Los negacionistas amenazan la vida en la Tierra

Leonardo Boff*

La irrupción de los coronavirus ha reveladp la cantidad de negacionistas que existen en el mundo. Comenzando por el primer ministro inglés, Boris Johnson, menospreciaba la Covid-19, se contaminó y casi se muere. Donald Trump, afecto a las fake news y a las verdades paralelas (eufemismo para mentiras), trató el virus como algo pasajero. Se demoró en tratar la pandemia. Infectado, cambió de opinión, pero no le dio centralidad, hasta el punto de que Estados Unidos es el país con más víctimas. 

El presidente brasilero, lacayo de Trump, es el campeón absoluto entre los negacionistas. Consideró la pandemia como una “gripecita”, acabó infectado y se curó nadie sabe cómo. Como el proceso de la antropogénesis lo dotó de poquísimas luces, sigue siendo negacionista de otra forma: prescribe, como si fuera médico, cloroquina, afirmada por la ciencia sin eficacia contra el virus, duda o niega de la eficacia de las vacunas, no favorece el distanciamiento social, ridiculiza el uso de las mascarillas. Y lo más grave de todo, no propuso ningún plan nacional para hacer frente a la Covid-19. Por eso Brasil ocupa el último lugar en el mundo entre los países que peor combaten la Covid. Entre nosotros tenemos ya cerca de 2018 mil víctimas fatales y casi diez millones de infectados. Como forma de desprecio a la clase médica, puso de ministro de salud a un general que no entiende nada de medicina y no ha elaborado ningún plan estratégico de vacunación. Nuestro negacionista se ha convertido en un asesino de su pueblo y, posiblemente por los crímenes de responsabilidad y crímenes comunes va a ser depuesto y muy probablemente, él y sus cómplices, tendrán que comparecer ante un tribunal de crímenes contra la humanidad. 

Pero no hay solamente este tipo de negacionistas. Son negacionistas todos los que no aceptan el hecho de que no es que estemos yendo al encuentro del calentamiento global sino que estamos ya muy dentro de él, con todos los eventos extremos que causa. 

Muchísimas personas no tienen conciencia de las graves amenazas que pesan sobre el planeta Tierra: hemos tocado ya sus límites insoportables hasta el punto de que ella necesita un año y medio para reponer lo que le quitamos violentamente en un año, en función del consumismo ilimitado y de la voracidad de acumulación de riqueza material. Conocemos ya la Sobrecarga de la Tierra alcanzada a finales de septiembre de 2020. Crece la erosión de las nueve fronteras planetarias que sustentan la vida en el planeta. Si se rompen, pueden, en un efecto cascada, llevar nuestra civilización a un colapso. Grandes nombres de la ciencia de la vida y de la Tierra lamentan que la mayoría de los jefes de estado no tengan suficiente conciencia ecológica. No hacen los cambios necesarios, por ser antisistémicos y por perjudicar la lógica antinatural de laacumulación ilimitada. 

Atinadamente el Papa Francisco afirmó en su encíclica de ecología integral Laudato Si, sobre el cuidado de la Casa Común: “Las previsiones catastróficas ya no se pueden mirar con desprecio e ironía… pues nuestro estilo de vida insostenible sólo puede acabar en catástrofe” (n.161). En la reciente Fratelli tutti advierte muy seriamente: “estamos todos en el mismo barco; o nos salvamos todos o nadie se salva” (n.32). Queda así comprobado que la gran amenaza a la vida no viene de algún meteoro rasante sino del propio ser humano que, según innumerables científicos, ha inaugurado una nueva era geológica, después del holoceno, la del antropoceno e incluso la del necroceno, es decir, la destrucción en masa de seres vivos.

Otro grande y fundacional documento, asumido por la ONU, la Carta de la Tierra, afirma en al empezar: “Estamos ante un momento crítico de la historia de la Tierra, en una época en la que la humanidad debe escoger su futuro… nuestra elección es esta: o formamos una alianza global para cuidar de la Tierra y unos de otros, o arriesgamos nuestra destrucción y la destrucción de la diversidad de la vida” (Preámbulo).

En este contexto dramático recordamos la famosa parábola del filósofo y teólogo dinamarqués Sören Kiergegaard (1813-1855), uno de los precursores del existencialismo moderno y uno de los críticos mas severos del idealismo de Hegel, Schelling y otros. Esta es su narración:

Se declaró un incendio entre los bastidores de un teatro. El director mandó al payaso, que ya estaba listo para entrar en escena, que avisase a toda la platea sobre el peligro que corrían todos. El payaso pedía que acudiesen a apagar las llamas. Como se trataba de un payaso, todos pensaban que era un truco para hacer reír a la gente. Y reían y reían. Cuanto más lo pedía el payaso, más reían todos. Entonces se puso serio y comenzó a gritar: “el fuego acaba de quemar las cortinas y va a quemar todo el teatro con ustedes dentro”. Todos encontraron esto muy gracioso y decían que el payaso estaba haciendo espléndidamente su papel. Y el fuego consumió todo el teatro con toda la gente dentro. Termina Kiergegaard: “Así, supongo yo, es como va a acabar el mundo en medio de la hilaridad general de los graciosos y bromistas que piensan que todo, al final, no pasa de ser una broma”.

Así pensaba la gente en tiempos de Noé y sucumbieron bajo el diluvio. ¿Cuántos hoy, entre nosotros y en todo el mundo, consideran las amenazas letales como una invención de los comunistas o un artificio de los globalistas para dominar el mundo? Es significativa la última advertencia de Zygmunt Bauman una semana antes de morir en 2017: “o nos unimos todos para salvar la Tierra y la vida o engrosaremos el cortejo de aquellos que se encaminan hacia su propia sepultura”.

La irrupción de la Covid-19 y el aislamiento social forzado son oportunidades que la vida nos da para pensar sobre nuestra responsabilidad colectiva y sobre qué tipo de Casa Común queremos construir y habitar, naturaleza incluida. Esta vez no habrá un Arca de Noé: o nos salvamos todos o todos conoceremos el camino ya recorrido por los dinosaurios”.

*Leonardo Boff es eco-teólogo y ha escrito Cuidar la Tierra- Proteger a vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía, Madrid 2011. Con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza con la creación amenazada? Vozes 2014.

Traducción de Mª José Gavito Milano

O proto facismo brasileiro e seu ¨Duce” e “Führer” de araque

Estamos vivendo num momento trágico de nossa história nacional. Tivemos regimes autoritários e até ditatoriais. Estes se caracterizam pela brutalidade nas relações sociais, a tortura e o desaparecimento de seus opositores. Era feita política de estado e seus  líderes apresentam-se falsos, arrogantes e toscos na linguagem e nos comportamentos públicos.

         O Brasil atual é dominado por um fascismo tardio com características nossas mas cujo miolo teórico é inegavelmente nazifascista. Dizemos que é um proto fascismo porque é tão fraco de propósito e desorientado teeoricamente que mesmo querendo não consegue se impor como um real fascismo. Mas excele em grosserias, fake news, mentiras deslavadas e perda quase total de sentido de realidade. Nosso “Führer/Duce”de araque afirma que o Brasil está em primeiro lugar no mundo no combate ao Corona-vírus quando no ranking internacional figura em último lugar. O ministro das relações exteriores, conhecido terraplanista, considera um louvor ser “pária internacional” e o afirma dentro do próprio prédio do Itamaraty para vergonha da memória de notáveis diplomatas e chanceleres. 

Se há um poço em nossa história, encontramo-nos no mais profundo, embora o seu “Führer/Duce” tresloucado,  acha que estamos no monte das bem-aventuranças. Todas as sombras de nossa história, os níveis de karma coletivo do genocídio indígena, de nossa fase colonial, da bruta escravidão e da dominação das classes argentárias que nunca tiveram um projeto de Brasil mas somente para si,com explícita exclusão do povo, a maioria empobrecida e marginalizada, ganharam densidade na atual administração. Sequer pode ser considerado de governo, pois não apresenta nenhum projeto nacional e atua conforme o humor de seu “chefe”. As constituições não funcionam, como se pretende, pois os piores crimes como os  ecológicos (os incêndios de Amazônia e no Pantanal) e sociais (a matança de jovens, na maioria negros, nas periferias das grandes cidades, especialmente no Rio de Janeiro) e a humilhação sistemática de pessoas de outra opção afetiva como os LGBTI permanecem impunes e sequer investigados.

Notáveis juristas nacionais e internacionais apontaram dois tipos de crimes do atual chefe de estado: crimes de responsabilidade que embasaram dezenas de pedidos de impeachment  a serem analisados e julgados pelo Parlamento; e outros dezenas de crimes comuns a serem acolhidos e julgados pelo STF em razão da imunidade da figura do presidente. Nenhum deles foi acolhido e analisado, para perplexidade da consciência cívica da nação e por descaso acerca dos destinos de todo um povo que não lhes importa desde que sejam assegurados seus privilégios monetários e de estado de que gozam à custa do erário público.

Os que mais deveriam se preocupar com a vida do povo como o STF e o MPF colocam a Constituição ou as leis diante dos olhos para assim não verem a realidade e se dispensarem de agir como deveriam. Poucas vezes em nossa história conhecemos tão vergonha omissão e leniência que se aproxima da cumplicidade.

Mas procuremos conhecer melhor esse nefasto modo proto fascismo de governar, conhecer suas origens e darmo-nos conta de sua versão tupiniquim e de araque entre nós. Ficamos entre o riso amargo e o escárneo.

O fascismo originário é uma derivação extremada do fundamentalismo que tem larga tradição em quase todas as culturas. S. Huntington em sua discutida obra Choque de civivlizações denuncia o  Ocidente como um dos mais virulentos fundamentalistas e nas guerras exteriores com claros sinais de fascismo. Imagina que sua cultura é a melhor do mundo, possui a melhor religião, a única verdadeira, a melhor forma de governo, a democracia, a melhor tecno-ciência que mudou a face do planeta e que lhe conferiu a capacidade de destuir todos os seres humanos e parte da biosfera com suas armas letais. Quando o fujão ex-presidente Donald Trump afirma “America first” está entendendo “só a América” e o resto do mundo que se lasque.

Conhecemos o fundamentalismo islâmico e outros, também de grupos da Igreja Católica atual que ainda creem ser ela a única e exclusiva Igreja de Cristo, fora da qual não há salvação. Tal visão errônea medieval e superada oficialmente pelo Concílio Vaticano II (1962-1965) publicada de forma oficial pelo então Card. Joseph Ratzinger, depois Papa Bento XVI, num documento oficial do ano 2000 “Dominus Jesus”, humilhou todas as igrejas e abriu espaço para a satanização e até a perseguição de outras denominações cristas e não cristas. Graças a Deus temos o Papa Francisco, cheio de razoabilidade e de bom senso, que invalidou tais distorções e favoreceu o mútuo reconhecimento das igrejas, todas unidas, no serviço à humanidade e na salvaguarda do planeta seriamente ameaçado.

Todo aquele que pretende ser portador exclusivo da verdade está condenado a ser fundamentalista, com mentalidade fascistoide e fechar-se sobre si mesmo, sem diálogo com os outros.

Aqui vale recordar as palavras do grande poeta espanhol António Machado, vítima da ditadura de Francisco Franco na Espanha:”Não a tua verdade. Mas a verdade.Vem comigo buscá-la. A tua guarde-a para ti mesmo”. Se juntos a procurarmos, ela  será então mais plena.

O fascismo nasceu e nasce dentro de um determinado contexto de anomia, de desordem social ede crise generalizada bem como estamos vivendo no Brasil e em outras partes do mundo, particularmente no Norte da África e no Oriente Médio. Desaparecem as certezas e as ordens estabelecidas se debilitam. A sociedade e os cidadãos têm dificuldade em viver em tal situação.

Cientistas sociais e historiadores como Eric Vögelin (Order and History, 1956; L. Götz, Entstehung der Ordnung 1954; Peter Berger, Rumor de Anjos: a sociedade moderna e redescoberta do sobrenatural,1973), mostraram que os seres humanos possuem um tendência natural para a ordem. Lá onde se assentam, criam logo uma ordem e o seu habitat. Quando esta desaparece, usa-se comumente a violência para impor certa ordem. O Leviatã de Thomas Hobbes de 1651 (ed. Vozes 2020) elaborou o arcabouço teórico desta urgência de ordem. Todos os impérios, desde aquele dos romanos até o russo e o atual norte-americano, mesmo sob Joe Biden, não ocultam sua excepcionalidade e se acercam ao Estado descrito por Hobbes, sempre alegando razões de segurança.

O nicho do fascismo encontra seu nascedouro nesta desordem. Assim o final da Primeira Guerra Mundial gerou um caos social, especialmente na Alemanha e na Itália. A saída foi a instauração de um sistema autoritário, de dominação que capturou a representação política, mediante um único partido de massa, hierarquicamente organizado, enquadrando todas as instâncias, a política, a econômica e a cultural numa única direção. Isso só foi possível mediante um chefe (Füher na Alemanha e o Ducce, na Itália) que organizaram um Estado corporativista autoritário e de terror.

Como legitimação simbólica cultuavam-se os mitos nacionais, os heróis do passado e as antigas tradições, geralmente num quadro de grandes liturgias políticas com a inculcação da ideia de uma regeneração nacional. Esta visão foi tão tentadora que chegou a iludir, por um curto tempo, o maior filósofo do século XX que foi Martin Heidegger e por isso feito reitor da Universidade de Friburgo i. B. Especialmente na Alemanha os seguidores  de Hitler se investiram da convicção de que a raça alemã branca é “superior”às demais com o direito de submeter e até de eliminar as inferiores. Nos USA o supremacismo da raça branca encontra nessa visão seu embasamento prático. No Brasil a estratégia continua sendo perversa: destruir todo um passado seja na cultura, nas leis sociais e ambientais, seja nos costumes e implantar um regime com nítidos indicadores  pre-iluministas, inspirados pelo lado escuro do mundo medieval encobrindo o lado luminoso das grandes catedrais, das geniais sumas teológicas de seus sábios e místicos.

A palavra fascismo  foi usada pela primeira vez por Benito Mussolini em 1915 ao criar o grupo “Fasci d’Azione Revolucionaria”. Fascismo se deriva do feixe (fasci) de varas, fortemente amarradas, com um machado preso ao lado. Uma vara pode ser quebrada, um feixe, é quase impossível de fazê-lo. Em 1922/23 fundou o Partido Nacional Fascista que perdurou até sua derrocada em 1945. Na Alemanha  se estabeleceu a partir de 1933 com Adolf Hitler que ao ser feito chanceler criou o Nacional-socialismo, o partido nazista que impôs ao país dura disciplina, vigilância e pavor.

O fascismo se apresentou como anticomunista, anticapitalista, como uma corporação que vai além das classes e cria uma totalidade social cerrada. A vigilância, a violência direta, o terror  e o extermínio dos opositores são características do fascismo histórico de Mussolini e de Hitler  e entre nós de Pinochet no Chile, de Videla na Argentina e do governo de Figueiredo e de Médici no Brasil.

O fascismo nunca desapareceu totalmente, pois sempre há grupos que, movidos por um arquétipo fundamental desintegrado da totalidade,  buscam a ordem de qualquer forma. É o proto fascismo atual. Hoje no Brasil há uma figura mais hilária que ideológica que propõe o fascismo em nome do qual justifica a violência, a defesa da tortura e de torturadores, da homofobia e outras distorções sociais. Sempre em nome de uma ordem a ser forjada contra a pretensa  desordem vigente, usando de violência simbólica e real.

O fascismo sempre foi criminal. Criou a Shoah (eliminação de milhões de judeus). Usou a violência como forma de se relacionar com a sociedade, por isso nunca pode nem poderá se consolidar por longo tempo. É a perversão maior da sociabilidade que pertence à essência do ser  humano. No Brasil ganhou uma forma assassina e trágica: um governo que se opõe à vacina contra o Covid-19, estimula as conglomerações e ridiculariza o uso da máscara e, o que é pior, vê hilariamente mais de 218 mil vitimados pela pandemia, sem qualquer sentido de empatia pelos familiares e próximos, com quase dez milhões de afetados, como expressão criminosa de desprezo pela vida de seus compatriotas. Não só nada ou pouco faz, como impede e cria entraves para quem faz. Dada a omissão senão da cumplicidade das autoridades competentes que deveriam agir em termos de salvação nacional e não agem, nos levam a pensar na verdade deixada por  Martin Heidegger em sua última entrevista sobre os riscos letais de nosso tipo de civilização:”Só um Deus nos poderá salvar” (nur noch ein Gott kann uns retten). Mas temos confiança de que o Brasil é maior e melhor do que seu atual algoz e  por isso, vamos ainda viver, sobreviver e irradiar um futuro bom para nós e para a inteira humanidade. Cremos e esperamos.

Leonardo Boff teólogo, filósofo e escritor e publicou: Fundamentalismo e terrorismo:desafios para o século XXI,  Vozes 2009; Brasil: concluir a refundação ou  prolongar a dependência, Vozes 2018 e Covid-19: a Mãe Terra contra-ataca a humanidade, Vozes 2020/2021.

É possível a fraternidade humana universal e com todas as criaturas?(II)

                                    Leonardo Boff

Há um ano, em fevereiro de 2019 o Papa Francisco, ao visitar os Emirados Árabes assinou em Abu Dahbi importante documento com o Grão Imã Al Azhar Amad Al-Tayyeb “Sobre a fraternidade humana em prol da paz e da convivêncis comum”. Em sequência a ONU estabeleceu o dia 4 de fevereiro o Dia da Fraternidade Humana.

Todos são esforços generosos que visam senão a  eliminar, pelos menos a minimizar as profundas divisões que imperam na  humanidade. Almejar uma fraternidade universal parece um sonho distante mas sempre desejado.

O grande obstáculo à fraternidade: a vontade de poder

O eixo estruturador das sociedades mundiais e de nosso tipo de civilização, já o refletimos anteriormente é a vontade de poder como dominação.

Não há declarações sobre a unidade da espécie humana e da fraternidade universal bem como  a mais conhecida  Declaração Universal dos Direitos Humanos de 1948 da ONU, enriquecida com os direitos da natureza e da Terra que conseguem impor limites à voracidade do poder

Bem o entendeu Thomas Hobbes em seu Levitã (1615):” Assinalo, como tendência geral de todos os homens, um perpétuo e irrequieto desejo de poder e de mais poder que cessa apenas com a morte; a razão disso reside no fato de que não se pode garantir o poder senão buscando mais poder ainda”. Jesus foi vítima desse poder e foi judicialmente assassinado na cruz. Nossa cultura moderna se assenhoriou da morte, pois com a máquina de extermínio total já criada, pode eliminar a vida sobre a Terra e a si mesmo. Como controlar o demônio do poder que nos habita? Onde encontrar o remédio?

A renúncia a todo o poder pela radical humildade

Aqui São Francisco nos abriu um caminho: a radical humildade e a pura simplicidade. A  radical humildade implica pôr-se junto ao húmus, à terra, onde todos se encontram e se fazem irmãos e irmãs porque todos vieram do mesmo húmus. O caminho para isso consiste em descer do pedestal onde  nos colocamos como senhores e donos da natureza e operar um  radical despojamento de qualquer título de superioridade. Consiste em fazer-se realmente pobre, no sentido de tirar tudo o que se interpõe entre o eu e o outro. Ai se escondem os inter-esses. Estes não podem prevalecer, pois são entraves para o encontro com o outro, olho a olho, rosto a rosto, de mãos vazias para o abraço fraterno entre irmãos e irmãs, por diferentes que sejam.

A pobreza não representa nenhum ascetismo. É o modo que nos faz descobrir a fraternidade, juntos sobre o mesmo húmus, sobre a irmã e mãe Terra Quanto mais pobre mais irmão do Sol, da Lua,do do pobre,do animal, da água, da nuvem e das estrelas.

Francisco palmilhou humildemente esta senda. Não negou as obscuras origens de nossa existência, do húmus (de onde vem homo em latim) e desta forma se confraternizou com todos os seres, chamando-os com o doce nome de irmãos e irmãs, até o feroz lobo de Gubbio.

Um outro tipo de presença no mundo

Temos a ver com uma nova presença no mundo e na sociedade, não como quem se imagina coroa da criação estando em cima de todos, mas como quem está ao pé e junto com os demais seres. Por esta fraternidade universal, o mais humilde encontra sua dignidade e sua alegria de ser por sentir-se acolhido e respeitado e por ter seu lugar garantido no conjunto dos seres.

Leclerc obstinadamente coloca sempre de novo  a pergunta como quem não está totalmente convencido:“Será que  a fraternidade é possível entre os seres humanos?Ele mesmo responde:

”Somente se o ser humano se colocar a si mesmo com grande humildade, entre as criaturas, dentro de uma unidade de criação (que inclui o ser humano e a natureza como um todo) e respeitando todas as formas de vida, inclusive as mais humildes, ele poderá esperar  um dia formar uma verdadeira fraternidade com todos os seus semelhantes. A fraternidade humana passa por esta fraternidade cósmica”(p.93).

A fraternidade vem acompanhada pela simplicidade Esta não é nenhuma atitude piegas ou carola. Trata-se de um modo de ser, afastando tudo o que é supérfluo, todo tipo de coisas que vamos acumulando, fazendo-nos reféns delas, criando desigualdades e barreiras contra os outros  e negando-se a conviver solidariamente com eles e a contentar-se com o suficiente, compartilhando-o com os outros.

Esse percurso não foi fácil para Francisco. Sentia-se  responsável pelo caminho da radical pobreza e fraternidade. Ao crescer o número de seguidores, aos milhares, impunha-se uma organização mínima. Havia belos exemplos do passado. Francisco tinha verdadeira ojeriza a isso. Chega a dizer:”não me falem das regras de Santo Agostinho, de São Bento ou de São Bernardo; Deus quis que eu fosse um  novo louco nesse mundo (novellus pazzus)”. É a clara afirmação da singularidade de seu modo de vida e de seu estar no mundo e na Igreja, como um simples leigo,que toma absolutamente a sério o evangelho, no meio e junto  dos pobres e invisíveis e não como um clérigo da poderosa Igreja feudal.

A grande tentação de São Francisco

Entretanto, num dado momento de sua vida, entra numa profunda crise, pois via que seu caminho evangélico de radical pobreza e fraternidade estava sendo-lhe arrebatado. Amargurado, se retira numa ermida e no bosque, por dois longos anos, acompanhado pelo seu íntimo amigo Frei Leão “a ovelhinha de Deus”. É a grande tentação que as biografias pouco relevância lhe conferem, mas essencial para se entender a proposta de vida de Francisco.

Por fim, despoja-se deste instinto de posse espiritual. Aceita um caminho que não é  o seu mas que era inevitável. Onde dormiriam os frades? Como se sustentariam? Prefere salvar a fraternidade que seu ideal próprio. Acolhe jovialmente a férrea lógica da necessidade. Já não pretende mais nada. Despojou-se totalmente até de seus desejos mais íntimos  a ponto que seu  biógrafo São Boaventua o chamar de  vir desideriorum (homem de dsejos).

Agora, totalmente despojado em seu espírito, deixa-se conduzir por Deus. O Espírito será o senhor de seu destino. Ele mesmo não se propõe mais nada. Está  à mercê daquilo que a vida lhe pedir, vendo-a como vontade de Deus. Sente nisso a maior liberdade de espírito possível que se expressa por uma alegria permanente a ponto de o chamarem “o irmão sempre alegre”. Ele não ocupa mais o centro. O centro é a vida conduzida por Deus.E isso basta.

Volta ao meio dos confrades e recupera a jovialidade e a plena alegria de viver. Mas seguindo o chamado do Espírito, como nos inícios, volta  a conviver com os leprosos, que chama de “meus cristos” em profunda comunhão fraterna. Jamais abandona a profunda comunhão com  a irmã e Mãe Terra. Ao morrer, pede que o coloquem nu sobre a Terra para a ultima carícia e a total comunhão com ela.

A unidade da criação: todos irmãos e irmãs,os humanos e a natureza

Francisco buscou incansavelmente  a unidade da criação mediante a fraternidade universal, unidade que inclui seres humanos e seres da natureza. Tudo começa com a fraternidade com todas as criaturas, amando-as e respeitando-as. Se não cultivarmos esta fraternidade com elas, vã será a fraternidade humana que passa a ser meramente retórica e continuamente violada.

Curiosamente, o renomado antropólogo Claude Lévy Strauss que muitos anos lecionou e pesquisou no Brasil e aprendeu a amá-lo (veja seu livro “Saudade do Brasil”) confrontado com a crise aterradora de nossa cultura sugere o mesmo remédio de São Francisco:” o ponto de partida deve ser uma humildade principal: respeitar todas as formas de vida…preocupar-se do homem sem preocupar-se com as outras formas de vida é, quer queiramos ou não,  levar a humanidade a oprimir-se  a si mesma, abrir-lhe o caminho da auto-opressão e da auto-exploração”(Le Monde 21-22 de janeiro de 1999).  Face às ameaças planetárias também afirmou:”A Terra surgiu sem o ser humano e poderá continuar sem o ser humano”.

Voltemos ao nosso momento histórico: o confinamento social nos criou as condições involuntárias para colocarmos esta questão fundamental: O que é essencial: a vida ou o lucro? O cuidado da natureza ou sua ilimitada exploração? Finalmente que Terra queremos? Que Casa Comum desejamos habitar? Somente nós seres humanos ou junto com todos os demais irmãos e irmãs da grande comunidade de vida, realizando a unidade da criação? 

O Papa durante a pandemia tomou-se o tempo para refletir sobre esta momentosa questão. Expressou-a  em termos graves, quase desesperadores na Fratelli tutti embora, como homem de fé, mantevesse e reafirmasse sempre a esperança.

O sobrevivente do campo de extermínio nazista, Eloi Leclerc, a recolocou de forma existencial e permanentemente angustiada  mas com acenos de esperança, dentro de frequentes sobressaltos causados pela memória inapagável dos horrores sofridos nos campos de extermínio nazista.

Se não pode ser um estado, a fraternidade pode ser um novo tipo de presença no mundo

Francisco viveu em termos pessoais a  fraternidade universal. Mas em termos globais fracassou. Teve que compor-se com a ordem e com o poder. E o fez sem amargura, reconhecendo e acolhendo sua inevitabilidade. É a tensão permanente entre o carisma e o poder. O poder é um componente da essência do ser humano social. O poder, não é uma coisa (o estado, o presidente, a polícia) mas uma relação entre pessoas e coisas. Ao mesmo tempo assume a forma de  uma instância de direção social.  Contudo, devemos qualificar a relação e a direção. Ambos estão a serviço do bem de todos ou a de grupos que então se revela como como exclusão e  dominação? Para evitar esse modo (o demônio que o habita), prevalente na modernidade, deve ser sempre colocado sob controle, ser pensado e vivido a partir do carisma. Este representa um limite ao poder para garantir seu caráter de serviço à vida e ao bem de todos e evitar a tentação da dominação e até do despotismo. O carisma é sempre criativo e coloca em xeque o poder instituído.

Respondendo à questão se é possível uma fraternidade universal, diria:  dentro do mundo em que vivemos sob o império do poder-dominação sobre pessoas, nações e sobre a natureza, ele vem sempre inviabilizado e até negado. Por aquí no hay camino.

No entanto, se ele não pode ser vivido como um estado permanente, ele pode se realizar como como um espírito, como uma  nova presença e como um modo ser  que tenta impegnar todas as relações mesmo dentro da atual ordem que é uma desordem. Mas isso somente é possível à condição de cada pessoa ser humilde, de colocar-se junto ao outro e ao pé da natureza, superar as desigualdades e ver em cada um, um irmão e uma irmã, colocados sobre o mesmo húmus terrenal onde estão nossas origens comuns e sobre o qual convivemos.

O Tempo de São Francisco e o nosso tempo

Francisco de Assis, no quadro conturbado de seu tempo, no tramontar do feudalismo e no alvorecer das comunas, mostrou a possibilidade real de, ao menos a nível pessoal, criar uma fraternidade sem limites. Mas seu impulso o levava para mais longe: criar uma fraternidade global ao unir os dois mundos de então: o mundo muçulmano do sultão egípcio Al Malik al-Kâmil com quem nutriu grande amizade com o mundo cristão sob o pontificado do Papa Inocêncio III, o mais poderoso da história da Igreja. Desta forma realizaria seu sonho maior: uma fraternidade realmente universal, na unidade da criação, confraternizando o ser humano com outros seres humanos, mesmo de religiões distintas mas unidos com todos os demais seres da criação.

Esse espírito, no contexto das forças destrutivas do antropoceno e do necroceno reinantes, se confonta com uma situação, totalmente diversa daquela vivida por Francisco de Assis. Nela não se questionava se a Terra e a natureza tinham futuro ou não. Pressupunha-se que tudo estava garantido.O mesmo ocorreu na grande crise economico-financeira de 1929 e  mesmo na de 2008. Ninguém  colocava em  questão os limites da Terra e de seus bens e serviços não renovaveis. Era um pressuposto dado como evidente pois, para todos, ela comparecia qual baú cheio de recursos ilimitado, base para um crescimento também ilimitado. Na Laudato Si o Papa chama este cocnepçnao de mentira.

Hoje não é mais assim. Tudo se desvaneceu, pois sabemos que nos podemos destruir e abalar as bases físicas, químicas e ecológicas que sustentam a vida.

O espírito de fraternidade como exigência para a continuidade de nossa vida no planeta

Não estamos face a uma opção, que podemos assumir ou não. Mas face à uma exigência  da continuidade de nossa vida nesse planeta. Encontramo-nos numa situação ameaçadora para a nossa espécie e a nossa civilização.

 O Covid-19 que afetou a inteira humanidade cabe ser interpretado como um sinal da Mãe Terra de que não podemos continuar com a dominação e devastação de tudo o que existe e vive. Ou fazemos, como adverte o Papa Francisco de Roma à luz do espírito e  do um novo de ser no mundo de Francisco de Assis, “uma radical conversão ecológica”(N.5) ou pomos em risco o nosso futuro como espécie:“As previsões catastróficas já não se podem olhar com desprezo e ironia..Nosso estilo de vida e o nosso consumismo insustentáveis só  podem desembocar em catástrofes”(Laudat Si n.161). Na Frateli tutti é mais contundete:”Estamos no mesmo barco, ninguém se salva sozinho, só é possível salvar-nos juntos”(n.32). Trata-se de uma derradeira cartada para a humanidade.

O surgimento das condições para uma fraternidade universal

Mas eis que surge uma nova alternativa possível, pois a história não é retilínea. Ela conhece rupturas e saltos. Assim estaríamos face a um salto no estado de consciência da humanidade. Pode chegar a um momento em que ela se torna plenamente consciente de que pode se auto-destuir seja por uma fenomenal crise ecológica, social e sanitária (atacada por vírus letais) seja por uma guerra nuclear. Entenderá que é preferível viver fraternalmente na mesma Casa Comum do que entregar-se a um suicído coletivo. Será obrigada a convencer-se de que a solução  mais sensata e sábia consiste em cuidar da única Casa Comum, a Terra, vivendo dentro dela, todos, como irmãos e irmãs, a natureza incluida. Seguramente a humanidade não está condenada a se autodestruir, nem pela vontade de poder-dominação nem pelo aparato bélico, capaz de eliminar toda vida. Ela é chamada a desenvolver as incontáveis potencialidades que estão nela,como um momento avanaçado da cosmogênese.

 Será, então, um dado da consciência coletiva aquilo que as encíclica Laudato Si e Fratelli tutti repetem de ponta a ponta: todos estamos relacionados uns com os outros, todos somos interdependentes e só sobreviveremos juntos. Tudo será relacinal, também as empresas, gerando um quilíbrio geral assentado sobre o amor social, o  sentido de pertença fraterna,  o altruismo, a solidariedade e o cuidado comum de todas as coisas comuns (água, alimentção, moradia, segurança, liberdade e cultura etc).

Todos se sentirão cidadãos do mundo e membros ativos de suas comunidades. Haverá um governo planetário plural (de homens e mulheres, representantes de todos os países e culturas) que buscará soluções globais para problemas globais. Vigorará uma hiperdemocracia terrenal. A grande missão coletiva é construir a Terra, como já no deserto de Gobi, na China, nos idos de 1933, anunciava Pierre Teilhard de Chardin. Assistiremos ao surgimento lento e sustentável da noosfera vale dizer, das mentes e corações sintonizados dentro do único planeta Terra. Este é o nosso ato de fé.

Agora serão dadas as condições do sonho de Francisco de Assis e de Francisco de Roma: uma real fraternidade humana, de um verdadeiro amor social junto com os demais irmãos e irmãs da natureza.

Cabe a nós como pessoas e como coletividade pensar e repensar com a maior seriedade, colocar e recolocar esta questão: Dentro da situação mudada de Terra e da humanidade e das ameaças qe pesam sobre elas não representa puro sonho e utopia inviável buscar um espírito da fraternidade universal entre os humanos e com todos os seres da natureza e realizá-lo coletivamente. Esta será  a grande saída que nos poderá salvar. O Papa Francisco crê e espera que este é o caminho. Pode ser tortuoso,conhecer obstáculos e fazer desvios, mas segue pelo  rumo certo.

Somos urgidos a responder, pois o tempo do relógio corre contra nós. Ou acolhemos a proposta  da figura mais inspiradora do Ocidente, o humilde Francisco de Assis, como o chama  Tomás Kempis, autor da Imitação de Cristo e retomada na Fratelli tutti pelo Francisco de Roma e repensada por Leclerc e Lévy Strauss ou poderemos trilhar um caminho já percorrido pelos dinossauros há 67 milhões de anos. Mas cremos não ser este o destino da humanidade.

 Só nos resta palmilhar este caminho da fraternidade universal e do amor social porque  então poderemos  continuar, sob a luz benfazeja do sol, sobre esse pequeno planeta, azul e branco, a Terra, nosso querido lar e Casa Comum. Dixi et salvavi aninam meam.

*Leonardo Boff é ecoteólogo brasileiro e escreveu:”O covid-19: um contra-ataque da Terra contra a humanidade”(Petrópolis-Rio, 2020/21).

É possível a fraternidade humana universal e com todas as criaturas?(I)

                                                      Leonardo Boff

Na encíclica social Fratelli tuttiI (2020)o Papa Francisco apresenta seu “sonho” de uma nova humanidade fundada na fraternidade universal e no amor social (n.6), inspirado na figura e no exemplo de São Francisco de Assis, o irmão universal.

Esse tema da fraternidade universal foi a insistente preocupação de um dos melhores conhecedores do espírito de Assis:Eloi Leclerc em várias de suas obras ,especialmente, na Sabedoria de um Pobre (Paris 1959,Braga 1968) e no O Sol  nasce em Assis (Pars 1999, Vozes 2000). Ele não fala teoricamente mas a partir de um aterradora experiência pessoal. Jovem frade francês,mesmo não sendo judeu, foi levado para a Alemanha e mergulhou no inferno dos campos de extermínio nazista de Buchenwald e de Dachau. Conheceu a banalidade do mal,as matanças feitas pela SS pelo simples gosto de matar, as torturas e as humilhações que marcaram sua alma como ferro em brasa.

Abalado na fé no ser humano e duvidando de todo o ideal de uma fraternidade humana, buscava desesperadamente um raio de luz que não lhe vinha de nenhum lugar, Mesmo depois de sua libertação pelos aliados em 1945 começou  a ter medo de todo o ser humano. Confessa:”de noite, acordava sobressaltado, o suor escorrendo e  a alma tomada de pavor; aquelas imagens de horror sempre voltavam e me perseguiam; eu não podia apagá-las”(p.33). E continua:”Que o Senhor me perdoe, se às vezes de noite, esse homem velho que me tornei, levante os olhos inquietos ao céu, à busca de um pouco de luz”(p.31).

Carregava dentro de si os carrascos nazistas que o perseguiam e lhe suscitavam questões terrificantes sobre o destino humano e sua capacidade de destruir vidas indefesas.Esse mesmo trauma, mais que psicológico, pois invade e destrói todo ser humano por dentro e por fora, foi vivenciado pelo dominicano brasileiro Frei Tito Alencar, barbaramente torturado pelo delegado Fleury. Internalizou sua imagem perversa de tal forma que se sentia sempre perseguido por ele até que,não aguentando mais, deu fim à sua vida, preferindo  morrer do que viver uma  permanente tortura.Essa experiência terrível foi vivenciada também por Frei Eloi Leclerc,que longa e sofridamente refletida, nos entregou uma trêmula luzinha  apontando a possibilidade de uma  fraternidade universal,inspirada no pobre de Assis.

Foi o encontro com essa figura e com seu exemplo que lhe fez nascer de novo o sol em sua alma obnubilada e conseguiu resgatar o sentido secreto de todo o sofirimento. Narra um fato misterioso que ocorreu no trem descoberto e carregado de prisioneiros que por 28 dias de Buchenwald  viajava de um lugar ao outro ate parar em Dachau nos arredores de Munique. Eram três confrades,um deles agonizante. No meio do inferno, irrompeu algo do céu. Sem saber por quê,movidos por uma força superior, começaram a cantar com vozes quase inaudíveis o Cântico das Criaturas de São Francisco. As densas trevas não puderam impedir a luz do senhor e irmão Sol e a generosidade da mãe e senhora Terra. No Cântico se celebra o encontro  da ecologia interior com a ecologia exterior e o esponsal do Céu com a Terra, do qual nascem todas as coisas. A pergunta que sempre lhe atravessava a garganta: será que a fraternidade entre os humanos e com os demais seres da criação é possível? Essa experiência entre agonia e deslumbramento, não poderia conter uma eventual resposta esperançadora? Abriu-se pelo menos um trêmulo clarão. Tal choque existencial o motivou a estudar e a aprofundar qual seria a singularidade desta figura absolutamente excepcional dentro do conjunto das agiografias.

Leclerc descreve, então, o processo de construção da fraternidade universal na trajetória de Francisco de Assis. Filho de um rico comerciante de tecidos, considerado o rei da jeneuse dorée da cidade que vivia em farras e algazarras, de repente começou a dar-se conta da futilidade daquela vida. Passava horas na capelinha de São Damião,  contemplando o rosto doce e terno de um crucifixo bizantino.  Algo semelhante fazia Dostoievsky  que uma vez ao ano viajava até Dresden na Alemaha para na  igreja contemplar, por horas, a beleza de um quadro de Maria extraordinariamente deslumbrante. Precisava desta contemplação para apaziguar sua alma atormentada. No romance Os Irmãos Karamasov deixou esta instigante frase:”é a beleza que salvará o mundo”.

Assim foi a doçura e o olhar misericordioso do Cristo bizantino, à semelhança com Dostoievsky, que conquistou aquele jovem em profunda crise existencial e lhe mudou o destino da vida. Convenceram-no a fé no Criador que criou uma fraternidade fundamental, fazendo que todos os seres, pequenos e grandes,também os humanos e o próprio Jesus de Nazaré, fossem todos tirados do pó, do húmus da Terra. Todos têm a mesma origem,formam uma fraternidade terrenal.

São Paulo aos Efesios lembrava aos seguidores:”Tende os mesmos sentimentos que Cristo teve. Sendo Deus, não fez caso de sua condição divina; fez-se um nada e assumiu a condição de servo por solidariedade com os seres humanos; apresentou-se como simples homem; humiliou-se- obedientemente até à morte e à morte de cruz”(o mais humilhante dos castigos impostos aos subersivos: Flp 2,5-8).

À luz destas matutações,Francisco esqueceu sua situação de filho de um rico mercador, descobriu a origem comum de todos os seres, do pó da Terra,  de seu húmus e contemplou também a humildade de Cristo retratada no rosto sereno e doce do crucifixo bizantino.  Como era prático e resoluto em tudo o que se propunha,  tirou logo uma conclusão: vou solidariamente unir-me àqueles que mais próximos estão  do Crucificado: os leprosos e com eles, vou viver aquilo que nos faz pela criação irmãos e irmãs e criar uma uma radical fraternidade com eles. Confessa em seu testamento: “aquilo que antes me parecia amargura agora emergia como doçura”. Conhecemos o resto da saga do Sol de Assis como o chama Dante na Divina Comédia.

Entretanto, Eloi Leclerc não se contentou com a experiência iluminadora do Cântico das Criaturas. A angustiante pergunta não lhe dava sossego: qual é  o grande obstáculo que impede  a fraternidade humana e com todas as criaturas e que cria espaço para os massacres e a eliminação sumária de pessoas,tidas inferiores ou sub-humanas como ocorreu nos campos de extermínio? Chegou à conclusão: é a vontade de poder.

Como C.G.Jung já havia percebido, a vontade de poder constitui o mais perigoso arquétipo do ser humano, pois lhe dá a ilusão de ser como Deus, dispondo como quiser da vida e da morte dos outros. E arrematava:”onde predomina o poder aí não há mais ternura nem amor”. Quando se  torna absoluto, o poder se mostra assassino e elimina a todos os que fazem ouvir outra voz (p.30). Ora, nossas sociedades históricas (à exceção dos povos originários) se estruturam ao redor da vontade de poder e de dominar tudo o que se apresente: o outro, os povos, a natureza e a própria vida. Ela introduz a grande divisão entre aqueles que têm poder e aqueles que não têm poder.

Enquanto prevalecer o poder como eixo estruturador de tudo jamais haverá fraternidade entre os humanos e com a criação. Como este arquétipo é humano, ele está latente dentro de cada um de nós. Em nós se esconde um Hitler,um Stalin,um Pinochet e um Bolsonaro.O próprio Lclerc confessa:”Senti despertar em mim mesmo, a besta com sua sede de vingança”(p.32). Temos que colocar sob severo controle  essa figura funesta que mora em nós, se quisermos manter a nossa humanidade. Se nos entregamos à sedução do poder, quebramos todos os laços e a indiferença, o ódio e a barbárie podem ocupar todo o espaço da consciência, como está ocorrendo em vários países no mundo, especialmente entre nós no Brasil. Emergem então as figuras sinistras e até necrófilas referidas.

Quem diria que num paîs da velha cristandade que nos deu tantos gênios como Mozart e Bethoven, Goethe, Freud, Einstein, Marx, Heidegger,Brecht e outros tantos pudessem ter liberado o inimus homo latente dentro deles?

Esse fato dramatiza ainda mais a questão ousadamente proposta pelo Papa Francisco na Fratelli tutti: uma fraternidade universal e um amor sem fronteiras.Talvez porque desta vez,como tem repetido várias vezes:”Ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”. Pode ser que nos é oferecida pela própria Terra,quem sabe, pelo próprio universo, uma derradeira chance: ou mudamos ou a Terra seguirá girando ao redor do sol,mas sem nós. ( continua)

Leonardo Boff é ecotólogo e filósofo e escreveu: O Covid-19: um contra-ataque da Mãe Terra contra a humanidade, Vozes 2.ed,2020/21.