Durante el aislamiento social: qué leer y cómo leer (I)

Leonardo Boff*

Durante el aislamiento social forzado para el bien de cada persona y de los otros ante el ataque del coronavirus, se nos pide recogernos en nuestras casas o habitaciones.

La convivencia física con los próximos nos hace conocer las diferencias, el modo de ser de cada uno, de pensar y de leer el mundo. No es fácil. La primera cosa que descubrimos es aquello que, con fina percepción, formuló Caetano Velloso: “de cerca nadie es normal”, frase que recorrió el mundo. De hecho, la normalidad va siempre junto con cierta anormalidad.

Nos damos cuenta de la luz y de la sombra, de lo sim-bólico (que une) y de lo dia-bólico (que separa) que habitan en cada uno de nosotros. No como defecto de nuestra creación, sino como nuestra condición humana real. Esta polaridad está en todo: en el universo (caos y cosmos), en la vida (salud y enfermedad), en la naturaleza (nacimiento y muerte), en la sociedad (individualismo y solidaridad). El desafío es cómo articular estas polaridades de forma que la dimensión de luz y de lo normal no permita la dominación de la sombra y de lo anormal, lo que nos quitaría la felicidad y la convivencia pacífica.

Hay muchas maneras de ocuparnos durante este tiempo, para todos bien penoso. Una de ellas es la lectura de libros espirituales o religiosos que pueden abrirnos nuevos sentidos especialmente ante las inquietudes e interrogaciones que la irrupción de la Covid-19 ha traído a cada persona y a la humanidad. Es un contraataque de la naturaleza a toda la humanidad: ¿Qué señal es esta y que nos quiere decir?

Fuentes espirituales o religiosas escritas hace miles de años, pueden quizás darnos alguna luz, no sólo para la dramática coyuntura actual, sino también para la propia vida. Sugiero aquí empezar a leer la Biblia judeocristiana, el Primer Testamento (Antiguo Testamento) y el Segundo (Nuevo Testamento), textos escritos a lo largo de 3-4 mil años. En ellos se encuentra de todo, por eso, conforme a la situación existencial en la cual se vive, se escogen las partes más adecuadas.

Es bueno recordar que cada uno lee los textos con los ojos que tiene, de ahí que leer essiempre interpretar. Interpretamos a partir del punto de vista personal, pues cada punto de vista es la vista desde un punto. Además la cabeza piensa desde donde pisan los pies. Simis pies pisan una favela y yo leo a partir del punto de vista de la favela, selecciono los textos que más se refieren a esta situación. Esto no significa negar los otros textos, sino dar vida a los textos a partir de los con-textos en que vivimos y con pre-texto de tal y tal situación. También puede leerse a partir de quien vive en el centro de la ciudad con todos los servicios funcionando y dándole seguridad en la vida. Este lugar social permite otro tipo de lectura.

Ahí los viejos textos del pasado nos revelan novedades. De modo general, podemos decir que hay tantas lecturas como lugares sociales. Los campesinos expulsados de sus tierras leerán los textos bíblicos de manera diferente y hasta opuesta a la del latifundista que los expulsó. Así podríamos multiplicar los ejemplos.

Conclusión: no debemos cerrarnos en nuestra propia lectura, lo que sería exclusivismo y hasta fundamentalismo, sino abrirnos a otras lecturas que relativizan y enriquecen la nuestra.

Nunca se debe poner el libro delante de los ojos, escondiendo la realidad desnuda y cruda. Esa es la equivocación de los fundamentalistas que solo ven el libro y sus frases tomadas en sí mismas.

No fue escrito para eso. Fue escrito para iluminar la realidad. Es inspirado porque nos inspira a comprender más y a vivir mejor. Por eso debe ser puesto detrás de la cabeza, para iluminar la realidad con todas sus contradicciones. 

El primer libro que Dios nos dio es el libro de la creación. En él está toda la sabiduría que nos hace falta para vivir bien. Lamentablemente hemos perdido la capacidad de leer bien este libro. Vemos la creación no como un valor en sí misma, sino utilitariamente, como un baúl de recursos para ser explotados a nuestro gusto, sin preocuparnos de las demás personas ni de los daños que les hacemos, no dándole tiempo para regenerarse.

Entonces se nos dio otro libro, la Biblia, que nos ofrece las claves de lectura para el primer libro, el de la creación. 

Este es el sentido profundo de la lectura de la Biblia: entender mejor el mundo, nuestra vida personal, el sentido de nuestras tribulaciones, la necesidad de la esperanza y, sobre todo, la vivencia concreta del amor, de la solidaridad, del cuidado y de la compasión.

No quiere ser ni puede ser un libro de ciencia. Es un libro de sabiduría de vida que responde a las búsquedas humanas.

Cada uno escoge los libros de la Biblia que le parecen mejor. Yo recomiendo del Primer Testamento todos los libros sapienciales: Job, los Salmos, especialmente el 23 y el 103; Proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico, Cantar de los Cantares, libro de alto erotismo, que nunca habla de Dios, ni lo necesita, pues Dios es amor; Lamentaciones.

Del Segundo Testamento aconsejo empezar por los Hechos de los Apóstoles, verdadera saga que narra cómo san Pablo y compañeros anduvieron más de mil kilómetros por el imperio romano para anunciar los valores predicados y vividos por Jesús (el amor incondicional, la apertura a Dios como el Dios bueno y misericordioso, el cuidado hacia los pobres y los que sufren, la capacidad de perdón y la certeza de nuestra resurrección, que es más que solo la inmortalidad del alma). Después, la Primera Carta a los Corintios, en la cual se ven los grandes valores éticos a ser asumidos. De los evangelios, empezar por el de san Marcos, el más conciso y más cercano al Jesús histórico; el evangelio de san Lucas, en el cual Jesús muestra su inmensa compasión con los que sufren y con los pobres, y amonesta a los poderosos y ricos; el evangelio de san Juan, lleno de espiritualidad; la Epístola de Santiago en la que se predica una moral bien concreta y actual.

Aconsejo en portugués la Biblia de la editorial Vozes por sus excelentes introducciones y comentarios (vendas@vozes.com.br).

Déjense tomar por las palabras bíblicas que, junto con otros libros sagrados de otros caminos espirituales, nos propician un encuentro con la Palabra que nos ilumina el camino en las noches sombrías de la vida, como en los tiempos actuales. 

*Leonardo Boff es teólogo y ha hecho estudios bíblicos especiales en Alemania en la Universidad de Munich.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Durante o isolamento social: o que ler e como ler (I)

Durante o isolamento social forçado para o bem da própria pessoa e dos outros face ao ataque do coronavírus somos instados a nos recolher em nossas casas ou habitações.

A convivência física com os próximos nos faz conhecer as diferenças, o modo próprio de cada  um de ser, de pensar e de  ler o mundo. Não é fácil. A primeira coisa que descobrimos é aqulo que Caetano Velloso, com fina percepção, formulou:“de perto ninguém é normal”,frase que correu o mundo. De fato, junto com a normalidade caminha sempre  junto certa anormalidade Damo-nos conta da luz e da sombra, do sim-bólico (que une) e do dia-bólico (que separa) que habitam em cada um de nós. Não como defeito de criação mas como a nossa condição humana real. Essa polaridade está em tudo: no universo (caos e cosmos),na vida (saúde e doença),na natureza (nascimento e morte), na sociedade (individualismo e solidarismo). O desafio é como articular estas polaridades de forma que a dimensão de luz e do normal não permita a dominação de sombra e do anormal, o que nos tiraria a felicidade e a convivência pacífica.  

Há muitas formas de ocupar-se durante este  tempo para todos bem penoso. Uma delas é a leitura de livros espirituais ou religiosos que podem abrir-nos novos sentidos especialmente face às inquietações  e interrogações que a intrusão do Covid-19 trouxe à humanidade e a cada pessoa.É um contra-ataque da natureza à toda a humanidade: que sinal é este e que ele nos quer dizer? Fontes espirituais ou religiosas escritas há milhares de anos, podem, quiçá, nos trazer alguma luz, não só para a atual conjuntura dramática, mas para a própria vida.

Sugiro aqui  começar a ler a Bíblia judaico-cristã, do Primeiro Testamento (do Antigo Testamento) e do Segundo (Novo Testamento), textos escritos ao longo de 3-4 mil anos. Neles se encontra de tudo, por isso, conforme a situação existencial na qual se vive, escolhem-se as partes mais adequadas.

Cabe recordar que cada um lê os textos com os olhos que tem, daí que ler é sempre interpretar. Interpretamos a partir do ponto de vista pessoal, pois cada ponto de vista é a vista de um ponto.Ademais a cabeça pensa a partir de onde os pés pisam. Se meus pés pisam numa favela e eu leio a partir do ponto de vista da favela, já seleciono os textos que mais dizem respeito a esta situação. Não significa negar os outros textos, mas dar vida aos textos a partir dos con-textos em que vivemos e a pre-texto de tal e tal situação. Ou pode-se ler a partir de quem mora no centro da cidade com todos os serviços funcionando e lhe dando segurança. Esse lugar social permite outro tipo de leitura. Em todos os casos, os velhos textos do passado nos revelam novidades. De modo geral, podemos dizer: há tantas leituras quantos são os lugares sociais. Camponeses expulsos da terra lerão os textos bíblicos de modo diferente e até contrário do latifundiário que os expulsou. Assim poderíamos multiplicar os exemplos. Conclusão: não devemos fecharmo-nos em nossa própria leitura o que seria exclusivismo e até fundamentalismo, mas abrir-nos a outras leituras que relativizam e enriquecem a nossa.

Nunca se deve pôr  o livro diante dos olhos, escondendo a realidade nua e crua. É o equívoco dos fundamentalistas que apenas veem o livro e suas frases tomadas em si mesmas. Não é para isso que foi escrito. Foi escrito para iluminar a realidade. É inspirado porque nos inspira a compreender mais e viver melhor. Por isso deve ser posto atrás da cabeça para iluminar a realidade com todas as suas contradições.

O primeiro livro que Deus nos deu é o livro da criação. Nele está toda a sabedoria que precisamos para o bem viver. Infelizmente perdemos a capacidade de  ler este livro. Vemos a criação, não como valor em si mesma, mas utilitariamente apenas como um baú de recursos a serem explorados  a nosso bel-prazer, sem preocupação com as outras pessoas e com os danos que fazemos à natureza, não lhe dando tempo para se regenerar. Por compaixão divina  foi-nos dado o outro livro, a Bíblia, que nos oferece as chaves de leitura para o primeiro livro, o da criação. Esse é o sentido profundo para ler a Bíblia: para entender melhor o mundo, a nossa vida pessoal, o sentido de nossas tribulações,a necessidade da esperança e, acima de tudo, a vivência concreta do amor, da solidariedade, do cuidado e da compaixão.Não quer ser nem pode ser um livro de ciência. É um livro de sabedoria de vida que responde às perenes buscas humanas.

Cada um escolhe os livros da Bíblia que lhe parecer melhor. Eu recomendo do Primeiro Testamento: todos os livros sapienciais (Jó,os Salmos especialmente, os números 23 e 103; Provérbios, Eclesiastes, Eclesiástico, Cântico dos cânticos,livro de alto erotismo e que nunca fala de Deus, nem precisava, pois Deus é amor; Lamentações).

Do Segundo Testamento aconselho começar pelos Atos dos Apóstolos, verdadeira saga que narra como São Paulo e companheiros andaram mais de mil km pelo império romano para anunciar os valores pregados e vividos por Jesus (o amor incondicional, a abertura a Deus como bom e misericordioso,o cuidado para com os pobres e sofredores e a capacidade de perdão e a certeza de nossa ressurreição mais que apenas a imortalidade da alma); depois a Primeira Carta aos Coríntios, na qual se veem os grandes valores éticos a serem assumidos; dos evangelhos começar pelo de São Marcos, mais enxuto e mais próximo do Jesus histórico; o evangelho de São Lucas no qual Jesus  mostra sua imensa compaixão pelos pobres e as advertências aos poderosos e endinheirados; o evangelho de São João, cheio de espiritualidade; a Epístola de Tiago na qual se prega uma moral bem concreta e atual.

Aconselho a Bíblia da Vozes pelas excelentes introduções e comentários (vendas@vozes.com.br). Deixem-se tomar pelas palavras bíblicas que, junto com outros livros sagrados de outros caminhos espirituais, nos propiciam um encontro com a Palavra que nos ilumina o caminho nas noites sombrias da vida como nos tempos atuais.

Leonardo Boff é teólogo e fez estudos bíblicos especiais na Universidade de Munique na Alemanha.


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La nueva teología del Ecoceno

Entrevista a Leonardo Boff

27 Enero de 2020

Esta entrevista foi dada em janeiro de 2020 e publicada na Italia. Ela, ao parecer, possui ainda atualidade. Por isso publico a versão espanhola.

A situação se agravou enormemente com a intrusão do Covid-19 especialmente com o negacionismo do atual presidente de extrema direita autoritária e até boçal. Mas sobre isso já escrevemos bastante.

De un Brasil en crisis, esclavizado, “campo de batalla en la guerra fría entre Estados Unidos y China”, de un continente explotado “para satisfacer a las superpotencias”, humillado, pisoteado, llega un mensaje de esperanza. De renovación. Que toca los temas del ambiente “rumbo a un nuevo Ecoceno” y de la igualdad social. Que habla del papel de la mujer, del nuevo rostro de la Iglesia, la del Papa Francisco. Un mensaje libre, “como el Espíritu Santo”.

El reportaje es de Annachiara Sacchi, publicado en el cuaderno La Lettura del Corriere della Sera del 26-01-2020.

Leonardo Boff, exponente destacado de la teología de la liberación, incómodo cuando era sacerdote y también después (dejó de ser fraile franciscano en 1992; en 1985 había sido advertido por la Congregación para la Doctrina de la Fe), activista de los derechos humanos y de la ecología, profesor universitario, está confiado: “En toda gran crisis hay la posibilidad de un cambio, pueden nacer nuevas fuerzas. Y Brasil es mayor que esa crisis”.

Esta es la entrevista.

¿Profesor Boff, está usted optimista o no?

En realidad, estoy preocupado. La situación en Brasil es trágica: el ultraliberalismo de Jair Bolsonaro, la extrema derecha política que hace apología de la violencia y de los regímenes dictatoriales, que exalta a los torturadores como héroes nacionales… Nunca vivimos nada semejante.

¿Cuál  es la explicación?

Detrás de eso, está el proyecto de recolonizar América Latina y obligarla a ser solamente exportadora de commodities (carne, alimentos, minerales…). Y, en esa estrategia perversa,  Brasiles central.

¿Por qué?

Porque es un país riquísimo, una reserva de bienes naturales que faltan en el mundo. Como dijo varias veces el premio Nobel Joseph Stiglitz, en los próximos años toda la economíadependerá de la ecología. Y Brasil tendrá un papel primordial en ese juego.

¿Es difícil vivir en Brasil hoy?

Mucho. El ministro de Economía, Paulo Guedes, es uno de los “Chicago Boys”, formados en la Universidad de Chicago, que trabajaron en el Chile de Pinochet. El ultraliberalismo de derecha está haciendo una política de los ricos para los ricos, está privatizando todo. Guedes está trayendo la política de Pinochet a Brasil. ¿Y sabes por qué nadie protesta, por qué la gente no sale a la calle como está pasando ahora en Chile? 

No.

¡Porque el gobierno anunció que reprimirá cualquier protesta con el ejército! Aquí todos tienen miedo, aunque el descontento crezca. Pero dentro de las paredes de casa. Asistimos a una triste forma de inercia popular.

En América Latina presidentes como Evo Morales y Lula cerraron su era. Ahora, nuevas fuerzas orientan la opinión pública. ¿El impulso reformista acabó?

Tuvimos gobiernos que hicieron mucho por los pobres. En Brasil, 36 millones de personas fueron incluidas en el welfare. Pero el año pasado, un millón de familias pasaron de la pobreza a la miseria. El gobierno está desmontando las políticas sociales de Lula. Estamos tratando con una élite reaccionaria y esclavista que nunca aceptó que un obrero –en el caso de Brasil, Lula, o un indígena en el caso de BoliviaEvo Morales– llegase a la presidencia del país. Esa élite ha hecho de todo con los medios más brutales. Pero a esta ola de violencia se le está oponiendo un movimiento de grupos progresistas, de afro-latino-americanos, de indígenas. Son los brotes de una realidad que veremos. Esa es la esperanza que nutrimos.

¿Ve usted algún nuevo líder político?

Lamentablemente no. Estamos en un momento de vacío, faltan figuras carismáticas, principalmente en Brasil. Tal vez también por culpa de Lula, gran carismático, pero que no supo formar una clase dirigente con nuevos carismas.

Su nuevo libro en italiano, “Soffia dove vuole” (Sopla donde quiere) habla del Espíritu Santo. ¿Por qué?

Los tiempos inquietantes que estamos viviendo exigen una reflexión seria sobre el Spiritus Creator.

Que quedó al margen de la teología

Eso no es cierto. Existen estudios grandiosos sobre el Espíritu, desde el de Yves Congar hasta el de Jürgen Moltmann, en diálogo con el nuevo paradigma cosmológico. Pero lo que podemos decir es esto: el Espíritu Santo ha estado casi siempre al margen de la jerarquía eclesiástica. Y con razón.

¿Cómo es eso?

La jerarquía está orientada hacia “áreas” como el poder, el orden, los dogmas, el derecho canónico, en una condición constante de autorreferencia. Son todos aspectos que sirven para mantener el statu quo y que tienen su razón de ser, no niego eso. Del mismo modo, sin embargo, ellos no pueden ser predominantes. El Espíritu es más carisma que poder, más movimiento que estabilidad, más innovación que permanencia. Él sigue una lógica diferente a la de la jerarquía de la Iglesia. Por eso, casi todos los predicadores del  Espíritu Santo fueron marginados o perseguidos. Los hechos confirman eso. Mi libro juzgado en 1985 por la Congregación para la Doctrina de la Fe (cuyo prefecto era Joseph Ratzinger), se titulaba Iglesia: carisma y poder. En Roma sin embargo lo leyeron como “Iglesia: carisma o poder”. Por esa confusión, me condenaron.

¿En vez de eso, que es lo que usted quería decir?

Yo quería crear un equilibrio entre carisma y poder. Pero ese equilibrio debe comenzar por el carisma. Si se comienza con el poder, se corre el riesgo de que este sofoque al carisma. En vez de eso, si se comienza con el carisma se impide que el poder sea ejercido de forma autoritaria, se le imponen límites, y se le obliga a ser poder-servicio y ponerse al servicio de la comunidad.  

¿Cuál es el papel del Espíritu Santo hoy?

Estamos en un momento histórico, el Antropoceno, en el que las bases que sustentan la vida y la Tierra han sido profundamente atacadas. O cambiamos o morimos. El Espíritu es Spiritus CreatorSpiritus Vivificans. Sólo el Espíritu puede restaurar el equilibrio destruido por la voracidad del hombre. Sólo con el Espíritu es posible superar el Antropoceno y llegar al Ecoceno, a una sociedad sostenible, vital, abierta a la convivencia de todos con todos donde lo ecológico ocupará la centralidad. De ahí, ecoceno.

¿Por qué, en su elaboración teológica, usted insiste en enfatizar el papel de la ciencia?

No es posible hacer una teología actualizada sin un diálogo profundo con la nueva visión del mundo proveniente de las ciencias de la vida, de la Tierra, del cosmos. Esa lectura tiene ya un siglo, pero no es hegemónica. Son pocos los teólogos que han aceptado este desafío.

¿Por qué?

Porque obliga a estudiar ciencias diferentes: la física cuántica, la nueva biología, la astrofísica, la teoría del caos y de la complejidad. Después de tal camino, digo esto por experiencia, es más fácil hacer teología, porque con esos datos, Dios aparece inmediatamente como la energía misteriosa y amorosa que sustenta todo y que lleva adelante todo el proceso cosmogénico. La categoría teológica del Espíritu Santo es más adecuada para esa nueva forma de teología.

¿La conciencia ecológica qué tiene que ver con el Espíritu Santo?

El principal objetivo de mi libro es afirmar que el diálogo con la ecología y con la nueva cosmología nos obliga a cambiar el paradigma. El paradigma de la filosofía y de la teología occidentales es de raíz griega, esencialista, basado en naturaleza, sustancia, esencia y otros términos semejantes que pertenecen al área de la permanencia, de la estabilidad. En vez de eso, cuando se habla de Espíritu, todo es dinamismo, innovación. Hay que cambiar la forma de pensar a Dios, la historia, la Iglesia. Dios es dinamismo de tres personas divinas en comunicación entre sí y con la creación. 

¿Teología de la ecología, entonces?

Yo he tratado de hacer una teología con un nuevo horizonte de comprensión. El mismo que el Papa Francisco indica en la encíclica Laudato si’: todo es relación; nada existe fuera de la relación. Poéticamente Francisco escribe: “El sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión: el espectáculo de sus incontables diversidades y desigualdades significa que ninguna criatura se basta a sí misma. Ellas existen solo en dependencia unas de otras, para completarse mutuamente en el servicio de unas a otras”. La tesis de la ecología es precisamente esta: todo está conectado para formar la gran comunidad de vida, el todo de la naturaleza y del universo. Y este modo de pensar corresponde a la naturaleza del Espíritu Santo.

¿Le parece a usted que la Iglesia católica está lista para aceptar estas reflexiones suyas?

La situación es diferente en cada país, pero en todas partes faltan profetas. Con Wojtyla y Ratzinger asistimos al retorno de la gran disciplina, vimos una Iglesia cerrada en sí misma, preocupada con la ortodoxia, atenta a combatir enemigos como la modernidad, las nuevas libertades. Y, sobre todo distante del pueblo, con una teología erudita pero pobre en innovacióny una liturgia ajena a la sensibilidad moderna.

Mientras que ahora…. 

Con el Papa Francisco surge otro tipo de Iglesia, abierta como un hospital de campaña, donde la centralidad no es tanto la ortodoxia, sino la pastoral del encuentro, de la ternura, de la convivencia. Para el Papa Francisco las doctrinas son importantes, pero lo más importante es entender que Cristo vino para enseñarnos a vivir los bienes del reino como el amor incondicional, la misericordia, la solidaridad, la compasión por quien sufre, por los últimos en total apertura al Padre de bondad y misericordia.

¿Mensaje recibido?

No siempre. Muchos católicos tradicionalistas no se han dado cuenta de que estamos ante otro tipo de papa, menos doctor y más pastor en medio de su pueblo. Un papa que lleva menos los símbolos paganos de los emperadores romanos y más la sencillez de un párroco de aldea, sencillo humilde, amigo de todos. Un hombre que viene de lejos, por eso es libre. Si no fuese así, ¿por qué el nombre de Francisco? Sería una contradicción pensar en San Francisco de Asís en un palacio pontificio. Pero tenemos a Francisco de Roma que vive y come con todos los demás, no él solo. 

¿El aumento de las protestas públicas en la Iglesia contra el Papa Francisco le preocupa?

No me preocupa, porque no le preocupa. ¿Cómo sé esto? El papa duerme desde las 21h30 hasta las 5h30 como un tronco, bebe su mate y lleva adelante, franciscanamente, su misión, con una irradiación mundial en sentido religioso, ético y político. Nos conocemos desde 1972. Intercambié con él algunas cartas sobre temas de ecología y sobre el Sínodo para la Amazoniade octubre pasado.

¿A propósito, qué espera usted de la exhortación apostólica pos-sinodal de Francisco, que se espera en breve?

Algo bueno. Sobre todo sobre la defensa del rostro indígena de la Iglesia y sobre las mujeres. En mis cartas le pedí que hiciese un gesto profético sin pedir nada a nadie, como hizo Juan XXIII cuando convocó el Concilio Vaticano II.

¿Qué gesto?

Ordenar a las mujeres.

¿Y le respondió?

Me gradeció la carta. 

Usted dedica su libro a las mujeres

Yo digo que la primera Persona divina en entrar en este mundo, o en irrumpir en el proceso de la evolución, no fue el Hijo, como dice la Iglesia. Fue el Espíritu Santo. Esto está muy claro en el texto de Lucas: “El Espírito vendrá sobre ti… y te cubrirá con su sombra”. Hice una búsqueda de meses en patrología: no hay ningún rastro de la centralidad del Espíritu. Ni siquiera en los grandes teólogos. De acuerdo con una lectura predominantemente masculina, prevalece el Hijo. Pero el Hijo vino después de la aceptación (“fiat”) de María, por lo tanto después del Espíritu. Y digo más aún: el Espíritu asumió a María, la divinizó. En el proyecto del Altísimo, hombre y mujer son igualmente divinizados. Forman parte de Dios.

Hoy la teología de la liberación es ecoteología, teología feminista, teología afro. Los pobres siguen siendo muchos y oprimidos. ¿La teología de la liberación tiene todavía un largo camino por delante?

La existencia de los pobres, de los oprimidos me hace pensar siempre en Jesús, en San Francisco y en tantos otros que tuvieron misericordia de ellos. Mientras existan pobres, especialmente en la medida en que su número aumenta, más necesaria se hace una teología de liberación. Es la situación actual en todo el mundo.  

Le acusaron de ser pro-marxista.

Marx nunca fue padre ni padrino de la teología de la Liberación, como insinuaban los dictadores latinoamericanos. Pero hoy, más que nunca, la teología de la liberación es urgente. El ejército de los pobres ha aumentado terriblemente. Si la teología, sea la que sea, no toma en serio la situación actual difícilmente se librará de la crítica de cinismo y de irrelevancia histórica. Es preciso leer los signos de los tiempos. El Espíritu nos invita a tomar una posición del lado de las víctimas, de aquellos que el sistema imperante ha hecho invisibles.

El libro en español se titula El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y padre de los pobres, PAVSA, Managua 2014; Trotta, Madrid 2014  

Traducción de Mª José Gavito Milano

Desafíos a la educación ante los cambios en la vida y en la humanidad

La irrupción desde 2019 del coronavirus, afectando por primera vez a todo el planeta y a cada persona, pero no a nuestros animales domésticos como perros y gatos, tiene un significado que es importante descifrar. Nada en la naturaleza y en Gaia, nuestra Madre Tierra, es sin propósito.

¿Qué lección podemos sacar de esta pandemia? Para ello, no basta con hablar de ciencia, tecnología y todo lo demás. Tenemos que preguntarnos cuál es el contexto del virus, que no puede considerarse de forma aislada. Es necesario identificar las condiciones que han permitido su aparición y la devastación de la especie humana.

El Antropoceno y el Necroceno como contexto de la Covid-19

El contexto de la irrupción de la Covid-19 reside en el Antropoceno y en el Necroceno. En otras palabras, el motivo es la agresión sistemática que los seres humanos ejercemos contra la naturaleza y la Madre Tierra. Como muchos científicos afirman: hemos inaugurado una nueva era geológica, el Antropoceno. O sea, la gran amenaza a la vida y a la vitalidad de la Tierra no se debe a un meteoro rasante que ha caído en este planeta, sino a nosotros, los seres humanos. 

Como no tenemos ningún órgano especializado que garantice nuestra subsistencia –somos un ser biológicamente deficiente (Mangelwesen del antropólogo Arnold Gehlen)– y como tampoco tenemos un hábitat específico, tenemos que trabajar la naturaleza y así crear nuestro oikos (casa, hábitat) de modo a asegurar nuestra existencia y subsistencia. 

En este proceso de creación de nuestro hábitat, trabajando la naturaleza, identificamos varias etapas. En las primeras fases de la antropogénesis, hace millones de años, el ser humano tenía una relación de interacción armoniosa con la naturaleza. Más tarde, en el Neolítico, hace unos 10-12 mil años, pasó a una relación de intervención, con la gestión del agua, la irrigación y los cultivos agrícolas y animales, rompiendo ya la sinergia con la dinámica de la naturaleza. Después, en la era industrial, se pasó a la agresión directa, explotando la naturaleza sin tener en cuenta sus posibilidades y sus límites, con la falsa premisa de que los recursos naturales son infinitos y permitirían un desarrollo igualmente infinito. Sin embargo, una Tierra con bienes y servicios finitos no soporta un proyecto infinito. A pesar de ello, seguimos sin hacer caso de los límites, queriendo extraer de la Tierra lo que ya no puede darnos (la Sobrecarga de la Tierra, el Overshoot). Este proceso de sobreexplotación nos ha llevado a la fase actual de destrucción de la naturaleza. Ya no es el Antropoceno, sino el Necroceno, es decir, la devastación masiva de las formas de vida.

Estos son los datos terroríficos proporcionados por Edward Wilson, uno de los biólogos más importantes de la actualidad: cada año desaparecen unas 100.000 especies de seres vivos, después de millones y millones de años de presencia en el planeta. Un millón de otras especies también corren gran peligro de desaparecer. Aquí radica la causa de la irrupción del coronavirus: la relación agresiva y perjudicial del ser humano con su entorno vital, destruyendo los fundamentos físicos, químicos y ecológicos que mantienen la vida. Por lo tanto, es válida la declaración de la Laudato Si del Papa Francisco: “Nunca hemos maltratado y lastimado tanto nuestra casa común como en los dos últimos siglos” (n.53). Y continúa: “Las previsiones catastróficas ya no pueden ser miradas condesprecio e ironía … hemos superado las posibilidades del planeta de tal manera que el estilo de vida actual solo puede terminar en catástrofes” (n.161). En su otra encíclica, Fratelli tutti, que es una profundización de la Laudato Si, el papa afirma enfáticamente; “Estamos en el mismo barco: o nos salvamos todos o nadie se salva” (n.32). Por eso pide una conversión ecológica radical (n.5).

En esta misma dirección va la Carta de la Tierra de 2003, uno de los documentos más importantes nacidos desde abajo, partiendo de la consulta a miles de personas de todo el mundo y de todas las clases sociales, asumida por la UNESCO como una contribución para una nueva educación, que afirma en su primer párrafo: “Estamos ante un momento crítico de la historia de la Tierra, en un momento en el que la humanidad debe elegir su futuro… O formamos una alianza mundial para cuidar de la Tierra y unos de otros, o nos arriesgamos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida”. 

Para cerrar este escenario amenazador conviene citar la última frase de uno de los mayores historiadores del siglo XX, el inglés Eric Hobsbawn, en su conocido libro-síntesis La era de los extremos (1994). «El futuro no puede ser la continuación del pasado… Nuestro mundo corre el peligro de explosión y de implosión… No sabemos hacia dónde vamos. Sin embargo, una cosa es segura: si la humanidad quiere tener un futuro que valga la pena, no puede ser a base de prolongar el pasado o el presente. Si tratamos de construir el tercer milenio sobre esta base, vamos a fracasar. Y el precio del fracaso, o sea, de la alternativa a un cambio de la sociedad, es la oscuridad» (p.562). En otra parte del libro, habla sobre nuestra autodestrucción.

Lo que nos está salvando frente a la irrupción de la Covid-19

¿Cómo hay que interpretar la Covid-19 en este contexto dramático? Es una señal enviada por la Madre Tierra para decirnos: “ustedes no pueden seguir con esta agresión y con este espíritu de destrucción contra mí, de lo contrario les enviaré señales graves y dañinas”. La Covid-19 es un contra-ataque de la Tierra contra el tipo de civilización humana que hemos creado, que implica una peligrosa devastación del sistema-vida y del sistema-Tierra. Si no cambiamos, podríamos estar abocados a lo peor o a un camino sin vuelta atrás. 

Por otra parte, ha quedado claro que lo que nos está salvando no son los mantras del sistema vigente: beneficio ilimitado, competencia desenfrenada, individualismo generalizado, explotación feroz de los bienes y servicios de la naturaleza, el estado mínimo y el mercado por encima de la sociedad.

Lo que nos está salvando son los valores ausentes o vividos solo de manera privada en la cultura del capital: la vida en su centralidad, la solidaridad, la interdependencia de todos con todos, el cuidado de los demás y de la naturaleza, un Estado suficientemente equipado para responder a las exigencias humanas y de la sociedad de los humanos y no de las mercancías.

Todos estos valores son los que nos humanizan como humanos. En la reciente encíclica Fratelli tutti estos valores son universalizados como alternativa al paradigma actual vigente.

Desde este panorama dramático surge claramente la pregunta: ¿Cómo debe ser nuestra educación ante estos desafíos, radicalizados por la presencia letal del coronavirus? ¿Podemos seguir como hasta ahora? Lo peor que nos podría pasar sería volver a la situación anterior, con una doble y perversa injusticia: una ecológica con la devastación de los ecosistemas y las amenazas que pesan sobre nuestro futuro, y otra social, producida por un pequeño grupo que controla casi toda la riqueza y los flujos financieros, haciendo que una gran parte de la humanidad viva en la pobreza e incluso en la miseria, y muera antes de tiempo.

La consecuencia lógica es que tenemos que cambiar si queremos sobrevivir. O bien, dar la razón a Sigmunt Bauman que nos advirtió poco antes de su muerte: “O nos damos la mano y colaboramos todos, o bien aumentaremos el número de los que caminan hacia su tumba”. 

La nueva situación de la humanidad desafía a la educación

Si esto es cierto, significa que nuestra educación debe asumir también cambios y nuevas directrices, principios y valores para estar a la altura de los retos del momento actual. La Carta de la Tierra lo dice bien claro: “Como nunca antes en la historia, el destino común nos llama a buscar un nuevo comienzo” (Conclusión). Observa que no se trata simplemente de mejorar, sino de buscar un nuevo comienzo. “Eso requiere”, continúa la Carta de la Tierra, en la misma línea que las Laudato Si y Fratelli tutti “un cambio de mente y de corazón; requiere un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal… sólo así llegaremos a un modo de vida sostenible (nótese que no dice un desarrollo sostenible, sino un modo de vida sostenible) a nivel local, nacional, regional y global”.

¿Qué significa cambiar de mente? 

Es ver la Tierra, no como un baúl de recursos para uso y disfrute nuestro sino como un superorganismo vivo que organiza sistémicamente todos los

factores para mantenerse vivo y producir permanentemente vida en toda la comunidad de vida. Es la Madre Tierra, tal como fue decidido por la ONU en una importante sesión el 22 de abril de 2009: este día ya no es el Día de la Tierra sino el día de la Madre Tierra, una madre a la que debemos tratar con amor, cariño y cuidado. 

¿Qué significa cambiar el corazón?

Significa, como bien dice la Laudato Si, “escuchar al mismo tiempo el grito de la Tierra y el grito de los pobres” (n.49). No basta la razón instrumental-analítica, fría y calculadora; es preciso sentir la realidad circundante en el corazón; es preciso “tener ternura, compasión y preocupación por los seres humanos” (n.91) y por todos los seres, “como el sol, la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el pardal, y demás seres” (n.86).

¿Qué significa tener un nuevo sentido de interdependencia global?

La Laudato Si lo aclara bellamente: “Todo está relacionado y todos los seres humanos están juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa que une también con ternura el afecto al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra” (n.92). La afirmación básica de la física cuántica es: todo es relación, no existe nada fuera de la relación porque todos estamos relacionados unos con otros en todos los momentos y circunstancias. El universo no está formado por el conjunto de los cuerpos celestes sino por el tejido de las relaciones que mantienen entre sí. 

¿Qué significa alimentar una responsabilidad universal?

Para la Laudato Si significa “la conciencia amorosa de no estar desligado de las otras criaturas, de formar con los otros seres del universo una preciosa comunión universal… es sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los otros y por el mundo” (nº 229). Tierra y humanidad tienen el mismo destino común, que puede ser bienaventurado o trágico, dependiendo de las prácticas de los seres humanos.

Todo esto tiene que ver con el tipo de educación que tenemos que desarrollar, enriquecer y reinventar para ayudar a crear un mundo necesario y no solo posible, en el cual coexistan los diversos mundos culturales, con sus valores, tradiciones y caminos espirituales, en la misma y única Casa Común, la naturaleza incluída.

Jacques Delors, hace años, cuando era secretario general de la UNESCO propuso algunos marcos para la educación en el siglo XXI. Él decía que “es preciso aprender a conocer, aprender a pensar, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir”. Todo esto es irrenunciable, pero tenemos que ir más lejos frente a los desafíos que nos está presentando una realidad global completamente cambiada.

Como decía la filósofa Hannah Arendt: “podemos informarnos durante toda la vida sin educarnos nunca”, o sea, no basta acumular informaciones. Hoy prácticamente todo se encuentra en Google. Tenemos que educarnos con esas informaciones para ser más humanos, más sensibles, más fraternos y cuidadosos con todas las cosas y garantizar un futuro bueno para todos, para nuestracivilización, para la vida y por lo tanto para la Madre Tierra.

Marcos para una educación adecuada para el tiempo actual

Algunos puntos son importantes y decisivos para una educación adecuada a la situación de la humanidad y de la Tierra. No es este el lugar de profundizar en ellos, sino de plantearlos como un desafío a la reflexión.

El primero es el rescate de la razón cordial o sensible. Somos fundamentalmente seres de sensibilidad más que de racionalidad. Por esto debemos desarrollar, como dice la Laudato Si, “una pasión por el cuidado del mundo, una mística que nos anime, que dé ánimo y sentido a la acción personal y comunitaria” (n. 216). Nos ayudan las reflexiones que se están haciendo en la actualidad sobre el rescate de esta dimensión cordial que enriquecerá la inteligencia racional (cf. mi libro Los derechos del corazón, Paulus 2015).

En segundo lugar, sentirnos parte viva y consciente de la naturaleza, creando lazos de amor, afecto, comunión y cuidado con cada ser de la naturaleza: no quemar nada, no derribar bosques ni selvas, no contaminar aires y suelos, permitir la regeneración de la naturaleza dándole descanso y cuidado. En esto los pueblos originarios son nuestros maestros, pues se sienten parte de la naturaleza y la tratan con respeto y con sumo cuidado. 

En tercer lugar, aprender a convivir con la diversidad.

A través de los medios de comunicación global, entramos en contacto con muchas culturas y valores humanos diferentes que van más allá de los nuestros de la cultura occidental. Entonces, no permitir que estas diferencias se trasformen en desigualdades, entender que podemos ser humanos de maneras diferentes y aceptarlas como válidas, no solo tolerarlas. Así podemos

construir una verdadera fraternidad sin fronteras. Como se canta entre nosotros: “el alma no tiene frontera, ninguna vida es extranjera”.

En cuarto lugar, incorporar una ética del cuidado necesario.

El cuidado pertenece a la esencia de la vida y principalmente del ser humano. Sin cuidado, no sobrevivimos (véase mi Saber cuidar, Vozes 1999 y El

cuidado necesario, 2013). Todo lo que amamos, también lo cuidamos y todo lo que cuidamos, también lo amamos. El cuidado debe ser incorporado no como un acto, sino como una actitud fundamental en todas las áreas de la vida, cuidando de sí, del otro, de nuestro espíritu, del tipo de sociedad que queremos, cuidando los ecosistemas, cuidando a la Madre Tierra.

Finalmente, desarrollar una dimensión espiritual de la vida

Vivimos dentro de una cultura que cultiva excesivamente los valores materiales con vistas al consumo humano. Desarrollamos poco lo que es específicamente humano: nuestra dimensión espiritual, hecha de valores intangibles, pero que son esenciales, como el amor incondicional, la solidaridad, la compasión, la capacidad de perdón y reconciliación, la apertura a lo sagrado de la naturaleza, a Dios que está continuamente creando y sustentando todo. El ser humano puede abrirse a esta dimensión y acoger conscientemente al Ser que hace ser a todos los seres. El resultado es que nos volvemos más humanos, más sensibles, más solidarios, más comprometidos con salvaguardar la vida y la justicia, especialmente de los más empobrecidos y hechos injustamente invisibles, sintiéndonos hijos e hijas de la Madre Tierra y hermanos y hermanas de todos los demás humanos. Igualmente, de todos los seres de la creación.

Todo empieza con la educación. Su tarea esencial es construir la identidad del ser humano, y hoy reinventarla, para poder enfrentar los desafíos que nos plantean los cambios de la propia Tierra y la humanidad globalizada. Como dijo el educador Paulo Freire: “La educación no cambia el mundo. la educación cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

Este es el reto de toda educación: transformar a las personas y al mundo que hay que salvar. Para esto tenemos que cultivar la esperanza, profundamente descrita en la Fratelli tutti: “una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en que vive”, que nos permite soñar otros mundos posibles y mejores (n.55). 

Las palabras finales del Papa Francisco en la Laudato Si nos inspiran: “Hermanos y hermanas, caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza” (n. 244).

Esta fue una conferencia dada en español, vía internet, para los Hermanos Maristas de Compostela de España y Portugal el día 16/03/2021, teniendo como referencia la ecología integral de la encíclica Laudato Si del Papa Francisco.

Traducción de Mª José Gavito Milano