LEONARDO BOFF: OCHENTA Y TRES AÑOS EN CAMINO

JUAN JOSÉ TAMAYO

Autor de Leonardo Boff. Ecología, mística y liberación (Desclée de Brower, Bilbao, 1999)

            Querido Leonardo

No quiero faltar a tu fiesta del 83 cumpleaños el día 14 de diciembre. Lo recuerdo cada año y este he decidido escribirte una carta en la que quiero expresarte mi amistad y mi reconocimiento en este largo caminar ya octogenario. Antes de la pandemia nos encontramos varias veces en Ciudad de México, Puebla de los Ángeles y Monterrey. Llevamos todo este tiempo de lacovid-19 sin vernos. Hoy quiero compensar la distancia física en tan significativo efemérides con este mensaje solidario en plena sintonía. contigo haciendo un ejercicio de “razón anamnética” de tu vida y pensamiento. 

Durante los ochenta y tres años de vida has hecho un fecundo itinerario que se bifurca en múltiples sendas: la experiencia religiosa, la teología, la ecología, la política, la academia, el púlpito, la cátedra, la foresta, la ciudad, los foros sociales, los foros mundiales de teología y liberación, los congresos de Amerindia, el acompañamiento a las comunidades eclesiales de base, al MST, etc. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, decía Antonio Machado. Tú has hecho camino al andar dejando huella por donde has pasado y sigues pasando. Y siempre desde el pensamiento crítico y heterodoxo, desde la experiencia de la ternura, del corazón, desde el amor a la Pacha Mama y desde el seguimiento de Jesús de Nazaret, el Cristo Liberador, sobre el que escribiste la primera cristología latinoamericana históricamente significativa en 1972. Luego vendrían otras de colegas y amigos, entre ellas las de Juan Luis Segundo y Jon Sobrino.

“Lo mejor de la religión -escribía Bloch en el frontispicio de su libro El ateísmo en el cristianismo– es que crea herejes”.Creo que tú eres un excelente ejemplo de este aforismo, cambiando quizá “hereje” por “heterodoxo”. Ahí radica tu creatividad en todos los campos de tu ser, del saber y del quehacer humano en los que has trabajado y sigues trabajando sin descanso. Tu vida y tu pensamiento demuestran que eres un intelectual que rompe esquemas (y algunos cráneos endurecidos de colegas, obispos y algún inquisidor, otrora mecenas tuyo), abres nuevos horizontes y propones alternativas donde parece que no hay salida o se cree que la salida es una sola. Te reconozco como uno de los teólogos más innovadores de la teología latinoamericana, que propones una ética centrada en las “virtudes para otro mundo posible”, en la construcción de una fraternidad sororal eco-humana y de una teología del cautiverio y de la liberación. 

            En tu quehacer teológico has sabido compaginar ejemplarmente, durante cinco décadas, el rigor metodológico y la denuncia profética, otra manera de hacer teología y el compromiso político con los pobres de la tierra y con la naturaleza oprimida, cuyos gritos has sabido escuchar y a los que has querido responder desde la razón cordial. El rigor metodológico lo demuestras con el recurso a la doble mediación de la teología de la liberación: socio-analítica y hermenéutica, que se aprecia en todas las páginas de tus libros y en los artículos con los que nos sorprendes a menudo por ser reflexiones a pie de página llenas de profundidad y de sabiduría vital.

Utilizas la mediación de las ciencias humanas y sociales para un mejor conocimiento de la realidad, para descubrir los mecanismos de opresión que atentan contra la vida de los pobres y de la naturaleza y para liberar a la teología de su -quizá falsa-, neutralidad social, de su -supuesta- neutralidad política y de su -sólo aparente- indiferencia ética.

Recurres a la hermenéutica, necesaria para el estudio y la interpretación de los textos fundantes del cristianismo y para no caer en el fundamentalismo, una de las manifestaciones más perversas de las religiones que, siguiendo el refrán latino corruptio optimi pessima, convierten el vino espumoso de los orígenes en vinagre imbebible. A través de la hermenéutica analizas el pre-texto y el con-texto de dichos textos, descubres su sentido primigenio emancipador y preguntas por su significación y sentido hoy a la luz de los nuevos desafíos y de las nuevas preguntas que nos plantea la dura realidad. Una realidad que hemos construido nosotros y nosotras, en la que no podemos instalarnos cómoda y acríticamente, sino que estamos llamados a de-construirla para re-construirla de manera creativa e inclusiva. Un mundo en el que quepan todos los mundo. Desmentimos el viejo adagio conformista del pensamiento conservador: “las cosas son como son y no pueden ser de otra manera” y compartimos la afirmación del filósofo de la esperanza y de la utopía, Ernst Bloch, que inspiró buena parte de nuestra teología: “Si los hechos no coinciden con el pensamiento, peor para los hechos”.

Eres considerado, y con razón, uno de los principales cultivadores de la teología de la liberación (TL). A ella accediste a partir del impacto que te produjo el gran basurero que formaban las favelas de Petrópolis, donde llevaste a cabo un intenso trabajo socio-pastoral desde comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Tu reflexión teológica en clave liberadora nació, asimismo, de la necesidad de dar respuesta a las preguntas que te planteó un grupo de sacerdotes comprometidos con el mundo indígena de la selva amazónica hace ahora cinco décadas:

-¿Cómo anunciar la muerte y la resurrección de Jesús a indígenas que están siendo exterminados y muriendo por las enfermedades de los blancos?

– ¿Cómo anunciar la buena noticia de la salvación a las poblaciones explotadas?

– ¿Cómo hablar de Dios inteligiblemente, y no de manera cínica, a personas indígenas que viven la experiencia de lo sagrado en contacto con la naturaleza?

Las experiencias vividas en el mundo de la pobreza extrema y de la marginación cultural, por una parte, y la necesidad de responder a las preguntas que surgían de ahí, por otra, te llevaron a dedicarte por entero, profesional y vitalmente, a fundamentar la nueva metodología de la teología de la liberación, que comenzaste haciendo en tiempos del cautiverio, vivido durante la dictadura brasileña y los regímenes militares del continente latinoamericano.

La teología apenas ha mostrado interés por la ecología, desde Francisco de Asís hasta nuestros días. Tú ha llenado ese vacío llevando a cabo una reflexión teológica en perspectiva ecológica, que cuestiona la supuesta – ¡y falsa!- fuerza emancipadora del paradigma científico-técnico de la modernidad. Un paradigma selectivo, centrado en el ser humano, que ni es universalizable ni integral, ¡ni siquiera humano!

Como alternativa propones un nuevo paradigma en el que el ser humano no compita con la naturaleza, sino que esté en diálogo y comunicación simétricos con ella, con relaciones de sujeto a sujeto, y no de sujeto a objeto. El ser humano y la naturaleza conforman un entramado de relaciones multidireccionales caracterizadas por la interdependencia y no por la autosuficiencia, por la fragilidad del mundo y la vulnerabilidad humana, y no por la omnipotencia, la insolencia y la arrogancia. Se establece, entonces, un pacto entre todos los seres del cosmos regido por la solidaridad cósmica, la fraternidad-sororidad sin fronteras, ni gremialismos o tribalismos y el cuidado, virtud de la ética eco-humana. Es “la opción Tierra”, título de uno de sus libros más bellos.

Muchos somos los discípulos que seguimos tus lecciones de ecología integral, entre ellos el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común, de 2015, que se inspira en tus textos y en tu testimonio de amor a la tierra y se inicia con el Cántico de las criaturas: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba… Esta hermana llama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”. Encíclica que se hace eco de tus críticas al antropocentrismo, incluido el antropocentrismo cristiano.   

“La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón” escribe Ernst Bloch en su magna obra El principio esperanza, que leíste en alemán durante tus estudios en Munich y citas con frecuencia. Razón y esperanza o, mejor, optimismo militante, docta spes, es lo que mejor define tu vida, tu personalidad, tu obra. A tus 83 años sigues practicando la “esperanza contra toda (des)esperanza”.

Termino ya. No quiero alargar más esta epístola, que solo quiere una expresión de amistad y una manifestación de agradecimiento. A veces has sido acusado de utópico, acusación que comparto contigo. No se dan cuenta nuestros acusadores de que esa acusación, más que un insulto, es un elogio. Como en el poema de Eduardo Galeano, la utopía te sirve para caminar, que no es poco teniendo las piernas tan quebradas, razón por la cual, como dije en tu presentación en el Congreso de Amerindia de 2017 en la Ciudad de México, no puedes ni quieres arrodillarte ante el poder, cualquiera fuera este, incluido el del Vaticano. ¡Todo un milagro! El milagro de la esperanza y la utopía. Ad multos annos, Leonardo.

Tu amigo en la tribulación y la esperanza,

Juan José Tamayo teólogo español de la liberación

  O futuro depende de nós agora

A COP26 em Glasgow decepcionou no ponto central: no consenso sobre a mitigação do aquecimento global pois acolheu ainda o uso do carvão, embora gradativamente a ser abolido, como fonte energética. Mas teve o mérito, nunca havido nas sessões anteriores das 25 COPs. Desta vez, sem exceção, se admitiu a existência antropogênica dos distúrbios climáticos. Os eventos extremos, a intrusão do metano,devido ao degelo do permafrost e das calotas polares, 20 vezes mais danoso que o CO2, a erosão crescente da biodiversidade, a gama de vírus como o Covid-19, a Sobrecarga da Terra (Earth Overhoot) que nos atemoriza a cada ano, pois o atual consumo demanda mais de uma Terra e meia (1,75) o que impede sua biocapacidade e a ultrapassagem de algumas das Nove Barreiras Planetárias (9 Planetarian Bounderies) que podem pôr em risco nosso ensaio civilizatório, dobraram os negacionistas que preferiam anteriormente defender suas fortunas e capitais do que a vida do planeta e nosso futuro comum.

Tais eventos fizeram surgir cenários apocalípticos e um verdadeiro terror metafísico, no sentido de temermos por nossa sobrevivência nesse planeta. Muitas são as advertências dessa eventualidade por parte de renomados cientistas e principalmente do Papa Francisco que na última encíclica, paradigmática, Fratelli tutti (2020) taxativamente asseverou:”estamos no mesmo barco; ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”(n.34).

Há uma calorosa disputa mundial sobre como seguirá a história no pós-pandemia. Vários modelos estão na pauta. Estimo que os mais radicais devem ser descartados,por serem demasiadamente cruéis e anti-vida humana como o Great Reset, a “Grande Reinicialização” de um capitalismo despótico, sugerido pelo príncipe parasita Charles e assumida pelo 0,1% dos bilhardários mundiais. Também o tentador “Capitalismo verde” que visa a cobrir de verde todo o planeta mas nunca coloca a questão da desigualdade social que penaliza e ceifa milhões de vidas humanas. Aceitáveis e, de certo modo, promissores, são o eco-socialismo e o bien vivir y convivir dos andinos. Ambos seriam viáveis no pressuposto de uma governança global e pluralista, dispondo-se a encontrar soluções globais para problemas globais como o da pandemia e de uma ordem planetária mínima que incluísse a todos na única Casa Comum, também a natureza.

Creio que o Papa Francisco na Fratelli tutti apresentou alguns dos valores fundamentais a partir dos quais se poderia projetar um paradigma que garanta o futuro da espécie e de nossa civilização: uma biocivilização centrada  numa fraternidade sem fronteiras e numa amizade social universal.

Claramente se deu conta de que três pressupostos se fazem necessários: o primeiro, superar o paradigma vigente já alguns séculos, o do ser humano como dominus (dono e senhor) que não se sente parte da natureza mas que a domina com o instrumento da tecnociência. O segundo, assumir uma alternativa ao dominus que seria o frater: o ser humano,homem e mulher, irmãos e irmãs uns dos outros e de todos os seres da natureza por termos todos uma origem comum, o  húmus da Terra, por sermos portadores do mesmo código genético de base e por sentirmo-nos parte da natureza. O terceiro, ativar o “princípio esperança”, mais profundo que a virtude da esperança,  aquele impulso interior que não conhece tempo nem espaço e que sempre está presente no ser humano levando-o à indignação contra os desacertos sociais e a coragem para transformá-los mediante a projeção de novos mundos, de  utopias viáveis e de uma autosuperação de si mesmo.

Os valores não serão tomados das grandes narrativas já ensaiadas, a do iluminismo,do capitalismo e do socialismo que resultaram na crise sistêmica atual,portanto, que não realizaram seus propósitos. Vai beber do próprio poço, na natureza essencial do ser humano.

Ai descobre que somos essencialmente seres de relação ilimitada,cuja melhor expressão reside na amorosidade; seres de solidariedade que nos primórdios da hominização nos permitiu dar o salto da animalidade à humanidade; seres de cooperação pois somente juntos podemos construir nosso habitat que se dá na convivência, na sociedade e nas civilizações, numa palavra, no bem-comum geral; seres de cuidado,pois esse define a natureza humana, de todos os seres vivos e que emerge também como uma constante cosmológica: tudo existe porque todos os fatores sutilmente se combinaram para irrompesse a vida, e como sub-capítulo da vida, a vida humana e o próprio universo que sem o devido cuidado de todos os elementos, não permitiria que estivéssemos aqui escrevendo sobre estas coisas; seres espirituais, capazes de colocar as questões mais radicais sobre o porquê de nossa existência, absolutamente gratuita, qual o nosso lugar no conjunto dos seres, a que destino somos chamados e pelo fato de intuirmos que, por detrás de tudo o que existe e vive. subjaz uma Energia poderosa e amorosa (o Vácuo quântico,a Energia de fundo do universo ou o Abismo gerador de tudo o que existe?) com a qual podemos nos relacionar com veneração e com o silêncio reverente.

A partir destes valores poder-se-á forjar um outro mundo possível e agora necessário. Logicamente a travessia de um paradigma a outro não se fará de um dia para outro e não sem grandes dificuldades, oposições e crises. Mas não temos outra alternativa. Como escreveu Eric Hobsbawn em seu  “A era dos extremos”(1995) em sua última página:”Não sabemos para onde estamos indo. Se a humanidade quer ter um futuro significativo não pode ser pelo prolongamento do passado e do presente. Se tentarmos construir o terceiro milênio nesta base vamos fracassar. E o preço do fracasso, ou seja,a alternativa para a mudança da sociedade é a escuridão”(p.562).

Isso vale especialmente para aqueles que almejam a volta à antiga normalidade,perversa para a vida da natureza e para a vida humana. Temos que mudar ou então, como disse o Secretário da ONU, António Guterrez, ao abrir os trabalhos da COP26: “Se não agirmos já agora estaremos cavando a nossa própria sepultura”.

O futuro é hoje como  proclamavam os cem mil da COP26 paralela em Glasgow. Se não começamos a nos orientar pelos valores acima referidos, estaremos pavimentando o caminho para um desastre ecológico-social de proporções nunca dantes havido. Mas creio e espero, espero e creio que a pulsão de vida, mais forte que a pulsão de morte, nos levará às mudanças necessárias. Viveremos e ainda brilharemos.

Leonardo Boff, filósofo e ecoteólogo escreveu:O dolorosa parto da Mãe Terra: uma sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social,Vozes 2020.

De banqueiro a companheiro:Eduardo Moreira

Publicamos aqui o prefácio que escrevi ao livro `TRAVESSIA:de banqueiro a companheiro’ de Eduardo Moreira presidente do Instituto Conhecimento Liberta. Era um rico ban,queiro na área de investimentos. Curioso, começou a desconfiar de sua bolha, a dos endinheirados e das teorias livrescas sobre riqueza, pobreza e desenvolvimento. Decidiu ir para o outro lado, ao mundo da pobreza e da miséria, ter uma experiência de pele, convivendo, trabalhando, passando fome com quilombolas, assentados do Movimento Sem Terra, com favelados e com indígenas sempre ameaçados de morte e realmente assassinados em Dourados-MT. A realidade desborda os conceitos e preconceitos. Deu-se conta de que as grandes virtudes de solidariedade, coragem, resiliência, humanidade emigraram dos centros do mundo civilizado e moderno para as periferias, onde tais virtudes são vividas e dão sustento às vítimas do sistema desumano que os faz oprimidos, para seguirem vivas, esperando e lutando por um mundo melhor. É comovedor ler as histórias do banqueiro rico que virou companheiro de todos estes. Fez mais. Criou O Instituto Conhecimento Liberta no qual são ministrados os principais saberes atuais desde a culinária, línguas como o mandarin chinês, até a cibernética, resumindo, temas nas áreas cultural, técnica e espiritual. Os cursos são de baixíssimo preço ou gratuitos ministrados pelas melhores cabeças deste país que têm um sentido ético do saber a ser o mais possível democratizado. Vale ler este livro pois poderá entusiasmar outros que buscam uma humanidade melhor do que esta metida em cifras, em dinheiros, em acumulação individualista e em consumo. LBoff

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O livro de Eduardo Moreira –  Travessia: de banqueiro a companheiro – contém uma promessa e uma profecia.

Em primeiro lugar é uma promessa de que nem tudo está perdido, de que podemos mudar o mundo, fazê-lo ser melhor ou menos perverso. Basta auscultar nossa própria humanidade, aquilo que está presente mas recolhido em nossa existência: o amor, a solidariedade e o cuidado.

 Eduardo Moreira era por 20 anos um banqueiro de sucesso, um homem do stablisment financeiro.Mas mente aberta e sempre com vontade de aprender mais e mais, compreendeu o legado de Paulo Freire: aprendemos primeiro ao pronunciar o mundo e somente em seguida a pronunciar as letras. Eduardo não procurou o mundo que já conhecia sobejamente. Foi ao mundo ignoto, dos condenados da terra, dos feitos invisíveis, aqueles que para o sistema de produção e de consumo equivalem a óleo gasto e queimado.

Percorreu o país, o sertão tórrido, as favelas, as comunidades quilombolas, várias tribos indígenas, os assentamentos do Movimento dos sem Terra(MST) e outros. Não entrou pela porta da frente como especialista em finanças. Entrou pela porta dos fundos (quando a  havia) para ser companheiro, para ouvir, aprender e resgatar a sua humanidade perdida no meio de tantos intesses egoístas, de tantos preconceitos e real desprezo aos filhos e filhas da pobreza.

Uma coisa é conhecer os índices da pobreza pela literatura científica. Outra coisa é fazer uma visita e dar-se conta da pobreza e da miséria.Mas o extraordinário e realmente singular é inserir-se na vida dos pobres e marginalizados, participar de suas agruras, comer o que tem, mesmo recolhido do lixo,sofrer e alegrar-se com eles. Trata-se de uma experiência de pele, de sentir o  pulsar do coração do outro, de, não raro, assistir a violência brutal e sentir-se impotente, mas estar ai a seu lado, sofrendo junto e confortando.

Esta é a Travessia real e não retórica operada por Eduardo Moreira. Ela me recorda aquilo que Jesus chama da “metanoia”, vale dizer,  mudar a mente e o coração. Foi,  pois, esse processo alquímico que irrompeu na vida do banqueiro Eduardo.

Há um similar a ele, Francisco de Assis. Filho do mercador mais rico da cidade de Assis, Pedro Bernardone, que frequentava os mercados de tecidos desde Veneza, o Sul da França até Flandres ao norte, hoje Holanda. O filho da juventude dourada da época, Francisco. levava o bastão ornado que simbolizava o organizador das festas juvenis, cheias de canções de amor e de algazarras. De repente, depois de um crise existencial, abandonou os amigos e a casa paterna. Foi morar com os  mais desprezíveis do tempo, os leprosos. Confessa, o que antes lhe parecia abominável se lhe tornou uma doçura. Comia da mesma escudela deles e de braço com algum deles ia pelas vilas pregando o “amor não é amado”. Filho rico de um habitante da Comuna, fez sua travessia para o mundo dos semimortos. Tornou-se o poverello de todos e o Irmão , universal. Outro, filho do Mercado, fez sua travessia e buscou companheiros entre os mais covardemente marginalizados. E ai encontrou o que se perdeu no grande mundo dos negócios: a solidariedade, a colaboração e o sentido humano das relações.

Esse passo corajoso e sem retorno é testemunhado por este pequeno e rico livro Travessia. Não escreve palavras. Narra experiências vividas e sofridas, fonte de reflexões de grande atualidade.

Travessia é também uma profecia: Ele antecipa, assim creio, um mundo que vai chegar.  Não porque queremos ou não queremos. Seremos forçados a isso. Chegará um momento do estado da Terra – estamos dentro da sexta extinção em massa e da nova era geológica do antropoceno – em que se apresentará a alternativa: ou mudamos ou não teremos mais futuro.

Há 40 anos, mesmo antes de me agregar ao pequeno grupo que, sob a coordenação do ainda chefe de Estado Mikhail Gorbachev, que elaborou a Carta Terra, assumida pela UNESCO, acompanho assiduamente os estudos sobre o estado da Terra. De ano para ano os dados pioram. Quando parará o processo de degradação planetária? Para onde vamos?

Os donos das fortunas e das finanças mundiais exploraram de forma tão devastadora os bens e serviços da Terra que lhe sequestram a sustentabilidade. Todos os sinais entraram no vermelho. A intrusão  do Covid-19 é um dos sinais de que Gaia, a Mãe Terra, a  Pachamama dos andinos encostou nos seus limites. Ela não aguenta mais. Como o sistema do capital se globalizou, ele entrou em rota de colisão com o sistema-vida e o sistema-Terra. A continuar esta lógica depredadora, azeitada por estes grupos antivida,  cruéis e sem piedade face à miséria que causam à humanidade, percorreremos um caminho sem retorno. Ao não mudarmos nossa relação para com a natureza, sendo amigáveis e cuidadores, estamos engrossando o cortejo dos que rumam na direção de sua sepultura. Mas podemos mudar esse rumo. Eduardo Moreira aponta indicações inspiradoras.

Por isso, se fizermos aquilo que o homem das finanças, Eduardo Moraes, fez com os indígenas guarani-kaiová que com seu saber e experiência os assistiu na montagem de um projeto salvador, salvaremos a vida e garantiremos o futuro para nossa civilização. Creio que o exemplo de Eduardo é uma profecia que antecipa, na pós-pandemia, um futuro bom para a humanidade.

Levada ao extremos risco de desaparecer, ela dará um salto quântico, mudará o estado de consciência e extrairá de nossa própria natureza cujo DNA contém o amor, a colaboração e o cuidado, os meios que resgatarão um caminho promissor para a nossa curta existência nesse belo e radiante planeta.

A experiência de Eduardo Moreira e seu texto aponta para essa promessa e profecia. Se o  pensador italiano Antônio Gramsci disse: “A história ensina mas não tem alunos”, em Eduardo Moreira encontrou um diligente aluno. Socializou seu saber criando uma iniciativa do maior significado cultural o Instituto Conhecimento Liberta (ISL) que oferece, por preços irrisórios e até gratuitos dezenas de cursos, ministrados pelas melhores cabeças de nosso país. Imaginemos um país coberto por filiais deste Instituto: será uma nação sem analfabetos e de cidadãos instruídos, livres e libertados.

Tudo isso me foi inspirado na medida em que lia A Travesia. Por isso sou grato à criatividade e à grande generosidade de Eduardo Moreira.

                                           Leonardo Boff

O fracasso da COP26: a usência da  razão cordial e sensível

É lugar comum dizer-se como em tantos cartazes de manifestantes na rua, de fora da grande Assembleia das várias COPs:”o que deve mudar não é o clima mas o sistema” ou também de forma mais direta:”o problema não são as mudanças climáticas mas o capitalismo”. Nesses referidoslogans há muito de verdade. Mas temos que ir além: o sistema e o capitalismo são expressões de algo mais profundo esse sim, o verdadeiro deslanchador das mudanças climáticas que ganham corpo dentro do referido sistema e do capitalismo.

Por detrás do referudi sistema e do capitalismo está um tipo de racionalidade que ganhou feições monopolísticas e, por vezes, tirânicas, pois, se impôs a todas as demais formas como a única válida. Temos a ver com a razão instrumental-analítica e  burocrática sem sensibilidade e cordialidade. Por ela se realizou o mantra dos pais fundadores da modernidade do século XVII-XVIII Descartes, Francis Bacon e outros.  Estabeleceu-se a vontade de poder como eixo estruturador do mundo a construir, poder entendido com dominação impiedosa da natureza, da vida, de continentes, de povos, de classes e de pessoas. Max Weber, em seu texto de 1919 “O métier e a vocação do “savant” (pesquisador e erudito) afirmou: “O destino de nossa época, caracterizada pela racionalização, intelectualização e, sobretudo, desencantamento do mundo, conduziu os seres humanos a banir os valores supremos mais sublimes da vida pública”. Com efeito, hoje, o que conta, é o PIB calculado friamente pelos valores materiais produzidos. Nele tudo que é valioso e confere sentido à vida humana como o amor, a amizade, a solidariedade a compaixão, expressões da razão cordial, não vem computado. Esse mesmo Max Weber no Espírito do Capitalismo mostrou que o espírito de cálculo, a racionalidade instrumental-analítica e a dominação burocrática são co-naturais ao capitalismo. Ele não considera na natureza  qualidades, o seu esplendor e sua rica complexidade mas apenas as quantidades a serem exploradas para o desfrute humano. A Terra é considerada um baú de recursos que, explorados, produzem riqueza material. O ser humano se entende  como “dominus”,”mestre e dono” da natureza e não parte dela. Esquece que veio também do pó da terra como todos os seres que o faz irmão e irmã universal, sonho maior da Fratelli tutti (2020) do Papa Francisco: o frater como alternativa ao dominus. O mundo contemporâneo e cibernético levou às últimas consequências esse destino, duramente criticado na terceira parte da encíclica papal Laudato Si (2015): ”A raiz humana da crise ecológica” (n.101-114). Critica a indiferença e falta de sensibilidade para com os demais humanos e com os seres da natureza.

Ocorre que o ser humano não possui apenas este exercício da razão, a forma dominante de organizar e dominar o mundo. Há nele algo  mais ancestral que é a razão sensível e cordial. Ela alberga o sentimento de pertença, o universo dos valores éticos, o amor, a empatia, o cuidado e a espiritualidade. Acima dela, irrompe a razão como inteligência que capta o sentido do todo e nos abre  ao infinito de nosso desejo que busca o seu objeto infinito adequado: Aquele ser que faz ser todos os seres. Nestas duas expressões da razão – a cordial e a intelectual – se encontram os valores que nos permitem simultaneamente ouvir e sofrer com o grito da Terra e com o grito do pobre, que nos fazem perceber a rede de relações e interdependências estabelecidas entre todos os seres da natureza e da humanidade.

Exatamente a razão cordial e a razão intelectual (que lê dentro: intus legere) estão e estavam absolutamente ausentes em todas as COPs. Ai predominou a razão utilitarista, econômica e os interesses ferozes das grandes corporações, cujo exército de lobistas pressiona os representantes de todos os povos para não acolherem medidas que prejudicam seus negócios e seus capitais como a eliminação do carvão e a gradual superação das energias fósseis em direção de fontes de energia limpa. Chegou-se ao vergonhoso ato, de no momento mesmo do encerramento oficial dos trabalhos da assembleia, o representante da Índia, apoiado pela China, obrigou  in extremis a mudar o texto consensualizado, caso contrário a COP26 acabaria sem nenhuma resolução: ao invés de “abolir” o uso do carvão colocou-se por “gradual superação”, o que permite a continuidade de seu uso e assim fazer aumentar o CO2. O presidente da COP26, consciente das consequências, deixou vir à tona a razão sensível e chorou.

Como seria eficaz e transformador se as COPs começassem mostrando imagens belíssimas do frágil planeta Terra dependurado no fundo escuro do universo. Em seguida exibir a devastação que fazemos de florestas e de inteiros ecossistemas em terra e no mar, no sentido de uma ecologia ambiental. Por fim fazer ver a abissal injustiça social com milhões e milhões de pobres e famintos na linha de uma ecologia política e social. Tudo isso criaria as condições de uma ecologia ética e espiritual: comprometer-se para preservar o jardim herdado e impedir de entregá-lo a nossos filhos e netos como uma savana. Aí surgiria, estou seguro, a necessidade de um laço afetivo para com a natureza, pois esse laço, fundado na  razão cordial e sensível, nos levaria a tomar medidas salvadoras da vida e de nossa própria civilização.Sem coração não há solução para os climas e para a vida sobre esse pequeno e amável planeta Terra.

Urge enriquecer a razão instrumental-analítica, necessária face à complexidade de nossas sociedades, com a razão cordial e a inteligência intelectual. Teríamos então a base de um novo paradigma de convivência, melhor, de convivialidade entre todos, da técnica com a poesia, da produção com a amorosidade, do ser humano com sua Casa Comum, a natureza incluída.

Leonardo Boff escreveu Os direitos do coração, Paulus 2018 e Saber cuidar ética do humano-compaixão pela Terra, Vozes 1999/2021.