Una lectura de ciego de la encíclica ecológica Laudato Si

Un ciego capta con las manos o con su bastón las cosas más relevantes que encuentra a su paso. Pues vamos a intentar hacer así una lectura de ciego de la encíclica ecológica del Papa Francisco, Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común, cuyos 5 años (24/05/2015) acabamos de celebrar. ¿Cuáles son sus puntos relevantes?

Para empezar, no se trata de una encíclica verde que se restringe al ambiente, predominante en los debates actuales. Propone una ecología integral que abarca lo ambiental, lo social, lo político, lo cultural, lo cotidiano y lo espiritual.

Quiere ser una respuesta a la generalizada crisis ecológica mundial porque nunca hemos maltratado y herido nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos» (n.53). Hemos hecho de la Casa Común «un inmenso depósito de basura» (n.21). Más aún: «Las previsiones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía… nuestro estilo de vida, por ser insostenible, solo puede desembocar en catástrofes» (n.161). La exigencia es «una conversión ecológica global» (n.5;216) que implica «nuevos estilos de vida» (lo repite 35 veces) y «cambiar el modelo de desarrollo global» (n.194).

Hemos llegado a esta emergencia crítica por causa de nuestro exacerbado antropocentrismo, por el cual el ser humano «se constituye como dominador absoluto» (n.117) de la naturaleza, desgarrado de ella, olvidando que «todo está interligado y que por eso no puede declararse autónomo de la realidad» (n.117;120). Ha utilizado la tecnociencia como instrumento para forjar «un crecimiento infinito… lo que supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a estrujarlo hasta el límite y más allá del límite» (n.106).

En la parte teórica, la encíclica incorpora un dato de la nueva cosmología y la física cuántica: que todo en el universo es una relación. Como en un ritornello insiste en que «todos somos interdependientes, todo está interconectado y todo está relacionado con todo» (cf. nn.16, 86,117,120) lo que da una gran coherencia al texto.

Otra categoría que constituye un verdadero paradigma es la del cuidado. Este es en realidad el verdadero título de la encíclica. El cuidado, por ser la esencia de la vida y del ser humano, según la fábula romana de Higino, tan bien estudiada por Martin Heidegger en Ser y Tiempo, es recurrente a lo largo del texto de la encíclica. Ve en San Francisco «el ejemplo por excelencia del cuidado» (n.10). «Corazón universal… para él cualquier criatura era una hermana unida a él por lazos de cariño, sintiéndose llamado a cuidar de todo lo que existe» (n.11).

Es interesante observar que el Papa Francisco une la inteligencia intelectual, apoyado en los datos de la ciencia, a la inteligencia sensible o cordial. Debemos leer con emoción los números y relacionarnos con la naturaleza «con admiración y encanto (n.11)… prestar atención a la belleza y amarla porque nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista» (n.215). Es importante «escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (n.49).

Consideremos este texto, cargado de inteligencia. emocional: «Todo está relacionado y todos los seres humanos caminamos juntos, como hermanos y hermanas, en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también con tierno cariño al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n.92). Es importante «fomentar una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad» (n. 231), ya que de esta manera «podemos hablar de una fraternidad universal» (n.228).

Por último, a la ecología integral le es esencial la espiritualidad. No se trata de derivarla de ideas, sino «de las motivaciones que dan origen a una espiritualidad para alimentar la pasión por el cuidado del mundo… No es posible comprometerse en grandes cosas sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin una moción interior que impulse, motive, anime y dé sentido a la acción personal y comunitaria» (n.216). Nuevamente evoca aquí la espiritualidad cósmica de San Francisco (n.218).

Para concluir, es importante destacar que con esta encíclica, amplia y detallada, el Papa Francisco se coloca, como lo han reconocido notables ecologistas, a la vanguardia de la discusión ecológica mundial. En muchas entrevistas se ha referido a los peligros que corre nuestra Casa Común, pero su mensaje es de esperanza: «Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza» (n.244).

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito: Francisco de Asís y Francisco de Roma, Mar de Ideias, Rio 2014.

Traducción de Mª José Gavito Milano

O cosmólogo Mark Hathaway e Leonardo Boff conversam sobre o covid-19

Pode-se interpretar a irrupção da pandemia do convid-19 sob muitos aspectos, feitos já a partir de muitas perspectivas científicas, políticas, econômicas e ecológicas. Aqui se propõe um diálogo entre a nova cosmologia, a comunidade de vida e a presença do coronavírus entre o prof. de cosmologia e ética da universidade de Toronto e comigo, pois juntos escrevemos um grosso livro com o título O Tao da Libertação:explorando a ecologia da Transformação”(Orbis Books 2009/Vozes 2012/ Trotta 2014) bem recebido pela comunidade científica. Conta com um prefácio do conhecido físico quântico e ecologista Fritjof Capra. O título Tao se refere ao diálogo entre a cosmologia ocidental e a sabedoria ancestral do Oriente. O encontro será no dia 26 de maio a partir das 14.00,hora do Brasil. Aqui vai o convite para esse live que promete ser interessante. A língua usada será o espanhol com tradução para o inglê sse o francês,línguas faladas no Canadá.  LBoff

Español:
En Diálogo con Leonardo Boff y Mark Hathaway

Martes, 26 de mayo, 1:00-2:30 PM EDT
Afiche/Grafico: http://tiny.cc/boff-es
Inscripción: http://tiny.cc/boff
Convertir la hora a tu hora local: http://tiny.cc/boff-hora
Encontrémonos con Mark Hathaway del Foro Jesuita en conversación con el ecoteólogo Leonardo Boff sobre algunos temas claves que surgen de la encíclica Laudato Sí.

Juntos, explorarán:

Por qué la crisis ecológica es, ante todo, una crisis de relaciones,
Cómo la ecología integral entrelaza las dimensiones sociales, económicas, ambientales y espirituales,
Cómo responder al llamado a una conversión ecológica radical, y
Cómo se puede poner en práctica una espiritualidad ecológica.

Más detalles

Leonardo Boff es el teólogo más reconocido de Brasil, autor de unos cien libros sobre la teología de la liberación, ecología y espiritualidad, y ganador del Premio Right Livelihood en 2001. Junto con Boff, Mark Hathaway escribió el libro El Tao de la Liberación: Una Ecología de la Transformación (Orbis, 2009; Vozes, 2012; Trotta, 2014).

English:

In Dialogue with Leonardo Boff and Mark Hathaway
Tuesday, May 26, 1-2:30 PM EDT
Poster / Graphic: http://tiny.cc/boff-en
Registration: http://tiny.cc/boff
Convert event time to your local time at: http://tiny.cc/boff-time
This event will be in Spanish and interpreted into both English and French
Please join the Jesuit Forum’s Mark Hathaway in conversation with renowned Brazilian theologian Leonardo Boff on key themes arising from the encyclical Laudato Sí.
Together, they will explore:

Why the ecological crisis is, at its heart, a crisis of relationships,
How integral ecology weaves together social, economic, environmental, and spiritual dimensions,
How to respond to the call to radical ecological conversion, and
How to live out an ecological spirituality in practice.

More Details

Leonardo Boff is Brazil’s best-known theologian, author of hundred books on liberation theology, ecology, and spirituality, and recipient of the 2001 Right Livelihood Award. Mark Hathaway, the Jesuit Forum’s Associate Director, co-authored The Tao of Liberation: Exploring the Ecology of Transformation with Boff (Orbis, 2009).

Français

En Dialogue avec Leonardo Boff/ Mark Hathaway
Mardi, 26 mai 2020, 1h00 à 2h30 (EDT)
Affiche et graphique : http://tiny.cc/boff-fr
Inscription : http://tiny.cc/boff
Convertir à l’heure locale : http://tiny.cc/boff-heure
Rejoignez Mark Hathaway du Jesuit Forum pour une conversation avec le théologien et penseur altermondialiste Leonardo Boff autour des thèmes clés de l’encyclique Laudato Sí’.
Ensemble, ils se demanderont :

Pourquoi la crise écologique est d’abord et avant tout, une crise des relations,
– De quelle manière l’écologie intégrale peut lier entre elles les dimensions sociales, économiques, environnementales et spirituelles de notre Maison commune ;
– Comment répondre à l’appel à une conversion écologique radicale lancé par le pape François
Comment mettre en pratique la spiritualité écologique au cœur de Laudato Si’.

Plus de détails
Leonardo Boff est le théologien le plus renommé du Brésil, auteur de presque cent livres sur la théologie de la libération, l’écologie et la spiritualité, et lauréat du Right Livelihood Award en 2001. Avec Boff, Mark Hathaway a écrit le livre The Tao of Liberation : Exploring the Ecology of Transformation (Orbis, 2009 ; Vozes, 2012 ; Trotta, 2014).

 

 

El post-coronavírus: qué cosmologia y qué virtudes assumir?(IV)

Este modo de vida sostenible propuesto por la Carta de la Tierra se traduce en prácticas virtuosas que hacen real este proposito. Son muchas las virtudes para otro mundo posible. Seré breve, ya que publiqué tres volúmenes con este mismo título “Virtudes para otro mundo posible” (Sal Terrae 2005-2006). Enumero 10 sin detallar su contenido, lo que nos llevaría lejos.

           Virtudes de otro mundo posible y necesario

La primera es el cuidado esencial. Lo llamo esencial porque, según una tradición filosófica que proviene de los romanos, cruzó los siglos y adquirió su mejor forma con varios autores, especialmente en el núcleo central de Ser y Tiempo de Heidegger. En él se considera el cuidado como la esencia del ser humano. Es la condición previa para el conjunto de factores que permiten el surgimiento de la vida. Sin cuidado, la vida nunca irrumpiría ni podría sobrevivir. Algunos cosmólogos como Brian Swimme y Stephan Hawking vieron el cuidado como la dinámica misma del universo. Si las cuatro energías fundamentales no tuvieran el cuidado sutil de actuar sinérgicamente, no tendríamos el mundo que tenemos. Todo ser vivo depende del cuidado. Si no hubiésemos tenido el cuidado infinito de nuestras madres, no sabríamos cómo salir de la cuna y buscar nuestro alimento, ya que somos seres biológicamente carentes, sin ningún órgano especializado. Necesitamos el cuidado de otros. Todo lo que amamos también lo cuidamos y todo lo que cuidamos, lo amamos. Con respecto a la naturaleza significa una relación amistosa, no agresiva y respetuosa de sus límites.

La segunda virtud es el sentimiento de pertenencia a la naturaleza, a la Tierra y al universo. Somos parte de un gran Todo que nos desborda por todos los lados. Somos la parte consciente e inteligente de la naturaleza, somos esa parte de la Tierra que siente, piensa, ama y venera. Este sentimiento de pertenencia nos llena de respeto, de asombro maravillado y de acogida.

La tercera virtud es la solidaridad y la cooperación. Somos seres sociales que no sólo viven, sino que conviven con otros. Sabemos por la bioantropología que fue la solidaridad y la cooperación de nuestros antepasados antropoides la que, al buscar alimentos y traerlos para el consumo colectivo, les permitió dejar atrás la animalidad e inaugurar el mundo humano.Las varias ciencias de la vida, la psicologia evolutiva,las neurociencias, la cosmogénesis, la ecología y otras han confirmado el caracter esencial de la cooperación y de la solidaridad. Hoy, en el caso del coronavirus, lo que nos está salvando es la solidaridad y la cooperación de todos con todos.No son los valores axiales del capitalismo: la competencia y el individualismo. Esta solidaridad debe comenzar por los últimos e invisibles, sin los cuales deja de ser inclusiva de todos.

La cuarta virtud es la responsabilidad colectiva. Ya hemos expuesto su significado más arriba. Es el momento de la conciencia en el que cada uno y toda la sociedad se dan cuenta de los efectos buenos o malos de sus decisiones y actos. Sería absolutamente irresponsable la deforestación descontrolada de la Amazonia porque desequilibraría el régimen de lluvias de vastas regiones y eliminaría la biodiversidad indispensable para el futuro de la vida. No necesitamos referirnos a una guerra nuclear cuya letalidad eliminaría toda la vida, especialmente la humana.

La quinta virtud es la hospitalidad como deber y como derecho. El primero en presentar la hospitalidad como un deber y un derecho fue Immanuel Kant en su famoso texto “En vista de la paz perpetua” (1795). Entendía que la Tierra es de todos, porque Dios no le dio la propiedad de ninguna parte de ella a nadie. Ella pertenece a todos los habitantes, que pueden caminar por todas partes. Cuando se encuentra a alguien, es el deber de todos ofrecer hospitalidad, como signo de pertenencia común a la Tierra, y todos tenemos derecho a ser acogidos, sin distinción alguna. Para Kant, la hospitalidad junto con el respeto de los derechos humanos constituirían los pilares de una república mundial (Weltrepublik). Este tema es de mucha actualidad dado el número de refugiados y las muchas discriminaciones de diferentes clases. Tal vez sea una de las virtudes más urgentes en el proceso de planetización, aunque una de las menos vividas.

La sexta virtud es la convivencia de todos con todos. La convivencia es un hecho primario porque todos venimos de la convivencia que tuvieron nuestros padres. Somos seres de relación, que es lo mismo que decir, no vivimos simplemente, sino que convivimos a lo largo del tiempo. Participamos de la vida de los demás, de sus alegrías y angustias. Sin embargo es difícil para muchos convivir con aquellos que son diferentes, ya sea de etnia, de religión, de partido político. Lo importante es estar abierto al intercambio. Lo diferente siempre nos trae algo nuevo que nos enriquece o nos desafía. Lo que nunca podemos hacer es convertir la diferencia en desigualdad. Podemos ser humanos de muchas maneras diferentes, a la manera brasileña, italiana, japonesa, yanomami. Cada manera es humana y tiene su dignidad. Hoy, a través de los medios de comunicación cibernéticos, abrimos ventanas a todos los pueblos y culturas. Saber convivir con estas diferencias abre nuevos horizontes y entramos en una especie de comunión con todos. Esta convivencia implica también a la naturaleza, convivir con los paisajes, con los bosques, con los pájaros y los animales. No sólo para mirar el cielo estrellado, sino para entrar en comunión con las estrellas, porque de ellas venimos y formamos un gran Todo. En definitiva, formamos una comunidad de destino común con toda la creación.

La séptima virtud es el respeto incondicional. Cada ser, por pequeño que sea, tiene valor en sí mismo, independientemente del uso humano. Albert Schweitzer, gran médico suizo que fue a Gabón, en África, para atender a los hansenianos, desarrolló el tema en profundidad. Para él el respeto es la base más importante de la ética, porque incluye la acogida, la solidaridad y el amor. Debemos empezar por el respeto a nosotros mismos, manteniendo actitudes dignas y formas que despierten el respeto de los demás. Es importante respetar a todos los seres de la creación, porque ellos valen por sí mismos; existen o viven y merecen existir o vivir. Es especialmente valioso el respeto ante toda persona humana, pues es portadora de dignidad, de sacralidad y de derechos inalienables, sin importar de dónde provenga. Debemos un respeto supremo a lo sagrado y a Dios, el misterio íntimo de todas las cosas. Sólo ante Él podemos arrodillarnos y venerar, pues sólo ante Él cabe esta actitud.

La octava virtud es la justicia social y la igualdad fundamental de todos. Justicia es más que dar a cada uno lo que es suyo; entre los humanos, la justicia es el amor y el mínimo respeto que debemos dedicar a los demás. La justicia social es garantizar lo mínimo a todas las personas, no crear privilegios, y respetar sus derechos en pie de igualdad, porque todos somos humanos y merecemos ser tratados humanamente. La desigualdad social significa injusticia social y, teológicamente, es una ofensa al Creador y a sus hijos e hijas. Tal vez la mayor perversidad que existe hoy en día sea la que deja a millones de personas en la miseria, condenadas a morir antes de tiempo. En este tiempo de coronavirus, se ha demostrado la violencia de la desigualdad social y la injusticia. Mientras algunos pueden vivir en cuarentena en casas o apartamentos adecuados, la gran mayoría de los pobres están expuestos a la contaminación y a menudo a la muerte.

La novena virtud es la búsqueda incansable de la paz. La paz es uno de los bienes más ansiados, porque, por el tipo de sociedad que construimos, vivimos en permanente competencia, con llamadas al consumo y a la exaltación de la productividad. La paz no existe en sí misma, es la consecuencia de valores que deben ser vividos previamente y que dan como resultado la paz. Uno de las formas más acertadas de comprender la paz nos viene de la Carta de la Tierra, donde se dice: «La paz es la plenitud que resulta de las relaciones correctas con uno mismo, con otras personas, con otras culturas, con otras vidas, con la Tierra y con el Gran Todo del cual somos parte» (n.16 f). Como se puede ver, la paz es la consecuencia de relaciones adecuadas y el fruto de la justicia social. Sin estas relaciones y esta justicia sólo conoceremos una tregua, nunca una paz permanente.

La décima virtud es el cultivo del sentido espiritual de la vida. El ser humano tiene una exterioridad corporal mediante la cual nos relacionamos con el mundo y con las personas y tenemos también una interioridad psíquica donde se anidan, en la estructura del deseo, nuestras pasiones, los grandes sueños, y nuestros ángeles y demonios. Debemos controlar estos últimos y cultivar amorosamente los primeros. Sólo así podremos disfrutar del equilibrio necesario para la vida.

Pero también poseemos una profundidad, esa dimensión en la que residen los grandes interrogantes de la vida: ¿quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué podemos esperar después de esta vida terrenal? ¿Cuál es la Energía Suprema que sostiene el firmamento y mantiene nuestra Casa Común alrededor del Sol y la mantiene siempre viva para permitirnos vivir? Es la dimensión espiritual del ser humano, hecha de valores intangibles como el amor incondicional, la confianza en la vida, el coraje para enfrentar las inevitables dificultades. Nos damos cuenta de que el mundo está lleno de sentidos, que las cosas son más que cosas, son mensajes y tienen otro lado invisible. Intuimos que hay una Presencia misteriosa que impregna todas las cosas. Las tradiciones religiosas y espirituales han llamado a esta Presencia con mil nombres, sin poder, sin embargo, descifrarla totalmente. Es el misterio del mundo que se remite al Misterio Abisal que hace que sea todo lo que es. Cultivar este espacio nos humaniza, nos hace más humildes y nos arraiga en una realidad trascendente, adecuada a nuestro deseo infinito.

              Conclusión: ser simplemente humanos

La conclusión que sacamos de estas largas reflexiones sobre el coronavirus 19 es: debemos ser simplemente humanos, vulnerables, humildes, conectados entre sí, solidarios y cooperativos, parte de la naturaleza y la porción consciente y espiritual de la Tierra con la misión de cuidar la herencia sagrada que hemos recibido, la Madre Tierra, para nosotros y para las generaciones futuras.

Son inspiradoras las últimas frases de la Carta de la Tierra: «Que nuestro tiempo sea recordado por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por el firme compromiso de alcanzar la sostenibilidad e intensificar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida».

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito Virtudes para otro mundo posible (3 vol.), Sal Terrae, 2005-2006.

Traducción de Mª José Gavito Milano

O covid-19: ou cooperamos ou não teremos futuro nenhum

Uma pergunta sempre esteve presente nas buscas humana: qual é a nossa essência específica? A história conhece inumeráveis respostas. Mas a mais contundente, convergência de várias ciências contemporâneas como a nova biologia evolucionária, a genética, as neurociências, a psicologia evolutiva, a cosmologia, a ecologia, a femenologia e outras é essa: a cooperação.

Michael Tomasello, considerado genial na área da psicologia do desenvolvimento de crianças de 1-3 anos, sem intervenção invasiva, reuniu num volume as melhores pesquisas na área sob o título :”Por que nós cooperamos” (Warum wir kooperieren, Berlim, Suhrkamp 2010). Em seu ensaio de abertura afirma que a essência do humano está no “altruismo” e na “cooperação”. “No altruismo um se sacrifica pelo outro. Na cooperação muitos se unem em vista de um bem comum” (p.14).

Uma das maiores especialistas em psicologia e evolução da Universidade de Stanford, Carol S. Dweck, afirma: “mais que a grandeza excepcional de nosso cérebro e de nossa imensa capacidade de pensar, a nossa natureza essencial é esta: a aptidão de sermos seres de cooperação e de relação (Por que cooperamos, op.cit 95).

Outra, da mesma ciência, famosa por suas pesquisas empíricas, Elizabeth S. Spelke, de Harvard, assevera: nossa marca, por natureza, diferencial de qualquer outra espécie superior como a dos primatas (dos quais somos um bifurcação) é “a nossa intencionalidade compartida” que propicia todas as formas de cooperação, de comunicação e de participação de tarefas e de objetivos comuns”(op.cit. 112). Ela caminha junto com a linguagem que é, essencialmente, social e cooperativa, traço específico dos humanos, como o entenderam os biólogos chilenos H.Maturana e F. Varela.

Outro, este neurobiólogo do conhecido Instituto Max Plank, Joachim Bauer, em seu livro “O gen cooperativo”(Das kooperative Gen, Hoffman und Campe,Hamburgo 2008) e especialmente no livro “Princípio humanidade: por que nós, por natureza, cooperamos”(2006) sustenta a mesma tese: o ser humano é essencialmente um ser de cooperação. Refuta com veemência o zoólogo inglês Richard Dawkins, autor do livro muito difundido: “O gene egoísta”(1976/2004). Afirma “que sua tese não possui nenhuma base empírica; ao contrário, representa o correlato do capitalismo dominante que assim parece legitimá-lo” (Op.cit.153). Critica também a superficialidade de outro livro “Deus, uma ilusão”(2007).

No entanto, diz Bauer, é cientificamente verificado, que “os genes não são autônomos e de modo algum ‘egoístas’mas se agregam com outros nas células da totalidade do organismo”(O gene cooperativo,184). Afirma mais ainda:”Todos os sistemas vivos se caracterizam pela permanente cooperação e comunicação molecular para dentro e para fora”(Op.cit.183).

É notório pela bio-antropologia que a espécie humana deixou para trás os primatas e virou ser humano, quando começou,de forma cooperativa, a recoletar e a comer o que recolhia.

Uma das teses axiais da física quântica (W.Heisenberg) e da cosmogênese (B.Swimme) consiste em afirmar a cooperação e a relação de todos com todos. Tudo é relacionado e nada existe fora da relação. Todos cooperam uns com os outros para coevoluirem. Talvez a formulação mais bela foi encontrada pelo Papa Francisco em sua encíclica Laudato Sì: sobre o cuidado da Casa Comum: “Tudo está relacionado, e todos nós, seres humanos, caminhamos juntos como irmãos e irmãs, numa peregrinação maravilhosa…que nos une também, com terna afeição, ao irmão sol, à irmã lua, ao irmão rio e à mãe Terra”(n.92).

Um brasileiro, professor de filosofia da ciência na UFES em Vitória, Maurício Abdala, escreveu um convincente livro sobre “O princípio cooperação” na linha das reflexões acima referidas,especialmenet baseado na biologia.

Por que dizemos tudo isso? Para mostrar quão anti-natural e perverso é o sistema imperante do capital com seu individualismo e sua competição sem nenhuma cooperação.É ele que está conduzindo a humanidade a um impasse fatal. Por essa lógica, o coronavírus nos teria contaminado e exterminado a todos. Foi a cooperação e a solidariedade de todos com todos que nos estão salvando.

De aqui por diante devemos decidir: Ou obedecemos à nossa natureza essencial, a cooperação, no nível pessoal, local, regional, nacional e mundial, mudando a forma de habitar a Casa Comum ou comecemos a nos preparar para o pior, num caminho sem retorno.

Se não ouvirmos esta lição que o covid-19 nos está dando e voltarmos, com mais fúria ainda, ao que era antes, para recuperar o atraso, podemos estar na contagem regressiva de uma catástrofe ainda mais letal. Quem nos garante que não poderá ser o temido NBO (Next Big One), aquele próximo e derradeiro vírus avassalador e inatacável que porá fim à nossa espécie? Grandes nomes da ciência como Jacquard, de Duve, Rees, Lovelock e Chomsky entre outros nos advertem sobre esta emergência trágica.

Lembro apenas as derradeiras palavras do velho Martin Heidegger em sua última entrevista ao Der Spiegel a ser publicada 15 anos após a sua morte, referindo-se à lógica suicida de nosso projeto tecnico-científico: “Nur noch ein Gott kann uns retten” = “Somente um Deus nos poderá salvar”.

É o que espero e creio, pois, Deus se revelou como “o apaixonado amante da vida”(Sabedoria 11,24).

Leonardo Boff é ecoteólogo, filósofo e escreveu Opção Terra: a solução da Terra não cai do céu, Record 2009.