Roberto Savio: La responsabilidad política en el colapso de nuestro planeta

ROBERTO SAVIO é um periodista com larga experiência e um dos que mais acompanha a situação ecológica do planeta Terra e as ameaças que pesam sobre nossas cabeças. Este seu artigo é aqui publicado porque completa o meu anterior:”A solução para a Terra não cai do céu”. Ele fornece dados consitentes que reafirmam minha opinião além de suscitar a consciência tão ausente entre nós: Lboff

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                         La responsabilidad política en el colapso de nuestro planeta

Roberto Savio

El 20 de diciembre, los 28 Ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea (UE) se reunieron en Bruselas para discutir el plan de reducción de emisiones preparado por la Comisión, para cumplir con el Acuerdo de París sobre cambio climático. Pues bien, lo que está claro (es) que hemos perdido la batalla para mantener el planeta tal como lo conocemos. Por supuesto, esto puede ser considerado como mi subjetiva opinión personal.

Por lo tanto, voy a proporcionar muchos datos, historia y hechos para ser concreto. Los datos y los hechos tienen un apreciable valor: son útiles para todos los debates, mientras que las ideas no. Entonces, si a Ud. no le gustan los hechos, por favor deje de leer aquí. Usted se librará de un artículo aburrido, como probablemente todos los míos, porque no estoy tratando de entretener, sino de crear conciencia. Además, si deja de leer, se ahorrará la oportunidad de conocer nuestro triste destino.

Como es usual ahora en política, los intereses se anteponen a los valores y la visión. Los ministros decidieron (con alguna resistencia de Dinamarca y Portugal), reducir el compromiso de Europa. Esto va al encuentro de Donald Trump, que abandonó el Acuerdo de París, para privilegiar los intereses estadounidenses, sin ninguna atención al planeta. Por lo tanto, Europa simplemente está siguiéndole.

Por supuesto, los que estamos vivos ahora no pagaremos nada: las próximas generaciones serán las víctimas de un mundo cada vez más inhóspito. Pocas de las personas que en 2015 asumieron en París compromisos solemnes en nombre de toda la humanidad para salvar el planeta, estarán vivos dentro de 30 años, cuando el cambio se vuelva irreversible. Y será también evidente que los seres humanos somos los únicos animales que no defendemos ni protegemos nuestro hábitat.

En primer lugar, el Acuerdo de París fue adoptado por los 195 países participantes, de los cuales 171 ya han suscrito el tratado, en sólo dos años, lo cual está muy bien, excepto que el tratado es solo una colección de buenos deseos, sin ningún compromiso concreto. Para empezar, no establece compromisos específicos y verificables. Cada país decidirá sus propios objetivos y será responsable de su implementación. Es como pedir a todos los ciudadanos de un país que decidan cuántos impuestos quieren pagar y que si no los pagan, no hay ninguna sanción.

En París en 2015 Europa se comprometió a llegar a utilizar el 27% de energías renovables (reduciendo el uso de energías fósiles), fijando un objetivo del 20% para el 2020. Pero, del 27%, bajó al 24,3%. Además, los ministros decidieron mantener los subsidios para la industria de energías fósiles hasta el 2030 en lugar del 2020, como estaba previsto. Y aunque la propuesta de la Comisión era que las plantas de energías fósiles perderían los subsidios si no reducían sus emisiones a 500 gramos de CO2 por tonelada para el 2020, los ministros extendieron los subsidios hasta el 2025.

Por último, la Comisión propuso reducir los biocombustibles (a base de productos de consumo humano, como el aceite de palma) al 3,8%. Así, los ministros, contrariamente a todas sus declaraciones sobre la lucha contra el hambre en el mundo, decidieron duplicarlo, al 7%.

Volvamos ahora al principal defecto del acuerdo de París. Los científicos tardaron dos décadas para concluir con certeza que el cambio climático es causado por las actividades humanas, a pesar de una fuerte oposición, bien financiada por la industria del carbón y del petróleo, que sostenía lo contrario.

El Panel Internacional sobre Cambio Climático, es una organización bajo los auspicios de la ONU, cuyos miembros son 194 países, pero su fortaleza proviene de los más de 2.000 científicos de 154 países que trabajan juntos en el tema del clima.

El debate se prolongó desde 1988 –cuando se estableció el IPCC– hasta 2013, cuando llegaron a una conclusión definitiva: la única manera de detener el rápido deterioro del planeta, consiste en impedir que las emisiones superen los 1,5 grados centígrados sobre la temperatura de la Tierra en 1850. En otras palabras, nuestro planeta ya está deteriorado, y no podemos volver atrás. Hemos quemado demasiada gasolina y emitido demasiados gases contaminantes, que ya están actuando. Pero si detenemos este proceso, aunque nunca podremos cancelar el daño ya causado, que durará algunos miles de años, podemos estabilizar el planeta.

Se considera que la revolución industrial comenzó en 1746, cuando las usinas industriales reemplazaron a los tejedores individuales. Pero comenzó a gran escala en la segunda mitad del siglo XIX, con la segunda revolución industrial. Esto implicó el uso de la ciencia en la producción, inventando motores, ferrocarriles, creando fábricas y otros medios de producción industrial.

Empezamos a registrar las temperaturas en 1850, cuando aparecieron los termómetros. De esta forma, podemos verificar cómo el carbón, los fósiles y otros combustibles comenzaron a interactuar con la atmósfera.

Lo que concluyeron los científicos fue que si superamos los 1,5 grados centígrados con respecto a la temperatura de 1850, cruzaremos irreversiblemente una línea roja: no podremos modificar la tendencia, y el clima quedará fuera de control, con dramáticas consecuencias para el planeta.

La conferencia de París es el acto final de un proceso que comenzó en Río de Janeiro en 1992, con la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo, donde dos líderes ya fallecidos, Boutros Ghali y Maurice Strong, llevaron a cabo la primera cumbre de jefes de Estado sobre el problema del medio ambiente.

Por cierto, vale la pena recordar que Strong, un hombre que dedicó toda su vida a los problemas del medio ambiente, por primera vez abrió la conferencia a los representantes de la sociedad civil, además de las delegaciones gubernamentales. Más de 20,000 organizaciones, académicos y activistas viajaron a Río, iniciando la creación de una sociedad civil global reconocida por la comunidad internacional.

A diferencia de Kioto, se suponía que París sería un acuerdo realmente global, con el fin de incluir la mayor cantidad de países posible. Es un secreto sucio poco conocido que la ONU decidió poner como objetivo no los muy ajustados 1,5 grados centígrados, sino los más apetecibles 2 grados centígrados. Pero desafortunadamente, el consenso es que ya hemos superado los 1,5 grados centígrados. Y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha estimado que los compromisos asumidos por los países en París, si no cambian, nos llevarán a 6 grados centígrados, un aumento que según la comunidad científica haría inhabitable una gran parte de nuestro planeta.

De hecho, en los últimos cuatro años registramos los veranos más calurosos desde 1850. En 2017 tenemos el récord de emisiones en la historia, que han alcanzado 41.5 giga toneladas. De ellos, 90% proviene de actividades relacionadas con los humanos, mientras que las energías renovables (cuyo costo ahora se ha vuelto competitivo con respecto a las energías fósiles), todavía cubren solo el 18% de la energía consumida en el mundo.

Hablaremos ahora de otro secreto sucio importante.

Mientras discutimos sobre cómo reducir el uso de fósiles, estamos haciendo lo contrario. En este momento, gastamos 10 millones de dólares por minuto para subsidiar la industria de los fósiles.

Según la ONU, solo considerando los subsidios directos, estos se sitúan entre 775 mil millones de dólares a 1 billón de dólares. La cifra oficial solo en el G20 es de 444 mil millones. El Fondo Monetario Internacional ya ha aceptado la opinión de economistas que sostienen que los subsidios no son solo dinero en efectivo: es el uso de la tierra y la sociedad, así como la destrucción del suelo, el uso del agua, los aranceles políticos (las llamadas externalidades, el costo que existe, pero que no está incluido en el balance de las empresas). Si tenemos en cuenta esto, llegamos a la friolera de 5.3 billones: fueron 4.9 billones en 2013. Eso representa el 6.5% del Producto Bruto global y eso es lo que les cuesta usar energías fósiles a los gobiernos, a la sociedad y a la tierra.

Este hecho no ha sido difundido por los medios de comunicación. Pocos conocen la fuerza de la industria de los fósiles. Trump quiere reabrir las minas de carbón, no solo porque esto atrae los votos de aquellos que perdieron un trabajo obsoleto, sino porque la industria de los fósiles financia el Partido Republicano. Los multimillonarios hermanos Koch, los mayores propietarios de minas de carbón de Estados Unidos, declararon haber “invertido” 800 millones de dólares en la última campaña presidencial.

Algunos podrían decir que estas cosas suceden en Estados Unidos, pero de acuerdo con la respetada organización Transparencia Internacional, en Europa hay más de 40.000 lobistas que actúan para ejercer influencia política. El Observatorio Corporativo de Europa, que estudia el sector financiero, descubrió que estos grupos de presión gastan 120 millones de euros (143 millones de dólares) al año en Bruselas y emplea a 1.700 cabilderos. Se estableció que presionan sin respetar las normas legales, con más de 700 organizaciones, superando siete veces el número de sindicatos y organizaciones de la sociedad civil.

El poder de la industria de fósiles explica por qué en 2009 los gobiernos ayudaron al sector con 557 mil millones de dólares, mientras que toda la industria de las energías renovables recibió solo entre 43 y 46 mil millones de dólares, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía.

Está claro que los ciudadanos no tienen idea de que una parte de su dinero está manteniendo con vida y con mucho lucro a una industria clave en la destrucción de nuestro planeta, que sabe muy bien que hemos superado las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera, cuando la línea roja había sido establecida en 350 ppm. Pero la gente no lo sabe, y así continúa esta espectacular fiesta de hipocresía.

En 2015, la ONU realizó una amplia encuesta donde participaron 9,7 millones de personas. Se les pidió que eligieran como prioridades seis de 16 asuntos. El primer elegido, con 6.5 millones de preferencias, fue “una buena educación”. El segundo y el tercero, con más de 5 millones de preferencias, fueron “un mejor sistema de salud” y “mejores oportunidades de trabajo”.

El último de los 16 temas, con menos de 2 millones, fue el “cambio climático”, que también resultó último en las preferencias de los países pobres, pese a que serán las principales víctimas del cambio climático. Los 4,3 millones de participantes, de los países más pobres, pusieron en primer lugar la educación (3 millones de preferencias); el cambio climático fue el último, con 561.000 votos… Ni siquiera en Polinesia, Micronesia y Melanesia, cuyas islas están por desaparecer, el cambio climático apareció en primer lugar. Esta es una prueba contundente de que las personas no se dan cuenta de que hemos llegado al umbral de la supervivencia de nuestro planeta tal como lo conocemos desde hace miles de años.

Por lo tanto, si los ciudadanos no están conscientes y no están preocupados, ¿por qué lo habrían de estar sus políticos? La respuesta es porque son elegidos por los ciudadanos para representar sus intereses y no pueden tomar decisiones fundamentales ¿Cómo suena esto en sus oídos? Cabilderos luchando por intereses, que se presentan ofreciendo empleos y estabilidad.

Y ahora, expongamos un último secreto sucio, para mostrar cuán lejos estamos de alcanzar el control de nuestro clima. Además de lo que ya hemos dicho, hay un tema muy importante que incluso se ha debatido en París: los acuerdos se refieren exclusivamente a la reducción de las emisiones de la industria de los fósiles. Otras emisiones se han ignorado por completo.

Un nuevo filme documental, “Cowspiracy: The Sustainability Secret” (Conspiración: el secreto de la sostenibilidad), producido por Leonardo di Caprio, https://www.youtube.com/watch?v=JyTFZefMvZ8 , ha clasificado muchísimos datos sobre el impacto de la ganadería en el cambio climático. Son considerados de cierta forma exagerados. Pero sus dimensiones son tan grandes que, de todos modos, añaden otro clavo a nuestro ataúd.

Los animales emiten metano, no emiten CO2, pero el metano es al menos 25% más dañino que el CO2. La ONU reconoce que, si bien todos los medios de transporte, desde automóviles hasta aviones, contribuyen al 13% de las emisiones, las vacas lo hacen en un 18%…

Pero el verdadero problema es el uso del agua, un tema clave que no tenemos forma de abordar en este artículo. El agua es considerada incluso por los estrategas militares, como una muy próxima causa de conflictos, como el petróleo lo ha sido durante mucho tiempo.

Para producir medio kilo de carne se necesitan usa 10.000 litros de agua. ¡Eso significa que una hamburguesa es equivalente a dos meses de duchas…! Para obtener 1 litro de leche, se necesitan 1000 litros de agua. Las personas en todo el mundo usan una décima parte de lo que necesitan las vacas. El ganado usa el 33% de toda el agua disponible y el 45% de la superficie aprovechable del planeta. Además, es la causa del 91% de la deforestación de la Amazonía y producen 130 veces más desechos que los seres humanos.

La cría de cerdos en Holanda está creando serios problemas porque sus desechos ácidos están reduciendo las tierras utilizables. Y el consumo de carne está aumentando muy rápidamente en Asia y África, ya que se considera un objetivo a alcanzar los niveles de consumo de los países ricos.

A este grave impacto en el planeta, se ha unido una fuerte paradoja de sostenibilidad para la población humana. Actualmente somos 7,590 millones de personas y pronto llegaremos a 9,000 millones. La producción total de alimentos en el mundo podría nutrir de 13 a 14 mil millones de personas. De estos alimentos, una parte considerable se desperdicia y no llega a las personas (tema para un artículo separado). La comida para los animales podría alimentar a 6 mil millones de personas y tenemos mil millones de personas muriendo de hambre. Esto prueba lo lejos que estamos de utilizar los recursos racionalmente para los habitantes de la Tierra. Tenemos suficientes recursos para todos, pero no los administramos racionalmente. El número de obesos ha igualado al de las personas que mueren de hambre.

La solución lógica en esta situación sería llegar a un acuerdo sobre una gobernanza global, en el interés de un planeta para la humanidad. Sin embargo, vamos en la dirección opuesta. El sistema internacional está asediado por el nacionalismo, que hace cada vez más imposible llegar a soluciones significativas.

Concluyamos con un último ejemplo: sobrepesca. Han pasado dos décadas desde que la Organización Mundial del Comercio (que no forma parte de la ONU y se construyó en disparidad con el foro mundial) trata de llegar a un acuerdo sobre la pesca excesiva con mega redes, que recolectan una enorme cantidad de peces: 2.7 billones, de los cuales solo se usa una quinta parte y se botan los cuatro quintos restantes.

En la última conferencia de la OMC celebrada el 13 de diciembre en Buenos Aires, los gobiernos tampoco pudieron llegar a un acuerdo sobre cómo limitar la pesca ilícita. Los grandes peces han disminuido el 10% desde 1970. Y estamos explotando un tercio de todas las reservas. Se estima que la pesca ilegal coloca entre 10 mil millones y 23 mil millones en el mercado negro, según un estudio de 17 agencias especializadas, con una lista completa de nombres. Y nuevamente, los gobiernos gastan 20 mil millones de dólares por año para financiar el aumento de su industria pesquera… otro ejemplo de cómo los intereses se anteponen al bien común.

Creo que ahora tenemos suficientes datos para darnos cuenta de la incapacidad de los gobiernos para tomar en serio sus responsabilidades, porque disponen de la información necesaria para saber que nos dirigimos hacia un desastre.

En un mundo normal, la declaración de Trump de que el control del clima es un cuento chino, y que se inventó contra los intereses de Estados Unidos, debería haber causado una conmoción global. Además, si bien las políticas internas de Trump son una cuestión estadounidense, el clima está afectando a los 7.590 millones de habitantes del planeta, y Trump fue elegido por menos de una cuarta parte de las personas con derecho a voto de USA: aproximadamente 63 millones. Demasiado poco para imponer decisiones que afectan a toda la humanidad.

Actualmente, los ministros europeos se rigen por un proverbio que dice “el dinero habla y las ideas murmuran…” Hay muchos que se están preparando para especular sobre el cambio climático. Ahora que hemos perdido el 70% de hielo del polo norte y las compañías navieras se preparan a utilizar la Ruta del Norte, lo que reducirá el costo y la duración del transporte en un 17%. Y la industria vinícola británica, desde el calentamiento del planeta, está aumentando la producción en 5% cada año.

Los viñedos plantados en el sur de Inglaterra, con un suelo calcáreo, ahora se los compran los productores de Champagne, que planean mudarse allí. El Reino Unido ya produce 5 millones de botellas de vino y vinos espumosos, los que se venden todos. Esta Navidad, el espumante local superará a los champañas, cavas, prosecco y otras bebidas navideñas tradicionales.

Hemos registrado en vano, el aumento de los huracanes y las tormentas, también en Europa, y una propagación récord de incendios forestales. La ONU estima que al menos 800 millones de personas serán desplazadas por el cambio climático, lo que hará inhabitable varias partes del mundo. ¿A dónde irán? No a los Estados Unidos ni a Europa, donde son vistos como invasores.

No olvidemos que la crisis siria se produjo después de cuatro años de sequía (1996-2000) que desplazó a más de un millón de campesinos a las ciudades. El consiguiente descontento alimentó la guerra, que hasta ahora contabiliza 400,000 muertos y seis millones de refugiados. Cuando los ciudadanos se percaten de los daños, será demasiado tarde. Los científicos piensan que será nítidamente evidente después de treinta años.

Entonces, ¿por qué nos preocupamos ahora? Ese es un problema para la próxima generación. Las multinacionales continuarán ganando dinero hasta el último minuto, con la complicidad de los gobiernos y su apoyo, así que, aprovechemos la marea del cambio climático.

Vamos a comprar una buena botella de champán británico, para beberlo en una línea de cruceros de lujo sobre el Polo, y dejemos que la orquesta siga tocando, ¡como lo hizo en el Titanic hasta el último minuto!

Roma, 3 de diciembre 2017

Roberto Savio es fundador de IPS Inter Press Service y Presidente Emeritus.

Fonte: America Latina en Movimiento on line, janeiro 2018.

A solução para a Terra não cai do céu

O que vou escrever aqui será de difícil aceitação pela maioria dos leitores e leitoras. Embora o que diga seja fundado nas melhores cabeças científicas, que há quase um século, vêm pensando o universo, a situação do planeta Terra e seu eventual colopso ou um salto quântico para outro nível de realização, não penetrou, no entanto, na consciência coletiva nem nos grandes centros acadêmicos. Continua imperando o velho paradigma, surgido no século XVI com Newton, Francis Bacon e Kepler, atomístico, mecanicista e determinístico como se não tivesse existido um Einstein, um Hubble, um Planck, um Heisenberg, um Reeves, um Hawking, um Prigogine, um Wilson, um Swimme, um Lovelock, um Capra e tantos outros que nos elaboraram a nova visão do universo e da Terra.

Para iniciar cito as palavras do prêmio Nobel de biologia(1974) Christian de Duve que escreveu um dos melhores livros sobre a história da vida:”Poeira vital: a vida como imperativo cósmico (Campus 1997):”A evolução biológica marcha em ritmo acelerado para uma grave instabilidade. O nosso tempo lembra uma daquelas importantes rupturas na evolução, assinaladas por grandes extinções em massa”(p.355). Desta vez ela não vem de algum meteoro rasante como em eras passadas que quase eliminou toda vida, mas do próprio ser humano que pode ser não só suicida e homicida, mas também ecocida, biocida e por fim geocida. Ele pode pôr fim à vida no nosso planeta, deixando apenas os microorganismos do solo que se contam em quatrilhões de quatrilhões de bactérias, fungos e virus.

Em razão desta ameaçada montada pela máquina de morte fabricada pela irracionalidade da modernidade, se introduziu a expressão antropoceno, uma espécie de nova era geológica na qual a grande ameaça de devastação se deriva do próprio ser humano (antropos). Ele interveio e continua intervindo de forma tão profunda nos ritmos da natureza e da Terra que está afetando as bases ecológicas que os sustenta. Segundo os biólogos Wilson e Ehrlich desaparecem entre 70 a 100 mil espécies de seres vivos por ano devido a relação hostil que o ser humano mantem com a natureza. A consequência é clara: a Terra perdeu seu equilibrio e os eventos extremos o mostram irrefutavelmente. Só ignorantes como R.Trump negam as evidências empíricas.

Em contrapartida, o conhecido cosmólogo Brian Swimme que na Califórnia coordena uma dezena de cientistas que estudam a história do universo se esforçam para apresentar uma saída salvadora. En passant se diga que B. Swimme, cosmólogo e o antropólogo das culturas Thomas Berry, publicaram, com os dados mais seguros da ciência, um história do universo, do big-bang até os dias atuais (The Universe Story San Francisco, Harpert 1992) conhecido como o mais brilhante trabalho até hoje realizado. A tradução foi feita mas a tolice dos editores brasileiros predominou e até hoje não foi lançado. Criaram a expressão a era ecozóica ou o ecoceno, uma quarta era biológica que sucede ao paleozóico, ao mesozóico e ao nosso neozóico. A era ecozóica parte de uma visão do universo em cosmogênse. Sua característica não é a permanência mas a evolução, a expansão e a auto-criação de emergencias cada vez mais complexas que permitem o surgimento de novas galaxias, estrelas e formas de vida na Terra, até a nossa vida consciente e espiritual. Não temem a palavra espiritual porque entendem que o espírito é parte do próprio universo, sempre presente mas que num estágio avançado da evolução se tornou em nós autoconsciente, percebendo-nos como parte do Todo.

Esta era ezóica representa uma restauração do planeta mediante uma relação de cuidado, respeito e reverência face a esse dom maravilhoso da Terra viva. A economia não é da acumulação mas do suficiente para todos de modo que a Terra refaça seus nutrientes.

O futuro da Terra não cai do céu mas das decisões que tomarmos no sentido de estarmos em consonância com os ritmos da natureza e do universo. Cito Swimme:”O futuro será determinado entre aqueles comprometidos com o Tecnozóico, um futuro de exploração crescente da Terra como recurso, tudo para o benefício dos humanos e aqueles comprometidos com o Ecozóico, um novo modo de relação para coma Terra em que o bem-estar de toda a comunidade terrestre é o principal interesse”(p.502).

Se esse não predominar conheceremos possivelmente uma catástrofe, desta vez efetuada pela própria Terra, para se livrar de uma de suas criaturas que ocupou todos os espaços de forma violenta e ameaçadora das demais espécies, que, por terem a mesma origem e o mesmo código genético, são seus irmãos e irmãs, não reconhecidos mas maltratados e até assassnados. Temos que merecer subsistir nesse planeta. Mas isso depende de uma relação amigável para com a natureza e a vida e uma profunda transformação nas formas de viver. Swimme ainda acrescenta:”Não poderemos viver sem aquele insight especial que as mulheres têm em todas as fases da existência humana”(p.501).

Essa é a encruzilhada de nosso tempo: ou mudar ou desaparecer. Mas quem crê nisso? Nos continuamos a gritar.

*Leonardo Boff escreveu com o cosmólogo Mark Hathaway O Tao da libertação sobre a nova cosmologia, Vozes 2010.

Retroceder para saltar mejor

 

La Navidad no solo es una pausa en los quehaceres de la vida, sino tiempo denso para el encuentro festivo con familiares y amigos en torno a la celebración del Puer aeternus, el nacimiento de Dios bajo forma humana. La antropología cristiana va a afirmar que el ser humano sólo será plenamente humano si la Última Realidad, Dios, se hace también humana. Los Padres antiguos enseñaban que “Dios se hizo hombre (ser humano) para que el hombre se hiciese Dios”. Detrás está la comprensión, también de los modernos, de que el ser humano es impulsado por un deseo infinito que solamente descansa cuando en su proceso de individuación identifica una Realidad igualmente infinita que le es adecuada. Es la experiencia de San Agustín del cor inquietum (el corazón inquieto) que sólo se aquieta cuando encuentra finalmente el Infinito deseado.

Ese día principal tiene también un significado antropológico relevante: refuerza valores y sueños que deben sustentarnos durante toda la vida o por lo menos durante todo un año, sueños de paz, de reconciliación, de solidaridad y de amor. El año que entra, 2018, promete ser un año cargado de tensiones e incluso de violencias, en el mundo y en Brasil.

En el mundo existe el peligro de que dos líderes políticos, el presidente norteamericano y el jefe político de Corea del Norte, pierdan el sentido de la vida humana y de la responsabilidad por la Casa Común y desencadenen un proceso de guerra con armas nucleares que pueden poner en peligro la biosfera y las condiciones vitales de la civilización humana. No se puede jugar con el principio de autodestrucción que nuestra civilización tecnológica irracionalmente creó.

Tampoco debemos olvidar los lugares de gran peligrosidad para nuestro futuro: el Oriente Medio, la cuestión palestina nunca resuelta y ahora agravada con la intervención del presidente Ronald Trump al declarar a Jerusalén única capital del Estado de Israel, destruyendo los puentes frágiles de diálogo y de negociación entre israelitas y palestinos.

Sería demasiada insensibilidad no referirnos a los millones de personas hambrientas en el mundo, especialmente a los condenados a morir de hambre en África, niños y adultos. Es un viacrucis de sufrimiento, tanto más doloroso cuanto tenemos conciencia de que podríamos evitarlo totalmente, pues disponemos de condiciones tecnológicas y financieras para ofrecer a cada uno de los habitantes de este planeta una vida suficiente y decente. No lo hacemos porque todavía no sentimos al otro como un co-igual, un hermano y una hermana, un compañero en nuestro corto paso por la Tierra. No tenemos voluntad ético-política y humanitaria. Predomina el individualismo y el egocentrismo dentro de la lógica férrea de la competencia sin las señales específicas que nos hacen humanos: la solidaridad.

Vivimos, en términos globales, con la clara percepción de una ruptura civilizatori, es decir, el mundo no puede continuar tal como se organiza, pues nos llevaría a un camino sin retorno. Vale la pena repetir lo que dijo Z. Bauman en su última entrevista antes de fallecer: “Estamos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadero dilema: o nos damos las manos o nos unimos al cortejo fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común”.

Brasil es nuestro caso particular. Vivimos desde 2016 tiempos de gran desamparo y desesperanza colectiva, causados por la destitución, cuestionada hasta hoy por las más lúcidas inteligencias jurídicas y políticas de nuestro país, lo que ha dado lugar a un Estado de excepción, con políticas sociales altamente restrictivas de derechos conquistados por el mundo del trabajo y por los más vulnerables, todo de espaldas al pueblo y en contra de preceptos constitucionales. Nadie puede decir cuál será el desenlace de la crisis de nuestro sistema político-social.

Tenemos la esperanza de que el sufrimiento colectivo no será en vano. Como dice un proverbio francés: “réculer pour mieux sauter” (“retroceder para saltar mejor”). Seguramente saldremos mejores de esta crisis, con un proyecto de nación más fundacional y soberano. El retroceso es para saltar mejor y más alto. Se trata de salvar y profundizar la democracia de cuño eco-social y las libertades democráticas.

Esta es una tarea no solo de este momento crucial sino una tarea del día a día, según las sabias palabras de Goethe en su Fausto: Sólo gana su libertad y su existencia aquel que diariamente las reconquista.

Estos son mis deseos para todos y todas en 2018.

*Leonardo Boff es articulista del JB online y en febrero saldrá publicado su libro Brasil: profundizar la refundación o prolongar la dependencia por la Editora Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Recuar para saltar melhor

O Natal não é apenas uma pausa na labuta pela vida, tempo denso para o encontro  festivo com os familiares e amigos ao redor da celebração do Puer aeternus, o nascimento de Deus sob a forma humana. A antropologia cristã irá afirmar que o ser humano só será plenamente humano, se a Última Realidade, Deus, se fizer também humana. Ensinavam os Padres antigos que “Deus se fez homem (ser humano) para que o homem se fizese Deus”. Por detrás está a compreensão, também dos modernos, de que o ser humano é movido por um desejo infinito que somente descansa quando identificar no seu  processo de individuação uma Realidde igualmente infinita, a ele adequada. É a experiência de Santo Agostinho do cor inquietum  (o coração inquieto) que só se aquieta quando encontra finalmente o Infinito desejado.

Esse dia maior possui também um significado antropológico relevante:  reforça valores e sonhos que nos devem sustentar por toda uma vida, ao menos, por todo um ano, sonhos de paz, de reconciliação, de solidariedade e de amor. O ano que entra, 2018, promete ser um ano carregado de tensões e até de violências no mundo e no Brasil.

No mundo há o risco de que dois líderes políticos, o presidente norte-americano e o chefe político da Coréia do Norte, perderem o sentido da vida humana e a responsabilidade pela Casa Comum e deslancharem um processo de guerra  com armas nucleares que podem pôr em risco a biosfera e as condições vitais da civilização humana. Não se pode brincar com o princípio de auto-destruição que nossa  civilização tecnológica irracionalmente criou.

Não devemos esquecer também os lugares de grande periculosidade para o nosso futuro: o Oriente Médio, a questão palestina nunca resolvida e agora agravada pela intervenção do presidente Ronald Trump ao declarar Jerusalém a capital exclusiva do Estado de Israel, destruindo as pontes frágeis de diálogo e de negociação entre israelenses e palestinos.

Seria insensibildade demasiada de nossa parte, não nos referirmos aos milhões de famintos do mundo, especialmente aos condenados de morrer de fome na Afria, adultos e principalmente crianças. É uma via-sacra de sofrimento, tanto mais doloroso quanto temos consciência de que poderíamos evitá-lo totalmente, pois dispomos de condições tecnólogicas e financeiras para oferecer a cada um dos habitantes deste planeta uma vida suficientemente abastecida e decente. Não o fazemos porque ainda não sentimos o outro como um co-igual, um irmão e uma irmã,  um companheiro na curta passagem pela Terra. Não temos vontade ético-política e humanitaria. Predomina o individualismo e o egocentrismo dentro da lógica férrea da concorrência sem sinais específicos que nos fazem humanos: a solidariedade.

Vivemos, em termos globais, a clara percepção de uma ruptura civilizatória: vale dizer, assim como o mundo se organiza não pode continuar, pois nos levaria a um caminho sem retorno. Vale repetir o que disse Z. Bauman em sua última entrevista antes de falecer: ”Estamos (mais do que nunca antes na história) em uma situação de verdadeiro dilema: ou nos damos as mãos ou nos juntamos ao cortejo fúnebre do nosso próprio enterro em uma mesma e colossal vala comum”.

O Brasil é o nosso caso particular. Vivemos desde 2016 tempos de grande desamparo e desesperança coletiva, pela deposição até hoje questionada pelas mais lúcidas inteligências jurídicas e políticas de nosso país, dando lugar a um Estado de exceção, com políticas sociais altamente restritivas de direitos conquistados pelo mundo do trabalho e pelos mais vulneráveis, tudo de costas para o povo e à revelia de preceitos constitucionais. Ninguém pode nos dizer qual será o desfecho final da crise de nosso sistema politico-social.

Temos esperança de que o sofrimento coletivo não será em vão. Como diz um proverbio francês: “réculer pour mieux sauter” :“recuar para saltar melhor”. Seguramente  sairemos desta crise melhores, com um projeto de nação mais fundacional e soberano. O recuo é para saltar melhor e mais alto. Trata-se de salvar e aprofundar a democracia de cunho eco-social e as liberdades democráticas.

Essa é uma tarefa não apenas desse momento crucial mas tarefa diuturna, consoante as sábias palavras de Goethe em seu Fausto:”Só ganha a sua liberdade e a existência aquele que diariamente as reconquista”.

Estes são meus votos a todos e a todas para 2018.

Leonardo Boff é articulista do JB on line e em fevereiro sairá o livro: Brasil: aprofundar a refundação ou prolongar a dependência pela Editora Vozes 2018.