Hoy la democracia como farsa y las instituciones como disfraz

Leonardo Boff*

Es un hecho confesado por el exjefe supremo de las FFAA, general Villas Boâs, que en 2018 elAlto Comando dio un golpe a la democracia brasilera, infringiendo el inciso XILV del artículo 5ºde la Constitución que dice: «constituye delito indecible e imprescriptible la acción de grupos armados, civiles o militares, contra el orden constitucional y el Estado Democrático». El sentido era, presionando al STF para mantenerse distante, utilizar al juez Sérgio Moro (eximio en aplicar el law fare) para sacar a Lula de las elecciones presidenciales, condenarlo por el delito que fuera, en este caso “por delito indeterminado”, y ponerlo en la cárcel donde permaneció más de 500 días. Esto abriría el camino para la elección del ex-capitán reformado perentoriamente por mal comportamiento, Jair Bolsonaro. Es lo que realmente pasó.

Conocemos la “desolación de la tribulación” bíblica, que sobrevino a nuestro país con el presidente electo. Ocupó militarmente el Estado con 11 mil militares en distintas funciones de mando o de administración. No supo guardar la dignidad que el más alto cargo de la nación exige y se entregó a difamaciones, a mentiras directas, a las fake news, al uso vergonzoso de palabrotas con desprecio soberano de la prensa. Mente asesina, prefirió incentivar la compra de más armas por los civiles que elaborar un plan de enfrentamiento a la Covid-19, que ha causado ya más de 220 mil víctimas y nos estamos aproximando a 10 millones de infectados. En la evaluación mundial, Brasil ha quedado en último lugar en las políticas sanitarias contra la Covid-19 así como en vacunar a la población. 

Nuestra democracia que históricamente ha sido siempre de baja intensidad, ahora, con Bolsonaro ycomparsas, voló en pedazos sin ni siquiera llegar a ser de bajísima intensidad. Se ha vuelto una farsa y sus principales instituciones un disfraz de legalidad, por más que se diga que “las instituciones funcionan”. ¿Cabe preguntar para quién? No para la política sanitaria mínima, no para la justicia necesaria para millones de desempleados, para los indígenas y quilombolas, no para el cuidado de la naturaleza en devastación, no para defensa contra amenazas directas al STF nicontra un propósito declarado de golpe militar. Bajo el disfraz de legalidad se blindan notorios corruptos, se concede fácilmente habeas corpus a políticos acusados de ilegalidades y hasta decrímenes y permanecen impunes los centenares de feminicidios y ofensas e incluso asesinatos de los LGBTI.

Me voy a permitir usar las palabras de dos sociólogos ya que encontré en ellos las mejoresmaneras de expresar lo que siento y pienso acerca de nuestra pretendida democracia: Thiago Antônio de Oliveia Sá, sociólogo y profesor universitario (cf. O sequestro das instituições brasileiras, en Carta Maior de 14/02/2021) y Pedro Demo, compañero de estudios en Brasil y enAlemania, profesor de la Universidad de Brasilia, una de las inteligencias más brillantes que conozco, con vasta obra de investigación científica. De ellas me sirvo tomando apenas algunostópicos significativos del libro Introducción a la Sociología: Complejidad, Interdisciplinariedad yDesigualdad Social, Editora Atlas, São Paulo 2002 pp, 329-333), donde aborda directamente eltema de la democracia en Brasil. 

Comienzo con Oliveira Sá en el referido artículo de Carta Maior: «Lo público es un anexo de lo privado. La pericia cede lugar a la malicia. La corrosión institucional se visualiza fácilmente: oscurantistas y mal educados como ministros de Educación; un ecocida que pasa su boyada sobre el medio ambiente; una ruralista al frente de la agricultura nos envenena con sus más de 500 agrotóxicos legalizados; una evangélica fundamentalista cuida de las mujeres y demás minorías con su machismo y su obsesión con la sexualidad ajena. No nos olvidemos del primer ministro deSalud, lobista de los planes privados, extendiendo su mano visible sobre el SUS. Un emisario delmercado financiero dirige el ministerio de economía. Un chiflado, paria orgulloso y antiglobalizador (sea lo que sea eso), hace de Brasil vejamen internacional en las relaciones exteriores. Un racista al frente de la Fundación Palmares. Policía federal convertida enguardaespaldas particular de la presidencia y de sus hijos. La Procuradoría General de la República librando la cara del empresario de las rachadinhas. Un militar en la Salud no necesitamayores explicaciones…. jueces que toman partido, ver las nuevas filtraciones de los planes nada republicanos de Moro, Dallagnol y sus comparsas. Absurdo, pero no sorprendente: la vieja conversión de las instancias judiciales en arma de grupos dominantes. Para persecución de adversarios, para inviabilizar sus candidaturas en favor de otros».

No pierde en contundencia Pedro Demo. Lo que escribió en 2002 vale mucho más para 2021: «Nuestra democracia es escenificación nacional de refinada hipocresía, llena de leyes “bonitas”, pero hecha siempre en última instancia por la élite gobernante para que le sirva de principio a fin. Nuestra democracia refleja crudamente la “lucha por el poder” en el sentido más maquiavélico de lucha por los privilegios. Los políticos sin privilegios son figuras espurias en nuestro escenario; de entrada son personas que se caracterizan por ganar mucho, trabajar poco (mi comentario: véase al ex diputado Jair Bolsonaro en sucesivos mandatos), hacer negocios poco claros, emplear a familiares y asociados, enriquecerse a costa de las arcas públicas, entrar en el mercado por arriba. Pero hay excepciones que confirman la regla.
La propia Constitución de 1988 no alberga propiamente un proyecto nacional colectivo, afinado bajo la batuta de la justicia y la igualdad de oportunidades, sino una propuesta corporativista tallada por medio de la presión particular: los magistrados hicieron su capítulo, así como la policía, las universidades, el legislativo, el judicial, el ejecutivo y la iniciativa privada… Y la tan ponderada por Ulysses Guimarães como “Constitución Ciudadana”, pero con una concepción corporativista extrema, pero sin ninguna conexión con una base financiera e institucional … Al final hicimos otra imitación barata del estado de bienestar. Pero hay cosas buenas como la ley de responsabilidad fiscal para evitar gastar lo que no se recauda…El legislativo lejos de defender ideas, propuestas, equidad, defiende fondos, tajadas de poder, privilegios exclusivos. Es el principal lugar de negociación, de aquí y de allá… No es, pues, difícil demostrar que nuestra democracia es sólo formal, farsante, que convive solemnemente con la miseria de las grandes mayorías. Si aunáramosdemocracia con justicia social, nuestra democracia sería su propia negación. En la clase política dominante en general, no hay rastro de un gesto dirigido a superar males históricos enraizados en privilegios absurdos para unos pocos… Nuestra pobre política lancinante se traduce en la miseria de nuestra democracia. Por eso es tan importante mantener la ignorancia política de las masas»(333).

La realidad política de Bolsonaro es mucho peor que la delineada arriba. Su objetivo es devolver el país a la fase anterior a la Ilustración, a la universalización del saber, los derechos y la democracia en dirección regresiva a tiempos oscuros de lo peor de la Baja Edad Media; no de la dorada Edad Media con sus inmensas catedrales, con la creación de universidades, con sus sumas teológicas, con sus sabios, místicos y santos. Todo lo que se creó en los gobiernos de Lula-Dilma con sabor popular o inserción de los empobrecidos en la sociedad ha sido literalmente desmantelado de manera criminal, pues ha implicado sufrimiento para quienes siempre han sufrido históricamente.

Nos causa horror e indignación constatar que aquellas autoridades judiciales y políticas que podrían promover acciones jurídicamente fundadas contra la irresponsabilidad jurídica y delitos sociales comunes del presidente no se muevan, ya sea porque se sienten cómplices o por ausencia de espíritu patriótico y faltos de sentido de justicia social. Como viven a kilómetros luz del drama del pueblo y ven sus derechos adquiridos y sus privilegios garantizados, no les mueve la noble compasión para usar los instrumentos jurídicos de que disponen para librar a la nación de aquel que la está destruyendo y sigue más aferrado aún a este mismo intento perverso. 

Razón tiene el Papa Francisco al hablar varias veces a los movimientos sociales mundiales, aquellos que quieren otro mundo porque este les es un infierno o un purgatorio: no esperen nada de arriba, pues siempre viene más de lo mismo o peor. Empiecen por ustedes mismos, es decir, las multitudes deben salir a las calles y las plazas y votar para echar a los que les secuestran las oportunidades de ser gente y de sentirse con un mínimo de dignidad y alegría de vivir. Esperamos que suceda eso. Sólo después de sentirse amenazados, los dominantes se adhieren. Si no tenemos cuidado, se apropian de la energía emergente para sus propios fines privados. Pero aquello que debe ser tiene fuerza: la destitución de quien conduce una política necrófila y enemiga del propio país.

Ante la oscuridad del horizonte, y con mucho coste, manteniendo la esperanza contra toda esperanza, hago mías las palabras del Maestro, transido también de profundo pesar: tristis est anima mea usque ad mortem.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.

Traducción de M.ª José Gavito Milano

Sob Bolsonaro: a democracia como farsa e as instituições como disfarce

                                                  Leonardo Boff

É fato confessado pelo ex-chefe supremo das FFAA, gal.Villas Boâs que o Alto Comando em 2018 deu um golpe na democracia brasileira,ferindo o inciso XILV do artigo 5º da Constituição que diz, tal fato:”constitui crime inafiançável e imprescritível a ação de grupos armados, civis ou militares, contra a ordem constitucional e o Estado Democrático”. O sentido era, pressionando o STF para manter-se distante, utilizar o juiz Sérgio Moro (exímio na aplicação do law fare) para alijar Lula do pleito presidencial, condenando-o por qualquer crime que fosse, no caso, “por crime indeterminado”e pô-lo na prisão onde ficou por mais de 500 dias. Desta forma abrir-se-ia o caminho para eleição ex-capitão compulsoriamente reformado por mau comportamento, Jair Bolsonaro. O que de fato ocorreu.

Conhecemos a bíblica “desolação da tribulação” que sobreveio ao nosso país com o presidente eleito. Ocupou militarmente o Estado com 11 mil militares em distintas funções de comando ou de administração. Não soube guardar a dignidade que o mais alto cargo da nação exige e entregou-se às difamações, às mentiras diretas, aos fake news, ao uso vergonhoso de palavrões com soberano desprezo da imprensa. Mente assassina, preferiu incentivar a compra de mais armas por civis do que elaborar um plano de enfrentamento do Covid-19 que já fez mais de 220 mil vítimas e nos aproximando de 10 milhões de infectados. Na avaliação mundial, o Brasil ficou em último lugar nas políticas sanitárias contra o Covid-19 e na aplicação da vacinação à população.

A nossa democracia que historicamente sempre foi de baixa intensidade, agora, sob Bolsonaro e comparsas, foi estraçalhada nem chegando a ser de baixíssima intensidade. Ela virou uma farsa e suas principais instituições um disfarce de legalidade, por mais que se diga que “as instituições funcionam”. Cabe perguntar a quem? Não à política sanitária mínima, não à justiça necessária aos milhões de desempregados, aos indígenas e quilombolas, não ao cuidado da natureza em devastação, não à defesa contra ameaças diretas ao STF, nem contra um propósito declarado de golpe militar.Sob o disfarce da legalidade se blindam notórios corruptos, concede-se facilmente habeas corpus a políticos indiciados por ilegalidades e até crimes e permanecem impunes os centenas de feminicídios e discriminações e até assassinatos dos membros do LGBTI.

Vou me permitir  usar as palavras de dois sociólogos porque encontrei neles as melhores expressões para qualificar o que sinto e penso acerca de nossa presumida democracia: Thiago Antônio de Oliveia Sá, sociólogo e professor universitário (cf.O sequestro das instituições brasileiras, em Carta Maior de 14/02/2021) e de Pedro Demo, colega de estudos no Brasil e na Alemanha, professor na Universidade de Brasília,uma das inteligências mais brilhantes que conheço com vasta obra de pesquisa científica. Delas sirvo-me apenas de tópicos significativos do livro Introdução à Sociologia: Compexidade,Interdisciplinaridade e Desigualdade Social, Editora Atlas, São Paulo 2002 pp, 329-333) onda diretamente aborda o tema da democracia no Brasil.

Começo com Oliveira Sá no referido artigo em Carta Maior: “O público é um anexo do privado. A perícia cede lugar à malícia. A corrosão institucional se visualiza facilmente: obscurantistas e mal educados como ministros da Educação; um ecocida que passa sua boiada sobre o meio ambiente; uma ruralista à frente da agricultura nos envenena com seus mais de 500 agrotóxicos legalizados; uma evangélica fundamentalista cuida das mulheres e demais minorias com seu machismo e sua obsessão com a sexualidade alheia. Não nos esqueçamos do primeiro ministro da Saúde, lobista dos planos privados, a estender sua mão visível sobre o SUS. Um emissário do mercado financeiro dirige o ministério da economia. Um maluco, pária orgulhoso e antiglobalista (seja lá o que isso for), faz do Brasil vexame internacional nas relações exteriores. Um racista à frente da Fundação Palmares. Polícia federal convertida em guarda-costas particular da presidência e de seus filhos. A Procuradoria Geral da República a livrar a cara do empreendedor das rachadinhas. Um militar na Saúde dispensa maiores explicações…. juízes que têm lado, vejam-se os novos vazamentos das tramóias nada republicanas de Moro, Dallagnol e seus comparsas. Absurdo, mas não surpreendente: a velha conversão das instâncias judiciais em arma de grupos dominantes. Para perseguição de adversários, para inviabilizar suas candidaturas em favor de outros”.

Não perde em contundência Pedro Demo. O que escreveu em 2002 vale muito mais para 2021:”Nossa democracia é encenação nacional de hipocrisia refinada, repleta de leis “bonitas”, mas feita sempre, em última instância, pela elite dominante para que sirva a ela do começo até o fim. Nossa democracia espelha, cruamente, a ‘luta pelo poder’ no sentido mais maquiavélico  da luta por privilégios. Político sem privilégios é figura espúria em nosso cenário – desde logo é gente que se caracteriza por ganhar bem, trabalhar pouco (comentário meu: vide o ex-deputado Jair Bolsonaor por sucessivos mandatos), fazer negociatas, empregar parentes e apaniguados, enriquecer-se à custa dos cofres públicos, entrar no mercado por cima. Mas há exceções que confirmam a regra…A própria Constituição de 1988 não abriga propriamente projeto nacional coletivo, afinado sob a batuta da justiça e da equalização de oportunidades, mas proposta corporativista retalhada por meio da pressão particularizada: os magistrados fizeram o seu  capítulo, bem como a polícia, as universidades, o legislativo, o judiciário, o Executivo e a iniciativa privada…É a tão decantada por Ulysses Guimarães de “Constituição Cidadã”, mas que detém concepção corporativista extrema, muito distante dos interesses das maiorias…Fazem-se muitas propostas mas sem qualquer ligação com embasamento financeiro e institucional…No final fizemos outra vez imitação barata do welfare state.Mas há coisas boas como a lei de responsabilidade fiscal para evitar que se gaste o que não se arrecada…O Legislativo longe de defender ideias,propostas, equidade, defende verbas, fatias de poder, privilégios exclusivos. É o lugar principal da negociata, do cá e o da lá…Não é  pois difícil de  mostrar que nossa democracia é apenas formal, farsante, que convive solenemente com a miséria das grandes maiorias. Se ligássemos democracia com justiça social, nossa democracia seria sua própria negação. Não se nota na classe política dominante em geral      qualquer gesto dirigido a superar  mazelas históricas plantadas em privilégios absurdos para poucos…Nossa pobre política lancinante se traduz  na miséria de nossa democracia. Por isso é tão importante manter a ignorância política das massas”(333).

A realidade política sob Bolsonaro é muito pior do que a desenhada acima. Visa reconduzir o país à fase pré-iluminista, da universalização do saber, dos direitos e da democracia na direção regressiva a tempos obscuros do pior da Idade Média tardia,  não da Idade Média áurea com suas imensas catedrais,com a criação de universidades, com suas sumas teológicas, com seus sábios, místicos e santos. Tudo o que foi criado nos governos Lula-Dilma que tivesse sabor popular ou inserção dos empobrecidos na sociedade foi literalmente desmontado de forma criminosa  pois implicou sofrimento aos que já sempre sofreram historicamente.

Causa-nos espanto que aquelas autoridades judiciais e políticas que poderiam mover ações juridicamente fundadas contra a irresponsabilidade e crimes sociais do presidente não se movam, seja por se sentirem cúmplices, seja por ausência de espírito patriótico e mesmo faltos de sentido de justiça social. Como vivem a quilômetros luz do drama do povo e veem seus direitos adquiridos e privilégios garantidos não os move a nobre compaixão  para usar os instrumentos jurídicos de que dispõem para livrar a nação daquele que a está destruindo e segue mais aferrado ainda nesse mesmo intento perverso.

Razão tem o Papa Francisco ao  falar várias vezes aos movimentos sociais mundiais, aqueles que querem outro mundo porque este lhes é um inferno ou um purgatório:”não esperem nada de cima, pois vem sempre mais do mesmo ou pior. Comecem por vocês mesmos, vale dizer, as multidões devem ocupar ruas e praças e botar para correr aqueles que lhes sequestraram as oportunidades de serem gente, de sentirem-se sujeitos um mínimo de dignidade e de alegria de viver. Esperamos isso aconteça. Só depois que se sentirem ameaçados, os dominantes aderem. Se não cuidarmos se apropriam da energia emergente para seus próprios fins privados. Mas o que deve ser tem força: o afastamento o mais rápido possível de quem conduz uma política necrófila contra o seu próprio povo.

Diante da obscuridade do horizonte e, a muito custo, matendo a esperança contra a esperança, faço minhas as palavras do Mestre, também tomado de profundo pesar: tristis est anima mea usque ad mortem

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escritor.

Los negacionistas amenazan la vida en la Tierra

Leonardo Boff*

La irrupción de los coronavirus ha reveladp la cantidad de negacionistas que existen en el mundo. Comenzando por el primer ministro inglés, Boris Johnson, menospreciaba la Covid-19, se contaminó y casi se muere. Donald Trump, afecto a las fake news y a las verdades paralelas (eufemismo para mentiras), trató el virus como algo pasajero. Se demoró en tratar la pandemia. Infectado, cambió de opinión, pero no le dio centralidad, hasta el punto de que Estados Unidos es el país con más víctimas. 

El presidente brasilero, lacayo de Trump, es el campeón absoluto entre los negacionistas. Consideró la pandemia como una “gripecita”, acabó infectado y se curó nadie sabe cómo. Como el proceso de la antropogénesis lo dotó de poquísimas luces, sigue siendo negacionista de otra forma: prescribe, como si fuera médico, cloroquina, afirmada por la ciencia sin eficacia contra el virus, duda o niega de la eficacia de las vacunas, no favorece el distanciamiento social, ridiculiza el uso de las mascarillas. Y lo más grave de todo, no propuso ningún plan nacional para hacer frente a la Covid-19. Por eso Brasil ocupa el último lugar en el mundo entre los países que peor combaten la Covid. Entre nosotros tenemos ya cerca de 2018 mil víctimas fatales y casi diez millones de infectados. Como forma de desprecio a la clase médica, puso de ministro de salud a un general que no entiende nada de medicina y no ha elaborado ningún plan estratégico de vacunación. Nuestro negacionista se ha convertido en un asesino de su pueblo y, posiblemente por los crímenes de responsabilidad y crímenes comunes va a ser depuesto y muy probablemente, él y sus cómplices, tendrán que comparecer ante un tribunal de crímenes contra la humanidad. 

Pero no hay solamente este tipo de negacionistas. Son negacionistas todos los que no aceptan el hecho de que no es que estemos yendo al encuentro del calentamiento global sino que estamos ya muy dentro de él, con todos los eventos extremos que causa. 

Muchísimas personas no tienen conciencia de las graves amenazas que pesan sobre el planeta Tierra: hemos tocado ya sus límites insoportables hasta el punto de que ella necesita un año y medio para reponer lo que le quitamos violentamente en un año, en función del consumismo ilimitado y de la voracidad de acumulación de riqueza material. Conocemos ya la Sobrecarga de la Tierra alcanzada a finales de septiembre de 2020. Crece la erosión de las nueve fronteras planetarias que sustentan la vida en el planeta. Si se rompen, pueden, en un efecto cascada, llevar nuestra civilización a un colapso. Grandes nombres de la ciencia de la vida y de la Tierra lamentan que la mayoría de los jefes de estado no tengan suficiente conciencia ecológica. No hacen los cambios necesarios, por ser antisistémicos y por perjudicar la lógica antinatural de laacumulación ilimitada. 

Atinadamente el Papa Francisco afirmó en su encíclica de ecología integral Laudato Si, sobre el cuidado de la Casa Común: “Las previsiones catastróficas ya no se pueden mirar con desprecio e ironía… pues nuestro estilo de vida insostenible sólo puede acabar en catástrofe” (n.161). En la reciente Fratelli tutti advierte muy seriamente: “estamos todos en el mismo barco; o nos salvamos todos o nadie se salva” (n.32). Queda así comprobado que la gran amenaza a la vida no viene de algún meteoro rasante sino del propio ser humano que, según innumerables científicos, ha inaugurado una nueva era geológica, después del holoceno, la del antropoceno e incluso la del necroceno, es decir, la destrucción en masa de seres vivos.

Otro grande y fundacional documento, asumido por la ONU, la Carta de la Tierra, afirma en al empezar: “Estamos ante un momento crítico de la historia de la Tierra, en una época en la que la humanidad debe escoger su futuro… nuestra elección es esta: o formamos una alianza global para cuidar de la Tierra y unos de otros, o arriesgamos nuestra destrucción y la destrucción de la diversidad de la vida” (Preámbulo).

En este contexto dramático recordamos la famosa parábola del filósofo y teólogo dinamarqués Sören Kiergegaard (1813-1855), uno de los precursores del existencialismo moderno y uno de los críticos mas severos del idealismo de Hegel, Schelling y otros. Esta es su narración:

Se declaró un incendio entre los bastidores de un teatro. El director mandó al payaso, que ya estaba listo para entrar en escena, que avisase a toda la platea sobre el peligro que corrían todos. El payaso pedía que acudiesen a apagar las llamas. Como se trataba de un payaso, todos pensaban que era un truco para hacer reír a la gente. Y reían y reían. Cuanto más lo pedía el payaso, más reían todos. Entonces se puso serio y comenzó a gritar: “el fuego acaba de quemar las cortinas y va a quemar todo el teatro con ustedes dentro”. Todos encontraron esto muy gracioso y decían que el payaso estaba haciendo espléndidamente su papel. Y el fuego consumió todo el teatro con toda la gente dentro. Termina Kiergegaard: “Así, supongo yo, es como va a acabar el mundo en medio de la hilaridad general de los graciosos y bromistas que piensan que todo, al final, no pasa de ser una broma”.

Así pensaba la gente en tiempos de Noé y sucumbieron bajo el diluvio. ¿Cuántos hoy, entre nosotros y en todo el mundo, consideran las amenazas letales como una invención de los comunistas o un artificio de los globalistas para dominar el mundo? Es significativa la última advertencia de Zygmunt Bauman una semana antes de morir en 2017: “o nos unimos todos para salvar la Tierra y la vida o engrosaremos el cortejo de aquellos que se encaminan hacia su propia sepultura”.

La irrupción de la Covid-19 y el aislamiento social forzado son oportunidades que la vida nos da para pensar sobre nuestra responsabilidad colectiva y sobre qué tipo de Casa Común queremos construir y habitar, naturaleza incluida. Esta vez no habrá un Arca de Noé: o nos salvamos todos o todos conoceremos el camino ya recorrido por los dinosaurios”.

*Leonardo Boff es eco-teólogo y ha escrito Cuidar la Tierra- Proteger a vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía, Madrid 2011. Con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza con la creación amenazada? Vozes 2014.

Traducción de Mª José Gavito Milano

O proto facismo brasileiro e seu ¨Duce” e “Führer” de araque

Estamos vivendo num momento trágico de nossa história nacional. Tivemos regimes autoritários e até ditatoriais. Estes se caracterizam pela brutalidade nas relações sociais, a tortura e o desaparecimento de seus opositores. Era feita política de estado e seus  líderes apresentam-se falsos, arrogantes e toscos na linguagem e nos comportamentos públicos.

         O Brasil atual é dominado por um fascismo tardio com características nossas mas cujo miolo teórico é inegavelmente nazifascista. Dizemos que é um proto fascismo porque é tão fraco de propósito e desorientado teeoricamente que mesmo querendo não consegue se impor como um real fascismo. Mas excele em grosserias, fake news, mentiras deslavadas e perda quase total de sentido de realidade. Nosso “Führer/Duce”de araque afirma que o Brasil está em primeiro lugar no mundo no combate ao Corona-vírus quando no ranking internacional figura em último lugar. O ministro das relações exteriores, conhecido terraplanista, considera um louvor ser “pária internacional” e o afirma dentro do próprio prédio do Itamaraty para vergonha da memória de notáveis diplomatas e chanceleres. 

Se há um poço em nossa história, encontramo-nos no mais profundo, embora o seu “Führer/Duce” tresloucado,  acha que estamos no monte das bem-aventuranças. Todas as sombras de nossa história, os níveis de karma coletivo do genocídio indígena, de nossa fase colonial, da bruta escravidão e da dominação das classes argentárias que nunca tiveram um projeto de Brasil mas somente para si,com explícita exclusão do povo, a maioria empobrecida e marginalizada, ganharam densidade na atual administração. Sequer pode ser considerado de governo, pois não apresenta nenhum projeto nacional e atua conforme o humor de seu “chefe”. As constituições não funcionam, como se pretende, pois os piores crimes como os  ecológicos (os incêndios de Amazônia e no Pantanal) e sociais (a matança de jovens, na maioria negros, nas periferias das grandes cidades, especialmente no Rio de Janeiro) e a humilhação sistemática de pessoas de outra opção afetiva como os LGBTI permanecem impunes e sequer investigados.

Notáveis juristas nacionais e internacionais apontaram dois tipos de crimes do atual chefe de estado: crimes de responsabilidade que embasaram dezenas de pedidos de impeachment  a serem analisados e julgados pelo Parlamento; e outros dezenas de crimes comuns a serem acolhidos e julgados pelo STF em razão da imunidade da figura do presidente. Nenhum deles foi acolhido e analisado, para perplexidade da consciência cívica da nação e por descaso acerca dos destinos de todo um povo que não lhes importa desde que sejam assegurados seus privilégios monetários e de estado de que gozam à custa do erário público.

Os que mais deveriam se preocupar com a vida do povo como o STF e o MPF colocam a Constituição ou as leis diante dos olhos para assim não verem a realidade e se dispensarem de agir como deveriam. Poucas vezes em nossa história conhecemos tão vergonha omissão e leniência que se aproxima da cumplicidade.

Mas procuremos conhecer melhor esse nefasto modo proto fascismo de governar, conhecer suas origens e darmo-nos conta de sua versão tupiniquim e de araque entre nós. Ficamos entre o riso amargo e o escárneo.

O fascismo originário é uma derivação extremada do fundamentalismo que tem larga tradição em quase todas as culturas. S. Huntington em sua discutida obra Choque de civivlizações denuncia o  Ocidente como um dos mais virulentos fundamentalistas e nas guerras exteriores com claros sinais de fascismo. Imagina que sua cultura é a melhor do mundo, possui a melhor religião, a única verdadeira, a melhor forma de governo, a democracia, a melhor tecno-ciência que mudou a face do planeta e que lhe conferiu a capacidade de destuir todos os seres humanos e parte da biosfera com suas armas letais. Quando o fujão ex-presidente Donald Trump afirma “America first” está entendendo “só a América” e o resto do mundo que se lasque.

Conhecemos o fundamentalismo islâmico e outros, também de grupos da Igreja Católica atual que ainda creem ser ela a única e exclusiva Igreja de Cristo, fora da qual não há salvação. Tal visão errônea medieval e superada oficialmente pelo Concílio Vaticano II (1962-1965) publicada de forma oficial pelo então Card. Joseph Ratzinger, depois Papa Bento XVI, num documento oficial do ano 2000 “Dominus Jesus”, humilhou todas as igrejas e abriu espaço para a satanização e até a perseguição de outras denominações cristas e não cristas. Graças a Deus temos o Papa Francisco, cheio de razoabilidade e de bom senso, que invalidou tais distorções e favoreceu o mútuo reconhecimento das igrejas, todas unidas, no serviço à humanidade e na salvaguarda do planeta seriamente ameaçado.

Todo aquele que pretende ser portador exclusivo da verdade está condenado a ser fundamentalista, com mentalidade fascistoide e fechar-se sobre si mesmo, sem diálogo com os outros.

Aqui vale recordar as palavras do grande poeta espanhol António Machado, vítima da ditadura de Francisco Franco na Espanha:”Não a tua verdade. Mas a verdade.Vem comigo buscá-la. A tua guarde-a para ti mesmo”. Se juntos a procurarmos, ela  será então mais plena.

O fascismo nasceu e nasce dentro de um determinado contexto de anomia, de desordem social ede crise generalizada bem como estamos vivendo no Brasil e em outras partes do mundo, particularmente no Norte da África e no Oriente Médio. Desaparecem as certezas e as ordens estabelecidas se debilitam. A sociedade e os cidadãos têm dificuldade em viver em tal situação.

Cientistas sociais e historiadores como Eric Vögelin (Order and History, 1956; L. Götz, Entstehung der Ordnung 1954; Peter Berger, Rumor de Anjos: a sociedade moderna e redescoberta do sobrenatural,1973), mostraram que os seres humanos possuem um tendência natural para a ordem. Lá onde se assentam, criam logo uma ordem e o seu habitat. Quando esta desaparece, usa-se comumente a violência para impor certa ordem. O Leviatã de Thomas Hobbes de 1651 (ed. Vozes 2020) elaborou o arcabouço teórico desta urgência de ordem. Todos os impérios, desde aquele dos romanos até o russo e o atual norte-americano, mesmo sob Joe Biden, não ocultam sua excepcionalidade e se acercam ao Estado descrito por Hobbes, sempre alegando razões de segurança.

O nicho do fascismo encontra seu nascedouro nesta desordem. Assim o final da Primeira Guerra Mundial gerou um caos social, especialmente na Alemanha e na Itália. A saída foi a instauração de um sistema autoritário, de dominação que capturou a representação política, mediante um único partido de massa, hierarquicamente organizado, enquadrando todas as instâncias, a política, a econômica e a cultural numa única direção. Isso só foi possível mediante um chefe (Füher na Alemanha e o Ducce, na Itália) que organizaram um Estado corporativista autoritário e de terror.

Como legitimação simbólica cultuavam-se os mitos nacionais, os heróis do passado e as antigas tradições, geralmente num quadro de grandes liturgias políticas com a inculcação da ideia de uma regeneração nacional. Esta visão foi tão tentadora que chegou a iludir, por um curto tempo, o maior filósofo do século XX que foi Martin Heidegger e por isso feito reitor da Universidade de Friburgo i. B. Especialmente na Alemanha os seguidores  de Hitler se investiram da convicção de que a raça alemã branca é “superior”às demais com o direito de submeter e até de eliminar as inferiores. Nos USA o supremacismo da raça branca encontra nessa visão seu embasamento prático. No Brasil a estratégia continua sendo perversa: destruir todo um passado seja na cultura, nas leis sociais e ambientais, seja nos costumes e implantar um regime com nítidos indicadores  pre-iluministas, inspirados pelo lado escuro do mundo medieval encobrindo o lado luminoso das grandes catedrais, das geniais sumas teológicas de seus sábios e místicos.

A palavra fascismo  foi usada pela primeira vez por Benito Mussolini em 1915 ao criar o grupo “Fasci d’Azione Revolucionaria”. Fascismo se deriva do feixe (fasci) de varas, fortemente amarradas, com um machado preso ao lado. Uma vara pode ser quebrada, um feixe, é quase impossível de fazê-lo. Em 1922/23 fundou o Partido Nacional Fascista que perdurou até sua derrocada em 1945. Na Alemanha  se estabeleceu a partir de 1933 com Adolf Hitler que ao ser feito chanceler criou o Nacional-socialismo, o partido nazista que impôs ao país dura disciplina, vigilância e pavor.

O fascismo se apresentou como anticomunista, anticapitalista, como uma corporação que vai além das classes e cria uma totalidade social cerrada. A vigilância, a violência direta, o terror  e o extermínio dos opositores são características do fascismo histórico de Mussolini e de Hitler  e entre nós de Pinochet no Chile, de Videla na Argentina e do governo de Figueiredo e de Médici no Brasil.

O fascismo nunca desapareceu totalmente, pois sempre há grupos que, movidos por um arquétipo fundamental desintegrado da totalidade,  buscam a ordem de qualquer forma. É o proto fascismo atual. Hoje no Brasil há uma figura mais hilária que ideológica que propõe o fascismo em nome do qual justifica a violência, a defesa da tortura e de torturadores, da homofobia e outras distorções sociais. Sempre em nome de uma ordem a ser forjada contra a pretensa  desordem vigente, usando de violência simbólica e real.

O fascismo sempre foi criminal. Criou a Shoah (eliminação de milhões de judeus). Usou a violência como forma de se relacionar com a sociedade, por isso nunca pode nem poderá se consolidar por longo tempo. É a perversão maior da sociabilidade que pertence à essência do ser  humano. No Brasil ganhou uma forma assassina e trágica: um governo que se opõe à vacina contra o Covid-19, estimula as conglomerações e ridiculariza o uso da máscara e, o que é pior, vê hilariamente mais de 218 mil vitimados pela pandemia, sem qualquer sentido de empatia pelos familiares e próximos, com quase dez milhões de afetados, como expressão criminosa de desprezo pela vida de seus compatriotas. Não só nada ou pouco faz, como impede e cria entraves para quem faz. Dada a omissão senão da cumplicidade das autoridades competentes que deveriam agir em termos de salvação nacional e não agem, nos levam a pensar na verdade deixada por  Martin Heidegger em sua última entrevista sobre os riscos letais de nosso tipo de civilização:”Só um Deus nos poderá salvar” (nur noch ein Gott kann uns retten). Mas temos confiança de que o Brasil é maior e melhor do que seu atual algoz e  por isso, vamos ainda viver, sobreviver e irradiar um futuro bom para nós e para a inteira humanidade. Cremos e esperamos.

Leonardo Boff teólogo, filósofo e escritor e publicou: Fundamentalismo e terrorismo:desafios para o século XXI,  Vozes 2009; Brasil: concluir a refundação ou  prolongar a dependência, Vozes 2018 e Covid-19: a Mãe Terra contra-ataca a humanidade, Vozes 2020/2021.