Leonardo Boff
El Papa León XIV, en su visita a España, en junio, realizó claras declaraciones en las que contrapone a la IA la Inteligencia Emocional, que “nos da consuelo, sentido, esperanza y cercanía”, algo que la IA no hace. Critica también a los gobiernos autoritarios que producen guerras letales. En este contexto escribí este texto.
San Juan, en su Primera Epístola, dice: “ya han aparecido muchos anticristos” (1 Juan 2,18). Efectivamente, vivimos tiempos en los que han surgido figuras con las características típicas de los “anticristos”. No soy yo quien lo afirma. Lo sostienen serios estudiosos de la Biblia, todos norteamericanos: The Fourth Beast: Is Donald Trump The Antichrist? de Lawrence R. Moelhauser (2016); Is Trump the Antichrist? de D. Xander Varo (2017); y Donald Trump Is the Antichrist de Drew Ponder (2025). Todos pueden verificarse en Google buscando sus nombres y el resumen de sus afirmaciones.
Junto a la figura de Trump debemos agregar a Benjamin Netanyahu, el monstruoso Herodes, genocida de miles de niños inocentes en la Franja de Gaza y en el sur del Líbano.
¿Cuáles son las características de los “anticristos”, válidas principalmente para quien se presenta como el “Emperador del mundo”, Donald Trump? El primer atributo es presentarse como una divinidad, como lo hizo usando la figura de Jesucristo sanador. Otro rasgo es ser enemigo de toda vida, sugiriendo a su pueblo no vacunarse contra el Coronavirus y promoviendo guerras letales por el mundo, con total desprecio por la moral y la ética. Afirma claramente que es él quien definirá lo qué es moral y ético. Otro componente es desmontar mundialmente todo un orden económico-social basado en reglas, introduciendo el caos con efectos dañinos para todos y especialmente para los países más pobres. Otra característica es imponer la paz no mediante el diálogo y la diplomacia, sino por la fuerza, sea económica, comercial o militar; es decir, una pacificación forzada. El nuevo orden que pretende imponer no pasa por la paz, sino por la capitulación de quienes se le oponen. Y la última nota es la extrema arrogancia y el ilimitado narcisismo, que justifican la mentira como método y la eliminación de cualquier límite, incluso enfrentándose de manera mentirosa con la persona del Papa León XIV. Se hace dueño de la vida y de la muerte de las personas y de una de las culturas más venerables y antiguas, como la persa (Irán). Habría otras notas contenidas especialmente en el Apocalipsis, particularmente en la figura de los cuatro jinetes (cap. 6). Lo que vale para Trump puede trasladarse al criminal contra la humanidad Netanyahu.
Para completar este escenario tenebroso, importa incluir las decenas de guerras que ocurren simultáneamente con gran letalidad. Ya se han hecho amenazas de utilización de armas nucleares tácticas (que destruyen menos) o estratégicas, capaces de amenazar toda la vida del planeta, dejando el sol blanquecino durante largo tiempo debido a las partículas atómicas. No habría fotosíntesis, ni oxígeno suficiente, ni producción de alimentos. Los que sobrevivieran envidiarían a quienes murieron antes.
En estas condiciones, ¿cómo está ejerciendo su ministerio papal León XIV? No es un Papa con el carisma propio del Papa Francisco, de inmensa irradiación, libertad de espíritu y plena conciencia de lo que ocurre en el mundo. Francisco decía que estamos en una “tercera guerra mundial en pedazos”. Clarísima como el sol fue su advertencia: “Esta vez estamos en la misma barca, nadie se salva solo; o nos salvamos todos o no se salva nadie” (Fratelli tutti, nn. 32, 137, 138).
El Papa León demuestra el carisma de la calma serena. No levanta la voz, no improvisa, pues escribe prácticamente todas sus intervenciones. Con esta serena calma se coloca frente a dos frentes: el interno de la Iglesia y el externo del mundo convulsionado. Pero en España mostró toda su emoción.
Internamente, en la Iglesia, enfatiza la unidad. Existen fracturas en la Iglesia, particularmente entre quienes aún se resisten a asumir el nuevo estilo de ser cristiano propuesto por el Concilio Vaticano II (1962-1965). Otros no aceptaban a un Papa venido “del fin del mundo”, rompiendo con el estilo imperial y con las formas en que institucionalmente se organizó la Iglesia, con palacios y símbolos paganos en las vestimentas litúrgicas de obispos y cardenales. Francisco era un hombre entre los hombres, un Francisco de Roma inspirado en Francisco de Asís, particularmente en el cuidado de los pobres. El Papa León asumió este legado por su extrema sensibilidad hacia los pobres, mostrada especialmente en los países que visitó en África. Se esfuerza por crear puentes, acogiendo incluso la diversidad litúrgica dentro de la Iglesia.
No quiere ejercer su ministerio como soberano con plenos poderes (cf. canon 331), sino en la forma de la sinodalidad. Es decir, quiere caminar junto con todos los fieles, sí, como confirmador de la fe común.
La unidad apunta también a una humanidad tan desgarrada por los prejuicios y por las violentas exclusiones de inmigrantes, como ocurre en Estados Unidos y también en Europa. En el lavatorio de pies del Jueves Santo, realizado en una prisión, incluyó mujeres de todas las etnias y creencias.
Frente al ámbito externo, muestra un inequívoco carisma de coraje. Siente su deber evangélico de Pastor de pronunciarse sobre la sangrienta y sombría situación del mundo. Aquí el gran tema es la paz. En sus palabras, “una paz desarmada y desarmante”. El presidente Trump amenazó con exterminar “toda la civilización” de Irán. El Papa León XIV, el 7 de abril, denunció esa amenaza como “verdaderamente inaceptable”. Convocó a todos a “contactar a las autoridades, a los líderes políticos, a los congresistas, para pedirles y decirles que trabajen por la paz y rechacen siempre la guerra”.
Al ministro de Guerra estadounidense le dice: “no se puede hacer la guerra invocando el nombre de Dios”. Al presidente Trump, que lo consideró “débil” y “sin comprensión de la política mundial”, respondió serenamente: “No tengo miedo ni de la administración Trump ni de proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es lo que creo que es mi misión, aquello para lo cual la Iglesia vino a hacer”.
Con determinación enfatiza: “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solamente a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”. Como los Papas Francisco y Juan XXIII, el Papa León XIV sostiene: “Si permaneciéramos indiferentes ante el clamor del pobre, este clamaría al Señor contra nosotros y eso se convertiría para nosotros en pecado (cf. Dt 15,9) y, de este modo, nos alejaríamos del propio corazón de Dios” (Dilexi Te, n. 8).
Mucho habría que decir sobre el actual Papa. Pero termino afirmando que es el único que se opone directamente a los “anticristos” que están llevando a la humanidad hacia un precipicio. Se transformó, sin quererlo, pero impulsado por la dramática situación del mundo actual, en portavoz de la humanidad, del compromiso con la solidaridad y con la fraternidad universal.
Convoca a la esperanza, como dijo en España: “la esperanza no se sostiene únicamente en las ideas ni en los proyectos, sino también en la capacidad de amar, de emocionarse y de creer”. Representa un grito por el cuidado de la Madre Tierra y de todo compromiso ecológico. Exige un respeto sagrado por cada persona humana. Y señala el multilateralismo como el camino a seguir para la humanidad. En ese sentido va su importantísima encíclica Magnifica Humanistas.
Leonardo Boff escribe para la revista virtual LIBERTA del ICL yn((https://www.revistaliberta.com.br); escreveu também para Religión Digital da Espanha 5/6/26 e escreveu Sustentabilidade e cuidado ICL/Contratempo 2025 https://www.leonardoboff.org).