El complot para derribar al Papa Francisco

                      El complot para derribar al Papa Francisco

07/12/2019
Es importante que los católicos, los cristianos y las personas interesadas en asuntos religiosos sepan de la enorme e incluso perversa campaña articulada por multimillonarios estadounidenses, ultraconservadores, junto con personas que ocupan altos cargos de dentro del Vaticano, interesados en distorsionar sus doctrinas, criticar sus prácticas pastorales y difamar directamente a la persona del Papa Francisco. Hay una razón manifiesta para esta campaña (que suponemos tenga también representantes en Brasil) porque por primera vez un Papa se opone directamente al sistema económico que, en su afán por acumular de forma ilimitada, explota naciones, manipula mercados, crea millones de pobres y agrede gravemente los ecosistemas, poniendo en peligro el futuro de la vida en la Tierra. Su encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015) dirigida a toda la humanidad, recibe gran rechazo de estos grupos radicales de ultaderecha que se presentan como piadosos. Frustrados por no conseguir hacerlo renunciar (son demasiadamente ingenuos y confiados en su poder financiero), se proponen elaborar dossiers detallados con el auxilio de ex-agentes del FBI sobre los futuros cardenales, favoreciendo todo lo que pueden a aquellos que pueden servir a sus intereses y atacando duramente a aquellos que tal vez prolongarían la agenda del Papa Francisco, sometiéndoles a grandes presiones con fake news, mentiras y calumnias. Estos opositores radicales saben del reconocido liderazgo moral y también ético-político del Papa Francisco sobre la opinión pública mundial y sobre otros jefes de Estado que aprecian su valentía, su sinceridad, su carisma y su entrañable amor a los pobres y a los inmigrados de África y del Medio Oriente, que huyen del hambre y de las guerras hacia Europa. De su círculo próximo pudimos personalmente saber que el Papa se comporta de forma soberana, duerme como un tronco de las 9,30 de la noche a las 5,30 de la mañana y vive el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas de la persecución y difamación. Confiamos en el Espíritu que conduce la historia, también la Iglesia de Dios, y en las oraciones de las personas de mente pura para que las maquinaciones maliciosas de estos grupos poderosos sean totalmente frustradas. Ellas no vienen de Dios sino de un espíritu impuro y malo. Lboff

                 El complot en USA para derribar al Papa Francisco

Un periodista francés denuncia el círculo de promotores de una conspiración que llega hasta el Vaticano, compuesto por el sector de los mega millonarios ultraconservadores, que usa su influencia y poder económico para asediar al sumo pontífice.

Por Eduardo Febbro

Carta Maior del 17/09/2019, 18:45

“Para mí es un honor que me ataquen los norteamericanos”, dijo el Papa Francisco cuando el periodista francés Nicolas Senèze, corresponsal del diario católico La Croix en Roma, mostró al papa el libro-reportaje sobre el complot estadunidense contra su papado, durante el vuelo que los llevaba a Mozambique. El título de la obra es Cómo quiere América cambiar de Papa (Comment l’Amérique veut changer de Pape).

Los detalles de ese complot y los nombres de los protagonistas y de los grupos implicados están claramente expuestos en las páginas del libro, que describen desde su inicio la mecánica de la hostilidad contra el papado actual. El operativo tiene hasta nombre “Informe Sombrero Rojo” (“The Red Hat Report”). Un círculo preciso que mueve dinero e influencia, organizado por los sectores ultraconservadores y de mega millonarios de Estados Unidos. Las piezas de este juego de calumnias y de poder se encajan en un complejo rompecabezas que los adversarios del pontífice vienen armando en los últimos años. El golpe empezó a ser fomentado en Washington en 2018. El grupo de ultraconservadores se reunió en la capital norteamericana para fijar dos metas: alcanzar la figura de Francisco de la forma más destructiva posible y adelantar su sucesión para escoger, entre los cardenales actuales, el más adecuado a los intereses conservadores.

El “Informe Sombrero Rojo” fue organizado por un grupo de expolicías, exmiembros del FBI (Departamento Federal de Investigaciones de Estados Unidos), abogados, políticos, periodistas y académicos que han estudiado la vida y las ideas de cada uno de los cardenales, con la finalidad de destruir las carreras de los que no les interesan o beneficiar las de aquellos que pretenden imponer como sustituto de Francisco, cuando llegue el momento oportuno. Y mientras llega ese momento, el grupo busca preparar el terreno para lo que Senèze llama “un golpe de Estado contra el Papa Francisco”.

Una mañana de 2017, Roma amaneció cubierta de carteles contra el Papa. Fue el primer acto de la ofensiva. El segundo, y ciertamente el más espectacular, sucedió en agosto de 2018, cuando por primera vez en la historia del Vaticano, un cardenal hizo pública una carta exigiendo la renuncia de Francisco. El autor fue monseñor Carlo Maria Viganò, exnuncio del Vaticano en Estados Unidos. El corresponsal de La Croix en el Vaticano detalla la odisea maligna de este grupo de poder en su misión por sacar del camino a un Papa, que con sus posiciones contra el neoliberalismo, contra la pena de muerte, a favor de los inmigrantes y su inédita defensa del medio ambiente a través de la encíclica Laudato Si promueve una corriente contraria a la de esos empresarios. Los conspiradores no tienen nada de santos: son adeptos a la teología de la prosperidad, poseen empresas ligadas al mercado financiero y de seguros, y están implicados hasta en la explotación de la Amazonia. Francisco es una piedra en sus zapatos, una cruz sobre sus ambiciones.

Según Senèze, organizaciones de caridad como “Los Caballeros de Colón” (que poseen cerca de 100 mil millones de dólares, gracias a las compañías de seguros que administran), el banquero Frank Hanna, la red de medios de comunicación Eternal World Television Network (EWTN), cuyo promotor, el abogado Timothy Busch, es también el creador del Instituto Napa, que tiene la misión de difundir “una visión conservadora y favorable a la libertad económica”, están entre los miembros más activos del complot. Pero hay también otros, como George Weigel y su famoso think tank, el Centro de Ética y Política Pública. En diálogo con el periódico argentino Página/12, Senèze habla sobre la trama que, a pesar del poder de sus componentes, todavía no ha sido capaz de derribar al Papa.

Pregunta: Parece una historia de novela, pero es una historia real. El Papa Francisco fue y es objeto de una de las campañas más intensas vistas contra un sumo pontífice.

Nicolas Senèze: El Papa Francisco no sirve a los intereses de ese grupo de empresarios ultraconservadores, y por eso decidieron atacarlo. Actúan como si fuese el consejo de administración de una empresa, cuando se despide al director porque no alcanzó los objetivos deseados. Esa gente cuenta con enormes recursos financieros, e incluso así, durante el mandato de Francisco, no consiguieron influenciar su línea de pensamiento. Por eso empezaron a acercarse a personas de dentro de la Iglesia que también están en contra de Francisco. Algunas de ellas, como monseñor Viganò, llegaron a exigir públicamente su renuncia. Creo que ese grupo de ultraconservadores sobrestimaron sus fuerzas. Monseñor Carlo Maria Viganò, por ejemplo, no calculó la lealtad de las personas dentro del Vaticano que no estaban dispuestas a traicionar al Papa, incluso las que son críticas con Francisco.

Pregunta: La operación que organiza el “Informe Sombrero Rojo” tenía dos objetivos, uno para ahora y otro para el futuro.

Senèze: Efectivamente. Como no pudieron derribar al Papa, intentan ahora una nueva estrategia. Francisco tiene 84 años y podemos pensar que estamos cerca del fin de su pontificado. Lo que están haciendo es preparar el próximo cónclave. Para eso, están invirtiendo mucho dinero, contratando a exmiembros del FBI, para preparar dossiers sobre los cardenales que participarán en la elección. El primer objetivo es destruir a aquellos que tienen la intención de continuar las reformas aplicadas por el Papa Francisco. Y después, buscar un sustituto adecuado a sus intereses. El problema de esta meta es que, por lo menos hasta ahora, no cuentan con un candidato verosímil. No les será fácil. Entre tanto, les puede ir bien en el trabajo de arañar la credibilidad de los candidatos reformistas, y de esta forma pueden conseguir la elección de un reformista débil y manipulable, que ceda a la presión en favor de desmontar las reformas de Francisco. Para eso cuentan con mucho poder económico e influencias. Creo profundamente que la mayoría de los católicos norteamericanos respaldan al Papa Francisco. Pero en Estados Unidos la cantidad no basta. Lo que habla más alto es el factor dinero.

Pregunta: Esos grupos ya existían antes, pero nunca actuaron con tanta fuerza.

Senèze: Son empresarios que disponen de enormes medios. Cada uno de ellos ha ido creando su grupo de reflexión dentro de la Iglesia, su escuela de teología, su universidad católica, su equipo de abogados para defender la libertad religiosa. Es una operación nebulosa, que funciona mediante una red de instituciones privadas, y que llegó para dominar el catolicismo norteamericano. Son, por ejemplo, los que donaron mucho dinero para ayudar a las diócesis estadounidenses que tuvieron que pagar enormes indemnizaciones tras la revelación de los casos de abuso sexual. Por eso pueden imponer una dirección ideológica a esas diócesis. Tim Busch, por ejemplo, está presente en todas las etapas de ese montaje. Para proteger poderosos intereses económicos en la Amazonia, esos grupos usan toda su fuerza a fin de desviar la atención y evitar así la promoción de ideas en defensa de la ecología. Trabajan siempre para distraer la atención de los debates fundamentales. Por ejemplo, en los sínodos buscan imponer sus puntos de vista, o sea, sus intereses.

Pregunta: ¿Y cómo un grupo tan poderoso pudo dejar que Francisco fuese elegido Papa?

Senèze: No se dieron cuenta de que ocurriría eso, porque la elección de Francisco fue el resultado de una dinámica que envolvía otras necesidades: este Papa fue elegido debido a la crisis en el seno de la institución, gracias a la voluntad de recuperación de los obispos de todo el mundo tras años de problemas generados por errores del pasado, que llevaron, por ejemplo, a la omisión ante los casos de abuso sexual. Bergoglio se impuso porque era el más dispuesto a reformar esa Iglesia. Pero su ideología choca con la visión que los católicos ultraconservadores de Estados Unidos tienen sobre cuál es el papel de la Iglesia. Además, otro ingrediente propio del catolicismo estadounidense es el desprecio de los católicos blancos hacia los latinos. El sector conocido por la sigla WASC (“white anglo saxon catholics” o “católicos blancos anglosajones”) odia a los latinos, los considera pobres fracasados. Los WASC están muy influenciados por la teología de la prosperidad difundida por los evangélicos.

Pregunta: ¿Donald Trump actúa en ese juego?

Senèze: No creo que Trump tenga muchas convicciones propias. Él ciertamente los escucha, pero quien tiene más proximidad con ese sector es el vicepresidente Mike Pence. Las diferencias entre Washington y el Vaticano son muchas: el tema de la pena de muerte, la postura de Francisco contraria a un liberalismo fuera de control, entre otras. El Papa es hoy uno de los opositores principales a los fundamentos del poder económico de los Estados Unidos.

*Publicado originalmente en Página/12 |

Traducción al portugués de Victor Farinelli, véase Carta Maior del 17/9/2019 y para el español por María José Gavito.

 

 

 

Ecología y Teología de la Liberación

La Ecología integral y la Teología de la Liberación tienen algo en común: ambas parten de un grito. La Ecología del grito de la Tierra, de los seres vivos, de los ecosistemas agredidos por el tipo de crecimiento material ilimitado que no respeta los recursos limitados de la Tierra.
La Teología de la Liberación nació al escuchar el grito de los pobres económicos, de las clases explotadas, de las culturas humilladas, de los negros discriminados, de las mujeres oprimidas por la cultura patriarcal, de los LGBT y portadores de necesidades especiales. Todos gritan por liberación. De esta escucha nacieron las distintas tendencias de la Teología de la Liberación: la feminista, la indígena, la negra, la histórica entre otras. En todas ellas el respectivo oprimido es siempre el sujeto y protagonista principal de su correspondiente liberación.

Es importante recordar que ya en los años 80 del siglo pasado quedó claro que la misma lógica que explota a los oprimidos y a las clases empobrecidas, explota también la naturaleza y la Tierra. La marca registrada de la Teología de la Liberación es la opción por los pobres, contra la pobreza y en favor de su liberación.

Dentro de la categoría pobre debe ser incluido el Gran Pobre que es la Tierra, pues al decir del papa Francisco en su encíclica ecológica “nunca hemos maltratado y herido a la Madre Tierra como en los dos últimos siglos” (n.53). Por lo tanto, no fue por factores extrínsecos que la Teología de la Liberación incorporó el discurso ecológico, sino que la deriva de su propia lógica interna que da centralidad al pobre y al oprimido.

También quedó muy claro que el modo de producción capitalista es el causante del grito de la Tierra y del grito del pobre. Si queremos la liberación de ambos, necesitamos superar históricamente este sistema. Aquí se trata de contraponer otro modo de habitar la Casa Común, que sea amigable con la Tierra y liberador.

El paradigma del mundo moderno, el poder como dominación sobre todo y sobre todos, alcanzó su máxima expresión en la cultura del capital, generador de desigualdades: una injusticia social y otra ecológica. Es individualista, competitivo y excluyente.

Debemos, entonces, contraponerle otro paradigma. Este será el cuidado. Más que una virtud, el cuidado comparece como un nuevo paradigma de relación con la naturaleza y con la Tierra: no agresivo, amigo de la vida y respetuoso con los demás seres. Si el paradigma dominante es de puño cerrado para someter, el del cuidado es de la mano extendida para entrelazarse con otras manos y proteger la naturaleza y la Tierra.

Según el antiguo mito del cuidado que adquirió su mejor elaboración filosófica con Martin Heidegger en Ser y Tiempo (&41-43), el cuidado pertenece a la esencia del ser humano. Según el mito, el cuidado viene primero, pues significa el presupuesto que debe existir para que cualquier ser pueda irrumpir en la existencia. Sin cuidado ningún ser emerge ni se mantiene en la existencia. Languidece y muere.

Hoy más que nunca necesitamos cultivar el paradigma del cuidado, puesto que todo en cierta forma está des-cuidado. El cuidado da origen a una cultura de la solidaridad contra la competición, del compartir contra el individualismo, de la autolimitación contra los excesos del poder, del consumo sobrio contra el consumismo.

Solamente la incorporación del cuidado, como paradigma, como ética y como cultura, nos puede, según la encíclica papal “Sobre el cuidado de la Casa Común”, “alimentar una pasión por el cuidado del mundo… una mística que nos anima, nos alienta y da sentido a la acción personal y comunitaria” (n. 216).

Para realizar esta diligencia la Eco-teología de la Liberación ha tenido que dialogar y aprender con los nuevos saberes de las ciencias de la Tierra y de la vida. Especialmente está llamada a contribuir con los valores del respeto, de la veneración y del cuidado, propios de la fe, valores fundamentales para una ecología integral. Finalmente, una Eco-teología de la Liberación testimonia, contra todas las amenazas, la esperanza de que “Dios, el soberano amante de la vida” (Sab 11,26) no permitirá que nuestra humanidad, un día asumida por el Verbo de la vida, vaya a desaparecer de la faz de la Tierra.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo, y ha escrito El Tao de la liberación con el cosmólogo Mark Hathaway, Trotta 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Después del ascenso de la extrema derecha, ¿qué vendrá?

Hagamos algunas constataciones: se ha consolidado la aldea global; ocupamos prácticamente todo el espacio terrestre y explotamos el capital natural hasta los confines de la materia y de la vida con la automatización, robotización e inteligencia artificial. Verificamos un ascenso atemorizador de la extrema derecha, bien expresada por el ultraneoliberalismo radical y por el fundamentalismo político y religioso. Estamos inmersos en una angustiosa crisis civilizatoria que adquiere cuerpo en las distintas crisis (climática, alimentaria, energética, económico-financiera, ética y espiritual). Inauguramos, según algunos, una nueva era geológica, el antropoceno, en la cual el ser humano aparece como el Satán de la Tierra. En contraposición, está surgiendo otra era geológica, el ecoceno, en la cual la vida y no el crecimiento ilimitado tiene centralidad.

La pregunta que se plantea ahora es: ¿Qué vendrá después del conservadurismo atroz de la derecha? ¿Será más de lo mismo? Eso es muy peligroso, pues podemos ir al encuentro de un Armagedón ecológico-social que ponga en peligro el futuro común de la Tierra y de la Humanidad. Tal tragedia puede ocurrir en cualquier momento si la Inteligencia Artificial Autónoma, por medio de algoritmos locos, desencadena una guerra letal sin que los seres humanos se den cuenta y puedan impedirla.

¿Estamos sin salida, rumbo a un destino sin retorno? Al límite, cuando nos demos cuenta de que podemos desaparecer tendremos que cambiar. Quien sabe, la salida posible será pasar del capital material al capital humano-espiritual. El primero tiene límites y se exaure. El último es infinito e inagotable. No hay límites para aquello cuyos contenidos son: la solidaridad, la cooperación, el amor, la compasión, el cuidado, el espíritu humanitario, valores en si infinitos, pues su realización puede crecer sin cesar. Lo espiritual ha sido escasamente vivenciado por nosotros, pero el miedo a desaparecer y dada la acumulación inmensa de energías positivas, puede irrumpir como la gran alternativa que nos podrá salvar.

La centralidad del capital espiritual reside en la vida en toda su diversidad, en la conectividad de todos con todos, por eso las relaciones son inclusivas, en el amor incondicional, en la compasión, en el cuidado de nuestra Casa Común y en la apertura a la Trascendencia.

No significa que tengamos que excluir la razón instrumental y su expresión en la tecnociencia. Sin ellas no atenderíamos las demandas humanas, pero no tendrían la exclusiva centralidad ni serían ya destructivas. En estas, la razón instrumental-analítica constituía su motor, en el capital espiritual, la razón cordial y sensible. A partir de ella se organizarían la vida social y la producción. En la razón cordial se hospeda el mundo de los valores; de ella se alimentan la vida espiritual, la ética y los grandes sueños y produce las obras del espíritu, mencionadas antes.

Imaginemos el escenario siguiente: si en el tiempo de la desaparición de los dinosaurios, hace cerca de 67 millones de años, hubiese habido un observador hipotético que se preguntase: ¿qué vendrá después de ellos? Probablemente diría: la aparición de especies de dinos aún mayores y más voraces. Se estaría equivocando. Ni siquiera imaginaría que de un pequeño mamífero, nuestro antepasado, que viviría en la copa de los árboles más altos, se alimentaría de flores y de brotes y temblaría de miedo de ser devorado por algún dinosaurio más alto, iba a irrumpir miles de años después, algo absolutamente impensado: un ser de conciencia y de inteligencia – el ser humano – totalmente diferente de los dinosaurios. No fue más de lo mismo. Fue un salto cualitativo nuevo.

De modo semejante creemos que ahora podrá surgir un nuevo estado de conciencia, imbuido del inagotable capital espiritual. Ahora es el mundo de ser más que el de tener, de la cooperación más que de la competición, del bien-vivir-y-convivir más que de vivir bien.

El próximo paso, entonces, sería descubrir lo que está oculto en nosotros: el capital espiritual. Bajo su regencia, podremos comenzar a organizar la sociedad, la producción y lo cotidiano. Entonces la economía estaría al servicio de la vida y la vida penetrada por los valores de la autorrealización, de la amorización y de la alegría de vivir.

Pero esto no ocurre automáticamente. Podemos acoger el capital espiritual o también rechazarlo. Pero, incluso rechazado, se ofrece como una posibilidad siempre presente a ser abrigada. Lo espiritual no se identifica con ninguna religión. Es algo anterior, antropológico, que emerge de las virtualidades de nuestra profundidad arquetípica. Pero la religión puede alimentarlo y fortalecerlo, pues se originó de él.

Estimo que la actual crisis nos abrirá la posibilidad de dar un centro axial al capital espiritual. Dicen por ahí que Buda, Jesús, Francisco de Asís, Gandhi, hermana Dulce y tantos otros maestros, lo habrían anticipado históricamente.

Ellos son los alimentadores de nuestro principio-esperanza de salir de la crisis global que nos asola. Seremos más humanos, integrando nuestras sombras, reconciliados con nosotros mismos, con la MadreTierra y con la Última Realidad.

Entonces seremos más plenamente nosotros mismos, entrelazados por redes de relaciones tiernas y fraternas con todos los seres y entre todos nosotros co-iguales.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito Saudade de Dios – la fuerza de los pequeños, Vozes 2019.

Traducción de María José Gavito Milano

Después de las naciones, construir la Tierra

Un anuncio-propaganda de un canal de televisión muestra a un grupo interétnico cantando: “Mi patria es la Tierra”. Aquí se revela un estado de conciencia que deja atrás la idea convencional de patria y de nación. En efecto, vivimos todavía bajo el signo de las naciones, cada cual autoafirmándose, cerrando o abriendo sus fronteras y luchando por su identidad. Esa fase, todavía vigente, pertenece a otra época de la historia y de la conciencia. La globalización no es sólo un fenómeno económico. Representa un dato político, cultural, ético y espiritual: un nuevo paso en la historia del planeta Tierra y de la Humanidad.
Hace algunos miles de años la especie humana salió de África, de donde surgimos en el proceso evolutivo (somos todos africanos), y conquistó todo el espacio terrestre formando pueblos, ciudades y civilizaciones. Fernando de Magallanes hizo en tres años (1519-1522) la circunnavegación de la Tierra y comprobó empíricamente que es efectivamente redonda (no plana como una obtusa visión sostiene todavía).

Después de la expansión, llegó el tiempo de la concentración, del retorno del gran exilio. Todos los pueblos se están encontrando en un único lugar: en el planeta Tierra. Descubrimos, más allá de las nacionalidades y de las diferentes etnias, que formamos una única especie, la humana, al lado de otras especies de la gran comunidad de vida.

Con esfuerzo estamos todavía aprendiendo a convivir acogiendo las diferencias sin dejar que se transformen en desigualdades. Respetando la riqueza acumulada por las naciones y etnias, que revelan los distintos modos de ser humanos, nos enfrentamos a un desafío nuevo, que nunca había existido antes: construir la Tierra como Casa Común. Crece la conciencia de que Tierra y Humanidad tienen un destino común. Xi Jinping, jefe de Estado de China, lo formuló muy bien: tenemos el deber de construir la “Comunidad de Destino compartido para la humanidad”.

El éxito de esta construcción nos traerá un mundo de paz, uno de los bienes más ansiados por todos. Vivir en paz, ¡oh que felicidad! Esa paz es lo que nos falta en la actualidad. Por el contrario, vivimos en guerras regionales letales y una guerra total movida contra Gaia, la Tierra viva, nuestra Madre Tierra, atacada en todos los frentes, hasta el punto de que muestra su indignación a través del calentamiento global y del agotamiento de sus bienes y servicios, sin los cuales la vida corre peligro.

En este contexto vale la pena revisitar a un filósofo, Immanuel Kant (+1804), uno de los primeros en pensar una República Mundial (Weltrepublik), aunque nunca había salido de su pequeña ciudad de Königsberg en Alemania. Aquella solo se consolida si consigue instaurar una “paz perenne”. Su famoso texto de 1795 se llama exactamente “Para una paz perenne” (Zum ewigen Frieden).

La paz perenne se sustenta, según él, sobre dos pilares: la ciudadanía universal y el respeto a los derechos humanos.

Esta ciudadanía se ejerce en primer lugar por la “hospitalidad general”. Precisamente porque, dice él, todos los humanos tienen el derecho de estar en ella y de visitar sus lugares y los pueblos que la habitan. La Tierra pertenece comunitariamente a todos.

Frente a los pragmáticos de la política, por lo general poco sensibles al sentido ético en las relaciones sociales, enfatiza: ”La ciudadanía mundial no es una visión de fantasía sino una necesidad impuesta por la paz duradera”. Si queremos una paz perenne y no solo una tregua o una pacificación momentánea, debemos vivir la hospitalidad y respetar los derechos.

El otro pilar son los derechos universales. Estos, en una bella expresión de Kant, son “la niña de los ojos de Dios” o “lo más sagrado que Dios puso en la tierra”. Su respeto hace nacer una comunidad de paz y de seguridad que pone un fin definitivo “al infame beligerar”.

El imperio del derecho y la difusión de la ciudadanía planetaria expresada por la hospitalidad deben crear una cultura de los derechos, generando de hecho la “comunidad de los pueblos”. Esta comunidad de los pueblos, enfatiza Kant, puede crecer tanto en su conciencia, que la violación de un derecho en un sitio se siente en todos los sitios, cosa que más tarde repetirá por su cuenta Ernesto Che Guevara.

Esta visión ético-política de Kant fundó un paradigma inédito de globalización y de paz. La paz resulta de la vigencia del derecho y de la cooperación jurídicamente ordenada e institucionalizada entre todos los Estados y pueblos.

Diferente es la visión de otro teórico del Estado y de la globalización, Thomas Hobbes (+1679). Para este, la paz es un concepto negativo, significa ausencia de la guerra y el equilibrio de la intimidación entre los estados y pueblos. Esta visión funda el paradigma de la paz y de la globalización en el poder del más fuerte que se impone a los demás. Esta visión predominó durante siglos y hoy ha vuelto poderosamente a través del singular presidente de USA, Trump, que sueña todavía con un solo mundo y un solo imperio, el norteamericano. Los Estados Unidos decidieron combatir el terrorismo con el terrorismo de Estado. Es la vuelta amenazadora del Estado-Leviatán, enemigo visceral de cualquier estrategia de paz. En esta lógica no hay futuro para la paz ni para la humanidad.

Hoy nos enfrentamos a este escenario: si por la locura de un gobernante o por la Inteligencia Artificial Autónoma se activaran los arsenales de armas nucleares podría ser el fin de nuestra especie. Et tunc erat finis. ¿Tendremos tiempo y sabiduría suficientes para cambiar la lógica del sistema implantado hace siglos que ama más la acumulación de bienes materiales que la vida? Eso dependerá de nosotros.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito: Cuidar la Tierra y proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milan, no puedo haco