La urgencia de cuidar de la Tierra y de la vida

No dia 23 de outubro de 2014 tive a palestra de abertura do Encuentro Mundial de Valores, realizado em Monterrey no México com mais de mil pessoas participando e com outros 80 paises coligados por distintos meios. Participaram conferencistas de vários paises do Ocidente e do Oriente com suas distintas visões de valores. Esse evento acontece cada ano e mobiliza muita gente da cidade e do país. Publico aqui a conferência que dei, cujas ideias básicas se encontram em meus livros e artigos.

**********************

                               La urgencia de cuidar de la Tierra y de la vida

El Tao de la Liberación: explorando la ecología de transformación

Antes de empezar mi exposición quiero aclarar dos términos, el Tao y la ecología de transformación

       1.Aclaración de los términos

Tomamos el Tao del libro atribuido a Lao-tsé (551-479 aC) Tao Te Ching de la antigua China. El ideograma que expresa el Tao combina dos conceptos: el de camino y el de sabiduría. En su sentido originario el Tao es la Realidad Suprema y el modo como el universo funciona. Más concretamente el Tao es aquella fuerza misteriosa e inefable que nos hace caminar o crear un camino hacia la sabiduría intrínseca al universo. El Te es la manera como el Tao toma forma concreta entre nosotros. Ching significa el “libro clásico”. Análogos al concepto de Tao son el Malkuta de Jesús, el reinado, los principios de la politica de Dios en su creación o también el Dharma del budismo que significa el modo como funcionan las cosas en su orden y armonía.

Ecología de transformación representa el nuevo paradigma, capaz de transformar la actual crisis sistémica de la Tierra en un nuevo orden más alto con actitudes de cuidado y de responsabilidad colectiva frente al futuro común.

  1. El proyecto de la modernidad y sus presupuestos

Dos ejes han orientado toda la investigación que nos  costó a mi compañero, eminente pedagogo y cosmólogo Mark Hathaway, y a mí, más de 13 años de intenso trabajo: los pobres y la Tierra crucificada. Nos dimos cuenta de que la lógica que explota al trabajador, a las clases subalternas y a las sociedades, es la misma que explota la naturaleza y devasta la Tierra. Si la opción por los pobres contra la pobreza es la marca registrada de la Teología de la Liberación, entonces, hay que incluir entre los  pobres el gran Pobre que es el Planeta Tierra. Él también tiene que ser liberado y bajado de la cruz.

Esta lógica de explotación está presente en los padres fundadores del paradigma moderno como Galileo Galilei, Newton y especialmente Francis Bacon, el fundador del método científico moderno. Hasta ellos la Tierra era vista como Magna Mater, la Gran Madre que nos regala todo. Para ellos la Tierra es una sencilla res extensa, una cosa sin vida y sin propósito, algo a la total disposición del ser humano, que puede explotar todos sus bienes y servicios para su proyecto histórico.

El proyecto de estos padres fundadores se centraba en la idea de la conquista y dominación de la naturaleza, de las tierras y de los pueblos. Y así ocurrió en África, América Latina y Asia. Todo debía servir al ideal del progreso, o desarrollo ilimitado. En función de este paradigma se proyectó la tecnociencia, que ha cambiado la faz de la Tierra. No hay región o ecosistema que no hayan conquistados y sometidos al proyecto del desarrollo. El desarrollo y el crecimiento se expresan por la acumulación también ilimitada de riquezas materiales.

Ese proyecto prometeico produjo grandes comodidades para los seres humanos, desde la invención del antibiótico, que prolonga nuestras vidas, hasta llegar a la Luna y volver de ella. Pero al mismo tiempo ha creado una máquina de muerte con armas químicas, biológicas y nucleares que pueden destruir toda la vida del planeta cientos de veces. Nos hemos apropiado de nuestra propia muerte colectiva. Ya no necesitamos la intervención apocalíptica de Dios, como comentaba el historiador inglés Arnold Toynbee.

Este proyecto partía de dos presupuestos: los bienes y servicios de la Tierra eran infinitos, un baúl del cual podíamos sacar indefinidamente todo lo que queríamos. Y podríamos seguir progresando hacia el futuro también infinitamente. Pero ocurre que estos dos infinitos se han revelado ilusorios.

La Tierra es un planeta pequeño, viejo y ahora enfermo. Tiene bienes y servicios limitados y muchos no son renovables. Un planeta finito no soporta un proyecto infinito. Hemos tocado los límites físicos de la Tierra. Para que ella pueda reponer todo lo que le sacamos cada año necesita un año y medio de tiempo. Esto significa que la Tierra ya no es sostenible.

No podemos seguir infinitamente hacia el futuro porque si quisiéramos socializar el bienestar de los países ricos del Norte del mundo para toda la humanidad, necesitaríamos por los menos tres Tierras iguales a esta. Lo que evidentemente muestra los límites del crecimiento o del desarrollo ilimitados.

  1. 3. La nueva era geológica: el antropoceno

Como decía Michel Serres en su libro Guerre Totale, los seres humanos se han organizado de tal forma que están llevando a cabo una guerra implacable contra Gaia, en los suelos, en el aire, en los océanos y en todas las partes. El ser humano se ha transformado en el Satán de la Tierra. Según muchos científicos, especialmente Paul J. Creutzen, holandés y premio Nobel de química en 1995, en las últimas décadas hemos creado una nueva era geológica: el antropoceno. El antropoceno significa que la gran amenaza a la vida en la Tierra ya no es un meteoro rasante como sucedió antiguamente que, en15 grandes devastaciones, eliminó gran parte de la vida, sino que ahora la perversa amenaza de autodestrucción es el ser humano. Como decía el gran biólogo de Harvard, Edward O. Wilson, en su libro Creación: como salvar la vida en la Tierra (2006): “la especie humana es la primera especie en la historia de la vida en la Tierra que se ha hecho una fuerza geofísica destructiva” (p.38).

El proceso industrialista es tan feroz que, según los cálculos de Wilson, hace desaparecer al año entre 27-100 mil especies de organismos vivos. Esto es una verdadera devastación como en eras primitivas.

La forma como la Tierra acusa esta sistemática agresión, por ser un super-Ente vivo, Gaia, es una fiebre que no termina de subir. Es el calentamiento global que al aumentar dos grados centígrados (estamos cerca de esto) puede afectar profundamente al sistema-vida y al sistema-Tierra. Lo peor que nos puede suceder es no hacer nada, como los Encuentros Mundiales sobre el Calentamiento lo han demostrado. La Academia Norteamericana de Ciencias ya en 2002 advertía que “el paradigma de un calentamiento abrupto ya está bien establecido por la investigación científica hace más de diez años, pero este dato es poco conocido y no tomado en serio por los policymakers (los políticos)”. Este fenómeno puede ocurrir de forma rápida y dramática, en pocos años. El calentamiento puede aumentar abruptamente de 4,5 a 6 grados centígrados.

Varios científicos han declarado que con este nivel de calentamiento, ninguna forma de vida conocida puede subsistir y gran parte de la humanidad puede desaparecer. Pero como tenemos tecnologías, podemos crear islas o puertos en donde algunos millones de personas puedan salvarse, pero gran parte de la humanidad estaría condenada. Un científico especializado en oceanografía, Pieter Tans, dijo en una entrevista: “Estamos jugando a una ruleta rusa con el revólver apuntado hacia la generación de nuestros hijos y nietos” (Richard Miller, Global Climate Disruption and Social Justice, en R. Miller editor, God, Creation, and Climate Change, N.Y. 2010, p. 16-17). Esto sería una gran desgracia porque nosotros necesitamos a la Tierra. Ella no nos necesita a nosotros. Puede continuar, cubierta de cadáveres, pero sin nosotros.

Tanto Mark Hathaway como yo hemos tomado muy en serio la advertencia de la primera frase de la Carta de la Tierra, seguramente uno de los documentos más importantes del principio del siglo XXI, ya asumido por la UNESCO, en cuya redacción pude participar junto con Gorbachov, Steven Rockfeller y Maurice Strong entre otros: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en una época en que la humanidad debe elegir su futuro… La elección es esta: o formar una alianza global para cuidar de la Tierra y unos de otros, o arriesgar nuestra destrucción y la de la diversidad de la vida” (Prólogo).

Rechazamos la idea de que esta advertencia sea fatal y la especie humana y su proyecto civilizatorio, que tanto nos ha costado, pueda desaparecer en las próximas generaciones. Pero hay que estar atentos porque no podemos llegar atrasados ni equivocarnos. No tenemos una Arca de Noé que pueda salvarnos a todos.

Para repensar esta crisis sistémica y global, para que sea profundizada y encontremos caminos alternativos que apunten hacia otra forma de habitar la única Casa Común que tenemos, la Madre Tierra, con más cuidado, reverencia y respeto, nos propusimos producir esta obra que fue bien recibida por la comunidad científica, hasta el punto de ser galardonada en Estados Unidos por la Institución Nautilus, en el año 1210, con la medalla de oro en el campo de la Nueva Ciencia y Cosmología.

Para realizar esta tarea nos han iluminado los muchos saberes de las varias ciencias de la vida y de la Tierra, nos han ayudado las aportaciones de la sabiduría oriental y de nuestros pueblos originarios. Hemos asumido la perspectiva contemporánea del universo en cosmogénesis que nos ha permitido una visión holística y total de todo el proceso cósmico aún en expansión.

No es este el lugar para hacer la crítica del paradigma de la modernidad, al que hemos dedicado en el libro muchas páginas. Lo damos como ya desmantelado por la crítica de varias ciencias. Ha cumplido su misión histórica, pero ha agotado sus virtualidades internas. Ya no tiene nada de alternativo que ofrecernos.cDe continuar, imponiéndose con violencia, puede llevarnos al abismo. Como decía el historiador inglés Eric Hobsbawam en la última frase de su famoso libro La era de los extremos (1999): “nuestro futuro no puede ser la continuación del pasado; nuestro mundo corre el riesgo de explosión y de implosión. Tiene que cambiar. La alternativa al cambio es la oscuridad”. En otro lugar dice simplemente: “o cambiamos o morimos”.

Nunca la humanidad histórica pasó por una amenaza de esta magnitud, la de tener en sus manos su destino fatal y final. Si queremos sobrevivir, tenemos que reinventarnos como humanidad. Y como veremos, no vamos a lograrlo sin una espiritualidad que ame y respete todas las cosas, descubriendo dentro de ella aquella Energía poderosa y amorosa que sostiene el todo y que las tradiciones espirituales llamaron Tao, Shiva, Alah, de Huitzilopochtli, Inti, Javé o sencillamente Dios.

La sabiduría del universo nos lleva a pasar de una visión de la Tierra y del cosmos de máquina a organismo; de lo determinista y lo aleatorio a la manifestación creativa; de la estabilidad a la evolución; de la objetividad a la participación; de la falta de propósito al sentido.

  1. El enfrentamiento de dos cosmologías

En este momento se enfrentan dos grandes cosmologías, la dominante llamada cosmología de la dominación y la emergente cosmología de transformación.

Por cosmología entendemos la visión de mundo o cosmovisión que está en la base de las ideas, de las prácticas, de los proyectos y de las utopías de una sociedad. Cada cultura tiene su cosmología. Por ella se procura aclarar el origen, la evolución y el propósito del universo e identificar nuestro lugar en el conjunto de los seres.

La cosmología de dominación ya la hemos descrito anteriormente. Se caracteriza por ser mecanicista, atomística, deteriminística y reduccionista. La manera agresiva con la cual se relaciona con la Tierra hace que el 20% de la población mundial controle y consuma el 82,4% de los bienes y servicios naturales mientras el 80% más pobre tiene que contentarse con el 1,6% de los mismos.

Este sistema crea una doble injusticia: una social y otra ecológica. La social es el abismo entre los pocos ricos y los muchos pobres; la ecológica es la superexplotación de ecosistemas enteros con la enorme desaparición de organismos vivos y la desestabilización del equilibrio de la Madre Tierra.

La cosmología de transformación es alternativa y potencialmente salvadora. Ya tiene más de un siglo de elaboración, prácticamente desde Albert Einstein y culminó en la Carta de la Tierra. Ella sitúa toda la realidad dentro de la cosmogénesis, que es aquel inmenso proceso de la evolución que se inauguró hace ya 13,7 mil millones de años a partir del big bang. El universo, según esta comprensión, está continuamente expandiéndose, autoorganizándose y autocreándose. Su estado natural es la evolución y no la estabilidad, la transformación, no la inmutabilidad y la permanencia.

En él todo es relación en redes y nada existe fuera de esta relación. A raíz de esto, todos los seres son interdependientes y colaboran entre sí para coevolucionar y garantizar la vigencia de todos los factores del equilibrio cósmico y de la propia Tierra.

Por detrás del universo y de cada ser actúa la Energía de Fondo que fue llamada Vacío Cuántico, y que de vacío no tiene nada porque está llena de virtualidades. La denominaron también Abismo generador de donde todo  emerge o Fuente originaria de todos los entes, que los sostiene en su existencia y hace surgir continuas manifestaciones nuevas, dependiendo del nivel de complejidad alcanzada en el proceso de la cosmogénesis.

La más espectacular de ellas es seguramente para nosotros la Tierra viva, con toda la comunidad de vivientes y especialmente la presencia del ser humano consciente y libre. Él es la porción de la Tierra que siente, piensa, ama, cuida y venera. Tiene la misión ética de cuidar y guardar esta herencia sagrada recibida del universo y de Dios.

Pero en este momento vivimos tiempos de urgencia. El conjunto de las crisis actuales está creando una espiral de necesidades de cambio que, al no ser implementadas, pueden conducir al planeta a un gran caos destructivo. Pero si sabemos manejarlas podremos transformar el caos destructivo en caos generativo, capaz de ofrecer las oportunidades de un otro estadio civilizatorio, con una relación benevolente y amiga con la Tierra.

Porque la cosmología de dominación sigue siendo hegemónica y decadente, en este momento la cosmología de transformación puede sernos inspiradora. Contrariamente a la dominación de la naturaleza, puede ponernos en su seno con un profundo sentido de pertenencia, de sintonía y de sinergia. En lugar de una globalización homogeneizadora de las diferencias, este nuevo paradigma crea la oportunidad de un bioregionalismo, que valora las diferencias y comprende los biomas según el trazado ya hecho por la Tierra, sea por las montañas sea por los cursos de los ríos. Las sociedades pueden ser autosostenibles a partir de las potencialidades de las biorregiones, fundadas en el respeto a los ritmos y límites de cada una de estas biorregiones, ecologizando todos los saberes, incluyendo las tradiciones, la cultura local y la participación de las poblaciones del lugar, buscando el “bien vivir” que es la armonía entre todos, con la naturaleza y la Madre Tierra (Pachamama).

Lo que caracteriza esta cosmología de transformación es el cuidado en lugar de la dominación, el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser en lugar de su utilización egoísta por los seres humanos, el respeto hacia todas las formas de vida y la dignidad de naturaleza y los derechos de la Tierra en lugar de la falta de respeto y su explotación ilimitada.

La fuerza de esta cosmología reside en el hecho de estar más acorde con las necesidades humanas reales y con la lógica misma del universo. Al hacerse hegemónica y al triunfar sobre la cosmología de la dominación, van a crearse las bases para otro ensayo civilizatorio en el cual el cuidado, la cooperación, la solidaridad con los más débiles, la compasión, el respeto, el amor, la alegría de vivir y una aura de espiritualidad ganaran centralidad. Esto significaría el gran viraje salvador que tanto necesitamos si decidimos aún vivir sobre este planeta.

Pero hay que ser realistas: junto con todos estos valores positivos nos acompañan también sus contradicciones, porque nuestra condición humana es la de ser sapientes y dementes, portadores de amabilidad y también de enemistad. Pero hay que crear el espacio para que la dimensión de luz tenga más derecho y triunfe sobre la dimensión de sombra.

  1. El rescate de la razón sensible o cordial

Para alcanzar estos fines tan altos se hace urgente un proceso previo: el rescate de la razón sensible o cordial como muchos autores modernos ―de ellos en lengua española Adela Cortina―, lo están postulando. Este tipo de razón se propone ser un correctivo a la irracionalidad de nuestra razón instrumental-analítica que ha creado los instrumentos de nuestra destrucción, y a la vez una complementación de esta razón intelectual, que es irrenunciable, si queremos crear y mantener los medios de nuestra subsistencia en la Tierra. Pero solo con la razón instrumental no vamos a conseguirlo. Como decía Martin Heidegger en su famosa entrevista referiéndose a la crisis de la modernidad científica: “solo un Dios nos puede salvar”.

La razón sensible o cordial tiene cerca de 210 millones de años cuando surgieron los mamíferos. En ese momento irrumpió el cerebro límbico que se sobrepone al cerebro reptil, cuya aparición se produjo hace 300 millones de años. Con el cerebro límbico surgió algo único que no existía aún en el universo conocido: el cuidado, el cariño, el sentimiento y el amor. Al dar a luz a su cría, los mamíferos muestran todos estos comportamientos. Nosotros olvidamos que somos mamíferos intelectuales. En lo más profundo de nosotros, esto lo saben los psicoanalistas, somos seres de afecto, de pasión y de sensibilidad. En la razón cordial está el mundo de las excelencias, del amor, de la solidaridad y también de lo contrario. Ahí se encuentra el lugar adecuado de los valores, de la ética y de la espiritualidad.

La razón intelectual tiene su lugar en el cerebro neocortical (neocórtex) que tiene solamente 6-7 millones de años. Es el lugar del raciocinio formal, de la lógica de los conceptos, del lenguaje, de los proyectos de intervención consciente en la naturaleza y de la elaboración de nuestras visiones. Ocurre que históricamente la razón sensible fue puesta al margen y hasta criticada porque se pensaba que iba impedir la objetividad del análisis científico. Hoy sabemos que todo saber está impregnado de sensibilidad y de intereses. Con su marginación predominó la razón instrumental-analítica creando un mundo, como decía ya Pascal, sin “esprit de finesse” y solamente con “esprit de géometrie”, frio, calculador, adecuado al sistema que se impuso, el mundo de la tecnociencia, tanto en su forma capitalista, como en su forma socialista. En el fondo la razón es poder, y poder ejercido como dominación del otro.

Hoy es fundamental añadir la razón cordial y sensible a la razón intelectual. Es la razón cordial la que nos mueve a cuidar de la naturaleza, a amar y venerar a nuestra Madre Tierra y a mantener las bases físicas y químicas que sustentan la vida, tan fuertemente amenazadas. Sin el corazón no hay salvación para nuestra Casa Común, la Tierra.

  1. Alternativas en curso, sus principios y travesías

¿Cuáles son las alternativas viables que se contraponen al paradigma vigente, enemigo acérrimo de la vida? Aquí hay que reconocer la disparidad del equilibrio de fuerzas. Como decíamos antes, la cosmología de dominación sigue todavía triunfante, pero llena de contradicciones y en plena crisis sistémica. Ya no tiene razones convincentes para imponerse. Por eso utiliza la fuerza económica, política, cultural y especialmente la militar. Su límite insuperable es que no nos puede presentar ninguna esperanza hacia el futuro, sino más crisis, sin excluir una catástrofe ecológico-social de proporciones planetarias que sacrificaría especialmente a millones de pobres.

La cosmología de transformación está brotando por todas partes en innumerables movimientos, en cuerpos de la ciencia de alto nivel, especialmente en la astrofísica y en la nueva cosmología y particularmente por el compromiso ecológico que gana más y más fuerza en las conciencias. Nuestra angustia está, en palabras de Antonio Gramsci, en que los viejos dioses no acaban de morir y los nuevos no acaban todavía de nacer. Pero tenemos una ventaja incomparable: por aquí hay camino, por aquí hay esperanza y por aquí pasa el futuro previsible para la vida, para la Tierra y para nuestra civilización.

No hay lugar para trazar un boceto, por mínimo que sea, de cómo sería este nuevo tipo de mundo necesario. Yo veo que hay cuatro principios indispensables:

  1. a) Cuatro principios fundamentales

El primero es la sostenibilidad, liberada de su cooptación por la economía. Sostenibilidad es todo lo que hacemos para garantizar la existencia y reproducción de todos los seres, especialmente de los vivos, de la vida humana y de la Madre Tierra.

El segundo es el cuidado: si no tenemos cuidado, que es un gesto generoso y amable hacia la naturaleza y hacia todos los seres, no vamos garantizar la sostenibilidad. Como nos enseña el mito del Cuidado, tan profundizado por San Agustín y Martin Heidegger, es la base ontológica de todo el ser y del actuar humano. Es la pre-condición que debe ocurrir para que irrumpa el ser, la vida y ser humano, y a la vez es el condicionador anticipado de todas nuestras acciones, para que sean buenas y no deletéreas para la Tierra.

El tercero es el principio de cooperación. Todos estamos interligados y nos ayudamos recíprocamente para mantenernos existiendo. Esto vale especialmente para los seres humanos. Cuando nuestros ancestros iban a buscar sus alimentos, no los comían inmediatamente, como suelen hacer los animales, sino que los llevaban al grupo para distribuirlos solidariamente entre todos. Lo que fue verdadero ayer, sigue valiendo hoy. Sin cooperación de todos con todos no vamos a salvar la vida en el planeta y el proyecto civilizatorio humano.

El cuarto es el principio de responsabilidad colectiva, tan bien formulado por Hans Jonas en su “Principio de Responsabilidad”. Como todos estamos interconectados, tenemos un mismo destino común. Debemos darnos cuenta del sentido salvador o perjudicial de nuestras acciones. Hoy podemos ser responsables, debido a nuestra falta de cuidado, de la destrucción de algunos ecosistemas y por ende de la propia vida en la Tierra.

  1. b) Travesías inevitables

Además debemos hacer algunas travesías impostergables hasta llegar a lo nuevo que buscamos. La gran mayoría está en curso, pero necesitan ser reforzadas. Hay que pasar:

– Del paradigma Imperio, vigente desde hace siglos, al paradigma de la Comunidad Planetaria.

–  De una sociedad industrialista que depreda los bienes naturales y tensiona las relaciones sociales, a una sociedad de sostenimiento de toda la vida y que busca la equidad social.

– De la Tierra como medio de producción y de recursos puestos en el mercado como commodities, a la Tierra como un Ente vivo, llamado Gaia, Pacha Mama o Madre Tierra.

– Del ser humano desconectado de la naturaleza al ser humano como la porción de la Tierra que en su momento de alta complejidad empezó a sentir, a pensar, a amar, a cuidar y a venerar.

– De la era tecnozoica y del antropoceno, que han devastado gran parte de la biosfera, a la era ecozoica y a la ecologización de todos los saberes y practicas humanas, y de todos unidos cooperando en la salvaguarda del sistema-vida.

– De la lógica de la competencia que se rige por el gana-pierde y opone a las personas y las trata como descartables, a la lógica de la cooperación del gana-gana, que congrega y fortalece la solidaridad entre todos. De ahí nace una cultura de paz.

– Del capital material siempre limitado y perecedero, al capital humano-espiritual que es ilimitado, hecho de cooperación, solidaridad, cuidado, compasión, reverencia y amor. El gran sueño es buscar una confraternización con todos los seres de la inmensa comunidad de vida, creando así una paz perenne con la Madre Tierra.

– De una sociedad antropocéntrica, separada de la naturaleza, a una sociedad biocentrada, que se siente parte del todo de la naturaleza y que busca ajustar sus hábitos a la lógica del proceso antropogénico, cuyas características son la sinergia, la interconectividad entre todos y la colaboración recíproca.

  1. La espiritualidad: el “sitio  Dios en el cerebro

Todo este proceso de reinvención de una nueva relación con la Tierra, conlleva una profunda espiritualidad. Se puede hablar de muchas formas sobre la espiritualidad, partiendo de las experiencias religiosas. En la perspectiva de nuestra reflexión he preferido seguir una línea que viene de la moderna neurología. Pero cabe ante todo decir que la espiritualidad no es monopolio de las religiones; es un dato antropológico de base, como lo es la inteligencia, la libido y otros. Se trata de lo profundo humano. Espiritualidad es un modo de ser, una actitud fundamental que confiere un sentido último a la vida. La espiritualidad tiene una base biológica. En investigaciones recientes hechas por neurólogos como Persinger, Ramachandran, Singer, Marsall, y otros observaron que siempre que alguien aborda temas que tienen que ver con la totalidad, con el sentido de la vida, con lo sagrado y con Dios se produce una alta excitación de las neuronas de los lóbulos frontales. Estos científicos lo denominaron el “sitio Dios en el cerebro” y otros “mystical mind”. Es como un órgano interno mediante el cual captamos el estabón misterioso y amoroso que liga y religa a todos los seres, haciendo que el cosmos predomine sobre el caos.

Cultivar hoy ese “sitio Dios”, liberado de las cenizas de materialismo y egocentrismo que lo cubren, hace surgir en la persona percepciones de bienaventuranza, de solidaridad, de compasión y de amor. En tiempos de travesía y de profundas crisis, la espiritualidad alimenta la esperanza y da un sentido a todos los padecimientos que sufrimos. De ahí se deriva una espiritualidad que puede ser desarrollada dentro del discurso ecológico, Dios como Aquella Energía vital, personal que todo anima, sustenta y orienta. Encontramos a Dios en acción dentro del proceso cosmogénico. Abrazando al mundo estamos abrazando a Dios.

  1. Un horizonte de esperanza

Estas son algunas de las configuraciones de lo que pueden ser los fundamentos necesarios para un nuevo ensayo civilizatorio, capaz de preservar la vitalidad de la Tierra para nosotros y para las futuras generaciones y garantizar un futuro para nuestra civilización. Ellas refuerzan el principio esperanza, de donde nos vienen nuevas visiones y utopías que fundan una nueva realidad viable.

Hago mías las palabras que cierran la Carta de la Tierra:

“Que nuestro tiempo se recuerde por el despertar a una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por la premura en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida” (final).

 

 Obras de Leonardo Boff sobre el tema

– con Mark Hathway, El Tao de la liberación: una ecología de la  transformación. Prefacio de Fritjof Capra, Trotta, Madrid 2014.

Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres, Trotta, Madrid 1996.

El evangelio del Cristo cósmico, Trotta, Madrid 2009.

La dignidad de la Tierra: ecología, mundialización y espiritualidad, Trotta, Madrid 2000.

El cuidado esencial: ética de lo humano y compasión por la Tierra, Trotta, Madrid 2002.

El cuidado necesario en la vida, en la economía, en la ecología y en la vida personal, Trotta, Madrid 2012.

La opción-Tierra: la solución para la Tierra  no cae del cielo, Sal Terrae, Santander 2008.

Del iceberg al Arca de Noé, Sal Terrae, Santander 2003.

Florecer en el yermo: de la crisis de civilización a una revolución radicalmente humana, Sal Terrae, Santander 2006.

El Planeta Tierra: crisis, falsas soluciones y alternativas, Nueva Utopía, Madrid, 2011.

Monterrey, 23 de octubre de 2014.

Die Bedeutung von Bio-Ökonomie oder Öko-Entwicklung

Die vergangenen Präsidentschaftswahlen haben die Frage nach der Entwicklung, einem klassischen Thema der globalisierten Makro-Ökonomie, in den Vordergrund gestellt. Entweder aus Unwissenheit oder weil die Kandidaten sich dessen bewusst waren, dass sie dann alles ändern müssten, war keine Rede von so wichtigen Themen wie die Bedrohungen des Lebens und unserer Zivilisation, die durch nukleare, chemische und biologische Prozesse zerstört werden könnten, oder durch die ständig wachsende, irgendwann abrupt ansteigende Erderwärmung, die, wie viele Wissenschaftler annehmen, einen großen Teil des Lebens, wie wir es kennen, zerstören und die Menschheit selbst gefährden würde. Wie es in der Erd-Charta heißt: „Unser gemeinsames Geschick ruft uns zu einem Neubeginn auf“. Niemand wagte dies zu thematisieren, nicht einmal Marina Silva, die – was ihr großes Verdienst ist – das Paradigma der Nachhaltigkeit zur Sprache brachte.

 Was wir mit Gewissheit behaupten können, ist, dass wir nicht so weitermachen können wie bisher. Der Preis des Überlebens wird ein radikaler Wechsel unserer Lebensweise auf der Erde sein. Der Entwurf der Öko-Entwicklung oder einer Bio-Ökonomie, wie Ladislau Dowbor und Ignacy Sachs u. a. Vorschlagen, ermutigt uns, diese Richtung einzuschlagen.

 Einer der ersten, die diese intrinsische Beziehung zwischen Ökonomie und Biologie erkannten, war der rumänische Ökonom und Mathematiker Nicholas Georgescu Roegen (1906-1994). Im Gegensatz zur vorherrschenden Denkweise machte dieser Autor bereits in den 1960er Jahren auf die Nichtnachhaltigkeit von Wachstum aufmerksam, da die Güter der Erde nicht unbegrenzt zur Verfügung stehen. Er begann, von „wirtschaftlicher Reduktion, für Umweltverträglichkeit und soziale Gerechtigkeit“ zu sprechen. (www.degrowth.net). Diese Reduktion, besser als „Wachstum“ bezeichnet, bedeutet quantitatives Wachstum zugunsten von qualitativem Wachstum zu reduzieren, sodass die Güter, welcher die künftigen Generationen bedürfen, bewahrt bleiben. Tatsächlich ist die Bio-Ökonomie ein Teilsystem des Systems der Natur, das stets begrenzt ist und daher der konstanten Sorge durch den Menschen bedarf. Ökonomen müssen den Leveln von Bewahrung und Regeneration der Natur gehorchen und Folge leisten (siehe Roegens Thesen im IHU Interview von Andrei Cechin vom 28.10.2011).

 Ein ähnliches Modell namens Öko-Entwicklung und Bio-Ökonomie wird u. a. vom zuvor erwähnten Professor für Ökonomie an der Päpstlich Katholischen Universität von São Paulo, Ladislau Dowbor, vorgeschlagen, dessen Denkweise auf einer Linie liegt mit der des anderen Ökonomen, Ignacy Sachs, einem Polen, der aus Liebe die französische und brasilianische Nationalität annahm. Sachs kam 1941 nach Brasilien, arbeitete hier für einige Jahre und unterhält nun ein Zentrum für brasilianische Studien an der Universität von Paris. Er ist ein Ökonom, der 1980 die ökologische Frage aufwarf, und möglicherweise ist er der erste, der seine Überlegungen in den Kontext der Epoche des Anthropozän stellte, d. h. in den Kontext des starken Drucks, den die Aktivitäten der Menschen auf die Ökosysteme und auf den Planeten Erde als Ganzem so stark ausüben, dass die Erde aus ihrem systemischen Gleichgewicht kommt, was sich in extremen Naturereignissen manifestiert. Mit dem Anthropozän würde also eine neue geologische Ära beginnen, mit dem Menschen als globalem Risikofaktor, wie ein gefährlich niedriger und zerstörerischer Meteorit. Sachs berücksichtigt dieses neue Datenmaterial im ökologisch-sozialen Diskurs.

 Die Analyse von Dowbor und Sachs verbindet Ökonomie, Ökologie, Gerechtigkeit und soziale Inklusion. Somit entsteht ein Konzept für mögliche Nachhaltigkeit, allerdings innerhalb der Grenzen, die uns die vorherrschende industrielle, konsumgeprägte, individualistische, räuberische und die Umwelt verschmutzende Produktionsweise aufzwingt.

 Beide sind überzeugt davon, dass keine akzeptable Nachhaltigkeit erreicht werden kann, solange die soziale Ungleichheit nicht deutlich verringert wird, das Bürgertum nicht als gleichberechtigter Partner in demokratischen Prozessen aufgenommen wird, kulturelle Differenzen nicht respektiert werden, ethische Werte für den Respekt gegenüber allem Leben nicht eingeführt werden und nicht ein ständiges Augenmerk auf die Umwelt gelegt wird. Wenn diese Erfordernisse erst einmal gegeben sind, sind auch die Bedingungen für eine nachhaltige Öko-Entwicklung erfüllt.

 Nachhaltigkeit setzt eine gewisse soziale Gleichheit voraus, d. h. „ein Ausgleich zwischen reichen und armen Ländern“ und eine mehr oder weniger gleichmäßige Verteilung der Kosten und Nutzen von Entwicklung. Somit haben z. B. die ärmsten Länder ein höheres Recht auf die Verstärkung ihres ökologischen Fußabdrucks (ihren Bedarf an Land, Wasser, Nahrungsmittel und Energie zu stillen), um ihre Bedürfnisse erfüllen zu können, während die reicheren Länder ihren ökologischen Fußabdruck verringern oder zumindest unter Kontrolle bringen müssen. Es geht nicht darum, die missverstandene These des negativen Wachstums zu übernehmen, sondern darum, einen anderen Weg für Entwicklung aufzuzeigen, Produktion zu dekarbonisieren, die Umweltauswirkungen zu reduzieren und unantastbare Werte wie Großzügigkeit, Kooperation, Solidarität und Mitgefühl zur Anwendung zu verhelfen. Dowbor und Sachs wiederholen nachdrücklich, dass Solidarität einen essentiellen Aspekt der Conditio Humana darstellt, und dass der grausame Individualismus, den wir heutzutage erleben, eine Ausdrucksweise des grenzenlosen Konkurrenzdenkens und der akkumulativen Gier ist, welche zu einem Krebsgeschwür führen werden, das die Bande der Koexistenz zerstört und die Gesellschaft auf fatale Weise unnachhaltig gestaltet.

 Ihnen verdanken wir den herrlichen Begriff „Biozivilisation“, eine Zivilisation, die das Leben, die Erde, die Ökosysteme und jeden Menschen in die Mitte rückt. Daraus entstand die schöne Ausdrucksweise: „Die Erde der Guten Hoffnung“ (siehe Öko-Entwicklung: wachsen ohne zu zerstören, [Ecodesarrollo: crecer sin destruir. 1986] und das Interview in Carta Maior vom 29.08.2011).

 Dieser Entwurf scheint einer der vernünftigsten und verantwortungsvollsten Wege zu sein, wie wir den Gefahren begegnen können, die den Planeten und die Zukunft der Menschheit bedrohen. Doobors und Sachs’ Entwurf (http://dowbor.org) verdient Beachtung, denn er zeigt große Funktionalität und Tragfähigkeit.

übersezt von Bettina Gold-Hartnack

“Estamos indo direto para o matadouro”, diz Antonio Donato Nobre

Estamos republicando o importante artigo do agrônomo Antonio Donato Nobre, porque na sua apresentação foi confundido por mim com seu irmão, também notável cientista Carlos Donato Nobre. Pedimos excusas as leitores  e leitoras. Dou os dados na internet onde todo o munucioso estudo de Nobre pode ser lido.

Antonio Donato Nobre é un agrônomo, especialista na relação da Amazônia com o clima. Pesquisador de Ciência do Sistema Terrestre do Instituo Nacional de Pesquisa Espacial (INPE) publicou recentemente um minucioso trabalho sob o título O futuro climático da Amazônia. (acessível em http://www.ccst.inpe.br/wp-content/uploads/2014/10/Futuro-Climatico-da-Amazonia.pdf , Enfatiza:”A agricultura consciente, se soubesse o que a comunidade científica sabe, estaria na rua, com cartazes, exigindo do governo proteção das florestas e plantando árvores em sua propriedade”. Publicamos aqui sua entrevista aparecida no IHU de 31 de outubro de 2014, dada a urgência do tema e seus efeitos maléficos notados no Sudeste, especialmente na metrópole de São Paulo. Temos que divulgar conhecimentos para assumirmos atitudes corretas e organizarmos nosso desenvolvimento a partir destes dados inegáveis:Lboff

*********************************

Eis a entrevista.

Quanto já desmatamos da Amazônia brasileira?

Só de corte raso, nos últimos 40 anos, foram três Estados de São Paulo, duas Alemanhas ou dois Japões. São 184 milhões de campos de futebol, quase um campo por brasileiro. A velocidade do desmatamento na Amazônia, em 40 anos, é de um trator com uma lâmina de três metros se deslocando a 726 km/hora – uma espécie de trator do fim do mundo. A área que foi destruída corresponde a uma estrada de 2 km de largura, da Terra até a Lua. E não estou falando de degradação florestal.

Essa é a “guilhotina de árvores” que o senhor menciona?

Foram destruídas 42 bilhões de árvores em 40 anos, cerca de 3 milhões de árvores por dia, 2.000 árvores por minuto. É o clima que sente cada árvore que é retirada da Amazônia. O desmatamento sem limite encontrou no clima um juiz que conta árvores, não esquece e não perdoa.

O sr. pode explicar?

Os cientistas que estudam a Amazônia estão preocupados com a percepção de que a floresta é potente e realmente condiciona o clima. É uma usina de serviços ambientais. Ela está sendo desmatada e o clima vai mudar.

A mudança climática…

A mudança climática já chegou. Não é mais previsão de modelo, é observação de noticiário. Os céticos do clima conseguiram uma vitória acachapante, fizeram com que governos não acreditassem mais no aquecimento global. As emissões aumentaram muito e o sistema climático planetário está entrando em falência como previsto, só que mais rápido.

No estudo o sr. relaciona destruição da floresta e clima?

A literatura é abundante, há milhares de artigos escritos, mais de duas dúzias de projetos grandes sendo feitos na Amazônia, com dezenas de cientistas. Li mais de 200 artigos em quatro meses. Nesse estudo quis esclarecer conexões, porque esta discussão é fragmentada. “Temos que desenvolver o agronegócio. Mas e a floresta? Ah, floresta não é assunto meu”. Cada um está envolvido naquilo que faz e a fragmentação tem sido mortal para os interesses da humanidade. Quando fiz a síntese destes estudos, eu me assombrei com a gravidade da situação.

Qual é a situação?

A situação é de realidade, não mais de previsões. No arco do desmatamento, por exemplo, o clima já mudou. Lá está aumentando a duração da estação seca e diminuindo a duração e volume de chuva. Agricultores do Mato Grosso tiveram que adiar o plantio da soja porque a chuva não chegou. Ano após ano, na região leste e sul da Amazônia, isso está ocorrendo. A seca de 2005 foi a mais forte em cem anos. Cinco anos depois teve a de 2010, mais forte que a de 2005. O efeito externo sobre a Amazônia já é realidade. O sistema está ficando em desarranjo.

A seca em São Paulo se relaciona com mudança do clima?

Pegue o noticiário: o que está acontecendo na Califórnia, na América Central, em partes da Colômbia? É mundial. Alguém pode dizer – é mundial, então não tem nada a ver com a Amazônia. É aí que está a incompreensão em relação à mudança climática: tem tudo a ver com o que temos feito no planeta, principalmente a destruição de florestas. A consequência não é só em relação ao CO2 que sai, mas a destruição de floresta destrói o sistema de condicionamento climático local. E isso, com as flutuações planetárias da mudança do clima, faz com que não tenhamos nenhuma almofada.

Almofada?

A floresta é um seguro, um sistema de proteção, uma poupança. Se aparece uma coisa imprevista e você tem algum dinheiro guardado, você se vira. É o que está acontecendo agora, não sentimos antes os efeitos da destruição de 500 anos da Mata Atlântica, porque tínhamos a “costa quente” da Amazônia. A sombra úmida da floresta amazônica não permitia que sentíssemos os efeitos da destruição das florestas locais.

O sr. fala em tapete tecnológico da Amazônia. O que é?

Eu queria mostrar o que significa aquela floresta. Até eucalipto tem mais valor que floresta nativa. Se olharmos no microscópio, a floresta é a hiper abundância de seres vivos e qualquer ser vivo supera toda a tecnologia humana somada. O tapete tecnológico da Amazônia é essa assembleia fantástica de seres vivos que operam no nível de átomos e moléculas, regulando o fluxo de substâncias e de energia e controlando o clima.

O sr. fala em cinco segredos da Amazônia. Quais são?

O primeiro é o transporte de umidade continente adentro. O oceano é a fonte primordial de toda a água. Evapora, o sal fica no oceano, o vento empurra o vapor que sobe e entra nos continentes. Na América do Sul, entra 3.000 km na direção dos Andes com umidade total. O segredo? Os gêiseres da floresta.

Gêiseres da floresta?

É uma metáfora. Uma árvore grande da Amazônia, com dez metros de raio de copa, coloca mais de mil litros de água em um dia, pela transpiração. Fizemos a conta para a bacia Amazônica toda, que tem 5,5 milhões de km2: saem desses gêiseres de madeira 20 bilhões de toneladas de água diárias. O rio Amazonas, o maior rio da Terra, que joga 20% de toda a água doce nos oceanos, despeja 17 bilhões de toneladas de água por dia. Esse fluxo de vapor que sai das árvores da floresta é maior que o Amazonas. Esse ar que vai progredindo para dentro do continente vai recebendo o fluxo de vapor da transpiração das árvores e se mantém úmido, e, portanto, com capacidade de fazer chover. Essa é uma característica das florestas.

É o que faz falta em São Paulo?

Sim, porque aqui acabamos com a Mata Atlântica, não temos mais floresta.

Qual o segundo segredo?

Chove muito na Amazônia e o ar é muito limpo, como nos oceanos, onde chove pouco. Como, se as atmosferas são muito semelhantes? A resposta veio do estudo de aromas e odores das árvores. Esses odores vão para atmosfera e quando têm radiação solar e vapor de água, reagem com o oxigênio e precipitam uma poeira finíssima, que atrai o vapor de água. É um nucleador de nuvens. Quando chove, lava a poeira, mas tem mais gás e o sistema se mantém.

E o terceiro segredo?

A floresta é um ar-condicionado e produz um rio amazônico de vapor. Essa formação maciça de nuvens abaixa a pressão da região e puxa o ar que está sobre os oceanos para dentro da floresta. É um cabo de guerra, uma bomba biótica de umidade, uma correia transportadora. E na Amazônia, as árvores são antigas e têm raízes que buscam água a mais de 20 metros de profundidade, no lençol freático. A floresta está ligada a um oceano de água doce embaixo dela. Quando cai a chuva, a água se infiltra e alimenta esses aquíferos.

Como tudo isso se relaciona à seca de São Paulo?

No quarto segredo. Estamos em um quadrilátero da sorte – uma região que vai de Cuiabá a Buenos Aires no Sul, São Paulo aos Andes e produz 70% do PIB da América do Sul. Se olharmos o mapa múndi, na mesma latitude estão o deserto do Atacama, o Kalahari, o deserto da Namíbia e o da Austrália. Mas aqui, não, essa região era para ser um deserto. E no entanto não é, é irrigada, tem umidade. De onde vem a chuva? A Amazônia exporta umidade. Durante vários meses do ano chega por aqui, através de “rios aéreos”, o vapor que é a fonte da chuva desse quadrilátero.

E o quinto segredo?

Onde tem floresta não tem furacão nem tornado. Ela tem um papel de regularização do clima, atenua os excessos, não deixa que se organizem esses eventos destrutivos. É um seguro.

Qual o impacto do desmatamento então?

O desmatamento leva ao clima inóspito, arrebenta com o sistema de condicionamento climático da floresta. É o mesmo que ter uma bomba que manda água para um prédio, mas eu a destruo, aí não tem mais água na minha torneira. É o que estamos fazendo. Ao desmatar, destruímos os mecanismos que produzem esses benefícios e ficamos expostos à violência geofísica. O clima inóspito é uma realidade, não é mais previsão. Tinha que ter parado com o desmatamento há dez anos. E parar agora não resolve mais.

Como não resolve mais?

Parar de desmatar é fundamental, mas não resolve mais. Temos que conter os danos ao máximo. Parar de desmatar é para ontem. A única reação adequada neste momento é fazer um esforço de guerra. A evidência científica diz que a única chance de recuperarmos o estrago que fizemos é zerar o desmatamento. Mas isso será insuficiente, temos que replantar florestas, refazer ecossistemas. É a nossa grande oportunidade.

E se não fizermos isso?

Veja pela janela o céu que tem em São Paulo – é de deserto. A destruição da Mata Atlântica nos deu a ilusão de que estava tudo bem, e o mesmo com a destruição da Amazônia. Mas isso é até o dia em que se rompe a capacidade de compensação, e é esse nível que estamos atingindo hoje em relação aos serviços ambientais. É muito sério, muito grave. Estamos indo direto para o matadouro.

O que o sr. está dizendo?

Agora temos que nos confrontar com o desmatamento acumulado. Não adianta mais dizer “vamos reduzir a taxa de desmatamento anual.” Temos que fazer frente ao passivo, é ele que determina o clima.

Tem quem diga que parte desses campos de futebol viraram campos de soja.

O clima não dá a mínima para a soja, para o clima importa a árvore. Soja tem raiz de pouca profundidade, não tem dossel, tem raiz curta, não é capaz de bombear água. Os sistemas agrícolas são extremamente dependentes da floresta. Se não chegar chuva ali, a plantação morre.

O que significa tudo isso? Que vai chover cada vez menos?

Significa que todos aqueles serviços ambientais estão sendo dilapidados. É a mesma coisa que arrebentar turbinas na usina de Itaipu – aí não tem mais eletricidade. É de clima que estamos falando, da umidade que vem da Amazônia. É essa a dimensão dos serviços que estamos perdendo. Estamos perdendo um serviço que era gratuito que trazia conforto, que fornecia água doce e estabilidade climática. Um estudo feito na Geórgia por uma associação do agronegócio com ONGs ambientalistas mediu os serviços de florestas privadas para áreas urbanas. Encontraram um valor de US$ 37 bilhões. É disso que estamos falando, de uma usina de serviços.

As pessoas em São Paulo estão preocupadas com a seca.

Sim, mas quantos paulistas compraram móveis e construíram casas com madeira da Amazônia e nem perguntaram sobre a procedência? Não estou responsabilizando os paulistas porque existe muita inconsciência sobre a questão. Mas o papel da ciência é trazer o conhecimento. Estamos chegando a um ponto crítico e temos que avisar.

Esse ponto crítico é ficar sem água?

Entre outras coisas. Estamos fazendo a transposição do São Francisco para resolver o problema de uma área onde não chove há três anos. Mas e se não tiver água em outros lugares? E se ocorrer de a gente destruir e desmatar de tal forma que a região que produz 70% do PIB cumpra o seu destino geográfico e vire deserto? Vamos buscar água no aquífero?

Não é uma opção?

No norte de Pequim, os poços estão já a dois quilômetros de profundidade. Não tem uso indefinido de uma água fóssil, ela tem que ter algum tipo de recarga. É um estoque, como petróleo. Usa e acaba. Só tem um lugar que não acaba, o oceano, mas é salgado.

O esforço de guerra é para acabar com o desmatamento?

Tinha que ter acabado ontem, tem que acabar hoje e temos que começar a replantar florestas. Esse é o esforço de guerra. Temos nas florestas nosso maior aliado. São uma tecnologia natural que está ao nosso alcance. Não proponho tirar as plantações de soja ou a criação de gado para plantar floresta, mas fazer o uso inteligente da paisagem, recompor as Áreas de Proteção Permanente (APPs) e replantar florestas em grande escala. Não só na Amazônia. Aqui em São Paulo, se tivesse floresta, o que eu chamo de paquiderme atmosférico…

Como é?

É a massa de ar quente que “sentou” no Sudeste e não deixa entrar nem a frente fria pelo Sul nem os rios voadores da Amazônia.

O que o governo do Estado deveria fazer?

Programas massivos de replantio de reflorestas. Já. São Paulo tem que erradicar totalmente a tolerância com relação a desmatamento. Segunda coisa: ter um esforço de guerra no replantio de florestas. Não é replantar eucalipto. Monocultura de eucalipto não tem este papel em relação a ciclo hidrológico, tem que replantar floresta e acabar com o fogo. Poderia começar reconstruindo ecossistemas em áreas degradadas para não competir com a agricultura.

Onde?

Nos morros pelados onde tem capim, nos vales, em áreas íngremes. Em vales onde só tem capim, tem que plantar árvores da Mata Atlântica. O esforço de guerra para replantar tem que juntar toda a sociedade. Precisamos reconstruir as florestas, da melhor e mais rápida forma possível.

E o desmatamento legal?

Nem pode entrar em cogitação. Uma lei que não levou em consideração a ciência e prejudica a sociedade, que tira água das torneiras, precisa ser mudada.

O que achou de Dilma não ter assinado o compromisso de desmatamento zero em 2030, na reunião da ONU, em Nova York?

Um absurdo sem paralelo. A realidade é que estamos indo para o caos. Já temos carros-pipa na zona metropolitana de São Paulo. Estamos perdendo bilhões de dólares em valores que foram destruídos. Quem é o responsável por isso? Um dia, quando a sociedade se der conta, a Justiça vai receber acusações. Imagine se as grandes áreas urbanas, que ficarem em penúria hídrica, responsabilizarem os grandes lordes do agronegócio pelo desmatamento da Amazônia. Espero que não se chegue a essa situação. Mas a realidade é que a torneira da sua casa está secando.

Quanto a floresta consegue suportar?

Temos uma floresta de mais de 50 milhões de anos. Nesse período é improvável que não tenham acontecido cataclismas, glaciação e aquecimento, e no entanto a Amazônia e a Mata Atlântica ficaram aí. Quando a floresta está intacta, tem capacidade de suportar. É a mesma capacidade do fígado do alcoólatra que, mesmo tomando vários porres, não acontece nada se está intacto. Mas o desmatamento faz com que a capacidade de resiliência que tínhamos, com a floresta, fique perdida.

Aí vem uma flutuação forte ligado à mudança climática global e nós ficamos muito expostos, como é o caso do “paquiderme atmosférico” que sentou no Sudeste. Se tivesse floresta aqui, não aconteceria, porque a floresta resfria a superfície e evapora quantidade de água que ajuda a formar chuva.

O esforço terá resultado?

Isso não é garantido, porque existem as mudanças climáticas globais, mas reconstruir ecossistemas é a melhor opção que temos. Quem sabe a gente desenvolva outra agricultura, mais harmônica, de serviços agroecossistêmicos. Não tem nenhuma razão para o antagonismo entre agricultura e conservação ambiental. Ao contrário. A agricultura consciente, que soubesse o que a comunidade científica sabe, estaria na rua, com cartazes, exigindo do governo proteção das florestas. E, por iniciativa própria, replantaria a floresta nas suas propriedades.

 

“Estamos indo direto para o matadouro”, diz Antonio Nobre

Antonio Donato Nobre é um dos nossos melhores cientistas, pertence ao grupo do IPCC que mede o aquecimento da Terra e um especilista em questões amazônicas. É  mundialmente conhecido como  pesquisador do INPE (Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais). Sustenta que o desmatamento para já, inclusive o permitido por lei sem prejuizo do agronegócio que de ve incorpar fatores novos da falta de água e das secas prolongadas. Enfatiza:”A agricultura consciente, se soubesse o que a comunidade científica sabe, estaria na rua, com cartazes, exigindo do governo proteção das florestas e plantando árvores em sua propriedade”. Publicamos aqui sua entrevista aparecida no IHU de 31 de outubro de 2014, dada a urgência do tema e seus efeitos maléficos notados no Sudeste, especialmente na metrópole de São Paulo. Temos que divulgar conhecimentos para assumirmos atitudes corretas e organizarmos nosso desenvolvimento a partir destes dados inegáveis:Lboff

*********************************

Eis a entrevista.

Quanto já desmatamos da Amazônia brasileira?

Só de corte raso, nos últimos 40 anos, foram três Estados de São Paulo, duas Alemanhas ou dois Japões. São 184 milhões de campos de futebol, quase um campo por brasileiro. A velocidade do desmatamento na Amazônia, em 40 anos, é de um trator com uma lâmina de três metros se deslocando a 726 km/hora – uma espécie de trator do fim do mundo. A área que foi destruída corresponde a uma estrada de 2 km de largura, da Terra até a Lua. E não estou falando de degradação florestal.

Essa é a “guilhotina de árvores” que o senhor menciona?

Foram destruídas 42 bilhões de árvores em 40 anos, cerca de 3 milhões de árvores por dia, 2.000 árvores por minuto. É o clima que sente cada árvore que é retirada da Amazônia. O desmatamento sem limite encontrou no clima um juiz que conta árvores, não esquece e não perdoa.

O sr. pode explicar?

Os cientistas que estudam a Amazônia estão preocupados com a percepção de que a floresta é potente e realmente condiciona o clima. É uma usina de serviços ambientais. Ela está sendo desmatada e o clima vai mudar.

A mudança climática…

A mudança climática já chegou. Não é mais previsão de modelo, é observação de noticiário. Os céticos do clima conseguiram uma vitória acachapante, fizeram com que governos não acreditassem mais no aquecimento global. As emissões aumentaram muito e o sistema climático planetário está entrando em falência como previsto, só que mais rápido.

No estudo o sr. relaciona destruição da floresta e clima?

A literatura é abundante, há milhares de artigos escritos, mais de duas dúzias de projetos grandes sendo feitos na Amazônia, com dezenas de cientistas. Li mais de 200 artigos em quatro meses. Nesse estudo quis esclarecer conexões, porque esta discussão é fragmentada. “Temos que desenvolver o agronegócio. Mas e a floresta? Ah, floresta não é assunto meu”. Cada um está envolvido naquilo que faz e a fragmentação tem sido mortal para os interesses da humanidade. Quando fiz a síntese destes estudos, eu me assombrei com a gravidade da situação.

Qual é a situação?

A situação é de realidade, não mais de previsões. No arco do desmatamento, por exemplo, o clima já mudou. Lá está aumentando a duração da estação seca e diminuindo a duração e volume de chuva. Agricultores do Mato Grosso tiveram que adiar o plantio da soja porque a chuva não chegou. Ano após ano, na região leste e sul da Amazônia, isso está ocorrendo. A seca de 2005 foi a mais forte em cem anos. Cinco anos depois teve a de 2010, mais forte que a de 2005. O efeito externo sobre a Amazônia já é realidade. O sistema está ficando em desarranjo.

A seca em São Paulo se relaciona com mudança do clima?

Pegue o noticiário: o que está acontecendo na Califórnia, na América Central, em partes da Colômbia? É mundial. Alguém pode dizer – é mundial, então não tem nada a ver com a Amazônia. É aí que está a incompreensão em relação à mudança climática: tem tudo a ver com o que temos feito no planeta, principalmente a destruição de florestas. A consequência não é só em relação ao CO2 que sai, mas a destruição de floresta destrói o sistema de condicionamento climático local. E isso, com as flutuações planetárias da mudança do clima, faz com que não tenhamos nenhuma almofada.

Almofada?

A floresta é um seguro, um sistema de proteção, uma poupança. Se aparece uma coisa imprevista e você tem algum dinheiro guardado, você se vira. É o que está acontecendo agora, não sentimos antes os efeitos da destruição de 500 anos da Mata Atlântica, porque tínhamos a “costa quente” da Amazônia. A sombra úmida da floresta amazônica não permitia que sentíssemos os efeitos da destruição das florestas locais.

O sr. fala em tapete tecnológico da Amazônia. O que é?

Eu queria mostrar o que significa aquela floresta. Até eucalipto tem mais valor que floresta nativa. Se olharmos no microscópio, a floresta é a hiper abundância de seres vivos e qualquer ser vivo supera toda a tecnologia humana somada. O tapete tecnológico da Amazônia é essa assembleia fantástica de seres vivos que operam no nível de átomos e moléculas, regulando o fluxo de substâncias e de energia e controlando o clima.

O sr. fala em cinco segredos da Amazônia. Quais são?

O primeiro é o transporte de umidade continente adentro. O oceano é a fonte primordial de toda a água. Evapora, o sal fica no oceano, o vento empurra o vapor que sobe e entra nos continentes. Na América do Sul, entra 3.000 km na direção dos Andes com umidade total. O segredo? Os gêiseres da floresta.

Gêiseres da floresta?

É uma metáfora. Uma árvore grande da Amazônia, com dez metros de raio de copa, coloca mais de mil litros de água em um dia, pela transpiração. Fizemos a conta para a bacia Amazônica toda, que tem 5,5 milhões de km2: saem desses gêiseres de madeira 20 bilhões de toneladas de água diárias. O rio Amazonas, o maior rio da Terra, que joga 20% de toda a água doce nos oceanos, despeja 17 bilhões de toneladas de água por dia. Esse fluxo de vapor que sai das árvores da floresta é maior que o Amazonas. Esse ar que vai progredindo para dentro do continente vai recebendo o fluxo de vapor da transpiração das árvores e se mantém úmido, e, portanto, com capacidade de fazer chover. Essa é uma característica das florestas.

É o que faz falta em São Paulo?

Sim, porque aqui acabamos com a Mata Atlântica, não temos mais floresta.

Qual o segundo segredo?

Chove muito na Amazônia e o ar é muito limpo, como nos oceanos, onde chove pouco. Como, se as atmosferas são muito semelhantes? A resposta veio do estudo de aromas e odores das árvores. Esses odores vão para atmosfera e quando têm radiação solar e vapor de água, reagem com o oxigênio e precipitam uma poeira finíssima, que atrai o vapor de água. É um nucleador de nuvens. Quando chove, lava a poeira, mas tem mais gás e o sistema se mantém.

E o terceiro segredo?

A floresta é um ar-condicionado e produz um rio amazônico de vapor. Essa formação maciça de nuvens abaixa a pressão da região e puxa o ar que está sobre os oceanos para dentro da floresta. É um cabo de guerra, uma bomba biótica de umidade, uma correia transportadora. E na Amazônia, as árvores são antigas e têm raízes que buscam água a mais de 20 metros de profundidade, no lençol freático. A floresta está ligada a um oceano de água doce embaixo dela. Quando cai a chuva, a água se infiltra e alimenta esses aquíferos.

Como tudo isso se relaciona à seca de São Paulo?

No quarto segredo. Estamos em um quadrilátero da sorte – uma região que vai de Cuiabá a Buenos Aires no Sul, São Paulo aos Andes e produz 70% do PIB da América do Sul. Se olharmos o mapa múndi, na mesma latitude estão o deserto do Atacama, o Kalahari, o deserto da Namíbia e o da Austrália. Mas aqui, não, essa região era para ser um deserto. E no entanto não é, é irrigada, tem umidade. De onde vem a chuva? A Amazônia exporta umidade. Durante vários meses do ano chega por aqui, através de “rios aéreos”, o vapor que é a fonte da chuva desse quadrilátero.

E o quinto segredo?

Onde tem floresta não tem furacão nem tornado. Ela tem um papel de regularização do clima, atenua os excessos, não deixa que se organizem esses eventos destrutivos. É um seguro.

Qual o impacto do desmatamento então?

O desmatamento leva ao clima inóspito, arrebenta com o sistema de condicionamento climático da floresta. É o mesmo que ter uma bomba que manda água para um prédio, mas eu a destruo, aí não tem mais água na minha torneira. É o que estamos fazendo. Ao desmatar, destruímos os mecanismos que produzem esses benefícios e ficamos expostos à violência geofísica. O clima inóspito é uma realidade, não é mais previsão. Tinha que ter parado com o desmatamento há dez anos. E parar agora não resolve mais.

Como não resolve mais?

Parar de desmatar é fundamental, mas não resolve mais. Temos que conter os danos ao máximo. Parar de desmatar é para ontem. A única reação adequada neste momento é fazer um esforço de guerra. A evidência científica diz que a única chance de recuperarmos o estrago que fizemos é zerar o desmatamento. Mas isso será insuficiente, temos que replantar florestas, refazer ecossistemas. É a nossa grande oportunidade.

E se não fizermos isso?

Veja pela janela o céu que tem em São Paulo – é de deserto. A destruição da Mata Atlântica nos deu a ilusão de que estava tudo bem, e o mesmo com a destruição da Amazônia. Mas isso é até o dia em que se rompe a capacidade de compensação, e é esse nível que estamos atingindo hoje em relação aos serviços ambientais. É muito sério, muito grave. Estamos indo direto para o matadouro.

O que o sr. está dizendo?

Agora temos que nos confrontar com o desmatamento acumulado. Não adianta mais dizer “vamos reduzir a taxa de desmatamento anual.” Temos que fazer frente ao passivo, é ele que determina o clima.

Tem quem diga que parte desses campos de futebol viraram campos de soja.

O clima não dá a mínima para a soja, para o clima importa a árvore. Soja tem raiz de pouca profundidade, não tem dossel, tem raiz curta, não é capaz de bombear água. Os sistemas agrícolas são extremamente dependentes da floresta. Se não chegar chuva ali, a plantação morre.

O que significa tudo isso? Que vai chover cada vez menos?

Significa que todos aqueles serviços ambientais estão sendo dilapidados. É a mesma coisa que arrebentar turbinas na usina de Itaipu – aí não tem mais eletricidade. É de clima que estamos falando, da umidade que vem da Amazônia. É essa a dimensão dos serviços que estamos perdendo. Estamos perdendo um serviço que era gratuito que trazia conforto, que fornecia água doce e estabilidade climática. Um estudo feito na Geórgia por uma associação do agronegócio com ONGs ambientalistas mediu os serviços de florestas privadas para áreas urbanas. Encontraram um valor de US$ 37 bilhões. É disso que estamos falando, de uma usina de serviços.

As pessoas em São Paulo estão preocupadas com a seca.

Sim, mas quantos paulistas compraram móveis e construíram casas com madeira da Amazônia e nem perguntaram sobre a procedência? Não estou responsabilizando os paulistas porque existe muita inconsciência sobre a questão. Mas o papel da ciência é trazer o conhecimento. Estamos chegando a um ponto crítico e temos que avisar.

Esse ponto crítico é ficar sem água?

Entre outras coisas. Estamos fazendo a transposição do São Francisco para resolver o problema de uma área onde não chove há três anos. Mas e se não tiver água em outros lugares? E se ocorrer de a gente destruir e desmatar de tal forma que a região que produz 70% do PIB cumpra o seu destino geográfico e vire deserto? Vamos buscar água no aquífero?

Não é uma opção?

No norte de Pequim, os poços estão já a dois quilômetros de profundidade. Não tem uso indefinido de uma água fóssil, ela tem que ter algum tipo de recarga. É um estoque, como petróleo. Usa e acaba. Só tem um lugar que não acaba, o oceano, mas é salgado.

O esforço de guerra é para acabar com o desmatamento?

Tinha que ter acabado ontem, tem que acabar hoje e temos que começar a replantar florestas. Esse é o esforço de guerra. Temos nas florestas nosso maior aliado. São uma tecnologia natural que está ao nosso alcance. Não proponho tirar as plantações de soja ou a criação de gado para plantar floresta, mas fazer o uso inteligente da paisagem, recompor as Áreas de Proteção Permanente (APPs) e replantar florestas em grande escala. Não só na Amazônia. Aqui em São Paulo, se tivesse floresta, o que eu chamo de paquiderme atmosférico…

Como é?

É a massa de ar quente que “sentou” no Sudeste e não deixa entrar nem a frente fria pelo Sul nem os rios voadores da Amazônia.

O que o governo do Estado deveria fazer?

Programas massivos de replantio de reflorestas. Já. São Paulo tem que erradicar totalmente a tolerância com relação a desmatamento. Segunda coisa: ter um esforço de guerra no replantio de florestas. Não é replantar eucalipto. Monocultura de eucalipto não tem este papel em relação a ciclo hidrológico, tem que replantar floresta e acabar com o fogo. Poderia começar reconstruindo ecossistemas em áreas degradadas para não competir com a agricultura.

Onde?

Nos morros pelados onde tem capim, nos vales, em áreas íngremes. Em vales onde só tem capim, tem que plantar árvores da Mata Atlântica. O esforço de guerra para replantar tem que juntar toda a sociedade. Precisamos reconstruir as florestas, da melhor e mais rápida forma possível.

E o desmatamento legal?

Nem pode entrar em cogitação. Uma lei que não levou em consideração a ciência e prejudica a sociedade, que tira água das torneiras, precisa ser mudada.

O que achou de Dilma não ter assinado o compromisso de desmatamento zero em 2030, na reunião da ONU, em Nova York?

Um absurdo sem paralelo. A realidade é que estamos indo para o caos. Já temos carros-pipa na zona metropolitana de São Paulo. Estamos perdendo bilhões de dólares em valores que foram destruídos. Quem é o responsável por isso? Um dia, quando a sociedade se der conta, a Justiça vai receber acusações. Imagine se as grandes áreas urbanas, que ficarem em penúria hídrica, responsabilizarem os grandes lordes do agronegócio pelo desmatamento da Amazônia. Espero que não se chegue a essa situação. Mas a realidade é que a torneira da sua casa está secando.

Quanto a floresta consegue suportar?

Temos uma floresta de mais de 50 milhões de anos. Nesse período é improvável que não tenham acontecido cataclismas, glaciação e aquecimento, e no entanto a Amazônia e a Mata Atlântica ficaram aí. Quando a floresta está intacta, tem capacidade de suportar. É a mesma capacidade do fígado do alcoólatra que, mesmo tomando vários porres, não acontece nada se está intacto. Mas o desmatamento faz com que a capacidade de resiliência que tínhamos, com a floresta, fique perdida.

Aí vem uma flutuação forte ligado à mudança climática global e nós ficamos muito expostos, como é o caso do “paquiderme atmosférico” que sentou no Sudeste. Se tivesse floresta aqui, não aconteceria, porque a floresta resfria a superfície e evapora quantidade de água que ajuda a formar chuva.

O esforço terá resultado?

Isso não é garantido, porque existem as mudanças climáticas globais, mas reconstruir ecossistemas é a melhor opção que temos. Quem sabe a gente desenvolva outra agricultura, mais harmônica, de serviços agroecossistêmicos. Não tem nenhuma razão para o antagonismo entre agricultura e conservação ambiental. Ao contrário. A agricultura consciente, que soubesse o que a comunidade científica sabe, estaria na rua, com cartazes, exigindo do governo proteção das florestas. E, por iniciativa própria, replantaria a floresta nas suas propriedades.