Minima Theologica: la muerte que da sentido a la vida

Aquí va otro retazo de pensamiento de una teología mínima:

El sentido que damos a la vida depende del sentido que damos a la muerte. Si la muerte es el fin de todo, de poco valen entonces los muchos trabajos y duros sacrificios a los que nos sometemos cada dia.

Pero si la muerte es el fin, en el sentido de objetivo alcanzado, entonces todo ha valido la pena. Morir es vivir más y mejor.

Por eso tiene lógica la respuesta que dió Jean Paul Sartre, al final de su vida, a una periodista que le preguntó si continuaba siendo ateo. El filósofo respondió: “Continúo, pero con la esperanza esperante de que Dios exista, de lo contrario la vida no tiene sentido”.

“Salve Jorge”: de Capadocia o de Palestina?

 

En Brasil y en otras partes del mundo hay millones de personas que ven novelas en la televisión. Una, actualmente, “Salve Jorge”, se desarrolla en Capadocia, Turquía, donde habría vivido san Jorge.

Entre los estudiosos existe un debate ya antiguo sobre el lugar de su nacimiento. Ha sido ampliamente discutido por Malga di Paulo, investigadora de la vida del santo, que fue quien proporcionó los datos para la actual novela. Próximamente va a ser publicado un libro suyo. Para Malga, que conoce a fondo la Capadocia, todos los indicios llevan a aquel lugar como la patria natal de este famoso mártir. Otros lo sitúan en Lod, Palestina, hoy Israel, donde se construyó un santuario en su honor.

Es muy poco lo que podemos decir de forma segura sobre el tema. La escuela de historiadores críticos de la vida de los santos y de los mártires, surgida a partir del siglo XVII, los Bolandistas, y su obra el Acta Sanctorum deja abierta la cuestión. Otro grupo, creado en torno a A. Buttler, basándose en los Bolandistas, y accesible en portugués a través de los 12 volúmenes de La Vida de los Santos (Vozes 1984) asevera: «Hay toda una serie de motivos para creer que san Jorge fue un mártir real y verdadero que sufrió la muerte en Lida (Palestina) probablemente en la época anterior a Constantino (306-337). Fuera de esto, parece que nada más se puede afirmar con seguridad» (vol. IV, p. 188).

Me inclino por afirmar que Palestina y no Capadocia es su lugar de nacimiento. La razón se apoya en el hecho de que habría habido una confusión de nombres. En efecto, había en Capadocia un obispo llamado Jorge de Capadocia, hecho históricamente bien confirmado. Entró en la historia de la teología por las polémicas acerca de la naturaleza de Cristo: ¿sería sólo semejante a la de Dios (arrianos) o sería la misma (anti-arrianos)? Tal discusión dividió a la Iglesia. El emperador Constancio II (uno de sus títulos era el de Papa) quería asegurar la unidad del imperio mediante una confesión única, en este caso, la arriana. Ocupó militarmente Alejandría, foco de la resistencia anti-arriana, e impuso a Jorge de Capadocia como obispo arriano (357-361), asesinado más tarde.

Mi hipótesis es que los primeros compiladores de la vida de san Jorge, ya en el siglo V y después en el siglo XII, confundieron a san Jorge con ese conocido Jorge de Capadocia y así lo hicieron nacer allí. Una hipótesis.

Dejando a un lado la discusión, es importante recordar su figura más conocida: un guerrero montado sobre un caballo blanco, vestido con coraza, con una cruz roja sobre fondo blanco, enfrentándose con su lanza puntiaguda a un terrible dragón.

Como su padre era militar siguió esa carrera. Fue tan brillante que el emperador Diocleciano lo incorporó a su guardia personal con el alto cargo de Tribuno. Cuando este imperador obligó, bajo pena de muerte, a todos los cristianos a renunciar a la fe cristiana y adorar a los dioses romanos, Jorge se negó y salió en defensa de sus hermanos en la fe. Preso y torturado, dice la leyenda que salió milagrosamente ileso de la caldera de plomo y de varios envenenamientos. Pero acabó siendo decapitado.

Al principio, en Occidente era venerado como un simple mártir, con su típica palma. Con el tiempo, y especialmente debido a las cruzadas, pasó a ser representado como guerrero, con sus instrumentos propios, y asociado especialmente al enfrentamiento con el dragón, símbolo del mal y del demonio.

La leyenda más conocida en Occidente es la siguiente:

En cierta ocasión, Jorge, como militar, pasó por Libia en el norte de África. En la pequeña ciudad de Silca el pueblo vivía aterrorizado. En un lago vecino reinaba un terrible dragón. Su soplo era tan mortífero que nadie podía aproximarse a él para matarlo. Cobraba dos carneros al día. Terminados estos, exigía víctimas humanas, escogidas por sorteo. Un día la suerte cayó sobre la hija del rey. Vestida de novia fue al encuentro de la muerte. Y he aquí que entonces aparece san Jorge con su caballo blanco y con su larga lanza. Hiere al dragón y lo domina. Le amarra la boca con el cinto de la princesa y ésta lo conduce manso como un cordero hasta el centro de la ciudad. Y todos, agradecidos, se convirtieron a la fe cristiana.

Es patrono de Inglaterra desde 1222 pero oficialmente sólo desde 1347 con Eduardo III, y se celebra con fiesta solemne (the St.George’s Day), y también lo es de Rusia, de Portugal, de Bulgaria, de Grecia, de Cataluña y de muchísimas ciudades.

Cuando el Vaticano en 1969 hizo una revisión de la lista de los santos y retiró de ella al popular San Jorge, por motivos no totalmente claros, se organizó una gran polémica. Hubo un clamor general, especialmente por parte de Inglaterra, de Cataluña y también del equipo de futbol Corinthians. El cardenal don Paulo Evaristo Arns, corinthiano fervoroso, intercedió ante el Papa Pablo VI en 1969 para que mantuviese la veneración a san Jorge, al menos como celebración optativa. A lo que el Papa respondió: “No podemos perjudicar a Inglaterra ni a la nación corinthiana; sigan con la devoción”. En el año 2000 Juan Pablo II, con sentido pastoral, restableció la fiesta. San Jorge está presente en las tradiciones afro: Ogum para la Umbanda y Oxossi para el candomblé-nagô. En Río de Janeiro el 23 de abril, que es su fiesta, es día feriado municipal, pues es el patrono oficioso de la ciudad.

En el próximo artículo intentaremos descifrar el arquetipo de base que subyace al guerrero san Jorge y al dragón. Hasta entonces, hacemos nuestra la oración popular:

«Andaré vestido y armado con las armas de san Jorge para que mis enemigos, teniendo pies no me alcancen, teniendo manos no me peguen y teniendo ojos no me vean… que mis enemigos queden humildes y sumisos a Vos. Amén».

Leonardo Boff fué profesor de historia de los dogmas en el Instituto Franciscano de Teología de Petrópolis, Rio.

Actitudes frente a la crisis actual

Nadie puede quedar indiferente frente a la crisis actual. Urge una decisión y encontrar una salida liberadora. Aquí presentamos varias actitudes para ver cuál de ellas es la más adecuada a fin de evitar engañarse.

La primera es la de los catastrofistas: la fuga hacia el fondo. Estos enfatizan el lado de caos que encierra toda crisis. Ven la crisis como catástrofe, descomposición y fin del orden vigente. Para ellos la crisis es algo anormal que debemos evitar a toda costa. Sólo aceptan ciertos ajustes y cambios dentro de la misma estructura. Pero lo hacen con tantos peros que recortan cualquier irrupción innovadora.

Contra estos catastrofistas ya decía el buen papa Juan XXIII, refiriéndose a la Iglesia, pero es aplicable a cualquier campo: «La vida concreta no es una colección de antigüedades. No se trata de visitar un museo o una academia del pasado. Se vive para progresar, si bien sacando provecho de las experiencias del pasado, pero para ir siempre más lejos».

La crisis generalizada no tiene que ser una caída hacia el abismo. Es válido lo que escribió un suizo que ama mucho a Brasil, el filósofo y pedagogo Pierre Furter: «Caracterizar la crisis como señal de un colapso universal, es una manera sutil y pérfida de impedir los cambios por parte de los poderosos y de los privilegiados, desvalorizándolos de antemano».

La segunda actitud es la de los conservadores: la fuga hacia atrás. Estos se orientan por el pasado, mirando por el retrovisor. En vez de aprovechar las fuerzas contenidas en la crisis actual, huyen hacia el pasado y buscan viejas soluciones para problemas nuevos. Por eso son arcaizantes e ineficaces.

Gran parte de las instituciones políticas y de los organismos económicos mundiales como el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-20, pero también la mayoría de las Iglesias y de las religiones buscan dar solución a los graves problemas mundiales con las mismas concepciones. Favorecen la inercia y frenan soluciones innovadoras.

Dejando las cosas como están, éstas nos llevarán fatalmente al fracaso, a una crisis ecológica y humanitaria inimaginable. Como las fórmulas pasadas agotaron su fuerza de convencimiento y de innovación, acabarán transformando la crisis en una tragedia.

La tercera actitud es a de los utópicos: fuga hacia delante. Estos piensan resolver la situación-de-crisis huyendo hacia el futuro. Se sitúan dentro del mismo horizonte que los conservadores solo que en dirección contraria. Por eso, pueden llegar fácilmente a acuerdos con ellos.

Generalmente son voluntaristas y se olvidan de que en la historia solo se hacen las revoluciones que se hacen. El último slogan no es un pensamiento nuevo. Los críticos más audaces pueden ser también los más estériles. No es raro que la audacia contestataria no pase de ser una evasión para no enfrentarse a la dura realidad.

Circulan actualmente utopías futuristas de todo tipo, muchas de carácter esotérico como las que hablan de la alineación de energías cósmicas que están afectando a nuestras mentes. Otros proyectan utopías fundadas en el sueño de que la biotecnología y la nanotecnología podrán resolver todos los problemas y hacer inmortal la vida humana.

Una cuarta actitud es la de los escapistas: huyen hacia dentro. Se dan cuenta del oscurecimiento del horizonte y del conjunto de las convicciones fundamentales, pero hacen oídos sordos a la alarma ecológica y a los gritos de los oprimidos. Evitan la confrontación, prefieren no saber, no oír, no leer y no cuestionarse. Estas personas ya no quieren convivir. Prefieren la soledad del individuo pero generalmente conectado a internet y a las redes sociales.

Finalmente, hay una quinta actitud: la de los responsables: hacen frente al aquí y al ahora. Son los que elaboran una respuesta, por eso los llamo responsables. No temen, ni huyen, ni se evaden, sino que asumen el riesgo de abrir caminos. Buscan fortalecer las fuerzas positivas contenidas en la crisis y formulan respuestas a los problemas. No rechazan el pasado por ser pasado. Aprenden de él como un repositorio de grandes experiencias que no deben ser desperdiciadas, pero sin eximirse de hacer sus propias experiencias.

Los responsables se definen por un a favor y no simplemente por un contra. Tampoco se pierden en polémicas estériles. Trabajan y se comprometen profundamente en la realización de un modelo que corresponda a las necesidades del tiempo, abierto a la crítica y a la autocrítica, dispuestos siempre a aprender.

Lo que más se exige hoy son políticos, líderes, grupos, personas que se sientan responsables y fuercen el paso del tiempo viejo al nuevo tiempo.

Leonardo Boff es teólogo y filósofo y autor del DVD: Crisis: oportunidad de crecimiento (CDDH Petrópolis 2012).

Traducción de María José Gavito Milano

Balance anual de lo micro: brotes en el desierto

Desde San Agustín (“en cada hombre hay simultáneamente un Adán y un Cristo”), pasando por Abelardo (“sic et non”), por Hegel y Marx hasta llegar a Leandro Konder, sabemos que la realidad es dialéctica. Es decir, es contradictoria porque los opuestos no se anulan sino que se tensionan y conviven permanentemente generando dinamismo en la historia. Esto no es un defecto de fabricación sino la marca registrada de lo real. Nadie lo ha expresado mejor que el pobrecito de Asís al rezar: “donde haya odio que yo lleve amor, donde haya tinieblas que lleve la luz, donde haya error que lleve la verdad…”  No se trata de negar o de anular uno de los polos, sino de optar por uno, el luminoso, y reforzarlo hasta el punto de impedir que el otro, negativo, sea tan destructivo.

¿A que viene esta reflexión? Con ella quiere expresarse que el mal nunca es tan malo que impida la presencia del bien; y que el bien nunca es tan bueno que suprima la fuerza del mal. Debemos aprender a negociar con estas contradicciones. En un artículo anterior intenté hacer un balance de lo macro, negativo: así como estamos vamos de mal en peor. Pero dialécticamente hay un lado positivo que importa realzar. Un balance de lo micro nos revela que estamos asistiendo, esperanzados, al brote de flores en el desierto. Y esto está ocurriendo por todas las partes del planeta. Basta frecuentar los Foros Sociales Mundiales y las bases populares de muchas partes para notar que hay vida nueva que está abriéndose en medio de las víctimas del sistema e incluso en empresas y en dirigentes que están abandonando el viejo paradigma y se ponen a construir un Arca de Noé salvadora.

Anotamos aquí algunos puntos de mutación que podrán salvaguardar la vitalidad de la Tierra y garantizar nuestra  civilización.

El primero es la superación de la dictadura de la razón instrumental analítica, principal responsable de la devastación de la naturaleza, mediante la incorporación de la inteligencia emocional o cordial, que nos lleva a implicarnos con el destino de la vida y de la Tierra, cuidando, amando y buscando el vivir bien.

El segundo es el fortalecimiento mundial de la economía solidaria, la agroecología, la agricultura orgánica, la bioeconomía y el ecodesarrollo, alternativas al crecimiento material vía PIB.

El tercero es el ecosocialismo democrático que propone una forma nueva de producción con la naturaleza y no contra ella y una necesaria gobernanza global.

El cuarto es el biorregionalismo que se presenta como alternativa a la globalización homogeneizadora, valorando los bienes y servicios de cada región con su población y cultura.

El quinto es el buen vivir de los pueblos originarios andinos que supone la construcción del equilibrio entre los seres humanos y con la naturaleza a base de una democracia comunitaria y el respeto a los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra o el Índice de Felicidad Bruta del gobierno de Bután.

El sexto es la sobriedad compartida o la sencillez voluntaria que refuerzan la soberanía alimentaria de todos, la justa medida y la autocontención del deseo obsesivo de consumir.

El séptimo es el visible protagonismo de las mujeres y de los pueblos originarios que presentan una nueva benevolencia hacia la naturaleza y formas más solidarias de producción y de consumo.

El octavo es la lenta pero creciente acogida de las categorías de cuidado como condición previa para una sostenibilidad real. Esta está despegándose de la categoría desarrollo y es vista como la lógica de la red de la vida que garantiza las interdependencias de todos con todos asegurando la vida en la Tierra.

El noveno es la penetración de la ética de la responsabilidad universal, pues todos somos responsables del destino común, el nuestro y el de la Madre Tierra.

El décimo es la recuperación de la dimensión espiritual, más allá de las religiones, que nos permite sentirnos parte del Todo, percibir la Energía universal que todo penetra y todo sostiene y nos hace cuidadores y guardianes de la herencia sagrada recibida del universo y de Dios.

Todas estas iniciativas son más que semillas. Son ya brotes que muestran la posible floración de una Tierra nueva con una humanidad que está aprendiendo a responsabilizarse, a cuidar y a amar, lo que afianza la sostenibilidad de este pequeño planeta nuestro.

Vea L. Boff y M.Hathaway  El Tao de la Liberación, explorando la ecología de la transformación (Vozes 2012).

Traducción de María Gavito Milano