Leonardo Boff: Devemos Mudar Nossa Relação com a Terra

Importante teólogo, filósofo e escritor, Boff reflete sobre as atrocidades que vivemos e nos desperta para a necessidade, urgente, de resgatar a bondade, a solidariedade e a amorosidade

Por Keila BisI
lustrações: Verônica Nunes

Como seria o Brasil se existissem mais e mais e mais brasileiros como Leonardo Boff? Uma pista: sua inteligência a favor de todos os seres vivos é tão brilhante quanto é o seu coração de humanidade. Aos 81 anos, o teólogo, filósofo, professor e escritor conta que na quarentena escreveu dois livros. Sim, dois livros saíram lá de dentro da sua alma para jogar luz sobre a chegada do coronavírus como resultado de um desrespeito absurdo com o meio ambiente. E, a outra obra, para apontar soluções que poderiam nos salvar. Num primeiro momento, salvar pode parecer uma palavra com atributos religiosos.

Mas, conforme se avança na leitura desta entrevista, fica claro que a religiosidade de Boff está plenamente embasada na realidade. E ele a compreende muito bem. Tanto por todo o seu conhecimento sobre política, meio ambiente, ciência, discriminação racial e social, sociologia e muitas outras áreas, mas também porque a sua vida é ao lado e em defesa dos pobres e excluídos. Tudo isso faz do teólogo um nome importante a ser ouvido e consultado principalmente quando alerta que, sim, corremos o risco de vida se a exploração dos recursos ambientais não tiver fim. Consagrado como um dos principais nomes da Teologia da Libertação do país e no exterior, nesta entrevista, o autor de mais de cem livros explica, entre outros assuntos, a perversidade do presidente Jair Bolsonaro, a relação coronavírus-Mãe Terra, a não democracia brasileira e por que boa parte dos católicos não são cristãos.

Leia a entrevista completa em: https://www.yam.com.vc/equilibrio/791448/leonardo-boff-precisamos-mudar-nossa-relacao-com-terra

Denunciem Instagram Fake

Por favor, todos denunciando a página fake que usa de forma indevida minha imagem e direitos autorais.

A página pertence a Mussolini Dross (não sei se o nome é falso ou verdadeiro) e que utilizava o email djmaxgustav@gmail.com como contato da página. Já entramos em contato mas apesar de confessar a autoria negou o pedido de retirada da página do ar.

Vamos também notificar a empresa Instagram por não fazer absolutamente nada, apesar de já ter sido comunicado várias vezes sobre essa questão e de forma indevida ter bloqueado a minha página oficial.

DENUNCIEM!!!!

uidar del propio cuerpo y del cuerpo de los otros en tiempos del coronavirus

En estos tiempos dramáticos bajo el ataque del coronavirus a nuestras vidas, a nuestros cuerpos, nada más oportuno que hacer una reflexión más profunda sobre qué es nuestro cuerpo y cómo debemos, ahora más que antes, cuidar de él y del cuerpo de los otros.

Para eso, es importante que enriquezcamos nuestra comprensión de cuerpo, porque la que hemos heredado de los griegos, todavía vigente en la cultura dominante, entiende el cuerpo como una parte del ser humano al lado de otra parte que es el alma. Comúnmente se considera al ser humano como un compuesto de cuerpo y alma. Al morir el cuerpo es devuelto a la Tierra mientras que el alma es trasladada a la eternidad, feliz o infeliz según el tipo de vida que haya vivido. Tratemos de enriquecer nuestra comprensión de cuerpo a la luz de la nueva antropología.

La unidad compleja cuerpo-espíritu

Tanto la antropología bíblica como la antropología contemporánea (y hay mucha afinidad entre ellas) nos presentan una concepción de cuerpo más completa y holística. Según ella, el cuerpo no es algo que tenemos sino algo que somos. Hablamos entonces de hombre-cuerpo, sumergido todo entero en el mundo y relacionado en todas las direcciones.

El ser humano es fundamentalmente cuerpo. Un cuerpo vivo y no un cadáver, una realidad bio-psico-energético-cultural, dotada de un sistema perceptivo, cognitivo, afectivo, valorativo, informacional y espiritual.

Está hecho de los materiales cósmicos que se formaron desde el inicio del proceso de la cosmogénesis hace 13,7 miles de millones de años, de la biogénesis hace 3,8 miles de millones de años y de la antropogénesis, hace 7-8 millones de años, portador de 400 billones de células, continuamente renovadas por un sistema genético que se formó a lo largo de 3,8 miles de millones años (es la edad de la vida), habitado por un trillón de microbios (Collins, El lenguaje de la vida, 2011), provisto de tres niveles de cerebro con 50 a 100 mil millones de neuronas: el más antiguo es el reptil, surgido hace 200 millones de años, que responde de nuestras reacciones instintivas como abrir y cerrar los ojos, el latido del corazón y otras, en torno al cual se formó hace 125 millones de años nuestro cerebro límbico, que explica nuestra afectividad, el amor y el cuidado; completado finalmente por el cerebro neocortical, que irrumpió hace unos 5-7 millones de años, con el cual organizamos el mundo y nos abrimos a la totalidad de lo real.

La corporalidad es una dimensión del sujeto humano concreto. Esto quiere decir que en la realidad nunca encontramos un espíritu puro sino siempre y en todo lugar un espíritu encarnado. Pertenece al espíritu su corporalidad y con ésta su permanente relación con todas las cosas. Como ser humano-cuerpo surgimos como un nudo de relaciones universales a partir de nuestro estar-en-el-mundo-con-los-otros.

Este estar-en-el-mundo no es una dimensión geográfica ni accidental sino esencial. Quiere decir, en cada momento y en su totalidad el ser humano es corporal y simultáneamente en su totalidad es espiritual. Somos un cuerpo espiritualizado como somos también un espíritu corporeizado. Esta unidad compleja del ser humano nunca puede ser olvidada.

De esta forma, los actos espirituales más sublimes o los más altos vuelos de la creación artística o de la mística vienen marcados por la corporalidad. Igual que los más familiares actos corporales, como comer, lavarse, conducir un coche, conversar, vienen penetrados de espíritu. El cuerpo es el espíritu realizándose dentro de la materia. El espíritu es la transfiguración de la materia.

En este sentido podemos decir que el espíritu es visible. Cuando, por ejemplo, miramos una cara, no vemos solo los ojos, la boca, la nariz y el juego muscular. Notamos también alegría o angustia, resignación o confianza, brillo o abatimiento. Lo que se ve es, pues, un cuerpo vivificado y penetrado de espíritu. De forma semejante, el espíritu no se esconde detrás del cuerpo. En la expresión facial, en la mirada, en el hablar, en el modo de estar presente e incluso en el silencio se revela toda la profundidad del espíritu.

Las fuerzas de autoafirmación y de integración

Por otra parte, hay que entender que biológicamente somos seres carentes. No estamos dotados de ningún órgano especializado que nos garantice la supervivencia o nos defienda de los peligros, como ocurre con los animales. Algunos biólogos llegan a decir que somos “un animal enfermo”, un “faux pas” un “paso” (Übergang) hacia algo más alto y complejo, por eso no estamos nunca fijados, estamos enteros pero incompletos, siempre por hacer.
Tal verificación tiene como consecuencia que necesitamos continuamente garantizar nuestra vida, mediante el trabajo y la inteligente intervención en la naturaleza. De este esfuerzo nace la cultura, que organiza de forma más estable las condiciones infraestructurales y también humano-espirituales para que vivamos humanamente mejor y más cómodos

Todavía hay que añadir otra característica, presente también en todos los seres del universo, pero que a nivel humano adquiere particular relieve, especialmente con referencia al cuidado. Se trata de dos fuerzas que prevalecen en cada ser y en nosotros. La primera es la fuerza de auto-afirmación, la segunda la fuerza de integración. Actúan siempre juntas, en un equilibrio difícil y siempre dinámico.

Por la fuerza de autoafirmación cada ser se centra en sí mismo y su instinto es conservarse, defendiéndose frente a todo tipo de amenazas contra su integridad y su vida. Se defiende al ser amenazado de muerte. Nadie acepta simplemente morir. Lucha para seguir viviendo, evolucionar y expandirse. Esta fuerza explica la persistencia y la subsistencia del individuo.

En este punto necesitamos superar totalmente el darwinismo social según el cual sólo los más fuertes triunfan y permanecen. Esta es una media verdad que va a contracorriente del proceso evolutivo. La ley básica del universo es la relación de todos con todos y la cooperación entre todos para que todos puedan existir y seguir evolucionando. Este proceso no privilegia a los mejor dotados. Si así fuera, los dinosaurios estarían aún entre nosotros. El sentido de la evolución es permitir que todos los seres, también los más vulnerables, expresen dimensiones de la realidad y virtualidades latentes dentro del universo en evolución. Repetimos: este es el valor de la interdependencia de todos con todos y de la solidaridad cósmica. Todos se entreayudan para coexistir y coevolucionar. Los débiles merecen también vivir y tienen algo que decirnos. Observen que en un hueco del asfalto nace una plantita. Es un milagro de la vida y nos da un mensaje de su fuerza.

Por la fuerza de integración, el individuo se descubre integrado en una red de relaciones sin las cuales, como individuo solo, no viviría ni sobreviviría. Todos los seres están interconectados y viven unos por los otros, con los otros, y para los otros. El individuo se integra, pues, naturalmente en un todo mayor, en la familia, la comunidad y la sociedad. Aunque muera, el todo garantiza que la especie continúe permitiendo que otros representantes vengan a sucedernos.
Es sabiduría humana reconocer que llega cierto momento de la vida en el cual la persona debe despedirse agradecida para dejar espacio, hasta físicamente, a los que vendrán.

El universo, los reinos, las especies, y también los seres humanos se equilibran entre estas dos fuerzas, la de auto-afirmación del individuo y la de integración en un todo mayor. Pero este proceso no es lineal y sereno. Es tenso y dinámico. El equilibrio de las fuerzas nunca es algo dado, sino un hecho a alcanzar en todo momento.

Y aquí es donde entra el cuidado. Si no cuidamos, puede prevalecer la autoafirmación del individuo a costa de una insuficiente integración, y entonces predomina la violencia y la autoimposición. O puede triunfar la integración al precio del debilitamiento y hasta de la anulación del yo, del individuo, y entonces gana la partida el colectivismo y el achatamiento de las individualidades. El cuidado se traduce aquí en la justa medida y en la autocontención para no privilegiar a ninguna de estas fuerzas.

Efectivamente, en la historia social humana han surgido sistemas que, o bien privilegian el yo, el individuo, su desempeño y la propiedad privada, como es el caso del sistema capitalista, o bien hacen prevalecer el nosotros, lo colectivo y la propiedad social como es el caso del socialismo real. La intensificación de una de estas fuerzas en detrimento de la otra lleva a desequilibrios, devastaciones y tragedias. El cuidado desaparece para dar paso a la voluntad de poder e incluso a la brutalidad.

Para equilibrar estas dos fuerzas, se proyectó la democracia que busca incluir y articular el yo con el nosotros, donde cada individuo puede participar y con otros crear el nosotros social. De esta coexistencia del “yo” con el “nosotros”, nace la búsqueda del bien común. La democracia es la participación de todos, en la familia, en la comunidad, en las organizaciones y en la forma en que se organiza el Estado. Es un valor universal que debe ser vivido y alimentado siempre.

¿Cuál es el reto que se le presenta al ser humano?

El reto para el cuidado consiste en buscar el equilibrio construido conscientemente y el hacer de esta búsqueda un propósito y una actitud de base. Portador de conciencia y de libertad, el ser humano tiene esta misión que lo distingue de los demás seres. Sólo él puede ser un ser ético, un ser que cuida y se responsabiliza de sí mismo (yo) y del destino de los otros (nosotros). El ser humano puede ser hostil a la vida, oprimir y devastar, pero puede ser también el ángel bueno, defensor y protector de todo lo creado. Depende de si se empeña en cuidar o deja que fuerzas oscuras e incontrolables asuman el rumbo de la vida.

Gracias a su libertad el ser humano no está sometido a la fatalidad del dinamismo de las cosas. Él puede intervenir y salvar lo más débil, impedir que una especie desaparezca o crear condiciones que disminuyan el sufrimiento, como es el caso en el momento actual.

Frente a la ley del más dotado y fuerte, él hace valer la ley del cuidado del menos dotado y más débil. Sólo el ser humano puede hacer esto. Por eso fue constituido guardián de todos los seres y jardinero que cuida y guarda del jardín del Edén. Él surge como el cuidador de los seres que necesitan condiciones de vida y de inserción en el todo. De esta forma asegura un futuro para el mayor número de personas y de representantes de otras especies. Este es el reto para nuestro país y para toda la Tierra asolada por el Covid-19.

Los desafíos del cuidado del propio cuerpo

Después de esta larga introducción, surge la pregunta: ¿cómo cuidar de nuestro propio cuerpo? Este punto es fundamental en este momento en que debemos practicar el aislamiento social para protegernos del coronavirus.
Ante todo, se impone el esfuerzo de mantener nuestra integridad y unidad compleja. Debemos asumir nuestro enraizamiento en el mundo, con sus relaciones de trabajo y de empeño por la supervivencia. Y hay que hacerlo con entereza, sabiendo que somos la parte consciente e inteligente del todo, capaz de valorar cada iniciativa, desde la que se refiere a la higiene del cuerpo, hasta el trabajo más sofisticado de la inteligencia.

En este momento es nuestro deber protegernos con la mascarilla cuando salimos de casa y lavarnos frecuentemente las manos con jabón o con un gel de alcohol. El ser humano-cuerpo es esa unidad compleja y exige todos estos cuidados, especialmente en este momento dramático de nuestra vida.

Es menester oponerse conscientemente a los dualismos que la cultura insiste en mantener, por un lado el “cuerpo” desvinculado del espíritu y por otro lado el “espíritu” desmaterializado de su cuerpo. La propaganda comercial explota esta dualidad, presentando el cuerpo no como la totalidad de lo humano, sino parcializándolo, sus rostros, sus senos, sus músculos, sus manos, sus pies, en fin, sus distintas partes.

Las principales víctimas, aunque no sean las únicas, de esta fragmentación son las mujeres, pues la visión machista se refugió en el mundo mediático del marketing usando partes de la mujer: su rostro, sus ojos, sus pechos, su sexo y otras partes, para seguir haciendo de la mujer un «objeto de cama y mesa». Debemos oponernos firmemente a esta deformación cultural.

También es importante rechazar el “culto al cuerpo” promovido por la infinidad de gimnasios y otras formas de trabajo sobre la dimensión física, como si el hombre/mujer-cuerpo fuese una máquina desposeída de espíritu que busca desarrollos musculares que no conocen límites. Con esto no queremos de ninguna manera desmerecer los beneficios que representan los gimnasios.

Afirmando positivamente esto, hay que resaltar una alimentación equilibrada y sana, las ventajas innegables de los ejercicios de gimnasia, los masajes que renuevan el vigor del cuerpo y hacen fluir las energías vitales, en particular las disciplinas orientales entre ellas la capacidad del yoga de fortalecer la armonía cuerpo-mente.

El vestuario merece una consideración especial. No solo tiene una función utilitaria para protegernos de las intemperies y de cubrir lo que en nuestra cultura (diferente de la de los indígenas) son las partes sexuales. Tiene que ver con el cuidado del cuerpo, pues el vestuario representa un lenguaje, una forma de revelarse en el teatro de la vida. Es importante cuidar de que el vestuario sea expresión de un modo de ser y que muestre el perfil humano y estético de la persona.

Nada más artificial y demostrativo de anemia de espíritu que las bellezas construidas por mil medios para ser aquello que la vida no quiso que las personas fuesen. Hay una belleza propia de cada edad, un encanto que nace del trabajo de la vida y del espíritu en la expresión “corporal” del ser humano. No hay photoshop que sustituya la ruda belleza del rostro de un trabajador tallado por la dureza de la vida, los rasgos faciales modelados por el sufrimiento y por la lucha de tantas mujeres trabajadoras del campo, rasgos muchas veces de otro tipo de belleza y personalidad. Ellas adquieren una expresión de gran fuerza y energía. Hablan de la vida real y no de la vida artificialmente construida. Por el contrario, las fotos trabajadas de los iconos de la belleza convencional son todos parecidos y mal disfrazan la artificialidad de la figura construida por el marketing.

Todas estas artificialidades de nuestra cultura, más ligada al mercado que a las necesidades reales de la vida, llevan a no cultivar el cuidado propio de cada fase de la vida, con su belleza y luminosidad, y también con las marcas de una vida vivida que dejó estampada en el rostro y en el cuerpo las luchas, los sufrimientos, las superaciones. Tales marcas son condecoraciones y crean una belleza inigualable y una irradiación específica, en vez de estancarse en un tipo de perfil de un pasado ya vivido.

Cuidamos positivamente del cuerpo regresando a la naturaleza y a la Tierra, de las cuales nos habíamos exiliado hace siglos, con una actitud de sinergia y de comunión con todas las cosas. Esto significa establecer una relación de biofilia, de amor y de sensibilización hacia los animales, las flores, las plantas, los climas, los paisajes y la Tierra. Cuando nos la muestran desde el espacio exterior –esas preciosas imágenes trasmitidas por los telescopios o por las naves espaciales–, irrumpe en nosotros un sentido de reverencia, de respeto y de amor por nuestra Casa Común y nuestra Gran Madre, de cuyo útero venimos todos. Nos volvemos humildes cuando contemplamos la Tierra como un pálido punto azul en la última foto de ella sacada antes de dejar el sistema solar y penetrar en el espacio sideral infinito.

Tal vez el mayor desafío para el ser humano-cuerpo consiste en lograr un equilibrio entre la autoafirmación, sin caer en la arrogancia y el menosprecio de los otros, y la integración en un todo mayor, la familia, la comunidad, el grupo de trabajo y la sociedad, sin dejarse masificar y caer en una adhesión acrítica.

La búsqueda de este equilibrio no se resuelve de una vez por todas, debe de ser trabajada diariamente, pues se nos pide en cada momento. Y cada situación, por extraña que parezca, es suficientemente buena para encontrar el balance adecuado entre las dos fuerzas que pueden desgarrarnos o pueden unificarnos y hacer más leve nuestra existencia.

El cuidado de nuestro estar-en-el-mundo incluye nuestra dieta, lo que comemos y bebemos. Hacer del comer más que un acto de nutrición un rito de comunión con los frutos de la generosidad de la Tierra. Así cada comida es una celebración de la vida. Saber escoger los productos, los producidos orgánicamente o los menos quimicalizados. Aquí entra el cuidado como amorosidad para consigo mismo, que se traduce en una vida sana, y como precaución contra eventuales enfermedades que nos pueden sobrevenir por el aire contaminado, por las aguas mal tratadas y por la intoxicación general del ambiente

El ser humano-cuerpo debe dejar que se transparente la armonía interior y exterior, como miembro de la gran comunidad terrenal y biótica.
El cuidado del cuerpo de los otros, de los pobres y de la Tierra

La mayoría de los cuerpos humanos están enfermos, delgados y deformados por demasiadas carencias. Hay una humanidad-cuerpo hambrienta, sedienta, desesperada por el exceso de trabajo con que es explotada y por la humillación de ser tratados como carbón para ser consumido en el proceso productivo.

Cuidar de los cuerpos de los empobrecidos y condenados de la Tierra y no negarlos ni despreciarlos, como ocurre en nuestra tradición esclavista, sino considerarlos como iguales con la misma dignidad y derechos. Socialmente es luchar por políticas públicas, como las realizadas por los proyectos sociales “Hambre Cero”, “Luz para todos”, “Mi casa mi vida”, con la agricultura ecológica y familiar y otros, como las cocinas comunitarias, como las UPAS y otras iniciativas organizadas por la solidaridad social para que todos puedan ver realizado su derecho a la comensalidad y puedan comer lo suficiente y decente diariamente.

Me permito dar un ejemplo: En nuestro Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis,Rio de Janeiro, desarrollamos un proyecto “Pan y Belleza”, dando a la población de la calle una comida buena diaria (cerca de 300 personas: el momento del Pan). Luego viene el momento de la Belleza que es la conquista de su dignidad, comenzando por el nombre (pues la mayoría tiene apodos), haciendo círculos de discusión sobre sus problemas, acompañándolos, si están enfermos, a la consulta médica o psicológica y viendo cómo reintegrarlos en la sociedad mediante algún trabajo. La perspectiva continúa siendo cuidar del ser humano integral, cuerpo-espíritu, a través del Pan necesario y del Espíritu cultivado.

En términos de una pedagogía liberadora es importante contribuir para que los propios carentes, como sujetos, se organicen y con su presión garanticen las bases que sostienen la vida. Pero no sólo para satisfacer el hambre de Pan, siempre necesaria y saciable, sino también su hambre de Belleza, insaciable, de reconocimiento, de respeto, de comunión, de Trascendencia, siempre abierta al desarrollo ilimitado.

El cuidado del cuerpo social es una misión política que exige una crítica severa a un sistema de relaciones que trata a las personas como cosas y les niega el acceso a los bienes comunes a los que todos los seres humanos tienen derecho, como la comida, el agua, un trozo de tierra, el tratamiento de las aguas residuales y la basura, la salud, la vivienda, la cultura y la seguridad.

Aquí, a decir verdad, debería imponerse una verdadera revolución humanitaria. Pero no basta quererla. Se necesitan condiciones histórico-sociales que la hagan viable y victoriosa. Es la utopía mínima a ser realizada hasta por un mínimo sentido ético.

Cuidar del cuerpo de la Madre Tierra

Hoy más que en otras épocas, urge cuidar del cuerpo de la Madre Tierra, marcado por heridas que no se cierran. Hay devastaciones inimaginables en el reino animal, en el vegetal, en los suelos, en los subsuelos y en los mares. Ya expuse la opinión de que posiblemente el coronavirus sea una reacción de la Madre Tierra, un contraataque a la violencia sistemática que sufre.

O cuidamos del cuerpo de la Madre Tierra o corremos el riesgo de que no haya más lugar para nosotros o que ella no nos quiera más sobre su suelo. Cuidar del cuerpo de la Tierra es cuidar de los residuos, de la limpieza general de las calles, de las plazas, de las aguas, del aire, de los transportes, interesarse por todo lo que tiene que ver con el estado del planeta, siguiendo por los medios de comunicación cómo está siendo tratado, agredido o curado.

Por último, permítanme recordar el mensaje cristiano que por la encarnación del Hijo de Dios santificó la materia y también la eternizó. La resurrección del hombre de los dolores, llagado y crucificado, Jesús, viene a confirmar que el fin de los caminos de Dios no es un “espíritu” sin la materia, sino el ser humano-cuerpo transfigurado, que realizó todas las potencialidades escondidas en él y fue elevado al más alto grado de su evolución humana y divina.

Es el supremo cuidado que Dios mostró hacia el ser humano-cuerpo, resucitándolo como el hombre nuevo, el novísimo Adán, como lo llama san Pablo (1Cor 14,45), y asumiéndolo dentro de su propia realidad infinita y eterna.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito El destino del hombre y del mundo, Vozes, muchas ediciones 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

“Dois Papas”: o encontro pessoal derruba muros ideológicos e redescobre o humano

Assim como o Brasil não é para iniciantes, da mesma forma, o filme “Dois Papas” não é para iniciantes. Ele demanda conhecimentos de teologia e do debate existente já há mais de 50 anos sobre qual modelo de Igreja seria o mais adequado, considerando o destino comum Terra e Humanidade e as perversas desigualdades sociais a nível mundial.

O filme está sendo amplamente discutido. Há razões pró outras contra e, várias delas, supõem interesses escusos de seu produtor Fernando Meirelles, o que acho preconceituoso. Muitas críticas feitas ao filme (a maioria o vê com óculos ideológicos sem limpá-los antes) e mostram o que em filosofia se chama de “ignoratio elenchi”(ignorância do assunto), o que dificulta um julgamento sério e mais justo do filme em tela. Não obstante ter já escrito sobre o filme, retomo o discurso para aprofundar algumas questões subjacentes ao Dois Papas e assim apreciá-lo melhor.

Um lugar privilegiado de observação

Devo, sem qualquer pretensão, confessar que me encontro num lugar de observação privilegiado pois pude conhecer a ambos os personagens, Joseph Razinger e Jorge Mario Bergoglio. Isso me permite ajuizar com outros critérios o filme Dois Papas.

Com referência ao Papa Bento XVI pela amizade que tínhamos e pelo fato de que, como Cardeal, Presidente da Congregação para a Doutrina da Fé (ex-Inquisição) teve a ingrata missão institucional de me interrogar num processo doutrinário, pelo qual passaram notáveis como Galileu Galilei, Giordano Bruno e outros, acerca de meu livro “Igreja: carisma e poder”. Ele agiu conforme o rito prescrito para o Grande Interrogador (outrora se dizia o Grande Inquisidor) com seriedade e competência exigidas. E eu como interrogado devia responder às acusações feitas ao livro (não a mim como pessoa), da forma mais convincente possível. Cada um estava em sua posição institucional mas isso não significava romper os laços de mútuo apreço e amizade. Não rompemos. Tanto ele quanto eu soubemos distinguir as distintas esferas. Minha defesa, após o interrogatório, pareceu aos 13 cardeais votantes, não o bastante convincente. Assim que recebi várias penalidades, a maior delas, o “silêncio obsequioso”.

Penso que Bento XVI, à frente da Igreja, se comportou mais como um teólogo acadêmico alemão (escreveu vários livros enquanto Papa) do que um Guia de uma comunidade de mais de um bilhão de fiéis. Essa missão era, a meu ver, alheia ao seu caráter. Ele queria mesmo era ser teólogo e não um Chefe do Estado do Vaticano.

Com referência ao Papa Francisco nos conhecemos como teólogos nos idos de 1972 num encontro organizado pela Confederação Latino-americana de Religiosos (CLAR) no Colegio Maximo dos jesuítas em San Miguel, nos arredores de Buenos Aires. Ele guardou a foto do encontro e teve a gentileza, como Papa, de mandar-me tal foto e recordar-me que havíamos discutido sobre hermenêutica moderna francesa, coisa que eu havia totalmente esquecido.

Ao elaborar a encíclica ecológica Laudato Si:sobre o cuidado da Cada Comum (2015) ofereci-lhe subsídios, prontamente aceitos, pois ele sabia que já há anos escrevia sobre o tema, alargando o horizonte da Teologia da Libertação. O eixo deste tipo de teologia é “a opção não excludente pelos pobres contra sua pobreza, em favor da justiça social e de sua libertação”. Dentro dos vários tipos de pobres deveríamos, pensava e penso eu, incluir o Grande Pobre, o mais explorado de todos, a Terra viva, sem cuja preservação invalidaria qualquer outro projeto. Daí nasceu uma vigorosa eco-teologia da libertação. O Papa Francisco conscientizou-se desta centralidade e atendeu ao pedido de muitos teólogos que junto comigo lhe fazemos este apelo.

Desconhecer esse núcleo central da Teologia da Libertação, a opção preferiencial pelos pobres, e tributá-lo ao marxismo é incorrer em “ignoratio elenchi”, e reproduzir a narrativa dos ditadores militares do Chile, da Argentina, do Brasil e de El Salvador. Isso é repetido ainda hoje em dia nos grupos conservadores e até reacionários mesmo ocupando altos cargos do atual governo.

Bergoglio sem ser profético, salvou a muitos perseguidos

Não vou abordar o tema da relação do Papa Francisco com a ditadura militar argentina. O prêmio Nobel da Paz, Adolfo Pérez Esquivel, também ele vítima de torturas, deu seu testemunho cabal aos mais duros críticos, apresentando até a longa lista de salvos pela ação do então superior jesuíta, padre Jorge Mario Bergoglio e depois Cardeal de Buenos Aires. No máximo que podemos conceder é que não se mostrou uma figura profética, como foram os bispos Novak, Angelleli, Esaine e outros. Mas nunca colaborou nem foi conivente com o sistema de opressão e liquidação dos opositores do regime, dos mais cruéis da América Latina. Seu estilo era outro, agir no silêncio, mas corajosamente.

Como Papa Francisco, recebi algumas cartas dele agradecendo os materiais que lhe havia enviado. E continuo lhe enviando outros através de um de seus secretários (não via Cúria, pois há o risco de nunca lhe ser entregue). Quase sempre responde. A última me encheu de satisfação, pois lhe havia escrito que no texto final do Sínodo Panamazônico de 2019 se incorria no Cristomonismo (só Cristo) esquecendo, em grande parte, a figura do Espírito Santo. Este, argumentava eu, chega sempre antes do missionário, pois encontra nos povos a evangelizar, o amor, a solidariedade, o perdão e outros valores humanos que constituem o núcleo da mensagem de Jesus. Agradeceu-me a observação e disse que iria usá-la. Por minha surpresa, na fala aos Cardeais pelo Natal de 2019 afirma que alguém lhe disse que o missionário é aguardado pelo Espírito Santo ao chegar ao país de missão, pois Ele já estava lá presente pelo amor e pelos demais valores humanos.

Fato curioso: um Papa não vive só pregando; precisa de certa distensão, tomar chimarrão pela manhã (mate) e também cultivar o humor. Assim que acompanha e torce pelo seu time de futebol San Lorenzo e adora música popular argentina que considero excelente, especialmente Mercedes Sosa com a qual juntos trabalhamos na confecção da Carta da Terra. Eu mandei ao Papa, para distraí-lo um pouco, um texto de São Francisco no qual este aconselhava os frades que em suas hortas deixassem um cantinho para as ervas selvagens (daninhas) crescerem porque, elas, do seu modo, também louvam a Deus. O Papa Francisco colocou este tópico de humor na encíclica no número 12.

A questão magna subjacente ao filme

Qual é a questão magna que subjaz ao filme Dois Papas? Não entendê-la, significa não entender o filme em sua profundidade. Trata-se de apresentar dois modelos de Igreja: um bem retratado pelo Papa Bento XVI e e o outro pelo Cardeal Bergoglio. depois Papa Francisco. Além disso, traçar o perfil de duas formas diferentes de ser humano, de realizar cada um a sua humanidade.

Cabe enfatizar que os diálogos não são meramente inventados. Quem conhece a teologia de ambos logo identifica o que escreveram ou publicamente disseram. Eles correspondem à sua respectiva visão de Igreja. É seu ponto de verdade.

O modelo de Igreja de Bento XVI: Volta à Grande Disciplina

O modelo de Igreja de Bento XVI é o da Igreja tradicional, cuja época áurea foi a Idade Media e que culminou com o Concílio de Trento (1545-1563) e com o Concílio Vaticano I (1869-1870). Esse modelo tem como eixo articulador o poder sagrado (sacra potestas), piramidal e desigualmente distribuído (os leigos, em baixo não participam desse poder), em cuja cabeça está o Papa, infalível em questões de doutrina e moral, com um poder “ordinário, supremo, pleno, imediato e universal”(cânon 331). Se riscarmos a palavra Papa e pusermos Deus, cabe ad litteram. Pode um ser humano, sempre limitado, apresentar-se com um poder ilimitado, não sendo Deus?

Esse modelo foi essencial na formação da Europa, o que resulta em responsabilidade às mais altas autoridades da Igreja de mantê-lo para preservar a identidade da Europa e a cultura europeia que se globalizou. Esse modelo criou os instrumentos de sua reprodução, a teologia manualística, o estilo apologético, especialmente, o estatuto dos seminários que não existia antes. Aí se formaram os candidatos ao sacerdócio, numa perspectiva agressiva e defensiva contra as Igrejas saídas da Reforma e contra os novos inimigos: os dois iluminismos. O primeiro iluminiamo, mais teórico, com seu espírito crítico, contra todo o autoritarismo, do contrato social e da introdução das liberdades civis e dos direitos do cidadão. E o segundo iluminismo, mais prático e transformador: o socialismo e o marxismo. Face à essa realidade mudada, a reação vinha sob o motto: “Volta à Grande Disciplina”. Vale dizer, tentar restaurar a síntese medieval sob a égide do fator religioso e orientada moralmente pela Igreja.

João Paulo II viu que na Polônia (semper fidelis) ocupada pelos marxistas ateus, a Igreja era a grande força de oposição, de resistência e de reafirmação da identidade polonesa, profundamente católica. Ao ser eleito Papa, levou essa missão para toda a Igreja. Enquadrou todas as tendências diferentes para ter uma Igreja unida contra dois fortes inimigos: o marxismo ateu que ele conheceu por experiência pessoal e contra a modernidade que deslocou Deus do centro da sociedade e em seu lugar colocou a sacralidade da pessoa e de seus direitos. A modernidade e pós-modernidade se apresenta como secular (não secularista), defensora das liberdades de consciência, de religião, das culturas e dos direitos de todos.

Inegavelmente carismático, a ponto de galvanizar multidões, a visão de Igreja de Papa João Paulo II, entretanto, era muito conservadora. As inovações do Concílio Vaticano II (1962-1965) que acertou o passo da Igreja com o mundo moderno, são relativizadas e reinterpretadas a partir do poder sagrado, concentrado nele, o Papa e na hierarquia eclesiástica. Gerou uma mentalidade temerosa e até negativa face aos avanços do mundo moderno, uma Igreja qual castelo, sitiado por inimigos que pretensamente a querem destruir.

Seus seguidores (vários movimentos conservadores como Opus Dei, Cavaleiros de Cristo, Comunhão e Libertação entre outros) constituem a base eclesial e social que sustentaram seu projeto de Igreja. Encontrou no Cardeal Joseph Ratzinger (na Alemanha mostrava-se progressista), um teólogo que se converteu à linha de João Paulo II  e num fervoroso guardião da ortodoxia. Apesar de sua finura, mostrou posições severas contra os críticos desse modelo conservador de Igreja.

Especialmente foi visada a Teologia da Libertação, interpretada como uma espécie de cavalo de Troia, mediante o qual o marxismo penetraria na América Latina. Há que defender o povo, mantendo essa corrente teológica sob estrita vigilância, argumentava-se no Vaticano, atingindo a muitos de seus seguidores, cardeais, bispos, teólogos, padres, religiosos e religiosas e até leigos. Esta estratégia foi mantida e até reforçada quando se tornou Papa.

No filme o Papa Bento XVI representa este tipo de Igreja que possui sua lógica e coerência, mas na contramão do curso global do mundo. Não tinha chance de prosperar pois a Igreja se mostrava antes uma cisterna de águas mortas que uma fonte de águas vivas. Decepcionava muitos fiéis a ponto de muitos abandonarem a Igreja. Quando o Papa Bento XVI se deu conta de que a atmosfera interna da Igreja em geral e do Vaticano em particular fora envenenada pelos crimes de pedofilia, falcatruas financeiras dentro do Banco Vaticano e mesmo de prostituição de altos prelados da Cúria, sentiu suas forças se esmorecerem. “Precisa-se mudar tudo isso”, diz claramente no filme. Reafirmou que não merecia permanecer sentado na Cátedra de Pedro, sem a energia suficiente para as mudanças necessárias. Num gesto nobre e desprendido renunciou.

Fecha-se com ele, o ciclo do cristianismo central, enfraquecido pelos escândalos, para dar lugar a outro modelo de Igreja com outros propósitos e outra leitura do mundo.

Papa Francisco: a Teologia da Libertação chega ao centro da igreja

Com o Papa Francisco começa um novo estilo de exercer o pontificado e se projeta um modelo de Igreja muito diverso do tradicional. A Igreja na América Latina foi sempre uma Igreja-espelho daquela europeia. Lentamente, porém foi se libertando até tornar-se uma Igreja-fonte: com um estilo diferente de viver a fé, encarnado-se nas culturas locais, indígenas, afro-descendentes e populares. Criou seu perfil de uma Igreja pobre e despojada com sua própria teologia, sob o nome de Teologia da Libertação. Logicamente, subsiste ainda porções da Igreja-espelho, ligadas ao estilo tradicional de ser padre e de organizar as dioceses e as paróquia. Mas não é por ela que o Cristianismo latino-americano atraiu a atenção do mundo, graças ao seu compromisso com os pobres, contra os regimes ditatoriais e contra as torturas sistemáticas a presos políticos e a presos comuns.

O Concílio Vaticano II tratou da Igreja dentro do mundo moderno, do mundo desenvolvido e se reconciliou com ele. Na América Latina os bispos nas várias assembléias continentais (Medellin, Puebla, Aparecida) deram-se conta de que esse mundo desenvolvido constitui a causa principal da opressão das grandes maiorias da América Latina, indígenas humilhados, massas abandonadas, classes oprimidas e mulheres submetidas.

A questão na América Latina é outra: qual o lugar da Igreja dentro do submundo, do mundo subdesenvolvido? Chegaram à conclusão de que sua missão é de uma evangelização libertadora. Libertar o pobre que grita é um gesto evangélico e ao mesmo tempo político. Libertar importa fazer do pobre o protagonista de sua própia libertação a partir do capital simbólico de sua  fé. Isso exige um processo de conscientização e de organização para o qual Paulo Freire que sempre se tendeu como um dos fundadores da Teologia da Libertação, ajudou enormemente a pastoral das Igrejas.Desta forma surgia um cristão consciente e simultaneamente um cidadão crítico e participante.

A libertação demanda um método mediante o qual o oprimido extrojeta o opressor que carrega dentro de si, para ser livre e tentar um outro tipo de sociedade  libertada, onde o amor e a convivência fraterna não sejam tão difícies. Não há opção pelos pobres e por sua libertação sem primeiramente amar esses pobres, seu modo de ser, sua cultura e, finalmente, se associar, como aliados secundários, às suas lutas. Essa opção custou a vida de muitos padres, religiosas, agentes leigos de pastoral e até de dois bispos, Angelleli da Argentin e Oscar Arnulfo Romeno de El Salvador, hoje santificado. É uma Igreja que tem muitos mártires.

O Papa Francisco foi educado quando era estudante de Teologia no Colegio Maximo em San Miguelo nesse conjunto de visões. Incorporou-as. Como cardeal, renunciou ao palácio cardinalício, ao carro oficial, aos privilégios da função. Usava o ônibus e o metrô e andava muito a pé pelas “villas miseria” de Buenos Aires. Vivia num pequeno apartamento e cozinhava sua própria refeição.

Ao chegar a Roma e eleito já Papa, introduziu esta revolução dos hábitos nos vetustos edifícios luxuosos e renascentistas da cidade do Vaticano. Decidiu viver numa casa de hóspedes e toma a refeição, entrando na fila, como todos.

Seu modelo de Igreja é aquela, como ele mesmo o define: “uma Igreja em permanentemente saída” de si mesma em direção do mundo, dos pobres, dos refugiados e das periferias existenciais. Ela equivale a um hospital de campanha, aberta a atender a todos. Como ninguém antes dos Papas anteriores, denuncia os produtores das desigualdades e injustiças no mundo: os adoradores do dinheiro, os especuladores, os inimigos da vida e da Mãe Terra que a devastam em função de sua acumulação. Não usa a palavra capitalismo mas todos entendem ao que se refere.

Em sua mensagem enfatiza: Jesus não veio fundar uma nova religião, pois havia muitas no Império Romano. Veio criar o homem novo e a mulher nova. Veio nos ensinar a viver o amor incondicional, a misericórdia sem limites e a solidariedade a partir dos últimos. No lugar de dogmas e doutrinas que respeita, privilegia o encontro vivo com o Cristo, com as pessoas, especialmente com aquelas feitas invisíveis. Escandaliza não poucos bispos ao pregar, até exigir, uma pastoral da ternura e não do medo das penas eternas. A misericórdia e seu tonus retus sempre de nova pregada que vem acolitada pela empatia e pela fome e sede de justiça. Sente-se um homem entre outros homens.

Suspeito que criará uma nova genealogia de papas, vindos do fim do mundo, onde vive a maioria dos católicos. Só 25% encontram-se na Europa, 52% nas Américas e os restantes na África e na Oceania. Hoje por hoje, o cristianismo é uma “religião” do outrora chamado “Terceiro Mundo”, que um dia, teve sua origem no Primeiro Mundo. Pelo “Terceiro Mundo” passa o futuro da Igreja Católica até em termos numéricos. É aqui que o cristianismo mostra suas virtualidades latentes, na defesa dos pobres e no cuidado da Casa Comum. Um argumento a mais para postularmos um Papa que venha de onde a Igreja se incarna nas culturas locais e suscita esperança nos condenados e ofendidos, desesperados pela fome e pela miséria.

Estes dois modelos de Igreja subjazem aos diálogos do filme Dois Papas. Eles se confrontam. Mas lentamente vão se alinhando.

Cada um dos Papas carrega um peso na consciência: Bergoglio poderia  ter encontrado outra forma, para além daquela institucional que tomou, de salvar os dois jesuítas trabalhando nas favelas e liberá-los do sequestro anunciado. Ambos sofreram pesadas torturas. Um deles, o padre Yorio, a quem conheci em Quilmes, nos arredores de Buenos Aires, não conseguia livrar-se do sentimento de que tinha sido abandonado pelo seu superior religioso. Mas procurava sinceramente entender os impasses pelos quais seu superior passou, mas que, com criatividade, poderia ter agido diferentemente. Esse era o peso que o Papa Francisco carregava em sua biografia.

Ao Papa Ratzinger lhe pesou na consciência o fato de ter enviado uma carta a todos os bispos, sob sigilo pontifício, para que não entregassem os padres pedófilos à justiça civil para não macular o bom nome da instituição-Igreja. Deviam confessar seu pecado e ser transferidos para outro lugar. E as vítimas, as crianças inocentes e as famílias, como ficariam? Isso não foi suficientemente levado em conta pelo Papa Bento XVI.

Momento alto do filme é quando ambos revelam o peso que carregam. Abrem-se mutuamente e se dão reciprocamente a absolvição. Ambos se sentem aliviados e reconciliados consigo mesmos.

A ideologia divide, o diálogo aproxima.

Estimo que um dos propósitos principais do filme, foi revelar a real condição humana de ambos os Papas: sua dimensão de sombra e sua dimensão de luz. Essa é a real condition humaine de cada ser humano: somos sapientes e dementes sim-bólicos e dia-bólicos, gentis e rudes. E isso simultaneamente. Ai de nós se recalcamos a dimensão sombria. Ela voltará furiosa. Temos que integrá-la humildemente na medida em que damos primazia à dimensão de luz. Caso contrário, impedimos o desabrochar de nossa plena humanidade que inclui luz e sombra.

Mas há momentos em que o horizonte desaparece: é a “noche oscura y terrible” da qual fala o místico São Jão da Cruz não poupa sequer os papas. A sutileza do filme mostra também esta sua angustiante dimensão. Eles não têm certezas totais. Estão no caminho de busca de mais luz para poder caminhar.

O filme revela, de forma maravilhosa, como passo a passo, vai surgindo a humanidade de um de outro. Aprenderam a escutar, a dialogar, e a procurar entender as diferenças. Lentamente as discussões vão desaparecendo, pois a ideologia separa e o encontro une. É então que irrompe a verdadeira humanidade em cada um deles. Um toca piano, o outro cantarola uma cação dos Beatles. Por fim ambos não agem mais como Papas. São humanos, o homem Joseph Ratzinger e o homem Jorge Mario Bergoglio. Ensaiam uns passos de tango, possível a dois idosos. É inimaginável um acadêmico alemão como o professor Ratzinger entregar-se à liberdade do corpo e dar uns passos de dança argentina.

O que une as pessoas não são acordos doutrinários. Estes ficam nos documentos mas não chegam ao coração. O encontro das pessoas, cara a cara, olho a olho, coração a coração transforma a realidade conflitiva, numa realidade, apesar das diferenças, realmente reconcilia.

Esta seja talvez a grande lição que derivamos do filme Dois Papas. Num mundo de ódio, de dilaceração das ideologias, o que nos levará para a direção certa e para a superação das fragilidades da humana existência é e será sempre o resgate de nossa inteira, complexa e ambigua humanidade, um ajudando ao outro a desentranhar o que está escondido nele e que, sozinho, talvez nunca irá poder liberar. Mas vale a filosofia africana do Ubuntu: “eu sou eu somente através de você”.

O cristianismo como religião e caminho de Jesus

Por fim,  cabe uma reflexão para aqueles que sentem dificuldades de viver a fé cristã nos dias de hoje. O cristianismo não nasceu como Igreja constituída, mas como “o movimento de Jesus” ou “o caminho de Jesus” pois assim  nos relatam as fontes originárias do Novo Testamento. Curiosamente nos Atos dos Apóstolos se chama o cristianismo em grego de: “hairesis tou Christou”: a “heresia de Cristo”, vale dizer “o grupelho de Cristo”. So mais tarde, em Antioquia, passou a ser chamado de cristianismo.

Metaforicamente diria: o cristianismo é semelhante a uma bicicleta. A roda da frente representa o Cristianismo como religião, com ritos, celebrações, missas, sacramentos e devoção a santos e santas. Nem todos hoje se identificam com este modo de expressar a fé; felizes os que o conseguem pois o contacto com o sagrado alimenta as dimensões profundas e ignotas de nossa psiqué tão bem estudas pela escola de C. G. Jung e discípulos.

Mas o cristianismo pode se expressar também pela roda de trás. É o cristianismo como ética, como modo de ser que se orienta pelo sonho e a proposta humanitária de Jesus: a centralidade do amor, a empatia face aos que sofrem, a fidelidade à verdade, o desapego à acumulação obsessiva de bens materiais e a capacidade de perdoar. Esse caminho é o mais originário e significa uma proposta de vida, seguida por muitos mesmo sem se filiar a uma confissão cristã ou seguir um caminho religioso. Vivem o sonho do Nazareno no meio da mundanidade do mundo. São cristãos, não pela prática religiosa, mas pela prática da ética da transparência, do amor, da solidariedade a partir dos últimos e da alegria de viver neste belo e radiante planeta.

Creio que o filme aponta mais nesta direção humanitária: a escuta atenta do outro, a abertura ao diálogo e a disposição de aceitar a crítica e a vontade de mudar.

Saimos mais humanizados e espiritualizados após termos visto o filme Dois Papas. Só por este efeito benéfico, valeu a pena o esforço de seus produtores e atores de concebe-lo e de produzi-lo. Bem que mereceria um Oscar, pela mensagem tão atual e esperançadora que irradia e não em último lugar pela beleza deslumbrante de suas imagens e pela música sempre adequada às cenas. Vale ver o filme Dois Papas para deixar-se questionar por ele e enriquecer a maneira própria de viver humanamente.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escreveu Francisco de Assis e Francisco de Roma, Mar de Ideias, Rio 2014,