realidad.

Una realidad que hemos construido nosotros y nosotras, en la que no podemos instalarnos cómoda y acríticamente, sino que estamos llamados a de-construirla para re-construirla de manera creativa e inclusiva y un mundo en el que quepan todos los mundo. Desmentimos así el viejo adagio conformista del pensamiento conservador: “las cosas son como son y no pueden ser de otra manera” y compartimos, más bien, la afirmación del filósofo de la esperanza y de la utopía, Ernst Bloch, que inspira buena parte de nuestra teología: “Si los hechos no coinciden con el pensamiento, peor para los hechos”. Razón y esperanza caminan a la par en tu vida, tu sentir, tus obras y tus reflexiones.

Eco-teología de la liberación

Eres considerado, y con razón, uno de los principales cultivadores de la teología de la liberación (TL). A ella accediste a partir del impacto que te produjeron las favelas de Petrópolis, donde llevaste a cabo un intenso trabajo socio-pastoral desde comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Tu reflexión teológica en clave liberadora nació, asimismo, de la necesidad de dar respuesta a las preguntas que te planteó un grupo de sacerdotes comprometidos con el mundo indígena de la selva amazónica hace ahora cinco décadas:

– ¿Cómo anunciar la muerte y la resurrección de Jesús a indígenas que están siendo exterminados y muriendo por las enfermedades de los blancos?

– ¿Cómo anunciar la buena noticia de la salvación a las poblaciones explotadas?

– ¿Cómo hablar de Dios inteligiblemente, y no de manera cínica, a personas indígenas que viven la experiencia de lo sagrado en contacto con la naturaleza?

Las experiencias vividas en el mundo de la pobreza extrema, de la marginación cultural y de la depredación de la naturaleza, por una parte, y la necesidad de responder a las preguntas que surgían de ahí, por otra, te llevaron a dedicarte por entero, profesional y vitalmente, a fundamentar la nueva metodología de la teología de la liberación, que comenzaste haciendo en tiempos del cautiverio, vivido durante la dictadura brasileña y los regímenes militares del continente latinoamericano, que parecían “eternos”.

La teología apenas mostró interés por la ecología, desde Francisco de Asís hasta el Papa Francisco. Tú ha llenado ese vacío llevando a cabo una reflexión teológica en perspectiva ecológica, que cuestiona la supuesta – ¡y falsa!- fuerza emancipadora del paradigma científico-técnico de la modernidad. Un paradigma selectivo, centrado en el ser humano, que ni es universalizable ni integral, ¡ni siquiera humano!

Como alternativa propones un nuevo paradigma en el que el ser humano no compita con la naturaleza, sino en diálogo y comunicación simétricos con ella, con relaciones de sujeto a sujeto, y no de sujeto a objeto. El ser humano y la naturaleza conforman un entramado de relaciones multidireccionales caracterizadas por la interdependencia, y no por la autosuficiencia, por la fragilidad del mundo y la vulnerabilidad humana, y no por la omnipotencia, la insolencia y la arrogancia.

Se establece, entonces, un pacto entre todos los seres del cosmos regido por la solidaridad cósmica, la fraternidad-sororidad sin fronteras, sin gremialismos ni tribalismos, y el cuidado, virtud fundamental de la ética eco-humana. Es “la opción Tierra”, título de uno de tus libros más bellos. Cuidadanía es la nueva forma de relacionarnos con la Tierra y los seres humanos, que debe compaginarse con la ciudadanía. La ética del cuidado, que desarrollas en tus libros, es inseparable de la ética cívica.

Muchos somos los discípulos que seguimos tus lecciones de ecología integral, entre ellos el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común, de 2015, que se inspira en tus textos y en tu testimonio de amor a la tierra, y se inicia con el Cántico de las criaturas: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba… Esta hermana llama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”. Encíclica que se hace eco de tus críticas al antropocentrismo, incluido el antropocentrismo cristiano.   

Del ser humano como señor y dueño de la naturaleza a hermano-hermana y cuidador de la naturaleza

No quiero terminar este recuerdo y esta felicitación sin hacer referencia a uno de tus últimos libros El doloroso parto de la Madre Tierra (Trotta, Madrid, 2022), donde nos alertas de las “densas sombras” que se ciernen hoy sobre la humanidad y la naturaleza, agravadas por la covid-19, y recuerdas que “se han encendido todos los avisos: la tierra ha entrado en números rojos” y que la humanidad tiene una deuda ecológica con la tierra.

 Siguiendo las encíclicas Laudato Si’ y Fratelli tutti, del Papa Francisco, propones como respuesta a la crisis ecológica una ecología integral: ambiental, política, social, económica, cultural y espiritual.  Para ello debemos renunciar al paradigma civilizatorio del ser humano como señor y dueño de la naturaleza, que ha dominado los tres últimos siglos de nuestra historia, y optar por el paradigma del hermano y la hermana, es decir, de la fraternidad universal, el amor político y la amistad social.

Los padres fundadores de la Modernidad, recuerdas, entendían el ser humano como el señor y dueño de la naturaliza, y no como parte de ella. Para ellos la Tierra carecía de propósito y la naturaleza no tenía valor en sí misma, sino que estaba solo ordenada al ser humano que podía disponer de ella a su antojo.

Este paradigma ha modificado la faz de la Tierra y ha traído innegables beneficios, certamente, pero en su afán por dominar todo, creó el principio de autodestrucción de sí mismo y de la naturaleza con armas químicas, biológicas y nucleares. Siguiendo este paradigma, llegamos a tal punto que el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha afirmado sobre el calientamiento global que crece de forma no prevista: “Solo tenemos esta elección: la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

Con la lucidez que te caracteriza, llegas a afirmar que si asumimos el viraje hacia el paradigmadel hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación. Seremos capaces de superar la visión apocalíptica de la amenaza del fin de la especie humana, por una visión de esperanza, de que podemos y debemos cambiar de rumbo y de ser de hecho hermanos y hermanas dentro de la misma Casa Común, la naturaleza incluída. Sería el bien vivir y convivir del ideal andino, en armonía entre los humanos y con toda la naturaleza.

Conversión ecológica global

Esto requiere “una conversión ecológica global” que pase de una civilización tecno-capitalista, antropocéntrica e individualista a una civilización de la solidaridad y del cuidado de toda la vida; una civilización biocentrada que garantice el futuro a la naturaleza y a la humanidad. Dicha civilización lleva a un cambio en la imagen de la divinidad: del Dios todopoderoso al Dios apasionado amante de la vida, que no permite que la humanidad y la naturaleza perezcan. 

Te refieres al cambio de era que estamos viviendo: la ecozoica, que requiere tres actitudes: espiritualidad, sostenibilidad y cuidado, que es la traducción de la com-pasión para con la naturaleza, depredada por el modelo de desarrollo científico-técnico ecocida. Las tres actitudes requieren de nuestra colaboración y de nuestro compromiso.

Has escrito este libro no desde la razón instrumental, ni desde la neutralidad científica, sino desde la razón cordial que aúna inteligencia, sentimientos, amor a la tierra y empeño en la transformación de un planeta amenazado de destrucción. Estoy seguro de que su lectura contribuirá a la conversión ecológica global que pide Francisco, una conversión colectiva ciertamente en todas las esferas de la vida: política, económica, social, cultural, religiosa, educativa, pero también personal, que cambie nuestro estilo de vida para contribuir al nacimiento de una comunidad eco-humana-fraterno-sororal.

Razón cordial y utópica

“La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón” escribe Ernst Bloch en su magna obra El principio esperanza, que leíste en alemán durante tus estudios en Munich y citas con frecuencia. Razón y esperanza o, mejor, optimismo militante, docta spes, es lo que mejor define tu vida, tu personalidad, tu obra. A tus 85 años sigues practicando la “esperanza contra toda (des)esperanza”.

Termino ya. No alargo más esta epístola, que solo quiere ser una expresión de amistad y una manifestación de agradecimiento. A veces has sido acusado de utópico, acusación que comparto contigo. No se dan cuenta nuestros acusadores de que esa acusación, más que un insulto, es un elogio. Como en el poema de Eduardo Galeano, la utopía te sirve para caminar, que en tu caso no es poco teniendo las piernas heridas, razón por la cual, como dije en tu presentación en el Congreso de Amerindia de 2017 en la Ciudad de México, no puedes ni quieres arrodillarte ante el poder, cualquiera fuera este, incluido el del Vaticano. ¡Todo un milagro! El milagro de la esperanza y la utopía. Ad multos annos, Leonardo.

Tu amigo en la tribulación y la esperanza,

Juan José Tamayo teólogo español de la liberación.

 Solidariedade: num israelense bate um coração palestino

Leonardo Boff

Em meio a uma guerra profundamente desproporcional entre Israel e o Hamas, com atos de terrorismo em Israel por um grupo do Hamas em 7 de outubro e consequentemente uma retaliação por parte do governo de Israel,chefiada por Benjamin Netanyahu, tão violenta que  se chegou a denunciar como um genocídio. São 3345 crianças mortas e 2060 mulheres, até a presente data (31/10), mais de 8 mil civis mortos e milhares de feridos. Depois de tapetes de bombardeios que arrasaram os principais centros e centenas moradias de palestinos, se iniciou uma perigosa invasão israelense da Faixa de Gaza. Como é notório em tais casos, ocorre um número incalculável de vítimas de ambos os lados. Há os que se deseperam em sua fé num Deus justo e bom (“Senhor, onde estás?Por que permites tanta destruição?”) e na própria humanidade, agora negada inequivocamente.

Mesmo assim continuamos a crer que pode haver  surpreendente humanidade entre palestinos e judeus. Vejamos dois testemunhos, um de um palestino e outro de um israelense. O primeiro foi relatado pelo jornalista espanhol Ferran Sale no El Pais no dia 7 de junho de 2001 e o segundo testemunhado por mim mesmo.

Eis o primeiro, do palestino: Mazen Julani era um farmacêutico palestino, de 32 anos, pai de três filhos, que vivia na parte árabe de Jerusalém. Certo dia quando estava tomando café com amigos num bar foi vítima  de um disparo fatal vindo de um colono judeu. Era vingança contra o grupo palestino do Hamas que, quarenta e cinco minutos antes, em 5 de junho de 2000, havia matado numa discoteca de Tel Aviv inúmeras pessoas mediante um atentado feito por um homem bomba. O projétil entrou pelo pescoço de Mazen e lhe estourou o cérebro. Levado imediatamente para o hospital israelense Hadassa chegou já morto.

O clã dos Julani decidiu aí mesmo nos corredores do hospital de entregar todos os órgãos do filho morto, o coração, o fígado, os rins e o pâncreas para transplantes a doentes judeus. O chefe do clã esclareceu em nome de todos que este gesto não possuía nenhuma conotação política. Era um gesto estritatamente humanitário.

Segundo a religião muçulmana, dizia, todos formamos uma única família humana e somos todos iguais, israelenses e palestinos. Não importa em quem os órgãos vão ser transplantados. Com tanto que ajudem a salvar vidas. Mas achamos os órgãos bem empregados com nossos vizinhos israelenses.  Com efeito, no isralense Yigal Cohen late agora um coração palestino.

A mulher de Mazen Julani tinha dificuldades em explicar à filha de quatro anos  a morte do pai. Ela apenas lhe dizia que o pai fora  viajar para longe e que na volta lhe traria um belo presente. Aos que estavam próximo, sussurrou com os olhos marejados de lágrimas: daqui a algum tempo eu meus filhos vamos visitar a Yigal Cohen na parte israelense de Jerusalém.                                                                                                                          

Ele vive com o coração de meu marido e do pai de meus filhos. Será grande consolo para nós escutar o coração daquele que                                                        tanto nos amou e que, de certa forma, ainda está pulsando por nós.

Este gesto generoso é carregado de significação simbólica.  No meio de um ambiente altamente tenso e carregado de ódios, como atualmente, surge uma flor de esperança e de paz. A convicção de que somos todos membros da mesma família humana alimenta atitudes de perdão, de reconciliação e de incondicional solidariedade. No fundo, aqui irrompe o amor que supera os limites de religião, de raça e de ideologia política. São tais virtudes que nos fazem crer numa possível cultura da paz.

Na imaginação de um dos mais perspicazes intérpretes da cultura brasileira, Gilberto Freyre, nosso ensaio civilizatório, não obstante as muitas contradições, consistiu em ter criado um povo capaz de conviver com as positividades de cada cultura e com uma enorme potencialidade de lidar com conflitos (Casa Grande e Senzala).

Eis o segundo, de um israelense, assistido por mim pessoalmente em Estocolmo na Suécia. Por ocasião da concessão do título The Rigth Livelihood Award, considerado  o Nobel Alternativo da Paz nos começos de dezembro de 2001 quando entre outros, eu mesmo fui contemplado. Mas um dos galardoados impressionou a todos. Foi o testemunho de um alto oficial israelense, encarregado da repressão aos palestinos. Num enfrentamento foi ferido. Um palestino o socorreu, prontamente em seu jipe, levando-o para o hospital palestino. Acompanhou-o até ficar são.

De volta a Israel este oficial criou uma ONG de diálogo entre israelenses e palestinos. Tal iniciativa foi considerada como alta traição, levado ao tribunal militar, pois se tratava de estabelecer um diálogo com o inimigo. Mas acabou sendo absolvido e  continuou com seu diálogo e foi, por fim, contemplado com o prêmio por suas persistência na busca da paz entre judeus e palestinos.

Aqui se mostra, uma vez mais, a capacidade humana de socorrer o um ferido que o reprimia, como um bom samaritano, na parábola de Jesus. Reconheceu nele  um ser humano a ser prontamente acudido.

Já  dissemos repetidas vezes em nossas intervenções que o amor e a solidariedade pertencem à essência do humano e estão inscritas até em nosso DNA. Por ser assim, não nos é concedido desesperar face à crueldade e à barbárie que estamos assistindo nas guerras atuais. Elas também são possibilidade do negativo de nossa condition humaine. Mas não podemos deixar que prevaleçam, caso contrário nos devoraremos uns aos  outros.

Estes dois exemplos são expressão de nossa humanidade num momento dos mais sombrios de nossa história atual. Eles nos atualizam o esperançar, quer dizer, a invenção das condições reais que garantam o amor e a solidariedade, presentes  em cada um de nós. São elas que nos salvarão.

Leonardo Boff escreveu Cultura da paz num mundo em conflito, em Virtudes para outro mundo possível vol. III, Vozes 2006,73-131.

Solidarietà: in un israeliano batte un cuore palestinese

Leonardo Boff *

Nel mezzo di una guerra profondamente sproporzionata tra Hamas e Israele, con atti di terrorismo in Israele da parte di un gruppo di Hamas il 7 ottobre e conseguente ritorsione da parte del Governo israeliano, guidato da Benjamin Netanyahu, così violenta da essere denunciata come genocidio. Sono 3.345 i bambini morti e 2.060 le donne, al 30 ottobre, più di 8 mila i civili morti e migliaia di feriti. Dopo i bombardamenti a tappeto che hanno devastato i principali centri e centinaia di caseggiati dei palestinesi, si è iniziata una pericolosa invasione israeliana della Striscia di Gaza. Come è noto in questi casi, il numero delle vittime da entrambe le parti è incalcolabile. C’è chi perde la fede in un Dio giusto e buono (“Signore, dove sei? Perché permetti tanta distruzione?”) e nell’umanità stessa, ormai esplicitamente negata.

Eppure continuiamo a credere che possa esserci una sorprendente umanità tra palestinesi ed ebrei. Vediamo due testimonianze, una di un palestinese e l’altra di un israeliano. La prima è stata pubblicata dal giornalista spagnolo Ferran Sale sul quotidiano El Pais il 7 giugno 2001 e la seconda è una mia stessa testimonianza.

Ecco il primo, palestinese: Mazen Julani era un farmacista palestinese di 32 anni, padre di tre figli, che viveva nella parte araba di Gerusalemme. Un giorno, mentre stava prendendo un caffè con gli amici in un bar, fu vittima di un colpo di pistola mortale da parte di un colono ebreo. Si trattava di una vendetta contro il gruppo palestinese di Hamas che, quarantacinque minuti prima del 5 giugno 2000, aveva ucciso innumerevoli persone in una discoteca di Tel Aviv in un attentato suicida. Il proiettile era entrato nel collo di Mazen e gli aveva fatto saltare il cervello. Portato immediatamente all’ospedale israeliano Hadassa, era arrivato già morto.

Il clan Julani decise proprio lì, nei corridoi dell’ospedale, di consegnare tutti gli organi del figlio morto, il cuore, il fegato, i reni e il pancreas, affinché fossero trapiantati a pazienti ebrei. Il capo del clan chiarì a nome di tutti che quel gesto non aveva alcuna connotazione politica. Era un gesto strettamente umanitario.

Secondo la religione musulmana, disse, formiamo tutti un’unica famiglia umana e siamo tutti uguali, israeliani e palestinesi. Non importa a chi verranno trapiantati gli organi. Purché contribuiscano a salvare vite umane. Ma troviamo che questi organi siano ben utilizzati con i nostri vicini israeliani. In effetti, nell’israeliano Yigal Cohen ora batte un cuore palestinese.

La moglie di Mazen Julani ha avuto difficoltà a spiegare la morte del padre alla figlia di quattro anni. Gli aveva semplicemente detto che suo padre aveva dovuto viaggiare lontano e che le avrebbe portato un bel regalo al suo ritorno. Alle persone più prossime aveva sussurrato con le lacrime agli occhi: tra qualche tempo io e i miei figli visiteremo Yigal Cohen nella parte israeliana di Gerusalemme.

Egli vive con il cuore di mio marito e del padre dei miei figli. Ci sarà di grande conforto sentire il cuore di chi ci ha tanto amato e che, in un certo senso, batte ancora per noi.

Questo gesto generoso è carico di significato simbolico. Nel mezzo di un ambiente altamente teso e pieno di odio, come in questo momento, emerge un fiore di speranza e di pace. La convinzione che siamo tutti membri della stessa famiglia umana favorisce atteggiamenti di perdono, di riconciliazione e di solidarietà incondizionata. In fondo, qui scoppia l’amore che supera i limiti della religione, della razza e dell’ideologia politica. Sono tali virtù che ci fanno credere in una possibile cultura della pace.

Nell’immaginario di uno degli interpreti più perspicaci della cultura brasiliana, Gilberto Freyre, il nostro saggio civilizzatore, nonostante le tante contraddizioni, è consistito nel creare un popolo capace di convivere con gli aspetti positivi di ciascuna cultura e con un enorme potenziale per affrontare i conflitti nell’epoca della schiavitù (Casa Grande e Senzala).

Ecco la seconda testimonianza, quella di un israeliano, a cui ho assistito personalmente a Stoccolma in Svezia. In occasione dell’assegnazione del titolo The Rigth Livelihood Award, considerato il Premio Nobel Alternativo per la Pace, all’inizio del dicembre 2001 quando, tra gli altri, io stesso fui premiato. Ma uno dei premiati ha impressionato tutti. Era la testimonianza di un alto ufficiale dell’esercito israeliano, incaricato della repressione contro i palestinesi. In uno scontro era rimasto ferito. Un palestinese lo aveva soccorso, prontamente, con la sua jeep, portandolo all’ospedale palestinese. Lo assistette finché non fu in buona salute.

Tornato in Israele, questo ufficiale ha creato una ONG per il dialogo tra israeliani e palestinesi. Questa iniziativa fu considerata come alto tradimento e portata davanti al tribunale militare, poiché si trattava di stabilire un dialogo con il nemico. Ma finì per essere perdonato e ha continuato il suo dialogo e, alla fine, gli fu assegnato il premio per la sua tenacia nella ricerca della pace tra ebrei e palestinesi.

Qui, ancora una volta, si dimostra la capacità umana di soccorrere una persona ferita che lo reprimeva, come il buon samaritano nella parabola di Gesù. Riconobbe in lui un essere umano che aveva bisogno di essere immediatamente curato.

Abbiamo detto più volte nei nostri interventi che l’amore e la solidarietà appartengono all’essenza dell’umanità e sono iscritti addirittura nel nostro DNA. Per questo motivo, non ci è permesso disperare di fronte alla crudeltà e alla barbarie di cui siamo testimoni nelle guerre attuali. Esse sono anche una possibilità del negativo della nostra condizione umana. Ma non possiamo lasciare che prevalgano, altrimenti ci divoreremo a vicenda.

Questi due esempi sono espressione della nostra umanità in uno dei momenti più bui della nostra storia attuale. Essi ci aggiornano alla speranza, cioè all’invenzione di condizioni reali che garantiscano l’amore e la solidarietà, presenti in ciascuno di noi. Sono loro che ci salveranno.

*Leonardo Boff ha scritto Cultura da paz num mundo em conflito, em Virtudes para outro mundo possível vol. III, Vozes 2006,73-131.

(traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)

Como enfrentar o novo regime climático da Terra?

Leonardo Boff

Ultimamente muitos me tem perguntado pelas razões de tantos eventos extremos que estão ocorrendo por todo o planeta: por que tantos tufões, ciclones, enchentes, nevascas, secas prolongadas e ondas de calor com cerca de 40C ou mais, seja na Europa e mesmo em grande parte de nosso país? Até alguns anos atrás os grandes centros científicos e mesmo o Painel Intergovernamental sobre Mudanças Climáticas (IPCC) não tinham certeza sobre seu caráter, se era algo natural ou consequência da atividade humana. Lentamente a frequência dos eventos extremos  foi crescendo até a ciência reconhecer que se tratava de um fato antropogênico, quer dizer, resultado da ação humana devastadora da natureza.

Alguns cientistas projetaram a hipótese que depois se confirmou como teoria (verdade em ciência enquanto não for refutada) de que uma nova era geológica havia se instaurado. Chamaram-na com razão de antropoceno que seguiu o holoceno de onde vínhamos já há mais de dez mil anos. Significa que o meteoro rasante que destrói a natureza e compromete o equilíbrio do planeta é o ser humano,especialmente, o processo produtivo explorador.Hoje esta compreensão se naturalizou nos discursos científicos e também no meios de comunicação.

Alguns biólogos vendo o extermínio de espécies vivas em razão da mudança climática começaram a falar do necroceno vale dizer, da morte (necro em grego), em grande escala, de vidas; seria um subcapítulo do antropoceno.A situação tornou-se muito mais grave com a irrupção de grandes incêndios em muitas regiões do planeta, inclusive naquelas que se imaginava as mais únidas como a Amazônia e a Sibéria. Para tal evento, extremamente perigoso para a continuidade da vida na Terra, criou-se a expressão piroceno (em grego piros é fogo).

Estaríamos neste momento no interior de várias manifestações de desequilíbrios no sistema-Terra e no sistema-Vida que nos obrigam a a  colocar a pergunta: como será daqui por diante o curso de nossa história? A não se fazer mudanças corajosas e seguir pelo caminho percorrido até o momento, poderemos conhecer  verdadeiras tragédias ecológico-sociais. António Guterrez, secretário geral da ONU tem usado expressões duras, afirmando: “ou reduziremos drasticamente a emisssão de gases de efeito estufa ou iremos ao encontro de um suicídio coletivo. Mais direto foi ainda o Papa Francisco, na encíclica Fratelli tutti: “estamos no mesmo barco,ou nos salvamos todos ou ninguém se salvará”(n.32).

O fato é que a Terra não é mais a mesma. O sistema de sua auto-sustentação em todas as esferas que compõe um planeta vivo, Grande Mãe ou Gaia, corre risco de entrar em colapso Os que anualmente calculam a Sobrecarga da Terra (The Earth Overshoot),  vale dizer, a redução crescente dos elementos mantenedores da vida, ocorreu  neste ano no dia 2 de agosto.Eles nos advertem, que  não podemos chegar a novembro porque aí todo o sistema planetário entraria em colapso.

Se tudo mudou, nós que somos parte  da Terra ou, mais corretamente,aquela porção consciente dela, também teremos que mudar  e incorporar aquelas adaptações que nos permitirão continuar sobre este planeta. Em que se basear para esta adaptação?

Seguramente a tecno-ciência é indispensável. Mas nela não se encontra a solução. Ela se ocupa com os meios. Mas meios para que fins? Estes fins constituem  aquele conjunto de princípios e valores que fundam uma sociedade humana e permitem um convivência minimamente pacífica, pois, largados aos seus próprios impulsos,os seres humanos podem se entre-devorar (superação da barbárie).

A fonte destes valores e princípios não se encontram em utopias conhecidas e superadas, em ideologias ou religiões. Para serem humanos, tais valores e princípios devem ser buscados na própria existência humana,quando observada com atenção e profundidade.

O primeiro dado:pertence ao DNA do ser humano como o mostrou um dos decifradores do genoma humano (J.Watson, DNA:o segredo da vida, 1953) o amor social. Por causa dele nos sentimos parentes com todos os portadores deste código, também nos seres vivos da natureza. Este amor social funda uma fraternidade sem fronteiras,constituindo a comunidade biótica e a sociabilidade humana. O cuidado essencial: desde a mais alta antiguidade  (a fábula 22 de Higino do tempo de César Augusto)  foi visto como a essência do ser humano e de todo e qualquer vivente. Se não for cuidado,garantido-lhe os nutrientes necessários, fenece e morre. A isso pertence manter as florestas em pé e reflorestar as áreas devastadas. Está também em nosso DNA o sentido da interdependência entre todos. Todos estamos dentro de uma rede de relações e nada existe e subsiste fora deste complexo de relações Ele constitui a matriz relacional, perdida no modo de produção capitalista que privilegia a competição e não a cooperação e dá  a centralidade ao indivíduo, apartado de sua relação para com a natureza. Cabe também ao nosso substrato humano, a percepção da corresponsabilidade coletiva e universal, pois, ou todos se unem e se salvam ou se dilacera a realidade com o risco de tragédias ecológico-sociais sem fim. Esse senso de corresponsabilidade coletiva sustenta o projeto social mais promissor, capaz de salvaguardar a vida que ganhou forma no ecosocialismo (cf. Michael Löwy). Seria a humanidade junto com a comunidade de vida vivendo dentro da mesma Casa Comum de forma colaborativa e acolhedora das diferenças. Dentro desta Casa Comum coexistem os vários mundos culturais com seus valores e e tradições, como o mundo cultural chinês, indiano, europeu,americano e dos povos originários  entre outros. A  espiritualidade pertence também à existência humana originária que se compõe pela valorização da vida, pela compaixão pelos mais fracos, pelo cuidado por  tudo o que existe e vive e pela total abertura ao infinito, já que somos um projeto de infinitas possibilidades a serem realizadas.Esta espiritualidade não se identifica com a religião, embora esta nasça da espiritualidade,mas nos valores acima referidos.

Para alcançar essa forma de habitar a Terra, os humanos deverão reunciar a muitas coisas, especialmente ao individualismo, ao consumismo,à busca insaciável de bens materiais e de poder sobre outros. São adaptações obrigatórias, se decidirmos continuar neste pequeno e belo planeta  ou então enfrentaremos o conjunto das crise acima referidas que poderão, no seu termo, liquidar com a espécie humana.

Nesse sentido podemos falar de uma recriação do ser humano que se adaptou à nova fase da Terra aquecida e equilibrada num nível mais alto de aquecimento (entre 38-40C?). Ela colocará a vida em seu centro e tudo o mais a serviço dela. Como já foi dito, será a Terra da Boa Esperança, finalmente, a antecipação do mito dos povos originários: a Terra sem Males.

Leonardo Boff é ecoteólogo e escreveu: Dignitas Terra: ecologa, grito da Terra-grito do pobre 1999; O doloroso parto da Mãe Terra: uma sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social, Vozes, 2021: Habitar a Terra:qual o caminho para a fraternidade universal, Vozes 2022.