¿Cuán “cordial” es el pueblo brasilero?

Decir que el brasilero es un «hombre cordial» viene del escritor Ribeiro Couto, expresión generalizada por Sérgio Buarque de Holanda en su conocido libro Raíces de Brasil, de 1936, que le dedica todo el capítulo V. Pero aclara, contrariando a Cassiano Ricardo que entendía la «cordialidad» como bondad y delicadeza, dice que «nuestra forma ordinaria de convivencia social es en el fondo justamente lo contrario de la delicadeza» (de la 21ª edición de 1989 p. 107). Sérgio Buarque asume la cordialidad en sentido estrictamente etimológico: viene de corazón. El brasilero se orienta mucho más por el corazón que por la razón. Del corazón pueden provenir el amor y el odio. Bien dice el autor: «la enemistad bien puede ser tan cordial como la amistad, visto que una y otra nacen del corazón» (p.107).

Escribo todo esto para entender los sentimientos «cordiales» que irrumpieron en la campaña presidencial de 2014. Hubo por una parte declaraciones de entusiasmo y de amor, hasta el fanatismo, para los dos candidatos y por otra, odios profundos, expresiones altaneras por parte de ambas partes del electorado. Se verificó lo que Buarque de Holanda escribió: la falta de delicadeza en nuestra convivencia social.

Tal vez en ninguna campaña anterior se expresaron los gestos «cordiales» de los brasileros en el sentido de amor y odio contenidos en esta palabra. Quien siguió las redes sociales, se dio cuenta de los niveles bajísimos de buena educación, falta de respeto mutuo y hasta de falta de sentido democrático como convivencia con las diferencias. Esa falta de respeto repercutió también en los debates entre los candidatos, transmitidos por la TV. Por ejemplo, que uno de los candidatos llame a la Presidenta del país «liviana y mentirosa» se inscribe dentro de esta lógica «cordial», aunque revele gran falta de respeto hacia la dignidad del más alto cargo de la nación.

Para entender mejor esta «cordialidad» nuestra cabe mencionar dos herencias que pesan en nuestra ciudadanía: la colonización y la esclavitud. La colonización produjo en nosotros el sentimiento de sumisión, teniendo que asumir las formas políticas, la lengua, la religión y los hábitos del colonizador portugués. En consecuencia se creó la Casa Grande y la Senzala. Como bien mostró Gilberto Freyre no se trata de instituciones sociales externas. Ellas fueron internalizadas en forma de un dualismo perverso: de un lado el señor que posee y manda todo, y del otro el siervo, que tiene poco y obedece, o también la jerarquización social que se revela por la división entre ricos y pobres. Esa estructura subsiste en la cabeza de las personas y se ha vuelto un código de interpretación de la realidad.

Otra tradición muy perversa fue la esclavitud. Cabe recordar que hubo una época, entre 1817-1818, en que más de la mitad de Brasil estaba compuesta por esclavos (50,6%). Hoy cerca del 60% tiene en su sangre algo de los esclavos afrodescendientes. El catecismo que los curas enseñaban a los esclavos era «paciencia, resignación y obediencia»; a los esclavócratas se les enseñaba «moderación y benevolencia» cosa que, a decir verdad, se practicaba poco. La esclavitud fue internalizada en forma de discriminación y de prejuicio en contra del negro que debía servir siempre. Pagar el salario todavía es entendido por muchos como una caridad y no como un deber, porque los esclavos antes hacían todo gratis, e imaginan que deben seguir así. De esta forma se trata, en muchos casos, a los empleados y empleadas domésticas o a los peones de las haciendas. Decía una señora de la alta clase en Salvador Bahia: “los pobre ya ganan la “bolsa familia”y piensan aún que tienen derechos”. Aqui se ve la mentalidad de la “Casa Grande” internalizada hasta el presente.

Las consecuencias de estas dos tradiciones están en el inconsciente colectivo brasileiro en términos no tanto de conflicto de clase (que también existe) sino de conflictos de status social. Se dice que el negro es perezoso cuando sabemos que fue él quien construyó casi todo lo que tenemos en nuestras ciudades. El nordestino es ignorante, porque vive en el semiárido bajo duras limitaciones ambientales, cuando es un pueblo altamente creativo, despierto y trabajador. Del nordeste nos vienen los mayores escritores, poetas, actores y actrices. En el Brasil de hoy es la región que más crece económicamente, del orden del 2-3%, por tanto por encima de la media nacional. Pero el prejuicio los castiga a la inferioridad.

Todas estas contradicciones de nuestra «cordialidad» aparecieron en los twitters, facebooks y otras redes sociales. Somos seres contradictorios.

Añado también un argumento de orden antropológico para comprender la irrupción de los amores y odios en esta campaña electoral. Se trata de la ambigüedad esencial de la condición humana. Cada uno posee su dimensión de luz y de sombra, sim-bólica (que une) y dia-bólica (que divide). Los modernos dicen que somos simultáneamente dementes y sapientes (Morin), es decir, personas de racionalidad y bondad y al mismo tiempo de irracionalidad y maldad. La tradición cristiana dice que somos simultáneamente santos y pecadores. En la feliz expresión de san de Agustín: cada uno es Adán, cada uno es Cristo, es decir, cada persona está llena de limitaciones y vicios y al mismo tiempo es portadora de virtudes y de una dimensión divina. Esta situación no es un defecto sino una característica de la condition humaine. Cada uno debe saber equilibrar estas dos fuerzas y en la mejor de las hipótesis, dar primacía a las dimensiones de luz sobre las de sombra, a las de Cristo sobre las del viejo Adán.

En estos meses de campaña electoral se mostró quienes somos por dentro: «cordiales» en el doble sentido de la palabra: llenos de rabia y de indignación y al mismo tiempo de exaltación positiva y de militancia seria y autocontrolada.

No debemos ni reír ni llorar, sino tratar de entender. Pero no basta entender; urge buscar formas civilizadas de «cordialidad» en las que predomine la voluntad de cooperación en aras del bien común , se respete el espacio legítimo de una oposición inteligente y se acojan las diferentes opciones políticas. Brasil necesita unirse para que todos juntos nos enfrentemos a los graves problemas internos y externos (guerras de grande devastación y la grave crisis en el sistema-Tierra y en el sistema-vida), en un proyecto asumido por todos para que se haga realidad lo que se dijo de Brasil como la «Tierra de la buena Esperanza»(Ignacy Sachs).

Leonardo Boff escribió El despertar del águila: lo dia-bólico y lo sim-bólico en la construcción de la realidad, Vozes, 1998.

Traducción de María Gavito Milano

Die Bedeutung von Bio-Ökonomie oder Öko-Entwicklung

Die vergangenen Präsidentschaftswahlen haben die Frage nach der Entwicklung, einem klassischen Thema der globalisierten Makro-Ökonomie, in den Vordergrund gestellt. Entweder aus Unwissenheit oder weil die Kandidaten sich dessen bewusst waren, dass sie dann alles ändern müssten, war keine Rede von so wichtigen Themen wie die Bedrohungen des Lebens und unserer Zivilisation, die durch nukleare, chemische und biologische Prozesse zerstört werden könnten, oder durch die ständig wachsende, irgendwann abrupt ansteigende Erderwärmung, die, wie viele Wissenschaftler annehmen, einen großen Teil des Lebens, wie wir es kennen, zerstören und die Menschheit selbst gefährden würde. Wie es in der Erd-Charta heißt: „Unser gemeinsames Geschick ruft uns zu einem Neubeginn auf“. Niemand wagte dies zu thematisieren, nicht einmal Marina Silva, die – was ihr großes Verdienst ist – das Paradigma der Nachhaltigkeit zur Sprache brachte.

 Was wir mit Gewissheit behaupten können, ist, dass wir nicht so weitermachen können wie bisher. Der Preis des Überlebens wird ein radikaler Wechsel unserer Lebensweise auf der Erde sein. Der Entwurf der Öko-Entwicklung oder einer Bio-Ökonomie, wie Ladislau Dowbor und Ignacy Sachs u. a. Vorschlagen, ermutigt uns, diese Richtung einzuschlagen.

 Einer der ersten, die diese intrinsische Beziehung zwischen Ökonomie und Biologie erkannten, war der rumänische Ökonom und Mathematiker Nicholas Georgescu Roegen (1906-1994). Im Gegensatz zur vorherrschenden Denkweise machte dieser Autor bereits in den 1960er Jahren auf die Nichtnachhaltigkeit von Wachstum aufmerksam, da die Güter der Erde nicht unbegrenzt zur Verfügung stehen. Er begann, von „wirtschaftlicher Reduktion, für Umweltverträglichkeit und soziale Gerechtigkeit“ zu sprechen. (www.degrowth.net). Diese Reduktion, besser als „Wachstum“ bezeichnet, bedeutet quantitatives Wachstum zugunsten von qualitativem Wachstum zu reduzieren, sodass die Güter, welcher die künftigen Generationen bedürfen, bewahrt bleiben. Tatsächlich ist die Bio-Ökonomie ein Teilsystem des Systems der Natur, das stets begrenzt ist und daher der konstanten Sorge durch den Menschen bedarf. Ökonomen müssen den Leveln von Bewahrung und Regeneration der Natur gehorchen und Folge leisten (siehe Roegens Thesen im IHU Interview von Andrei Cechin vom 28.10.2011).

 Ein ähnliches Modell namens Öko-Entwicklung und Bio-Ökonomie wird u. a. vom zuvor erwähnten Professor für Ökonomie an der Päpstlich Katholischen Universität von São Paulo, Ladislau Dowbor, vorgeschlagen, dessen Denkweise auf einer Linie liegt mit der des anderen Ökonomen, Ignacy Sachs, einem Polen, der aus Liebe die französische und brasilianische Nationalität annahm. Sachs kam 1941 nach Brasilien, arbeitete hier für einige Jahre und unterhält nun ein Zentrum für brasilianische Studien an der Universität von Paris. Er ist ein Ökonom, der 1980 die ökologische Frage aufwarf, und möglicherweise ist er der erste, der seine Überlegungen in den Kontext der Epoche des Anthropozän stellte, d. h. in den Kontext des starken Drucks, den die Aktivitäten der Menschen auf die Ökosysteme und auf den Planeten Erde als Ganzem so stark ausüben, dass die Erde aus ihrem systemischen Gleichgewicht kommt, was sich in extremen Naturereignissen manifestiert. Mit dem Anthropozän würde also eine neue geologische Ära beginnen, mit dem Menschen als globalem Risikofaktor, wie ein gefährlich niedriger und zerstörerischer Meteorit. Sachs berücksichtigt dieses neue Datenmaterial im ökologisch-sozialen Diskurs.

 Die Analyse von Dowbor und Sachs verbindet Ökonomie, Ökologie, Gerechtigkeit und soziale Inklusion. Somit entsteht ein Konzept für mögliche Nachhaltigkeit, allerdings innerhalb der Grenzen, die uns die vorherrschende industrielle, konsumgeprägte, individualistische, räuberische und die Umwelt verschmutzende Produktionsweise aufzwingt.

 Beide sind überzeugt davon, dass keine akzeptable Nachhaltigkeit erreicht werden kann, solange die soziale Ungleichheit nicht deutlich verringert wird, das Bürgertum nicht als gleichberechtigter Partner in demokratischen Prozessen aufgenommen wird, kulturelle Differenzen nicht respektiert werden, ethische Werte für den Respekt gegenüber allem Leben nicht eingeführt werden und nicht ein ständiges Augenmerk auf die Umwelt gelegt wird. Wenn diese Erfordernisse erst einmal gegeben sind, sind auch die Bedingungen für eine nachhaltige Öko-Entwicklung erfüllt.

 Nachhaltigkeit setzt eine gewisse soziale Gleichheit voraus, d. h. „ein Ausgleich zwischen reichen und armen Ländern“ und eine mehr oder weniger gleichmäßige Verteilung der Kosten und Nutzen von Entwicklung. Somit haben z. B. die ärmsten Länder ein höheres Recht auf die Verstärkung ihres ökologischen Fußabdrucks (ihren Bedarf an Land, Wasser, Nahrungsmittel und Energie zu stillen), um ihre Bedürfnisse erfüllen zu können, während die reicheren Länder ihren ökologischen Fußabdruck verringern oder zumindest unter Kontrolle bringen müssen. Es geht nicht darum, die missverstandene These des negativen Wachstums zu übernehmen, sondern darum, einen anderen Weg für Entwicklung aufzuzeigen, Produktion zu dekarbonisieren, die Umweltauswirkungen zu reduzieren und unantastbare Werte wie Großzügigkeit, Kooperation, Solidarität und Mitgefühl zur Anwendung zu verhelfen. Dowbor und Sachs wiederholen nachdrücklich, dass Solidarität einen essentiellen Aspekt der Conditio Humana darstellt, und dass der grausame Individualismus, den wir heutzutage erleben, eine Ausdrucksweise des grenzenlosen Konkurrenzdenkens und der akkumulativen Gier ist, welche zu einem Krebsgeschwür führen werden, das die Bande der Koexistenz zerstört und die Gesellschaft auf fatale Weise unnachhaltig gestaltet.

 Ihnen verdanken wir den herrlichen Begriff „Biozivilisation“, eine Zivilisation, die das Leben, die Erde, die Ökosysteme und jeden Menschen in die Mitte rückt. Daraus entstand die schöne Ausdrucksweise: „Die Erde der Guten Hoffnung“ (siehe Öko-Entwicklung: wachsen ohne zu zerstören, [Ecodesarrollo: crecer sin destruir. 1986] und das Interview in Carta Maior vom 29.08.2011).

 Dieser Entwurf scheint einer der vernünftigsten und verantwortungsvollsten Wege zu sein, wie wir den Gefahren begegnen können, die den Planeten und die Zukunft der Menschheit bedrohen. Doobors und Sachs’ Entwurf (http://dowbor.org) verdient Beachtung, denn er zeigt große Funktionalität und Tragfähigkeit.

übersezt von Bettina Gold-Hartnack

O Papa Francisco junto com os Movimentos Sociais Populares critica o capitalismo: João Pedro Stedile

João Pedro Stédile é um dos principais líderes do Movimento dos Sem Terra que envolve  cerca de 1,5 milhão de membros que buscam terra para morar e trabalhar. São quais Abraãos que andam por muitas partes do Brasil buscando terras. O Brasil é grande, muito grande, mas  não parece  ser suficientemente grande para abrigar  esse contingente de mais de um milhão de pessoas com suas famílias e crianças. Isso porque nunca se fez uma reforma agrária. Quase todos os grandes países que deram certo, fizeram sua reforma agrária que lhes permitiu criar uma base ao desenvolvimento socialmente aceitável. O MST conseguiu muitas vitórias, criou assentamentos, até pequenos frigoríficos que com excelente qualidade de carne, vinhos muito bons e outros tantos produtos; fundou escolas, com uma pedadogiga adequada para sua situação, reconhecida no mundo inteiro e escolas de estudo com qualidade para preparar líderes e aprofundar criticamente as questões do Brasil para todos. O MST é supra-partidários e zela por sua “absoluta autonomia” face a qualquer tipo de poder; basta dizer que somente no segundo turno, abertamente apoiaram Dilma Rousseff. Essa autonomia lhe permite apoiar o projeto popular do PT mas simultaneamente lhe faz duras cobranças com referência à política agrária e continuamente exige uma reforma agrária integral sempre protelada.

É comovedor assistir às famosas “místicas” feitas no início de qualquer reunião do MST em qualquer parte do Brasil. Lá se celebra a luta, se contam as sagas vitoriosas, se exalta a vida e a resistência dos humildes e se invoca o nome do Deus, cujo filho, Jesus, foi um pobre, quem sabe “um sem terra” daquele tempo e que ousou dizer:”Felizes de vocês pobres, pois de voês é o Reino de Deus”.

João Pedro  articulou com outros o Encontro Mundial dos Movimentos Populares com o Papa em Roma  em fins de outubro. Nos debates, o Papa Francisco quis saber a partir da leitura que fazem de seus padecimentos, as causas que produzem miséria e morte em milhões de pessoas Não chamou cientistas sociais ou políticos, mas quis saber a partir da voz deles os causantes desta situação desumana que os obriga a se organizar para poder sobreviver e avançar nos seus direitos.  O Papa Francisco deu-lhes total apoio nas questões fundamentais da crítica ao capitalismo desumano que chegou a chamar de “diabo”, da justiça social, do acesso à terra contra a sua concentração e da legitimidade das ocupações feitas em função da vida e do trabalho. João Pedro deu uma longa entrevista no dia 31/10/2014 ao jornal Il fatto quotidiano que foi traduzida e reproduzida pelo Instituto Humanistas Unisinos  (IHU) dos jesuitas de São Leopoldo. Pelo fato de os meios de comunicação não terem dado muito espaço ao evento de tal relevância (é a primeira vez na história do Papado que um Papa que ama os pobres, reuniu-se com os movimentos sociais populares do mundo inteiro tão mal compreendidos e até difamados em suas demandas), publicamos aqui a entrevista de João Pedro Stedile. Vale a pena ler a história a partir do outro lado, daquele dos humilhados e ofendidos, quase nunca  escutado pelos que detém o poder: Lboff

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Eis a entrevista.

Como nasceu o encontro no Vaticano?

Tivemos a sorte de manter relações com os movimentos sociais da Argentina, amigos de Francisco, com os quais começamos a trabalhar no encontro mundial. Assim, reunimos 100 dirigentes populares de todo o mundo, sem confissões religiosas. A maioria não era católica. Um encontro muito proveitoso.

O senhor é de formação marxista. Qual a sua opinião sobre o papa e a iniciativa vaticana?

O papa deu uma grande contribuição, com um documento irrepreensível, mais à esquerda do que muitos de nós. Porque afirmou questões de princípio importantes como a reforma agrária, que não é só um problema econômico e político, mas também moral. De fato, ele condenou a grande propriedade. O importante é a simbologia: em 2.000 anos, nenhum papa jamais organizou uma reunião desse tipo com movimentos sociais.

O senhor foi um dos promotores dos Fóruns Sociais nascidos em Porto Alegre. Há uma substituição simbólica por parte do Vaticano em relação à esquerda?

Não, acho que Francisco teve a capacidade de se colocar corretamente diante dos grandes problemas do capitalismo atual como a guerra, a ecologia, o trabalho, a alimentação. E ele tem o mérito de ter iniciado um diálogo com os movimentos sociais. Eu não acho que há sobreposição, mas complementaridade. Em todo caso, assumo a autocrítica, como promotor do Fórum Social, do seu esgotamento e da sua incapacidade de criar uma assembleia mundial dos movimentos sociais. Do encontro com Francisco, nascem duas iniciativas: formar um espaço de diálogo permanente com o Vaticano e, independentemente da Igreja, mas aproveitando a reunião de Roma, construir no futuro um espaço internacional dos movimentos do mundo.

Para fazer o quê?

Para combater o capital financeiro, os bancos, as grandes multinacionais. Os “inimigos do povo” são esses. Como diria o papa, esse é o diabo. Mesmo que todos nós vivamos o inferno. Os pontos traçados do encontro de Roma são muito claros: a terra, para que os alimentos não sejam uma mercadoria, mas um direito; o direito de todos os povos de terem um território, seu próprio país, pense-se nos curdos de Kobane os nos palestinos; um teto digno para todos; o trabalho como direito inalienável.

Os Sem-Terra organizam cursos de formação sobre Gramsci e Rosa Luxemburgo. Nenhum problema para trabalhar com o Vaticano?

Nós vivemos uma crise epocal. As ideologias do segundo pós-guerra se aprofundaram. As pessoas não se sentem mais representadas. No entanto, essa crise também oferece oportunidades de mudança, desde que ninguém se apresente com a solução pronta no bolso. Será preciso um processo, um movimento de participação popular. E qualquer pessoa disposta a participar dele deve ser incluída.

No Brasil, vocês apoiaram a eleição de Dilma Rousseff. Qual é a sua opinião sobre o governo do PT e o seu futuro?

A autonomia, para nós, é um valor importante. O PT geriu o poder com uma linha de “neodesenvolvimentismo”, mais progressista do que o neoliberalismo, mas baseada em um pacto de conciliação entre grandes bancos, capital financeiro e setores sociais mais pobres. A operação de redistribuição da renda favoreceu a todos, mas principalmente os bancos. Agora, porém, esse pacto não funciona mais, as expectativas populares cresceram. O ensino universitário, por exemplo, integrou 15% da população estudantil, mas os 85% que ficaram de fora pressionam para entrar. Só que, para responder a essa demanda, seria preciso ao menos 10% do PIB, e, para levantar recursos desse tamanho, se romperia o pacto com as grandes empresas e os bancos.

Então?

O governo tem três caminhos: unir-se novamente à grande burguesia brasileira, como lhe pede o PMDB, construir um novo pacto social com os movimentos populares ou não escolher e abrir uma longa fase de crise. Nós queremos desempenhar um papel e, por isso, propomos um referendo popular para uma Assembleia Constituinte para a reforma da política. A força do povo não está no Parlamento.

Qual é a situação do Movimento dos Sem-Terra hoje?

A nossa ideia, no início, era a de realizar o sonho de todo agricultor do século XX: a terra para todos, bater o latifúndio. Mas o capitalismo mudou, a concentração da terra também significa concentração das tecnologias, da produção, das sementes. É inútil ocupar as terras se, depois, produzirem transgênicos. Não é mais suficiente repartir a terra, mas é preciso uma alimentação para todos, e uma alimentação sadia e de qualidade. Hoje visamos a uma reforma agrária integral, e a nossa luta diz respeito a todos. Por isso, é preciso uma ampla aliança com os operários, os consumidores e também com a Igreja. Somos aliados de qualquer pessoa que deseje a mudança.

 

“Estamos indo direto para o matadouro”, diz Antonio Donato Nobre

Estamos republicando o importante artigo do agrônomo Antonio Donato Nobre, porque na sua apresentação foi confundido por mim com seu irmão, também notável cientista Carlos Donato Nobre. Pedimos excusas as leitores  e leitoras. Dou os dados na internet onde todo o munucioso estudo de Nobre pode ser lido.

Antonio Donato Nobre é un agrônomo, especialista na relação da Amazônia com o clima. Pesquisador de Ciência do Sistema Terrestre do Instituo Nacional de Pesquisa Espacial (INPE) publicou recentemente um minucioso trabalho sob o título O futuro climático da Amazônia. (acessível em http://www.ccst.inpe.br/wp-content/uploads/2014/10/Futuro-Climatico-da-Amazonia.pdf , Enfatiza:”A agricultura consciente, se soubesse o que a comunidade científica sabe, estaria na rua, com cartazes, exigindo do governo proteção das florestas e plantando árvores em sua propriedade”. Publicamos aqui sua entrevista aparecida no IHU de 31 de outubro de 2014, dada a urgência do tema e seus efeitos maléficos notados no Sudeste, especialmente na metrópole de São Paulo. Temos que divulgar conhecimentos para assumirmos atitudes corretas e organizarmos nosso desenvolvimento a partir destes dados inegáveis:Lboff

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Eis a entrevista.

Quanto já desmatamos da Amazônia brasileira?

Só de corte raso, nos últimos 40 anos, foram três Estados de São Paulo, duas Alemanhas ou dois Japões. São 184 milhões de campos de futebol, quase um campo por brasileiro. A velocidade do desmatamento na Amazônia, em 40 anos, é de um trator com uma lâmina de três metros se deslocando a 726 km/hora – uma espécie de trator do fim do mundo. A área que foi destruída corresponde a uma estrada de 2 km de largura, da Terra até a Lua. E não estou falando de degradação florestal.

Essa é a “guilhotina de árvores” que o senhor menciona?

Foram destruídas 42 bilhões de árvores em 40 anos, cerca de 3 milhões de árvores por dia, 2.000 árvores por minuto. É o clima que sente cada árvore que é retirada da Amazônia. O desmatamento sem limite encontrou no clima um juiz que conta árvores, não esquece e não perdoa.

O sr. pode explicar?

Os cientistas que estudam a Amazônia estão preocupados com a percepção de que a floresta é potente e realmente condiciona o clima. É uma usina de serviços ambientais. Ela está sendo desmatada e o clima vai mudar.

A mudança climática…

A mudança climática já chegou. Não é mais previsão de modelo, é observação de noticiário. Os céticos do clima conseguiram uma vitória acachapante, fizeram com que governos não acreditassem mais no aquecimento global. As emissões aumentaram muito e o sistema climático planetário está entrando em falência como previsto, só que mais rápido.

No estudo o sr. relaciona destruição da floresta e clima?

A literatura é abundante, há milhares de artigos escritos, mais de duas dúzias de projetos grandes sendo feitos na Amazônia, com dezenas de cientistas. Li mais de 200 artigos em quatro meses. Nesse estudo quis esclarecer conexões, porque esta discussão é fragmentada. “Temos que desenvolver o agronegócio. Mas e a floresta? Ah, floresta não é assunto meu”. Cada um está envolvido naquilo que faz e a fragmentação tem sido mortal para os interesses da humanidade. Quando fiz a síntese destes estudos, eu me assombrei com a gravidade da situação.

Qual é a situação?

A situação é de realidade, não mais de previsões. No arco do desmatamento, por exemplo, o clima já mudou. Lá está aumentando a duração da estação seca e diminuindo a duração e volume de chuva. Agricultores do Mato Grosso tiveram que adiar o plantio da soja porque a chuva não chegou. Ano após ano, na região leste e sul da Amazônia, isso está ocorrendo. A seca de 2005 foi a mais forte em cem anos. Cinco anos depois teve a de 2010, mais forte que a de 2005. O efeito externo sobre a Amazônia já é realidade. O sistema está ficando em desarranjo.

A seca em São Paulo se relaciona com mudança do clima?

Pegue o noticiário: o que está acontecendo na Califórnia, na América Central, em partes da Colômbia? É mundial. Alguém pode dizer – é mundial, então não tem nada a ver com a Amazônia. É aí que está a incompreensão em relação à mudança climática: tem tudo a ver com o que temos feito no planeta, principalmente a destruição de florestas. A consequência não é só em relação ao CO2 que sai, mas a destruição de floresta destrói o sistema de condicionamento climático local. E isso, com as flutuações planetárias da mudança do clima, faz com que não tenhamos nenhuma almofada.

Almofada?

A floresta é um seguro, um sistema de proteção, uma poupança. Se aparece uma coisa imprevista e você tem algum dinheiro guardado, você se vira. É o que está acontecendo agora, não sentimos antes os efeitos da destruição de 500 anos da Mata Atlântica, porque tínhamos a “costa quente” da Amazônia. A sombra úmida da floresta amazônica não permitia que sentíssemos os efeitos da destruição das florestas locais.

O sr. fala em tapete tecnológico da Amazônia. O que é?

Eu queria mostrar o que significa aquela floresta. Até eucalipto tem mais valor que floresta nativa. Se olharmos no microscópio, a floresta é a hiper abundância de seres vivos e qualquer ser vivo supera toda a tecnologia humana somada. O tapete tecnológico da Amazônia é essa assembleia fantástica de seres vivos que operam no nível de átomos e moléculas, regulando o fluxo de substâncias e de energia e controlando o clima.

O sr. fala em cinco segredos da Amazônia. Quais são?

O primeiro é o transporte de umidade continente adentro. O oceano é a fonte primordial de toda a água. Evapora, o sal fica no oceano, o vento empurra o vapor que sobe e entra nos continentes. Na América do Sul, entra 3.000 km na direção dos Andes com umidade total. O segredo? Os gêiseres da floresta.

Gêiseres da floresta?

É uma metáfora. Uma árvore grande da Amazônia, com dez metros de raio de copa, coloca mais de mil litros de água em um dia, pela transpiração. Fizemos a conta para a bacia Amazônica toda, que tem 5,5 milhões de km2: saem desses gêiseres de madeira 20 bilhões de toneladas de água diárias. O rio Amazonas, o maior rio da Terra, que joga 20% de toda a água doce nos oceanos, despeja 17 bilhões de toneladas de água por dia. Esse fluxo de vapor que sai das árvores da floresta é maior que o Amazonas. Esse ar que vai progredindo para dentro do continente vai recebendo o fluxo de vapor da transpiração das árvores e se mantém úmido, e, portanto, com capacidade de fazer chover. Essa é uma característica das florestas.

É o que faz falta em São Paulo?

Sim, porque aqui acabamos com a Mata Atlântica, não temos mais floresta.

Qual o segundo segredo?

Chove muito na Amazônia e o ar é muito limpo, como nos oceanos, onde chove pouco. Como, se as atmosferas são muito semelhantes? A resposta veio do estudo de aromas e odores das árvores. Esses odores vão para atmosfera e quando têm radiação solar e vapor de água, reagem com o oxigênio e precipitam uma poeira finíssima, que atrai o vapor de água. É um nucleador de nuvens. Quando chove, lava a poeira, mas tem mais gás e o sistema se mantém.

E o terceiro segredo?

A floresta é um ar-condicionado e produz um rio amazônico de vapor. Essa formação maciça de nuvens abaixa a pressão da região e puxa o ar que está sobre os oceanos para dentro da floresta. É um cabo de guerra, uma bomba biótica de umidade, uma correia transportadora. E na Amazônia, as árvores são antigas e têm raízes que buscam água a mais de 20 metros de profundidade, no lençol freático. A floresta está ligada a um oceano de água doce embaixo dela. Quando cai a chuva, a água se infiltra e alimenta esses aquíferos.

Como tudo isso se relaciona à seca de São Paulo?

No quarto segredo. Estamos em um quadrilátero da sorte – uma região que vai de Cuiabá a Buenos Aires no Sul, São Paulo aos Andes e produz 70% do PIB da América do Sul. Se olharmos o mapa múndi, na mesma latitude estão o deserto do Atacama, o Kalahari, o deserto da Namíbia e o da Austrália. Mas aqui, não, essa região era para ser um deserto. E no entanto não é, é irrigada, tem umidade. De onde vem a chuva? A Amazônia exporta umidade. Durante vários meses do ano chega por aqui, através de “rios aéreos”, o vapor que é a fonte da chuva desse quadrilátero.

E o quinto segredo?

Onde tem floresta não tem furacão nem tornado. Ela tem um papel de regularização do clima, atenua os excessos, não deixa que se organizem esses eventos destrutivos. É um seguro.

Qual o impacto do desmatamento então?

O desmatamento leva ao clima inóspito, arrebenta com o sistema de condicionamento climático da floresta. É o mesmo que ter uma bomba que manda água para um prédio, mas eu a destruo, aí não tem mais água na minha torneira. É o que estamos fazendo. Ao desmatar, destruímos os mecanismos que produzem esses benefícios e ficamos expostos à violência geofísica. O clima inóspito é uma realidade, não é mais previsão. Tinha que ter parado com o desmatamento há dez anos. E parar agora não resolve mais.

Como não resolve mais?

Parar de desmatar é fundamental, mas não resolve mais. Temos que conter os danos ao máximo. Parar de desmatar é para ontem. A única reação adequada neste momento é fazer um esforço de guerra. A evidência científica diz que a única chance de recuperarmos o estrago que fizemos é zerar o desmatamento. Mas isso será insuficiente, temos que replantar florestas, refazer ecossistemas. É a nossa grande oportunidade.

E se não fizermos isso?

Veja pela janela o céu que tem em São Paulo – é de deserto. A destruição da Mata Atlântica nos deu a ilusão de que estava tudo bem, e o mesmo com a destruição da Amazônia. Mas isso é até o dia em que se rompe a capacidade de compensação, e é esse nível que estamos atingindo hoje em relação aos serviços ambientais. É muito sério, muito grave. Estamos indo direto para o matadouro.

O que o sr. está dizendo?

Agora temos que nos confrontar com o desmatamento acumulado. Não adianta mais dizer “vamos reduzir a taxa de desmatamento anual.” Temos que fazer frente ao passivo, é ele que determina o clima.

Tem quem diga que parte desses campos de futebol viraram campos de soja.

O clima não dá a mínima para a soja, para o clima importa a árvore. Soja tem raiz de pouca profundidade, não tem dossel, tem raiz curta, não é capaz de bombear água. Os sistemas agrícolas são extremamente dependentes da floresta. Se não chegar chuva ali, a plantação morre.

O que significa tudo isso? Que vai chover cada vez menos?

Significa que todos aqueles serviços ambientais estão sendo dilapidados. É a mesma coisa que arrebentar turbinas na usina de Itaipu – aí não tem mais eletricidade. É de clima que estamos falando, da umidade que vem da Amazônia. É essa a dimensão dos serviços que estamos perdendo. Estamos perdendo um serviço que era gratuito que trazia conforto, que fornecia água doce e estabilidade climática. Um estudo feito na Geórgia por uma associação do agronegócio com ONGs ambientalistas mediu os serviços de florestas privadas para áreas urbanas. Encontraram um valor de US$ 37 bilhões. É disso que estamos falando, de uma usina de serviços.

As pessoas em São Paulo estão preocupadas com a seca.

Sim, mas quantos paulistas compraram móveis e construíram casas com madeira da Amazônia e nem perguntaram sobre a procedência? Não estou responsabilizando os paulistas porque existe muita inconsciência sobre a questão. Mas o papel da ciência é trazer o conhecimento. Estamos chegando a um ponto crítico e temos que avisar.

Esse ponto crítico é ficar sem água?

Entre outras coisas. Estamos fazendo a transposição do São Francisco para resolver o problema de uma área onde não chove há três anos. Mas e se não tiver água em outros lugares? E se ocorrer de a gente destruir e desmatar de tal forma que a região que produz 70% do PIB cumpra o seu destino geográfico e vire deserto? Vamos buscar água no aquífero?

Não é uma opção?

No norte de Pequim, os poços estão já a dois quilômetros de profundidade. Não tem uso indefinido de uma água fóssil, ela tem que ter algum tipo de recarga. É um estoque, como petróleo. Usa e acaba. Só tem um lugar que não acaba, o oceano, mas é salgado.

O esforço de guerra é para acabar com o desmatamento?

Tinha que ter acabado ontem, tem que acabar hoje e temos que começar a replantar florestas. Esse é o esforço de guerra. Temos nas florestas nosso maior aliado. São uma tecnologia natural que está ao nosso alcance. Não proponho tirar as plantações de soja ou a criação de gado para plantar floresta, mas fazer o uso inteligente da paisagem, recompor as Áreas de Proteção Permanente (APPs) e replantar florestas em grande escala. Não só na Amazônia. Aqui em São Paulo, se tivesse floresta, o que eu chamo de paquiderme atmosférico…

Como é?

É a massa de ar quente que “sentou” no Sudeste e não deixa entrar nem a frente fria pelo Sul nem os rios voadores da Amazônia.

O que o governo do Estado deveria fazer?

Programas massivos de replantio de reflorestas. Já. São Paulo tem que erradicar totalmente a tolerância com relação a desmatamento. Segunda coisa: ter um esforço de guerra no replantio de florestas. Não é replantar eucalipto. Monocultura de eucalipto não tem este papel em relação a ciclo hidrológico, tem que replantar floresta e acabar com o fogo. Poderia começar reconstruindo ecossistemas em áreas degradadas para não competir com a agricultura.

Onde?

Nos morros pelados onde tem capim, nos vales, em áreas íngremes. Em vales onde só tem capim, tem que plantar árvores da Mata Atlântica. O esforço de guerra para replantar tem que juntar toda a sociedade. Precisamos reconstruir as florestas, da melhor e mais rápida forma possível.

E o desmatamento legal?

Nem pode entrar em cogitação. Uma lei que não levou em consideração a ciência e prejudica a sociedade, que tira água das torneiras, precisa ser mudada.

O que achou de Dilma não ter assinado o compromisso de desmatamento zero em 2030, na reunião da ONU, em Nova York?

Um absurdo sem paralelo. A realidade é que estamos indo para o caos. Já temos carros-pipa na zona metropolitana de São Paulo. Estamos perdendo bilhões de dólares em valores que foram destruídos. Quem é o responsável por isso? Um dia, quando a sociedade se der conta, a Justiça vai receber acusações. Imagine se as grandes áreas urbanas, que ficarem em penúria hídrica, responsabilizarem os grandes lordes do agronegócio pelo desmatamento da Amazônia. Espero que não se chegue a essa situação. Mas a realidade é que a torneira da sua casa está secando.

Quanto a floresta consegue suportar?

Temos uma floresta de mais de 50 milhões de anos. Nesse período é improvável que não tenham acontecido cataclismas, glaciação e aquecimento, e no entanto a Amazônia e a Mata Atlântica ficaram aí. Quando a floresta está intacta, tem capacidade de suportar. É a mesma capacidade do fígado do alcoólatra que, mesmo tomando vários porres, não acontece nada se está intacto. Mas o desmatamento faz com que a capacidade de resiliência que tínhamos, com a floresta, fique perdida.

Aí vem uma flutuação forte ligado à mudança climática global e nós ficamos muito expostos, como é o caso do “paquiderme atmosférico” que sentou no Sudeste. Se tivesse floresta aqui, não aconteceria, porque a floresta resfria a superfície e evapora quantidade de água que ajuda a formar chuva.

O esforço terá resultado?

Isso não é garantido, porque existem as mudanças climáticas globais, mas reconstruir ecossistemas é a melhor opção que temos. Quem sabe a gente desenvolva outra agricultura, mais harmônica, de serviços agroecossistêmicos. Não tem nenhuma razão para o antagonismo entre agricultura e conservação ambiental. Ao contrário. A agricultura consciente, que soubesse o que a comunidade científica sabe, estaria na rua, com cartazes, exigindo do governo proteção das florestas. E, por iniciativa própria, replantaria a floresta nas suas propriedades.