L.G. Belluzzo:Não é ser petista, é ser justo

O economista Luiz Gonzaga Belluzzo, em artigo artigo especial, afirma que defender Lula é atitude de gente sensata, gente gente que sabe que o que está em jogo não é corrupção, apartamento triplex, sítio, pedalinho, nada disso. “O que está em jogo é o sistema democrático brasileiro”, explica o economista para então emendar: “Não é ser petista, é ser justo”

08/03/2018 11:28

 

“Defender Lula não é coisa de petista, nem de “esquerdista”. Defender Lula é atitude de gente sensata, gente que sabe que o que está em jogo não é corrupção, apartamento triplex, sítio, pedalinho, nada disso.

O que está em jogo é o sistema democrático brasileiro. O que está em jogo é a falência do sistema judiciário brasileiro que se tornou partidário e tão ou mais corrupto que o sistema político.

O que está em jogo é a imagem do Brasil perante o mundo porque nem mesmo os que acusam Lula estão convictos de que haja provas de corrupção do ex-presidente.

Vamos ser honestos, o processo é político e tem por objetivo tirar a maior liderança mundial da esquerda das eleições num país que vive um golpe de Estado, um golpe que tirou do poder uma mulher honesta, uma mulher nunca acusada, julgada e condenada por corrupção.

Sejamos honestos, o crime de Lula foi gerar ódio nessa elite que jamais aceitou que um torneiro mecânico, operário, nordestino e sem diploma tenha se tornado respeitado mundialmente, uma espécie de Nelson Mandela brasileiro, só que no combate à fome.

Sejamos honestos, os que defendem a sua prisão são os mais corruptos, comprovadamente corruptos, homens sem amor ao povo brasileiro, homens que por dinheiro venderiam até a alma, quem dirá vender a riqueza nacional como estão a vender.

Defender Lula é hoje um dever de qualquer patriota, qualquer democrata, independente de partidarismo.

Defender Lula é defender o Brasil e o que resta de dignidade nesse país. Lula não roubou, não recebeu dinheiro, não teve conta secreta descoberta na Suíça, nem dólares em paraísos fiscais.

Não caiu em áudio mandando matar, nem teve malas com milhões de reais com suas digitais. Lula elevou a condição de vida de milhões de brasileiros, provou que um homem de origem pobre e humilde pode ser Presidente e mais, pode ser o maior Presidente da história. Por isso a elite brasileira com seu complexo de inferioridade, com seu complexo de vira-latas jamais o perdoará.

O crime de Lula, na verdade, foi comandar um governo voltado para os mais pobres, um governo mais popular e independente, soberano e isso, amigos e amigas, jamais será aceito pela Casa Grande.

Defender Lula é defender a história, é defender a justiça, pois um homem respeitado no mundo todo não merece nos seus 72 anos de idade ser preso, condenado por um crime que não cometeu.

Lula merece o apoio de todo o povo a quem ele tanto dedicou sua vida.

*Luiz Gonzaga Belluzzo é doutor em economia pela Unicamp e fundador da Faculdades de Campinas (Facamp).

Dom Pedro Casaldaliga: pastor,profeta,poeta e muito pobre

Publico este texto de alguien muy cercano a Dom Pedro Casaldáliga que el 16 de febrero celebró 90 años. Nos trae memorias vividas junto a él, que nos revelan el perfil de un obispo que tomó el Evangelio de Jesús al pie de la letra y lo vivió en medio de los mayores peligros y amenazas de muerte, siempre al lado de los últimos, víctimas del latifundio y de indígenas expulsados o amenazados de muerte. Ahora celebra 90 años con Parkinson pero con plena lucidez de espíritu. Yo me sumo a este homenaje a don Pedro hecho por este amigo anónimo que no quiere darse a conocer, para que el centro sea ocupado por el obispo y no por él. LBoff

¡Muchas gracias, Pedro!

Hoy cumple usted 90 años. Su cuerpo está fragilizado y muy limitado por los ataques del mal, que usted franciscanamente llama “hermano Parkinson”. La mente, como siempre lúcida, continúa su profetismo. Agradezco a Dios porque, desde mediados de los años 70, le tengo como maestro. Desde que, junto con los hermanos Pedro y Felipe, llegué como monje a Goiás (1977), nos convertimos en compañeros de camino en la Pastoral de la Tierra, en el amor a los indios y en la lucha para hacer la Iglesia más evangélica y liberadora. Nuestros contactos se intensificaron porque en aquellos años, varias veces, usted y el equipo de la prelatura me invitaron a participar en asambleas, encuentros bíblicos y creo que prediqué dos o tres retiros anuales para los agentes de pastoral. Yo que iba a ayudar acababa siendo formado mucho más por ustedes. Además, estuvimos juntos en la coordinación nacional de la CPT y en la asesoría del CIMI. Cuántas veces viajamos juntos en autobús de Goiânia a Salvador y al interior de Minas. No olvido sus malabares para ir como pobre de Goiânia a San Félix. A veces, tomabas el autobús nocturno hacia San Miguel del Araguaia y allí el avión de línea que te llevaba a San Félix.

Una vez, a principios de los años 90, llovía mucho. Usted venía de una asamblea de los obispos de la región. Había sido una asamblea tan tensa y le había dejado tan triste y abatido que le dio fiebre y malestar. En medio de la noche, en el autobús se sintió mal, pidió al conductor hacer una parada y se bajó. El conductor creyó que usted se quedaría allí y se fue con el autobús y su maleta. Usted se quedó solo, sin maleta ni dinero, a las dos de la madrugada, en medio de la lluvia y de la nada de un punto cualquiera del Cerrado. Eran las dos de la madrugada y usted caminó bajo la lluvia y el frío (con fiebre) hasta encontrar una casita donde una pareja de labradores lo acogió, le dio ropa seca y allí pasó el resto de la noche. Por la mañana temprano se despierta con ellos escuchando la radio y oyendo hablar la palabra del evangelio. Y el hombre le explica: “Todos los días por la mañana sólo salgo al trabajo después de escuchar la palabra de nuestro obispo”. Y usted duda en decirles que ese obispo era usted. En San Félix, yo y todos le esperábamos sin saber lo que había sucedido y usted llegó en el siguiente avión (24 horas después).

En los años 90 estábamos juntos en Luciara, a orillas del río Araguaia. Usted había insistido en que yo fuera a hablar sobre el agua y la defensa del río. Estábamos alojados en la misma habitación de la casa del diácono. Por la tarde llegan dos señoras y cuentan que sus maridos habían recibido dinero de un terrateniente y venían armados para matarle a usted aquella noche. Usted se negó a interrumpir el encuentro. Con mucha insistencia, aceptó regresar a San Félix al día siguiente de madrugada en barco por el río y no por la carretera. Por la noche, en aquel cuarto los dos, separados por una ventana de madera, que bastaba una patada y la ventana caía. Allá fuera, los hombres de la comunidad se turnaban. Pero mientras tú dormiste toda la noche, yo pasé la noche escuchando ruidos al otro lado de la ventana. Hoy tengo vergüenza de mi miedo… y de cómo dormías tranquilo…

Pero mi testimonio es para hablar de ti y no de mí. Pocos obispos que conocí atravesaron el túnel de los tiempos de Juan Pablo II y Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, fieles a lo que creían y con el coraje de ser testigos del reino, aun cuando la jerarquía no era.

A mediados de los años 80 cuánto bien hizo usted en su misión por Nicaragua sandinista, por El Salvador, por Centroamérica y aún por Cuba… Cuánto dolor al ver que el propio Papa no lo apoyaba. Algunos obispos locales presionaban al Vaticano. Y el Cardenal Sodano, secretario de Estado, lo amenazaba y exigía, en nombre del Papa, que usted abandonara esa misión.

En esa ocasión usted confesaba a los más cercanos: “Obedezco cuando es para cumplir el evangelio, pero no cuando es para incumplirlo y fallar con los hermanos que sufren. En el caso de ser obligado a renunciar al ministerio de obispo, seguiré junto a ellos”.

¿Cómo resumir todo lo que los Xavantes, Tapirapés y Karajás de la isla le deben en la defensa de sus tierras y sus culturas? Gracias por haber aprendido de ti ese amor reverencial que hasta hoy me conmueve, cuando encuentro a un indio y, en él o en ella, puedo adorar la figura de Jesús, mi maestro y Señor. Usted siempre unió su profunda fe orante y la certeza de que no hay camino de justicia y paz dentro de los moldes del capitalismo y en esa farsa de democracia que aún tenemos. Siempre dio apoyo total y profundo a nuestra investigación teológica de la ASETT sobre el Pluralismo Religioso y los muchos nombres de Dios.

¿Cuántas cosas yo y tantos cristianos/as le debemos en ese camino de una espiritualidad social y política liberadora? Sólo podemos agradecerle confirmando hoy que vamos a mantenernos firmes en el camino. Vamos sí, incluso conscientes de nuestra pobreza, a continuar su profecía en ese mundo y, aun sin tener su vena poética ni su profunda inteligencia espiritual, vamos a luchar para que permanezca siempre viva su llama mística y revolucionaria que hace que cualquier persona que lo vea, sienta en usted, como exhalando de su piel, la presencia viva del Espíritu de Ternura que lo inspira y lo mueve. Muchas gracias, PEDRO CASALDÁLIGA, profeta de la ternura revolucionaria…

Bendice al grupo Compartir, grupo laico fundado por don Helder, que mañana, día 16 de febrero, celebrará conmigo esa memoria en agradecimiento a Dios por tu vida. Bendice también a tu hermano. MB.

Dom Pedro Casaldáliga e sua extrema pobreza pessoal,coragem profética aliada à uma poesia comprometida

Publico este texto de alguém muito próximo de Dom Pedro Casaldálig que no dia 16 de fevereiro celebrou 90 anos. Nos traz memórias vividas junto com ele e que nos revelam o perfil de um bispo que tomou o Evangelho  de Jesus ao pé da letra e o viveu no meio dos maiores perigos e ameaças de morte, sempre ao lado dos últimos, vítimas do latifúndio e de indígenas expulsos ou ameaçados de morte. Agora celebra 90 anos com Parkinson mas com plena lucidez de espírito. Associo-me a esta homenagem a Dom Pedro, feita por este amigo anônimo que não quer se dar a conchecer, para que o centro seja ocupado pelo bispos e não por ele. LBoff

Muito obrigado, Pedro!

Hoje, você completa 90 anos. O corpo está fragilizado e muito limitado pelos ataques do mal que você, franciscanamente, chama de “irmão Parkinson”. A mente, como sempre lúcida, continua o seu profetismo. Agradeço a Deus pelo fato que, desde a metade dos anos 70, o tenho como mestre. Desde que, junto com os irmãos Pedro e Filipe, cheguei como monge, em Goiás (1977), nos tornamos companheiros de caminhada na Pastoral da Terra, no amor aos índios e na luta para tornar a Igreja mais evangélica e libertadora. Os nossos contatos se intensificaram pelo fato de que, naqueles anos, várias vezes, você e a equipe da prelazia me convidaram para participar de assembleias, encontros bíblicos e penso que preguei dois ou três retiros anuais para os agentes de pastoral . Eu que ia para ajudar acabava sendo muito mais formado por vocês. Além disso, estávamos juntos na coordenação nacional da CPT e na assessoria do CIMI. Quantas vezes, viajamos juntos de ônibus de Goiânia a Salvador e ao interior de Minas. Não esqueço o seu malabarismo para ir como pobre de Goiânia a São Félix. Às vezes, tomava o ônibus noturno para São Miguel do Araguaia e lá o aviãozinho de linha que o levava a São Félix.

Uma vez, no começo dos anos 90, chovia muito. Você vinha de uma assembleia dos bispos da região. Tinha sido uma assembleia tão tensa e tinha lhe deixado tão triste e abatido que lhe atacou uma febre e mal estar. No meio da noite, no ônibus, você se sentiu mal e pediu ao motorista para dar uma parada e desceu. O motorista achou que você ficaria lá e foi se embora com o ônibus e sua mala. Você ficou sozinho e, sem mala, nem dinheiro, às duas da madrugada, no meio da chuva e do nada de um ponto qualquer do Cerrado. Eram duas da madrugada e você andou na chuva e no frio (com febre) até encontrar um casebre onde um casal de lavradores o acolheu, lhe deu roupa enxuta e ali você passou o resto da noite. De manhã cedo, acorda com eles dois escutando o rádio e lhe ouvindo falar a palavra do evangelho. E o homem lhe explica: “Diariamente, pela manhã, só vou para o trabalho depois de ouvir a palavra do nosso bispo”. E você hesita em lhes dizer que aquele bispo era você. Lá em São Félix, eu e todos lhe esperando sem saber o que tinha acontecido e você só chegou no avião seguinte (24 horas depois).

Já nos anos 90, estávamos juntos em Luciara, nas margens do Araguaia. Você tinha insistido em que eu fosse falar sobre a água e a defesa do rio. Estávamos hospedados no mesmo quarto da casa do diácono. Á tarde, chegam duas senhoras e contam que os maridos tinham recebido dinheiro de um latifundiário e vinham armados para, naquela noite, matar você. Você se negou a interromper o encontro. Com muita insistência, aceitou regressar a São Félix no dia seguinte de madrugada, de barco pelo rio e não pela estrada. À noite, naquele quarto, nós dois, mediados por uma janela de madeira que bastava um chute e a janela caía. Lá fora, homens da comunidade se revezavam. Mas, enquanto você dormiu toda a noite, eu passei a noite inteira ouvindo ruídos do outro lado da janela. Hoje, tenho vergonha do meu medo…. E de como você dormia tranquilo… .

Mas, esse meu testemunho é para falar de você e não de mim. Poucos bispos que conheci atravessaram o túnel dos tempos de João Paulo II e Joseph Ratzinger, o Papa Bento XVI, fieis a aquilo que acreditavam e com a coragem de ser testemunhas do reino, mesmo quando a hierarquia não era.

Nos meados dos anos 80, quanto bem você fez, em sua missão pela Nicarágua sandinista, por El Salvador, pela América Central e ainda Cuba… Quanta dor em ver que o próprio papa não o apoiava. Alguns bispos locais pressionavam o Vaticano. E o Cardeal Sodano, secretário de Estado, o ameaçava e exigia, em nome do papa que você abandonasse aquela missão.

Na ocasião, você confessava aos mais próximos: “Obedeço quando é para cumprir o evangelho, mas não quando é para me descumpri-lo e falhar com os irmãos que sofrem. Nesse caso, serei obrigado a renunciar ao ministério de bispo, mas continuarei junto deles”.

Como resumir tudo o que os Xavantes, Tapirapés e Karajás da ilha lhe devem na defesa de suas terras e suas culturas? Obrigado por ter aprendido de você esse amor reverencial que até hoje me comove, quando encontro um índio e, nele ou nela, posso adorar a figura de Jesus, meu mestre e Senhor. Você sempre uniu a sua profunda fé orante e a certeza de que não há caminho de justiça e paz dentro dos padrões do Capitalismo e nessa farsa de Democracia que ainda temos. Sempre deu apoio total e profundo à nossa investigação teológica (da ASETT) sobre o Pluralismo Religioso e os muitos nomes de Deus.

Quantas coisas eu e tantos/as cristãos/ãs lhe devemos nesse caminho de uma espiritualidade social e política libertadora? Só podemos agradecer lhe confirmando hoje que vamos sim nos manter firmes no caminho, vamos sim, mesmo conscientes de nossa pobreza, continuar a sua profecia nesse mundo e, mesmo sem ter sua veia poética e sua profunda inteligência espiritual, vamos lutar para permaneça sempre viva a sua chama mística e revolucionária que faz com que qualquer pessoa que o veja, sinta em você, como que exalando de sua pele, a presença viva do Espírito de Ternura que o inspira e o move. Muito obrigado, PEDRO CASALDÁLIGA, profeta da ternura revolucionária…

Abençoe o grupo da Partilha, grupo leigo, fundado por Dom Helder que, amanhã, dia 16 de fevereiro, celebrará comigo essa memória, em agradecimento a Deus pela sua vida. Abençoe também esse seu irmão MB

 

Bolsa Juiz x Bolsa Família: uma comparação que desnuda os dois Brasis

Uma família atendida pelo Bolsa Família e o casal Bretas, símbolo do Bolsa Juiz

Neste artigo, um quadro que apresenta a comparação definitiva entre os programas do Bolsa Juiz (auxílio moradia + auxílio alimentação) e do Bolsa Família. Um retrato do comportamento das elites e do comportamento do povo; um exemplo concreto do tratamento que os ricos dispensam aos pobres no Brasil

Por Mauro Lopes

A diarista Selma Patrícia da Silva, de 42 anos, já foi beneficiária de programas de transferência de renda do governo, mas voluntariamente abriu mão depois que melhorou de vida. Selma diz ter recebido dinheiro do Auxílio Gás, do Bolsa Escola e do Bolsa Família na época em que ela e o marido faziam bicos como doméstica e pedreiro para sustentar os cinco filhos. Após construir a casa onde vive, em Formosa (GO), a diarista decidiu devolver o cartão, em 2013. “Pensei assim: da mesma forma que serviu para os meus filhos, vai ajudar outras pessoas. Acho muita covardia a pessoa não necessitar e ficar recebendo”, relembra Selma.

O juiz Marcelo Bretas tomou um caminho oposto ao de Selma. Ele tornou-se uma “celebridade” há cerca de um ano por suas sentenças duríssimas na Lava Jato, pelas citações bíblicas nas mesmas sentenças, pelo gosto pelas redes sociais e por se apresentar como paladino da moralidade. No entanto, apesar de ele a e mulher, Simone Bretas, também juíza, receberem mais de R$ 60 mil reais mensais, foram à Justiça para “exigir o direito” de ambos receberem o auxílio moradia no valor de R$ 8.754,00 mensais, apesar de morarem terem apartamento próprio no Rio de Janeiro, onde moram.  Bretas defendeu seu “direito” e o da mulher à mamata num tuíte  apesar de resolução do Conselho Nacional de Justiça haver regulamentado o assunto em 2014 e vetado o auxílio moradia para juízes que têm residência na cidade onde trabalham. Não só brigaram para receber como ainda entraram numa queda de braço com Bradesco para reajustar o aluguel de um de seus imóveis próprios no Rio de R$ 10.685,80 para R$ 20 mil. Isso e ainda contar os R$ 907,00 que o casal juiz/juíza recebem como auxílio alimentação – o que cada um se apossa só em auxílio alimentação já é bem superior ao teto do benefício do Bolsa Família. Somados, os dois benefícios compõem o Bolsa Juiz do casal: R$ 9.661,00 mensais.

Selma e o casal Bretas: duas maneiras de ver a vida, o Estado e o Brasil

São duas maneiras de enxergar o Brasil, a relação com as pessoas e o Estado. Selma entendeu que os recursos do Estado são finitos e que o benefício que ela abriu mão de receber pode ajudar outra pessoas em condição pior que a dela –não por ter ficado rica, apenas por ter ficado menos pobre. Bretas e sua mulher são insaciáveis. Esfolam o Estado como os demais ricos do país. Para eles, os recursos públicos são um espólio de guerra –da guerra contra pobres- sobre o qual avançam com um apetite sem fim. O casal Bretas arranca mensalmente pelo menos R$ 80 mil do Estado direta ou indiretamente. Mas não basta –nunca basta.

O caso de Selma e do casal Bretas é um exemplo do abismo que separa ricos e os pobres no Brasil –e o dinheiro sequer é a maior distância entre eles. A elite brasileira não faz a menor ideia do que significam solidariedade ou compaixão, substantivos muito concretos no cotidiano duro dos mais pobres, que tecem frágeis redes de apoio entre si.

Bretas, Moro, os três desembargadores do TRF4 que condenaram Lula em 24 de janeiro com frases tonitruantes em seus votos, todos eles têm imóveis de alto valor nas cidades em que moram e trabalham –e todos recebem o Bolsa Juiz. Os exemplos não param: um desembargador de São Paulo, José Antonio de Paula Santos Neto, do Tribunal de Justiça, tem 60 imóveis registrados em seu nome na Prefeitura da cidade –mesmo assim açambarca mensalmente o Bolsa Juiz (auxílio moradia + auxílio alimentação).

O abismo entre a elite do país e os milhões e milhões de pobres tem o tamanho da distância que separa o Bolsa Juiz do Bolsa Família. Tudo o que neste artigo está exemplificado nos casos de Selma, do casal Bretas, de Moro, dos desembargadores do TRF4 e do desembargador dos 60 imóveis é a personificação dos programas Bolsa Juiz e Bolsa Família.

Constate as diferenças brutais entre um e outro. Por trás do Bolsa Juiz está a defesa dos empréstimos subsidiados que os empresários colhem nos bancos públicos, o dinheiro sem conta que deixam de recolher porque impõem uma estrutura tributária que massacra os pobres enquanto isenta-os de todos os lados, os trilhões de dinheiro do povo dos quais apoderam-se há anos, recebendo os juros da dívida pública. Olhando o Bolsa Família é possível sentir o sofrimento, a vida dura, a pobreza do povo brasileiro –mas, igualmente, sua dignidade.