¿Por qué llegamos a Jair Bolsonaro? Una disquisición histórico-filosófica sobre nuestra barbarie

Leonardo Boff*

Hay un sinnúmero de excelentes análisis del anti-fenómeno Jair Messias Bolsonaro, predominando los de tipo sociológico, histórico y económico. Creo que debemos cavar más a fondo para captar la irrupción de este Negativo en nuestra historia, una verdadera situación de barbarie.

La reflexión occidental, debido a los límites culturales de nuestro arraigado individualismo, apenas ha desarrollado categorías analíticas para analizar totalidades históricas. La Filosofía de la Historia de Hegel está llena de prejuicios, incluso sobre Brasil, y tiene pocas categorías aprovechables. Arnold Toynbee, en sus 10 volúmenes sobre la historia del mundo, trabaja con un esquema fértil pero limitado: desafío y respuesta (challenge and response), con el inconveniente de no dar relevancia a los conflictos de todo tipo inherentes a la historia. La Escuela Francesa de los Annales, en sus variaciones (Lefbre, Braudel, Le Goff) incluía varias ciencias pero no nos ofreció una lectura de la historia en su conjunto. No dejan de ser inspiradoras las categorías desarrolladas por Ortega y Gasset en su famoso estudio sobre los Esquemas de las crisis y otros ensayos (1942). 

Tenemos que tratar de pensar por nosotros mismos y preguntarnos con una actitud filosofante, es decir, que busca causas más profundas que las meramente analíticas de los científicos: ¿por qué en Brasil ha llegado a jefe de Estado este siniestro personaje histórico, que desafía cualquier comprensión psicológica, ética y política?

Debemos decir de antemano que todo lo que existe no es fortuito, porque es el fruto de algo preexistente, de larga duración, que cabe a la razón dilucidar. Además, hay que pensar siempre de forma dialéctica: junto a lo negativo y las sombras, acompañan siempre como acólitos las dimensiones positivas y portadoras de alguna luz. No se nos concede tener sólo luz o tinieblas. Todas las realidades son crepusculares, mezclando luces y sombras. Pero nuestro enfoque en esta reflexión está en las sombras, porque son las que nos causan problemas.

Voy a echar mano de algunas categorías: las sombras reprimidas, la teoría del caos destructivo y generativo, la comprensión transpersonal del karma en el diálogo entre Toynbee y el filósofo japonés Daisaku Ikeda, y los principios de thanatos eros, asociados a la condición humana desapiens y simultáneamente demens.

Las cuatro sombras reprimidas por la conciencia colectiva

La conciencia brasileña está dominada por cuatro sombras que nunca hasta hoy han sido reconocidas e integradas. Entiendo la categoría “sombra” en el sentido psicoanalítico de la escuela de C.G.Jung y sus discípulos, que la convirtieron en una categoría ampliamente aceptada por otras escuelas. La sombra sería los contenidos oscuros y negativos que una cultura con su consciente/inconsciente colectivo se niega a asimilar y por lo tanto reprime y se esfuerza por alejarlos de la memoria colectiva. Esa represión impide un proceso coherente y sostenido de individuación nacional. 

La primera que aparece es la sombra del genocidio indígena. Según Darcy Ribeiro, habría inicialmente una población de unos 5-6 millones de indígenas con cientos de lenguas, hecho único en la historia del mundo. Fueron prácticamente diezmados. Quedan los actuales 900.000. Recordemos las masacres de Mem de Sá del 31 de mayo de 1580, que liquidó a los Tupiniquim de la Capitanía de Ilhéus. Durante un kilómetro y medio a lo largo de la playa a pocos metros de distancia unos de otros yacían cientos de cuerpos de indígenas asesinados, relatados como gloria al rey de Portugal.

Peor aún fue la guerra declarada oficialmente por D. João VI, apenas llegado a Brasil huyendo de las tropas de Napoleón, que diezmó a los Botocudos (Krenak) en el valle del Río Doce, porque pensó que eran incivilizables e incatequizables. Esta guerra oficial manchará para siempre la memoria nacional. Ailton Krenak, cuyos ancestros sobrevivieron, nos recuerda esta vergonzosa guerra oficial de un emperador despiadado, considerado bueno.

El gobierno actual, de una ignorancia supina en antropología, considera a los pueblos indígenas originales como subhumanos, que deben ser forzados a entrar en nuestros códigos culturales para ser humanos y civilizados. El descuido que ha mostrado ante sus reservas invadidas y su abandono ante la Covid-19 roza el genocidio, y es susceptible de ser llevado a la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad.

La segunda sombra es nuestro pasado colonial. No hubo un descubrimiento de Brasil sino una invasión pura y simple, destruyendo el idilio pacífico inicial descrito por Pero Vaz de Caminha. Se produjo un encuentro profundamente desigual de civilizaciones. Pronto comenzó el proceso de ocupación y violencia debido a las riquezas de aquí. Todo proceso colonialista es violento. Implica invadir tierras, someter a los pueblos, obligarlos a hablar el idioma del invasor, incorporar sus formas de organización social y la completa sumisión deshumanizadora de los dominados. De este proceso de sumisión surgió el complejo del mestizo, pensando que sólo es bueno lo que viene de afuera o de arriba, inclinar siempre la cabeza y abandonar cualquier veleidad de autonomía y de proyecto propio.

La mentalidad de muchos de los estratos dirigentes todavía se considera en cierta forma coloniales, por mimetizar los estilos de vida y asumir los valores de sus patronos, que han ido variando a lo largo de nuestra historia. Hoy es una expresión humillante para toda la nación que el actual jefe de Estado haga un viaje especial a los Estados Unidos, salude a la bandera norteamericana y preste un rito explícito de vasallaje al presidente Donald Trump, extravagante, egocéntrico y considerado por notables analistas estadounidenses como el más estúpido de la historia política de ese país.

La tercera sombra, la más perversa de todas, es la de la esclavitud, nuestra verdadera barbarie El escritor e historiador Laurentino Gomes en sus dos volúmenes sobre La Esclavitud (2019/2020) nos cuenta el infierno de este proceso de inhumanidad. Brasil fue campeón de la esclavitud. Sólo él importó, a partir de 1538, unos 4,9 millones de africanos que fueron esclavizados aquí. De los 36 mil viajes transatlánticos, 14.910 fueron destinados a puertos brasileños. 

Estas personas esclavizadas eran tratadas como mercancía y llamadas “piezas”. Lo primero que hacía el comprador para “domesticarlos y disciplinarlos” era castigarlos, “que haya azotes, que haya cadenas y grilletes”. La historia de la esclavitud ha sido escrita por la mano blanca, presentándola como blanda, cuando en realidad fue crudelísima y se prolonga hoy en día contra la población negra, mulata (54,4% de la población) y pobre, como ha demostrado irrefutablemente Jessé Souza en La élite del atraso: de la esclavitud a Bolsonaro (2020). Una vez que la esclavitud fue abolida en 1888, no se les dio ninguna compensación, fueron dejados al dios-dará y hoy en día constituyen la mayoría de las favelas. Nunca se les reconoció la más mínima humanidad. La clase dominante transfirió a ellos su odio hacia los esclavos, se acostumbró a humillarlos, a ofenderlos hasta que perdieron su sentido de dignidad.

Esa sombra pesa enormemente en la conciencia colectiva y es la más reprimida, con la afirmación mentirosa de que aquí no hay racismo ni discriminación. En el gobierno eso ha sido desenmascarado por la violencia sistemática contra esta población, estimulada por el propio jefe de Estado que ha mantenido una política necrófila. Esta sombra por su inhumanidad inspiró a personas sensibles, como el poeta Castro Alvez. Resonarán para siempre sus versos en Vozes d’Africa:

“Oh Dios, ¿dónde estás que no respondes? ¿En qué mundo, en qué estrella te escondes/ Embozado en los cielos? Hace dos mil años te mandé mi grito/ Que en balde, desde entonces, recorre el infinito… /¿Dónde estás, Señor Dios?” Este grito sigue siendo hoy tan lancinante como entonces. 

Jessé Souza, en su obra ya mencionada, mostró de manera convincente cómo la clase dominante, para impedir cualquier avance de las mayorías marginalizadas, proyectó sobre ellas toda la carga de negatividades que acumuló frente a los esclavos, esa “massa damnata”: exclusión, discriminación y verdadero odio que nos asombra y revela niveles increíbles de deshumanización.

La cuarta sombra es la constitución de un Brasil solo para pocos. Raymundo Faoro (Los dueños del poder) y el historiador y académico José Honório Rodrigues (Conciliação e reforma no Brasil, 1982) nos han hablado de la violencia con la que se trataba al pueblo para establecer un orden, fruto de la conciliación entre las clases opulentas, siempre con exclusión intencionada del pueblo.

José Honório Rodrigues escribe: «La mayoría dominante siempre ha sido alienada, antiprogresista, antinacional y no contemporánea. El liderazgo nunca se reconcilió con el pueblo; le negó sus derechos, destruyó sus vidas, y tan pronto como le vio crecer le negó poco a poco su aprobación, conspiró para volverlos a poner en la periferia, el lugar que cree que les pertenece» (Reconciliação e Reforma o Brasil, 1982, p.16). ¿No es eso exactamente lo que la mayoría dominante y sus aliados hicieron con Dilma Rousseff primero y después con el candidato Lula? Cambian las estrategias pero nunca sus propósitos de un Brasil sólo para ellos.

Nunca ha habido un proyecto nacional que incluyese a todos. Se proyectó siempre un Brasil para pocos. Los demás que se fastidien. Así surgió no una nación, sino que, como mostró detalladamente Luiz Gonzaga de Souza Lima en un libro que seguramente será un clásico, A Refundação do Brasil: rumo a uma civilização biocentrada (2011), fue fundada la Gran Empresa Brasil, internacionalizada desde sus inicios, en función de atender a los mercados mundiales desde ayer hasta los tiempos actuales. Así tenemos un Brasil profundamente escindido entre unos pocos ricos y las grandes mayorías pobres, uno de los países más desiguales del mundo, lo que significa, un país violento y lleno de injusticias sociales. Machado de Assis ya había observado que hay dos Brasiles, el oficial (este de pocos) y el real (de las grandes mayorías excluidas). 

Una sociedad montada sobre una bifurcación, sobre una injusticia social perversa, nunca creará una cohesión interna que le permita saltar hacia formas de convivencia más civilizadas. Aquí siempre imperó un capitalismo salvaje que nunca consiguió ser civilizado. Y cuando los hijos e hijas de la pobreza pudieron acumular una fuerza política básica suficiente para alcanzar el poder central y satisfacer las demandas básicas de las poblaciones humilladas y ofendidas, pronto los descendientes de la Casa Grande y la nueva burguesía nacional se organizaron para hacer imposible este tipo de gobierno de inclusión social. Le dieron un golpe vergonzoso, parlamentario, mediático y jurídico, para así garantizar los niveles de acumulación considerados entre los más altos del mundo y mantener a los pobres en el lugar que les corresponde, en la periferia y en la marginalidad pobre y miserable.

El escritor Luiz Fernando Veríssimo en un twitter del 6 de septiembre de 2020 lo resumió bien: “El odio está en el DNA de la clase dominante brasileira, que históricamente derriba, por las armas si fuera necesario, cualquier amenaza a su dominio, sea cual sea su sigla”. Esta clase de ricos, que ni elite es porque esta supone cierto cultivo de humanidad y de cultura, sustenta al actual gobierno ultraderechista y fascistoide porque no les amenaza su forma abusiva de acumulación; por el contrario, el ministro de Hacienda, Guedes, discípulo de la escuela de Viena y de Chicago comparece como el gran demoledor de la soberanía nacional. El presidente no sabe ni entiende nada de lo que puede ser soberanía nacional.

El caos destructivo y generativo

Otra categoría que podría ayudarnos a entender mejor nuestra actual situación sombría es la del caos en su doble función destructiva y constructiva.

Todo comenzó con la observación de fenómenos aleatorios como la formación de nubes y particularmente de lo que se vino a llamar el efecto mariposa (pequeñas modificaciones iniciales, como el batir de alas de una mariposa en Brasil que puede, al final, provocar una tempestad en Nueva York debido a la interdependencia de todos los factores). Además de esto se tuvo la constatación de la creciente complejidad que hay en la raíz de la emergencia de formas de vida cada vez más altas (cf. J.Gleick Caos: criação de uma nova ciência,1989). El universo se originó de un tremendo caos inicial, el big bang. La evolución se hizo y se hace para poner orden en este caos. 

El sentido originario es el siguiente: el caos posee una dimensión destructiva; pone fin a un cierto tipo de orden que llegó a su clímax. Pero por detrás del caos destructivo se esconden dimensiones constructivas de un nuevo orden. Y viceversa, por detrás del orden se esconden dimensiones de caos de tal forma que la realidad es dinámica y fluctuante siempre en busca de un equilibrio. Ilya Progrine (1917-2993), premio Nobel de Química en 1977, estudió particularmente las condiciones que permiten la emergencia de la vida. Según este gran científico, siempre que existe un sistema abierto, siempre que hay una situación de caos (lejos del equilibrio) y hay una no-linealidad de los factores, la conectividad entre las partes genera un nuevo orden (cf. Order out of Chaos,1984). En este contexto irrumpió la vida como un imperativo cósmico.

Innegablemente en Brasil estamos viviendo una situación de gravísimo caos. En el contexto de la Covid-19 que está destruyendo casi 200 mil vidas, tenemos un Presidente totalmente inoperante y sin preocupación con el destino cruel de su pueblo, un negacionista con una estupidez y arrogancia propias de personas autoritarias con señales de insania mental. Un jefe de Estado debe ser una persona de síntesis (sim-bólico) y no de división (dia-bólico) y vivir personalmente las virtudes éticas y cívicas que quiere ver en los ciudadanos. Este hace exactamente lo contrario, incentiva odios, miente descaradamente y pierde totalmente el sentido de la dignidad del cargo que ocupa.

Las autoridades que tienen poder, como el Congreso Nacional, el MPF, el STF y otras, se revelan negligentes, asistiendo inertes e irresponsables al genocidio que está ocurriendo. Creo que la historia será implacable con las omisiones de estas autoridades que muestran tanto desinterés con el destino de millones de familias que lloran a sus muertos. El presidente actual cometió tantos actos de grave irresponsabilidad que merecería jurídica y éticamente un impeachment o una pura y simple destitución por un acuerdo de líderes apoyados por multitudes en las calles. 

Nos consuela el hecho de que dentro de ese caos humanitario hay un orden más alto y mejor. ¿Quién va a desentrañarlo y hacer que se supere el caos? 

Necesitamos conformar un frente amplio de fuerza progresistas y opuestas a las privatizaciones y a la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, oculto en el caos actual, que quiere nacer. Tenemos que hacer ese parto aunque sea doloroso. En caso contrario, continuaremos siendo rehenes y víctimas de aquellos que siempre han pensado corporativamente sólo en sí, de espaldas y, como ahora, contra el pueblo. 

La interpretación occidental del Karma transpersonal

Finalmente voy a valerme de una categoría oriunda del Oriente, que releída a la luz de las nuevas ciencias de la Tierra y de la vida nos puede aportar elementos esclarecedores. Se trata de la categoría del Karma, objeto de un largo diálogo de tres días entre el historiador Arnold Toynbee y el filósofo japonés Daisaku Ikeda (cf. Elige la vida, Emecé. Buenos Aires, 2005).

Karma es un término sánscrito que originalmente significa fuerza y movimiento, concentrado en la palabra “acción” que provoca su correspondiente “re-acción”. Una interpretación transpersonal parece importante, porque, como ya dije antes, en Occidente no disponemos de categorías conceptuales que expliquen un sentido de devenir histórico de toda una comunidad y de sus instituciones en sus dimensiones positivas y negativas.

Cada persona está marcada por las acciones que ha practicado en vida. Esta acción no está restringida a la persona sino que connota a todo su ambiente. Es una especie de cuenta corriente ética cuyo saldo cambia constantemente según las buenas o malas acciones realizadas, es decir, los “créditos y débitos”. Incluso después de la muerte, la persona, en la creencia budista, lleva esta cuenta en los renacimientos que pueda tener, hasta conseguir que la cuenta negativa se ponga a cero.

El gran historiador y pensador Toynbee da otra versión, en el marco del paradigma occidental, que me parece esclarecedora y nos ayuda a entender un poco también nuestra historia. La historia se compone de redes relacionales en las que se insertacada persona, ligada a las que le precedieron y con las que están presentes. Hay un funcionamiento kármico en la historia de un pueblo y sus instituciones según los niveles de bondad y justicia o de maldad e injusticia que han producido a lo largo del tiempo. Así reflexionó Toynbee.

Esto sería una especie de campo mórfico que permanecería impregnando todo. La hipótesis de muchos renacimientos no es necesaria, como presupone la tradición oriental, porque la red de vínculos garantiza la continuidad del destino de un pueblo (p.384). Las realidades kármicas impregnan las instituciones, los paisajes, configuran a las personas y dejan sus huellas en la cultura de un pueblo. Esta fuerza kármica actúa en los procesos socio-históricos, marcando los eventos benéficos o maléficos. C.G.Jung en su psicología arquetípica había notado de alguna manera este hecho 

Apliquemos esta ley kármica a nuestra situación bajo la nefasta regencia de Bolsonaro. No será difícil reconocer que tenemos un karma muy pesado, a gran escala, derivado del genocidio indígena, de la sobreexplotación de la fuerza del trabajo esclavo, de la colonización depredadora, de las injusticias perpetradas contra gran parte de la población, negra, mestiza y pobre a causa de la burguesía adinerada e insensible, arrojada en la periferia, con familias destruidas y erosionadas por el hambre y las enfermedades.

Tanto Toynbee como Ikeda concuerdan en esto: «la sociedad moderna (nosotros incluidos) sólo puede ser curada de su carga kármica a través de una revolución espiritual en el corazón y en la mente (p.159), en la línea de la justicia compensatoria y de políticas sanadoras con instituciones justas, como viene pregonando insistentemente el Papa Francisco en sus encíclicas sociales y ecológicas, Laudato Si y Fratelli tutti. Sin esta justicia mínima la carga kármica no se deshará.

Pero ella sola no es suficiente. Es necesario el amor, la solidaridad y una compasión universal, especialmente con las víctimas. Es la propuesta central y paradigmática de la Fratelli tutti del Papa Francisco. El amor será el motor más eficaz porque, en el fondo, él “es la última realidad” (p.387). Una sociedad incapaz de amar efectivamente y de ser menos malvada, jamás deconstruirá una historia tan marcada por el karma negativo e inhumano, realizado extrañamente dentro de una cultura acuñada por el cristianismo, día a día traicionado. Este es el desafío que la actual crisis sistémica nos suscita.

No predicaron otra cosa los maestros de la humanidad, como Jesús, Buda, Isaías, San Francisco, el Dalai Lama, Gandhi, Luther King Jr y el Papa Francisco. Sólo el karma del bien redime la realidad de la fuerza kármica del mal. Y si Brasil no hace esta reversión kármica permanecerá de crisis en crisis, destruyendo su propio futuro como lo está haciendo, entre mentiras, fake news, ironía y burla del necrófilo e insano presidente de este país.

La función esclarecedora de los principios thanatos y demens

Estas son expresiones bien conocidas en Occidente y no se necesita mayor explicación. Vale la pena recordar que estos son principios y no simplemente dimensiones accidentales. El principio es lo que hace que todos los seres lo sean, o sin los cuales los seres no irrumpen en la realidad. Así es como Sigmund Freud desarrolló el principio del thanatos que acompaña al de eros que conviven en todo ser humano. El thanatos emerge como esa pulsión que lleva a la violencia, la destrucción y, al final, a la muerte. Tenemos lo Negativo en la condición humana al lado de lo Positivo y lo Luminoso, estos creemos que finalmente triunfarán.

El intercambio de cartas entre Freud y Einstein desde 1932 sobre la posibilidad de superar la violencia y la guerra es bien conocido. Freud respondió que es imposible superar directamente el thánatos, solo reforzando el principio del eros a través de lazos emocionales y el trabajo humanizador de la cultura. (cf. Obras completas III:3,215). Pero termina con una frase desoladora: “hambrientos pensamos en el molino que muele tan lentamente que podemos morir de hambre antes de recibir la harina”.

Ambos principios para Freud tienen algo eterno y deja en abierto qué principio escribirá la última página de la vida. Pero el principio del thanatos puede a veces en la historia impregnar a todo un pueblo e inundar la conciencia de sus líderes produciendo tragedias político-sociales.

Estos comportamientos muestran igualmente el principio demens presente junto con el sapiens en el ser humano. Vivimos en una civilización globalizada que está bajo el dominio de lo demens. Basta recordar los 200 millones de muertos en las guerras de los dos últimos siglos y el principio de autodestrucción ya montado con armas nucleares, químicas y biológicas, capaces de acabar con la vida humana y con nuestra civilización, armas que la Covid-19 ha evidenciado como bastante ridículas. 

Este principio de demencia se muestra claramente en los asesinatos intencionados de negros, pobres, personas con otra opción sexual y en un feminicidio perverso. Todo ello respaldado por un presidente con claros síntomas de psicopatía, tolerado vergonzosamente por aquellas autoridades que podrían y deberían denunciarlo por delitos de responsabilidad social, hacerlo dimitir o someterlo democráticamente a un impeachment jurídico. Quizás ellos mismos ya estén infectados con el virus de lo demens, lo que explicaría su indulgencia y omisión culposa.

Conclusión: lo oculto y lo reprimido salieron de los sótanos y se encendió una luz 

El sentido de nuestra disquisición tiene este significado: todo lo que estaba escondido y reprimido en nuestra sociedad ha salido de los sótanos donde ha estado escondido durante siglos en el vano intento de negarlo o de hacerlo socialmente aceptable, incluso de pintarlo color de rosa, como también lo hacen varios ministros indignos que ven incluso ganancia en la esclavitud y el estado colonial. Pero basta un poco de luz para deshacer esta densa oscuridad. Ahora se ha vuelto visible y luminosa. Ya no hay forma de ocultarla.

Somos una sociedad contradictoria donde encontramos, al mismo tiempo, brillantez en la ciencia, en la literatura, en las artes visuales, en la música y en la riquísima cultura popular, hecha generalmente a contracorriente pesar de toda la opresión, y en tantos otros campos. Al mismo tiempo, somos una sociedad que ha internalizado al opresor, se ha hecho eco de la voz de los dueños, conservadora y hasta atrasada en comparación con países similares al nuestro. En cierto sentido somos crueles y despiadados con nuestros semejantes afectados por las maldades perpetradas por los estratos ultrarricos, sin ningún sentido de compasión por los millones que caen en el camino sin que ningún samaritano se compadezca de ellos. Pasan sin verlos y lo que es peor, despreciándolos, como si no fueran de la misma nación o de la misma familia humana.

Y todavía se confiesan cristianos sin tener nada que ver con el mensaje del Maestro de Nazaret. Los ateos éticos y humanitarios están más cerca del Dios de Jesús, de la ternura del humilde y defensor de los humillados y ofendidos, que estos cristianos meramente culturales que usan el nombre de Dios para defender sus nefastas políticas individualistas o corporativas, de un Brasil solo para ellos. Están lejos de Dios por negar a los hijos e hijas de Dios, llamados por el Juez Supremo “mis hermanos y hermanas menores” en quienes el mismo Jesús se esconde.

Hay mucha verdad en lo que escribió la filósofa Marilena Chaui: «La sociedad brasileña es una sociedad autoritaria, una sociedad violenta, tiene una economía depredadora de los recursos humanos y naturales, convive naturalmente con la injusticia, la desigualdad y la ausencia de libertad y con los índices espantosos de las diversas formas institucionales -formales e informales- de exterminio físico y psíquico y de exclusión social y cultural” (500 años – cultura y política en Brasil n.38 p.32-33). El idílico sueño de Darcy Ribeiro de que Brasil se convierta en la Roma tardía y tropical se desvanece en las “densas sombras”, como dice el Papa Francisco en Fratelli tutti (cap. I). Celso Furtado, entristecido, al final de su vida escribió todo un libro: Brasil: la construcción interrumpida (1993).

Todas estas nubes oscuras se han condensado en los últimos años y han conseguido sus sacerdotes y acólitos que las asumen conscientemente, queriendo llevar a Brasil a tiempos premodernos. Si por lo menos lo llevasen a la Edad Media, que tuvo su grandeza desde las majestuosas catedrales hasta las grandes sumas teológicas. El Brasil de este proyecto atrasado e irrealizable se ha convertido en una farsa grotesca y en irrisión internacional.

El conjunto de estas vastas sombras y el dominio de lo Negativo se ha vuelto más denso en la figura del actual jefe de Estado y el gobierno asociado a su proyecto. Es la consecuencia de esta antihistoria y su encarnación más perversa. Representa lo peor que ha pasado en nuestra historia y conscientemente o inconscientemente intenta llevarla a su término final. Pero no lo logrará porque en la historia los mecanismos de la muerte y el odio nunca han logrado realizar su propósito; ni siquiera Hitler con todo su poder militar y científico consiguió sentar las bases de un Reino de Mil Años como soñaba.

Los procesos históricos no son ciegos y sin rumbo. Guardan un Logos secreto que marca el camino de las cosas en consonancia con el proceso de la cosmogénesis y genera, a partir del caos, órdenes superiores con nuevas posibilidades y horizontes insospechados. ¿Cuál será nuestro lugar, como pueblo y como nación, en todos estos procesos? Ellos marcan la dirección pero todos tenemos que recorrerla y construirla. No nos es permitido pisar perezosamente sobre las huellas ya hechas, tenemos que imprimir nuestras huellas. Tampoco podemos llegar demasiado tarde, porque esta vez el camino no tiene vuelta.

Ojalá estemos atentos a lo que la historia nos exigirá, a pesar del reaccionarismo y protofascismo de Bolsonaro y sus seguidores. Como dijo una vez Platón, “todas las grandes cosas surgen del caos”. Las nuestras pueden tener el mismo origen.

*Leonardo Boff, filósofo, teólogo y escritor, ha escrito Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018. Covid-19 A Mãe Terra contra ataca a humanidade, Vozes 2020.

Traducción de M.ª José Gavito Milano

Por que chegamos a Jair Bolsonaro? Uma disquisição histórico-filosófica

                                             Leonardo Boff

Há um sem número de excelentes análises do anti-fenômeno Jair Messias Bolsonaro, predominando as de ordem sociológica, histórica e econômica. Creio que devemos cavar mais a fundo para captar a irrupção deste Negativo em nossa história.

A reflexão ocidental, devido aos limites culturais de nosso arraigado individualismo, quase não desenvolveu categorias analíticas para analisar totalidades históricas. A de Hegel em sua Filosofia da História, vem eivada de preconceitos,inclusive sobre o Brasil e dispõem de poucas categorias aproveitáveis. Arnold Toynbee em seus 10 volumes sobre a história mundial trabalha com um esquema fecundo mas limitado: desafio e resposta (challenge and response) com o inconveniente de não conferir relevância aos conflitos de todo tipo, inerentes à história.A Escola francesa dos Annales,em suas variações (Lefbre,, Braudel, Le Goff) incluí várias ciências mas não nos ofefeceu uma leitura da história como totalidade.Não deixam de ser inspiradoras as categorias desenvolvidas por Ortga  Gasset no seu famoso estudo sobre Esquemas de las crisis y otros ensayos(1942).

Temos que tentar pensar por nós mesmos e nos perguntar numa atitude fillosofante, vale dizer, que busca causas mais profundas que aquelas meramente analíticas das ciências: por que o Brasil chegou a este sinistro personagem histórico, como chefe de estado, que desafia qualquer compreensão pssicológica,ética e política?

De antemão devemos dizer que todo existente não é fortuito, pois é fruto de um pré-existente, de larga duração, que cabe à razão desentranhar. Ademais há que pensá-lo sempre dialeticamente:junto ao negativo e sombrio acompanham sempre como acólitos, as dimensões  positivas e portadoras de alguma luz. Não nos é concedido ter apenas luz ou trevas. Todas as realidades são crepusculares, mesclando luz e sombras. Mas o nosso foco nesta reflexão se concentra nas sombras, pois são elas as que nos causam problemas.

Vou lança mão de algumas categorias: a das sombras recalcadas, a teoria do caos destrutivo e generativo, a compreensão transpssoal do karma no diálogo entre Toynbee e do filósofo japonês Daisaku Ikeda e os princípios do thánatos e do eros, associados à condition humaine de seres sapiens e simultaneamente demens.

            As quatro sombras reprimidas pela consciência coletiva

A consciência brasileira é dominada por quatro sombras que nunca até o presente foram reconhecidas e integradas. Entendo a categoria “sombra” no sentido psicanalítico da escola de C.G.Jung e discípulos,tornada categoria amplamente aceita pelas demais escolas. Sombra seriam os conteúdos sombrios e negativos que uma cultura com seu consciente/inconsciente coletivos se recusa a assimilar e assim os recalca e se esforça por afasta-los da memória coletiva. Tal repressão impede um processo de individuação nacional coerente e sustentado.  

A primeira comparece a sombra do genocídio indígena.Segundo Darcy Ribeiro haveria uma população de cerca 5-6 milhões de indígenas com centenas de línguas, fato único na história mundial. Eles foram praticamene dizimados.Restaram os 900 mil atuais. Lembremos o massacres de Mem de Sá em 31 de maio de 1580 que liquidou com  os Tupiniquim da Capitania de Ilhéus. Por um quilômetro e meio ao longo da  praia numa distância de alguns metros uns de outros, jaziam centenas de  corpos de indígenas assassinados, relatados como glória ao rei de Portugal.

Pior ainda foi a guerra declarada oficialmente por D.João VI, mal chegado ao Brasil, fugindo das tropas de Napoleão, que dizimou os Botocudos (Krenak) no vale do Rio Doce, por acharem que eram incivilizáveis e incatequisáveis. Essa guerra oficial manchará para sempre a memória nacional. Ailton Krenak, cujos antepassados sobreviveram, nos  lembra essa vergonhosa guerra oficial de um imperador impiedoso,tido por bom.

O atual governo de uma ignorância supina em antropologia, considera os povos indígenas originários como sub-humanos que devem ser forçados a entrar nos nossos códigos culturais para serem humanos e civilizados. O descuido que mostrou por   suas reservas invadidas e pelo abandono face à Covid-19 beira a um genocídio,passível de ser levado ao Tribunal Internacional Penal por crimes contra a humanidade.

A  segunda  sombra é nosso passado colonial. Não ocorreu uma descoberta do Brasil mas uma pura e simples invasão, destruindo o idílio inicial pacífico descrito por Pero Vaz de Caminha. Deu-se um encontrão profundamente desigual de civilizações. Logo se iniciou o processo de ocupação e violência em função das riquezas aqui existentes. Todo processo colonialista é violento. Implica invadir terras, submeter os povos, obriga-los a falar a língua do invasor, incorporar suas formas de organização social e a completa submissão desumanizadora dos dominados. Desse processo de submetimento surgiu o complexo do vira-lata, achar que é bom só o que vem de fora ou de cima, de abaixar sempre  a cabeça e abandonar qualquer veleidade de autonomia e de projeto próprio.

A mentalidade de boa parte dos estratos dirigentes se consideram ainda de certa forma coloniais, por mimetizarem os estilos de vida e a assumiram os valores de seus  patrões que foram variando ao longo de nossa historia. Hoje se constituiu uma expressão humilhante para toda a nação, o fato do atual chefe de estado fazer uma viagem especial aos USA, saudar a bandeira norte-americana e prestar  um rito explícito  de vassalagem ao presidente Donad Trump, extravagante, ego-centrado e tido por notáveis analistas estadounidentes o mais estúpido da história política daquele país.

A terceira sombra, a mais perversa de todas, foi a da escravidão. O jorrnalista e historiador Laurntino Gomes em seus dois volumes sobre A Escravidão (2019/2020) nos narra o inferno desse processo de inumanidade. O Brasil foi campeão do escravagismo. Só ele importou, a partir de 1538, cerca de 4,9 milhões de africanos que foram escravizados aqui. Das 36 mil viagens transatlânticas, 14.910 destinavam-se aos portos brasileiros.

Estas pessoas escravizadas eram tratadas como mercadorias, chamadas “peças”. A primeira coisa que o comprador fazia para “traze-las bem domesticadas e disciplinadas” era castigá-las, “haja açoites, haja correntes e grilhões”. A história da escravidão foi escrita pela  mão branca, apresentando-a como branda, quando, na verdade, foi crudelíssima e vem prolongada hoje contra a população negra, mulata (54,4% da população) e pobre, como o tem mostrado irrefutavemente Jessé Souza em A Elite do Atraso:da escravidão a Bolsonaro (2020). Feita a abolição em 1888 não se lhes fez aos escravos nenhuma compensação,foram largados ao deus-dará e compõem hoje a maioria das favelas. Nunca se lhes reconheceu a mínima humanidade. A classe dominante, transferindo o ódio ao escravo z eles, se acostumou a humilhá-los, a ofendê-los até perderem o senso de sua dignidade.

Essa sombra pesa enormemente na consciência coletiva e é a mais recalcada, na afirmação mentirosa de aqui aqui não há racismo nem discriminação. No atual governo  isso foi desmascarado pela violência sistemática contra esta população estimulada pelo próprio chefe de estado que tem conduzido uma política necrófila. Esta sombra por sua desumanidade evocou pessoas sensíveis como o poeta Castro Alvez. Ressoarão para sempre seus versos em Vozes d’Africa:

         “Ó Deus, onde estás que não respondes? Em que mundo, em qu’estrela tu t’escondes/ Embuçado nos céus? Há dois mil anos te mandei meu grito/ Que esbalde, desde então, corre o infinito… /Onde estás, Senhor Deus” Esse grito continua hoje tão lancinante com outrora.

Jessé Souza, em sua obra já referida, mostrou de forma convincente como a classe dominante, para impedir qualquer avanço das maiorias marginalizadas, projetou sobre elas toda a carga de negatividades que acumulou face aos escravos, a essa “massa damnata” com requintes de exclusão, discriminação e verdadeiro ódio que nos espanta e nos revela níveis inacreditáveis de desumanização.

A quarta sombra é a constituição de um Brasil só para poucos. Raymundo Faoro (Os donos do poder) e o historiador e acadêmico José Honório Rodrigues (Conciliação e reforma no Brasil  1982) nos têm narrado a violência com que o povo foi tratado para estabelecer uma ordem, fruto da conciliação entre as classes opulentas sempre com a exclusão intencionada do povo.

Escreve José Honório Rodrigues:”A maioria dominante foi sempre alienada, anti-progressista, antinacional e não contemporânea. A liderança nunca se reconciliou com o povo; negou-lhes seus direitos, arrasou sua vida e tão logo a viu crescer ela lhe negou pouco a pouco sua aprovação, conspirou para colocá-la de novo na periferia no lugar que julga que lhe pertence”(Reconciliação e Reforma o Brasil, 1982, p.16). Não foi o que exatamente a maioria dominante e seus aliados fizeram com Dilma Rousseff primeiro e depois com o candidato Lula? Mudam as estratégias mas nunca seus propósitos de um Brasil só para eles.

Nunca houve um projeto nacional que incluisse a todos. Projetou-se um Brasil para poucos. Os outros que se lasquem. Assim surgiu não uma nação, mas como mostrou detalhadamente Luiz Gonzaga de Souza Lima, num livro que seguramente será um clássico, A Refundação do Brasil: rumo a uma civilização biocentrada ((2011) foi fundada  a Grande Empresa Brasil, desde os inícios internacionalizada em função de atender aos mercados mundiais ontem e até  os tempos atuais.Assim temos um Brasil profundamente cindido entre poucos ricos e as grandes maiorias pobres, um dos países mais desiguais do mundo, o que significa, um país violento e cheio de injustiças sociais. Machado de Assis já havia observado que há dois Brasis, o oficial (este de poucos) e o real (das grande maiorias excluídas).

Uma sociedade montada numa bifurcação, sobre uma injustiça social perversa nunca  criará uma coesão interna que lhe permitirá um salto rumo a formas mais civilizadas de convivência. Aqui imperou sempre um capitalismo selvagem que nunca conseguiu ser civilizado. E quando os filhos e filhas da pobreza conseguiram acumular uma força política de base suficiente para chegarem ao poder central e atenderem demandas básicas das populações  humilhadas e ofendidas, logo os descendentes da Casa Grande e a nova burguesia nacional se organizaram para impossibilitar este tipo de governo de inclusão social. Deram-lhe  um golpe vergonhoso, parlamentar, midiático e jurídico para desta forma garantirem os níveis de acumulação considerados dos mais altos do mundo e manterem os pobres ao lugar que lhes cabe, na periferia e na marginalidade pobre e miserável.

O escritor Luiz Fernando Veríssimo num twitter de 6 de setembro de 2020 bem resumiu: “O ódio está no DNA da classe dominante brasileira,que historicamente derruba,pelas armas se for preciso,toda ameaça ao seu domínio, seja qual for sua sigla”.É esta classe de abastados que nem elite é, porque esta supõe certo cultivo de humanidade e de cultura, sustenta o atual governo  ultra-direitista e fascistóide por não lhes ameaçar a forma abusiva de acumulação, antes o ministro da Fazenda,Guedes, discípulo da escola de Viena e de Chicago comparece como o grande demolidor da soberania nacional. O presidente nada sabe e entende o que seja soberania nacional.

                      O caos destrutivo e generativo

Outra categoria que nos poderia fazer  entender melhor nossa atual situação sombria é aquela do caos em sua dupla função destrutiva e construtiva.

Tudo começou com a observação de fenômenos aleatórios como a formação das nuvens e particularmente o que se veio chamar de efeito borboleta (pequenas modificações iniciais, como farfalhar das asas de uma borboleta no Brasil que pode, no fim, provocar uma tempestade em Nova York em razão da inter dependência de todos os fatores. Além disso faz-se a constatação da crescente complexidade que está na raiz da emergência de formas de vida cada vez mais altas (cf.J.Gleick Caos: criação de uma nova ciência,1989). O universo se originou de um tremendo caos inicial o big bang. A evolução se fez e se faz para colocar ordem neste caos.

O sentido originário é o  seguinte: o caos possui uma dimensão  destrutiva: põe fim a um certo tipo de ordem que chegou ao seu climax. Mas por detrás do caos destrutivo se escondem dimensões construtivas de uma nova ordem. E vice-versa, por detrás da ordem se escondem dimensões de caos de tal forma que a realidade é dinâmica e flutuante sempre em busca de um  equilíbrio. Ilya Progrine (1917-2993), prêmio Nobel de Química em 1977, estudou particularmente as condições que permitem a emergência da vida. Segundo este grande cientista,  sempre que existir um sistema aberto, sempre que houver uma situação de caos, (longe do equilíbrio) e vigorar uma não-lineariedade dos fatores é a conectividade entre as partes que gera uma nova ordem (cf. Order out of Chaos,1984). Foi neste contexto que irrompeu a vida como um imperativo cósmico.

Inegavelmente vivemos no Brasil numa situação de gravíssimo caos.No contexto do Covid-19 que está dizimando quase 200 mil vidas,temos um Presidente totalmente omisso e sem qualquer preocupação com o destino cruel de seu povo,um negacionista com uma estupidez e arrogância, própia de pessoas autoritárias com sinais de insanidade mental. Um chefe de estado deve ser uma pessoa de síntese (sim-bólico) e não de divisão (dia-bólico) e viver pessoalmente as virtudes éticas e cívicas que quer ver nos cidadãos.Este faz exatamente o contrário, incentiva ódios, mente descaradamente e perde todo o sentido da dignidade do cargo que ocupa.

As autoridades que têm poder como o Congresso Nacional, o MPF,o STF e outras revelam-se  omissas, assistindo inertes e irresponsáveis o genocídio que está ocorrendo. Creio que a história  será implacável para com as omissões destas autoridades que nada fizeram face a tanto descaso do destino de milhões de famílias que choram seus mortos. O atual presidente cometeu tantos casos de grave irresponsabilidade que mereceria juridica e eticamente um impeachment ou uma pura simples destituição por um acerto de lideranças apoiadas por multidões nas ruas.

Consola-nos o fato de que há oculto  dentro desse caos humanitário uma ordem mais alta e melhor. Quem vai desentranhá-la e fazer superar o caos?

Precisamos constituir uma frente ampla de forças progressistas e opostas às pivatizações e da neo-colonização do país para desentranhar a nova ordem, abscôndita no caos atual mas que  quer nascer. Temos que fazer esse parto mesmo que doloroso. Caso contrario, continuaremos reféns e vítimas daqueles que sempre pensaram corporativamente só em si, de costas e, como agora, contra o povo.

                           A interpretação ocidental do Karma transpessoal

Por fim valho-me de uma categoria, oriunda do Oriente que relida à luz das novas ciências da Terra e da vida nos podem trazer elementos esclarecedores. Trata-se da categoria do Karma, objeto de um de um longo diálogo  de três dias entre o historiador Arnold Toynbee e o filósofo japonês Daisaku Ikeda (cf. (cf. Elige la vida, Emecé. Buenos Aires, 2005).

karma é um termo sânscrito originalmente significando força e movimento, concentrado na palavra “ação” que provoca sua correspondente “re-ação”. Uma interpretação transpessoal parece importante, porque, como já assinalei acima, não dispomos no ocidente de  categorias conceptuais que deem conta de um sentido de devir histórico, de toda uma comunidade e de suas instituições nas suas dimensões positivas e negativas.

Cada pessoa é marcada pelas ações que praticou em vida. Essa ação não se restringe à pessoa mas conota todo o seu ambiente. Trata-se de uma espécie de conta-corrente ética cujo saldo está em constante mutação consoante as ações boas ou más  feitas, vale dizer, os “debitos e os créditos”. Mesmo depois da morte, a pessoa, na crença budista, carrega esta conta para que com mais  renascimentos possa ter, até zerar a conta negativa.

O grande historiador e pensador Toynbee dá-lhe outra versão,nos quadros do paradigma ocidental, que me parece esclarecedora e nos ajuda entender um pouco também a nossa história. A história é feita de redes relacionais dentro das quais está inserida a cada pessoa, ligada com as que a precederam e com as presentes. Há um funcionamento kármico na história de um povo e de suas instituições consoante os níveis de bondade e justiça ou de maldade e injustiça que produziram ao largo do tempo. Assim refletiu Toynbee.

Este seria uma espécie de campo mórfico que permaneceria impregnando tudo. Não se requer a hipótese dos muitos renascimentos, como na tradição oriental pressupõe, porque a rede de vínculos garante a continuidade do destino de um povo (p.384). As realidades kármicas impregnam as instituições, as paisagens, configuram as pessoas e deixam seus sinais na cultura de um povo. Esta força kármica atua nos processos socio-históricos, marcando os fatos benéficos ou maléficos. C.G.Jung em sua psicologia arquetípica notara, de alguma forma,  tal fato.

Apliquemos esta lei kármica à nossa situação sob a regência nefasta de Bolsonaro. Não será difícil reconhecer que somos portadores de um pesadíssimo karma, em grande escala, derivado do genocídio indígena, da super-exploração da força do trabalho escravo, pela colonização predatória, pelas injustiças perpretadas contra grande parte da população, negra, mestiça e pobre pela burguesia endinheirada e insensível, jogada na periferia, com famílias destruídas e corroídas pela fome e pelas doenças.

Tanto Toynbee quanto Ikeda concordam nisso:”a sociedade moderna (nós incluídos) só pode ser curada de sua carga kármica, através de uma revolução espiritual no coração e na mente (p.159), na linha da justiça compensatória e de políticas sanadoras com instituições justas como vem apregoando insistentemente o Papa Francisco em suas encíclicas sociais e ecológicas, Laudato Si e Fratelli tutti. Sem esta justiça mínima a carga kármica não se desfará.

Mas ela sozinha não é suficiente. Faz-se mister  o amor, a solidariedade e uma compaixão universal, especialmente  para com as vítimas. É a proposta central e paradigmática da Fratelli tutti. do Papa Francisco. O amor será o motor mais eficaz porque ele, no fundo “é a última realidade”(p.387). Uma sociedade incapaz de efetivamente amar e de ser menos malvada, jamais desconstruirá uma história tão marcada pelo karma negativo e desumano, realizado, estranhamente, dentro de uma cultura cunhada pelo cristianismo, diuturnamente traído. Eis o desafio que a atual crise sistêmica nos suscita.

Não apregoaram outra coisa os mestres da humanidade, como Jesus,Buda, Isaías, São Francisco, Dalai Lama, Gandhi, Luther King Jr e o Papa Francisco? Só o karma do bem redime a realidade da força kármica do mal. E se o Brasil não fizer essa reversão kármica permanecerá de crise em crise, destruindo seu próprio futuro como o está fazendo, entre mentiras, fake news, ironia e zombaria, o necrófilo e insano presidente deste país.

          A função iluminadora dos princípios thanatos e demens

Estas são expressões bem conhecidas no Ocidente e não se necessita de maiores explanações. Vale lembrar que se trata de princípios  e não simplesmente de dimensões acidentais. Princípio é aquilo que faz ser todos os seres ou sem o qual o seres não irrompem na realidade. Assim foi desenvolvido por Sigmund Freud o princípio do thánatos que acompanha o do eros que convivem em cada ser humano. O thánatos emerege como aquela pulsão que leva à violência, à destruição e, no termo, à morte. Temos a ver com o Negativo na condição humana ao lado do Positivo  e do Luminoso, estes assim o cremos, irão finalmente triunfar.

É conhecida a troca de cartas entre Freud e Einstein sobre a possibilidade da superação violência e da guerra, ainda nos idos de 1932. Freud respondeu que é impossível diretamente  superar   o thánatos, somente reforçando o princípio do eros através de laços emocionais e pelo trabalho humanizador da cultura. (cf.Obras completas III:3,215). Mas termina com uma frase desoladora:”esfaimados pensamos no moinho que tão lentamente mói que podemos morrer de fome antes de receber a farinha”.

Ambos os princípios para Freud possuem algo de eterno e deixa em aberto qual princípio escreverá a última  página da vida. Mas o princípio do thánatos pode em momentos da história impregnar todo um povo e  inundar a consciência de seus líderes produzindo tragédias político-sociais.

Estes comportamentos mostram igualmente o princípio demens  presente junto com o sapiens no ser humano. Vivemos numa civilização mundializada que está sob o domínio do demens. Basta lembrar os 200 milhões de mortos nas guerras dos últimos dois séculos e do princípio de auto-destruição já montado com armas nucleares, químicas e biológicas, capazes de pôr fm à vida humana e à nossa civilização, tornando tais armas ineficazes e ridículas pelo Covid-19.

Esse princípio de demência se mostra claro pelos assassinatos intencionados de negros, pobres e outros com outra opção sexual e um perverso feminicídio. Tudo isso é chancelado por um presidente com claros sintomas de psicopatia, vergonhosamente tolerado por aquelas autoridades que poderiam e deveriam por crimes de responsabilidade social, denunciá-lo, fazê-lo renunciar ou democraticamente submetê-lo a um impeachment jurídico. Talvez elas mesmas sejam já infectadas pelo vírus do demens, o que explicaria sua leniência e culposa omissão.

Conclusão: o oculto e o reprimido saíram dos  porões e uma luz se acendeu

O sentido de nossa disquisição possui este significado: tudo o que estava oculto e reprimido em nossa sociedade saiu dos porões onde por séculos se havia ocultado na vã tentativa de negá-lo ou torná-lo aceitável socialmente, até de pintá-lo roseamente, como o fazem vários ministros indignos que chegam ver um ganho na escravidão e no estado colonial. Mas basta um pouco de luz para desfazer esta densa escuridão. Agora se tornou visível e solar. Não há mais como escamoteá-la.

Somos uma sociedade contraditória onde encontramos, ao mesmo tempo  brilhantismo na ciência, na literatura, nas artes plásticas ,na música e na riquíssima cultura popular, geralmente feita à revelia de toda a opressão e do mainstream e em tantos outros campos. E ao mesmo tempo, somos uma sociedade que internalizou o opressor, se fez eco da voz dos donos, conservadora e até atrasada quando comparada com países semelhantes ao nosso. Num certo sentido somos cruéis e sem piedade para com nossos semelhantes atingidos pelas maldades perpetradas pelos estratos ultra-endinheirados e faltos de qualquer sentido de compaixão para com os milhões caídos na estrada sem que nenhum samaritano se compadeça deles. Passam ao largo sem vê-los e o que é pior, desprezando-os como se não fossem da mesma nação ou   da mesma família humana.

Esses ainda se confessam cristãos sem terem nada a ver com  a mensagem do Mestre de Nazaré. Os ateus éticos e humanitários estão maia próximos do Deus de Jesus, da ternura dos humildes e defensor dos humilhados e ofendidos, do que estes cristãos meramente culturais que usam o nome de Deus para defender suas nefastas políticas individualistas ou corporativas, de um Brasil só para eles. Eles estão longe de Deus por negarem os filhos e filhas de Deus, chamados pelo Juiz supremo de “meus irmãos e irmãs menores” sob os quais ele mesmo se escondia.

Tem muito  de verdade o que escreveu a filósofa Marilena Chaui:”A sociedade brasileira é uma sociedade autoritária,uma sociedade violenta, possui uma economia predatória de recursos humanos e naturais, convivendo com naturalidade com a injustiça, a desigualdade e a ausência de liberdade e com os espantosos índices das várias  formas institucionais – formais e informais – de extermínio físico e psíquico e de exclusão social e cultural”( 500 anos -cultura e política no Brasil n.38 p.32-33).  O sonho idílico de Darcy Ribeiro de o Brasil se tornar  a Roma tardia e tropical se esvanece nas “vastas sombras” como diz o Papa Francisco nas Fratelli tutti (cap.I). Celso Furtado, entristecido, no final  da vida escreveu todo um livro: Brasll: a construção interrompida (1993).

Todas estas nuvens escuras se condensaram nos últimos anos e ganharam seus sacerdotes e acólitos que as assumem conscientemente,querendo levar o Brasil aos tempos pré-modernos. Se os levassem pelo menos à Idade Média que tinha suas grandezas desde as majestosas catedrais às grandes sumas teológicas. O Brasil deste projeto retrógrado e irrealizável se tornou uma grotesca farsa e uma irrisão internacional.

O conjunto destas sombras vastas e o domínio do Negativo se adensaram na figura do atual chefe de estado e de seu governo, associado ao seu projeto. Ele é a consequência desta anti-história e sua mais perversa corporificação. Representa o que de pior ocorreu em nossa história e consciente o inconscientemente tenta dar-lhe o acabamento final. Mas não o conseguirá porque jamais na história os mecanismos de morte e de ódio lograram realizar seu intento, sequer Hitler com todo o seu poderia militar e científico conseguiu lançar ao fundamentos de um Reino de Mil Anos como sonhava.

Os processos históricos não são cegos e  sem destino. Eles guardam um Logos secreto que vai conduzindo o rumo das coisas em consonância com o processo da cosmogênese e gera, do meio do caos, ordens superiores com novas possibilidades e horizontes insuspeitados. Qual será nosso lugar, como povo e como nação, no conjunto de todos esses processos? Eles marcam a direção mas quem tem que percorrê-la e construi-la somos todos nós. Não nos é permitido preguiçosamente pisar nas pegadas já feitas, Temos que fazer as nossas pegadas. E também não podemos chegar tarde demais, porque desta vez o caminho não tem volta.

Oxalá estejamos atentos ao que a história, apesar do reacionarismo e protofascismo de Bolsonaro e de seus seguidores, nos exigirá. Como outrora dizia Platão:”todas as coisas grandes procedem do caos”.As nossas poderão ter  a mesma origem.

Leonardo Boff, filósofo, teólogo e escritor e escreveu:Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018.

Maradona, una metáfora de la trágica condición humana

Leonardo Boff*

¿Qué es el ser humano? Por más que las ciencias traten de definir al ser humano, este continúa siendo siempre una cuestión abierta. San Agustín (354-430) que se preocupó desesperadamente durante toda su vida por encontrar una respuesta a qué es el ser humano, terminó diciendo solo: “factus sum quaestio magna”: “me he vuelto un gran problema para mi mismo”. Y se calló.

A veces no son las ciencias ni las religiones quienes nos proporcionan la mejor imagen (en vez de una definición), sino los literatos. La mejor fórmula para mí la encontré en Antoine de Saint Exupéry, el autor del Principito, en su novela La Ciudadela. En ella entiende al ser humano como “un noeud de relations” “un nudo de relaciones dirigido hacia todas las direcciones”. Va más allá de la sexta tesis de Marx sobre Feuerbach al definir: “esencia humana es el conjunto de sus relaciones sociales”. Esa visión es reduccionista. El ser humano es el conjunto de sus relaciones totales y en todas las direcciones, no sólo sociales. Tiene también sentido decir que él “es un proyecto infinito siempre en busca de su objeto adecuado, nunca encontrable en el ámbito en que vive”, lo que le lleva a trascender este mundo.

Aparte de esta búsqueda sin fin, cabe seguramente decir que es un ser complejo, la conjunción de dos dimensiones que en él siempre se dan conjuntamente: lo positivo y lo negativo, lo luminoso y oscuro, lo inteligente (sapiens) y lo demente (demens), afortunado y trágico,la pulsión de vida (eros) y la pulsión de muerte (thánatos), lo utópico y lo histórico, la realización y la frustración, la derrota y la victoria, la gentileza y la grosería, la cordialidad y la rudeza, lo poético y lo prosaico, lo dia-bólico (que divide) y lo sim-bólico (que une), el equilibrio y el exceso, el caos y el cosmo, el águila y la gallina. Esta dualidad no es un defecto de creación. Es la condición humana real. Esta misma estructura se encuentra en el cosmos (orden y desorden) y en cada ser vivo e inerte (autónomo e integrado). Se trata de una constante universal.

El reto para cada ser humano no es negar una de las partes, lo que sería imposible y ella volvería furiosa, sino cómo integrar esta dualidad, encontrar un justo equilibrio dinámico, siempre por hacer, de forma que pueda construir su identidad, su proyecto de vida y buscar la felicidad posible a los hijos e hijas de Adán y Eva.

Ocurre sin embargo que en la vida humana existe lo trágico, tan plásticamente representado por los teatros griegos. El exceso, lo demencial y lo diá-bólico (lo que escinde) puede apoderarse de la persona, inundarle la conciencia y hacerla esclava de la dimensión de lo oscuro. Es lo tragico.

El arquetipo del héroe/heroína puede ayudarnos a entender ese drama. No me refiero al héroe/heroína de las sagas de guerra y de las novelas, sino en el sentido del psicoanálisis moderno. Cada persona puede ser héroe/heroína según como trabaje esta dualidad, consiga integrarla y realizar su proceso de individuación. Hay varios tipos de héroes/heroínas: el resistente, el peregrino, el luchador, el mártir y otros.

Escribo todo esto a propósito de la figura del genial jugador argentino de fútbol Diego Maradona. Verlo en el campo era un espectáculo por si sólo. Driblaba con una inteligencia sumamente creativa y un sentido único de la oportunidad. Pequeño, 1,65 de altura, robusto y con una velocidad increíble. Toda comparación es odiosa, pues cada uno es único e irrepetible, pero Maradona sobresale sobre cualquier jugador todavía en activo. Será una referencia mundial imperecedera.

Pero de pronto irrumpió la tragedia: fue enganchado por la dependencia química de la cual nunca se liberó totalmente. Era tan humano que no escondía su dependencia.“Vete a saber qué jugador hubiese sido si no hubiese usado drogas” se preguntaba con humor. “Tengo 53 años, pero es como si tuviese 78. Mi vida no fue normal, digamos. ¿53 años? Yo viví 80.” Murió a los 60 años. Fue un héroe resistente (del aguante) tragado por el lado de lo trágico y del exceso.

Vale la pena recordar: jugaba con pies agilísimos y con una cabeza que marcaba goles notables. Pero su cabeza también pensaba y definía en qué lado se colocaba en el espectro social: en el lado de los oprimidos, simbolizados por Fidel Castro y por Lula. Y lo anunciaba públicamente.

El pueblo argentino, tan sufrido por problemas políticos internos, lo elevó al punto más alto de exaltación, hasta el espacio de lo Numinoso y llamarlo “dios”. Le faltaban palabras para admirar a su “Pibe”, “el divino infante”. Hay que entender correctamente tal exaltación que ocurre siempre que el entusiasmo supera todos los límites y encuentra en las palabras de lo Numinoso y de lo Religioso o Sagrado su mejor expresión.

Me uno al entusiasmo por su arte y me solidarizo con tanto pueblo argentino en lágrimas, que con Maradona ganaba la fuerza para superar dificultades y mantener la alegría de vivir. Unió en sí lo humano y lo inhumano, como nos recuerda Nietzsche, pues ambos, lo humano y lo excesivamente humano pertenecen a lo humano: luminoso y oscuro, genial y trágico,heroe apesar de vencido.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor y ha escrito “El águila y la gallina:una metafora de la condición humana, Vozes,Petrópólis,45.ediciones.

Traducción de Mª José Gavito Milano

La vida como centro: la biocivilización en la postpandemia

Leonardo Boff*

Según la comprensión de los grandes cosmólogos que estudian el proceso de la cosmogénesis y de la biogénesis, la culminación de ese proceso no se realiza en el ser humano. La gran emergencia es la vida en su inmensa diversidad y aquello que le pertenece esencialmente, que es el cuidado. Sin el cuidado necesario ninguna forma de vida subsistirá (cf. Boff, L., El cuidado necesario, 2012). 

Es imperioso enfatizar: la culminación del proceso cosmogénico no se da en el antropocentrismo, como si el ser humano fuese el centro de todo; los demás seres sólo tendrían significado cuando estuvieran ordenados a él o a su uso y disfrute. El mayor evento de la evolución es la irrupción de la vida en todas sus formas, también en la forma humana consciente y libre.

El conocido cosmólogo californiano Brian Swimme, junto con el antropólogo de culturas y teólogo Thomas Berry, afirma en su libro The Universe Story (1999): «Somos incapaces de liberarnos de la convicción de que, como seres humanos, somos la gloria y la corona de la comunidad terrestre y de darnos cuenta de que somos el componente más destructivo y peligroso de esa comunidad». Este hallazgo apunta a la actual crisis ecológica generalizada que afecta a todo el planeta, la Tierra.

Los biólogos (Maturana, Wilson, de Duve, Capra, Prigogine) describen las condiciones en las que surgió la vida, a partir de un alto grado de complejidad y cuando esta complejidad se encontraba fuera de su equilibrio, en situación de caos. Pero el caos no es sólo caótico. También es generativo. Oculta dentro de sí mismo nuevos órdenes en gestación y varias otras complejidades, entre ellas la vida humana.

Los científicos evitan definir lo que es la vida. Constatan que representa la emergencia más sorprendente y misteriosa de todo el proceso cosmogénico. Tratar de definir la vida, reconoció Max Plank, es tratar de definirnos a nosotros mismos, una realidad que en último término no sabemos definitivamente qué es ni quién somos.

Lo que sí podemos afirmar es que la vida humana es un subcapítulo del capítulo de la vida. Vale la pena enfatizar que la centralidad pertenece a la vida. A ella se ordena la infraestructura físico-química y ecológica de la evolución que ha permitido la inmensa diversidad de vidas y dentro de ellas, la vida humana, consciente, hablante y cuidadora.

Además, sólo el 5% de la vida es visible, el 95% restante es invisible, constituyendo el universo de microorganismos (bacterias, hongos y virus) que operan en el suelo y el subsuelo, asegurando las condiciones de emergencia y mantenimiento de la fertilidad y la vitalidad de la Madre Tierra. 

Se intenta entender la vida como la autoorganización de la materia en un altísimo grado de interacción con el universo, con la inconmensurable red de relaciones de todos con todos y con todo lo demás que está surgiendo en cada parte del universo. 

Los cosmólogos y biólogos sostienen que la vida aparece como la expresión suprema de la “Fuente Original de todo ser” o “De aquel Ser que hace ser a todos los seres”, que para la teología representa tal vez la metáfora más apropiada de Dios. Dios es todo esto y mucho más. Es un misterio en su esencia y también es un misterio para nosotros. La vida no viene de afuera, sino del centro del proceso cosmogénico al alcanzar un altísimo grado de complejidad.

El Premio Nobel de Biología, Christian de Duve, llega a afirmar que en cualquier lugar del universo cuando se produce tal nivel de complejidad, la vida surge como un imperativo cósmico (Polvo vital: la vida como imperativo cósmico, 1997). En este sentido, el universo estaría lleno de vida no sólo en la Tierra.

La vida muestra una unidad sagrada en la diversidad de sus manifestaciones, ya que todos los seres vivos son portadores del mismo código genético de base que son los 20 aminoácidos y las cuatro bases nitrogenadas, lo que nos hace a todos parientes y hermanos unos de otros, como se afirma en la Carta de la Tierra y em la encíclica Laudato Si del Papa Francisco. Cada ser tiene un valor en sí mismo.

Cuidar la vida, hacer expandir la vida, entrar en comunión y sinergia con toda la cadena de vida, celebrar la vida y acoger, agradecidos, a la Fuente originaria de toda la vida es la misión singular y específica y el sentido del vivir de los seres humanos sobre la Tierra. No es el chimpanzé, nuestro primate más cercano, ni el caballo o el colibrí quienes cumplen esta misión consciente, sino el ser humano. Esto no le hace el centro de todo. Él es la expresión de la vida, dotada de conciencia, capaz de captar el todo, sin dejar de sentirse parte de él. Él sigue siendo Tierra (Laudato Si, n.2), no fuera o encima de los otros sino en medio de todos y junto con todos como hermano y hermana dentro de la gran comunidad de vida. Así prefiere llamar al “medio ambiente” la Carta de la Tierra. 

Esta, la Tierra, viene entendida como Gaia, superorganismo vivo que sistémicamente organiza todos los elementos y factores para seguir reproduciéndose como viva y generar la inmensa diversidad de vidas. Los humanos emergimos como la porción de Gaia que en el momento más avanzado de su evolución/complejidad comenzó a sentir, pensar, amar, hablar y a adorar. Entonces, cuando el 99,99% estaba ya listo, irrumpió en el proceso evolutivo el ser humano, hombre y mujer. En otras palabras, la Tierra no necesitaba al ser humano para gestar la inmensa biodiversidad. Al contrario, fue ella quien lo generó como expresión mayor de sí misma.

La centralidad de la vida implica una biocivilización que, a su vez, implica concretamente asegurar los medios de vida para todos los organismos vivos y, en el caso de los seres humanos: alimentación, salud, trabajo, vivienda, seguridad, educación y ocio. Si estandardizarmos para toda la humanidad los avances de la tecnociencia ya alcanzados, tendríamos los medios para que todos disfrutasen de servicios de calidad a los que hoy en día sólo tienen acceso los sectores privilegiados y opulentos.

En la modernidad, el saber fue entendido como poder (Francis Bacon) al servicio de la dominación de todos los demás seres, incluidos los humanos, y de la acumulación de bienes materiales por individuos o grupos con exclusión de sus semejantes, gestionando así un mundo de desigualdades, injusto e inhumano. 

Postulamos un poder al servicio de la vida y de los cambios necesarios y exigidos por la vida. ¿Por qué no hacer una moratoria de investigación y de invención en favor de la democratización de los conocimientos e inventos ya acumulados por la civilización para beneficiar a todos los seres humanos, empezando por los millones y millones de destituídos de la humanidad? Son muchos los que sugieren esta medida para que sea asumida por todos. entre nosotros propuesta por el economista-ecologista Ladislau Dowbor de la PUC-SP.

Mientras esto no ocurra, viviremos en tiempos de gran barbarie y de sacrificio del sistema-vida, tanto en la naturaleza como en la sociedad humana mundial.

Este es el gran desafío para el siglo XXI, construir una civilización cuyo centro sea la vida. La economía y la política, al servicio de la vida en toda su diversidad. O bien optamos por este camino o podemos autodestruirnos, pues ya hemos construido los medios para hacerlo, o podemos empezar a tener sabiduría y por fin a crear una sociedad verdaderamente justa y fraternal junto con toda la comunidad de vida, conscientes de nuestro lugar en medio de los demás seres y de la misión singular de cuidar y guardar la herencia sagrada recibida del universo o de Dios (Gn 2,15).

ADENDA

El año cósmico, el universo, la Tierra y el ser humano

Intentemos imaginar que los 13,7 mil millones de años, edad del universo, sean un único año (según Carl Sagan). Veremos cómo a lo largo de los meses de ese año imaginario han ido surgiendo todos los seres hasta llegar a los últimos segundos del último minuto del último día del año. ¿Qué lugar ocupamos? 

El primero de enero sucedió la Gran Explosión.

El primero de marzo surgieron las estrellas rojas. 

El 8 de mayo, la Vía Láctea.

El 9 de septiembre, el Sol. 

El 1 de octubre, la Tierra.

El 29 de octubre, la vida.

El 21 de diciembre, los peces.

El 28 de diciembre a las 8.00 horas, los mamíferos.

El 28 de diciembre a las 18,00 horas, los pájaros.

El 31 de diciembre a las 17.00 horas nacieron los antepasados pre-humanos.

El 31 de diciembre a las 22.00 horas entra en escena el ser humano primitivo, antropoide.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 58 minutos y 10 segundos surgió el homo sapiens sapiens.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 56 segundos nació Jesucristo.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59 segundos Cabral llegó a Brasil.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59,54 segundos, la Independencia de Brasil.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59,59 segundos nacimos nosotros. 

Somos casi nada. Pero por ínfimos que seamos a través de nosotros, de nuestros ojos, oídos, inteligencia, la Tierra contempla la grandeur del universo, sus hermanos y hermanas cósmicos. Para eso durante todo el proceso de la evolución todos los elementos se articularon de tal forma que la vida pudiese surgir y nosotros pudiésemos estar aquí y hablar de todo esto. Si hubiese habido alguna pequeña modificación las estrellas no se habrían formado o, formadas, no habrían explotado y así no habría nacido el Sol, ni la Tierra ni los 20 aminoácidos ni las cuatro bases nitrogenadas, y nosotros no estaríamos aquí escribiendo sobre estas cosas. 

Por esta razón el conocido físico inglés Freeman Dyson afirma: «Cuanto más examino el universo y estudio los detalles de su arquitectura, tantas más evidencias encuentro de que el universo de alguna manera debía saber que estábamos en camino» (1979).

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor y ha escrito Covid-19: la Madre Tierra contraataca a la humanidad, Vozes 2020.

Traducción de Mª José Gavito Milano