Un “racismo amateur” o  un racismo cultural/estructura

La cuestión del racismo contra los negros es ancestral. En los últimos tiempos ha adquirido especial relevancia por causa de los crímenes cometidos contra algunos de ellos, de forma cruel en los Estados Unidos y de las  matanzas ocurridas especialmente en la zona norte y en la   Baixada de Río de Janeiro: jóvenes negros entre 18-20 años de edad no es raro que sean  “abatidos” (había hasta una cruel “ley del abatimiento” introducida por el gobernador de Río,  destituido, Witzel) como si fuesen animales. Con el pretexto  de  sentir miedo o de sentirse amenazado un policía podía “abatir” a las personas, especialmente negras.

Un fenómeno semejante está ocurriendo en varios países de Europa. Tengo en mis manos un minucioso estudio de un negro de Guiné-Bissau, Filomeno Lopes, periodista bien formado en una universidad italiana que trabaja en Roma como locutor de radio  Vaticano para África. Comprometido en la superación del racismo escribió una especie de carta abierta a los jóvenes italianos, no en lenguaje académico, sino de gran divulgación. Les dirige un mensaje  explicándoles  las muchas razones, todas ellas falsas, del por qué surgió el racismo secular contra los negros africanos. Da un título curioso: “un racismo amateur desacomplejado”. Con esto quiere aclarar que el racismo anti negro-africano está culturalmente tan arraigado que los jóvenes desconocen las razones de él,  por eso es “amateur, desacomplejado” y legitimado. Sin darse cuenta son racistas en el lenguaje, en las metáforas despectivas, en los chistes y en los comportamientos discriminatorios, hasta el punto de no darse cuenta de lo que hacen ni del  sufrimiento y la humillación  que causan en las víctimas negro-africanas. Esto mismo ocurrió  recientemente en  Valencia (España) contra un excelente futbolista negro brasilero que juega en el Real Madrid, Vinicius Junior.

Para muchos europeos los negros africanos son “Lázaros”, los condenados de la Tierra, los  descendientes malditos del Cam bíblico, descartados del sistema mundo.

En Brasil acuñamos la expresión  “racismo cultural” o “estructural”, o sea, los tres siglos de bárbara esclavitud, de malos tratos, de desprecio y odio a los millones de afro-descendientes impregnaron nuestra cultura de forma inhumana y, a veces, cruel. Solo por el simple hecho de ser negros y  principalmente si son pobres y viven en las favelas que rodean casi todas nuestras  ciudades.

Vean a qué punto ha llegado la barbarie en los llamados  países “civilizados” de Europa. Recientemente decidieron, tras deliberación de los gobiernos y por unanimidad, omitir del rescate del mar a los que vienen de Oriente Medio y particularmente a los que llegan de África. Pusieron sobre los hombros de Italia el encargo del rescate. Pero como están llegando multitudes, también Italia adhirió a esta política, un crimen contra la humanidad y contra toda la ética tradicional de la “ley del mar” escrupulosamente observada por  todos en el salvamento y rescate de personas que están en peligro de naufragar.

El Mediterráneo se está volviendo la sepultura de cientos y cientos de personas, relegadas, consideradas indeseables y “basura del mundo”. Bien decía el Papa Francisco: “ellos ahora están aquí en Europa, porque antes nosotros, europeos, estuvimos allí, en África, siendo bien recibidos. Pero los dominamos y les robamos las riquezas; ahora ellos  vienen para acá y son rechazados y mal recibidos”. Si consiguen pasar las fronteras, la primera pregunta que les hacen, sin ni siquiera saludarlos, es: ”documentos”; no ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes y qué buscas en este país? La mayoría viene huyendo de las  guerras y del hambre y buscan solo poder vivir con un mínimo   de paz.

Detrás  del racismo contra los negros está la arrogancia de los supremacistas blancos europeos y norteamericanos. Se juzgan en la punta de la pirámide de la hominización, considerando a los negros, debido al color su piel,  la escala intermedia entre el simio antropoide y el hombre blanco.

 ¿Cómo ha sido posible que estas personas, cristianizadas, negaran totalmente el mensaje del Maestro de  Nazaret, que no era blanco sino semita, y que reveló que todos los seres humanos son hijos e hijas de Dios y por eso respetables y amables?

Ni los mayores filósofos y genios escaparon del vicio racista, lo que valida la tesis de que la cabeza piensa desde donde pisan los pies, en este caso en un suelo cultural racista, antinegro africano.

Kant, el mayor crítico de la razón pura y de la razón práctica, no fue suficientemente crítico. Es de él la afirmación: “Los negros de África no recibieron de la  naturaleza ningún sentimiento que se elevase por encima de la estupidez (…). Los negros (…) son tan ruidosos que para calmarlos recurrimos a los palos”. Hegel va todavía más lejos:  “El negro encarna al hombre en el estado de la naturaleza en todo su salvajismo y  desenfreno”. Por lo tanto, “si queremos tener una idea correcta de él, debemos abstraernos de cualquier noción de respeto, de moralidad, de todo lo que recibe el nombre de sentimiento: en este carácter no podemos encontrar nada que contenga siquiera un eco de humanidad.  Los relatos detallados de los misioneros confirman plenamente nuestra afirmación y parece  que solo el  mahometismo es aún capaz de  aproximar  a los negros de la cultura”.

Con razón reconocía Gramsci: “La historia es maestra pero no tiene discípulos”.  Estos malos discípulos forjaron la ideología que legitimase la esclavitud y la supremacía de los blancos.

Todo el esfuerzo del autor es mostrar a los jóvenes los grandes valores de las culturas africanas, especialmente en torno al concepto  de Ubuntu: “yo soy yo a través de ti y contigo;  yo soy  porque nosotros somos; la vida es siempre con los otros; el ser humano es el remedio del otro ser humano”. Es el ser juntos, la comunión de  “nosotros somos” que funda  la “comunión de destino”.

Si se vive esto no hay porque segregar, hace ya tantos siglos,  a millones y millones  de africanos. Es importante recordar que todos somos africanos, pues el primer ser humano  irrumpió en África y de allí se difundió por todo el mundo. Hoy nos encontramos en la misma Casa Común. Ellos, que fueron los primeros, no pueden ser considerados los últimos. Al contrario, debemos estarles agradecidos porque en ellos se formaron las primeras estructuras psíquicas, mentales, sentimentales y racionales que nos caracterizan como humanos. En ese sentido la Madre África es perenne y vivirá siempre en nosotros, pues con ella formamos una comunidad de destino junto con la otra Madre, la Tierra.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor y ha escrito: El destino del hombre y del mundo, Sal Terrae 1978, varias ediciones.                                          

Um “racismo amador”ou um racismo cultural

A questão do racismo contra os negros é ancestral. Nos últimos tempos ganhou especial relevância por causa dos crimes cometidos contra alguns deles, de forma cruel, nos USA e das chacinas ocorridas especialmente na zona norte e na Baixada do Rio de Janeiro: jovens negros na idade entre 18-20 anos são, não raro, “abatidos” (havia até a cruel “lei do abate”introduzida pelo governador do Rio,  cassado, Witzel) como se fossem animais. Sob o pretexto de um policial se sentir com medo ou ameaçado podia “abater” as pessoas, especialmente, negras.

Fenômeno semelhante está ocorrendo em vários países da Europa. Tenho em mãos um minucioso estudo de um negro de Guiné Bissau,Filomeno Lopes, jornalista bem formado numa universidade italiana e que trabalha em Roma como radialista na rádio do Vaticano para a África. Engajado na superação do racismo escreveu uma espécie de carta aberta aos jovens italianos, não no dialeto acadêmico, mas de alta divulgação.  A eles dirige uma mensagem, explicando-lhes as muitas razões, todas elas falsas, do porquê surgiu o racismo secular contra os negros-africanos. Dá um título curioso: “um racismo amador e descomplexado”. Com isso quis aclarar que o racismo antinegro-africano está culturalmente tão arraigado que os jovens lhes desconhecem as razões, por isso, é “amador, descomplexado” e legitimado. Sem dar-se conta são racistas na linguagem, nas metáforas despectivas, nos chistes e nos comportamentos discriminatórios, a ponto de não se darem conta do que fazem e do sofrimento e da humilhação que produzem nas vítimas negro-africanas. Esse fato ocorreu recentemente na Espanha contra um excelente jogador negro brasileiro, Vinicius Junior, do Valência.

Para muitos europeus os negros africanos são “Lázaros”, os condenados da Terra, os amaldiçoados descendentes de Cam bíblico, descartados do sistema mundo.

No Brasil cunhamos a expressão de “racismo cultural” ou “estrutural”, vale dizer,os três séculos de bárbara escravidão, de maus tratos, de desprezo  e de ódio aos milhões de afro-descendentes impregnaram nossa cultura de forma desumana e, por vezes, cruel. Só pelo simples fato de serem negros e principalmente se forem pobres e morarem nas favelas que circundam quase todas as nossas cidades.

Vejam a que ponto chegou a barbárie nos países ditos “civilizados” da Europa.Recentemente decidiram como deliberação dos governos e por unanimidade a omissão de resgate do mar, seja dos que vêm do Oriente Médio mas particularmente dos que chegam de África. Colocaram sobre os ombros da Itália o encargo do resgate. Mas como estão chegando multidões, também a Itália aderiu a esta política,um crime contra a humanidade e  contra toda a tradicional ética da “lei do mar”escrupulosamente observada por  todos na salvação e no resgate de pessoas postas em risco ou náufragas.

O Mediterrâneo está se tornando a sepultura de centenas e centenas de pessoas, relegadas, consideradas indesejáveis e “lixo do mundo”. Bem dizia o Papa Francisco:”eles agora estão aqui na Europa, porque antes nós, europeu, estivemos lá, na África, sendo bem recebidos mas dominando-os e roubando-lhes as riquezas; agora eles  vêm para cá e são rechaçados e mal recebidos”. Se conseguem passar as fronteiras, a primeira pergunta certa feita, sem sequer saudá-los é:”documentos”; não quem és? Como te chamas? De onde vens e o que buscas neste país? A maioria foge das guerras e da fome buscam apenas viver com um mínimo de paz.

Por detrás  do racismo contra os negros está a arrogância dos supremacistas brancos europeus e norte-americanos. Julgam-se no topo da pirâmide da hominização,considerando os negros, em razão da cor de sua pele, a escala intermediária entre o símio antropoide e o homem branco. Como foi possível que estas pessoas, cristianizadas, negaram totalmente a mensagem do Mestre de  Nazaré, não branco mas semita, que revelou serem todos os seres humanos filhos e filhas de Deus e por isso respeitáveis e amáveis? Mesmo os maiores filósofos e gênios não escaparam do vício racista, o que comprova a tese de que a cabeça pensa a partir de onde os pés pisam, no caso, num solo  cultural racista, antinegro africano.

Kant,o maior crítico da razão pura e da razão prática, não foi suficientemente crítico. É dele a afirmação:”Os negros da África não receberam da natureza nenhum sentimento que se elevasse acima da estupidez (…). Os pretos (…) são tão barulhentos que para acalmá-los recorremos a pauladas”. Hegel vai mais longe ainda:” “O negro encarna o homem no estado de natureza em toda a sua selvajaria e desenfreamento”. Portanto, “se queremos ter uma ideia correta dele, devemo-nos abstrair de qualquer noção de respeito, moral, de tudo o que se passa sob o nome de sentimento: neste caráter não podemos encontrar nada que contenha até mesmo um eco de humanidade. Os relatos detalhados dos missionários confirmam plenamente a nossa afirmação e parece que só o maometanismo ainda é capaz de aproximar os negros da cultura”. Com razão reconhecia Gramsci:”A história é mestra mas não tem discípulos” Estes maus discípulos forjaram a ideologia que legitimasse a escravidão e a supremacia dos brancos.

Todo o esforço do autor é mostrar aos jovens os grandes valores das culturas africanas, especialmente ao redor do conceito de Ubuntu:”eu só sou eu através e com você;  eu sou porque nós somos; a vida é sempre com os outros; o ser humano é o remédio do outro ser humano”. É o ser juntos, a comunhão do “nós somos” que funda a”comunhão de destino”.

Se isso for vivido não há porquê segregar, já por tantos séculos, milhões e milhões de africanos. Importa recordar que todos nós somos africanos, pois, o primeiro ser humano irrompeu na África e de lá se difundiu por todo o mundo. Hoje nos encontramos na mesma Casa Comum. Eles que foram os primeiros não podem ser considerados os últimos. Ao contrário, devemos agradecer-lhes porque neles se formaram as primeiras estruturas psíquicas,mentais,sentimentais e racionais que nos caracterizam enquanto humanos. Nesse sentido a Mãe África é perene e viverá sempre em nós, pois com ela formamos uma comunidade de destino junto com a outra Mãe, a Terra.

Leonardo é teólogo,filósofo e escritor e escreveu: O destino do homem e do mundo, Vozes 1973, várias edições.

Del caos mundial, ¿un nuevo orden?

Como pocas veces en la historia general de la humanidad, con posibilidad de ser datada, constatamos una situación de caos en todas las direcciones y en todas las esferas de la vida humana, de la naturaleza y del planeta Tierra como un todo. Hay presagios apocalípticos que se engloban bajo el nombre de antropoceno (el ser humano es el gran meteoro amenazador de la vida), de necroceno (muerte masiva de especies de vida) y últimamente de piroceno (los grandes incendios en varias regiones de la Tierra), todo por la irresponsable acción humana y como consecuencia del nuevo régimen climático irrefrenable, y no en último lugar, el peligro de una hecatombe nuclear capaz de exterminar toda la vida humana.

No obstante el enorme avance de las ciencias de la vida y de la tierra, principalmente del mundo virtual y de la Inteligencia Artificial (IA), no reina optimismo, sino pesimismo y preocupación seria sobre el eventual fin de nuestra especie. Muchos jóvenes se dan cuenta de que, al prolongarse y al  agravarse el curso actual de la historia, no van a tener un futuro apetecible. Se comprometen valientemente en un movimiento que ya es planetario para la salvaguarda de la vida y del futuro de nuestra Casa Común, como lo hace prototípicamente la joven Greta Thunberg.

No deja de sonar porfiadamente la advertencia del Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti (2020): “Todos estamos en el mismo barco; o nos salvamos todos o no se salva nadie” (n.32).

En este contexto vale la pena reflexionar sobre la contribución que nos ofrece uno de los mayores científicos actuales, ya fallecido, el  ruso-belga Ilya Prigogine, premio Nobel de Química en 1977, con su vasta obra, pero  principalmente en  “El fin de las certidumbres” (ed. Andrés Bello,1996). Él y su equipo crearon una nueva ciencia, la física de los procesos de no-equilibrio, es decir, en situación caótica.

En su obra pone en jaque a la física clásica con sus leyes determinísticas y muestra que la flecha del tiempo no vuelve atrás (irreversibilidad), que apunta a probabilidades y nunca a certidumbres. La propia evolución del universo se caracteriza por fluctuaciones, desvíos, bifurcaciones, situaciones caóticas, como la primera singularidad del big bang, generadoras de nuevos órdenes. Enfatiza que el caos nunca es solo caótico. Él alberga un orden escondido que, dadas ciertas condiciones, irrumpe y da inicio a otro tipo de historia. El caos, por tanto, puede ser generativo, pues del caos surgió la vida, afirma Prigogine.

En este científico, que era también un gran humanista, encontramos algunas reflexiones que no son tanto soluciones, sino inspiraciones para desbloquear nuestro horizonte sombrío y catastrófico. Pueden generar alguna esperanza en medio del pesimismo generalizado de nuestro mundo, hoy planetizado, a pesar de la lucha por la hegemonía del proceso histórico, unipolar (USA) o multipolar (Rusia, China y los Brics).

Prigogine comienza diciendo que el futuro no está determinado. “La creación del universo es ante todo una creación de posibilidades, algunas de las cuales se realizan y otras no”. Lo que puede suceder está siempre en potencia, en suspensión y en estado de fluctuación. Así ocurrió en la historia de las grandes destrucciones  ocurridas hace millones de años en el planeta Tierra. Hubo épocas, especialmente cuando ocurrió el  rompimiento de Pangea (el continente único) que se dividió en partes, originando los distintos  continentes. Cerca del 75% de la carga biótica desapareció. La Tierra necesitó algunos millones de años para rehacer su biodiversidad.

Es decir, de aquel caos surgió un nuevo orden. Lo mismo cabe afirmar de las 15 grandes destrucciones que nunca consiguieron exterminar la vida en la Tierra. Más bien, se produjo después un salto cualitativo y un orden superior. Así sucedió con la última gran extinción masiva ocurrida hace 67 millones de años que se llevó a todos los dinosaurios pero dejó a nuestro ancestral que evolucionó hasta alcanzar el estadio actual de sapiens sapiens o, realísticamente, sapiens y demens.

Prigogine desarrolló lo que él llamó “estructuras disipativas”. Ellas disipan el caos y también los deshechos transformándolos en nuevos órdenes. Así, en un lenguaje pedestre, de la basura del sol –los rayos que se dispersan y llegan a nosotros– surge casi toda la vida en el planeta Tierra, especialmente permitiendo la fotosíntesis de las plantas que nos entregan el oxígeno sin el cual nadie vive. Esas estructuras disipativas transforman la entropía en sintropía. Lo que es caótico y dejado de lado es reelaborado hasta formar un orden nuevo. De esta forma, no iríamos al encuentro de la muerte térmica, un colapso total de toda la materia y energía, sino hacia órdenes cada vez más complejos y altos hasta un supremo orden, cuyo sentido último nos es indescifrable.   Prigogine rechaza la idea de que todo termina en el polvo cósmico.

Como consecuencia, Prigogine es optimista ante el caos actual, inherente al proceso evolutivo. En esta fase, le corresponde al ser humano la responsabilidad de, al conocer el dinamismo de la historia en abierto, asumir decisiones que den prevalencia al caos generativo y hacer valer las estructuras disipativas que ponen un freno a la acción letal del caos destructivo.

“Cabe al hombre tal cual es hoy, con sus problemas, dolores  y alegrías, garantizar que sobreviva al futuro. La tarea es encontrar la estrecha vía entre la globalización y la preservación del pluralismo cultural, entre la violencia y la política, y entre la cultura de la guerra y la de la razón”. El ser humano se presenta como un ser libre y creativo y podrá transformarse y transformar el caos en cosmos (orden nuevo).

Tal parece ser el desafío actual frente al caos que nos asola. O tomar conciencia de que sobre nosotros recae la responsabilidad de querer continuar sobre este planeta o permitir, por nuestra irresponsabilidad, un Armagedón ecológico-social. Sería el trágico fin de nuestra especie.

Alimentamos con Prigogine la esperanza humana (y también teológica) de que el caos actual representa una especie de parto, con los dolores que lo acompañan, de una nueva forma de organizar la existencia colectiva de la especie humana dentro de la única Casa Común, incluyendo a toda la naturaleza sin la cual nadie sobreviviría. Si es grande el peligro, decía un poeta alemán, grande es también la posibilidad de salvación. O en las palabras de las Escrituras: “Donde abundó el pecado (caos), sobreabundó la gracia (nuevo  orden: Rm 5,20). Así lo esperamos y así lo quiera Dios.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de los Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes 2021; Habitar la Tierra: cuál es el camino para la fraternidad universal, Vozes 2021.

Traducción de María José Gavito Milano

O otimismo da vontade contra o colapsoo climático

Michael Löwy

Publicamos este texto do amigo e interlocutor Michael Löwy pela clareza das ideias e pela alternativa que oferece à crise mundial que nos afeta a todos e põe até em risco o nosso futuro. Sua posição é equilibrada e nos abre um horizonte de esperança. Vale a pena ler e aprofundar sua proposta pois representa uma utopia viável e esperançadora. LBoff

No último dia 3 de junho, o Fórum 21 e parceiros, como o Fórum Permanente da Intelectualidade Orgânica, promoveram um encontro com o intelectual marxista Michael Löwy, diretor do Centro Nacional de Pesquisa Científica (CNRS em francês) e um dos grandes estudiosos do pensamento revolucionário de esquerda, com obras sobreKarl Marx,Leon Trotski, Rosa Luxemburgo, György Lukács, Lucien Goldmann e Walter Benjamin; além de movimentos transgressores como o surrealismo e o romantismo e a teologia da libertação sobre a qual escreveu vários livros.

Desde 2013, inicialmente ao lado do filósofo marxista Leandro Konder (falecido em 2014), Löwy passou a coordenar a coleção Marxismo e literatura da editora Boitempo, de imensurável contribuição para a formação política dos leitores brasileiros e latino-americanos. Sua militância “faz dele um elo de fundamental importância entre inúmeros grupos políticos de esquerda dos dois lados do Atlântico” e “sua personalidade aberta, tolerante e avessa às frequentes rupturas entre marxistas faz com que atue nos mais diversos fóruns de debate pela coesão e pela construção do socialismo” (p. 11), aponta Ivana Jinkings e João Alexandre Peschanski em As utopias (Boitempo, 2007) de Michael Löwy .

Com essa bagagem de décadas de militância e de produção teórica, Löwy vem defendendo o Ecossocialismo, “um projeto civilizatório ancorado na democracia social e econômica, e no respeito à Natureza”, que agrega o que há “de melhor no socialismo e na ecologia”, explica. Em “O que é o Ecossocialismo?” (Cortez Editora, 2012), ele traz os fundamentos dessa concepção de mundo, ampliando e atualizando os conceitos abordados em Ecologia e Socialismo, publicado pela mesma editora em 2004.

Nessa palestra, ele explica o ecossocialismo e aponta como as lutas ecológicas e socialistas compartilham da mesma base antissistêmica, fundamental para o enfrentamento das mudanças climáticas e, em última instância, para a sobrevivência da humanidade no planeta. Afinal, por mais que os bilionários lancem foguetes para escapar do inferno ambiental que estão produzindo, a verdade é que “não existe Planeta B”.

Partindo da célebre frase de Gramsci, de que é preciso manter “o pessimismo da razão” e “o otimismo da vontade”, Löwy dividiu sua palestra em duas partes: na primeira, ele traz um diagnóstico sintético das catástrofes ambientais e políticas em marcha; na segunda, os caminhos (ainda) possíveis.

O pessimismo da razão

A situação da humanidade é grave. A crise ecológica e a mudança climática representam uma ameaça sem precedentes na história humana e diante disso, aponta Löwy, “a questão ambiental já é e será ainda mais a principal questão política, econômica, social e ética do século XXI”.

Nunca vivemos algo parecido em termos ambientais e de ameaça civilizatória. Pela primeira vez e num futuro não muito distante, a humanidade poderá chegar ao extremo de acabar com a água potável do planeta. Ao mesmo tempo, o nível do mar, devido ao derretimento das calotas polares da Groenlândia e da Antártica, poderá se elevar mudando completamente a paisagem que hoje conhecemos. “Bastam alguns metros, para que cidades como Rio de Janeiro, Recife, Amsterdã, Veneza, Londres, Nova York, Xangai, etc. fiquem debaixo d´água”.

Ante esse cenário trágico, soam cada vez mais “absurdas as discussões dos meios bancários, do sistema econômico e financeiro sobre quantos por cento do PIB serão perdidos para evitar as catástrofes ecológicas. Como você calcula o custo dessas cidades? Das vidas humanas?”, questiona Löwy e, sobretudo, “quem é responsável por essa situação, sem precedentes?”

Os cientistas usam o termo antropoceno para descrever atual era geológica, iniciada a partir dos anos 1940. “Uma era geológica em que o antropos (o ser humano) está mudando alguns dos parâmetros fundamentais do planeta, como o clima”. Embora “cientificamente correto” – realmente é a ação humana (antropos) que está provocando a crise – Löwy destaca que antropoceno é um termo “um pouco curto” porque a humanidade existe “há centenas de milhares de anos” sem crise ecológica.

A crise começa com a Revolução Industrial no século XVIII, agravando-se “muitíssimo depois da II Guerra Mundial, a partir de 1945”. A responsabilidade não é “da ação humana, em geral”, mas de “um modo particular de produção e de ação humana: o modo de produção capitalista industrial moderno”. Em sua avaliação a compreensão “de que o responsável pela crise ecológica e pelas mudanças climáticas é a civilização capitalista moderna, o sistema capitalista, vem sendo bastante aceita, e para além dos circuitos marxista e ecossocialista”.

Löwy cita os exemplos da encíclica Laudato Si’ do Papa Francisco, sobre o cuidado da Casa Comum, de 2015, que responsabiliza “o atual sistema [capitalista] globalizado, baseado em formas perversas de propriedade com o único critério de maximização do lucro” pela crise ecológica e pela desigualdade social. Destaca também a mobilização das juventudes pelo mundo afora e o impacto da ativista ambiental sueca Greta Thunberg, que afirma ser “matematicamente impossível resolver a crise ecológica nos quadros do atual sistema econômico”.

Posturas antissistêmicas que se confrontam com a “atitude totalmente ecocida” de figuras como Donald Trump e Jair Bolsonaro, que negam as mudanças climáticas, defendendo os interesses do que Löwy denomina de “oligarquia fóssil”, uma poderosa parcela da classe dominante ligada aos interesses do carvão, do petróleo e o do gás. “Um enorme conglomerado, poderosíssimo, o coração das classes dominantes no capitalismo. Essa oligarquia fóssil não quer ouvir falar em abandonar as energias fosseis obviamente porque seu poder econômico depende dessas fontes”, afirma.

Felizmente, “a maior parte dos governos e países reconhece que o problema existe e que ele é sério”. No entanto, combatê-lo demanda ações antissistêmicas porque “o sistema capitalista não pode existir sem acumulação do capital, do lucro, da mercadoria, do mercado. Não pode existir sem expansão e sem crescimento. Isso faz parte de sua natureza e desde o século XVIII, essa expansão e acumulação é baseada nas energias fósseis”, detalha.

Daí a dificuldade de conter a emissões de gases estufa, de combater o horizonte de catástrofes e de superar a fase retórica. Basta observar a sucessão de COPs (Conferências das Partes) das Nações Unidas, e a imensa dificuldade de se emplacar medidas que “limitem drasticamente, nos próximos anos e não daqui a 50 anos, a utilização e extração das energias fósseis. Esse fracasso dramático e preocupante das reuniões internacionais é o sinal de que o sistema não está disposto a enfrentar seriamente o problema”, avalia.

Otimismo da Vontade

Frente o trágico diagnóstico, Löwy apresenta, na segunda parte de sua exposição, o ecossocialismo,“uma síntese dialética entre o melhor do socialismo e o melhor da ecologia”, como a mais consequente das alternativas antissistêmicas e anticapitalistas. Em sua avaliação, “um socialismo que não seja ecológico, ou uma ecologia que não seja socialista, não terão condições de enfrentar o desafio da crise ambiental”. Neste sentido, o ecossocialismo é também “uma crítica ao socialismo produtivista que predominou no século passado e à ecologia de mercado”.

Por outro lado, a questão ambiental é marginal na obra de Marx e Engels, afinal, “no século XIX, a destruição não tinha esse caráter dramático que tem no século XX”. Mesmo assim, aponta, ela aparece na “correta intuição” de ambos sobre a destruição dos equilíbrios ecológicos pelo capitalismo. Apoiado, portanto, na crítica marxista do capitalismo, do fetiche da mercadoria, etc., o ecossocialismo confere centralidade à questão ecológica.

A questão ambiental não é “mais um capítulo do programa”. Ela passa a ser compreendida como “um fio condutor de toda concepção do socialismo do século XXI, que precisa ter como um de seus vetores principais o reestabelecimento da harmonia entre a sociedade humana e a natureza ou Mãe Terra’.

Segundo Löwy, o ecossocialismo rompe com a concepção que muitos marxistas tem do socialismo como “uma transformação das relações de produção”, que passariam da propriedade privada à propriedade coletiva, visando o livre desenvolvimento das forças produtivas. “Essa ideia de socialismo nós temos que abandonar, porque os problemas não são apenas as relações capitalistas de produção, mas o aparato produtivo capitalista, responsável pela crise ecológica e pelas mudanças climáticas”, alerta.

Após a Comuna de Paris (8 de março a 28 de maio de 1871), lembra Löwy, Marx escreveu sobre a breve tomada de poder pela população, apontando que “os trabalhadores não podem se apropriar do aparelho de Estado capitalista burguês, eles precisam quebrá-lo e criar outra forma de poder político, democrática e revolucionária”. O mesmo se aplica hoje para os ecossocialistas. É preciso “transformar radicalmente o aparelho produtivo do Estado, a começar pela transformação de suas fontes de energia”, e repensar o que vem sendo produzido por esse sistema, em busca de uma “profunda ruptura com o consumismo e o produtivismo”, salienta.

O ecossocialismo é “uma proposta muito ambiciosa de mudança de paradigma dos fundamentos da civilização capitalista industrial moderna”. Ele propõe “uma nova civilização, orientada por novos valores e critérios sociais, éticos, políticos, econômicos, ecológicos”. Um “projeto de transformação das estruturas do poder político, do poder econômico, do modo de produção e de suas relações”. É, portanto, uma proposta revolucionária e como tal implica o enfrentamento dos interesses das classes dominantes. Afinal, como afirmava Benjamin, “o capitalismo nunca vai morrer de morte natural”. Não irá desmoronar vítima de suas “contradições internas” como esperavam os socialistas, anarquistas e comunistas de outrora.

“O capitalismo só irá desaparecer se houver vontade política e social da grande maioria da população”. Se para Marx as revoluções são a locomotiva da história; para Benjamin elas são o puxar do freio de emergência pela população. “Nós somos passageiros de um trem suicida. Esse trem se chama civilização capitalista moderna. Ele está indo numa velocidade crescente em direção ao abismo que se chama catástrofe ecológica, catástrofe climática. A nossa tarefa revolucionária é parar esse trem suicida e louco. E mudar a sua direção”, aponta Löwy.

Em sua avaliação, somente com “muita mobilização, muita luta e muita pressão” será possível substituir as fontes de energia fósseis pelas renováveis. É preciso, ao mesmo tempo, diminuir a quantidade do consumo e da produção. E acabar com publicidade, devolvendo à população o poder de decisão sobre suas necessidades fundamentais, hoje exclusivamente nas mãos do mercado, salienta.

Para Löwy, é imprescindível “obliterar o avanço de iniciativas desastrosas” como a recente proposta de perfuração de petróleo na foz do Rio Amazonas. Temos de apresentar “ações concretas” voltadas ao “bloqueio das iniciativas mais destruidoras do sistema”.

“O ecossocialismo nunca acontecerá se não nos debruçarmos sobre coisas muito concretas. É no processo de luta social e ecológica que as pessoas vão tomando consciência dos problemas e das soluções possíveis”, salienta. Daí a aposta ecossocialista “na luta como pedagogia conscientizadora”, seguindo a trilha apontada por Rosa Luxemburgo para quem a “consciência crítica e revolucionária nasce da luta, da greve, do enfrentamento às elites”.

“A pedagogia mais eficaz é a pedagogia da luta. É através dela que as pessoas tomam consciência da necessidade de se organizar, de se auto-organizar, de quem é o adversário. Eu acredito muito na pedagogia das lutas. A gente nem sempre pode ganhar, mas pode… E tivemos vitórias importantes”, avalia Löwy ao finalizar sua apresentação com a máxima de outro revolucionário, Bertolt Brecht: “Quem luta pode perder, mas quem não luta já perdeu”.

Fonte: Newaleterr IHU 16/06/2023

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