Leonardo Boff
La liquidación oficial del Banco Master, cuyo principal propietario era Daniel Vorcaro, desenmascaró una cadena de corrupciones que involucra prácticamente a las principales instituciones nacionales, según algunos, incluso a la suprema corte judicial.
Como el tema es de máxima actualidad, retomo un pequeño estudio realizado hace tiempo, con las actualizaciones necesarias.
Consideremos el concepto de corrupción y su origen histórico-social. La palabra corrupción tiene su origen en la teología. Antes de hablarse de pecado original, expresión que no aparece en la Biblia, se decía que el ser humano concreto vive en una situación de corrupción. Pero fue San Agustín (354-430), obispo de Hipona, hoy Argelia, quien en el año 416, en un intercambio de cartas con San Jerónimo, creó la expresión pecado original, transmitido por el acto sexual, pecado que corrompe al ser humano desde su nacimiento. Allí utiliza la expresión corrupción general. Explica la etimología: corrupción es tener un corazón (cor) roto (ruptus) y pervertido. El filósofo Immanuel Kant no decía otra cosa: “somos una madera torcida de la cual no se pueden sacar tablas rectas”.
En otras palabras: existe en nosotros una fuerza negativa que nos impulsa al desvío que es la corrupción. Ella no es fatal. Puede ser controlada y superada, según San Agustín, por las virtudes y por la gracia divina; de lo contrario sigue su tendencia.
¿Cómo se explica la corrupción en Brasi y en general en el mundo? Identifico, junto con otros analistas, tres razones básicas entre otras: la histórica, la política y la cultural.
La razón histórica: somos herederos de una perversa herencia colonial y esclavista que marcó nuestros hábitos. La colonización y la esclavitud son instituciones objetivamente violentas y deshumanas. Entonces las personas subordinadas, para sobrevivir, eran llevadas a corromper, es decir: sobornar, conseguir favores mediante intercambios, peculado o nepotismo.
Por ejemplo, existe corrupción sistemática en la evasión de impuestos y en las contribuciones al INSS. El Sindicato Nacional de los Procuradores de la Hacienda Nacional, en su “Sonegômetro”, denunció que en los últimos años la evasión anual rondaría los 158 mil millones. Eso es mucho más que el “Petrolão” en apenas cinco meses (cf. Tomás Rigoletto Pernías en Brasil Debate del 25/04/2017). Muchos corrompen a los procuradores o estos se dejan corromper.
La razón política: en palabras del sociólogo Jessé Souza: “La corrupción política es la legitimación de la élite brasileña para manipular a la sociedad y convertir al Estado en su banco particular. La captura del Estado por los propietarios, obviamente, es la verdadera corrupción”.
Además, importa reconocer que el capitalismo, ahora bajo el nombre de neoliberalismo, pero siempre como modo de producción depredador de la naturaleza y opresor de los trabajadores y, peor aún, como cultura del capital, aquí y en el mundo es un sistema, en su lógica interna, corrupto, aunque socialmente aceptado. Simplemente impone la dominación del capital sobre el trabajo y de la tecnología sobre la naturaleza, devastándola sin tomar en cuenta las externalidades dejadas bajo la responsabilidad del Estado. El capitalismo instalado en Brasil es periférico y salvaje, aunque no en todos los casos, y nunca pasó por un proceso de humanización.
Por eso el capitalismo es por naturaleza antidemocrático, pues la democracia supone una igualdad básica de los ciudadanos y derechos garantizados, aquí permanentemente violados.
Queriendo ser representativa de los electores, en verdad representa los intereses de las élites atrasadas, dominantes, y de aquellos que financiaron sus campañas electorales, y no los intereses generales de la nación. Es el caso de la actual Cámara de Diputados, la peor de nuestra historia.
Razón cultural: la cultura dicta reglas socialmente reconocidas. Roberto Pompeu de Toledo escribió en 1994 en la revista Veja: “Hoy sabemos que la corrupción forma parte de nuestro sistema de poder tanto como el arroz y los frijoles de nuestras comidas”.
Los corruptos son vistos como astutos y no como criminales, que de hecho lo son. Como regla general podemos decir: cuanto más desigual e injusta es una sociedad, más se crea un caldo cultural que permite y tolera la corrupción y la impunidad.
Especialmente en quienes poseen poder se manifiesta la tendencia a la corrupción. Quien vio claramente esta conexión entre poder y corrupción fue Lord John Emerich Edward Dalberg-Acton (1848-1902). Católico y de familia aristocrática anglo-italo-alemana, fue profesor de historia en Cambridge. El 5 de abril de 1887 escribió una carta a su colega Mandell Creighton en la que decía: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto tiende a corromper absolutamente”.
No sé si por pesimismo o por realismo afirmaba también: “Mi dogma es la maldad general de los hombres con autoridad; son los que más corrompen”. En Brasil eso parece verificarse.
El desarrollo del proceso contra Vorcaro y el ex Banco Master seguramente revelará una estremecedora cadena de corrupción, involucrando políticos de todos los matices y a la familia Bolsonaro en su intento de producir una película exaltatoria sobre el condenado golpista expresidente.
¿Cómo superar la corrupción? En principio, confiar siempre desconfiando del ser humano, porque nunca es inmune a abusar del poder del dinero. Nada de dar cheques en blanco. Después, evitar la concentración de poder. La división de poderes fue pensada para evitar la corrupción posible. A continuación, el control de la sociedad utilizando especialmente los multimedios. Exigir siempre transparencia en todos los procedimientos. Finalmente, castigar a los corruptos con penas severas por haber cometido un crimen grave que lesiona el bien común.
Leonardo Boff escribe para la revista ICL LIBERTA y también escribió Transparencia en las personas e instituciones, Vozes, 2025.