El post-coronavírus: qué cosmologia y qué virtudes assumir?(IV)

Este modo de vida sostenible propuesto por la Carta de la Tierra se traduce en prácticas virtuosas que hacen real este proposito. Son muchas las virtudes para otro mundo posible. Seré breve, ya que publiqué tres volúmenes con este mismo título “Virtudes para otro mundo posible” (Sal Terrae 2005-2006). Enumero 10 sin detallar su contenido, lo que nos llevaría lejos.

           Virtudes de otro mundo posible y necesario

La primera es el cuidado esencial. Lo llamo esencial porque, según una tradición filosófica que proviene de los romanos, cruzó los siglos y adquirió su mejor forma con varios autores, especialmente en el núcleo central de Ser y Tiempo de Heidegger. En él se considera el cuidado como la esencia del ser humano. Es la condición previa para el conjunto de factores que permiten el surgimiento de la vida. Sin cuidado, la vida nunca irrumpiría ni podría sobrevivir. Algunos cosmólogos como Brian Swimme y Stephan Hawking vieron el cuidado como la dinámica misma del universo. Si las cuatro energías fundamentales no tuvieran el cuidado sutil de actuar sinérgicamente, no tendríamos el mundo que tenemos. Todo ser vivo depende del cuidado. Si no hubiésemos tenido el cuidado infinito de nuestras madres, no sabríamos cómo salir de la cuna y buscar nuestro alimento, ya que somos seres biológicamente carentes, sin ningún órgano especializado. Necesitamos el cuidado de otros. Todo lo que amamos también lo cuidamos y todo lo que cuidamos, lo amamos. Con respecto a la naturaleza significa una relación amistosa, no agresiva y respetuosa de sus límites.

La segunda virtud es el sentimiento de pertenencia a la naturaleza, a la Tierra y al universo. Somos parte de un gran Todo que nos desborda por todos los lados. Somos la parte consciente e inteligente de la naturaleza, somos esa parte de la Tierra que siente, piensa, ama y venera. Este sentimiento de pertenencia nos llena de respeto, de asombro maravillado y de acogida.

La tercera virtud es la solidaridad y la cooperación. Somos seres sociales que no sólo viven, sino que conviven con otros. Sabemos por la bioantropología que fue la solidaridad y la cooperación de nuestros antepasados antropoides la que, al buscar alimentos y traerlos para el consumo colectivo, les permitió dejar atrás la animalidad e inaugurar el mundo humano.Las varias ciencias de la vida, la psicologia evolutiva,las neurociencias, la cosmogénesis, la ecología y otras han confirmado el caracter esencial de la cooperación y de la solidaridad. Hoy, en el caso del coronavirus, lo que nos está salvando es la solidaridad y la cooperación de todos con todos.No son los valores axiales del capitalismo: la competencia y el individualismo. Esta solidaridad debe comenzar por los últimos e invisibles, sin los cuales deja de ser inclusiva de todos.

La cuarta virtud es la responsabilidad colectiva. Ya hemos expuesto su significado más arriba. Es el momento de la conciencia en el que cada uno y toda la sociedad se dan cuenta de los efectos buenos o malos de sus decisiones y actos. Sería absolutamente irresponsable la deforestación descontrolada de la Amazonia porque desequilibraría el régimen de lluvias de vastas regiones y eliminaría la biodiversidad indispensable para el futuro de la vida. No necesitamos referirnos a una guerra nuclear cuya letalidad eliminaría toda la vida, especialmente la humana.

La quinta virtud es la hospitalidad como deber y como derecho. El primero en presentar la hospitalidad como un deber y un derecho fue Immanuel Kant en su famoso texto “En vista de la paz perpetua” (1795). Entendía que la Tierra es de todos, porque Dios no le dio la propiedad de ninguna parte de ella a nadie. Ella pertenece a todos los habitantes, que pueden caminar por todas partes. Cuando se encuentra a alguien, es el deber de todos ofrecer hospitalidad, como signo de pertenencia común a la Tierra, y todos tenemos derecho a ser acogidos, sin distinción alguna. Para Kant, la hospitalidad junto con el respeto de los derechos humanos constituirían los pilares de una república mundial (Weltrepublik). Este tema es de mucha actualidad dado el número de refugiados y las muchas discriminaciones de diferentes clases. Tal vez sea una de las virtudes más urgentes en el proceso de planetización, aunque una de las menos vividas.

La sexta virtud es la convivencia de todos con todos. La convivencia es un hecho primario porque todos venimos de la convivencia que tuvieron nuestros padres. Somos seres de relación, que es lo mismo que decir, no vivimos simplemente, sino que convivimos a lo largo del tiempo. Participamos de la vida de los demás, de sus alegrías y angustias. Sin embargo es difícil para muchos convivir con aquellos que son diferentes, ya sea de etnia, de religión, de partido político. Lo importante es estar abierto al intercambio. Lo diferente siempre nos trae algo nuevo que nos enriquece o nos desafía. Lo que nunca podemos hacer es convertir la diferencia en desigualdad. Podemos ser humanos de muchas maneras diferentes, a la manera brasileña, italiana, japonesa, yanomami. Cada manera es humana y tiene su dignidad. Hoy, a través de los medios de comunicación cibernéticos, abrimos ventanas a todos los pueblos y culturas. Saber convivir con estas diferencias abre nuevos horizontes y entramos en una especie de comunión con todos. Esta convivencia implica también a la naturaleza, convivir con los paisajes, con los bosques, con los pájaros y los animales. No sólo para mirar el cielo estrellado, sino para entrar en comunión con las estrellas, porque de ellas venimos y formamos un gran Todo. En definitiva, formamos una comunidad de destino común con toda la creación.

La séptima virtud es el respeto incondicional. Cada ser, por pequeño que sea, tiene valor en sí mismo, independientemente del uso humano. Albert Schweitzer, gran médico suizo que fue a Gabón, en África, para atender a los hansenianos, desarrolló el tema en profundidad. Para él el respeto es la base más importante de la ética, porque incluye la acogida, la solidaridad y el amor. Debemos empezar por el respeto a nosotros mismos, manteniendo actitudes dignas y formas que despierten el respeto de los demás. Es importante respetar a todos los seres de la creación, porque ellos valen por sí mismos; existen o viven y merecen existir o vivir. Es especialmente valioso el respeto ante toda persona humana, pues es portadora de dignidad, de sacralidad y de derechos inalienables, sin importar de dónde provenga. Debemos un respeto supremo a lo sagrado y a Dios, el misterio íntimo de todas las cosas. Sólo ante Él podemos arrodillarnos y venerar, pues sólo ante Él cabe esta actitud.

La octava virtud es la justicia social y la igualdad fundamental de todos. Justicia es más que dar a cada uno lo que es suyo; entre los humanos, la justicia es el amor y el mínimo respeto que debemos dedicar a los demás. La justicia social es garantizar lo mínimo a todas las personas, no crear privilegios, y respetar sus derechos en pie de igualdad, porque todos somos humanos y merecemos ser tratados humanamente. La desigualdad social significa injusticia social y, teológicamente, es una ofensa al Creador y a sus hijos e hijas. Tal vez la mayor perversidad que existe hoy en día sea la que deja a millones de personas en la miseria, condenadas a morir antes de tiempo. En este tiempo de coronavirus, se ha demostrado la violencia de la desigualdad social y la injusticia. Mientras algunos pueden vivir en cuarentena en casas o apartamentos adecuados, la gran mayoría de los pobres están expuestos a la contaminación y a menudo a la muerte.

La novena virtud es la búsqueda incansable de la paz. La paz es uno de los bienes más ansiados, porque, por el tipo de sociedad que construimos, vivimos en permanente competencia, con llamadas al consumo y a la exaltación de la productividad. La paz no existe en sí misma, es la consecuencia de valores que deben ser vividos previamente y que dan como resultado la paz. Uno de las formas más acertadas de comprender la paz nos viene de la Carta de la Tierra, donde se dice: «La paz es la plenitud que resulta de las relaciones correctas con uno mismo, con otras personas, con otras culturas, con otras vidas, con la Tierra y con el Gran Todo del cual somos parte» (n.16 f). Como se puede ver, la paz es la consecuencia de relaciones adecuadas y el fruto de la justicia social. Sin estas relaciones y esta justicia sólo conoceremos una tregua, nunca una paz permanente.

La décima virtud es el cultivo del sentido espiritual de la vida. El ser humano tiene una exterioridad corporal mediante la cual nos relacionamos con el mundo y con las personas y tenemos también una interioridad psíquica donde se anidan, en la estructura del deseo, nuestras pasiones, los grandes sueños, y nuestros ángeles y demonios. Debemos controlar estos últimos y cultivar amorosamente los primeros. Sólo así podremos disfrutar del equilibrio necesario para la vida.

Pero también poseemos una profundidad, esa dimensión en la que residen los grandes interrogantes de la vida: ¿quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué podemos esperar después de esta vida terrenal? ¿Cuál es la Energía Suprema que sostiene el firmamento y mantiene nuestra Casa Común alrededor del Sol y la mantiene siempre viva para permitirnos vivir? Es la dimensión espiritual del ser humano, hecha de valores intangibles como el amor incondicional, la confianza en la vida, el coraje para enfrentar las inevitables dificultades. Nos damos cuenta de que el mundo está lleno de sentidos, que las cosas son más que cosas, son mensajes y tienen otro lado invisible. Intuimos que hay una Presencia misteriosa que impregna todas las cosas. Las tradiciones religiosas y espirituales han llamado a esta Presencia con mil nombres, sin poder, sin embargo, descifrarla totalmente. Es el misterio del mundo que se remite al Misterio Abisal que hace que sea todo lo que es. Cultivar este espacio nos humaniza, nos hace más humildes y nos arraiga en una realidad trascendente, adecuada a nuestro deseo infinito.

              Conclusión: ser simplemente humanos

La conclusión que sacamos de estas largas reflexiones sobre el coronavirus 19 es: debemos ser simplemente humanos, vulnerables, humildes, conectados entre sí, solidarios y cooperativos, parte de la naturaleza y la porción consciente y espiritual de la Tierra con la misión de cuidar la herencia sagrada que hemos recibido, la Madre Tierra, para nosotros y para las generaciones futuras.

Son inspiradoras las últimas frases de la Carta de la Tierra: «Que nuestro tiempo sea recordado por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por el firme compromiso de alcanzar la sostenibilidad e intensificar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida».

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito Virtudes para otro mundo posible (3 vol.), Sal Terrae, 2005-2006.

Traducción de Mª José Gavito Milano

O covid-19: ou cooperamos ou não teremos futuro nenhum

Uma pergunta sempre esteve presente nas buscas humana: qual é a nossa essência específica? A história conhece inumeráveis respostas. Mas a mais contundente, convergência de várias ciências contemporâneas como a nova biologia evolucionária, a genética, as neurociências, a psicologia evolutiva, a cosmologia, a ecologia, a femenologia e outras é essa: a cooperação.

Michael Tomasello, considerado genial na área da psicologia do desenvolvimento de crianças de 1-3 anos, sem intervenção invasiva, reuniu num volume as melhores pesquisas na área sob o título :”Por que nós cooperamos” (Warum wir kooperieren, Berlim, Suhrkamp 2010). Em seu ensaio de abertura afirma que a essência do humano está no “altruismo” e na “cooperação”. “No altruismo um se sacrifica pelo outro. Na cooperação muitos se unem em vista de um bem comum” (p.14).

Uma das maiores especialistas em psicologia e evolução da Universidade de Stanford, Carol S. Dweck, afirma: “mais que a grandeza excepcional de nosso cérebro e de nossa imensa capacidade de pensar, a nossa natureza essencial é esta: a aptidão de sermos seres de cooperação e de relação (Por que cooperamos, op.cit 95).

Outra, da mesma ciência, famosa por suas pesquisas empíricas, Elizabeth S. Spelke, de Harvard, assevera: nossa marca, por natureza, diferencial de qualquer outra espécie superior como a dos primatas (dos quais somos um bifurcação) é “a nossa intencionalidade compartida” que propicia todas as formas de cooperação, de comunicação e de participação de tarefas e de objetivos comuns”(op.cit. 112). Ela caminha junto com a linguagem que é, essencialmente, social e cooperativa, traço específico dos humanos, como o entenderam os biólogos chilenos H.Maturana e F. Varela.

Outro, este neurobiólogo do conhecido Instituto Max Plank, Joachim Bauer, em seu livro “O gen cooperativo”(Das kooperative Gen, Hoffman und Campe,Hamburgo 2008) e especialmente no livro “Princípio humanidade: por que nós, por natureza, cooperamos”(2006) sustenta a mesma tese: o ser humano é essencialmente um ser de cooperação. Refuta com veemência o zoólogo inglês Richard Dawkins, autor do livro muito difundido: “O gene egoísta”(1976/2004). Afirma “que sua tese não possui nenhuma base empírica; ao contrário, representa o correlato do capitalismo dominante que assim parece legitimá-lo” (Op.cit.153). Critica também a superficialidade de outro livro “Deus, uma ilusão”(2007).

No entanto, diz Bauer, é cientificamente verificado, que “os genes não são autônomos e de modo algum ‘egoístas’mas se agregam com outros nas células da totalidade do organismo”(O gene cooperativo,184). Afirma mais ainda:”Todos os sistemas vivos se caracterizam pela permanente cooperação e comunicação molecular para dentro e para fora”(Op.cit.183).

É notório pela bio-antropologia que a espécie humana deixou para trás os primatas e virou ser humano, quando começou,de forma cooperativa, a recoletar e a comer o que recolhia.

Uma das teses axiais da física quântica (W.Heisenberg) e da cosmogênese (B.Swimme) consiste em afirmar a cooperação e a relação de todos com todos. Tudo é relacionado e nada existe fora da relação. Todos cooperam uns com os outros para coevoluirem. Talvez a formulação mais bela foi encontrada pelo Papa Francisco em sua encíclica Laudato Sì: sobre o cuidado da Casa Comum: “Tudo está relacionado, e todos nós, seres humanos, caminhamos juntos como irmãos e irmãs, numa peregrinação maravilhosa…que nos une também, com terna afeição, ao irmão sol, à irmã lua, ao irmão rio e à mãe Terra”(n.92).

Um brasileiro, professor de filosofia da ciência na UFES em Vitória, Maurício Abdala, escreveu um convincente livro sobre “O princípio cooperação” na linha das reflexões acima referidas,especialmenet baseado na biologia.

Por que dizemos tudo isso? Para mostrar quão anti-natural e perverso é o sistema imperante do capital com seu individualismo e sua competição sem nenhuma cooperação.É ele que está conduzindo a humanidade a um impasse fatal. Por essa lógica, o coronavírus nos teria contaminado e exterminado a todos. Foi a cooperação e a solidariedade de todos com todos que nos estão salvando.

De aqui por diante devemos decidir: Ou obedecemos à nossa natureza essencial, a cooperação, no nível pessoal, local, regional, nacional e mundial, mudando a forma de habitar a Casa Comum ou comecemos a nos preparar para o pior, num caminho sem retorno.

Se não ouvirmos esta lição que o covid-19 nos está dando e voltarmos, com mais fúria ainda, ao que era antes, para recuperar o atraso, podemos estar na contagem regressiva de uma catástrofe ainda mais letal. Quem nos garante que não poderá ser o temido NBO (Next Big One), aquele próximo e derradeiro vírus avassalador e inatacável que porá fim à nossa espécie? Grandes nomes da ciência como Jacquard, de Duve, Rees, Lovelock e Chomsky entre outros nos advertem sobre esta emergência trágica.

Lembro apenas as derradeiras palavras do velho Martin Heidegger em sua última entrevista ao Der Spiegel a ser publicada 15 anos após a sua morte, referindo-se à lógica suicida de nosso projeto tecnico-científico: “Nur noch ein Gott kann uns retten” = “Somente um Deus nos poderá salvar”.

É o que espero e creio, pois, Deus se revelou como “o apaixonado amante da vida”(Sabedoria 11,24).

Leonardo Boff é ecoteólogo, filósofo e escreveu Opção Terra: a solução da Terra não cai do céu, Record 2009.

 

 

 

 

Luiz Cesare Vieira: O Banquete dos sete Sábios

Texto: O autor, Luiz Cesare Vieira é um catarinense que vive em Florinápolis e possui um blog muito interessante Recanto das Letras que convido a visitá-lo pois vale a pena e se aprende muito.https://www.recantodasletras.com.br/cronicas/6943950 Agradeço a inclusão que fez de meu nome, sabendo que há muitíssimo mais pessoas no mundo que merecem este título de sábios, mais do que eu. Mas aqui vai minha admiração pelo belíssimo texto, que sem perder-se em louvações, vai direto ao pensamento: Lboff
O BANQUETE DOS SETE SÁBIOS
Há muitos anos, por volta do ano 100 d.C. o historiador Plutarco relatou um banquete seguido de symposium na casa do tirano Periandro, reunindo nada menos que os sete sábios consagrados da Grécia: Tales, Pítaco, Bias, Sólon, Cleobulo, Míson e Quílon. Sem dúvidas, o maior evento do século VI a.C.

Desde Platão os sete sábios eram o tema da época e permaneceu por séculos. Reuni-los para uma conversa sapiencial era um sonho dourado. Para mediar o colóquio Periandro convidou outro sábio, o velho adivinho Diócles, frequentador assíduo de sua casa. Das palavras trocadas no lustroso encontro e transmitidas por Diócles, Plutarco legou à humanidade o livro Banquete dos Sete Sábios.

Quase dois mil anos depois o destino me outorgou a tarefa de perdurar a tradição de Plutarco. Teria que reunir sete sábios para iluminar a humanidade extraviada em soturnos becos virais. Tarefa difícil identificar sete sábios.

Emprestei de Diógenes a lanterna e conclui a lista. Alain Touraine (94 anos); Noan Chomsky (92 anos); Antonio Negri (87 anos); Pepe Mujica (84 anos); David Harvey (84 anos); Leonardo Boff (81 anos); Boaventura Santos (80 anos). Divergências quanto aos nomes são normais, na lista da Grécia mais de 20 revezaram o núcleo dos 7. Idade importa? Sim, mas sabedoria é construção do espírito, não o mero acúmulo dos anos. Todos acederam ao convite.

Mais por tradição do que precisão escolhi um velho adivinho para presidir o colóquio. Tirésias é seu nome. O local, um antigo castelo de Sintra, Portugal, transformado em pousada. Maio é só flores em Portugal.

Na manhã marcada para o encontro, Boaventura e Boff chegaram antes da hora e no bom português puxaram conversa sobre velhice.

– Entramos na etapa derradeira da vida, Boaventura, perdemos o vigor e nos despedimos lentamente de todas as coisas.

– Pois é, como dizia Camões: “Mais vivera se não fora, para tão grande ideal, tão curta a vida”. E pulando para São Paulo: “Na medida em que definha o homem exterior, rejuvenesce o homem interior”.

– Pleno acordo. O eu profundo. Precisamos de muitos anos de velhice para encontrar a palavra essencial que nos defina. Quem sou eu, qual é o meu lugar no desígnio do mistério?

– Verdade, Boff, a velhice é a última chance que a vida nos oferece para acabar de crescer. Eu acho que vivemos para rasgar novos horizontes e criar sentido de vida. Só é velho quem acha que o mundo decidiu tudo por nós. A velhice não pode ser mera repetição.

– Sim, devemos estar sempre em gênese. Nunca estamos prontos…

– Falemos também do envelhecimento social da humanidade. A partir da década de 80 com o “there is no alternative”, as portas do futuro foram cerradas…

Entram na sala Chomsky, Mojica, Touraine, Harvey e Negri.
Cumprimentos, saudações, sinceros elogios mútuos. A cordialidade e a fraternidade, como o ar, encheram o ambiente. Sentaram na ampla mesa decorada com candelabros e tomaram o vinho branco de aperitivo. Era perto do meio dia.

Tirésias, o vate cego ao abrir o symposium propôs a idade como critério da sequência das falas. Ninguém concordou e Mojica, florista e político, voz lenta e tranquila, falou.

– A morte vestida em forma de vírus escolhe os mais velhos para levar primeiro à sua terra de indolências e sonhos ressequidos. Desmazelos na gestão sanitária e olhos vendados à ciência gera a “devastação dos velhos”, nas emocionantes palavras do brasileiro Lima Duarte. Proponho uma homenagem aos que se foram e repúdio aos governantes que “lavam as mãos, mas o fazem numa bacia de sangue”.

Aplausos! Chomsky reforçou Mujica e com a voz gasta de centenário embate continuou.

– Se deixarmos nosso destino na mão de bufões como Trump e Bolsonaro será o fim. O Coronavírus é muito sério, mas há algo mais terrível nos levando direto para o abismo: guerra nuclear e aquecimento global. A crise civilizacional está instalada. Uma palavra sobre o isolamento. Acho que as redes sociais atomizaram e isolaram as pessoas de modo extraordinário. Nas universidades existem placas alertando “olhe para frente”, porque os jovens estão grudados em si mesmos. A crise colocou as pessoas em situação real de isolamento social. Enfim, temos que ver o lado bom do Coronavírus, se a crise pode fazer as pessoas pensarem sobre o mundo que queremos…

Touraine, pensador incansável, sem muitas ilusões sobre o futuro, interrompeu.

– Vivemos sim num mundo sem líderes e há um colapso do movimento operário. O que vemos é um mundo sem ideias, sem direção, sem estratégia, sem linguagem: é o silêncio. Se o vírus vai mudar alguma coisa? Acho que não. Haverá outras catástrofes, temo a ecológica.

– “Produção social do comum”, eu diria que estas deveriam ser as palavras de ordem – observou Negri com a convicção de um revolucionário – uma reforma anticapitalista, para que as fábricas produzam de forma diferente, coisas diferentes. Cito a luta democrática dos coletes amarelos pelo comum. Não falo em decrescimento, mas outro crescimento. Não voltaremos a viver na floresta, mas com a floresta.

A última frase foi o mote para Boff entrar na conversa, palavras escritas no coração.

– O problema é este, nós esquecemos que somos pedaços da Terra, que somos Terra pensante, e quando a atacamos, a depredamos por cobiça e para enriquecer, atacamos a nós mesmos. Seremos capazes de captar o sinal que o Coronavírus está passando ou continuaremos a fazer mais do mesmo, ferindo a terra? Acho que é uma oportunidade de criarmos uma sociedade do cuidado, da gentileza e da alegria de viver, em harmonia com a mãe Terra.

Ouviu-se badalos de um sino. Era ele, Tirésias, anunciando a hora do banquete. Os garçons serviram o tradicional bacalhau à portuguesa. Chomsky propôs um brinde “ao encontro; à Plutarco e às superações da humanidade!”.

Finda a comensalidade se recolheram à sala contígua para continuar o symposium. Boaventura, eterno militante do pensamento por um outro mundo, interveio.

– Acedo às preocupações gerais sobre o clima. Enquanto a crise da pandemia pode ser revertida, a crise ecológica é irreversível, no máximo mitigada. Gostaria de colocar outro ponto: a dificuldade, acrescida com a pandemia, dos políticos e intelectuais em mediar com a realidade. Ao contrário, medeiam entre si em pequenas divergências políticas e ideológicas. Intelectuais escrevem sobre o mundo, mas não com o mundo. A realidade tornou-se inacessível, e extraordinariamente inacessível na pandemia. Estou certo que nos próximos tempo a cruel pedagogia do vírus nos dará mais lições.

Chegou a hora de Harvey, o tempo todo muito atento, se manifestar.

– A forma espiral de acumulação infinita de capital está em colapso. Como o capitalismo, já antes em crise, poderá absorver os impactos da pandemia? Depende do tempo. Exércitos de trabalhadores precários estão sendo demitidos. Foram investidos bilhões em infraestrutura do turismo e este local de acumulação de capital está morto, incontáveis os desempregados. Ironia final: a única coisa que pode salvar o capitalismo é um consumismo em massa financiado pelo governo. Isso exigirá socializar toda a economia dos Estados Unidos, por exemplo, sem chamar isso de socialismo.

Mujica tomou um gole de vinho, pediu licença “dores nas costas” e falou de pé.

– Navegamos sem bússola e nos perdemos na globalização, impulsionados pelos ventos do mercado e da tecnologia, sem consciência política dos meios e fins. Diria, meus amigos, se eu pudesse acreditar em Deus, que a pandemia é um aviso para os sapiens. Temo notícias ruins nos curto e médio prazos. O autoritarismo terá sua primavera, assim como a especulação financeira; dramáticas tensões políticas entre Oriente e Ocidente; nacionalismos xenófobos e baixos salários surgirão. Os escalões mais baixos da classe média ameaçada questionarão os governos e serão o clamor das ruas. Eu me pergunto, como humanos atingimos o limite biológico de nossa capacidade política? Seremos capazes de nos redirecionarmos como espécie e não como classe ou país?

O symposium seguiu até às 17h. Tirésias anotou tudo. Os sete sábios se despediram com a certeza e a emoção de que não se veriam mais. O tempo ficou curto para eles, mas iriam até o fim, havia novos horizontes a serem rasgados com urgência..

luiz cezare vieira
Enviado por luiz cezare vieira em 11/05/2020
Reeditado em 13/05/2020
Código do texto: T6943950
Classificação de conteúdo: seguro

Iris Boff: MÃE É ….

Hoje,domingo de maio, é convencionalmente o dia das mães. Todos os dias são dias das mães, pois elas estão presentes na vida e no coração de todas as pessoas. Esse dia é para reconhecer sua existência sem a qual ninguém no mundo existiria. Não há humanidade sem mães. Elas como mulheres são mais da metade da humanidade. E são as irmãs ou as mãe da outra metade, dos homens. Não são, portanto,pouca coisa. Foi dito pela FAO, organismo da ONU que cuida da alimentação do mundo: “Se não dermos mais poder de decisão às mulheres, não garantiremos um futuro da vida. Pois são elas que geram e entendem a vida”. Não se fala de participação pois elas sempre participaram e participaram, mas no patriarcado nunca puderam decidir. Agora que a vida corre risco de ser atacada letalmente com o coronavírus e eventntualmente ser eliminada por nossa irresponsabilidade, recorremos à sua capacidade de decisão, pois elas geram e sabem o que é a sacralidade da vida.Aqui vai um pequeno poema para dizer nas palavras de uma mãe de sete filhos o que é ser Mãe em suas múltiplas facetas, em sua missão irrenunciável no percurso de vida de cada pessoa. L.Boff

                                        MÃE É :                                         

 Mãe tem um endereço certo. É aquele lugar no coração do qual nunca saímos.

Ela é o PARAISO que nunca perdemos.

 A longa história da Humanidade se repete no ventre da Mãe em apenas 9 meses

       Mãe é a MEMÓRIA do mundo.

Carregando uma bomba atômica vital, o ventre da Mãe é capaz de transformar em pouco tempo uma minúscula célula num ser humano perfeito e completo.

       Mãe é o LABORATÓRIO da Vida.

 O ritual que uma Mãe faz ao esperar , preparar, parir, cuidar e educar uma criança faz dela verdadeira SACERDOTIZA.

A devassa, ou prostituta se transforma em Madona de Michelangelo, quando tem uma criança no colo. A maternidade lhe confere uma auréola de luz. Ela vira Nossa Senhora.

       Mãe é sempre uma SANTA.

 A Revolução , pacífica e silenciosa das Consciências, começa no ventre da mulher

       Toda a Mãe é uma GUERREIRA sem armas.

Em meio a exigências, disputas e uma guerra contínua de nervos, A Mãe é o PARTIDO MAIS PACIFISTA do mundo.

Numa cultura machista , o filho bem sucedido carrega o nome do pai e o fracassado é o FILHO DA MÃE.

Bandido, delinqüente, criminoso, tem sempre a causa ganha e o perdão irrestrito para aquela que diz: É MEU FILHO.

O vínculo do casal pode ser provisório, mas o do PAI E DA MÃE é para sempre

A maternidade não é só biológica, ela é também consciente. Primeiro se é mãe das bonecas, sobrinhos, afilhados, mãe da própria mãe. Mãe de uma causa, de um movimento, de uma obra.

       TODA A MULHER É MÃE.

 O cuidado, delicadezas e minúcias , com que uma Mãe toca seu bebê, a magia de suas mãos e o esmero em lidar com fios, tintas, comidas, remédios, roupas, livros, máquinas, tecidos, teclas, volantes, cantando e dançando, rindo e chorando, rezando e xingando, fazem dela uma ARTISTA, FIANDEIRA, FEITICEIRA, BRUXA E XAMÃ.

Em momentos de aflição e catástrofe: “MINHA MÃE “ é a primeira invocação.

Mãe é a portadora das virtudes teologais FÉ , ESPERANÇA E CARIDADE .

Ela é a primeira Religião, a primeira Divindade. Ela é a DEUSA.

MÃE É UMA SÓ.

Iris Boff é educadora, poeta, mãe de sete filhos homens e de inúmeros netos,guerreira ao apoiar e participar de movimentos sociais populares que buscam vida, justiça e libertação.É minha irmã.