Etapas de la agresividad ecológica del ser humano

Se reducimos los 13,7 mil millones de años de existencia del universo a un solo año, el ser humano actual, sapiens sapiens, habría surgido en el proceso de la evolución el día 31 de diciembre, a las 23 horas, 58 minutos y 10 segundos, según los cálculos de varios cosmólogos. Por tanto, aparecimos a menos de dos minutos del final del año cósmico. ¿Cuál es el sentido de haber llegado tan tarde en el proceso cosmogénico? ¿Para coronar tal proceso o para destruirlo? Esta es una cuestión abierta. Lo que podemos constatar es nuestra creciente destructividad del medio en el cual vivimos, de la naturaleza y de nuestra Casa Común. Veamos algunas etapas de nuestra agresividad. Ella nos deja interrogantes inquietantes.

1. La interacción con la naturaleza

En el principio nuestros ancestros que se pierden en la penumbra de los tiempos inmemoriales tenían una relación armoniosa con la naturaleza. Mantenían una interacción no destructiva: tomaban lo que la naturaleza les ofrecía en abundancia. Este tiempo duró varios milenios, comenzando por África, donde surgió el ser humano hace 8-9 millones de años. Así todos somos, de alguna manera, africanos. Allí se formaron nuestras estructuras corporales, psíquicas, intelectuales y espirituales que están presentes en el inconsciente de todos los humanos hasta hoy.

2. La intervención en la naturaleza

Hace más de dos millones de años irrumpió en el proceso de la antropogénesis (la génesis del ser humano en la evolución) el hombre hábil (homo habilis). Aquí se produjo un primer punto de inflexión. Fue el comienzo de lo que ha culminado de forma extrema en la actualidad. El hombre hábil inventó instrumentos para intervenir en la naturaleza: un palo puntiagudo, una piedra afilada y otros recursos similares. No bastaba lo que la naturaleza le ofrecía espontáneamente. Con esa intervención, podía herir y matar a un animal con la punta afilada de un palo o podía cortar plantas con instrumentos de piedra afilados.

Esa intervención duró milenios. Pero con la introducción de la agricultura y el regadío se desarrolló mucho más intensamente. Esto ocurrió hace unos 10 -12.000 años (diferente en las distintas regiones), en el llamado neolítico. Se desviaba el agua de los ríos Tigris y Éufrates en Oriente Medio, el Nilo en Egipto,
el Indo y el Ganges en la India y el Amarillo en China. Mejoraron los cultivos, criaron animales y aves de corral para ser sacrificados, especialmente pollos, cerdos, bueyes y ovejas. La población humana creció rápidamente. Es la época en que los humanos dejaron de ser nómadas y se convirtieron en sedentarios. Crearon pueblos y ciudades, generalmente a lo largo de los ríos mencionados o alrededor del inmenso lago interior, el Amazonas, que hace miles de años desembocaba en el Pacífico.

3. La agresión a la naturaleza

De la intervención pasamos a la agresión contra la naturaleza.
Se producía cuando se utilizaban herramientas de metal, lanzas, hachas y armas para matar animales y personas. La agresión se fue especializando hasta culminar en la era industrial de la Europa del siglo XVIII, que comenzó en Inglaterra. Se inventó una enorme maquinaria que permitió extraer enormes riquezas de la naturaleza. Un paso decisivo en la agresión se dio en los tiempos modernos, cuando surgió la tecnociencia con una inmensa capacidad de explotar la naturaleza a todos los niveles y en todos los frentes.

Se partía de la premisa de que el ser humano se sentía “dueño y señor” de la naturaleza y no parte de ella. La idea-fuerza que lo orientaba era la voluntad de poder, entendido como la capacidad de dominar todo: otras personas, clases sociales, pueblos, continentes, la naturaleza, la materia, la vida y la Tierra misma como un todo.

El inglés Francis Bacon expresó este propósito diciendo: “Se debe torturar a la naturaleza como el torturador tortura a su víctima hasta que ella le entregue todos sus secretos”. Aquí la agresión adquirió estatuto oficial. Fue y sigue siendo aplicada hasta el día de hoy.

Se basaba en la suposición (falsa) de que los bienes naturales eran ilimitados. Eso permitía forjar un proyecto de desarrollo también ilimitado. Hoy sabemos que la Tierra es limitada y finita, y no soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. Pero aquella creencia todavía es la dominante.

4. La destrucción de la naturaleza

En las últimas décadas, especialmente tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la agresión sistemática ha adquirido dimensiones de auténtica destrucción de los ecosistemas y de la biodiversidad. La propia Tierra comenzó a ser atacada en todos los frentes. Para satisfacer el consumo humano actual necesitamos una Tierra y media, lo que provoca la Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshoot), que este año se produjo el 22 de julio. Es decir en la dispensa de la Tierra ya no hay todos los elementos que sustentan la vida en la Tierra. Manteniendo el nível de consumismo sacamos de la Terra lo que ya no tiene. Su respuesta es más calor, más huracanes,más efectos exremos,más conflictos sociales.

Según notables científicos, hemos inaugurado una nueva
era geológica, el antropoceno, en la que el ser humano
emerge como la mayor amenaza para la naturaleza y para la vida. Se ha llegado a un punto en el que nuestro proceso industrial y
nuestro estilo de vida consumista diezman más de cien mil organisvos vivos y un millón está bajo grave peligro de desaparecer.A partir de esta real tragedia biológica, hablamos del necroceno, es decir, la era de la muerte masiva (necro) de vidas de la naturaleza y también de vidas humanas. Ecosistemas enteros se están viendo afectados, incluido el amazónico. Por último, algunos se refieren ya al piroceno (pyros en griego significa fuego). El cambio del régimen climático y el calentamiento incontenible resecan los suelos y calientan también las piedras hasta tal punto que los palitos y las hojas secas prenden fuego que se propaga, generando grandes incendios, vividos ya en toda Europa, en Australia, en la Amazonia y en otros lugares.

¿Quién detendrá el ímpetu y el furor destructivo del ser humano
que ya ha construido los medios para su propia autodestrucción con armas químicas, biológicas y nucleares? ¿Sólo tal vez la intervención divina? Dios, según las Escrituras, es el Señor de la vida y el “apasionado amante de la vida”. ¿Intervendrá?

Las preguntas están abiertas.

*Leonardo Boff ha escrito El hombre, ¿satán o ángel bueno?Record, Río de Janeiro 2008.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Etapas da agressividade ecológica do ser humano contra a Terra       

Se reduzirmos os 13,7 bilhões de anos da existência do universo a apenas um ano,o ser humano atual, sapiens sapiens,surgiu no processo da evolução no dia 31 de dezembro, às 23 horas, 58 minutos e 10 segundos, consoante cálculos de vários cosmólogos. Portanto, aparecemos em menos de um minuto do final ano cósmico. Qual o sentido de termos chegado tão tarde no processo cosmogênico? Para coroar tal processo ou para destrui-lo? Essa é uma questão aberta.O que podemos constatar é a nossa crescente destrutividade  do meio no qual vivemos, da natureza e da nossa Casa Comum.Vejamos algumas etapas de nossa agressividade. Ela nos deixa interrogações inquietantes.

1.A interação com a natureza

No início, nossos ancestrais que se perdem na penumbra dos tempos imemoriais, tinham uma relação harmoniosa com a natureza. Entretinham uma interação não destrutiva: tomavam o que a natureza fartamente lhes oferecia. Esse tempo durou alguns milênios, começando na África, onde surgiu o ser humano há 8-9 milhões de anos. Por isso, somos todos, de alguma forma,  africanos. Lá se formaram nossas estruturas corporais, psíquicas, intelectuais e espirituais que se fazem presentes no inconsciente de  todos os humanos até os dias atuais.

2. A intervenção na natureza

Há mais de dois milhões de anos, irrompeu, no processo da antropogênese (a gênese do ser humano na evolução) o homem hábil  (homo habilis). Aqui ocorreu uma primeira virada. Iniciou-se aquilo que culminou de forma extrema nos dias atuais.

O homem hábil inventou instrumentos com os quais operava uma intervenção na natureza: um pau pontiagudo, uma pedra afiada e outros recursos semelhantes. Não bastava o que a natureza lhe oferecia espontaneamente. Com a intervenção, ele podia ferir e  matar um animal com  a ponta aguçada de um pau ou podia cortar plantas com instrumentos afiado de pedra.

Essa intervenção durou milênios. Mas com a introdução da agricultura e da irrigação se desenvolveu muito mais intensamente Isso ocorreu por volta de 10-12 mil atrás (diferente nas várias regiões), na era chamada de  neolítico. Desviavam-se águas dos rios, como o Tigre e o Eufrates no Oriente Médio, o Nilo no Egito, o Indo e o Ganges na Índia e o Amarelo na China. Melhoravam colheitas, criavam animais e aves para serem abatidos, especialmente galinhas, porcos, bois e ovelhas.Cresceu rapidamente a população humana. É o tempo em que os humanos deixaram de ser nômades e se fizeram sedentários. Criaram vilas e cidades, geralmente, junto aos rios citados acima ou ao redor do imenso lago interno, o  Amazonas que há milhares de anos, desaguava no Pacífico.

3.A agressão à natureza

Da intervenção passou-se à agressão da natureza. Ocorreu quando se usaram instrumentos de metal, lanças, machados e armas para matar animais e pessoas. A agressão foi se especializando até culminar na era industrial do século XVIII na Europa, começando na Inglaterra. Inventou-se um vasto maquinário que permitia extrair enormes riquezas da natureza. Passo decisivo na agressão  foi dado nos tempos modernos, quando surgiu a tecno-ciência com imensa capacidade de exploração da natureza em todos os níveis e frentes.

Partia-se da premissa de que o ser humano sentia-se “senhor e dono”da natureza e não parte dela, A ideia-força que o orientou foi a vontade de poder,entendido como a capacidade de dominar tudo: outras pessoas, classes sociais, povos, continentes, a natureza,a matéria, a vida e a própria Terra como um todo.

O inglês Francis Bacon expressou este propósito dizendo:”Deve-se torturar a natureza como o torturador tortura a  sua vítima, até ela entregar todos os seus segredos”. Aqui a agressão ganhou estatuto oficial. Foi e continua sendo aplicada até os dias atuais.

Partia-se do pressupondo (falso) de que os bens naturais seriam ilimitados. Isso permitia forjar um projeto de desenvolvimento também ilimitado.Hoje sabemos que a Terra é limitada e finita e que não suporta um projeto de crescimento ilimitado.Mas essa crença ainda é dominante. 

4.A destruição da natureza

Nos últimos decênios, de modo especial, depois da segunda guerra mundial (1939-1945), a sistemática agressão ganhou dimensões de verdadeira destruição de ecossistemas e da biodiversidade. A própria Mãe Terra começou a ser  agredida em todas as suas frentes.Para atender o atual consumo humano precisamos de uma Terra e meia,o que produz a Sobrecarga da Terra (Earth Overshoot) que neste ano ocorreu no dia 22 de julho.

Segundo notáveis cientistas inauguramos uma nova era geológica, o antropoceno, no qual o ser humano emerge como a maior ameaça à natureza e à vida. Chegou-se ao ponto de nosso processo industrialista e o estilo consumista de vida, dizimar anualmente cerca de 100 mil organismos vivos. A partir desta verdadeira tragédia biológica, fala-se do necroceno, quer dizer, a era da morte (necro) em massa de vidas da natureza e também de vidas humanas. Ecossistemas inteiros estão sendo afetados também o amazônico. Por fim alguns já se referem ao piroceno (Pyros em grego é fogo). A mudança do regime climático, o aquecimento irrefreável ressecam os solos e aquecem também as  pedras de tal forma que gravetos e folhas secas pegam fogo que se difunde, gerando grandes incêndios já vividos em toda a Europa, na Austrália,na Amazônia e em outros lugares.

Quem deterá o ímpeto e o furor destrutivo de ser humano que já construiu os meios de sua própria autodestruição com armas químicas, biológicas e nucleares? Só mesmo uma intervenção divina? Deus,segundo as Escrituras, é o Senhor da vida e o “amante apaixonado  da vida”. Irá intervir? As interrogações seguem abertas.

Leonardo Boff, escreveu O homem satã ou anjo bom?  Record, Rio de Janeiro 2008.

Il riscatto delle streghe:sfida istorica e teologica

Gli studi degli ultimi decenni hanno riscattato molti concetti, ritenuti peggiorativi dal senso comune. Così, la categoria in filosofia ed esegesi biblica, del mito, delle divinità pagane, non più viste come entità in sé sussistenti ma come potenti energie presenti nell’essere umano e nell’universo, la categoria dello sciamano, la cui energia creatrice e guaritrice, in qualche modo, è presente in tutti ma concentrata in alcune persone speciali.

Così è successo con la categoria della strega. Era considerata come un’entità malefica e brutta, al lato della fata mimosa e bella. Ci furono tempi sinistri tra il 1450 e il 1750 che furono caratterizzati dalla caccia alle streghe. Chiesa e Stato agirono insieme, in particolare la Chiesa cattolica (ma anche altre Chiese storiche non cattoliche), che istituì l’Inquisizione nel 1233 sotto papa Gregorio II.

Le donne esperte nella sapienza curativa, manipolatrici di erbe e praticanti di benedizioni, erano viste come portatrici di un potere, proveniente dal demonio. In quasi tutta Europa, soprattutto in Spagna e Germania, erano accusate, giudicate, punite e la maggior parte condannate al rogo. Si stima che siano state circa 50-60mila. Anche nel Brasile coloniale e schiavista tra il 1749-1770 diverse donne con questo potere, tutte nere, furono giudicate e condannate a morte. L’ultima vittima avvenne nel 1782 in Svizzera. Attualmente le femministe, diffusamente negli USA e in Europa in generale, ma anche da noi in Brasile, stanno riscattando la categoria positiva della strega.

Perché erano condannate? Per il fatto che erano portatrici di conoscenze speciali, non dominate da sacerdoti e altri sapienti della società. Un modo per riaffermare il patriarcato era eliminare questa minaccia: da qui la loro condanna al rogo durante cinque secoli. Oggi, quando una donna o una scrittrice si dichiara strega, si propone di opporsi al maschilismo, ribellarsi contro il patriarcato e resistere a ogni forma di discriminazione nei confronti delle donne in una società ancora prevalentemente maschilista. Non è raro trovare sul retro di un libro di un autrice accademica, la presentazione di tutti i suoi titoli, dei suoi libri e terminare con l’epiteto strega. In nome di questa resistenza femminista, pubblichiamo il presente testo di una femminista ed eco-educatrice di Curitiba, Iris Boff.

Leonardo Boff

🇧🇷

Cariche di saggezza, le vecchie streghe, sono vive dentro la donna moderna, in questo nuovo millennio che avanza sempre più.

Sepolte nelle profondità delle cattedrali patriarcali, luoghi di fonti d’acqua dove si adoravano le dee, loro riemergono.

Allo stesso modo, come riaffiorano, dal fondo del tempio dei nostri corpi, quando la madre, la figlia, la sorella, la nonna, l’amica o l’amante si riuniscono e gli prestano la loro voce nel suono dei canti e gli incanti delle nostre danze, discorsi, gesti e rituali.

Camminano con noi, ci danno incoraggiamento e ispirazione, nella folle e brancolante ricerca della nostra ancora nascente identità femminile. Eravamo ciò che l’uomo voleva, come ha dimostrato Simone de Beauovoir.

D’ora in poi, le vecchie streghe, come eterne dee, in corpi giovani, vecchi o bambini, uomini o donne, provenienti dai nostri sogni più ancestrali, ci ispirano ad essere ciò che vuole il nostro desiderio più genuino e onesto: essere pienamente noi stesse come donne.

A fatica, assumendo gli equivoci ed essendo responsabili dei nostri stessi errori, non tollereremo più che qualcuno non vegli, diriga, scelga o imponga la nostra vita di donne. Prenderemo in mano la nostra storia.

La magia nera, gli incantesimi del male, i cattivi presagi, la brutta figura tenebrosa dei racconti di fiabe scritte dal patriarcato, dovranno scomparire insieme ad esso. In nome di queste figure, migliaia di donne ritenute streghe furono uccise o bruciate dall’Inquisizione.

La strega della nostra immaginazione infantile, inventata dalla nostra cultura maschilista, costituisce un grande errore. Era uno strumento di dominio patriarcale sulle donne.

L’uomo non aveva l’accesso, il controllo e la conoscenza del potere di creare e ricreare la propria vita, la manipolazione delle erbe, il dono della guarigione, della benedizione, della cura e della protezione, che la donna di saggezza (l’essenza dell’essere strega) invece aveva.

Con l’ascesa del patriarcato, esso ha negato ogni potere alle donne, imponendole un’immagine distorta a suo piacimento e vantaggio. Per paura e invidia del suo potere, la strega era vista come malvagia, disgustosa, pericolosa, la quale – avendo un patto con il Demonio – doveva essere bandita, punita, negata, dimenticata. La sua ribellione meritava di essere esecrata e bruciata viva sulla pubblica piazza, come accadde a Giovanna d’Arco nel 1431, bruciata viva a soli 19 anni dopo aver comandato vittoriosamente parte dell’esercito francese contro l’occupazione inglese. Curiosamente nel 1920 fu proclamata santa e nominata patrona di Francia.

Quella che era una benedizione era diventata una maledizione. Educati più da donne consapevoli e liberate, i bambini di oggi cominciano a riscattare un’altra coscienza di questa figura un tempo esecrata.

Dondolando la culla o a seno scoperto, per allattare questa nuova generazione, la donna del 21° secolo, reinventa la vita, assume la cattedra, ricerca e scrive, usa il telefono, Whatsapp, i social e il computer per riscrivere la sua storia, non per distruggerla o negarla, ma per rifarla e completarla.

Qui va inserita una piccola osservazione critica: riproduttive non solo della specie, non poche donne, infelicemente, si sono prestate a riprodurre anche falsi standard di comportamento, ancora dettati da una cultura maschilista o da valori di una religione misogina e dalla supremazia del Maschile sopra il Femminile.

Ma assumendo il nostro status di streghe buone, andiamo cavalcando la scopa della nostra coscienza, spazzando e bandendo una volta per tutte questa bufala, per il bene nostro e dei nostri figli e, finalmente, anche dell’intera famiglia umana.

È bello riscrivere i racconti per l’infanzia, imparando ad affrontare e integrare il male invece di proiettarlo su un capro espiatorio che sarebbe la strega.

L’umanità, nella fase più primordiale della nostra storia, è nata e cresciuta intorno alla dimensione femminile e al potere matriarcale. Poi, per cammini misteriosi, si è riaffermato il Maschio con il suo potere patriarcale e ha offuscato l’eredità ancestrale del Femminile.

Ora stiamo vivendo un momento privilegiato. Per la prima volta nella storia dell’Umanità, entrambi il Femminile e il Maschile, l’uomo e la donna come partner paritari, si stanno riconciliando e creando un’alleanza promettente.

La donna, Guardiana dell’Anima, a gran velocità sta uscendo dalla caverna. E l’uomo stanco e disincantato vuole tornare a casa, ma questa non esiste più come prima. Entrambi, uomo e donna, puliranno e riorganizzeranno la propria casa. Capiranno il nuovo compito, quello di prendersi cura della Casa Comune, della Madre Terra, abitata dalla nuova famiglia umana, né matriarcale né patriarcale, ma Androgina per la salute e il bene delle relazioni umanizzanti e benefiche per tutta l’umanità.

Iris Boff, scrittrice, femminista ed eco-pedagoga.

(traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)

Vamos ao encontro de nossa destruição?

A história de ser humano na Terra, em grande parte,se resume num permanente conflito contra o ambiente. Esse processo foi levado tão longe que o ser humano moderno moveu uma verdadeira guerra contra a Terra em todos as suas  frentes: no solo, no subsolo, no ar e no mar, sempre na perspectiva de saquear e extrair mais e mais vantagens.Fala-se em  círculos científicos que a ação humano sobre a Terra como um todo fundou uma nova era geológica, o antropoceno. Significa: os danos à natureza não vêm de fora, mas da própria ação pensada e orquestrada do ser humano no seu afã de extrair mais e mais benesses para a sua vida. Tal fato teve como consequência o desequilíbrio do planeta que reage enviando-nos mais calor, eventos extremos como enchentes, tufões e secas além de uma gama crescente de vírus, muitos deles letais como o Coronavírus.

O fato é que perdeu-se a perspectiva do Todo. Ficou-se somente com a parte. Ocorreu uma verdadeira fragmentação e atomização da realidade e dos respectivos saberes. Sabe-se cada vez mais sobre cada vez menos.Tal fato possui suas vantagens mas também seus limites. As vantagens, especialmente, na medicina que conseguiu identificar os vários tipos de enfermidades e como tratá-las. Mas importa recordar que a realidade não é fragmentada. Por isso os saberes sobre ela também não podem ser fragmentados.

Dito figurativamente: a atenção se concentrou nas árvores, consideradas em si mesmas, perdendo-se a visão global da floresta. Pior ainda, deixou-se de considerar as relações de interdependência que todas coisas guardam entre si. Elas não estão jogadas ai ao esmo, uma ao lado da outra sem as necessárias conexões entre elas que lhes permitem, solidariamente viver, se auto-ajuda e juntas  co-evoluir.

Vejamos as árvores: elas possuem uma  linguagem própria, diversa da nossa, fundada na emissão de sons. Elas falam mediante odores que emitem e a produção de toxinas que enviam para as outras. Entre as iguais estabelecem relações de reciprocidade e colaboração. Com outras diversas, não raro, fazem verdadeiras batalhas químicas, no afã de cada uma ter mais acesso à luz do sol ou a nutrientes do solo.  Mas sempre é feito sem excesso, numa medida justa de tal forma que o conjunto das árvores formam uma rica e diversa floresta.

No caso humano, perdemos estes equilíbrio e justa medida: erodiu-se aquela corrente que relaciona todos com todos, chamada de  Matriz Relacional. Desconsiderou-se a vastíssima rede de relações e de  interconexões que envolvem o próprio universo e todos os seres existentes. Nada existe fora da relação. Tudo está relacionado com tudo em todas as circunstâncias. Essa é a realidade de todas as coisas existentes, no universo e na Terra, das galáxias mais distantes à nossa Lua, até às ervas   silvestres. Elas têm  seu lugar e sua função no Todo.

Numa elegante formulação do Papa Francisco em sua encíclica Laudato si: sobre o cuidado da Casa Comum (2015) se afirma:

 “Tudo está relacionado e todos nós, seres humanos, caminhamos juntos, como irmãos e irmãs, numa peregrinação maravilhosa que nos une com terna afeição,ao irmão Sol, à irmã Lua, ao irmão rio e à irmã e Mãe Terrao Sol e  Lua, o cedro e a florizinha, a águia e o pardal só coexistem na dependência uma das outras para se completarem mutuamente no serviço uma das outras”(n.92;86).

Se realmente todos estamos entrelaçados, então devemos concluir que o modo de produção capitalista, individualista, visando o maior lucro possível à custa da exploração da força de trabalho e da inteligência humana e especialmente das riquezas naturais sem se dar conta das relações existentes entre todas as realidades, poluindo o  ar, contaminando as águas e envenenando os solos com pesticidas, está na contramão da lógica da natureza e do próprio universo que ligam e religam tudo com tudo, constituindo o esplendoroso grande Todo.

A Terra nos criou um lugar amigável para viver mas nós não estamos nos mostrando amigáveis para com ela. Ao contrário, a agredimos sem parar a ponto de ela não aguentar mais e começar a reagir, numa espécie de contra-ataque. Este é o significado maior da intrusão de toda uma gama dos vírus, especialmente o Covid-19. De cuidadores da natureza (Gênesis 2,15) nos fizemos em seu Satã ameaçador.

Ate o advento da modernidade entre os séculos XVII-XVIII, a humanidade se entendia normalmente com parte da Mãe Terra e de um cosmos vivente e cheio de propósito. Percebia-se ligado ao Todo. Agora a Mãe Terra foi transformada num armazém de recursos e num baú cheio de bens naturais a serem explorados. Nessa compreensão que acabou por se impôr, as coisas e os seres humanos estão desconectados entre si, cada qual seguindo um curso individual.

A ausência do sentimento de pertença a um Todo maior, o descaso das teias de relações que ligam todos os seres, tornou-nos desenraizados e mergulhados numa profunda solidão. Somos possuídos por um sentimento de que estamos sós no universo e perdidos, coisa que uma visão integradora do mundo, que existia anteriormente, o impedia. Hoje nos damos conta de que devemos estabelecer um laço de afetividade para com a natureza e para com os seus diversos seres vivos e inerte, pois possuímos a mesmo código genético de base, portanto, somos irmãos e irmãs, (árvores, animais mas também montanhas, lagos e rios). Sem não colocarmos coração em nossa relação – daí a razão cordial – dificilmente salvaremos a diversidade da vida e a própria vitalidade da Mãe Terra.

Por que fizemos esta inversão de rumo? Não será uma única causa, mas um complexo delas. Mas a mais importante e danosa foi ter abandonado da assim chamada Matriz Relacional. Vale dizer, a percepção da teia de relações que entrelaçam todos os seres. Ela nos conferia a sensação de sermos parte de um Todo maior, de que estávamos inseridos na natureza como parte dela e não simplesmente como  seus usuários e com interesses meramente utilitaristas. Perdemos a capacidade de encantamento pela grandeza da criação, de reverência face ao céu estrelado e de respeito por todo tipo de vida. Caso não mudarmos, poderá se realizar o que o Papa Francisco advertiu na encíclica Fratelli tutti:”estamos no mesmo barco:ou nos salvamos todos ou ninguém se salva (n.32).Não somos chamados a ser os agentes de nossa própria destruição mas a ser a melhor floração do processo cosmogênico.

Leonardo Boff escreveu com o cosmólogo Mark Hathaway, O Tao da libertação:explorando a ecologia de transformação, Vozes 2010/ Orbis Books, N.York 2010 prefácio de F. Capra.