GUSTAVO GUTIÉRREZ, TEÓLOGO DEL DIOS LIBERADOR

                                Juan José Tamayo

Gustavo Gutiérrez é o grande teólogo peruano, latino-americano,universal, o iniciador da Teologia da Libertação. Agora completa 94 anos. Foi perseguido e proibido como tantos outros teólogos da libertação. Mas o Papa Francisco que vem desde caldo teológico, da Teología da Libertação de vertente argentina, o reabilitou, bem como a Jon Sobrino, José María Castillo e outros. Juntos começamos este tipo de teologia, embora não nos conhecíamos pessoalmente. Mas havia aquilo que Hegel chama de Weltgeist, um Espírito que atravessa o mundo e faz surgir níveis de consciência e temáticas de pensamento e de ação adequadas ao tempo. Assim foi quando começamos nos fins dos anos 60 e princípios dos anos 70 do século passado. Aqui vão os meus melhores votos ao ancião e “AMAUTA” “o sábio”, o maior título que o governo peruano concede a raras personaidades do país. Ele é verdadeiramente um “amauta”, sábio, indígenas, amigo dos pobres e um justo entre as nações. Juan José Tamayo faz-lhe as honras, pois é o teólogo espanhol que melhor conhece a teologia da libertação e a pratica no quadro de seu país.  LBoff

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La teología cristiana ha sido con frecuencia una disciplina inocua en el conjunto de los saberes, beligerante frente a los avances científicos, legitimadora de los poderes establecidos, ajena a la marcha de la historia, poco sensible a los sufrimientos humanos y muro de contención de las revoluciones sociales y políticas. La teología latinoamericana de la liberación ha venido a quebrar dicha imagen, recuperando la imagen del Dios de la vida y de Jesús de Nazaret, el Cristo liberador y situando al cristianismo en la vanguardia de los movimientos sociales que luchan por la transformación de la sociedad de todas las opresiones, también de la religiosa.

El sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez es reconocido con razón como el padre del nuevo paradigma teológico que supuso una verdadera revolución epistemológica y metodológica en el discurso religioso y en la práctica liberadora de los cristianos y las cristianas. El pasado 8 de junio cumplió 94 años y conserva íntegra su lucidez intelectual, la misma que tuve la oportunidad de comprobar hace cuatro años en el encuentro que mantuvimos en Lima.

Entonces le felicité por sus 90 años presencialmente. Hoy lo hago de nuevo con este artículo que quiere ser un acto de memoria histórica de los orígenes de la teología de la liberación, cuya primera piedra puso Gustavo en las conferencias que impartió en 1968 en la ciudad peruana de Chimbote, ubicada a orillas de Océano Pacífico. A ellas asistió su compatriota el escritor y antropólogo José María Arguedas, que en El zorro de arriba y el zorro de abajo define a Gutiérrez como “el teólogo del Dios liberador” y lo contrapone al “cura del Dios inquisidor” de su propia novela Todas las sangres. En esas conferencias, calificadas por Arguedas de “lúcidas y patéticas”, Gustavo habló de la teología como inteligencia del compromiso. Tres años después publicó Teología de la liberación. Perspectivas (1971, 1ª ed.), su obra más emblemática e influyente en el panorama teológico cristiano de las últimas cinco décadas, traducida a decenas de idiomas y con numerosas ediciones. Dedica el libro a Arguedas y lo introduce con un texto de Todas las sangres, que Arguedas le había leído en Lima, en el que el sacristán y cantor de San Pedro de Lahuaymarca, quemada ya su iglesia y refugiado entre los comuneros de las alturas, le replica a un cura del Dios inquisidor con argumentos semejantes a los de las conferencias de Chimbote. El propio Gustavo considera al sacristán de San Pedro “precursor de la teología de la liberación”.  

En Teología de la liberación. PerspectivasGustavo define la teología como reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra, como teología de la transformación liberadora de la historia de la humanidad, que no se limita a pensar el mundo, sino que se sitúa como un momento del proceso a través del cual el mundo es transformado, abriéndose al don del reino de Dios. Estamos ante una nueva manera de hacer teología que tuvo repercusiones sociales y políticas desestabilizadoras para el sistema neocolonial latinoamericano y sigue teniéndolas hoy para el sistema de la globalización neoliberal, que el Papa Francisco define como “globalización de la indiferencia, que nos vuelve “indiferentes ante los clamores de los otros”, y califica de injusto en su raíz.  

Gutiérrez lleva a cabo una verdadera revolución en la teología, cuyo acto primero es el compromiso con los oprimidos y la experiencia del Dios de los pobres, y el acto segundo, la reflexión, pero no desde la neutralidad social y la asepsia doctrinal sino desde el reverso de la historia y la opción ético-evangélica por los pobres. A estos les reconoce el teólogo peruano una fuerza histórica capaz de mutar el curso de la historia en dirección a la liberación. La teología de liberación remite derechamente al compromiso de los cristianos en los movimientos de liberación.  

George Bernanos afirmaba que los cristianos son capaces de instalarse cómodamente bajo la cruz de Cristo. Gustavo Gutiérrez pretende corregir esa tendencia conformista activando las energías utópico-liberadoras del cristianismo. Su referente intelectual es Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios sometidos a esclavitud por los conquistadores y pionero del reconocimiento y respeto del pluriverso cultural. Parafraseando a Las Casas (“los indios mueren antes de tiempo”) el teólogo peruano afirma que “los pobres en América Latina mueren antes de tiempo”. Sobre Las Casas ha escrito uno de los mejores estudios que conozco, En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de Las Casas (Centro Bartolomé de Las Casas, 1992), que dedica al teólogo mártir hispano-salvadoreño Ignacio Ellacuría. Otro libro excelente sobre Bartolomé de Las Casas es el de Francisco Fernández Buey La gran perturbación. Discurso del indio metropolitano (El Viejo Topo, Barcelona, 1995).

Las preguntas existenciales, o mejor vitales, que queman en los labios a Gustavo y golpean su conciencia tienen que ver con el lenguaje sobre Dios: ¿cómo hablar de Dios desde el sufrimiento de los inocentes; con la hermandad: ¿cómo hablar de Dios Padre en un mundo donde los seres humanos no son hermanos?, y con la vida y la muerte: ¿cómo hablar de la resurrección en un mundo donde los excluidos son carne de cañón? La pregunta que sigue interpelándole con más radicalidad y urgencia es la que da título a uno de sus ensayos: ¿Dónde dormirán los pobres?  Las preguntas que plantea dan una idea acertada de la orientación de su teología: una teología no levítico-sacerdotal, sino samaritana; crítica y no conformista, abierta al pluriverso cultural, religioso y étnico, no de pensamiento único; una teología siempre en perspectiva de liberación y sensible a las nuevas esclavitudes que genera la globalización neoliberal. En la teología de Gustavo Gutiérrez vuelven a articularse armónicamente pensamiento y vida, teoría y praxis, rigor metodológico y talante profético, como sucediera en los misioneros, teólogos y obispos defensores de los derechos de los indios de Abya-Yala en el siglo XVI. El teólogo peruano acostumbra a decir que él no cree en la teología de la liberación, sino que esta es solo camino para mejor seguir a Jesús de Nazaret y contribuir a la liberación de los pobres. Todo un ejemplo de modestia intelectual para los teólogos europeos que tendemos a veces a conceder más importancia a la teología que a la experiencia, a la teoría que a la práctica, a la reflexión que a la liberación, cuando ambas tienen que ir unidas

Gustavo Gutiérrez, honoris causa

Ad multos años, Gustavo

Para una profundización sobre Gustavo Gutiérrez y sobre la Teología de la liberación, remito a mis libros: Para comprender la teología de la liberación (1989; 2017, 8ª ed.) (EVD, Estella); Panorama de la teología latinoamericana (2002, 2ª ed.) (EVD, Estella); La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (2011, 2ª ed,) (Tirant, Valencia); Teologías del Sur. El giro descolonizador (2017), (Trotta, Madrid).

                        Um Deus diferente

                                             Leonardo Boff

Dando aulas como professor visitante na Universidade de Heidelberg,onde Martin Heidegger, Max Weber e o próprio Karl Marx estudaram, um estudante muçulmano assistia meu curso sobre a Igreja na base, as assim chamadas comunidades de base. Relatei que num grande encontro,há anos, na cidade de Trindade, no estado de Goiás, havia um  lema, escrito em letras garrafais logo na entrada do local do encontro:”A Santíssima Trindade é a melhor comunidade”.

Sabemos que os muçulmanos bem como os judeus professam um estrito monoteismo. Este estudante muçulmano me perguntou: “se eu disser que o Deus que está acima de nós e é nossa Fonte originária chamamos de Pai; e o Deus que está ao nosso lado e se mostra como nosso irmão chamamos de Filho; e o Deus que mora dentro de nós e se revela como entusiasmo chamamos de Espírito Santo, o Sr.acha que estou falando na Santíssima Trindade cristâ”? Eu fiz uma pequena pausa, coloquei as mãos na barba e lhe disse: “no nível existencial, da experiência de um cristão, podemos dizer que isso é a Santíssima Trindade. E comentei: “a teologia não fala assim; usa expressões abstratas de uma única natureza ou substância, subsistindo em três Pessoas divinas, coisa que poucos entendem; mas você tem razão, pois o que vc diz todos podem entender”. Ao que ele respondeu: “eu como muçulmano aceito um Deus assim; ele não conflita com minha fé muçulmana”.

Celebramos no domingo, logo após a festa de Pentecostes, a festa da Santíssima Trindade,do Pai,do  Filho e do Espírito Santo. Sobre esta doutrina trinitária se fizeram grandes elaborações teóricas e heresias condenadas. Tudo foi pensado no quadra da filosofia grega, de pessoa, substância, relação, pericórese (inter-retro-relação entre as divinas Pessoas) e outras. A reflexão ficou tão complicada que os cristãos, praticamente, não adoram a Santíssima Trindade, porque não a entendem.. Falam de Deus  numa visão monoteísta. Mas assim perdemos a originalidade do pensamento cristão sobre Deus.

Na verdade, a intuição que está por detrás da afirmação de que Deus não é a solidão do Uno mas a Comunhão de Três Pessoas é afirmar que a natureza íntima de Deus é amor, comunhão, difusão, inclusão, interpenetração num no outro: um momento tão completo que faz com que Deus seja um Deus trinitário.

Quando os cristãos falam  que Deus é Trindade, Pai, Filho e Espírito Santo não estão somando números 1+1+1+1=3. Se houver número então Deus é um só e não Trindade. Mas aqui se afirma que há três Únicos. O único não é número por isso não pode ser somado. Mas ocorre que estes três Unicos se relacionam entre si tão absolutamente, se entrelaçam de forma tão íntima, se amam de maneira tão radical que se uni-ficam. Isto é, ficam um. Esta comunhão  não é resultado das Pessoas que, uma vez constituídas em si e para si, começam a se relacionar. Não. A comunhão é simultânea, eterna e originária com as  Pessoas. Elas são, desde todo sempre, Pessoas-comunhão, Pessoas-relação.  Então  há um só Deus-comunhão-relação-de-Pessoas.

Com a Trindade não queremos multiplicar Deus. O que queremos é expressar a experiência singular de que  Deus é comunhão e não solidão, é amor que se difunde com outros amores que cria. .

Pertinentemente escreveu o Papa Francisco em sua encíclica de ecologia integral Laudato Si: sobre o cuidado da Casa Comum:

O mundo foi criado pelas três Pessoas divinas …e este  mundo criado segundo o modelo divino, é uma trama de relações”(n.238).

Desta forma,  ultrapassamos uma visão monoteísta e substancialista da divindade. A Trindade nos coloca no centro de uma visão de relações, de reciprocidades e inter-retro-comunhões bem no estilo do que se pensa  na moderna cosmologia e na física quântica: tudo está relacionado com tudo e nada existe fora da relação. Deus-Trindade é a Matriz Relacional que subjaz e sustenta todas as relação, também as nossas na forma de simpatia, amizade e de amor. A comunhão é simultânea e originária com as  Pessoas. Elas são, desde toda a eternidde, Pessoas-comunhão, Pessoas-relação., Pessoas-amor. Então  há um só Deus-amor-comunhão-relação-de-Pessoas.

Santo Agostinho, o grande pensador desta visão de Deus-comunhão, escreveu no seu “De Trinitate”: “Cada uma das Pessoas divinas está em cada uma das outras e todas em cada uma e cada uma em todas e todas estão em todas e todas são somente um” (livro VI,10,20).

Então,numa linguagem direta, fundada mais na vivência de fé do que nas doutrinas, podemos acolher o pensamento de meu ouvinte muçulmano: o Deus que está acima de nós, fonte de onde tudo emana é o Pai. O Deus que está ao nosso lado  caminhou conosco,foi amigo dos pobres é nosso  irmão de sangue,  chamamos de Filho. E o Deus que mora dentro de nós que nos sustenta no desamparo e nos dá sempre esperança e entusiasmo é o Espírito Santo. Eles são um só-Deus-comunhão-relação-amor.

Um Deus assim dá para aceitar, adorar e sentir-se envolvido em suas relações de amor.

Leonardo Boff é teólogo e escreveu A Trindade, a Sociedade e a Libertação,Vozes 1986; A Santíssima Trindade é a melhor Comunidade,  Vozes 1988.

El Papa, la sinodalidad y la eclesiogénesis

Leonardo Boff*

En la Iglesia católico-romana se enfrentan dos modelos de organización de la comunidad de fieles. Dicho en un lenguaje fácilmente comprensible: el modelo de Iglesia sociedad de fieles y el modelo de Iglesia comunidad de todos los fieles. 

La Iglesiasociedad de fieles se organiza de modo jerárquico: papa-obispos-sacerdotes-laicos. El concepto organizativo es el “poder sacro” (sacra potestas) ejercido por aquellos que han recibido el sacramento del Orden: el clero. El poder supremo reside en la cabeza, en el Papa, se distribuye entre los obispos y en menor medida en los sacerdotes; los laicos y las mujeres están excluidos por no haber recibido el sacramento del orden. 

Como puede verse, es una sociedad de desiguales: por una parte el clero con el poder y con la palabra y por la otra parte los laicos, sin poder y sin palabra. Así lo dijo explícitamente el Papa Gregorio XVI (1831-1846): «Nadie puede ignorar que la Iglesia es una sociedad desigual, en la cual Dios destinó a unos para ser gobernados y a otros para gobernar. Estos son los clérigos, aquellos son los laicos». Pío X (1903-1914) fue todavía más explícito: «Solo el colegio de los pastores tiene el derecho de dirigir y gobernar. La masa no tiene otro derecho que dejarse gobernar como grey obediente que sigue a su pastor».

Se puede discutir si este modelo es conforme a los evangelios y a la práctica del Jesús histórico, pero es el dominante en estos tiempos. 

El otro modelo, el de la Iglesia-comunidad de todos, ha encontrado expresión en las miles de comunidades eclesiales de base (CEB), sobre todo en de Brasil, América Latina y el Caribe y en otras partes del mundo cristiano. Debido a la falta de sacerdotes, los laicos, hombre y mujeres de fe, sin asistencia de ningún tipo, han asumido la tarea de difundir el mensaje y la práctica de Jesús. Es importante observar que generalmente son los pobres y los fieles que se reúnen en forma de comunidad de 15-20 familias en torno a la escucha del Evangelio, leído y discutido entre todos. A su luz se discuten los problemas de la vida. Después, se realizan celebraciones creativas y se extraen consecuencias prácticas para la vida diaria. Son base en un doble sentido: social (clases populares) y eclesial (laicos y laicas).

El eje estructurador es la “comunión” (communio/koinonia) entre todos, que se sienten como comunidad de iguales, hermanos y hermanas. Participan todos sin excepción. Lógicamente, no todos hacen todas las cosas. Para eso reparten entre ellos los distintos servicios (que San Pablo llama carismas): cuidado de los enfermos, catequesis a los niños, alfabetización, preparación de las celebraciones religiosas, coordinación entre ellos para que todo salga bien y se mantenga la unidad de los servicios para el bien de todos, la coordinación con otros movimientos. Todo es circular, típico del espíritu comunitario.

Aquí aparece otra manera de ser Iglesia, similar a la Iglesia de los inicios, como testimonian las cartas de san Pablo, cuando los fieles se reunían en la casa de esta o aquella persona. Entre los propios componentes de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) se dice: es una Iglesia que nace del pueblo por obra del Espíritu de Dios. Teólogos y obispos que participan en este modo de ser Iglesia han acuñado la expresión eclesiogénesis: la génesis de la Iglesia o la recuperación de la Iglesia de Jesús y de los apóstoles por el poder del Espíritu Santo.

Entre estos dos modelos no se percibe un conflicto: las CEBs quieren obispos y sacerdotes dentro de su comunidad y muchísimos obispos y sacerdotes apoyan y se unen a este modo de vivir la fe evangélica. La única tensión, y a veces conflicto, se produce entre el grupo de obispos y sacerdotes que no han hecho opción por los pobres y su expresión eclesial en las comunidades de base y persisten en el carácter piramidal de la Iglesia-sociedad.

En todo caso, aquí emerge una Iglesia que no es una organización sino un organismo vivo, abierta siempre a nuevas maneras de comunicar y vivir el evangelio, unida a la vida y en diálogo con todos, pero sobre todo con los oprimidos en lucha por su liberación. 

Tengo la clara impresión de que el papa Francisco, al proponer al Sinodo de Obispos de 2023: “Una Iglesia sinodal: comunión-participación-evangelización” tiene en mente la experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base que conoce bien y que han sido muy bien expuestas en la Conferencia del CELAM de Aparecida (2007), de cuyo documento fue el redactor principal. El Papa entiende la Iglesia como “constitutivamente sinodal”, “una Iglesia en sínodo permanente”, es decir una Iglesia que va más allá de su estructura jerárquica, que se comprende, en línea con el Vaticano II, como Iglesia-pueblo de Dios. Para él es fundamental escuchar y dar voz a quienes nunca la han tenido y no han sido nunca escuchados en la Iglesia: los laicos y laicas. Se trata de “escuchar al pueblo”, “escuchar a la totalidad de bautizados”, siempre a partir de abajo, del nivel local, parroquial, diocesano hasta llegar al nivel nacional, continental, universal. 

Al celebrar el 50° aniversario de la institución del Sínodo, ha sido rotundo: «La sinodalidad es una dinámica de circularidad fecunda… un dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales».

Esta no es una aspiración ni un desiderátum. Esta visión ya es vivida y desarrollada en miles de Comunidades Eclesiales de Base y seriamente fundamentada eclesiológicamente por teólogos latinoamericanos. La sinodalidad equivale a la eclesiogénesis, a la reinvención del modo de ser Iglesia a partir de la fe de las grandes mayorías de pobres y creyentes inspiradas por el Espíritu de Jesús muerto y resucitado.

El Papa Francisco retoma un concepto de la tradición, el Sínodo (caminar juntos) y amplía su alcance más allá del episcopado a toda la Iglesia, comenzando desde abajo, desde aquellos que han sido siempre invisibles y considerados “masa de creyentes” (Pío X): laicos cristianos, hombres y mujeres, y también las religiosas.

La sinodalidad universal representa una reforma de las estructuras de la Iglesia desde dentro y desde abajo, mediante del trabajo y la gracia del discernimiento espiritual del Papa. Él se ha puesto a escuchar el curso de la historia y el anhelo universal de comunión y de participación en los destinos de nuestra historia y de la Madre Tierra, amenazada ecológicamente. En respuesta a este anhelo, la Iglesia se vuelve sínodo y comunión. 

Ahora entendemos mejor por qué muchos se oponen al Papa Francisco, ya que abandona la visión que ha hecho del clero una facción dentro de la Iglesia y lo trasforma en una función (un carisma) de servicio, junto y con todo el pueblo de Dios. Los conservadores insisten y persisten en la antigua estructura de una Iglesia jerárquica y piramidal, llena de privilegios, que difícilmente se puede justificar frente a la práctica del Jesús histórico y de los evangelios. 

Se ha abierto un camino. Debemos recorrerlo y consolidarlo. Solo de esta manera la Iglesia puede despatriarcalizarse, más fácilmente desoccidentalizarse y mundializarse.

*Leonardo Boff, ecoteólogo brasilero, ha escrito Iglesia: carisma y poder (1984); Eclesiogénesis: las comunidades de base reinventan la Iglesia (1982), publicados ambos en español por la editorial Sal Terrae.

Traducción de MªJosé Gavito Milano