En el mundo material búsqueda del mundo espiritual

Leonardo Boff*

Hay mucha gente harta de bienes materiales y del consumismo de nuestra cultura. Como contrapunto quiero situar el tema de los bienes espirituales en el contexto dramático, peligroso y esperanzador en el que se encuentra actualmente la humanidad, especialmente la humanidad humillada y ofendida que vive en el Sur Global, las víctimas de las 18 regiones en guerra, en particular en la Franja de Gaza, con visos de genocidio a cielo abierto, sin olvidar las muchas víctimas de la guerra Rusia-Ucrania. Nuestra reflexión quiere captar la emergencia del mundo espiritual e insistir en su urgencia apremiante ante las amenazas de desaparición de la especie y de liquidación de la biosfera, ya sea por una guerra nuclear, por exceso de calor debido a cambios climáticos o por cualquier factor de desequilibrio del mismo planeta Tierra. Podrían eventualmente poner  en peligro el futuro común de la Tierra y de la humanidad.

         En momentos así, dramáticos, el ser humano se sumerge en lo más profundo de sí y se plantea cuestiones básicas: ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Cuál es nuestro sitio en el conjunto de los seres? ¿Cómo actuar para garantizarnos un futuro que sea esperanzador para todos y para nuestra Casa Común? ¿Qué que podemos esperar más allá de esta vida? Todas estas preguntas pertenecen al mundo espiritual.

En este contexto debemos plantearnos la cuestión del mundo espiritual, en otras palabras, de la espiritualidad. El mundo espiritual es una de las fuentes principales, aunque no la única, de inspiración de lo nuevo, de esperanza de buenos resultados, de generación de un sentido plenificador y de capacidad de autotrascendencia del ser humano, pues el ser humano sólo se siente plenamente humano cuando busca autosuperarse. La razón radica en que el ser humano se vivencia como proyecto infinito, repleto de virtualidades que, en parte, se realizan en la historia, y, en su totalidad, más allá de ella.

Esa preocupación por el mundo espiritual es recurrente en nuestra cultura, no sólo en el ámbito de las religiones, que es su lugar natural, sino también en el ámbito de las búsquedas humanas tanto de los jóvenes como de los intelectuales, de famosos científicos y –para nuestra sorpresa– de grandes empresarios. En los últimos años he dado charlas aquí y fuera del país, a personas pertenecientes a esos grupos.

         Que grandes empresarios se planteen cuestiones ligadas al mundo espiritual, o sea, a la espiritualidad confirma las dimensiones  de la crisis que nos asola. Significa que los bienes materiales que ellos producen, las lógicas productivistas y competitivas que incentivan, el universo de valores comerciales (todo se ha vuelto mercancía) que inspira sus prácticas no abordan los interrogantes referidos. Hay un vacío profundo, un hueco inmenso dentro de su ser. Por eso, pienso, que sólo el mundo espiritual puede llenarlo.

Es importante, sin embargo, mantener siempre nuestro espíritu crítico, porque con el mundo espiritual, con la espiritualidad, también se puede hacer mucho dinero. Hay verdaderas empresas que manejan discursos de espiritualidad, que no es raro que hablen más a los bolsillos que a los corazones. Hay líderes neopentecostales que son expresión del mercado con su predicación del evangelio de la prosperidad material y, recientemente, del dominio. Conquistan para los intereses de sus pastores a los fieles, religiosos y de buena fe.

Pero los portadores permanentes del mundo espiritual son las personas consideradas comunes, que viven la rectitud de la vida, el sentido de solidaridad y cultivan el espacio de lo Sagrado, ya sea en sus religiones e iglesias, ya sea en el modo como piensan, obran, interpretan la vida y cuidan de la naturaleza.

Lo que importa es que mundialmente hay una demanda de valores no materiales, de una redefinición del ser humano como un ser que busca un sentido plenificador, que está en busca de valores que propician alegría de vivir. En todas partes encontramos seres humanos, especialmente jóvenes, indignados con el destino previamente definido en términos de economía, cuando se dice que “no hay alternativa” (TINA=There is no Alternative), con el sistema de mercado bajo el cual estamos obligados a vivir, que se niegan a aceptar los caminos que los poderosos obligan a seguir a la humanidad. Esos jóvenes dicen: “No permitiremos que nos roben el futuro. Merecemos un destino mejor, necesitamos beber de otras fuentes para encontrar una luz que ilumine nuestro camino y nos de esperanza”.

Por eso resulta importante introducir desde el principio una distinción –no para separar, sino para distinguir– entre el mundo religioso, la religión, y el mundo espiritual, la espiritualidad. Lo ha hecho el Dalai Lama de forma extremadamente brillante y esclarecedora en el libro Una Ética para el Nuevo Milenio (Sextante, Rio de Janeiro 2000). Son términos que usamos sin saber con certeza lo que significan. Me permito citar un tema del libro cuya comprensión comparto y hago mía. 

«Juzgo que la religión (mundo religioso) está relacionada con la creencia en el derecho a la salvación predicada por cualquier tradición de fe, creencia que tiene como uno de sus aspectos principales la aceptación de alguna forma de realidad metafísica o sobrenatural, incluyendo posiblemente una idea de paraíso o nirvana. Asociado a esto hay enseñanzas o dogmas religiosos, rituales, oraciones, etc».

«Considero que la espiritualidad (mundo espiritual) está relacionada con aquellas cualidades del espíritu humano –tales como amor y compasión, paciencia y tolerancia, capacidad de perdonar, contentamiento, noción de responsabilidad, noción de armonía– que traen felicidad tanto a la propia persona como a los demás».

«Ritual y oración, junto con las cuestiones de nirvana y salvación, están directamente ligados a la fe religiosa, pero esas cualidades no precisan ser interiores. No existe por tanto ninguna razón por la que un individuo no pueda desarrollarlas, incluso en alto grado, sin recurrir a cualquier sistema religioso o metafísico» (p.32-33).

Como se deduce, esas reflexiones son cristalinas pues muestran la distinción necesaria entre el mundo religioso, la religión y el mundo espiritual, espiritualidad. Una vez distinguidas, pueden relacionarse y  convivir, pero sin depender necesariamente una de otra. Vivir el mundo espiritual puede mostrarnos caminos que nos saquen de la crisis de los tiempos actuales.

*Leonardo Boff, teólogo y filósofo ha escrito Espiritualidad: camino de transformación, Rio 2001; Meditación de la luz: camino de la sencillez, Vozes 2010.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

In the material world the search for the spiritual world

Leonardo Boff

There are many who are fed up with material goods and the consumerism of our culture. As a counterpoint, I want to place the theme of spiritual goods in the dramatic, dangerous and hopeful context in which humanity currently finds itself, especially the humiliated and offended humanity that lives in the Global South, the victims of 18 regions of war, in particular in the Gaza Strip with an open-air genocide bias, without forgetting the many victims of the Russia-Ukraine war.

Our reflection wants to capture the emergence of the spiritual world and emphasize its pressing relevance in the face of the threats of the disappearance of the species and the liquidation of the biosphere, whether due to a nuclear war, excessive heat due to climate change or any factor of imbalance on planet Earth itself. They could eventually call into question the common future of Earth and humanity.

 In such dramatic moments, human beings dive into their depths and ask themselves basic questions: What are we doing in this world? What is our place in the group of beings? How can we act to guarantee a future that is hopeful for everyone and for our Common Home? What can we expect beyond this life? These are questions from the spiritual world.

It is in this context that we must pose the question of the spiritual world, in other words, spirituality. The spiritual world is one of the primary sources, although not the only one, of inspiration for the new, of joyful hope, of generating a fulfilling sense and of the human being’s capacity for self-transcendence. Because human beings only feel fully human when they seek to overcome themselves. The reason lies in the fact that it is experienced as an infinite project, full of virtualities that, in part, take place in history and, as a whole, beyond it.

This concern for the spiritual world is recurrent in our culture, not only in the context of religions, which is its natural place, but also in the context of human searches, both by young people and intellectuals, by famous scientists and – to our surprise -, of great businesspeople. I have spoken in recent years, here and abroad, to people linked to these groups.

The fact that big businesspeople ask questions linked to the spiritual world, that is, spirituality, attests to the dimensions of the crisis that is plaguing us. It means that the material goods they produce, the productivist logics and competition they encourage, the universe of commercial values ​​(everything has become a commodity) that inspires their practices do not address the aforementioned questions. There is a deep emptiness, an immense hole inside your being. Therefore, I think, only the spiritual world can fulfill it.

It is important, however, to always maintain our critical spirit, because with the spiritual world, with spirituality, we can also make a lot of money. There are real companies that manage spirituality discourses that, often, speak more to their pockets than to their hearts. There are neo-Pentecostal leaders who are an expression of the market with their preaching of the gospel of material prosperity and, recently, of domination. They win over the faithful, religious and in good faith, to the interests of their pastors.

However, the permanent bearers of the spiritual world are people considered common, who live the righteousness of life, the sense of solidarity and cultivate the space of the Sacred, whether in their religions and churches, or in the way they think, act and interpret life. and take care of nature.

What matters, however, is that worldwide there is a demand for non-material values, for a redefinition of the human being as a being that seeks fulfilling meaning, that is looking for values ​​that provide joy in living.

Everywhere we find human beings, especially young people, indignant with the destiny previously defined in terms of economics, when it is said that “there is no alternative”(TINA), the market system, under which we are forced to live, who refuse to accept the paths that the powerful coerce humanity to follow. These young people say: “We will not allow our future to be stolen from us. We deserve a better destiny, we need to drink from other sources to find a light that illuminates our path and gives us hope.”

That is why it is important, from the beginning, to introduce a distinction – without separating, but distinguishing – between the religious world, religion and the spiritual world, spirituality. In fact, the Dalai Lama did so in an extremely brilliant and enlightening way in the book Ethics for the New Millennium (2000). These are terms that we use without knowing exactly what they mean. I allow myself to quote a topic from the book whose understanding I participate in and make my own.

“I believe that religion (religious world) is related to the belief in the right to salvation preached by any faith tradition, a belief that has as one of its main aspects the acceptance of some form of metaphysical or supernatural reality, including possibly an idea of paradise or nirvana. Associated with this are religious teachings or dogmas, rituals, prayers, and so on.”

I consider spirituality (spiritual world) to be related to those qualities of the human spirit – such as love and compassion, patience and tolerance, ability to forgive, contentment, notion of responsibility, notion of harmony – that bring happiness both to the person himself and to the others”.

“Ritual and prayer, along with questions of nirvana and salvation, are directly linked to religious faith, but these inner qualities need not be. There is therefore no reason why an individual cannot develop them, even to a high degree, without resorting to any religious or metaphysical system” (p.32-33).

As can be seen, these reflections are crystal clear as they show the necessary distinction between the religious world, religion and the spiritual world, spirituality. Once distinct, they can relate and coexist, but without one necessarily depending on the other.

Experiencing the spiritual world can show paths that take us out of the crisis of current times.

Leonardo Boff,  brazilian theologian and philosopher wrote: Spirituality: path of transformation, Rio 2001; Light meditation: path of simplicity, Petropolis 2010.

 No mundo material a busca do mundo espiritual

                               Leonardo Boff

Há muitos que estão fartos de bens materiais e do consumismo de nossa cultura.Como contraponto quero situar o tema dos bens espirituais no contexto dramático, perigoso e esperançador,em que se encontra atualmente a humanidade, especialmente, a humanidade humilhada e ofendida que vive no Sul Global, as vítimas de 18 regiões de guerra,em particular na Faixa de Gaza com viés de genocídio a céu aberto, sem esquecer as muitas vítimas da guerra Rússia-Ucrânia. Nossa reflexão  quer captar a emergência do mundo espiritual e enfatizar sua premente atualidade face às ameças de desaparecimento da espécie e da liquidação da biosfera seja por uma guerra nuclear, por um excessivo calor devido à mudanças climática ou qualquer fator de desequilíbrio do próprio planeta Terra. Poderiam eventualmente pôr em xeque o futuro comum da Terra e da humanidade.

 Em momentos assim dramáticos, o ser humano mergulha em seu Profundo e se coloca questões básicas: O que estamos fazendo nesse mundo? Qual é o nosso lugar no conjunto dos seres? Como agir para garantirmos um futuro que seja esperançador para todos e para nossa Casa Comum?O que podemos esperar para além dessa vida?São questões do mundo espiritual.

É nesse contexto que devemos colocar a questão do mundo espiritual, em outras palavras, da espiritualidade. O mundo espiritual é uma das fontes primordiais, embora não única, de inspiração do novo, de esperança alviçareira, de geração de um sentido plenificador e de capacidade de auto- transcendência do ser humano. Pois o ser humano só se sente plenamente  humano quando busca se auto-superar. A razão reside no fato de vivenciar-se como projeto infinito, repleto de virtualidades que, em parte, se realizam na história e, no todo, para além dela.

Essa preocupação pelo mundo espiritual é recorrente em nossa cultura, não só no âmbito das religiões, que é o seu lugar natural, mas também no âmbito das buscas humanas tanto dos jovens, quanto dos intelectuais, de famosos cientistas e – para surpresa nossa -, de grandes empresários. Tenho falado nos últimos anos, aqui e fora do país, para pessoas ligadas a esses grupos.

         O fato de grandes empresários colocarem questões ligadas ao mundo espiritual, vale dizer, à espiritualidade atesta as dimensões  da crise que nos assola. Significa que os bens materiais que eles produzem, as lógicas produtivistas e concorrenciais que incentivam, o universo de valores comerciais (tudo virou mercadoria) que inspira suas práticas não dão conta das interrogações referidas. Há um vazio profundo, um buraco imenso dentro do seu ser. Por isso, penso, que só o mundo espiritual pode preenchê-lo.

 É importante, no entanto, manter sempre nosso espírito crítico, porque com o mundo espiritual, com a espiritualidade também se pode fazer muito dinheiro. Há verdadeiras empresas que manejam os discursos da espiritualidade que, não raro, falam mais aos bolsos do que aos corações. Há líderes neopentecostais que são expressão do mercado com sua pregação do evangelho da prosperidade material e, recentemente, do domínio.Conquistam para os interesses de seus pastores os fiéis, religiosos e de boa fé.

Entretanto, os portadores permanentes do mundo espiritual são as pessoas consideradas comuns, que vivem a retidão da vida, o sentido da solidariedade e cultivam o espaço do Sagrado, seja em suas religiões e igrejas, seja no modo como pensam, agem, interpretam a vida e cuidam da natureza.

O que importa, porém, é que mundialmente há uma demanda por valores não materiais, por uma redefinição do ser humano como um ser que busca sentido plenificador, que está à procura de valores que propiciam alegria de viver. Em toda parte encontramos seres humanos, especialmente jovens, indignados com o destino previamente definido em termos de economia, quando se diz que “não há outra alternativa”(TINA=There is no Alternative), o sistema de mercado, sob a qual somos obrigados a viver, que se recusam a aceitar os caminhos que os poderosos coagem a humanidade a trilhar. Esses jovens dizem: “Não permitiremos que nos roubem o futuro. Merecemos um destino melhor, precisamos beber de outras fontes para encontrar uma luz que ilumine nosso caminho e nos dê esperança”.

Por isso resulta importante, desde o início, introduzir uma distinção  – sem separar, mas distinguir – entre o mundo religioso, a religião e o mundo espiritual, a  espiritualidade. Aliás, o Dalai Lama o fez de uma forma extremamente brilhante e esclarecedora no livro Uma Ética Para o Novo Milênio (Sextante, Rio de Janeiro 2000). São termos que usamos sem saber ao certo o que significam. Permito-me citar um tópico do livro de cuja compreensão participo e faço minha.

“Julgo que religião (mundo religioso) esteja relacionada com a crença no direito à salvação pregada por qualquer tradição de fé, crença esta que tem como um de seus principais aspectos a aceitação de alguma forma de realidade metafísica ou sobrenatural, incluindo possivelmente uma idéia de paraíso ou nirvana. Associados a isso estão ensinamentos ou dogmas religiosos, rituais, orações e assim por diante”.

“Considero que espiritualidade (mundo espiritual) esteja relacionada com aquelas qualidades do espírito humano – tais como amor e compaixão, paciência e tolerância, capacidade de perdoar, contentamento, noção de responsabilidade, noção de harmonia – que trazem felicidade tanto para a própria pessoa quanto para os outros”.

“Ritual e oração, junto com as questões de nirvana e salvação, estão diretamente ligados à fé religiosa, mas essas qualidades interiores não precisam ser. Não existe portanto nenhuma razão  pela qual um indivíduo não possa desenvolvê-las, até mesmo em alto grau, sem recorrer a qualquer sistema religioso ou metafísico”(p.32-33).

Como se depreende, essas reflexões são cristalinas pois mostram a distinção necessária entre o mundo religioso, a religião e o mundo espiritual, espiritualidade. Uma vez distintas, podem se relacionar e conviver, mas sem uma depender necessariamente da outra.

Viver o mundo espiritual com os valores apontados pelo Dali Lama que são também os mesmos valores do Jesus histórico poderá apontar caminhos que nos mostram uma eventual saída da crise dos tempos atuais.

Leonardo Boff, teólogo e filósofo escreveu:Espiritualidade:caminho de transformação,Rio 2001; Meditação da luz:caminho da simplicidade, Vozes 2010.

Dall’attuale caos planetario è possibile un nuovo ordine?

Leonardo Boff

L’articolo precedente “Lattuale caos distruttivo e il caos generativo come soluzione salvifica” sarà completato dalla seguente riflessione fatta un anno fa, che qui estende la precedente.

Come poche volte nella storia generale dell’umanità, la crisi sistemica e diffusa regala segnali apocalittici che vanno sotto il nome di antropocene (gli esseri umani sono la grande meteora che minaccia la vita), di necrocene (morte di massa di specie viventi) e ultimamente di pirocene (i grandi incendi in varie regioni della Terra), tutti dovuti all’azione irresponsabile dell’uomo. Inoltre ci sono le conseguenze del nuovo regime climatico, considerate irreversibili e, non ultimo, il rischio di un’ecatombe nucleare – fino allo sterminio di ogni vita umana – a proposito della guerra Russia-Ucraina e le potenze occidentali. Putin ha già avvertito che se ci fossero forze militari occidentali in Ucraina potrebbe usare armi nucleari tattiche. Distruggono meno, ma lasciano l’intera atmosfera contaminata.

La situazione generale nel mondo non suscita ottimismo, ma piuttosto sconforto e perfino pessimismo e seria preoccupazione per la possibile fine della nostra specie. Molti giovani si rendono conto che, se l’attuale corso della storia continua, non avranno un futuro attraente. Alcuni si rassegnano, come ha recentemente denunciato Steven Rockfeller in un libro impressionante: gran parte della gioventù nordamericana è disinteressata ai valori tradizionali e democratici della nazione (cfr Spiritual Democracy and Our Schools, 2022). Altri si impegnano coraggiosamente in un movimento ormai planetario per salvaguardare la vita e il futuro della nostra Casa Comune, come fa la giovane Greta Thunberg.

Suona ancora forte il monito di Papa Francesco nella sua enciclica Fratelli tutti (2020): «[…] una comunità mondiale che naviga sulla stessa barca […] nessuno si salva da solo […] ci si può salvare unicamente insieme» (n.32).

È in questo contesto che cerchiamo qualche speranza in uno dei più grandi scienziati moderni già scomparso, il russo-belga Ilya Prigogine, premio Nobel per la chimica nel 1977, soprattutto nel suo libro in “The End of Certainty: Time, Chaos, and the New Laws of Nature”, 1996. Lui e il suo team hanno creato una nuova scienza, la fisica dei processi di non equilibrio, cioè in una situazione di caos.

Nella sua opera sfida la fisica classica con le sue leggi deterministiche e mostra che la freccia del tempo non torna indietro (irreversibilità) e punta alle probabilità e mai alle certezze. L’evoluzione propria dell’universo è caratterizzata da fluttuazioni, deviazioni, biforcazioni, situazioni caotiche, come la prima singolarità del big bang, generatore dell’universo. Enfatizza che il caos non è mai solo distruttivo. Contiene un ordine nascosto che, date determinate condizioni, irrompe e dà inizio a un altro tipo di ordine. Il caos, quindi, può essere generativo, perché la vita è nata dal caos, come ha mostrato nella sua opera classica (Order out of Chaos, 1984).

In questo scienziato, che era anche un grande umanista, troviamo riflessioni che non sono soluzioni, ma ispirazioni per sbloccare il nostro orizzonte oscuro e catastrofico. Può generare qualche speranza nonostante la pericolosa disputa per l’egemonia del processo storico, unipolare (USA) o multipolare (Russia, Cina e i BRICS).

Prigogine se ne va dicendo che il futuro non è determinato. “La creazione delluniverso è innanzitutto una creazione di possibilità, alcune delle quali si realizzano, altre no”. Ciò che può accadere è sempre potenziale, in sospensione e in uno stato di fluttuazione. Cosi è accaduto nella storia delle grandi decimazioni avvenute milioni di anni fa sul pianeta Terra. Specialmente in alcune epoche, come quando la rottura della Pangea (l’unico super-continente), dividendola in parti, originò i vari continenti. Circa il 75% del carico biotico scomparve. La Terra ebbe bisogno di alcuni milioni di anni per ricostruire la sua biodiversità.

Vale a dire, da quel caos è emerso un nuovo ordine. Ciò è avvenuto con l’ultima grande estinzione di massa avvenuta 67 milioni di anni fa, che si portò via tutti i dinosauri ma risparmiò il nostro antenato che si evolse fino a raggiungere l’attuale stadio di sapiens sapiens o, realisticamente, sapiens e demens.

Prigogine sviluppò quello che ha chiamato “strutture dissipative” come abbiamo spiegato nell’articolo precedente. Esse dissipano il caos, cioè gli scarti si trasformano in nuovi ordini. Così, nel linguaggio popolare, dalle scorie del sole – i raggi che si disperdono e ci raggiungono – nasce quasi tutta la vita sul pianeta Terra, soprattutto dalla fotosintesi delle piante che ci forniscono l’ossigeno senza il quale nessuno può vivere. Queste strutture dissipative trasformano l’entropia in sintropia. Ciò che viene lasciato da parte come caotico è rielaborato fino a formare un ordine nuovo. In questo modo, non andremmo incontro alla morte termica, ad un collasso totale di tutta la materia ed energia, ma verso ordini sempre più complessi e superiori fino ad un ordine supremo, il cui significato ultimo ci è sconosciuto. Prigogine rifiuta l’idea che tutto finisca nella polvere cosmica. Chissà, potrebbe essere la tanto sognata noosfera (sfera del pensiero umano) di Pierre Teilhard de Chardin.

Di conseguenza, Prigogine è ottimista di fronte al caos attuale, in quanto inerente al processo evolutivo. In questa nostra fase, spetta agli esseri umani la responsabilità di – conoscendo il dinamismo della storia aperta – assumere decisioni che diano prevalenza al caos generativo e rafforzare le strutture dissipative che pongano un freno all’azione letale del caos distruttivo. Il nostro destino è nelle nostre proprie mani.

Spetta alluomo così com’è oggi, con i suoi problemi, dolori e gioie, far sì che sopravviva nel futuro. Il compito è trovare la stretta via tra la globalizzazione e la preservazione del pluralismo culturale, tra la violenza e la politica, e tra la cultura della guerra e quella della ragione”. L’essere umano appare come un essere libero e creativo e può trasformarsi e trasformare il caos in cosmo (ordine nuovo).

Questa sembra essere la sfida attuale di fronte al caos che ci affligge. O prendiamo coscienza che su di noi ricade la responsabilità di voler continuare su questo pianeta o permettere, a causa della nostra irresponsabilità, un armageddon ecologico-sociale. Sarebbe la tragica fine della nostra specie.

Alimentiamo con Prigogine la speranza umana (e anche teologica) che il caos attuale rappresenti una sorta di parto, con i dolori che l’accompagnano, di un nuovo modo di organizzare l’esistenza collettiva della specie umana all’interno dell’unica Casa Comune, inclusa l’intera natura. Se il rischio è grande, diceva un poeta tedesco, grande è anche la possibilità di salvezza. O con le parole delle Scritture: «[…] dove era abbondante il peccato (caos), ancora più abbondante fu la grazia (ordine nuovo)”, dalla “Lettera ai Romani 5, 20”. Cosi speriamo e cosi Dio lo vuole.

Leonardo Boff ecoteologo e filosofo ha scritto: Abitare la terra. Quale via per la fraternità universale?, Castelvecchi 2021; O doloroso parto da Mãe Terra, Vozes 2021.

(traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)