¿Del caos planetario actual es posible un orden nuevo?

Leonardo Boff

El artículo anterior El caos destructivo actual y el caos generativo como salida salvadora pretende ser completado aquí por la siguiente reflexión hecha hace un año.

Como pocas veces en la historia general de la humanidad, la crisis sistémica y generalizada se presenta con pronósticos apocalípticos que vienen bajo el nombre de antropoceno (el ser humano es el gran meteoro amenazador de la vida), necroceno (muerte masiva de especies de vida) y últimamente de piroceno (grandes incendios en varias regiones de la Tierra), todo por la irresponsable acción humana.  Además, esos pronósticos son consecuencia del nuevo régimen climático, dado como irreversible, y, no en último lugar, del peligro de una hecatombe nuclear que podría exterminar toda la vida humana en relación con la guerra Rusia-Ucrania y las potencias occidentales. Putin ya avisó que, si despliegan fuerzas militares occidentales en Ucrania, podría usar armas nucleares tácticas. Destruyen poco pero dejan la atmosfera muy contaminada.

La situación general del mundo no suscita optimismo, sino abatimiento e incluso pesimismo y una seria preocupación sobre el eventualfin de nuestra especie. Muchos jóvenes se dan cuenta de que, si se prolonga el curso actual de la historia, no tendrán un futuro apetecible. Algunos se resignan, como recientemente denunció en un impresionante libro Steven Rockfeller: buena parte de la juventud norteamericana se desinteresa de los valores tradicionales y democráticos de la nación (cf. Spiritual Democracy and Our Schools, 2022). Otros se comprometen valientemente en un movimiento que ya es planetario para salvaguardar la vida y el futuro de nuestra Casa Común, como lo hace la joven Greta Thunberg

No deja de sonar fuertemente la advertencia del Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti (2020): “Estamos todos en el mismo barco; o nos salvamos todos o nadie se salva” (n.32).

En este contexto buscamos alguna esperanza en uno de los mayores  científicos modernos, ya fallecido, el ruso-belga Ilya Prigogine, premio Nóbel de Química en 1977, principalmente en El fin de las certidumbres (Andrés Bello,1996). Él y su equipo crearon una nueva ciencia, la física de los procesos de no-equilibrio, es decir, en situación de caos.

En su obra pone en jaque a la física clásica con sus leyes determinísticas y muestra que la flecha del tiempo no vuelve atrás  (irreversibilidad) y apunta a probabilidades, nunca certezas. La propia evolución del universo se caracteriza por fluctuaciones, desvíos, bifurcaciones, situaciones caóticas, como la primera singularidad del big bang, generadora del universo. Enfatiza que el caos nunca es solo destructivo. Alberga un orden escondido que, dadas ciertas condiciones, irrumpe y da inicio a otro tipo de orden. El caos, por tanto, puede ser generativo, pues del caos surgió la vida, como mostró en su obra clásica Order out of Chaos (1984).

En este científico, que era también un gran humanista, encontramos  reflexiones que no son soluciones, sino inspiraciones para desbloquear nuestro horizonte sombrío y catastrófico. Puede generar alguna esperanza no obstante la peligrosa lucha por la hegemonía del proceso histórico, unipolar (USA) o multipolar (Rusia, China y los BRICS).

Prigogine parte diciendo que el futuro no está determinado. “La creación del universo es ante todo una creación de posibilidades, algunas de las cuales se realizan y otras no”. Lo que puede suceder está siempre en potencia, en suspensión y en estado de fluctuación. Así sucedió en la historia de las grandes extinciones ocurridas hace  millones de años en el planeta Tierra. Hubo épocas, especialmente cuando se produjo la fractura de Pangea, el continente único que se partió en pedazos originando los distintos continentes, en que cerca del 75% de la carga biótica desapareció. La Tierra necesitó algunos millones de años para rehacer su biodiversidad.

Es decir, de aquel caos surgió un orden nuevo. Así ocurrió con la última gran extinción masiva de hace 67 millones de años, que exterminó a todos los dinosaurios pero dejó a nuestro antepasado, el cual evolucionó hasta alcanzar el estadio actual de sapiens sapiens o, más realistamente, sapiens y demens.

Prigogine desarrolló lo que llamó “estructuras disipativas” como ya explicamos en el artículo anterior. Ellas disipan el caos, o sea,  trasforman los residuos en nuevos órdenes. Así, en un lenguaje pedestre, de la basura del sol –los rayos que se dispersan y llegan a nosotros– surge casi toda la vida en el planeta Tierra, especialmente la fotosíntesis de las plantas que nos proporcionan el oxígeno sin el cual nadie vive. Esas estructuras disipativas transforman la entropía en sintropía. Lo que se deja de lado por ser caótico es retrabajado hasta formar un orden nuevo. De esta forma, no iríamos al encuentro de la muerte térmica, a un colapso total de toda la materia y energía, sino hacia órdenes cada vez más complejos y altos hasta un orden supremo, cuyo sentido último nos es desconocido. Prigogine rechaza la idea de que todo termina en el polvo cósmico. Tal vez sería la tan soñada noosfera de Pierre Teilhard de Chardin.

Como consecuencia, Prigogine es optimista frente al caos actual, pues es inherente al proceso evolutivo. En esta fase actual cabe al ser humano, al conocer el dinamismo de la historia en abierto, la responsabilidad de asumir decisiones que den prioridad al caos generativo y de hacer valer las estructuras disipativas que pongan freno a la acción letal del caos destructivo. Nuestro destino está en  nuestras propias manos.

“Cabe al hombre tal cual es hoy, con sus problemas, dolores y alegrías, garantizar que sobreviva en el futuro. La tarea es encontrar la estrecha vía entre la globalización y la preservación del pluralismo cultural, entre la violencia y la política, y entre la cultura de la guerra y la de la razón”. El ser humano aparece como un ser libre y creativo y podrá transformarse y transformar el caos en cosmos (orden nuevo).

Tal parece ser el desafío actual ante el caos que nos asola. O tomamos conciencia de que sobre nosotros recae la responsabilidad de querer seguir sobre este planeta o permitiremos, por nuestra irresponsabilidad, un armagedón ecológico-social. Sería el trágico fin de nuestra especie.

Alimentamos con Prigogine la esperanza humana (y también teológica) de que el caos actual representa una especie de parto, con los dolores que lo acompañan, de una nueva forma de organizar la existencia colectiva de la especie humana dentro de la única Casa Común, incluyendo a toda la naturaleza. Si grande es el riesgo, decía un poeta alemán, también es grande la posibilidad de salvación. O en palabras de las Escrituras: “Donde abundó el pecado, superabundó la gracia (nuevo orden: Epístola a los Romanos 5,20). Así lo esperamos y así lo quiera Dios.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo y escritor ha escrito Habitar la Tierra:cuál es el camino para la fraternidad universal, Vozes 2022; El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes 2021.

Ist aus dem gegenwärtigen planetarischen Chaos eine neue Ordnung möglich?

 Leonardo Boff

Der vorangegangene Artikel Das gegenwärtige zerstörerische Chaos und das generative Chaos als Retter wird durch die folgenden Überlegungen ergänzt, die vor Jahren angestellt wurden und die hier den vorangegangenen Artikel erweitern.

Wie nur wenige andere Zeiten in der Geschichte der Menschheit gibt uns die systemische und allgemeine Krise apokalyptische Vorwarnungen unter dem Namen Anthropozän (der Mensch ist der große Meteor, der das Leben bedroht), Nekrozän (das massenhafte Sterben von Lebensarten) und neuerdings Pyrozän (die großen Brände in verschiedenen Regionen der Erde), die alle durch unverantwortliches menschliches Handeln verursacht werden. Darüber hinaus besteht als Folge des neuen Klimaregimes, das als unumkehrbar und nicht als das Letzte angesehen wird, die Gefahr einer nuklearen Hekatombe bis hin zur Auslöschung allen menschlichen Lebens im Zusammenhang mit dem russisch-ukrainischen Krieg und den westlichen Mächten. Putin hat bereits gewarnt, dass er im Falle westlicher Streitkräfte in der Ukraine taktische Atomwaffen einsetzen könnte. Sie zerstören wenig, aber sie verseuchen die gesamte Atmosphäre.

Die allgemeine Lage in der Welt gibt keinen Anlass zu Optimismus, sondern eher zu Düsternis und sogar Pessimismus und zu ernsthafter Sorge über das mögliche Ende unserer Art. Viele junge Menschen sind sich darüber im Klaren, dass sie keine attraktive Zukunft haben werden, wenn der gegenwärtige Lauf der Geschichte anhält. Einige resignieren, wie Steven Rockefeller kürzlich in einem beeindruckenden Buch anprangerte: ein großer Teil der amerikanischen Jugend ist desinteressiert an den traditionellen und demokratischen Werten der Nation (vgl. Spiritual Democracy and Our Schools, 2022). Andere engagieren sich mutig in einer bereits planetarischen Bewegung zum Schutz des Lebens und der Zukunft unseres gemeinsamen Hauses, wie die junge Greta Thunberg.

Die Warnung von Papst Franziskus in seiner Enzyklika Fratelli tutti (2020) ist unüberhörbar: “Wir sitzen alle im selben Boot; entweder wir retten uns alle oder niemand wird gerettet” (Nr. 32).

In diesem Zusammenhang sehen wir eine gewisse Hoffnung in einem der größten modernen Wissenschaftler, der verstorben ist, dem russisch-belgischen Ilya Prigogine, der 1977 den Nobelpreis für Chemie erhielt, insbesondere in “The End of Certainties” (Unesp, 1996). Er und sein Team schufen eine neue Wissenschaft, die Physik der Nicht-Gleichgewichtsprozesse, mit anderen Worten, der Prozesse im Chaos.

In seinem Werk stellt er die klassische Physik mit ihren deterministischen Gesetzen in Frage und zeigt, dass der Pfeil der Zeit nicht zurückgeht (Irreversibilität) und auf Wahrscheinlichkeiten und niemals auf Gewissheiten hinweist. Die Entwicklung des Universums selbst ist durch Fluktuationen, Abweichungen, Bifurkationen, chaotische Situationen gekennzeichnet, wie die erste Singularität des Urknalls, aus der das Universum entstanden ist. Er betont, dass das Chaos niemals nur zerstörerisch ist. Es beherbergt eine verborgene Ordnung, die unter bestimmten Bedingungen ausbricht und eine andere Art von Ordnung hervorbringt. Das Chaos kann also generativ sein, denn das Leben ist aus dem Chaos hervorgegangen, wie er in seinem klassischen Werk Order out of Chaos (1984) gezeigt hat.

Bei diesem Wissenschaftler, der auch ein großer Humanist war, finden wir Überlegungen, die keine Lösungen sind, sondern Inspirationen, um unseren dunklen und katastrophalen Horizont zu entschlüsseln. Er kann trotz des gefährlichen Streits um die Hegemonie des historischen Prozesses, ob unipolar (USA) oder multipolar (Russland, China und die BRICS), eine gewisse Hoffnung wecken.

Prigogine beginnt mit der Feststellung, dass die Zukunft nicht festgelegt ist. “Die Schöpfung des Universums ist vor allem eine Schöpfung von Möglichkeiten, von denen einige verwirklicht werden, andere nicht“. Was geschehen kann, befindet sich immer in der Potenz, in der Schwebe und in einem Zustand der Fluktuation. So war es auch in der Geschichte der großen Dezimierungen, die vor Millionen von Jahren auf dem Planeten Erde stattfanden. Insbesondere gab es Zeiten, in denen Pangea (der einheitliche Kontinent) auseinanderbrach und die verschiedenen Kontinente entstehen ließ. Dabei verschwanden etwa 75 Prozent der biotischen Vielfalt. Die Erde brauchte ein paar Millionen Jahre, um ihre biologische Vielfalt wieder aufzubauen.

Mit anderen Worten, aus diesem Chaos entstand eine neue Ordnung. Dies geschah beim letzten großen Massenaussterben vor 67 Millionen Jahren, das alle Dinosaurier auslöschte, aber unseren Vorfahren verschonte, der sich zum heutigen Sapiens sapiens oder, realistischer, Sapiens und Demens entwickelte.

Prigogine entwickelte die so genannten “dissipativen Strukturen“, wie wir in dem genannten Artikel erläutert haben. Sie zerstreuen das Chaos, mit anderen Worten: Abfall wird in neue Ordnungen umgewandelt. Um es in der Sprache der Fußgänger zu sagen: Fast alles Leben auf dem Planeten Erde entsteht aus den Abfällen der Sonne – den Strahlen, die sich zerstreuen und uns erreichen – und insbesondere aus der Photosynthese der Pflanzen, die uns den Sauerstoff liefern, ohne den niemand leben kann. Diese dissipativen Strukturen verwandeln Entropie in Syntropie. Was als chaotisch verworfen wird, wird zu einer neuen Ordnung umgestaltet. Auf diese Weise würden wir nicht auf den thermischen Tod zusteuern, einen totalen Zusammenbruch aller Materie und Energie, sondern auf immer komplexere und höhere Ordnungen bis hin zu einer höchsten Ordnung, deren letzter Sinn uns unbekannt ist. Prigogine lehnt die Vorstellung ab, dass alles im kosmischen Staub endet. Wer weiß, vielleicht ist es die von Pierre Teilhard de Chardin lang erträumte Noosphäre.

Daher sieht Prigogine das gegenwärtige Chaos optimistisch, da es dem evolutionären Prozess inhärent ist. In dieser unserer Phase liegt es in der Verantwortung des Menschen, der die Dynamik der Geschichte mit offenem Ausgang kennengelernt hat, Entscheidungen zu treffen, die dem generativen Chaos den Vorrang geben und dissipative Strukturen durchsetzen, die die tödliche Wirkung des zerstörerischen Chaos bremsen. Unser Schicksal liegt in unserer eigenen Hand.

“Es liegt am Menschen, wie er heute ist, mit seinen Problemen, Schmerzen und Freuden, dafür zu sorgen, dass er in der Zukunft überlebt. Es gilt, den schmalen Weg zwischen Globalisierung und Bewahrung des kulturellen Pluralismus, zwischen Gewalt und Politik, zwischen der Kultur des Krieges und der der Vernunft zu finden.” Der Mensch erscheint als ein freies und schöpferisches Wesen, das sich selbst verwandeln und das Chaos in einen Kosmos (neue Ordnung) verwandeln kann.

Das scheint die aktuelle Herausforderung angesichts des Chaos zu sein, das uns heimsucht. Entweder wir erkennen, dass die Verantwortung dafür, dass wir auf diesem Planeten weiterleben wollen, bei uns liegt, oder wir lassen durch unsere Verantwortungslosigkeit ein ökologisches und soziales Armageddon zu. Das wäre das tragische Ende unserer Spezies.

Mit Prigogine nähren wir die menschliche (und auch theologische) Hoffnung, dass das gegenwärtige Chaos eine Art Geburt mit den damit verbundenen Schmerzen darstellt, eine neue Art der Organisation der kollektiven Existenz der menschlichen Spezies innerhalb des einen gemeinsamen Hauses, einschließlich der gesamten Natur. Wenn das Risiko groß ist, sagte ein deutscher Dichter, ist auch die Chance auf Rettung groß. Oder mit den Worten der Heiligen Schrift: “Wo die Sünde im Überfluss ist (Chaos), ist die Gnade im Überfluss (neue Ordnung: Röm 5,20). Das ist es, was wir hoffen, und das ist es, was Gott will.

Leonardo Boff Ökotheologe, Philosoph und Schriftsteller, Autor von: Inhabiting the Earth: What is the path to universal brotherhood, Vozes 2022; The painful labour of Mother Earth, Vozes 2021.

Do caos planetário atual é possível uma nova ordem?

                                               Leonardo Boff

No artigo anterior O caos atual destrutivo e o caos generativo como saída salvadora será completado pela seguinte reflexão feita há tempos  que aqui prolonga a anterior.

Como poucas vezes na história geral da humanidade,  a crise sistêmica e generalizada dá prenúncios apocalípticos que vêm sob o nome do antropoceno (o ser humano é o grande meteoro ameaçador da vida), do necroceno (morte massiva de espécies de vida) e ultimamente do piroceno (os grandes incêndios em várias regiões da Terra), tudo da irresponsável ação humana. Além disso são  consequências do novo rergime climático, dado como irreversível e não em último lugar, o risco de uma hecatombe nuclear a ponto de exterminar toda a vida humana a propósito da guerra Rússia-Ucrânia e as potências ocidentais. Putin já alertou que se houver forças militares ocidentais na Ucrânia pode usar armas nucleares táticas. Destroem pouco mas deixam a atmosfera toda contaminada.

 A situação geral do mundo não suscita otimismo, antes, abatimento e mesmo pessimismo e preocupação séria sobre o eventual fim de nossa espécie. Muitos jovens se dão conta de que, ao se prolongar o atual curso da história, não terão um futuro apetecível. Alguns se resignam, como recentemente num impressionante livro  denunciou Steven Rockfeller: boa parte da juventude norte-americana se desinteressa pelos valores tradicionais e democráticos da nação (cf.Spiritual Democracy and Our Schools,2022). Outros engajam-se corajosamente num movimento já planetário de salvaguarda da vida e do futuro de nossa Casa Comum, como o faz a jovem Greta Thunberg.

Não deixa de soar pesadamente a advertência do Papa Francisco em sua encíclica Fratelli tutti (2020):”Estamos todos no mesmo barco; ou nos salvamos todos ou ninguém se salva” (n.32).

É neste contexto que buscamos alguma esperança num dos maiores cientistas atuais, já falecido, o russo-belga Ilya Prigogine, prêmio Nobel de Química em 1977, principalmente em “O fim das certezas (Unesp,1996). Ele e sua equipe criaram uma nova ciência, a física dos processos de não-equilíbrio, quer dizer, em situação de caos.

Em sua obra coloca em xeque a física clássica com suas leis determinísticas e mostra que a flecha do tempo não volta para trás (irreversibilidade) e aponta para probabilidades e nunca para certezas. A própria evolução do universo se caracteriza por flutuações, desvios, bifurcações, situações caóticas, como a primeira singularidade do big bang, geradora do universo. Enfatiza que o caos nunca é só destrutivo. Ele alberga uma ordem escondida que, dadas certas condições, irrompe e dá início a um outro tipo de ordem. O caos, portanto, pode ser generativo, pois, do caos surgiu a vida como ele mostrou em sua obra clássica (Order out of Chaos,1984).

Nesse cientista que era também um grande humanista, encontramos  reflexões que não são soluções, mas inspirações para desbloquear nosso horizonte sombrio e catastrófico. Pode gerar alguma esperança a despeito da disputa  perigosa pela hegemonia do processo histórico, unipolar (USA) ou multipolar (Rússia, China e os Brics).

Prigogine parte dizendo que o futuro não está determinado. “A criação do universo é antes de tudo uma criação de possibilidades, as quais algumas se realizam, outras não”. O que pode acontecer está sempre em potência, em suspensão e em estado de flutuação. Assim ocorreu na história das grandes dizimações ocorridas há milhões de anos no planeta Terra. Houve épocas, especialmente, quando ocorreu a rompimento da Pangeia (o continente único) que se partiu em partes,originado os vários continentes. Cerca de 75% da carga biótica desapareceu. A Terra precisou de alguns milhões de anos para refazer a sua biodiversidade.

Vale dizer, daquele caos surgiu uma nova ordem. Assim aconteceu com a última grande extinção em massa acontecida há 67 milhões de anos que levou todos os dinossauros mas poupou o nosso ancestral que evoluiu até atingir o estágio atual de sapiens sapiens ou, realisticamente, sapiens e demens.

Prigogine desenvolveu o que ele chamou de “estruturas dissipativas” como já explicamos no artigo anterior. Elas dissipam o caos, vale dizer, os dejetos são transformados em novas ordens. Assim, numa linguagem pedestre, do lixo do sol – os raios que se dispersam e chegam a nós – surge quase toda a vida no planeta Terra, especialmente a fotossíntese das plantas que nos entregam o oxigênio sem o qual ninguém vive. Essas estruturas dissipativas transformam a entropia em sintropia. O que é deixado de lado como caótico é retrabalhado até formar uma ordem nova. Desta forma, não iríamos ao encontro da morte térmica, a um colapso total de toda a matéria e energia, mas de ordens cada vez mais complexas e altas até à uma suprema ordem, cujo sentido último nos é desconhecido. Prigogine recusa a ideia de que tudo termina no pó cósmico. Quem sabe, seria  a tão sonhada noosfera de Pierre Teilhard.de Chardin.

Como consequência, Prigogine é otimista face ao caos atual, pois é inerente ao processo evolucionário. Nesta nossa fase, cabe ao ser humano a responsabilidade de, ao conhecer o dinamismo da história em aberto, assumir decisões que deem prevalência ao caos generativo e fazer valer as estruturas dissipativas que ponham freio à ação letal do caos destrutivo. O nosso destino está em nossas próprias mãos.

“Cabe ao homem tal qual é hoje, com seus problemas, dores e alegrias, garantir que sobreviva no futuro. A tarefa é encontrar a estreita via entre a globalização e a preservação do pluralismo cultural, entre a violência e a política, e entre a cultura da guerra e a da razão.” O ser humano comparece como um ser livre e criativo e poderá transformar-se e transformar o caos em cosmos (ordem nova).

Tal parece ser o desafio atual face ao caos que nos assola. Ou tomamos consciência de que sobre nós recai a responsabilidade de querermos continuar sobre este planeta ou permitir, por nossa irresponsabilidade, um armageddon ecológico-social. Seria o trágico fim de nossa espécie.

Alimentamos com Prigogine a esperança humana (e também teológica) de que o atual caos representa uma espécie de parto, com as dores que o acompanha, de uma nova forma de organizar a existência coletiva da espécie humana dentro da única Casa Comum, incluindo toda a natureza. Se grande é o risco, dizia um poeta alemão, grande também é a chance de salvação. Ou nas palavras das Escrituras: ”Onde abundou o pecado (caos), superabundou a graça (nova ordem:Epístola.aos Romanos 5,20). Assim esperamos e assim o queira o Deus.

Leonardo Boff ecoteólogo,filósofo  e escritor escreveu Habitar a Terra:qual o caminho para a fraternidade universal, Vozes 2022;O doloroso parto da Mãe Terra, Vozes 2021.

Das aktuelle zerstörerische Chaos und das generative Chaos als Retter

Wir leben unbestreitbar in einer Kombination von Krisen aller Art. Es sind so viele, dass wir sie nicht einmal aufzählen müssen. Mit einem Wort, wir leben in einer Situation, die von großem Chaos geprägt ist.

Seit vielen Jahren beschäftigen sich Wissenschaftler aus den Wissenschaften des Lebens und des Universums mit der Kategorie des Chaos. Das Chaos stellt sich als zerstörerisch für eine gegebene Ordnung und generativ für eine neue Ordnung dar, die in der zerstörerischen Ordnung verborgen ist und um ihre Entstehung ringt.

Machen wir diesen Kurs: Ursprünglich dachte man, das Universum sei statisch und werde durch deterministische Gesetze geregelt. Sogar Einstein selbst teilte anfangs diese Ansicht.

Doch alles begann sich zu ändern, als der Amateur-Kosmologe Hubble 1924 nachwies, dass das Universum nicht statisch ist, sondern sich ausdehnt und in eine Richtung bewegt, die wir nicht entziffern können. Später bemerkten die Wissenschaftler eine permanente Welle von sehr geringer Intensität, die von überall herkam. Es handelte sich um das letzte Echo des Urknalls, der vor etwa 13,7 Milliarden Jahren stattfand. Dies wäre der Ursprung des Universums.

In diesem Kontext der Evolution, die nicht linear zu sein scheint, sondern sprunghaft ansteigt, steht das Konzept des Chaos im Mittelpunkt. Der Urknall stellte ein unermessliches Chaos dar. Die Evolution entstand, um Ordnung in dieses ursprüngliche Chaos zu bringen und neue Ordnungen zu schaffen: die unzähligen Himmelskörper, Galaxien, Sterne und Planeten.

Das Phänomen des Chaos ergab sich aus der Beobachtung von Zufallsphänomenen wie der Wolkenbildung und insbesondere dem so genannten Schmetterlingseffekt. Mit anderen Worten: Kleine anfängliche Veränderungen, wie das Flattern der Flügel eines Schmetterlings in Brasilien, können letztendlich einen völlig anderen Effekt hervorrufen, wie einen Sturm über New York.

Das liegt daran, dass alle Elemente miteinander verbunden sind, alles mit allem zusammenhängt und sie überraschend komplex werden können. Die wachsende Komplexität aller Faktoren, die der Entstehung des Lebens und immer höherer Lebensordnungen zugrunde liegen, ist erkannt worden (vgl. J. Gleick Chaos: Creation of a New Science, 1989).

Die Bedeutung ist folgende: Im Chaos lauern Virtualitäten einer anderen Art von Ordnung. Und umgekehrt, hinter der Ordnung liegen Dimensionen des Chaos. Ilya Prigogine (1917-1993), der 1977 den Nobelpreis für Chemie erhielt, untersuchte insbesondere die Bedingungen, unter denen Leben aus dem Chaos entstehen kann.

Diesem großen Wissenschaftler zufolge entsteht immer dann eine neue Ordnung, wenn es ein offenes System gibt, wenn eine chaotische (also aus dem Gleichgewicht geratene) Situation vorliegt und die Verbindung zwischen den Teilen realisiert wird (vgl. Order out of Chaos, 1984). In diesem Fall wäre die neu entstehende Ordnung das Leben oder eine neue Art, die Gesellschaft zu organisieren.

Dennoch gibt es nach Ilya Prigogine dissipative Strukturen im Leben in einem doppelten Sinne: Sie verbrauchen viel Energie und vergeuden diese Energie in Form von Abfall; andererseits vergeuden diese Strukturen Entropie und machen den Abfall zur Grundlage für andere Lebensformen. Nichts geht verloren. Alles wird neu zusammengesetzt und erzeugt die Möglichkeit neuer Lebensformen und schließlich Gesellschaften, auf unbestimmte Zeit, als Teil des Evolutionsprozesses.

Versuchen wir, dieses Verständnis auf das zerstörerische Chaos von heute anzuwenden. Niemand kann sagen, welche Ordnung sich in diesem Chaos verbirgt.  Wir wissen nur, dass unter bestimmten sozio-historischen Bedingungen eine andere Ordnung entstehen kann. Wer wird sie enträtseln und damit das zerstörerische Chaos überwinden?

Was wir mit Sicherheit sagen können, ist, dass die derzeitige chaotische Ordnung, die in der Welt vorherrscht, keine Hilfe bei der Überwindung des Chaos bietet. Im Gegenteil, wenn wir sie weiterführen, könnte sie uns auf einen Weg führen, auf dem es kein Zurück mehr gibt. Das Endergebnis wäre der Abgrund. Albert Einstein hat zu Recht darauf hingewiesen: “Die Idee, die die Krise (wir würden sagen: das Chaos) verursacht hat, wird nicht dieselbe sein, die uns aus ihr herausführt; wir müssen uns ändern”.

Wenn die Menschheit mit grundlegenden, chaotischen Situationen konfrontiert ist, die ihre Existenz bedrohen könnten – und ich glaube, dass wir uns in solchen Situationen befinden – hat sie keine andere Wahl, als sich zu ändern. Ich denke, der beste Weg ist, unsere eigene menschliche Natur zu befragen. Sie ist zwar widersprüchlich (weise und wahnsinnig), zeichnet sich aber dadurch aus, dass sie ein unendliches Projekt voller Möglichkeiten ist, in denen sich Elemente einer anderen und besseren Ordnung finden lassen.

Dies wird notwendigerweise auf einer neuen, liebevollen und respektvollen Beziehung zur Natur beruhen, indem wir uns als Teil von ihr fühlen; auf der Liebe, die zu unserer DNA gehört; auf der Solidarität, die den Sprung von der Tierwelt zur Menschheit ermöglicht hat; auf der universellen Geschwisterlichkeit, die auf demselben genetischen Code beruht, der in allen Lebewesen vorhanden ist; auf der Kultivierung der Welt des Geistes, die auch zum Wesen des Menschen gehört. Dies macht uns kooperativ und mitfühlend und offenbart, dass wir ein Knoten von Beziehungen sind, die in alle Richtungen weisen, auch zu dem Wesen, das alle Wesen erschafft. Auf diese Weise würden wir uns weg vom destruktiven Chaos hin zum generativen Chaos bewegen.

Dies wären einige der Elemente, neben vielen anderen, die hier nicht erwähnt werden, die eine neue Ordnung und eine neue Art der freundschaftlichen Bewohnung des Planeten Erde, der als unser gemeinsames Haus betrachtet wird, einschließlich der Natur, begründen könnten. Und so wären wir gerettet, wenn wir das zerstörerische Chaos überwunden hätten, hin zu einem generativen Chaos mit einem anderen Horizont für das Leben und die Zukunft der Zivilisation.

Leonardo Boff ist ein Ökotheologe und Philosoph, der das Buch Caring for our Common Home: Clues for Delaying the End of the World, Vozes 2024 geschrieben hat.

Überstzung von Bettina Hartnachack