El Ecoceno como alternativa al antropoceno

Entrevista a Leonardo Boff

27 Enero de 2020 – IHU traduzido do Corriere della Sera de 26/01/2020

De un Brasil en crisis, esclavizado, “campo de batalla en la guerra fría entre Estados Unidos y China”, de un continente explotado “para satisfacer a las superpotencias”, humillado, pisoteado, llega un mensaje de esperanza. De renovación. Que toca los temas del ambiente “rumbo a un nuevo Ecoceno” y de la igualdad social. Que habla del papel de la mujer, del nuevo rostro de la Iglesia, la del Papa Francisco. Un mensaje libre, “como el Espíritu Santo”.

El reportaje es de Annachiara Sacchi, publicado en el cuaderno La Lettura del Corriere della Sera del 26-01-2020.

Leonardo Boff, exponente destacado de la teología de la liberación, incómodo cuando era sacerdote y también después (abandonó el hábito en 1992; en 1985 había sido advertido por la Congregación para la Doctrina de la Fe), activista de los derechos humanos, profesor universitario, está confiado: “En toda gran crisis hay la posibilidad de un cambio, pueden nacer nuevas fuerzas. Y Brasil es mayor que esa crisis”.

Esta es la entrevista.

¿Profesor Boff, está usted optimista o no?

En realidad, estoy preocupado. La situación en Brasil es trágica: el ultraliberalismo de Jair Bolsonaro, la extrema derecha política que hace apología de la violencia y de los regímenes dictatoriales, que exalta a los torturadores como héroes nacionales… Nunca vivimos nada semejante.

¿Cuál es la explicación?

Detrás de eso, está el proyecto de recolonizar América Latina y obligarla a ser solamente exportadora de commodities (carne, alimentos, minerales…). Y, en esa estrategia perversa, Brasil es central.

¿Por qué?

Porque es un país riquísimo, una reserva de bienes naturales que faltan en el mundo. Como dijo varias veces el premio Nobel Joseph Stiglitz, en los próximos años toda la economía dependerá de la ecología. Y Brasil tendrá un papel primordial en ese juego.

¿Es difícil vivir en Brasil hoy?

Mucho. El ministro de Economía, Paulo Guedes, es uno de los “Chicago Boys”, formados en la Universidad de Chicago, que trabajaron en el Chile de Pinochet. El ultraliberalismo de derecha está haciendo una política de los ricos para los ricos, está privatizando todo. Guedes está trayendo la política de Pinochet a Brasil. ¿Y sabes por qué nadie protesta, por qué la gente no sale a la calle como está pasando ahora en Chile?

No.

¡Porque el gobierno anunció que reprimirá cualquier protesta con el ejército! Aquí todos tienen miedo, aunque el descontento crezca. Pero dentro de las paredes de casa. Asistimos a una triste forma de inercia popular.

En América Latina presidentes como Evo Morales y Lula cerraron su era. Ahora, nuevas fuerzas orientan la opinión pública. ¿El impulso reformista acabó?

Tuvimos gobiernos que hicieron mucho por los pobres. En Brasil, 36 millones de personas fueron incluidas en el welfare. Pero el año pasado, un millón de familias pasaron de la pobreza a la miseria. El gobierno está desmontando las políticas sociales de Lula. Estamos tratando con una élite reaccionaria y esclavista que nunca aceptó que un obrero –en el caso de Brasil, Lula, o un indígena en el caso de Bolivia, Evo Morales– llegase a la presidencia del país. Esa élite ha hecho de todo con los medios más brutales. Pero a esta ola de violencia se le está oponiendo un movimiento de grupos progresistas, de afro-latino-americanos, de indígenas. Son los brotes de una realidad que veremos. Esa es la esperanza que nutrimos.

¿Ve usted algún nuevo líder político?

Lamentablemente no. Estamos en un momento de vacío, faltan figuras carismáticas, principalmente en Brasil. Tal vez también por culpa de Lula, gran carismático, pero que no supo formar una clase dirigente con nuevos carismas.

Su nuevo libro en italiano, “Soffia dove vuole” (Sopla donde quiere) habla del Espíritu Santo. ¿Por qué?

Los tiempos inquietantes que estamos viviendo exigen una reflexión seria sobre el Spiritus Creator.

Que quedó al margen de la teología

Eso no es cierto. Existen estudios grandiosos sobre el Espíritu, desde el de Yves Congar hasta el de Jürgen Moltmann, en diálogo con el nuevo paradigma cosmológico. Pero lo que podemos decir es esto: el Espíritu Santo ha estado casi siempre al margen de la jerarquía eclesiástica. Y con razón.

¿Cómo es eso?

La jerarquía está orientada hacia “áreas” como el poder, el orden, los dogmas, el derecho canónico, en una condición constante de autorreferencia. Son todos aspectos que sirven para mantener el statu quo y que tienen su razón de ser, no niego eso. Del mismo modo, sin embargo, ellos no pueden ser predominantes. El Espíritu es más carisma que poder, más movimiento que estabilidad, más innovación que permanencia. Él sigue una lógica diferente a la de la jerarquía de la Iglesia. Por eso, casi todos los predicadores del Espíritu Santo fueron marginados o perseguidos. Los hechos confirman eso. Mi libro juzgado en 1985 por la Congregación para la Doctrina de la Fe (cuyo prefecto era Joseph Ratzinger), se titulaba Iglesia: carisma y poder. En Roma sin embargo lo leyeron como “Iglesia: carisma o poder”. Por esa confusión, me condenaron.

¿En vez de eso, que es lo que usted quería decir?

Yo quería crear un equilibrio entre carisma y poder. Pero ese equilibrio debe comenzar por el carisma. Si se comienza con el poder, se corre el riesgo de que este sofoque al carisma. En vez de eso, si se comienza con el carisma se impide que el poder sea ejercido de forma autoritaria, se le imponen límites, y se le obliga a ser poder-servicio y ponerse al servicio de la comunidad.

¿Cuál es el papel del Espíritu Santo hoy?

Estamos en un momento histórico, el Antropoceno, en el que las bases que sustentan la vida y la Tierra han sido profundamente atacadas. O cambiamos o morimos. El Espíritu es Spiritus Creator, Spiritus Vivificans. Sólo el Espíritu puede restaurar el equilibrio destruido por la voracidad del hombre. Sólo con el Espíritu es posible superar el Antropoceno y llegar al Ecoceno, a una sociedad sostenible, vital, abierta a la convivencia de todos con todos donde lo ecológico ocupará la centralidad. De ahí, ecoceno.

¿Por qué, en su elaboración teológica, usted insiste en enfatizar el papel de la ciencia?

No es posible hacer una teología actualizada sin un diálogo profundo con la nueva visión del mundo proveniente de las ciencias de la vida, de la Tierra, del cosmos. Esa lectura tiene ya un siglo, pero no es hegemónica. Son pocos los teólogos que han aceptado este desafío.

¿Por qué?

Porque obliga a estudiar ciencias diferentes: la física cuántica, la nueva biología, la astrofísica, la teoría del caos y de la complejidad. Después de tal camino, digo esto por experiencia, es más fácil hacer teología, porque con esos datos, Dios aparece inmediatamente como la energía misteriosa y amorosa que sustenta todo y que lleva adelante todo el proceso cosmogénico. La categoría teológica del Espíritu Santo es más adecuada para esa nueva forma de teología.

¿La conciencia ecológica qué tiene que ver con el Espíritu Santo?

El principal objetivo de mi libro es afirmar que el diálogo con la ecología y con la nueva cosmología nos obliga a cambiar el paradigma. El paradigma de la filosofía y de la teología occidentales es de raíz griega, esencialista, basado en naturaleza, sustancia, esencia y otros términos semejantes que pertenecen al área de la permanencia, de la estabilidad. En vez de eso, cuando se habla de Espíritu, todo es dinamismo, innovación. Hay que cambiar la forma de pensar a Dios, la historia, la Iglesia. Dios es dinamismo de tres personas divinas en comunicación entre sí y con la creación.

¿Teología de la ecología, entonces?

Yo he tratado de hacer una teología con un nuevo horizonte de comprensión. El mismo que el Papa Francisco indica en la encíclica Laudato si’: todo es relación; nada existe fuera de la relación. Poéticamente Francisco escribe: “El sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión: el espectáculo de sus incontables diversidades y desigualdades significa que ninguna criatura se basta a sí misma. Ellas existen solo en dependencia unas de otras, para completarse mutuamente en el servicio de unas a otras”. La tesis de la ecología es precisamente esta: todo está conectado para formar la gran comunidad de vida, el todo de la naturaleza y del universo. Y este modo de pensar corresponde a la naturaleza del Espíritu Santo.

¿Le parece a usted que la Iglesia católica está lista para aceptar estas reflexiones suyas?

La situación es diferente en cada país, pero en todas partes faltan profetas. Con Wojtyla y Ratzinger asistimos al retorno de la gran disciplina, vimos una Iglesia cerrada en sí misma, preocupada con la ortodoxia, atenta a combatir enemigos como la modernidad, las nuevas libertades. Y, sobre todo distante del pueblo, con una teología erudita pero pobre en innovación y una liturgia ajena a la sensibilidad moderna.

Mientras que ahora….

Con el Papa Francisco surge otro tipo de Iglesia, abierta como un hospital de campaña, donde la centralidad no es tanto la ortodoxia, sino la pastoral del encuentro, de la ternura, de la convivencia. Para el Papa Francisco las doctrinas son importantes, pero lo más importante es entender que Cristo vino para enseñarnos a vivir los bienes del reino como el amor incondicional, la misericordia, la solidaridad, la compasión por quien sufre, por los últimos en total apertura al Padre de bondad y misericordia.

¿Mensaje recibido?

No siempre. Muchos católicos tradicionalistas no se han dado cuenta de que estamos ante otro tipo de papa, menos doctor y más pastor en medio de su pueblo. Un papa que lleva menos los símbolos paganos de los emperadores romanos y más la sencillez de un párroco de aldea, sencillo humilde, amigo de todos. Un hombre que viene de lejos, por eso es libre. Si no fuese así, ¿por qué el nombre de Francisco? Sería una contradicción pensar en San Francisco de Asís en un palacio pontificio. Pero tenemos a Francisco de Roma que vive y come con todos los demás, no él solo.

¿El aumento de las protestas públicas en la Iglesia contra el Papa Francisco le preocupa?

No me preocupa, porque no le preocupa. ¿Cómo sé esto? Un amigo suyo Carlo Petrini, con el cual el Papa le gusta dialogar por que es agnóstico y que me visitó aqui en Petrópolis-Rio. Reveló  que el papa duerme desde las 21h30 hasta las 5h30 como un tronco, bebe su mate y lleva adelante, franciscanamente, su misión, con una irradiación mundial en sentido religioso, ético y político. Nos conocemos desde 1972. Intercambié con él algunas cartas sobre temas de ecología y sobre el Sínodo para la Amazonia de octubre pasado.

¿A propósito, qué espera usted de la exhortación apostólica pos-sinodal de Francisco, que se espera en breve?

Algo bueno. Sobre todo sobre la defensa del rostro indígena de la Iglesia y sobre las mujeres. En mis cartas le pedí que hiciese un gesto profético sin pedir nada a nadie, como hizo Juan XXIII cuando convocó el Concilio Vaticano II.

¿Qué gesto?

Ordenar a las mujeres.

¿Y le respondió?

Me gradeció la carta sin comentar nada.

Usted dedica su libro a las mujeres

Yo digo que la primera Persona divina en entrar en este mundo, o en irrumpir en el proceso de la evolución, no fue el Hijo, como dice la Iglesia. Fue el Espíritu Santo. Esto está muy claro en el texto de Lucas: “El Espírito vendrá sobre ti… y te cubrirá con su sombra”. Hice una búsqueda de meses en patrología: no hay ningún rastro de la centralidad del Espíritu. Ni siquiera en los grandes teólogos. De acuerdo con una lectura predominantemente masculina, prevalece el Hijo. Pero el Hijo vino después de la aceptación (“fiat”) de María, por lo tanto después del Espíritu. Y digo más aún: el Espíritu asumió a María, la divinizó. En el proyecto del Altísimo, hombre y mujer son igualmente divinizados. Forman parte de Dios.

Hoy la teología de la liberación es ecoteología, teología feminista, teología afro. Los pobres siguen siendo muchos y oprimidos. ¿La teología de la liberación tiene todavía un largo camino por delante?

La existencia de los pobres, de los oprimidos me hace pensar siempre en Jesús, en San Francisco y en tantos otros que tuvieron misericordia de ellos. Mientras existan pobres, especialmente en la medida en que su número aumenta, más necesaria se hace una teología de liberación. Es la situación actual en todo el mundo.

Le acusaron de ser pro-marxista.

Marx nunca fue padre ni padrino de la teología de la Liberación, como insinuaban los dictadores latinoamericanos. Pero hoy, más que nunca, la teología de la liberación es urgente. El ejército de los pobres ha aumentado terriblemente. Si la teología, sea la que sea, no toma en serio la situación actual difícilmente se librará de la crítica de cinismo y de irrelevancia histórica. Es preciso leer los signos de los tiempos. El Espíritu nos invita a tomar una posición del lado de las víctimas, de aquellos que el sistema imperante ha hecho invisibles.

El libro en español se titula El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y padre de los pobres, PAVSA, Managua 2014, Trotta 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

 

Leonardo Boff: a nova teologia do Ecoceno

A nova teologia do Ecoceno: entrevista a Leonardo Boff

Revista IHU on-line 27 janeiro 2020

De um Brasil em crise, escravizado, “campo de batalha na guerra fria entre Estados Unidos e China”, de um continente explorado “para satisfazer as superpotências”, humilhado, pisoteado, chega uma mensagem de esperança. De renovação. Que toca os temas do ambiente “rumo a um novo Ecoceno” e da igualdade social. Que fala do papel da mulher, do novo rosto da Igreja – a do Papa Francisco. Uma mensagem livre, “como o Espírito Santo”.

A reportagem é de Annachiara Sacchi, publicada no caderno La Lettura, do jornal Corriere della Sera, 26-01-2020. A tradução é de Moisés Sbardelotto.

Leonardo Boff, expoente de destaque da teologia da libertação, incômodo quando era sacerdote e também depois (abandonou a batina em 1992; em 1985, havia sido advertido pela Congregação para a Doutrina da Fé), ativista dos direitos humanos, dos direitos da natureza e da Terra, professor universitário, está confiante: “De toda grande crise, surge a possibilidade de uma mudança, podem irromper novas forças. E o Brasil é maior do que sua crise atual”.

Eis a entrevista.

Professor Boff, então o senhor está otimista ou não?

Na realidade, estou preocupado. A situação no Brasil é trágica: o ultraliberalismo de Jair Bolsonaro, a extrema direita política que faz apologia da violência e dos regimes ditatoriais, que exalta os torturadores como heróis nacionais… Nunca vivemos nada semelhante.

Qual a explicação?

Por trás disso, está o projeto de recolonizar a América Latina e obrigá-la a ser somente exportadora de commodities (carne, alimentos, minerais…). E, nessa perversa estratégia, o Brasil é central.

Por quê?

Porque é um país riquíssimo, uma reserva de bens naturais que faltam no mundo. Como disse várias vezes o prêmio Nobel Joseph Stiglitz, nos próximos anos toda a economia dependerá da ecologia. E o Brasil terá um papel primordial nesse jogo.

É difícil viver no Brasil hoje?

Muito. O ministro da Economia, Paulo Guedes, é um dos “Chicago Boys”, formado na Escola de Chicago, que trabalhou no Chile de Pinochet. O ultraliberalismo de direita está fazendo uma política dos ricos para os ricos, está privatizando tudo. Guedes está trazendo a política de Pinochet ao Brasil de privatização de tudo o que pode. E você sabe por que ninguém protesta, por que as pessoas não saem às ruas como está acontecendo agora no Chile?

Não.

Porque o governo anunciou que reprimirá qualquer protesto com o exército! Aqui todos têm medo, pois o exército usa de violência e de brutalidade, mesmo que a discordância cresça. Mas dentro das paredes de casa. Assistimos a uma triste forma de inércia popular.

Na América Latina, presidentes como Evo Morales e Lula encerraram a sua era. Agora, novas forças orientam a opinião pública. Acabou o impulso reformista?

Tivemos governos que fizeram muito pelos pobres. No Brasil, 36 milhões de pessoas foram incluídas no welfare. Mas, no ano passado, um milhão de famílias passou da pobreza para a miséria. O governo está desmontando as políticas sociais de Lula. Estamos lidando com uma elite reacionária e escravista que nunca aceitou que um operário – no caso do Brasil, Lula, ou um indígena no caso da Bolívia, Evo Morales – chegasse à presidência do país. Essa elite fez de tudo, com os meios mais brutais. Mas essa onda violenta está sendo oposta por um movimento de grupos progressistas, de movimentos populares, como o MST, o Movimento dos Sem Teto, de descendentes afro-latino-americanos, de indígenas. São os brotos de uma realidade que pode irromper. Essa é a esperança que alimentamos.

O senhor vê algum novo líder político?

Infelizmente não, estamos em um momento de vazio, faltam figuras carismáticas, principalmente no Brasil. Talvez também por culpa de Lula, grande carismático, mas que não soube formar uma classe dirigente também com novos carismas.

O seu novo livro, “Soffia dove vuole” [Sopra onde quer] (no prelo, pela editora Emi), fala do Espírito Santo. Por quê?

Os tempos inquietantes que estamos vivendo, exigem uma séria reflexão sobre o Spiritus Creator.

Que ficou à margem da teologia.

Isso não é verdade. Existem estudos grandiosos sobre o Espírito, desde o de  Yves Congar até o de Jürgen Moltmann, este, em diálogo com o novo paradigma cosmológico. Mas o que podemos dizer é isto: o Espírito Santo esteve quase sempre à margem da hierarquia eclesiástica. E com razão.

Como assim?

A hierarquia está orientada para “áreas” como o poder, a ordem, a ortodoxia, os dogmas, o direito canônico, em uma constante condição de autorreferência. São todos aspectos que servem para manter o status quo e que têm a sua razão de existir, eu não nego isso. Do mesmo modo, porém, eles não podem ser predominantes e ocupar toda a cena. O Espírito é mais carisma do que poder, mais movimento do que estabilidade, mais inovação do que permanência. Ele segue uma lógica diferente da hierarquia da Igreja. Por isso, quase todos os portadores do Espírito Santo foram marginalizados ou perseguidos. Os fatos confirmam isso. O meu livro, julgado em 1985 pela Congregação para a Doutrina da Fé (cujo prefeito era Joseph Ratzinger), intitulava “Igreja: carisma e poder”. Em Roma, porém, leram-no como “Igreja: carisma ou poder”. Por causa dessa confusão, me condenaram.

Ao invés disso, o que o senhor queria dizer?

Eu queria criar um equilíbrio entre carisma e poder. Mas esse equilíbrio deve começar pelo carisma. Se se começa pelo poder, corre-se o risco de que o poder sufoque o carisma. Em vez disso, se se começa do carisma, impede-se que o poder seja exercido de forma autoritária, limites são-lhe impostos, e ele é obrigado ser poder-serviço e a se colocar a serviço da comunidade.

Qual é o papel do Espírito Santo hoje?

Estamos em um momento histórico, o Antropoceno, em que as bases que sustentam a vida e a Terra foram profundamente atacadas,as bases físicas, químicas e ecológicas. Ou mudamos ou morremos. O Espírito é Spiritus Creator, Spiritus Vivificans. Só o Espírito pode restaurar o equilíbrio destruído pela voracidade do homem. Só com o Espírito é possível superar o Antropoceno e chegar ao Ecoceno, a uma sociedade sustentável, vital, aberta à convivência de todos com todos e onde o ecológico ocupará a centralidade. Daí ecoceno.

Por que, na sua elaboração teológica, o senhor insiste em enfatizar o papel da ciência?

Não é possível fazer uma teologia atualizada sem um diálogo profundo com a nova visão do mundo proveniente das ciências da vida, da Terra, do cosmos. Essa leitura já tem um século, mas não é hegemônica. São poucos os teólogos que aceitaram esse desafio.

Por quê?

Porque obriga a estudar ciências diferentes: a física quântica, a nova biologia, a astrofísica, a teoria do caos e da complexidade. Depois de tal caminho, digo isto por experiência, é mais fácil fazer teologia, porque. com esses dados, Deus aparece imediatamente como a Energia misteriosa e amorosa que sustenta o todo e que leva em frente todo o processo cosmogênico. A categoria teológica do Espírito Santo é mais adequada para essa nova forma de teologia.

O que a consciência ecológica tem a ver com o Espírito Santo?

O principal objetivo do meu livro é afirmar que o diálogo com a ecologia e com a nova cosmologia nos obriga a mudar o paradigma. O paradigma da filosofia e da teologia ocidentais é de raiz grega, essencialista, baseado em natureza, substância, essência e outros termos semelhantes que pertencem à área da permanência, da estabilidade. Em vez disso, quando se fala de Espírito, tudo é dinamismo, inovação. É preciso mudar a forma de pensar Deus, a história, a Igreja. Deus é dinamismo de três pessoas divinas em comunicação eterna entre si e com a criação,  envolvendo tudo, Deus, o ser humano, a vida, o universo.

Teologia da ecologia, então?

Eu tentei fazer uma teologia com um novo horizonte de compreensão. O mesmo que o Papa Francisco indica na encíclica Laudato si’: tudo é relação; nada existe fora da relação. Poeticamente, Francisco escreve: “O sol e a lua, o cedro e a florzinha, a águia e o pardal: o espetáculo das suas incontáveis diversidades e desigualdades significa que nenhuma criatura se basta a si mesma. Elas só existem na dependência umas das outras, para se completarem mutuamente no serviço umas das outras”. A tese da ecologia é precisamente esta que eu antas vezes  ouvi no último semestre de aulas dado por Werner Heisenberg, um dos formuladores da mecânica quântica, por volta de 1967, na Universidade de Munique, onde fazia meu doutorado em teologia sistemática: tudo está conectado com tudo para formar a grande comunidade de vida, o todo da natureza e do universo. E esse modo de pensar corresponde à natureza do Espírito Santo.

O senhor acha que a Igreja Católica está pronta para aceitar essas suas reflexões?

Em cada país, a situação é diferente. Mas em toda parte faltam profetas. Com Wojtyla e Ratzinger, assistimos ao retorno à Grande Disciplina, vimos uma Igreja fechada em si mesma, preocupada com a ortodoxia, atenta a combater inimigos como a modernidade, as novas liberdades. E, acima de tudo, distante do povo, com uma teologia erudita mas pobre em inovação e uma liturgia alheia à sensibilidade moderna.

Enquanto agora…?

Com o Papa Francisco, emerge outro tipo de Igreja, aberta como um hospital de campanha, em que a centralidade não é tanto a ortodoxia, mas sim a pastoral do encontro, da ternura, da convivência. Para o Papa Francisco, as doutrinas são importantes, mas, acima de tudo, importa entender que Cristo veio para nos ensinar a viver os bens do Reino como o amor incondicional, a misericórdia, a solidariedade, a compaixão por quem sofre, pelos últimos em total abertura ao Pai de bondade e de misericórdia.

Mensagem recebida?

Nem sempre. Muitos católicos tradicionalistas não se deram conta de que estamos diante de outro tipo de papa, menos doutor e mais pastor no meio do seu povo. Um papa que carrega menos os símbolos pagãos dos imperadores romanos e mais a simplicidade de um pároco de aldeia, simples, humilde, amigo de todos. Um homem que vem de longe e, por isso, livre. Se não fosse assim, por que o nome de Francisco? Seria uma contradição pensar um São Francisco de Assis em um palácio pontifício. Mas temos outro Francisco de Roma que vive numa casa de hóspedes, se serve em fila e come junto com os outros, e não sozinho.

O crescimento de protestos públicos na Igreja contra o Papa Francisco lhe preocupa?

Não me preocupa, porque não o preocupa. Como eu sei disso? Contou-me um amigo dele, Carlo Petrini, um agnóstico que escreveu uma espécie de prefácio à encíclica Laudato Sí e com o qual o Papa Francisco gosta de dialogar, exatamente por não se confessar cristão, mas um agnóstico. O Papa contou-lhe (ele me visitou em dezembro em Petrópolis) que  dorme às 21h30, até as 5h30 como uma pedra, bebe o seu mate e leva em frente, franciscanamente, a sua missão, com uma irradiação mundial em sentido religioso, ético e político. Nós nos conhecemos desde 1972. Troquei com ele algumas cartas sobre temas de ecologia e sobre o Sínodo para a Amazônia de outubro passado.

A propósito, o que o senhor espera da exortação apostólica pós-sinodal de Francisco, prevista para breve?

Algo de bom. Acima de tudo, sobre a defesa do rosto indígena da Igreja e sobre as mulheres. Nas minhas cartas, eu pedi a ele que fizesse um gesto profético sem pedir nada a ninguém, como João XXIII fez quando convocou o Concílio Vaticano II.

Que gesto?

Ordenar as mulheres ao sacerdócio.

Ele lhe respondeu?

Agradeceu-me pela carta.

O senhor dedica seu livro às mulheres.

Eu digo que a primeira Pessoa divina a entrar neste mundo, ou a irromper no processo da evolução, não foi o Filho, como diz a Teologia comum e a Tradição. Foi o Espírito Santo. Isso está muito claro no texto de Lucas: “O Espírito virá sobre ti… E te cobrirá com a sua sombra”. Eu fiz uma pesquisa de meses na patrologia: não há nenhum rastro da centralidade do Espírito. Nem sequer nos grandes teólogos. De acordo com uma leitura predominantemente masculina, prevalece o Filho e se esquece do Espírito que gera em Maria o Filho. Portanto, o Filho veio depois da aceitação (“fiat”) de Maria, quer dizer, depois da vinda do Espírito. Digo mais: o Espírito assumiu Maria, divinizou-a. No projeto do Altíssimo, homem e mulher são igualmente divinizados. Fazem parte de Deus. As mulheres deveriam se conscientizar desta sua dignidade e assumir sua porção divina.

Hoje, a teologia da libertação é ecoteologia, teologia feminista, teologia afro. Mas os pobres continuam sendo muitos e oprimidos. A teologia da libertação ainda tem um longo caminho pela frente?

A existência dos pobres, dos oprimidos sempre me faz pensar em Jesus, em São Francisco e em tantos outros que tiveram misericórdia deles.Enquanto existirem pobres especialmente na medida em que seu número aumenta, mais necessária se faz uma teologia de libertação. É a nossa situação atual,mundo afora.

Acusaram-no de ser pró-marxista.

Marx nunca foi pai ou padrinho da teologia de Libertação, como insinuavam os ditadores latino-americanos e os conservadores entre os bispos e os leigos. Mas hoje, mais do que nunca, a teologia da libertação é urgente. O exército dos pobres aumentou assustadoramente. Se a teologia, seja ela qual for, não levar a sério a situação atual, de verdadeura crucificação da maioria da humanidade, dificilmente se livrará da crítica de cinismo e de irrelevância histórica. É preciso ler os sinais do tempo. O Espírito nos convida a tomar uma posição, dos lados das vítimas, daqueles que pelo sistema imperante são feitos invisíveis.

Há em portugues o livro: “O Espírito Santo: fogo interior, doador de vida e pai dos pobres” Vozes 2013.

 

Por qué humanos esclavizan a otros humanos, ayer y hoy?

La existencia y persistencia de la esclavitud o de condiciones análogas a la esclavitud constituye un desafío humanístico, filosófico, ético y teológico hasta los días actuales. ¿Por qué hay humanos que esclavizan a otros humanos, sus co-iguales?

La más antigua codificación de leyes, el Código de Hammurabi, escrito hacia 1772 a.C. en Irán, se refiere ya a la clase de los esclavos. Y así a lo largo de toda la historia hasta los días actuales. La Walk free Foundation que se ocupa de la esclavitud a nivel mundial, calcula que hoy día hay cerca de 40,3 millones de personas en régimen de esclavitud, debido a tráfico de personas, deudas, trabajos o casamientos forzados etc. La India lidera el ranking con 7,99 millones de esclavizados. Los datos de Brasil en 2018 apuntaban a 369 mil personas en condiciones análogas a la esclavitud o esclavizados.

Las mentes más brillantes de Occidente la vieron como natural y hasta poseían esclavos. Así Aristóteles, David Hume, Immanuel Kant, Friedrich Hegel. El propio Thomas Jefferson, formulador de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, en la cual se afirmaba que todos los seres humanos nacen libres y con iguales derechos, tenía esclavos, así como nuestro Tiradentes, que tenía por lo menos seis. El famoso Padre Antônio Vieira predicaba a los esclavos en un ingenio azucarero: “Sois imitadores de Cristo crucificado porque padecéis de un modo muy semejante a lo que el Señor mismo padeció en su cruz y en toda su pasión”, llegando a llamarlos por eso “bienaventurados”. Una piadosa y al mismo tiempo cruel justificación.

Resumiendo: El gran especialista en esclavitud, el jamaicano Orlando Petterson, profesor de Harvard, afirma: “La esclavitud ha existido desde el principio de la historia de la humanidad hasta el siglo XX (XXI), en las sociedades más primitivas y también en las más avanzadas” (cf.L.Gomes, Escravidão, p.65). ¿Qué razones llevaron a la esclavitud?

Hasta hoy ninguna explicación se ha revelado convincente. Pero podemos tantear algunas razones, si bien todas precarias.

La primera habría sido el patriarcado. Hace 10-12 mil años el hombre-macho se impuso a todos, a la mujer, a los hijos, a la naturaleza. Se sobrepuso al otro, haciéndolo su siervo y esclavo. La esclavitud sería hija del patriarcado aún vigente en nuestros días.

La segunda razón, de naturaleza filosófica, sustenta que el ser humano es un ser decadente. No en un sentido ético sino ontológico. Es decir, su naturaleza es tal que nunca consigue ser lo que debería o desearía ser. Hay en él una amarra interna que le impide dar el salto necesario: controlar e integrar sus impulsos, que no son en sí malos, sino naturales: la cólera, el uso de la fuerza, el poder como capacidad de dominación. El ser humano decae en el sentido de dar rienda suelta a estos impulsos y así se torna inhumano. ¿De dónde le viene esa incapacidad? ¿De la contradicción entre el deseo infinito y la realidad finita? Bien podría convivir jovialmente con el infinito, acogiendo su ser finito. Pero no lo hizo y no lo hace.Así se crearon las condiciones de uno esclavizar al otro hasta crear la institución de la esclavitud. La herida sigue sangrando y haciendo sangrar.

Tengo para mí que la sabiduría judeocristiana, tan ancestral, nos trae alguna luz. Habla de pecado original. El término no es bíblico, pues ahí se usa “pecado del mundo” o “el ser humano es inclinado al mal desde su juventud”. Pecado original es un término creado por San Agustín (354-430) en su intenso intercambio de cartas con San Jerónimo y en polémica con el teólogo Pelagio.

Pecado original, según él, no tiene la connotación temporal de “desde los orígenes”. Original concierne al núcleo originario, primero y esencial del ser humano. En su interior más profundo existe una ruptura: con la naturaleza, no respetando sus ritmos, con el otro, odiándolo, y con el Definitivamente Importante. Él se considera el más importante por estar dotado de razón. Por ella imagina que puede dar cuenta de sí mismo, como si él mismo se hubiese dado la existencia y no Alguien que lo hace venir a este mundo. Pecado original es esa hybris y arrogancia. Significa magnificar su yo hasta el punto de excluir a los otros y al Gran Otro que lo creó.

La consecuencia primera es la instauración de la dictadura de la razón. Ella pretende explicar todo y por ella dominar todo. Propósito vano. El ser humano no es sólo razón. Es principalmente corazón, sensibilidad y amor. Bastante antes de la razón, el logos, en términos de la antropogénesis, vino el sentimiento, el pathos. Esta dimensión ha sido reprimida y hasta negada. Con eso dejó de sentir al otro, de ponerse en su lugar, de alegrarse y sufrir con él. Lo objetivó, es decir, lo hizo objeto de uso y abuso. Surgió la dominación del otro. Comenzó la esclavización de un humano sobre otro humano.

No sentir a los otros como nuestros semejantes y no tener empatía con ellos es “nuestro pecado original”, origen de la esclavitud de ayer y de hoy y del sistema de explotación sistemática de las personas en función de la acumulación privada, del yo sin los otros. Sin abrazar al otro como co-igual y sin sufrir con el sufrimiento de la Tierra,sigue se reproduciento nuestro pecado original. Pero no habrá futuro para nuestro tipo de mundo y de civilización Otro mundo vendrá de liberados, de libres y de fraternos conviviendo alegremente el corto tiempo que nos fué concedido.

*Leonardo Boff es filósofo y teólogo y ha escrito Princípio de compaixão e cuidado, Vozes 2000.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

A laicidade do Estado levada às últimas consequências.

O Estado brasileiro, como a maioria dos Estados modernos, é laico. Quer dizer:  respeita todas as religiões e seus símbolos, sem aderir a nenhuma delas. Garante-lhes a liberdade de seu exercício, logicamente, dentro do quadro legal do país. Veja a coragem deste frade face ao fato de o Ministério Público Federal de São Paulo haver  ajuizado a ação pedindo a retirada dos símbolos religiosos das repartições publicas.

O frade Demetrius dos Santos Silva, corajoso, reagiu positivamente a esta decisão com estas palavras verdadeiras:

” Sou Padre católico e concordo plenamente com o Ministério Público de São Paulo, por querer retirar os símbolos religiosos das repartições públicas.

Nosso Estado é laico e não deve favorecer esta ou aquela religião. A Cruz deve ser retirada!

Aliás, nunca gostei de ver a Cruz em Tribunais, onde os pobres têm menos direitos que os ricos e onde sentenças são barganhadas, vendidas e compradas.

Não quero mais ver a Cruz nas Câmaras legislativas, onde a corrupção é a moeda mais forte.

Não quero ver, também, a Cruz em delegacias, cadeias e quartéis, onde os pequenos são constrangidos e torturados.

Não quero ver, muito menos, a Cruz em pronto-socorros e hospitais, onde pessoas pobres morrem sem atendimento.

É preciso retirar a Cruz das repartições públicas, porque Cristo não abençoa a sórdida política brasileira, causa das desgraças, das misérias e dos sofrimentos dos pequenos, dos pobres e dos menos favorecidos “.

Assinado: Frade Demetrius dos Santos Silva.