ENTREVISTA – Entre o caos e a ordem

Publicado em 4 de outubro de 2020.
Edição: Fernanda Schimidt; Reportagem: Rodrigo Bertolotto

Leonardo Boff vê o homem espalhando morte pelo planeta, mas é otimista na transição para um futuro melhor

Leonardo Boff já foi frade, padre, teólogo, filósofo, ecólogo. Hoje, com 81 anos de idade e mais de 100 livros publicados, ele se define como pensador. Expulso da hierarquia católica por sua defesa da teologia da libertação, ele continuou sua profissão de fé, aproximando-se cada vez mais dos pobres e das minorias, além de abraçar o ecumenismo e o ambientalismo.

Sua análise da atualidade, que ele chama de necroceno (uma idade geológica em que homem está espalhando a morte pelo planeta), aponta para um período de transição. “Houve a globalização da economia, mas não se globalizou a solidariedade e a cooperação. Isto ficou patente com a pandemia. Cada país se defende por si e como pode”, sentenciou o teólogo que vive em Petrópolis (RJ).

Para ele, enquanto a humanidade não completar esse ciclo, vão surgir líderes nacionalistas reacionários que vão vender uma segurança enganosa de volta ao passado. Na turbulência dessas crises, “parece que tudo vacila, as coisas já não valem como valiam, não há limites e respeito, inclusive aos direitos humanos”.

Boff também critica as igrejas neopentecostais, suas teologias da prosperidade e seu fundamentalismo religioso. “Enchem grandes salões, mas não criam comunidades nem consciência crítica face à própria realidade em que vivem de pobreza e marginalidade”, critica.

De qualquer forma, Boff acredita em um final feliz depois de tanta tensão. “Sou otimista. A lógica do universo se constrói sempre entre o caos e a ordem. E a ordem prevalece. Deus criou todas as coisas com amor. Não creio que Ele nos deixará perecer de forma tão miserável. A vida chama a vida. E viver é realizar a alegre celebração da vida.”

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Leonardo Boff vê o homem espalhando morte pelo planeta, mas é otimista na transição para um futuro melhor
Rodrigo Berlotto de Ecoa

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Fratelli tutti, una revolución paradigmática: del “dominus” (dueño) al “frater” (hermano)

La nueva encíclica del Papa Francisco, firmada sobre la sepultura de Francisco de Asís, en la ciudad de Asís, el día 3 de octubre, será un marco en la doctrina social de la Iglesia. Es amplia y detallada en su temática, buscando siempre sumar valores, hasta del liberalismo que él critica fuertemente. Ciertamente va a ser analizada en detalle por cristianos y no cristianos pues se dirige a todas las personas de buena voluntad.

Resaltaré en este espacio lo que considero innovador respecto al magisterio anterior de los Papas.

En primer lugar tiene que quedar claro que el Papa presenta una alternativa paradigmática a nuestra forma de habitar la Casa Común, sometida a muchas amenazas. Hace una descripción de las “sombras densas”, que equivalen, como él mismo afirmó en varios pronunciamientos, “a una tercera guerra mundial a pedazos”.

Actualmente no hay un proyecto común para la humanidad (n.18), pero un hilo conductor pasa por toda la encíclica: «la conciencia de que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos» (n. 32). Este es el proyecto nuevo, expresado en estas palabras: «Entrego esta encíclica social como una humilde contribución a la reflexión para que frente a las diversas formas de eliminar o de ignorar a los otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social» (n.6).

Debemos comprender bien esta alternativa. Venimos y estamos todavía dentro de un paradigma que está en la base de la modernidad. Es antropocéntrico. Es el reino del dominus: el ser humano como dueño y señor de la naturaleza y de la Tierra, que sólo tienen sentido en la medida en que se ordenan a él. Cambió la faz de la Tierra, trajo muchos beneficios pero también creó un principio de autodestrucción. Es el actual impasse de las “densas sombras”. Frente a esta visión del mundo, la encíclica Fratelli tutti propone un nuevo paradigma: el del frater, el hermano, el de la fraternidad universal y la amistad social. Desplaza el centro: de una civilización técnico-industrial e individualista a una civilización de solidaridad, de preservación y cuidado de toda la vida. Esta es la intención original del Papa. En este viraje está nuestra salvación; superaremos la visión apocalíptica de la amenaza del fin de la especie humana por una visión de esperanza, de que podemos y debemos cambiar de rumbo.

Para eso necesitamos alimentar la esperanza. El Papa dice: «Os invito a la esperanza que nos habla de una realidad arraigada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en que vive» (n. 55). Aquí resuena el principio esperanza, que es más que la virtud de la esperanza, es un principio, un motor interior para proyectar nuevos sueños y visiones, tan bien formulado por Ernst Bloch. Destaca «la afirmación de que los seres humanos somos hermanos y hermanas, que no es una abstracción sino que se hace carne y se concreta, nos plantea una serie de retos que nos descolocan, nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas reacciones» (n.128). Como se deduce, se trata de un nuevo rumbo, de un viraje paradigmático.

¿Por dónde empezar? Aquí el Papa revela su actitud básica, repetida a menudo a los movimientos sociales: «No esperéis nada de arriba porque siempre viene más de lo mismo o todavía peor; empiecen por ustedes mismos». Por eso sugiere: «Es posible comenzar desde abajo, desde cada uno de nosotros, a luchar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo» (n.78). El Papa sugiere lo que hoy es la punta de la discusión ecológica: trabajar la región, el biorregionalismo que permite la verdadera sostenibilidad y la humanización de las comunidades y articula lo local con lo universal (n.147).

Tiene largas reflexiones sobre la economía y la política, pero subraya: «la política no debe someterse a la economía y la economía no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia» (n.177). Hace una contundente crítica al mercado: «El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, como único camino para resolver los problemas sociales» (n.168). La globalización nos hizo más cercanos pero no más hermanos (n.12). Crea sólo socios pero no hermanos (n.102).

De la mano de la parábola del buen samaritano, hace un análisis riguroso de los diversos personajes que entran en escena y los aplica a la economía política, culminando con la pregunta: «¿con quién te identificas (con el herido del camino, con el sacerdote, con el levita o con el extranjero, el samaritano, despreciado por los judíos)? Esta pregunta es cruda, directa y decisiva. ¿A cuál de ellos te pareces?» (n.64). El buen samaritano se convierte en modelo del amor social y político (n.66).

El nuevo paradigma de fraternidad y amor social se despliega en el amor en su concretización pública, en el cuidado de los más frágiles, en la cultura del encuentro y del diálogo, en la política como ternura y amabilidad.

En cuanto a la cultura del encuentro, se toma la libertad de citar al poeta brasileño Vinicius de Moraes en su Samba da Bênção en el disco Encuentro en Al bon Gourmet de 1962 donde dice: «La vida es el arte del encuentro aunque haya tantos desencuentros en la vida» (n.215). La política no se reduce a la disputa por el poder y a la división de poderes. Afirma de manera sorprendente: «Incluso en la política hay lugar para el amor con ternura: a los más pequeños, a los más débiles, a los más pobres; ellos deben enternecernos y tienen el ‘derecho’ de llenar nuestra alma y nuestro corazón; sí, son nuestros hermanos y como tales debemos amarlos y tratarlos de esta manera» (n.194). Se pregunta qué es la ternura y responde: «es el amor que se hace cercano y concreto; es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos» (n.196). Esto nos recuerda la frase de Gandhi, una de las inspiraciones del Papa, junto con San Francisco, Luther King, Desmond Tutu: la política es un gesto de amor al pueblo, el cuidado de las cosas comunes.

Junto con la ternura viene la amabilidad que nosotros traduciríamos por gentileza, recordando al profeta Gentileza que en las calles de Río de Janeiro proclamaba a todos los que pasaban: “Gentileza genera gentileza” y “Dios es gentileza”, muy al estilo de San Francisco. Define así la amabilidad: «un estado de ánimo que no es áspero, duro, rudo, sino afable, gentil, que sostiene y conforta. La persona que posee esta cualidad ayuda a los demás a hacer más llevadera su existencia» (n.223). Este es un desafío para los políticos, hecho también a los obispos y sacerdotes: hacer la revolución de la ternura.

La solidaridad es uno de los fundamentos de lo humano y lo social. Se «expresa concretamente en el servicio que puede adoptar formas muy diferentes y asumir para sí mismo el peso de los demás; es en gran medida cuidar de la fragilidad humana» (n. 115). Esta solidaridad demostró estar ausente y sólo después ser eficaz en la lucha contra la Covid-19. Impide que la humanidad se bifurque entre “mi mundo” y “los otros”, “ellos”, ya que «muchos dejan de ser considerados seres humanos con una dignidad inalienable, y pasan a ser sólo ‘ellos’» (n.27). Y concluye con un gran deseo: «Ojalá que al final ya no estén ‘los otros’ sino sólo ‘nosotros’»(n.35).

Para ese desafío de dar cuerpo al sueño de una fraternidad universal y de amor social convoca a todas las religiones, pues «ellas ofrecen una valiosa contribución en la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad» (n.271).

Al final evoca la figura del hermanito de Jesús, Charles de Foucauld, que en el desierto del norte de África junto a la población musulmana quería ser “definitivamente el hermano universal” (n.287). El Papa Francisco observa: «Sólo identificándose con los más pequeños llegó a ser hermano de todos; que Dios inspire este sueño en cada uno de nosotros. Amén» (n. 288).

Estamos ante un hombre, el Papa Francisco, que, siguiendo a su fuente inspiradora, Francisco de Asís,se ha convertido también en un hombre universal, acogiendo a todos e identificándose con los más vulnerables e invisibles de nuestro cruel e inhumano mundo. Él suscita la esperanza de que podemos y debemos alimentar el sueño de la fraternidad sin fronteras y del amor universal.

Él ha hecho su parte. Nos corresponde a nosotros no dejar que ese sueño sea sólo un sueño, sino el principio fundamental de una nueva forma de vivir juntos, como hermanos y hermanas más la naturaleza, en la misma Casa Común. ¿Tendremos el tiempo y la sabiduría para dar este salto? Seguramente las “densas sombras” continuarán, pero tenemos una lámpara en esta encíclica de esperanza del Papa Francisco. No disipa todas las sombras, pero es suficiente para vislumbrar el camino a ser recorrido por todos.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor brasilero y ha escrito: Francisco de Asís y Francisco de Roma, Trotta, Madrid 2013.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Frateli tutti: a revolução paradigmática: do “dominus”(dono) ao “frater”(irmão)

A nova encíclica do Papa Francisco, assinada sobre a sepultura de Francisco de Assis, na cidade de Assis, no dia 3 de outubro, será um marco na doutrina social da Igreja. Ela é vasta e detalhada em sua temática, sempre procurando somar valores, até do liberalismo que ele fortemente critica. Certamente será analisada em detalhe por cristãos e não cristãos pois se dirige a todas as pessoas de boa vontade. Ressaltarei neste espaço aquilo que considero inovador face ao magistério anterior  dos Papas.

         Em primeiro lugar tem que ficar claro que o Papa apresenta uma alternativa paradigmática à nossa forma de habitar a Casa Comum, submetida a muitas ameaças. Faz uma descrição das “sombras densas” que equivalem, como ele mesmo afirmou em vários pronunciamentos, “a uma terceira guerra mundial em pedaços”. Atualmente não há um projeto comum para a humanidade (n.18). Mas um fio condutor  passa por toda a encíclica: “a consciência de que ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”(n32). Esse é o projeto novo, expresso nestas palavras: “Entrego esta encíclica social como uma humilde contribuição à reflexão para que frente às diversas formas de eliminar ou de ignorar os outros, sejamos capazes de reagir com um novo sonho de fraternidade e de amizade social”(n.6).

         Devemos compreender bem esta alternativa. Viemos e estamos ainda dentro de um paradigma que está na base da modernidade. É antropocêntrico. É o reino do dominus: o ser humano como senhor e dono da natureza e da Terra que só possuem sentido na medida em que se ordenam a ele. Mudou a face da Terra, trouxe muitas vantagens mas também criou um princípio de autodestruição. É o impasse atual das “sombras densas”. Face a esta cosmovisão, a encíclica Fratelli tutti  propõe um novo paradigma: o do frater o do irmão, a fraternidade universal e da amizade social. Desloca o centro: de uma civilização técnico-industrialista e individualista à uma civilização solidária, da preservação e do cuidado de toda a vida. Essa é a intenção originária do Papa. Nessa viragem está nossa salvação; superaremos a visão apocalíptica da ameaça do fim da espécie por uma visão de esperança de que podemos e devemos mudar de rumo.

         Para isso precisamos alimentar a esperança. Diz o Papa: “convido-os à esperança que nos fala de uma realidade enraizada no profundo do ser humano, independentemente das circunstâncias concretas e dos condicionamentos históricos em que vive”(n.55). Aqui ressoa o princípio esperança, que é mais que a virtude da esperança, mas um princípio, motor interior para projetar sonhos e visões novas, tão bem formulado por Ernst Bloch. Enfatiza: “a afirmação de que os seres humanos somos irmãos e irmãs, que não é uma abstração senão que se faz carne e se torna concreta, nos coloca uma série de de desafios que nos deslocam, nos obrigam a assumir novas perspectivas a e desenvolver novas reações”(n.128). Como se depreende, se trata de um rumo novo, de uma viragem paradigmática.

         Por onde começar? Aqui o Papa revela sua atitude de base, com frequência repetida aos movimentos sociais: “Não esperem nada de cima pois vem sempre mais do mesmo ou pior; comecem por vocês mesmos”. Por isso sugere:” É possível começar de baixo, de cada um, lutar pelo mais concreto e local, até o último rincão da pátria e do mundo”(n.78). O Papa sugere o que hoje é a ponta da discussão ecológica: trabalhar a região, o bioregionalismo que possibilita a verdadeira sustentabilidade e a humanização das comunidades e articula o local com a universal (n.147).

         Tem longas reflexões sobre a economia e a política, mas realça: ”a política não deve submeter-se à economia e esta não deve submeter-se aos ditames e ao paradigma eficientista da tecnocracia”(n.177). Faz um crítica contundente ao mercado:” O mercado sozinho não resolve tudo como nos querem fazer crer no dogma de fé neoliberal; trata-se de um pensamento pobre, repetitivo que propõe sempre as mesmas receitas para qualquer desafio que se apresente; o neoliberalismo se reproduz a si mesmo como o único caminho para resolver os problemas sociais”(n.168). A globalização nos fez mais próximos mas não mais irmãos(n.12). Cria apenas sócios mas não irmãos (n.101).

         À mão da parábola do bom samaritano procede a uma análise rigorosa dos vários personagens que entram em cena e os aplica à economia política culminando com a pergunta:”com quem você se identifica (com o ferido na estrada, com o sacerdote, o  levita ou com o forasteiro, o samaritano,desprezado pelos judeus)? Esta pergunta é crua, direta e determinante. Com qual deles você se parece” (n.64)? O bom samaritano é  feito modelo do amor social e político (n.66).

         O novo paradigma da fraternidade e do amor social se desdobra no amor em sua concretização pública, no cuidado dos mais frágeis, na cultura do encontro e do diálogo, na política como ternura e amabilidade.

Quanto à cultura do encontro, toma-se a liberdade de citar o poeta brasileiro Vinicius de Moraes em seu Samba da Bênção na faixa  “Encontro Au bon Gourmet” de 1962 onde diz:”A vida é a arte do encontro embora haja tantos desencontros na vida”(n.215). A política não se reduz à disputa pelo poder e à divisão dos poderes. Afirma de forma surpreendente:”Também na política há lugar para o amor com ternura: aos mais pequenos, aos mais débeis, aos mais pobres; eles devem entenecer-nos e tem o ‘direito’ de nos encher a alma e o coração; sim, são nossos irmãos e como tais temos que amá-los e assim tratá-los”(194) E se pergunta que é a ternura e responde:”é o amor que se faz próximo e concreto; é um movimento que procede do coração e chega aos olhos, aos ouvidos, às mãos”(n.196). Isso nos faz recordar a frase de Gandhi, uma das inspirações do Papa, ao lado de São Francisco, Luther King, Desmond Tutu: a política é um gesto de amor ao povo, o cuidado das coisas comuns.

         Junto com a ternura vem a amabilidade que nós traduziríamos por gentileza, lembrando profeta Gentileza que nas ruas do Rio de Janeiro proclamava a todos os passantes”Gentileza gera gentileza” e “Deus é gentileza” bem no estilo de São Francisco. Assim define a amabilidade:”um estado de ânimo que não é áspero, rude, duro senão afável,  suave, que sustenta e fortalece; uma pessoa que possui esta qualidade ajuda aos demais para que sua existência seja mais suportável”(n.223). Eis um desafio aos políticos, feito também aos bispos e padres: fazer a revolução da ternura.

A solidariedade é um dos fundamentos do humano e do social. Ela “se expressa concretamente no serviço que pode assumir formas muito diversas e de tomar para si o peso dos outros; em grande parte é cuidar da fragilidade humana”(n.115). Essa solidariedade se mostrou ausente e só depois eficaz no combate ao Covid-19. Ela impede a bifurcação da humanidade entre o ‘meu mundo’ e os ‘outros’, ‘eles’, pois “muitos deixam de ser considerados seres humanos com uma dignidade inalienável e passam a ser apenas “eles”(n.27). E conclui com um grande desejo:”Oxalá no final  não haja “os outros” mas apenas um “nós”(n.35).

         Para esse desafio de dar corpo  ao sonho de  uma fraternidade universal  e de amor social convoca todas as religiões pois “elas oferecem uma contribuição valiosa na construção da fraternidade e para a defesa da justiça na sociedade”(n.271).

         No final evoca a figura do irmãozinho de Jesus Charles de Foucauld que no deserto do norte da África junto à população muçulmana queria ser “definitivamente o irmão universal” (n.287). Fazendo seu este propósito o Papa Francisco observa:”Só identificando-se com os últimos chegou a ser o irmão de todos; que Deus inspire esse sonho em cada um de nós.Amém”(n.288).

         Estamos diante de um homem, o Papa Francisco, que no seguimento de sua fonte inspiradora, Francisco de Assis, se fez também um homem universal, acolhendo a todos e se identificando com os mais vulneráveis e invisíveis de nosso mundo cruel e sem humanidade.  Ele suscita a esperança de que podemos e devemos alimentar o sonho da fraternidade sem fronteiras e do amor universal.

         Ele fez a sua parte. Compete a nós não deixar que o sonho seja apenas  sonho, mas seja o começo seminal de uma nova forma de habitar juntos, como irmãos e irmãs e mais a natureza, na mesma Casa Comum. Teremos tempo e sabedoria para esse salto? Seguramente continuarão as “sombras densas”. Mas temos uma lâmpada nesta encíclica de esperança do Papa Francisco. Ela não dissipa todas as sombras. Mas   basta para vislumbrar o caminho a ser percorrido por todos.

Leonardo Boff é ecoteólogo, filósofo e escritor brasileiro e escreveu: “Francisco de Assis e Francisco de Roma”, Editora Mar de Ideias, Rio 2015.      

¿Es posible el fin de la especie humana? (II)

Un hecho que ha impulsado a muchos científicos, especialmente biólogos y astrofísicos, a hablar del eventual colapso de la especie humana es el carácter exponencial de la población. La humanidad necesitó un millón de años para alcanzar en 1850 mil millones de personas. Los espacios temporales entre un crecimiento tal y otro del mismo tamaño disminuyen cada vez más. De 75 años –de 1850 a 1925– pasaron a 5 años actualmente. Se prevé que hacia 2050 habrá diez mil millones de personas. Es el triunfo innegable de nuestra especie.

Lynn Margulis y DorianSagan en el conocido libro Microcosmos (1990) afirman con datos de los registros fósiles y de la propia biología evolutiva que una de las señales del colapso próximo de una especie es su rápida superpoblación. Esto puede ser visto con microorganismos colocados en una placa de Petri (cápsulas redondas de vidrio con colonias de bacterias y nutrientes). Poco antes de alcanzar los bordes de la placa y de agotarse los nutrientes, se multiplican de forma exponencial. Y de repente mueren todas.

Para la humanidad, comentan ellos, la Tierra puede mostrarse idéntica a una placa de Petri. En efecto,ocupamos casi toda la superficie terrestre, dejando solo un 17% libre, por ser tierra inhóspita como losdesiertos y las altas montañas nevadas o rocosas. Lamentablemente, de homicidas, genocidas y ecocidas nos haríamos biocidas.

Carl Sagan, ya fallecido, veía en el intento humano de enviar naves espaciales a la Luna y otras como el Voyager fuera del sistema solar, como una manifestación del inconsciente colectivo que presiente el peligro de nuestra próxima extinción. La voluntad de vivir nos lleva a pensar en formas de supervivencia más allá de la Tierra.

El astrofísico Stephen habla de la posible colonización extrasolar con naves, especie de veleros espaciales,impulsadas por rayos láser que les darían una velocidad de treinta mil kilómetros por segundo, pero para llegar a otros sistemas planetarios tendríamos que recorrer miles y miles de millones de kilómetros de distancia y necesitaríamos muchos años de tiempo. Ocurre que somos prisioneros de la luz, cuya velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo es hasta hoy insuperable. Incluso así, para llegar a la estrella más próxima – la Alfa Centauro – necesitaríamos cuarenta y tres años, sin saber todavía cómo frenar esa nave a tan altísima velocidad.

Para terminar, recojo la opinión de dos notables historiadores. Arnold Toynbee en su autobiografía: “viví para ver que el fin de la historia humana puede tornarse una posibilidad real, que puede ser traducida en hechos no por un acto de Dios sino del ser humano” (Experiencias 1970,422).

Y finalmente Eric J. Hobsbawn, en su conocida Era de los extremos (1994, 562), al concluir su libro:  No sabemoshacia donde estamos yendo. Sin embargo, una cosa es segura. Si la humanidad quiere tener un futuro aceptable, no puede hacerlo mediante la prolongación del pasado o del presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre esa base, vamos a fracasar. Y el precio del fracaso, la alternativa al cambio de la sociedad, es la oscuridad.

Naturalmente, tenemos que tener paciencia con el ser humano. Él todavía no está listo. le falta mucho por aprender. En relación al tiempo cósmico tiene menos de un minuto de vida. Pero con él, la evolución dio un salto, de inconsciente se hizo consciente. Y con la conciencia puede decidir qué destino quiere para sí. En esta perspectiva, la situación actual representa más un desafío que un desastre inevitable, la travesía hacia un estadio más alto y no fatalmente un sumergirse en la autodestrucción. Estaríamos por lo tanto en un escenario de crisis de paradigma civilizacional y no de tragedia.

¿Pero habrá tiempo para tal aprendizaje? Todo parece indicar que el tiempo del reloj corre en contra nuestra. ¿No estaremos llegando demasiado tarde, habiendo pasado ya el punto de no retorno? Pero como la evolución no es lineal y conoce frecuentes rupturas y saltos hacia arriba, como expresión de una mayor complejidad, y como existe el carácter indeterminado y fluctuante de todas las energías y de toda la evolución, según la físicacuántica de W. Heisenberg y de N. Bohr, nada impide que ocurra la emergencia de otro estadio de conciencia yde vida humana que salvaguarde la biosfera y el planeta Tierra. Esa transmutación sería, según san Agustín en sus Confesiones, fruto de dos grandes fuerzas: un gran amor y un gran dolor. Son el amor y el dolor que tienen el privilegio de transformarnos por entero. Esta vez cambiaremos por un gran amor a la Tierra, nuestra Madre, y por un gran dolor por las penas que está sufriendo.

De todas maneras, en la hipótesis de una eventual desaparición da especie humana ¿qué consecuencias sederivarían para nosotros y para el proceso evolutivo?

Antes de cualquier otra consideración, sería una catástrofe biológica de inconmensurable magnitud. El trabajo de por lo menos 3.800 millones de años, fecha probable de la aparición de la vida, y de los últimos 5-7 millones de años, fecha de la aparición de la especie homo, y los últimos cien mil años, con la irrupción del homo sapiens sapiens, el trabajo realizado por todo el universo de las energías, las informaciones y las diferentes densidades de materia, habría sido, si no anulado, por lo menos profundamente afectado.

El ser humano, según podemos constatar estudiando el universo, es el ser de la naturaleza más complejo ya conocido. Complejo en su cuerpo con treinta mil millones de células, continuamente renovadas por el sistema genético; complejo en su cerebro de cien mil millones de neuronas en continua sinapsis; complejo en su interioridad, en su psique y en su conciencia, cargada de informaciones recogidas desde la irrupción del cosmos con el Big Bang y enriquecida con emociones, sueños, arquetipos, símbolos provenientes de las interacciones de la conciencia consigo misma y con el ambiente que la rodea; complejo en su espíritu, capaz de captar el Todo y sentirse parte de él y de identificar ese Vínculo que une y reúne, liga y religa todas las cosas haciendo que no sean caóticas sino ordenadas y den sentido y significado a la existencia en este mundo y haciéndonos despertar sentimientos de profunda veneración y respeto por la grandeza del cosmos.

Hasta hoy, no han sido identificadas científicamente y de forma irrefutable otras inteligencias del universo. Por ahora como especie homo somos una singularidad sin comparación en el cosmos. Somos un habitante de una galaxia media, la Vía Láctea, que depende de una estrella, el Sol, de quinta magnitud, en un rincón de la Vía Láctea; vive en el tercer planeta del sistema solar, la Tierra, y ahora está aquí, en este pequeño espacio virtual, discutiendo las consecuencias de nuestro probable fin.

El universo, la historia de la vida y la historia de la vida humana perderían algo invaluable. Toda la creatividad producida por este ser, creado creador, que hizo cosas que la evolución por sí misma nunca haría, como una pintura Di Cavalcanti o una sinfonía de Beethoven, un poema de Carlos Drumond de Andrade o un canal de televisión, un avión e Internet con sus redes sociales. Las construcciones de la cultura, ya sean materiales, simbólicas o espirituales, habrían desaparecido para siempre.

Para siempre las grandes producciones poéticas, musicales, literarias, científicas, sociales, éticas y religiosas de la humanidad se habrían vuelto polvo.

Para siempre habrían desaparecido las referencias de figuras paradigmáticas de seres humanos entregadas al amor, al cuidado, a la compasión y a la protección de la vida en todas sus formas, como Buda, Chuang-tzu, Moisés, Jesús, María de Nazaret, Mahoma, Francisco de Asís, Gandhi entre tantos otros y otras.

Para siempre habrían desaparecido las anti-figuras que enfangaron lo humano y violaron la dignidad de la vida en innumerables guerras y exterminios, y cuyos nombres ni siquiera queremos mencionar. Vale la pena recordar los terribles incendios actuales en la Amazonia y el Pantanal, muy probablemente provocados intencionalmente por codiciosos buscadores de ganancias a cualquier precio. Tales eventos pueden amenazar el equilibrio de los climas de la Tierra.

Para siempre habría desaparecido el desciframiento hecho de la Fuente Originaria de Todo Ser que impregna toda la realidad y la conciencia de nuestra profunda comunión con ella, haciéndonos sentir hijos e hijas del Misterio Innombrable y entendernos como un proyecto infinito que sólo descansa cuando descansa en el senode este Misterio de infinita ternura y bondad.

Para siempre habría desaparecido todo esto de esta pequeña parte del universo que es nuestra Madre Tierra.

Finalmente, cabe preguntar: ¿quién nos reemplazaría en la evolución de la vida, si alguna forma de vida sobrevive? En la hipótesis de que el ser humano desapareciera como especie, aún así se conservaría el principio de inteligibilidad y de amortización. Él está primero en el universo y luego en los seres humanos. Ese principio es tan ancestral como el universo. 

Cuando, en los primeros momentos después de la gran explosión, los quarks, protones y otras partículas elementales comenzaron a interactuar, aparecieron campos de relaciones y unidades de información y órdenes mínimas de complejidad. Allí se manifestó lo que más tarde se llamaría espíritu, esa capacidad de crear unidades y marcos de orden y sentido. Al desaparecer dentro de la especie humana, emergería un día , quizás tras millones de años de evolución, en algún ser más complejo.

Théodore Monod, fallecido en el año 2000, sugiere un candidato presente ya la evolución actual: los cefalópodos, es decir, una especie de molusco parecido a los pulpos y los calamares. Algunos de ellos tienen una perfección anatómica notable, su cabeza está dotada de una cápsula cartilaginosa que funciona como cráneo y tienen dos ojos como los vertebrados. Poseen además un psiquismo altamente desarrollado, hasta con doble memoria, mientras nosotros tenemos solo una (2000, 247-248). Evidentemente ellos no saldrían mañana del mar y entrarían continente adentro, necesitarían millones de años de evolución, pero tienen ya la base biológica para dar un salto hacia la conciencia.

De todas formas urge escoger: o el ser humano o los pulpos y los calamares. Más que optimismo, alimento la esperanza de que vamos a crear juicio y aprender a ser sabios.

Mientras tanto es importante desde ahora mostrar amor a la vida en su mayestática diversidad, tener compasión de todos los que sufren, ejercer rápidamente la justicia social necesaria y amar a la Gran Madre, la Tierra. Nos incentivan las escrituras judeocristianas: “Escoge la vida y vivirás” (Deut 30,28). Caminemos deprisa pues no tenemos mucho tiempo que perder.