El Covid-19 nos obliga a pensar: que és lo esencial: la vida o el lucro?

Como afirmó el renombrado filósofo alemán Jürgen Habermas, en una entrevista sobre la Covid-19: ”Nunca supimos tanto de nuestra ignorancia de como ahora”. La ciencia es indispensable para sobrevivir y atender a la complejidad de las sociedades modernas, pero ella no puede ser arrogante y pretender, como ciertos cientificistas postulan, que podría resolver todos los problemas. A decir verdad,  lo que no sabemos es infinitamente más que lo que sabemos. Todo saber es finito y perfectible. Eso se está comprobando ahora con ocasión de la búsqueda desenfrenada de una vcuna eficaz contra la Covid-19. No sabemos cuándo va a estar disponible, ni cuándo desaparecerá la epidemia.

Tal hecho tiene como efecto el ocaso de un horizonte de vida y de esperanza  y causa aquello que tan bien escribió en su twitter la jueza y escritora (“La vida no es justa”) Andréa Pachá: “La pandemia ha hecho muchos estragos. Algunos físicos, concretos y definitivos. Otros sutiles, pero devastadores. Nos sustrajo el deseo de ir, de jugar, de hacer planes, incluso aquellos sólo utópicos e idealizados, que jamás se realizarían, pero que alimentaban el alma”.

Constatamos que hay un profundo abatimiento colectivo, melancolía, depresión y hasta rabia contra una epidemia acerca de la cual conocemos muy poco y poco podemos hacer. Todos nos sentimos rodeados por el fantasma de la contaminación, de la intubación y de la muerte.

El hecho es que vivimos no bajo una emergencia extraordinaria como el tsunami del Japón, que afectó las centrales  nucleares, una de las cuales continúa emitiendo radioactividad, afectando desde las costas de la India, de Tailandia, de Indonesia hasta las costas de California, o las grandes quemas de la Amazonia, del Pantanal y de los bosques de California. Con la Covid-19 estamos delante de una emergencia extrema, que afecta a todo el planeta, consecuencia de una profunda erosión ecológica causada por la voracidad de las grandes empresas que buscan exclusivamente el lucro material con el derribo de las selvas, el extractivismo, la expansión de monoculturas como la de la soja o la cría de ganado y la excesiva urbanización del mundo entero.

Esa intrusión del ser humano en la natureza, sin ningún sentido de respeto a su valor intrínseco, tenida como un mero medio de producción y no como algo vivo del cual somos parte y no dueños ni señores, negándonos a respetar sus límites de soportabilidad, ha producido la destrucción de los hábitats de miles de virus en animales y en plantas que se han transladado hacia otros animales y hacia el ser humano.

Tenemos que incorporar nuevos conceptos: la zoonosis (enfermedad que viene del mundo animal: aves, cerdos, vacas, murciélagos) y la transferencia zoonótica: una afección animal transmisible al ser humano. A partir de ahora entrarán en nuestro  vocabulario no sólo científico.

Uno de los mayores especialistas en virus,  David Quammen (Montana USA), nos advierte en su video “Spillover: the next human pandemic” (2015)”: es inevitable que vuelva a haber una gran pandemia. Puede matar a decenas de miles, centenas de miles, o millones de personas, según las  circunstancias y la forma como reaccionemos, pero  aparecerán cualquiera de estas cosas. Será con seguridad un agente zoonótico. Tendrá origen en animales no humanos. Será ciertamente un virus”. Observemos la gravedad de esta advertencia de un notable científico.

Frente a esta emergencia extrema aumentada por la escasa movilidad nacional e internacional, el aislamiento social, el distanciamiento entre las personas y el uso de la máscarilla nos propician plantear las cuestiones más fundamentales de nuestras vidas: ¿al final, qué es lo que cuenta en última instancia? ¿Qué es definitivamente esencial? ¿Cuáles son las razones que nos llevaron a tal situación de emergencia extrema? ¿Qué debemos y podemos hacer después de que pase la pandemia, si pasa? Estas preguntas son impostergables.

Entonces descubrimos que no hay mayor valor que la vida, nuestra vida y la de toda la comunidad de vida. Ella surgió hace 3,8 miles de millones de años y la humana hace cerca de 8-10 millones de años. Pasó por varias devastaciones pero siempre se mantuvo su existencia.  Y junto con la vida, los medios de vida sin los cuales ella no se sustenta: el agua, el suelo, la atmósfera, la biosfera, los climas, el trabajo y la naturaleza que nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir y sobrevivir. Y la comunidad humana que nos acoge y nos ofrece las bases del orden social y espiritual que nos mantiene cohesionados como humanos. De nada vale la acumulación de bienes materiales, la apropiación individual, la pura y simple competición. Lo que nos salva como seres vivos y sociales es la solidaridad, la cooperación, la generosidad y el cuidado de unos a otros y del ambiente.

Estos son los valores humano-espirituales, contrarios a aquellos de la cultura del capital material, sobre la cual la Covid-19 representa una especie de rayo que la está reduciendo a pedazos. No podemos volver a ella para no provocar a la Madre Tierra y a la naturaleza que, si no cambiamos nuestra relación de respeto y de cuidado, nos enviarán otros virus, tal vez todavía más letales o hasta el último (The Big One) que diezmaría a la especie humana.

Este tiempo de recogimiento forzado es tiempo de reflexión y de conversión ecológica, tiempo de decidir qué tipo de Casa Común queremos para el futuro.Tenemos que crecer en solidaridad y en amor a todo lo que es creado, especialmente a los humanos, nuestros hermanos y hermanas.

Seremos  “el homo solidarius”, el principio de una nueva era, la era de la biocivilización, en la cual la vida en su diversidad tendrá centralidad y todo lo  demás estará al servicio de ella. No habrá ECOnomia sin ECOlogia. La vida vale por sí misma. Juntos en la Casa Común gozaremos de la alegre celebración de la vida.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo y ha escrito “Covid-19: el contraataque de la Tierra contra la Humanidad” que saldrá publicada próximamente por la editorial Vozes.

Traducción de M°José Gavito Milano

 

 

Dra. Padula Anderson e Dr. Hanzelmann: sem o SUS é a barbárie?

Este texto importante, celebrando os 30 anos de existência oficial do Serviço Único de Saúde (SUS) foi elaborado em parceria  de Dra.Maria Inez Padula Anderson  o do  Dr.Ricardo Hanzelmann, ambos da diretoria da Sociedade Brasileiria de Medicina da Família e Comunidade- SBMFC. O contexto é um cenário de desmonte das políticas públicas e perdas de direitos sociais num dos países mais iniquos do mundo.Este texto representa um movimento em prol da reflexão e faz parte dos compromissos que nos levaram à Diretoria da SBMFC.

                                             Sem o SUS é a barbárie?

Há exatos 30 anos, no dia 19 de setembro de 1990, foi regulamentado através da Lei 8080, o Sistema Único de Saúde brasileiro, o SUS. Somente a partir de 1988, com a promulgação da Constituição Federal de 1988, a Saúde é considerada um dever do estado e um direito de Cidadania.

Antes do SUS, a oferta de serviços de saúde para a população brasileira era fragmentada, restrita, sem organicidade, uma vez que as unidades de saúde não se relacionavam e não havia perspectiva de integração. Milhões de brasileiros e brasileiras eram marginalizados e sempre dependentes de ações filantrópicas para ter direito a algum tipo de assistência que, na maioria das vezes, não cobria suas necessidades. Na época pré SUS, ter acesso a serviços de saúde podia ser considerado um privilégio para poucos, praticamente restrito à parcela da população urbana vinculada ao mercado formal de trabalho.

A lógica do sistema, como em outros países sub-desenvolvidos, era baseada no modelo e na oferta de serviços hospitalares, com foco na doença, que também direcionava a formação médica e das demais profissões da área da saúde. Esta lógica é incoerente com o fato de apenas cerca de 10% da população necessitar de cuidados intra-hospitalares durante um ano.

De fato, todas as pessoas necessitam ter acesso a serviços de diferentes tipos num Sistema de Saúde, mais frequentemente aos cuidados primários, que abrange a maioria das necessidades de saúde da população, ao longo de suas vidas. Estes serviços incluem consultas e tratamento para os problemas de saúde mais prevalentes, além de serviços preventivos, como a oferta de vacinas, passando pelas demandas de serviços de saúde mental, curativos, pequenas cirurgias ambulatoriais,  reabilitação física, entre tantos outros. Também necessitam de serviços mais especializados incluindo a hemodiálise e cirurgias. Enfim, a população necessita ter acesso a diferentes tipos de especialistas, mas, majoritariamente, àqueles que prestam cuidados abrangentes e longitudinais, como é o caso dos que atuam na Atenção Primária à Saúde. Mas, na era pré-SUS, mesmo os cuidados primários oferecidos nos Postos de Saúde, Unidades Básicas e Centros Municipais de Saúde eram fragmentados, baseados em linhas programáticas, e voltados apenas para algumas doenças infecciosas.

Ou seja, o SUS, pautado nos princípios da universalidade, integralidade e equidade, desde o seu nascimento, teve que disputar com o modelo hospitalocêntrico e focado nas doenças, como eixo central da prestação de serviços. Este modelo, interessa mais aos setores privados envolvidos na atenção médico-hospitalar, que têm a doença como parte de um ciclo de prestação de serviços lucrativos. Assim, para chegar até o SUS, foi também necessário um forte movimento em prol da luta contra as desigualdades sociais, o que só se tornou possível com a redemocratização do Brasil, após 21 anos da ditadura civil-militar.

Vale chamar a atenção para o fato de o SUS, desde o princípio, sofrer cronicamente com um orçamento inferior ao necessário para o desempenho das suas funções. Ao lado disso, observa-se ainda uma distribuição iníqua de seus recursos em benefício do setor hospitalar e da iniciativa privada, de tal modo que grande parte dos recursos da saúde no país acaba desviada para atender direta e/ou indiretamente os interesses dos prestadores privados de serviço. Isto quer dizer que a maior parte do dinheiro da Saúde que circula no Brasil vai para o setor privado (os planos de saúde): mais de 55% do total de recursos da Saúde se destina a atender 25% da população no setor privado.

Para a Saúde Pública, temos menos da metade do total de recursos em saúde do país, para atender a todos os brasileiros. O orçamento para Saúde Pública brasileira é muito inferior do que boa parte dos chamados países desenvolvidos. São menos de R$ 50 (cinquenta reais) por pessoa por mês; menos de R$ 2 (dois reais por dia)! Países europeus investem 4 a 5 vezes mais em saúde pública. Por outro lado, um plano de saúde privado, que muitas vezes não oferta todos os serviços cobertos pelo SUS pode chegar a R$ 4.000,00 por mês por pessoa, dependendo da idade e do plano. Mesmo considerando os planos mais “econômicos” (que também oferecem serviços muito restritos) os valores médios são muito mais elevados.

Nestes 30 anos, período relativamente curto para um país de dimensões continentais, e apesar de todas as dificuldades, o SUS se tornou um sistema abrangente, capilar, constituído por um conjunto de ações e serviços de saúde, prestados por órgãos e instituições públicas federais, estaduais e municipais, bem como pelos serviços conveniados ao SUS.

O SUS é reconhecidamente um dos maiores Sistemas Públicos de Saúde do mundo. Sete em cada dez brasileiros dependem exclusivamente do SUS para receber assistência à saúde, são mais de 150 milhões de pessoas. No entanto, todos os brasileiros e brasileiras utilizam serviços do SUS, mesmo aqueles que têm planos privados de saúde.

O SUS abrange um universo amplo e diverso de serviços de saúde – envolvendo ações de promoção, educação, assistência e recuperação da saúde a prevenção de doenças para brasileiros e brasileiras de todas as idades, cores, etnias, faixas etárias, e nível socioeconômico. Atua no nível dos cuidados primários, secundários e terciários de saúde. Está presente em todo o território nacional. Oferta desde as ações de vigilância sanitária, análise da qualidade da água e dos alimentos que se consome, até a oferta do maior programa mundial de vacinação pública e de transplante de órgãos.

A cada ano, são em média 3, 8 bilhões de procedimentos ambulatoriais, 1,3 bilhões de consultas, cerca de 12 milhões de internações, 2 milhões de partos, 900 milhões de exames, 300 milhões de doses de vacinas e imunológicos distribuídos.

Temos serviços do SUS em todos os 5.570 municípios do país. Neste contexto, vale destacar a Estratégia Saúde da Família como um modelo de organizar a Atenção Primária à Saúde que é mundialmente reconhecida como um modelo exitoso e copiado em diversos países. Sessenta e quatro por cento da população brasileira é coberta por equipes da Estratégia Saúde da Família: são 130 milhões de brasileiros que têm acesso direto e facilitado a unidades de saúde próximas do local onde moram. Também vale destacar outros serviços prestados pelo SUS, e que são do reconhecimento nacional ou internacional, como o programa brasileiro de cuidado às pessoas vivendo com HIV e AIDS, o programa de transplante de órgãos, a maior parte das cirurgias cardíacas e o da oferta e distribuição de todos os tipos de medicamentos para praticamente a totalidade dos problemas de saúde que podem ser apresentados por uma pessoa.

Em plena Pandemia do Coronavírus é o SUS que garante as ações de vigilância epidemiológica e mantém um sistema online de notificação dos casos suspeitos para acesso de todos os serviços de saúde do país, sejam eles públicos ou privados. Essa mesma lógica é usada para que tenhamos um dos maiores sistemas de informação em saúde do mundo, que monitora a evolução de muitas doenças, a exemplo da dengue e do sarampo.

Naturalmente que temos desafios a superar, alguns mantidos ou criados pela própria disputa em relação à hegemonia do sistema, especialmente os relacionados à infra-estrutura das unidades de saúde, à valorização dos profissionais de saúde, o aumento da oferta e acesso a exames, entre outros. Na própria Atenção Primária à Saúde, das mais de 40.000 (quarenta mil) equipes, cerca de 5.000 (cinco mil) têm Médicas e Médicos de Família e Comunidade, os especialistas nesta área.

Em um país onde persiste o racismo estrutural e uma profunda desigualdade gênero, onde os atuais governantes manifestam e incentivam atitudes lgbtfóbicas e misóginas, é o SUS que busca atuar sistematicamente para reduzir as iniquidades, garantindo acesso a serviços de saúde para as populações historicamente negligenciadas. Em meio ao crescente processo de desigualdade social, o SUS importa muito para população negra, para as mulheres, para a população moradora das periferias das grandes cidades, para população LGBTQIA+. O SUS enquanto política de Estado, mesmo tão pouco financiado, vem evitando uma tragédia ainda maior nestes tempos de pandemia e de crise econômica e democrática em nosso país.

Não bastasse já o insuficiente investimento desde sua criação, o SUS vem perdendo recursos desde a Emenda Constitucional (EC) 95/2016, a chamada PEC da Morte que congelou recursos para a saúde e a educação desde 2016, apesar da população estar crescendo e ficando mais empobrecida desde então.

Agora, em 2020, o Projeto de Lei de Diretrizes Orçamentárias (PLDO) 2021 da União, enviado ao Congresso Nacional, segue a regra PEC da Morte, e pode significar a perda de R$ 35 bilhões em 2021.

Temos que garantir mais recursos para o SUS, mais recursos para a Estratégia Saúde da Família e Atenção Primária à Saúde, que são a porta de entrada do sistema e onde se acolhem e resolvem a grande maioria dos problemas de saúde da população, independentemente da idade, da cor da pele, ou da classe social. Garantir equipes completas com médicos, enfermeiros, técnicos de enfermagem, agentes comunitários de saúde, com apoio de outros profissionais da saúde, é fundamental para termos uma saúde integral. Temos que ampliar as nossas ações de vigilância em saúde. Investir na garantia da oferta de serviços que garantam a integralidade do cuidado em saúde.

Para os empresários da doença, talvez continue interessando que o SUS não progrida, que não tenha financiamento adequado. O desmonte do SUS facilita o crescimento do setor privado que tem a saúde como negócio. Para a grande maioria da população brasileira, podemos dizer que, sim, sem o SUS é a barbárie.

O SUS é um patrimônio do Brasil e do povo brasileiro. Temos que mobilizar a todos para cuidar e nos responsabilizarmos por este patrimônio.

 

 

 

O Covid-19 nos obriga a pensar: o que é o essencial?

Como afirmou o renomado filósofo alemão Jürgen Habermas, numa entrevista acerca do Covid-19:”Nunca soubemos tanto de nossa ignorância como agora”. A ciência é indispensável  para sobrevivermos e dar conta da complexidade das sociedades modernas. Mas ela não pode ser arrogante e pretender, como certos cientifistas postulam, que ela poderia resolver todos os problemas. Mas na verdade, o que não sabemos é infinitamente maior do que sabemos.Todo saber é finito e perfectível. Isso está se comprovar agora por ocasião da busca desenfreada por uma vacina eficaz contra o Covid-19. Não sabemos quando estará disponível, nem quando desaparacerá a epidemia.

Tal fato tem como efeito o ocaso de um horizonte de vida e de esperança  e causa aquilo que tão bem em seu twitter escreveu a juíza e escritora (“A vida não é justa”) Andréa Pachá: “A pandemia fez muitos estragos. Alguns físicos, concretos e definitivos. Outros sutis, mas devastadores. Subtraiu a vontade de rir, de brincar, de fazer planos, mesmo aqueles só utópicos e idealizados, que jamais se realizariam, mas que alimentavam a alma”. Constamos que há profundo abatimento coletivo, melancolia, depressão e até raiva contra uma epidemia contra a qual muito pouco conhecemos e pouco podemos fazer. Todos sentimo-nos rodeados pelo fantasma da contaminação, da intubação e da morte.

O fato é que vivemos não sob uma emergência extraordinária como o tsunami no Japão afetando as usinas nucleares, uma das quais, continua emitindo radioatividade, afetando as costas da India, da Tailândia, da Indonésia até as costas da Califórnia ou as grandes queimadas da Amazônia,do Pantanal e das florestas da Califórnia. Com o Covid-19 estamos diante de uma emergência extrema, afetando todo o planeta, consequência de uma profunda erosão ecológica causada pela voracidade das grandes empresas que buscam exclusivamente o lucro material com a derrubada das florestas, o extrativismo, a expansão de monoculturas como da soja ou da criação de gado e a excessiva urbanização do mundo inteiro.

Essa intrusão do ser humano sobre a natureza, sem qualquer sentido de respeito ao seu valor intrínseco, tida como mero meio de produção e não como algo vivo do qual nós somos parte e não donos e senhores, negando-nos a respeitar seus limites de suportabilidade, tem produzido a destruição dos habitats dos milhares de vírus em animais e em plantas que então transbordam para outros animais e para o ser humano.

Temos que incorporar novos conceitos: a zoonose (doença que vem do mundo animal,aves, porcos, vacas, morcegos) e a transferência zoonótica: uma afecção animal transmissível ao ser humano. A partir de agora entrarão no nosso vocabulário não só científico.

Adverte-nos um dos maiores especialistas em vírus  David Quammen (Montana nos USA) em seu video “Spillover: the next human pandemic” ( 2015):”é inevitável que volte a haver uma grande pandemia. Pode matar dezenas de milhares, centenas de milhares, ou milhões de pessoas, consoante as circunstâncias e a forma como reagirmos, mas há de aparecer qualquer coisa dessas. Será com certeza um agente zoonótico. Terá origem em animais não humanos. Será certamente um vírus”. Observemos a gravidade desta advertência de um notável cientista.

Face à esse emergência extrema, acrescida com  parca mobilidade nacional e internacional, o isolamento social, o distanciamento entre as pessoas e o uso da máscara nos propiciam colocar as questões mais fundamentais de nossas vidas: afinal, o que conta em última instância? O que é definitivamente essencial? Quais as razões que nos levaram a tal situação de emergência extrema? Que devemos e podemos fazer depois que passar a pandemia, se passar? Estas questões são inadiáveis.

Então descobrimos que não há valor maior que a vida, a nossa vida e de toda comunidade de vida.Ela surgiu há 3,8 bilhões de anos e a humana há cerca de 8-10 milhões de anos.Ela passou por várias devastações mas sempre se manteve viva. E junto com a vida, os meios de vida sem os quais ela não se sustenta: á água, o solo, a atmosfera,a biosfera,os climas, o trabalho e a natureza que nos oferece tudo o que precisamos para viver e sobreviver.E a comunidade humana que nos acolhe e nos oferece as bases da ordem social e espiritual que nos mantém coesos como humanos. De nada vale a acumulação de bens materiais, a apropriação individual, a pura e simples competição. O que nos salva como seres vivos e sociais é a solidariedade, a cooperação, a generosidade e o cuidado de uns para com os outros e para com o ambiente.

Estes são os valores humano-espirituais, contrários àqueles da cultura do capital material sobre a qual o Covid-19 representou uma espécie de raio que a reduziu em cacos. Não podemos voltar a ela para não provocar a Mãe Terra e a natureza que, caso não mudarmos nossa relação de respeito e de cuidado, nos enviarão outros vírus, talvez ainda mais letais ou até o derradeiro (The Big One) que dizimaria a espécie humana.

Esse tempo de recolhimento forçado é tempo de reflexão e de conversão ecológica, tempo de decidir que tipo de Casa Comum queremos para o futuro. Temos que crescer em solidariedade e em amor a tudo que é criado,especialmente aos humanos, nossos irmãos e irmãs. Seremos o “o homo solidarius”, o princípio de uma nova era, da biocivilização, na qual a vida em sua diversidade terá centralidade e tudo o  mais a serviço dela. A vida vale por si mesma. Juntos na Casa Comum gozaremos da alegre celebração da vida.

Leonardo Boff, é ecoteólogo e filósofo e escreveu “O Covid-19: o contra-ataque da Terra contra a Humanidade” a sair em breve pela Vozes.

J.Habermas

 

 

 

 

 

 

 

 

Leonardo Boff: llegar a Dios a través de la física cuántica

Saiu com destaque  na edição espanhola do El Pais, um dos maiores do mundo, um resenha do livro escrito por mim por ocasião de meus 80 anos, traduzido para o espanhol pela editora Trotta:Reflexiones de un viejo teólogo y pensador. No Brasil saiu pela Editora Vozes. Trata-se de um resumo de meu pensamento de mais de 50 anos de trabalho e de reflexão. Publico-o para quem se interessar de ver uma apreciação de um conhecida jornalista espanhola Lola Galán.  LBoff

La ciencia es una aliada en el pensamiento del filósofo brasileño Leonardo Boff, referente de la teología de la liberación, que sueña con una Iglesia descentralizada con un Papa muy parecido al actual

Lola Galán

12 sep 2020 – 19:31 BRT   El  Pais edição espanhola.

Si el teólogo es un ser casi imposible, porque se ocupa de la realidad última, Leonardo Boff ha vivido en esa imposibilidad metafísica la mayor parte de su vida adulta. Y lo ha hecho alejándose lo más posible de los “teólogos perezosos” que trabajan siempre con las ideas ya establecidas. Estamos ante un filósofo que acepta los retos del conocimiento. Y aunque el nombre de Leonardo Boff (Concórdia, Brasil, 1938) está ligado para siempre a la teología de la liberación, su pensamiento se ha adentrado por otros senderos a lo largo de los años.

Sigue defendiendo esa corriente crítica con la Iglesia de poder simbolizada por el Vaticano, que surgió en los años sesenta del siglo pasado y triunfó en una América Latina sacudida por dictaduras y pobreza. Y el planteamiento osado de sus libros podría chocar de nuevo con los guardianes de la ortodoxia dogmática, como ocurrió en los años ochenta cuando publicó Iglesia: carisma y poder. Pero Boff, antiguo sacerdote franciscano, está ya fuera de la jurisdicción vaticana. Hace mucho que colgó los hábitos, y vive plácidamente, con su compañera, en una comunidad no lejos de Río de Janeiro.

Nadie puede reprocharle, por lo tanto, que su discurrir teológico se apoye en la ciencia, que entienda al ser humano como conciencia de la Tierra, y que defienda los principios de la ecoteología en un nuevo libro, Reflexiones de un viejo teólogo y pensador (editorial Trotta, 2020), donde está todo Boff, condensado en poco más de 300 páginas. Reflexiones…, que se publicó hace dos años en portugués, coincidiendo con su 80º cumpleaños, es un verdadero testamento, un compendio de todo su saber que ha ido desgranando en más de un centenar de libros. Y hasta puede leerse como un programa político. “Si no queremos estancarnos y hundirnos en el pantano de los intereses de las minorías poderosas y dominantes sobre las grandes mayorías populares, tenemos que alimentar sueños”, escribe. Él los tiene, al parecer, y quiere transmitírselos a los jóvenes que vienen detrás.

En estas páginas bien traducidas (pocos idiomas discurren tan en paralelo como portugués y español) están los temas centrales del pensamiento de Boff, empezando por Dios. Una palabra que contiene “lo ilimitado de nuestra representación y la utopía suprema de orden, de armonía, de conciencia, de pasión y de sentido supremo que mueven a las personas y a las culturas”.

Si los propios científicos, asombrados por la belleza y armonía del universo, se asoman a ese misterio (que no enigma, explica Boff), ¿por qué no habrían de valerse también de la ciencia los teólogos? El lector encontrará en este libro referencias al origen del universo y del Homo sapiens muy en la línea de Yuval Noah Harari. También nociones de física cuántica, porque Boff ha comprendido que a través de esta rama de la ciencia “se puede entender mejor al ser humano como nudo de relaciones, y al Dios cristiano, la Trinidad, que es siempre relaciones substanciales entre tres divinas personas”, explica por correo electrónico.

No es la primera vez que Boff se adentra en estos territorios. Ya lo hizo en El Tao de la liberación (Trotta, 2012), el volumen que firmó con el cosmólogo Mark Hathaway. Y no hay que olvidar que es un gran admirador del Dalái Lama, que hace tiempo subrayó la proximidad entre física cuántica y espiritualidad. Pero, por más que se empeñe, no hay forma de entender la idea de ese Dios uno y trino. Un dogma que procede más bien de la necesidad de encajar en la divinidad la figura de Jesús de Nazaret, que se autodenominó “Hijo de Dios”.

Reflexiones… habla también de la teología de la liberación, pero lo hace a la luz del mundo moderno. Si tradicionalmente esta corriente ponía en el centro de las preocupaciones de la Iglesia a los pobres, ahora su foco de interés se ha ampliado a todos los que “sufren marginación”, y esto abarca desde la propia Tierra, devastada por los humanos, a los movimientos feministas o a los colectivos LGTBI.

Es necesaria una fe vigorosa para poder ver a Dios realmente en todas las cosas, incluso en las más contradictorias: Leonardo Boff

El Boff polemista, fustigador de la Iglesia institucional, con su boato renacentista, sus liturgias incomprensibles y ese despliegue de riqueza que ha acompañado a papas y cardenales a lo largo de la historia, está también en esta nueva obra. Si acaso, se percibe en estas páginas un pulso más reposado. La institucionalización de las religiones es inevitable, viene a reconocer, y hasta imprescindible para permitir su expansión. Pero recuerda que Jesús nunca le dijo a Pedro “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, sino sobre esa fe —la fe del apóstol Pedro— “edificaré mi Iglesia”.

Entre poder y carisma, Boff prefiere claramente lo segundo. La Iglesia del pueblo en la que no se imponen las jerarquías. Su sueño es una Iglesia descentralizada en comunidades vivas e independientes en la que el Papa representaría el nexo común. El actual Pontífice, descendiente de italianos como él, parece ajustarse a la perfección a la idea que tiene Boff de Papa ideal. En el libro le llena de elogios, y cita con frecuencia la encíclica ecologista Laudato si, publicada por Jorge Bergoglio en 2015 y en la que ha colaborado el propio Boff.

Y es que el “viejo pensador” sigue siendo profundamente cristiano. El sueño de la teología que proclama es aquel en el que todos “puedan librarse de todo lo que les oprime externa e internamente y vivir como hermanos y hermanas en justicia, solidaridad, respetuosos con la naturaleza y la madre Tierra, en un gran banquete, disfrutando con moderación compartida de los buenos frutos de la gran y generosa madre Tierra”. Una especie de regreso al edén. Toda una utopía con la que la humanidad viene soñando desde la noche de los tiempos. Porque el bien con mayúscu­las no ha dejado de ser una aspiración inalcanzable para los humanos.

¿Qué hacemos con el mal? Boff, el filósofo, lo acepta muy en línea con la idea de sombra de Jung, como una parte que también nos define, porque el ser humano es a la vez sapiens y demens. Tiene que coexistir con esa doble naturaleza de armonía con el cosmos y de sumisión al caos. Para el teólogo brasileño, el mal evidenciaría la condición de “no terminados” de los mortales y del mundo. “Estamos siempre en la prehistoria de nosotros mismos”, escribe. Por eso, es necesaria una “fe vigorosa para poder ver a Dios realmente en todas las cosas, incluso en las más contradictorias”. Y si somos ángeles y demonios en perpetua discordia, al menos, dice Boff, podemos esforzarnos en “domesticar los demonios que nos habitan y dar a los ángeles buenos el mayor espacio posible”

Reflexiones de un viejo teólogo y pensador

“Este precioso libro es una síntesis de la obra y el pensamiento de Leonardo Boff, el teólogo que desafió a Roma y se convirtió en símbolo planetario de la integridad moral. Boff fue uno de los pioneros de la teología de la liberación en Brasil y en América Latina: él defendió, ya desde la década de los años setenta, la opción preferente por los pobres, no como caridad o filantropía, sino como compromiso social con la lucha de los oprimidos y explotados, de los trabajadores y trabajadoras del campo y de la ciudad por su propia liberación…

A partir de los años noventa, Leonardo Boff abre un nuevo capítulo en la historia de la teología de la liberación, integrando la dimensión ecológica. El grito de los pobres y el grito de la Tierra son hermanos, y denuncian el mismo sistema destructor de vidas humanas y de la propia naturaleza…
Al leer los escritos de Leonardo se tiene la nítida impresión de estar escuchando la voz de uno de los profetas del Antiguo Testamento. Es una especie de Isaías del siglo XXI que alza su voz, sin temor ni temblor, contra los poderosos y contra el culto al becerro de oro o Baal, ídolos que exigen sacrificios humanos”.

(Del prólogo de Michael Löwy)

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