Para los que quieren irse de Brasil

Es espantoso leer en los periódicos y en los mensajes de las redes sociales e incluso en youtubes la cantidad de personas, generalmente de las clases altas o los llamados “famosos”, a los que les cuesta digerir la victoria electoral de la reelecta Dilma Rousseff del PT. Exteriorizan odio y rabia, usando palabras sacadas de la escatología (no de la teológica que trata de los fines últimos del ser humano y del universo) y de la baja pornografía para insultar al pueblo brasilero, especialmente a los nordestinos.

Estas personas no viven en Brasil, sino por lo general en Leblon y en Ipanema o en los Jardines de la ciudad de São Paulo, donde se albergan en su mayoría la gente de las clases opulentas (aquellas cinco mil familias que, según M. Porchmann, detentan el 43% del PIB nacional). Muchas de ellas no se sienten pueblo brasilero. Hasta se avergüenzan de él. Pero están aquí porque en este país es más fácil enriquecerse, si bien el disfrute lo hacen en Miami, Nueva York, París o Londres, pues muchos de ellos tienen casas o apartamentos allí.

Algunos más exasperados, aunque con escasísima audiencia, sugieren incluso separar Brasil en dos: el sudeste rico por un lado y el resto (para ellos, el resto mismo) por el otro, especialmente el Nordeste.

Se añade a esto el Parlamento brasilero, la mayoría electa con mucho dinero, que mal representa al pueblo. Finge que escuchó el clamor de las calles en junio de 2013 pidiendo reformas, especialmente en la política, en el sistema educativo y de salud, una mejor movilidad urbana y no en último lugar la seguridad y la transparencia en la cosa pública. Pero ya se olvidó de todo. Rechazó el proyecto del gobierno que, al calor de la reelección, buscaba ordenar y dar más espacio a la participación de los movimientos sociales en la conducción de la política nacional, respetadas las instituciones consagradas por la Constitución.

Tal hecho nos remite a lo que Darcy Ribeiro dice en su espléndido libro, que debería ser leído en todas las escuelas, El pueblo brasilero: formación y sentido de Brasil (1995). En él dice el gran antropólogo, indigenista, político y educador: «Lo malo de Brasil, y efectivo factor de atraso, es el modo de ordenación de la sociedad, estructurada contra los intereses de la población, desangrada desde siempre para servir a designios ajenos y opuestos a los suyos… Lo que hubo y hay es una minoría dominante, tremendamente eficaz en la formulación y el mantenimiento de su propio proyecto de prosperidad, siempre pronta a aplastar cualquier amenaza de reforma del orden social vigente» (p.446).

Esta afirmación nos permite entender por qué la presidenta Dilma quiere una reforma política que no venga de arriba, del Congreso, porque este siempre se opondrá a aquello que pueda contradecir sus indecentes privilegios. Debe partir de abajo, oyendo las reclamaciones del pueblo brasilero. Quien aprendió durante 500 años a sobrevivir en la pobreza, si no en la miseria, obtuvo mucha experiencia y sabiduría que debe ser testimoniada y reflejada en la nueva ordenación político-social de Brasil. Oí de un sacerdote que vivió siempre en la favela: «hay un evangelio escondido en el corazón del pueblo humilde y es importante que lo leamos y lo escuchemos». Lo mismo vale para las distintas reformas deseadas por la mayoría de la población: auscultar lo que anida en el corazón del pueblo y de los invisibles.

Podemos tolerar la arrogancia y la resistencia de los poderosos y de los parlamentarios, lo que no podemos es defraudar la esperanza de todo un pueblo. No merece eso después de tanto sudor, sacrificios y lágrimas. Tiene que volver a las calles y renovar con más contundencia y ordenadamente lo que irrumpió en junio del año pasado. El fríjol solo se cocina bien en la olla a presión. De la misma forma, el parlamento abandona su inercia cuando se le pone bajo presión, como se constató el año pasado.

Volvamos a Darcy Ribeiro, uno de los que mejor estudiaron y comprendieron lo singular del pueblo brasilero. Una cosa son los pueblos trasplantados como en Estados Unidos, Canadá y Australia, que reprodujeron los moldes de los países europeos de donde venían. En Brasil fue diferente. Ocurrió una de las mayores miscigenaciones de la historia conocida de la humanidad. Vinieron gentes de 60 países diferentes. Se mezclaron entre sí indios, europeos, árabes y orientales. Crearon un nuevo tipo de gente. Dice Darcy: «nuestro desafío es el de reinventar lo humano, creando un nuevo género de gentes, diferentes de cuantas haya» (p.447). Dice más: «mirando a todas estas gentes y oyéndolas es fácil percibir que son, de hecho, una nueva romanidad, una romanidad tardía pero mejor, porque está lavada en sangre india y sangre negra» (p.447).

No quiero dejar de citar estas palabras proféticas con las cuales termina su libro El pueblo brasilero: «Brasil es ya la mayor de las naciones neolatinas… Estamos construyéndonos en la lucha para florecer mañana como una nueva civilización, mestiza, tropical, orgullosa de sí misma. Más alegre, porque es más sufrida. Mejor, porque incorpora en sí misma más humanidades. Más generosa, porque está abierta a la convivencia con todas las razas y todas las culturas y porque está asentada en la más bella y luminosa provincia de la Tierra» (p.449).

A los que quieren marcharse de Brasil: quédense en esta espléndida Tierra y ayúdennos a construir ese sueño bueno.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Política e Diálogo no contexto da reeleição de Dilma Rousseff

A reeleição de Dilma Rousseff propicia reflexões sobre as várias formas de se fazer política partidiária. Fazer política é buscar ou exercer concretamente o poder. Que fique claro o que Max Weber escreveu em seu famoso texto A Política como Vocação: “Quem faz política busca o poder. Poder, ou como meio a serviço de outros fins ou poder por causa dele mesmo, para desfrutar do prestígio que ele confere”.

Esse último modo de poder político foi exercido, por quase todo o tempo de nossa história, pelas classes dominantes a fim de se beneficiarem dele, esquecendo que o sujeito de todo o poder é o povo. Trata-se do famoso patrimonialismo tão bem denunciado por Raimundo Faoro em seu clássico Os donos do poder.

Vejo cinco formas de exercício de poder.

Primeiro, a política do punho fechado.Trata-se do poder exercido de cima para baixo e de forma autoritária. Há um só projeto político, aquele do detentor do poder que pode ser um ditador ou uma classe dominante. Eles simplesmente impõem o projeto e esmagam os alternativos. Foi o que mais vigorou na história brasileira, especialmente sob a ditadura militar.

Segundo, a política do tapinha nas costas. É uma forma disfarçada de poder autoritário. Mas diferencia-se do anterior porque este se abre aos que estão fora do poder mas para atrelá-los ao projeto dominante. Recebem algumas vantagens, desde que não constituam outro projeto alternativo. É a conhecida política paternalista e assistencialista que desfibrou a resistência da classe operária e corrompeu tantos artistas e intelectuais. Funcionou entre nós especialmente a partir de Vargas em diante.

Terceiro, a política das mãos estendidas. O poder é distribuido entre vários portadores que fazem alianças entre si sob a hegemonia do mais forte. Há alianças entre o partido vencedor com os demais partidos aliados para garantir a governabilidade. É o presidencialismo de coalizão parlamentar. Esse tipo pode criar favorecimentos, disputas de postos importantes no Estado e mesmo a corrupção. Foi o que ocorreu nos últimos anos.

Quarto, a política das mãos entrelaçadas. Parte-se do fato básico de que o poder está difuso nos movimentos e instituições da sociedade civil e não apenas na sociedade política, nos partidos e no Estado. Esse poder social e político pode convergir para algo benéfico para todos.   Trata-se da grande discussão atual que prevê a participação dos movimentos sociais e dos conselhos para junto com o Parlamento e o Executivo definirem políticas públicas. Busca-se uma democracia participativa que enriquece a representativa. Negar esta forma é não querer democratizar a democracia e permanecer na atual que é de baixa intensidade.

Especificando: a política das mãos entrelaçadas acontece quando o chefe de Estado se propõe a uma ampla dialogação com todos os segmentos afim de repactuar os atores sociais ao redor de um projeto comum mínimo. O pressuposto é: aquém e além das diferenciações e dos interesses conflitantes, existe na sociedade, a idéia de que país queremos, a solidariedade mínima, a busca do bem comum, a observância de regras consentidas e o respeito a valores de sociabilidade sem os quais viraríamos uma matilha de lobos. As mãos estendidas podem se entrelaçar coletivamente. Mas para isso, precisa-se do exercício do diálogo que implica ouvir a todos e buscar convergências na linha do ganha-ganha e não do ganha-perde. É a ética na política e da boa política verdadeiramente democrática.

Por fim temos a ver com política enquanto sedução no melhor sentido da palavra, subjacente à proposta da Presidenta Dima. Ela propõe um diálogo aberto com todos os atores políticos, também da área popular. Urge seduzir aqueles 48% que voltaram no candidato da oposição em vista de um projeto de Brasil que beneficie a todos a partir da inclusão dos mais penalizados, da criação de desenvolvimento ecologica e socialmente sustentado que gere empregos, melhores salários, redistribuição de renda, crie um transporte decente e mais segurança para os cidadãos, além do cuidado para com a natureza e a potenciação de um horizonte de esperança para o povo poder se reencantar com a política.

Alguém precisa ser inimigo de si mesmo para estar contra tais propósitos. A arte dessa dialogação é reencantar a política das coisas e seduzir as pessoas para esse sonho de grandeza ética.

Para isso é obrigatório olhar para frente. Quem ganhou a eleição deve mostrar magnimidade e quem a perdeu, humildade e disposição de colaborar visando ao bem comum.

É idealismo? Sim, mas no seu sentido profundo. Uma sociedade não pode viver só de estruturas, burocracia e disputas ideológicas em torno do poder. Tem que alimentar sonhos de melhoria permanente que inclua e beneficie, o mais poossível, a todos para superar a nossa espantosa desigualdade social.

Razão têm as comunidades eclesiais de base quando cantam: “Sonho que se sonha só, é pura ilusão. Sonha que se sonha juntos é sinal de solução. Então, vamos sonhar juntos, sonhar em mutirão”.

Esta é a convocação supra-partidária que a Presidenta Dilma está fazendo ao Parlamento, aos movimentos populares e a toda a nação. Só assim se esvazia o discurso das divisões, dos preconceitos contra certas regiões e se sanam as chagas produzidas no ardor da campanha eleitoral com todos os seus excessos de parte a parte.

Leonardo Boff é autor de Que Brasil queremos, Vozes, Petrópolis 2000.

Para os que querem deixar o Brasil

         É espantoso ler nos jornais e mensagens nas redes sociais e mesmo em inteiros youtubes a quantidade de pessoas, geralmente das classes altas ou os ditos “famosos” que lhes custa digerir a vitória eleitoral da reeleita Dilma Rousseff do PT. Externam ódio e raiva, usando palavras tiradas da escatologia (não da teológica que trata dos fins últimos do ser humano e do universo) e da baixa pornografia para insultar o povo brasileiro, especialmente, os nordestinos.

Estas pessoas não vivem no Brasil, mas, em geral, no Leblon e em Ipanema ou nos Jardins da cidade de São Paulo onde se albergam: em sua maioria, os pertencentes às classes opulentas (aquelas 5 mil famílias que, segundo M.Porchmann, detém 43% do PIB nacional). Muitas delas não se sentem povo brasileiro. Externam até vergonha. Mas estão aqui porque neste país é mais fácil enricar, embora o desfrute mesmo é em feito em Miami, Nova York, Paris ou Londres, pois muitos deles têm lá casas ou apartamentos.

Alguns mais exacerbados, mas com parquíssima audiência, sugerem até separar o Brasil em dois: o sudeste rico de um lado e o resto (para eles, o resto mesmo) do outro, especialmente o Nordeste.

Acresce a isso o Parlamento brasileiro, a maioria eleita com muito dinheiro, que mal representa o povo. Finge que escutou o clamor dos ruas em junho de 2013 demandando reformas, especialmente, na política, no sistema de educação e de saúde e uma melhor mobilidade urbana e não em últmo lugar a segurança e a transparência na coisa pública. Mas já esqueceu tudo. Rejeitou o projeto do governo, no rescaldo da reeleição, que visava ordenar e dar mais espaço à participação dos movimentos sociais na condução da política nacional, respeitadas as instituições consagradas pela Constituição.

Tal fato nos remete ao que Darcy Ribeiro diz em seu esplêndido livro que deveria ser lido em todas as escolas, “O povo brasileiro: a formação e o sentido do Brasil”(1995). Aí diz o grande antropólogo, indigenista, político e educador:”O ruim no Brasil e efetivo fator do atraso, é o modo de ordenação da sociedade, estruturada contra os interesses da população, desde sempre sangrada para servir a desígnios alheios e opostos aos seus…O que houve e há é uma minoria dominante, espantosamente eficaz na formulação e manutenção de seu próprio projeto de prosperidade, sempre pronta a esmagar qualquer ameaça de reforma da ordem social vigente”(p.446).

Esta afirmação nos concede entender porque a presidenta Dilma quer uma reforma política que não venha de cima, do Congresso, porque este sempre se oporá ao que possa contradizer os seus indecentes privilégios. Deve partir de baixo, ouvindo os reclamos do povo brasileiro. Quem aprendeu em 500 anos a sobreviver na pobreza senão na miséria, colheu muita experiência e sabedoria a ser testemunhada e repercutida na nova ordenação político-social do Brasil. Ouvi de um sacerdote que viveu sempre na favela:”há um evangelho escondido no coração do povo humilde e importa que o leiamos e escutemos”. Vale a mesma coisa para as várias reformas desejadas pela maioria da população: auscultar o que se aninha no coração do povo e dos invisíveis.

Podemos tolerar a arrogância e a resistência dos poderosos e dos parlamentares, o que não podemos é defraudar a esperança de todo um povo. Ele não merece isso depois de tanto suor, sacrifícios e lágrimas. Ele precisa voltar às ruas e renovar com mais contundência e ordenadamente o que irrompeu em junho do ano passado. O feijão só cozinha bem em panela de pressão. Da mesma forma, o parlamento abandona sua inércia quando é posto sob pressão, como se constatou no ano passado.

Voltemos a Darcy Ribeiro, um dos que melhor estudou e comprendeu a singularidade do povo brasileiro. Uma coisa são os povos transplantados como nos USA, no Canadá e na Austrália. Eles reproduziram os moldes dos países europeus de onde vieram. No Brasil foi diferente. Ocorreu uma das maiores miscegenizações da história conhecida da humanidade. Vieram de 60 países diferntes. Misturaram-se entre si índios, afro-descentes, europeus, árabes e orientais. Criaram um novo tipo de gente. Diz Darcy:”o nosso desafio é de reinventar o humano, criando um novo gênero de gentes, diferentes de quantas haja”(p.447). Diz mais:”olhando todas estas gentes e ouvindo-as é fácil perceber que são, de fato, uma nova romanidade, uma romanidade tardia mas melhor, porque lavada em sangue índio e sangue negro”(p.447).

Não me furto em citar estas palavras proféticas com as quais fecha seu livro “O povo brasileiro”: “O Brasil é já a maior das nações neolatinas…Estamos nos construindo na luta para florescer amanhã como uma nova civilização, mestiça, tropical, orgulhosa de si mesma. Mais alegre, porque mais sofrida. Melhor porque incorpora em si mesma mais humanidades. Mais generosa, porque aberta à convivênca com todas as raças e todas as culturas e porque assentada na mais bela e luminosa província da Terra”(p.449).

Para os que querem sair do Brasil: fiquem nessa esplêndida Terra e ajudem-nos a contuir esse sonho bom.

Durch die Wahl von Dilma hat sich die demokratische Revolution konsolidiert

Etwas Grundlegendes in der brasilianischen Geschichte standin der zweiten Runde der aktuellen Präsidentschaftswahl auf dem Spiel: unsere erste demokratische und friedliche Revolution des Volkes, die mit der Präsidentschaftsübernahme von Luiz Inacio Lula da Silva (Lula) durch Wahlen umgesetzt wurde. Dies war nicht nur ein Machtwechsel, sondern ein Wechsel der Gesellschaftsklasse. Ein Repräsentant der Verarmten und der beständig an den Rand Gedrängten schaffte es ins höchste Amt der Nation. Das war die Frucht der Arbeiterpartei PT (nach ihrem portugiesischen Namen), ihrer Verbündeten und der ausgezeichneten Kombination von sozialen Bewegungen und Gewerkschaften, und dies wurde von Dilma Rousseff fortgeführt.

Wie der berühmte Historiker José Honorio Rodrigues in seinem „Versöhnung und Reform in Brasilien“ (Conciliación y Reforma en Brasil, 1965) zum Ausdruck bringt: „Die Interessen des Volks waren von der Staatsgewalt vernachlässigt worden. Daher kam es zu Kämpfen, Rebellionen, der blutigen Geschichte,  Kompromiss und Versöhnung. Wir hatten niemals eine Revolution im Sinne von Veränderung der Wirtschaftsstruktur, des Landbesitzes und der sozialen Beziehungen. Der große Erfolg Brasiliens ist sein Volk, und die große Enttäuschung sind seine Verantwortlichen in Politik und Wirtschaft.“

José Honorio fährt fort: „Die Siege des Volkes sind objektiv und unbestreitbar; … Brasilien schuldet dem Volk politische Einheit, territoriale Integration, Vermischung zwischen und Toleranz gegenüber den unterschiedlichen Volksgruppen, religiöse Homogenität, psychosoziale Integration, eine lebendige nationale Sensibilität, die von allen ausländischen Beiträgen „abrasileramiento“ verlangt“ (S. 121-122).

Diese Revolution wurde durch Lula und Dilma eingeleitet und ist noch nicht beendet, doch sie muss konsolidiert und vertieft werden. Wir wollen hoffen, dass diese Wahlen nicht vergeudet werden durch einen etwaigen Sieg eines Repräsentanten der alten Oligarchie, die sich mehr für Wirtschaftswachstum, den Markt und die Ausrichtung auf die globalisierte Makro-Ökonomie interessiert als für das Geschick der Millionen Menschen, die durch die republikanische Politik aus der Armut gehoben und zu sozialen Subjekten transformiert wurden, welche an der Gesellschaft teilhaben.

Deshalb ist es wichtig, dass Dilma gewonnen hat, um diese begonnene Revolution mit einem neuen Zyklus von Veränderungen zu erhalten, zu konsolidieren und zu bereichern.

Zu Beginn der Kolonialisierung schrieb der offizielle Chronist Pero Vaz de Caminha, dass hier „alles, was gepflanzt wird, Frucht bringt“. Die fünf Jahrhunderte der Geschichte, immer noch im Lichte des europäischen Paradigmas, bezeugen die Richtigkeit dieser Behauptung. Hier kann alles Frucht bringen und hergestellt werden, um die Teller zu füllen und den Hunger der ganzen Welt zu stillen. Was würde von einem demokratischen, sozialen, populären, ökologischen, ökumenischen und spirituellen Neues-Brasilien-Projekt ausgeschlossen werden?

Das brasilianische Volk hat sich daran gewöhnt, dem Leben die Stirn zu bieten und alles nur durch Kampf zu erreichen, d. h. mit Schwierigkeiten und durch große Anstrengung. Warum also sollte das brasilianische Volk nicht diese große und endgültige Herausforderung, die auf seinem Weg liegt, annehmen? Wie könnte es nicht mit Mut und Stärke voranschreiten, mit einem solidarischen Bewusstsein und Organisation, um die bereits seit 12 Jahren im Amt befindliche Staatsmacht zu erhalten, sie mit dem wahren Sinn zu inspirieren, wie die notwendigen Veränderungen durchgeführt werden könnten, vor allem für diejenigen, die allzu leicht vergessen werden, und auch für alle anderen, indem man ihnen Nachhaltigkeit verleiht und ihnen eine gute Zukunft für ihr Land garantiert?

Dieser Weg wurde bereits beschritten, wenn auch vieles noch zu Ende geführt werden muss. Zweimal gelang es Neuankömmlingen, die Macht zu erhalten. Die dominierenden Eliten verfügen über immer weniger Mittel, um die Macht zurückzugewinnen mit ihrem neoliberalen Projekt, das die führenden Staaten ruiniert und Hundert Millionen Menschen in Europa und in den USA Arbeitslosigkeit beschert hat.

Wir finden uns wieder in den Worten des Liedes „Die Saga des Amazonas“ des Sängers Vital Faira: „Nur der ist ein Sänger, der in sich den Geruch und die Farbe seines Landes trägt / die Blutflecken seiner Toten / und die Gewissheit des Kampfes der Lebenden“. Dieser Kampf, so hoffen wir, wird siegreich sein. Das Land wird im Glanz seines bunten Volkes erblühen wie unsere Landschaften, an denen sich unsere Augen erfreuen. Die Worte eines Gewerkschaftsführers aus den düsteren Tagen der Unterwerfung sind aktuell: „Sie können eine, zwei oder alle Blumen schneiden, doch sie können nicht die Ankunft des Frühlings verhindern“.

Der Frühling ist bereits weit vorangeschritten. Und mit der Frühlingssonne wollen wir den Sieg der Mehrheit des brasilianischen Volkes feiern (mit 54% der Stimmen), indem wir Dilma Rousseff wiedergewählt haben.

Übersetzt von Bettina Gold-Hartnack