Lo peor todavia esta por llegar

Leonardo Boff*

Las grandes crecidas que han ocurrido en Alemania y en Bélgica en julio. mes del verano europeo, causando cientos de víctimas, asociadas a una ola de calor abrupto que en algunos lugares ha llegado a más de 50 grados, nos obliga a pensar y a tomar decisiones con vistas al equilibrio de la Tierra. Algunos analistas han llegado a decir: la Tierra no solo se ha calentado; en algunos sitios se ha vuelto un horno. 

Esto significa que decenas de organismos vivos no consiguen adaptarse y acaban muriendo. Actualmente el calentamiento que tenemos subió en el último siglo más de un grado Celsius. Si llegase, como está previsto, a dos grados, cerca de un millón de especies vivas estarán al borde de su desaparición, después de millones de años viviendo en este planeta.

Entendemos la resignación y el escepticismo de muchos meteorólogos y cosmólogos que afirman que estamos llegando demasiado tarde a combatir el calentamiento global. No estamos yendo a su encuentro, estamos ya gravemente dentro de él. Argumentan, desolados, que es poco lo que se puede hacer, pues el dióxido de carbono ya está excesivamente acumulado, ya que permanece en la atmósfera de 100 a 120 años, agravado por el metano, 20 veces más tóxico, aunque permanezca poco tiempo en el aire. Para sorpresa general, este último irrumpió debido al deshielo de los cascos polares y del permafrost que va desde Canadá y atraviesa toda Siberia. Y hace crecer el calentamiento global. 

La irrupción de la Covid-19, por ser planetaria, nos obliga a pensar y a actuar de modo diferente. Es sabido que la pandemia es consecuencia del antropoceno, es decir, del excesivo avance agresivo del sistema imperante, basado en el lucro ilimitado. Él ha sobrepasado los límites soportables de la Tierra, por la deforestación al estilo de Ricardo Salles/Bolsonaro, por el cultivo de monoculturas y por la contaminación general del medio ambiente que han llegado a destruir el hábitat de los virus. Sin saber adónde ir, saltaron a otros animales, inmunes a sus virus, y de estos pasaron a nosotros, que no tenemos esa inmunidad. 

Vale la pena pensar lo que significa el hecho de que todo el planeta haya sido afectado, por un lado igualando a todos, y por otro aumentando las desigualdades, porque la gran mayoría no consigue mantener el aislamiento social, evitar las aglomeraciones, especialmente en el transporte colectivo y en las tiendas. No ha afectado a los demás seres vivos, nuestros animales domésticos.

Debemos reconocer que el objetivo éramos nosotros, los seres humanos. La Madre Tierra, reconocida desde los años 70 del siglo pasado como un organismo vivo, Gaia, y aprobada por la ONU (el día 22 de abril de 2009) como verdaderamente Madre-Tierra nos ha enviado una señal y una advertencia: “paren de agredir a todos los ecosistemas que me componen; ya no me están dando tiempo suficiente para que pueda reponer lo que me quitan durante un año y regenerarme”.

Como el paradigma vigente todavía considera a la Tierra como un mero medio de producción, en un sentido utilitarista, no está prestando atención a sus advertencias. Ella, como superorganismo vivo que es, nos da señales inequívocas, como ahora, con las grandes crecidas en Europa, el frío excesivo en el hemisferio sur y la gama de virus ya enviados (zica, ébola, chikungunya y otros).

Como somos cabezas duras y predomina una clamorosa ausencia de conciencia ecológica, podemos ir al encuentro de un camino sin retorno.

Curiosamente, como ya ha sido comentado por otros, “los profetas del neoliberalismo están transformándose en promotores de la economía social porque, ante la catástrofe actual, piensan que ya no será posible hacer lo mismo que antes y será necesario volver a los imperativos sociales”. Lo peor que nos podría suceder es volver a lo de antes, lleno de contradicciones perversas, enemigo de la vida de la naturaleza, indiferente al destino de las grandes mayorías pobres y armándose hasta los dientes con armas de destrucción masiva, absolutamente inútiles frente a los virus.

Tenemos forzosamente que cambiar, superar los viejos soberanismos que volvían a los otros países hostiles o sometidos a una feroz competición. El virus mostró que no cuentan para nada los límites de las naciones. Lo que realmente cuenta es la solidaridad entre todos y el cuidado de unos a otros y hacia la naturaleza, para que, preservada, no nos envíe virus todavía peores. Ahora es la nueva era de la Casa Común, dentro de la cual estarán las naciones.

David Quamen, el gran especialista en virus, dejó esta advertencia: o cambiamos nuestra relación con la naturaleza siendo respetuosos, sinergéticos y cuidadosos, o en caso contrario ella nos enviará otros virus, tal vez uno tan letal que nuestras vacunas no puedan atacarlo y se lleve a gran parte de la humanidad. 

Al no detener el calentamiento global y no cambiar de paradigma hacia la naturaleza, conoceremos días peores. Si no podemos detener ya el aumento del calentamiento global, con la ciencia y la técnica que poseemos, podemos por lo menos mitigar sus efectos deletéreos y salvar el máximo de la inmensa biodiversidad del planeta.

Como nunca antes en la historia, el destino común está en nuestras manos: debemos escoger entre seguir la misma ruta que nos lleva a un abismo o cambiar forzosamente y garantizar un futuro para todos, más frugal, más solidario y más cuidadoso con la naturaleza y la Casa Común.

Hace 30 años que repito esta lección y me siento un profeta en el desierto. Pero cumplo con mi deber que es el de todos los que despertaron un día. Debemos hablar y ahora gritar.

*Leonardo Boff, ecofilósofo, ha escrito Habitar la Tierra: vía para la fraternidad universal, que será publicado en breve por Vozes; Covid-19, la Madre Tierra contraataca a la Humanidad, Vozes 2020.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Foi publicado há dias na Italia e ofereço aos interessados. Sairá no Brasil dentro de dias LBoff

“Abitare la terra”. Quale via per la fraternità universale?

ArticoliCultureRiccardo Cristiano

Condividi

1 0

L’epoca della pandemia seguita a porci sfida ormai esistenziali e un grande teologo, dall’America Latina ci avverte: “Di fronte a questo drammatico scenario in cui è in ballo il destino comune della Terra e dell’umanità sono stati prodotti tre documenti seminali: la Carta della Terra (2003), nata da un’ampia consultazione e approvata dall’UNESCO, e le encicliche di Papa Francesco Laudato si’. Enciclica sulla cura della Casa Comune (2015) e Fratelli tutti (2020). Tutti questi testi, coscienti della grave situazione del pianeta e della vita su di esso, propongono alternative paradigmatiche, capaci di proiettarci verso un percorso diverso e salvifico. Come mai prima d’ora nella storia siamo obbligati a prenderci carico della nostra sopravvivenza e decidere se vogliamo prolungarla o se porvi drammaticamente fine”.

La storia della teologia della liberazione non può prescindere dalla storia dei cristiani marxisti, che Papa Francesco ha ricordato magnificamente dicendo di loro che pensavo di essere gli ultimi cristiani e invece erano gli ultimi marxisti. Ma la storia della teologia della liberazione non prescindere neanche dalla domanda se esista una teologia che non è di liberazione. Purtroppo abbiamo viste molte teologie smarrire questa necessità di liberazione dell’uomo. Per questo uno dei più grandi teologi viventi, Leonardo Boff, padre della teologia della liberazione, si è compromesso per tutta la sua con i poveri: “si è compromesso, secondo il paradigma centrale della teologia della liberazione, con i poveri e gli ultimi”. Eppure i teocon hanno diffuso un cattocapitalismo che legittima non solo il liberismo economico, ma anche il privilegiare i ricchi, perché così si creerebbe una ricaduta di benessere sui poveri. La fermezza della presa di distanza di Papa Francesco da queste visioni è divenuta esplicita con le sue ultime due encicliche, Laudato si’ e Fratelli tutti, citate da Boff come due dei tre documenti che ci indicano la strada della liberazione dalle secche in cui ci troviamo. In particolare a queste due encicliche e soprattutto a Fratelli tutti è dedicato il nuovo volume, pubblicato in Italia da Castelvecchi, di Leonardo Boff, “Abitare la terra”, aperta da una bellissima dedica al collega di Rainews Pierluigi Mele che ne ha scritto la prefazione.

Mele presenta con sintesi e visione il lavoro di Boff, indicandoci da subito il legame tra l’autore e i citati testi di Francesco, in una importante citazione del grande teologo brasiliano: “Ora l’ecologia integrale e la teologia della liberazione hanno qualcosa in comune: entrambe partono da un grido. L’ecologia nasce dal grido degli esseri viventi, delle foreste, delle acque […] specialmente dal grido della Terra. […] E all’interno della categoria dei poveri deve essere incluso il Grande Povero che è la Terra, nostra Madre, la Terra torturata e crocifissa che dobbiamo far scendere dalla croce”. E’ vero, tanto che Mele può concludere così la sua prefazione: “ Per questa loro capacità di ascolto dei poveri e degli ultimi, Papa Francesco e Leonardo Boff sono diventati fratelli di tutti, fratelli universali”. Non è la tesi di un “bergoglista”, tanto è vero che l’umanista planetario Edgar Morin, compiendo un un secolo di vita, ha detto: “Rendo omaggio a Papa Francesco, perché è il solo ad avere la coscienza di tutta l’umanità. Serve un cambio di rotta al mondo”. Che questo cambio di rotta serva lo percepiamo tutti, ma è Francesco che sa esprimerlo con la forza della sua visione radicalmente evangelica e quindi la sua piena accettazione dell’altro. La digressione è fratelli tutti, mentre l’economia attuale o ci rende con il consumismo “clienti tutti” o ci fa con la finanza soci tutti, ma mai ci fa fratelli. Il racconto evangelico del buon samaritano è un po’ la bussola narrativa di questo rieorientamento nell’enciclica di Francesco. Scrive al riguardo Leonardo Boff: “Attraverso i personaggi che popolano la parabola del buon samaritano, Papa Francesco sferza un ulteriore attacco all’economia politica che si traduce in una domanda cruda, diretta e determinante: “Con chi ti identifichi?”. Il racconto è noto. Un viandante viene piccato per strada e lasciato così, sanguinante. Passano degli uomini di Dio, dei sacerdoti, ma non si ferma. Si ferma invece un samaritano, l’eretico del tempo. E soccorre il malcapitato. Il senso è forte, evidente: il buon samaritano diventa così il modello dell’amore sociale e politico e della solidarietà illimitata.

Per questo l’amicizia sociale è al centro del libro e della riflessione cosmica di Boff, che prima di arrivare ai rapporti con il creato setaccia quelli dell’umano, di noi uomini, per poi affermare che il reset che ci occorre è quella di una cosmologia, abbandonando quella del dominio, con gli altri e con la natura. Non può che essere una la cosmologia opposta, quella che ci serve. Ma Mele ci riporta ancora all’economia, alla concretezza del fare, tanto cara a uomo post-ideologico come Francesco. E così riproduce i 12 punti scaturiti dall’incontro mondiale di giovani economisti The Economy of Francis: è una tabella di marcia per il nuovo presente: “1.Le grandi potenze mondiali e le grandi istituzioni economico-finanziarie rallentino la loro corsa per lasciare respirare la Terra. Il Covid ci ha fatto rallentare, senza averlo scelto. Quando il Covid sarà passato, dobbiamo scegliere di rallentare la corsa sfrenata che sta asfissiando la Terra e i più deboli;

2. venga attivata una comunione mondiale delle tecnologie più avanzate perché anche nei Paesi a basso reddito si possano realizzare produzioni sostenibili; si superi la povertà energetica – fonte di disparità economica, sociale e culturale – per realizzare la giustizia climatica;

3. il tema della custodia dei beni comuni (specialmente quelli globali quali l’atmosfera, le foreste, gli oceani, la Terra, le risorse naturali, gli ecosistemi tutti, la biodiversità, le sementi) sia posto al centro delle agende dei governi e degli insegnamenti nelle scuole, università, business school di tutto il mondo;

4. mai più si usino le ideologie economiche per offendere e scartare i poveri, gli ammalati, le minoranze e svantaggiati di ogni tipo, perché il primo aiuto alla loro indigenza è il rispetto e la stima delle loro persone: la povertà non è maledizione, è solo sventura, e responsabilità di chi povero non è;

5. che il diritto al lavoro dignitoso per tutti, i diritti della famiglia e tutti i diritti umani vengano rispettati nella vita di ogni azienda, per ciascuna lavoratrice e ciascun lavoratore, garantiti dalle politiche sociali di ogni Paese e riconosciuti a livello mondiale con una carta condivisa che scoraggi scelte aziendali dovute al solo profitto e basate sullo sfruttamento dei minori e dei più svantaggiati;

6. vengano immediatamente aboliti i paradisi fiscali in tutto il mondo perché il denaro depositato in un paradiso fiscale è denaro sottratto al nostro presente e al nostro futuro e perché un nuovo patto fiscale sarà la prima risposta al mondo post-Covid;

si dia vita a nuove istituzioni finanziarie mondiali e si riformino, in senso democratico e inclusivo, quelle esistenti (Banca Mondiale, Fondo Monetario Internazionale) perché aiutino il mondo a risollevarsi dalle povertà, dagli squilibri prodotti dalla pandemia; si premi e si incoraggi la finanza sostenibile ed etica, e si scoraggi con apposita tassazione la finanza altamente speculativa e predatoria; le imprese e le banche, soprattutto le grandi e globalizzate, introducano un comitato etico indipendente nella loro governance con veto in materia di ambiente, giustizia e impatto sui più poveri;

le istituzioni nazionali e internazionali prevedano premi a sostegno degli imprenditori innovatori nell’ambito della sostenibilità ambientale, sociale, spirituale e, non ultima, manageriale, perché solo ripensando la gestione delle persone dentro le imprese, sarà possibile una sostenibilità globale dell’economia;

gli Stati, le grandi imprese e le istituzioni internazionali si prendano cura di una istruzione di qualità per ogni bambina e bambino del mondo, perché il capitale umano è il primo capitale di ogni umanesimo;

le organizzazioni economiche e le istituzioni civili non si diano pace finché le lavoratrici non abbiano le stesse opportunità dei lavoratori, perché imprese e luoghi di lavoro senza una adeguata presenza del talento femminile non sono luoghi pienamente e autenticamente umani e felici;

chiediamo infine l’impegno di tutti perché si avvicini il tempo profetizzato da Isaia: «Forgeranno le loro spade in vomeri, le loro lance in falci; un popolo non alzerà più la spada contro un altro popolo, non si eserciteranno più nell’arte della guerra» (Is 2, 4). Noi giovani non tolleriamo più che si sottraggano risorse alla scuola, alla sanità, al nostro presente e futuro per costruire armi e per alimentare le guerre necessarie a venderle. Vorremmo raccontare ai nostri figli che il mondo in guerra è finito per sempre.” Punti che Leonardo Boff sa ricapitolare culturalmente così: “ Il paradigma del potere e la pretesa dell’essere umano di apparire come un dominus (signore e padrone) su tutto ciò che esiste e vive – piuttosto che essere frater (fratello) di tutti e con tutti – non rispondono ai gravi problemi che l’uomo stesso ha creato. Dobbiamo necessariamente cambiare e cercare un altro cammino, poiché questo ci porta su una strada senza ritorno.

Sia la Carta della Terra che le due encicliche di ecologia integrale di Papa Francesco si sforzano di presentare altri principi e nuovi valori che possono illuminarci a intraprendere un percorso di salvezza. […] L’ultima enciclica sociale Fratelli tutti rappresenta un appello di Papa Francesco angosciato e speranzoso al tempo stesso. Angosciato dalla chiara consapevolezza che siamo tutti «sulla stessa barca e che o ci salviamo tutti insieme o nessuno si salva». Speranzoso nella fiducia verso la creatività umana che può progettare un altro tipo di mondo non ancora conosciuto, basato cioè su quanto di più umano c’è nell’uomo: l’amore, la solidarietà, la cura, il senso di una fratellanza universale non solo tra gli esseri umani, ma anche con tutti gli altri esseri della natura e una totale apertura all’Infinito, al Dio che si è presentato come un appassionato «amante della vita» che abita dentro di noi”.

Água: fonte de vida ou fonte de lucro? Contra a privatização da água.

Hoje há duas questões maiores que afetam toda a humanidade: o aquecimento global e a crescente escassez de água potável. Ambas obrigam a profundas mudanças no nosso modo de viver,pois podem produzir um colapso de nossa civilização e afetar profundamente o sistema-vida.

Atenhamo-nos à questão da água, cobiçada pelas grandes corporações para privatizá-la e lucrar enormemente. Ela pode ser motivo de guerras como de solidariedade social e cooperação entre os povos. Já se disse que se as guerras do século XX eram por petróleo, as do século XXI serão por água potável. Não obstante isso, ela pode ser referência central para um novo pacto social mundial entre os povos e governos em vista da sobrevivência de todos

Consideremos  os dados básicos acerca da água. Ela é extremamente abundante e ao mesmo tempo escassa.

Existe cerca de um bilhão e 360 milhões de km cúbicos de água na Terra. Se tomarmos toda essa água que está nos oceanos, lagos, rios, aquíferos e calotas polares e distribuíssemos equitativamente sobre uma superfície terrestre plana, toda a Terra ficaria mergulhada na água a três km de profundidade. 97% é água salgada e  3% é água doce. Mas somente 0,7% desta é diretamente acessível ao uso humano. Destes 0,7, 70% vão para a agricultura,22% para a indústria e o restante para o uso humano e a animal.

A renovação das águas é da ordem de 43 mil km cúbicos por ano, enquanto o consumo total é estimado em 6 mil km cúbicos por ano. Há, portanto, superabundância de água mas desigualmente distribuída: 60%  se encontra em apenas 9 países, enquanto 80 outros enfrentam escassez. Pouco menos de um bilhão de pessoas consome 86% da água existente enquanto para 1,4 bilhões é insuficiente (em 2020 serão três bilhões) e para dois bilhões, não é tratada, o que gera 85% das doenças constatáveis. Presume-se que em 2032 cerca de 5 bilhões de pessoas serão afetadas pela crise de água.

O problema não é a escassez de água mas sua má gestão e distribuição para atender as demandas humanas e dos demais seres vivos.

O Brasil é a potência natural das águas, com 13% de toda água doce do Planeta perfazendo 5,4 trilhões de metros cúbicos. Apesar da abundância, 46% dela é desperdiçada, o que daria para abastecer toda a França,  a Bélgica, a Suíça e o Norte da Itália.Carecemos ainda de uma cultura da água.

Por ser escassa, a água doce se tornou um bem de alto valor econômico. Como passamos de uma economia de mercado para uma sociedade de marcado,tudo se transforma em mercadoria. Em função desta “grande transformação”(Karl Polaniy) verifica-se hoje,  uma corrida mundial desenfreada para privatizar a água e ter grandes lucros. Assim surgiram as empresas multinacionais como as francesas Vivendi e Suez-Lyonnaise, a alemã RWE, a inglesa Thames Water e a americana Bechtel, entre outras. Criou-se um mercado das águas que envolve mais de 100 bilhões de dólares. Ai estão fortemente presentes a Nestlé e a Coca-Cola, buscando comprar fontes por toda a parte no mundo.

O grande debate hoje se trava nestes termos: A água é fonte de vida ou fonte de lucro? A água é um bem natural, vital, comum e insubstituível ou um bem econômico a ser tratado como recurso hídrico e como  mercadoria?

Importa, de saída, reconhecer que a água não é um bem econômico como qualquer outro. Ela está tão ligada à vida que deve ser entendida como algo vital e sagrado. A vida não pode ser transformada em mercadoria. É um dos bens mais excelentes do processo da evolução e um dos maiores dons divinos. Ademais, a água está ligada a outras dimensões culturais, simbólicas e espirituais que a tornam preciosa e carregada de valores que em si não têm preço.

Para entendermos a riqueza da água que transcende sua dimensão econômica, precisamos romper com a ditadura da razão instrumental-analítica e utilitarista, imposta à toda a sociedade. Esta vê a água como mero recurso hídrico com o qual se pode fazer negócios. Só atende a finalidades e utilidades. Mas o ser humano tem outros exercícios de sua razão. Há a razão mais ancestral, sensível, emocional, cordial e espiritual.Este tipo de razão vai além de finalidades e utilidades.Esta razão está ligadas ao sentido da vida, aos valores, ao caráter simbólico ético e espiritual da água.

Nesta perspectiva, a água comparece como um bem comum natural, como fonte e o nicho de onde há 3,8 bilhões  de anos surgiu a vida na Terra. A água é um bem comum publico mundial.  É patrimônio da biosfera e vital para todas as formas de vida. Não o existe vida sem a água.

Obviamente, as dimensões de água como fonte de vida e de recurso hídrico não precisam se excluir, mas devem ser retamente relacionadas. Fundamentalmente a água pertence ao direito à vida. A ONU declarou no dia 28 de julho de 2010 que a água limpa e segura bem como o saneamento básico constituem um direito humano fundamental.

Mas ela demanda, sim, uma complexa estrutura de  captação, conservação, tratamento e distribuição, o que implica uma inegável dimensão econômica. Esta, entretanto, não deve prevalecer sobre a outra, ao direito, mas deve  tornar a água acessível a todos.

Deve-se garantir a todos gratuitamente pelo menos 50 litros de água potável e sã. Cabe ao poder publico junto com a sociedade organizada criar um financiamento público para cobrir os custos necessários para garantir esse direito de todos. As tarifas para os serviços devem contemplar os diversos usos da água, se doméstico, se industrial, se agrícola, se  recreativo. Para os usos na indústria e na agricultura, evidentemente, a água é sujeita a preço.

A visão predominante mercadológica, distorce a reta relação entre agua como fonte de vida e água como recurso hídrico. Isso se deve fundamentalmente à exacerbação da propriedade privada que faz com que se trate a água sem o sentido de partilha e de consideração das demandas dos outros e de toda a comunidade de vida.É muito débil ainda, o princípio da solidariedade social e da comunidade de interesse e do respeito pelas bacias hidrográficas que transcendem os limites das nações como ocorre, por  exemplo, entre a Turquia de um lado e a Siria e o Iraque do outro, ou entre Israel de um lado e a Jordânia e a Palestina do outro ou mesmo entre os USA e o México ao redor dos rios Rio Grande e Colorado.

Para discutir todas estas questões vitais criou-se em 2003 em Florença na Itália o Fórum Mundial Alternativo da Agua. Ai foi proposta a criação de uma  Autoridade Mundial da Água.  Ela seria uma instância de governo publico, cooperativo e plural para tratar  da água a nivel das grandes bacias hídricas internacionais e de sua distribuição mais equitativa  segundo as demandas regionais.

Paralelamente, formou-se uma articulação internacional em vista de um Contrato Mundial da Água.Como inexiste um contrato social mundial, poderia se elaborar ao redor daquilo que efetivamente une a todos que é  a água, da qual depende a vida das pessoas e dos demais seres vivos. Semelhantemente agora com a intrusão do Covid-19,urge um contrato mundial de salvaguarda da vida humana para além de qualquer soberanismo, visto como algo ultrapassado, de outro tempo histórico.

Função importante é pressionar os Governos e as empresas para que a água não seja levada aos mercados nem seja considerada mercadoria. Importa incentivar a cooperação publico-privado para impedir que tantos morram em consequência da falta de água ou em consequência de águas maltratadas.

Diariamente morrem 6 mil crianças de sede e cerca de 18 milhões de meninos/meninas deixem de ir para  a escola porque são obrigadas a buscar água a 5-10  km de distância

Importantíssimo é preservar as florestas em pé e reflorestar o mais possível.São elas que garantem a permanência da água,alimentam os aquíferos além de amenizar o aquecimento global pelo sequestro do dióxido de carbono e a produção de oxigênio vital.

Uma fome zero mundial, preconizada há anos pelas Metas do Milênio da ONU deve incluir a sede zero, pois a água é alimento e não há nada que possa viver e ser consumido sem a água.

Por fim, a água é vida, geradora de vida e um dos símbolos mais poderosos da vida eterna, já que Deus aparece como vivo,o gerador de toda vida  e fonte infinita de vida.

Leonardo Boff, ecoteólogo e escreveu O doloroso parto da mãe Terra:um sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social,  Vozes , 202.

Sofer with those who suffer: the actuality of compassion

Leonardo Boff

A cloak of suffering and pain covers the whole of humanity, threatened by Covid-19. The culture of capital, in which we live, is characterized by individualism and a crying lack of cooperation. The Pope, on the Italian island of Lampeduza, seeing hundreds of Africans arriving by boat from Africa and being unwelcomed by the local population, said almost in tears: “Our modern culture has robbed us of compassion for our fellow human beings; we have become incapable of crying.

It seems that the inflation of instrumental and analytical rationality has caused us a kind of lobotomy: we have become insensitive to the suffering of others. The current president is the most tragic proof of this indifference. He has never visited a hospital overcrowded with people contaminated by Covid-19, many of them suffocating to death.

The pandemic made us discover our deep humanity: the centrality of life, the interdependence among all, the solidarity and the necessary care. It made us more sensitive. It brought back compassion.

Compassion is the ability to feel and share the passion of the other, to whisper words of hope into the ear, to offer a shoulder and say that you are there for them come and go, to be able to cry together but also to encourage each other.

Compassion is a transcultural human feeling. It can be found in all cultures: everyone bends over the fallen and bends down before the dignity of the suffering of the other.

Some time ago an ancient Egyptian tomb was discovered with this inscription, full of compassion: “I was someone who listened to the widow’s complaint; I was someone who wept for a misfortune and consoled the downcast; I was someone who heard the sobbing of the orphan girl and wiped her tears; I was someone who had compassion on a desperate woman.

Today the relatives of those killed and affected by Covid-19, which left in its victims severe sequelae, call us to live this better side of our humanity: compassion. St. Thomas Aquinas wrote in his Summa Theologica that compassion is more excellent than love for one’s neighbor; the latter is directed toward the other; compassion is directed toward the other who suffers.

From quantum physics, contemporary cosmology, and bioanthropology we learn that the fundamental law of all things and of the entire universe is not competition and the triumph of the most capable of adaptation, but the cooperation and synergy of all with all. Even the smallest and weakest has the right to live, because it has its place among all beings and carries within it a message to be heard by all. In this field, compassion among all beings other than humans also applies.

The following legend is told about St. Francis, who was especially compassionate with lepers, with the worm that could not make a hole in the hard soil of the road and who was compassionate enough to remove it and bring it to the damp earth, or with the broken twig:

He found a boy who was carrying in a cage doves to be sold in the market. He begged him: “Good child, give me these humble and innocent little doves so that they will not be killed and eaten by men. The boy, touched by St. Francis’ innocent love, gave him the cage with the doves. Whispering, St. Francis said to them: “my dear little sisters, foolish and simple, why have you let yourselves be caught? Behold, I am coming to set you free. He opened the cage. Instead of flying out, they went lining up on his chest and in his hood and did not want to leave. St. Francis took them to the hermitage and told them, “multiply as your Creator wills. They had many chicks. They did not leave the company of St. Francis and the friars, as if they were domestic. They only took off and flew away when St. Francis blessed them and let them go.

As can be seen, compassion, along the lines of Buddhism and Arthur Schopenhauer’s “Fundamentals of Morals” (1840), all founded on unlimited compassion for all beings, is not only important for those who are currently suffering, but for all of creation.

Let’s conclude with the inspiring words of the Dalai Lama: “Whether you believe in God or not, whether you believe in Buddha or not Even if you can’t help them with money, it’s still always worthwhile to express moral support and empathy. This should be the basis of our action. Whether we call it religion or not is the least of our concerns” (Logic of Love, 1998).What matters is compassion.

Leonardo Boff wrote Principle of Compassion and Care: the encounter between East and West, Vozes 2009.