La próxima elección, un plebiscito: biofilia versus necrofilia

En la misa de Pascua se canta uno de los himnos más bellos del gregoriano, en el cual se dice: “la muerte y la vida se enfrentaron en un duelo” (mors et vita duello conflixere mirando). Y se termina: “el señor de la vida, reina vivo” (dux vitae, regnat vivus).

Refiero este texto litúrgico como metáfora de lo que va a realizarse en las próximas elecciones: un plebiscito en el cual se libra efectivamente un duelo político entre dos proyectos de Brasil y dos modelos de presidente. Un proyecto tiene como representante y promotor a un presidente claramente aliado al dominio de la muerte. No lo digo yo, lo afirma una de las inteligencias jurídicas más brillantes de nuestros país, exgobernador de Río Grande del Sur, exministro de justicia, Tarso Genro:

“Para Jair Bolsonaro no hay adversarios, sólo hay enemigos a ser abatidos por las armas. ¿Cómo un político que defende la ejecución de sospechosos, el fusilamiento de “30 mil compatriotas”, el asesinato de un presidente pacífico y democrático, la tortura como método inquisitorial, el fin de la democracia política, que sostiene que el error de la dictadura no fue torturar, sino que fue “no matar”, que explicita públicamente su admiración por Hitler y se burla de la tortura sufrida por una mujer digna –que estaba siendo retirada de la presidencia–, cómo este político fue cobardemente naturalizado por el “establishment” neoliberal y por las grandes cadenas de comunicación, después de haber cometido y repetido muchos crímenes bárbaros y de haber hecho una consciente propaganda genocida contra la vacunación?”

Aquí queda claro un proyecto de muerte que, en el caso de que Bolsonaro sea reelegido, lo llevará a cabo. Es el dominio de la necrofilia, de la promoción de la muerte y sus derivados, como el odio y la mentira.

En el otro lado del duelo hay otro representante, Luis Inácio Lula da Silva. No quiero ser maniqueísta que sólo considera el bien de un lado y el mal del otro. El bien y el mal se mezclan. Pero hay que reconocer que en Lula el bien alcanza más expresión. Presenta un proyecto cuya centralidad reside en la vida, empezando por los que menos vida tienen: los treinta millones de hambrientos, los 110 millones con insuficiencia alimentaria, los millones de desempleados o subempleados, los trabajadores y los pensionistas que han visto disminuir sus derechos, con el salario mínimo congelado. Para resumir, lo primero que hay que hacer es garantizar los mínimos: comida, salud, trabajo, educación, casa, tierra para producir alimentos para el pueblo, seguridad y oportunidad para aquellos que históricamente son los descendientes de la senzala (el 54% de la población), que puedan acceder a la enseñanza superior, universitaria o técnica. Gobernar es cuidar de todos, pero siempre a partir de los humillados y ofendidos. La inspiración viene de Gandhi que decía: hacer política es tener un gesto amoroso para con el pueblo y cuidar de las cosas comunes. O en las palabras del Papa Francisco en su Fratelli tutti: la política tiene que ser hecha con ternura “que es el amor hecho próximo y concreto, un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos y a las manos” (n.196). Es el reino de la biofilia, del amor a la vida.

Estos dos proyectos, como en un duelo, se están enfrentando en esta elección. Toca a los ciudadanos hacer su discernimiento: em definitiva, ¿qué país queremos? ¿Qué presidente es más portador de vida, de medios de vida, de esperanza y de gusto de vivir? No somos piedras que solamente existen. No queremos solo existir, queremos vivir y convivir en paz unos con otros.

Lo que experimentamos en el gobierno del presidente actual ha sido el decrecimiento de nuestra humanidad, el abandono de miles de personas entregadas a la virulencia de la Covid-19, que murieron cuando podrían haberse salvado si no hubiese sido por el tenaz negacionismo oficial. 

Lo que más nos duele y avergüenza es la falta de compostura de la más alta autoridad de la nación, que debería vivir las virtudes que le gustaría ver realizadas en el pueblo como la solidaridad, el cuidado de unos a otros y de nuestras riquezas naturales y la promoción de nuestra ciencia y cultura, agredidas por él de forma vejatoria. Al contrario, predominó la difusión del odio, de las fake news, la grosería, el lenguaje soez y todo tipo de discriminación hacia los afrodescendientes, los indígenas, los quilombolas, las mujeres, los pobres y los LGBT+ entre otros. 

Solo podremos superar este flagelo político-social y necrófilo si, en este duelo, optamos por el proyecto de la biofilia. Aquí me valgo otra vez del exgobernador Tarso Genro: “Una semana antes del plebiscito hay que conseguir un gran acuerdo político de gobernanza y gobernabilidad, derrotando a Jair Bolsonaro en la primera vuelta, unidos en torno al nombre más fuerte para vencer y conducir la nación al destino democrático y social que nuestro pueblo merece”.

Ese nombre está emergiendo como el preferido de los electores: Lula da Silva. Es un superviviente de la gran tribulación nacional, mostró que fue capaz de humanizar la política, sacando a Brasil del mapa del hambre, creando políticas sociales y populares que dieron oportunidades a los excluidos, a muchos otros y principalmente devolvieron a los empobrecidos su dignidad.

El destino de nuestra nación está en nuestras manos. Depende de que tomemos la opción que saque a Brasil del foso en el cual lo han metido, nos permita disminuir la nefasta desigualdad social y, por fin, nos conceda la alegre celebración de la vida. La próxima elección-duelo del 2 de octubre será el gran test: qué Brasil y qué presidente, de hecho, queremos. 

Ojalá triunfe el proyecto de la biofilia, del amor a la vida, especialmente la vida sufrida de las grandes mayorías.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, ha publicado: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

A próxima eleição como plebiscito: biofilia versus necrofilia

 Na missa de páscoa canta-se um dos mais belos hinos do gregoriano no qual se diz:”a morte e a vida entreolhando-se travaram um duelo”(mors et vita duello conflixere mirando). E se conclui: “o senhor da vida,reina vivo”(dux vitae,regnat vivus).

Refiro este texto litúrgico como metáfora do que vejo se realizar nas próximas eleições: um plebiscito no qual se trava efetivamente um duelo  político entre dois projeto de Brasil e dois modelos de Presidente.Um projeto tem como representante e promotor um Presidente que claramente se aliou ao domínio da morte. Não quero eu dizê-lo mas o afirma umas das inteligências jurídicas mais brilhantes de nosso país, ex-governador do Rio Grande do Sul, ex-ministro da justiça, Tarso Genro:

“Para Jair Bolsonaro não há adversários, só há inimigos a serem abatidos pelas armas.Como um político que defende o justiçamento de suspeitos, o fuzilamento de “30 mil compatriotas”, o assassinato de um presidente pacífico e democrático, a tortura como método inquisitório, o fim a democracia política, que sustenta que o erro da ditadura não foi torturar, mas foi “não matar”, que explicita publicamente a sua admiração a Hitler e debocha da tortura sofrida por uma mulher digna – que estava sendo retirada da Presidência –, como este político foi covardemente naturalizado pelo “establishment” neoliberal e pelas grandes cadeias de comunicação, depois de ter cometido e repetido muitos crimes bárbaros e ainda ter feito uma consciente propaganda genocida contra a vacinação?”

Aqui fica claro um projeto de morte que, caso Bolsonaro for reeleito, irá implementá-lo. É o domino da necrofilia, a promoção da morte e de seus derivados como o ódio e a mentira.

No outro lado do duelo, há outro representante, Luis Inácio Lula da Silva. Não quero ser maniqueísta que só considera o bem de um lado e o mal do outro. Bem e mal se misturam. Mas há de se reconhecer que em Lula o bem ganha mais expressão. Apresenta um projeto cuja centralidade reside na vida a começar pelos que menos vida têm: os trinta milhões de famintos, os 110 milhões com insuficiência alimentar, os milhões de desempregados ou subempregados, os trabalhadores e os aposentados que viram diminuírem seus direitos,com o salário mínimo congelado. Para resumir, o primeiro a se fazer é garantir os mínimos: comida, saúde, trabalho, educação, casa, terra para produzir alimentos para o povo, segurança e oportunidade para aqueles que historicamente são os descendentes da senzala (54% da população) poderem entrar no ensino superior, universitário ou técnico. Governar é cuidar de todos, mas sempre a partir dos humilhados e ofendidos. A inspiração vem de Gandhi que dizia: fazer  política é ter um gesto amoroso para com o povo e  cuidar das coisas comuns. Ou nas palavras do Papa Francisco em sua Fratelli tutti: a política tem que ser feita com ternura “que é o amor se faz próximo e concreto,um movimento que procede do coração e chega aos olhos, aos ouvidos e às mãos”(n.196). É o reino da biofilia,do amor à vida.

Estes dois projetos, como num duelo, estão se enfrentando nesta eleição.Cabe aos cidadãos fazerem seu discernimento: finalmente que país nós queremos? Que Presidente é mais portador de vida, de meios de vida, de esperança e de gosto de viver? Não somos pedras que apenas existem. Não queremos só existir, queremos viver e conviver em paz  uns com os outros.

O que experimentamos no governo do atual Presidente foi o decrescimento em nossa humanidade, o abandono de milhares entregues à virulência do Covid-19 e que morreram quando poderiam ter sido salvos se não fosse o tenaz negacionismo oficial.

O que mais nos dói e envergonha é a falta de compostura da mais alta autoridade da nação que deveria viver as virtudes que gostaria ver realizadas no povo como a solidariedade,o cuidado de uns para com os outros e com a nossas riquezas naturais e a promoção de nossa ciência e cultura,por ele  agredidas de forma  vexaminosa. Ao contrário, predominou a difusão do ódio, das fake news, a boçalidade, a linguagem de baixo calão e todo tipo de discriminação  para com os afrodescendentes, os indígenas, os quilombolas, as mulheres,os pobres e os LGBT+ entre outros. Só poderemos superar este flagelo político-social e necrófilo se,no duelo, optarmos pelo projeto da  biofilia. Aqui me valho ainda do ex-governador Tarso Genro:”Há de se fazer,uma semana antes do pleito,um grande acordo político de governança e governabilidade, derrotando Jair Bolsonaro no primeiro turno,unida em torno do nome mais forte para vencer e conduzir a nação ao destino democrático e social que o nosso povo merece”.

Esse nome está emergindo como o preferido dos eleitores, Lula da Silva. É um sobrevivente da grande tribulação nacional, mostrou que foi capaz de humanizar a política, tirando o Brasil do mapa da fome e criar políticas sociais e populares que criaram oportunidades para os excluídos, para muitos outros e principalmente devolveram dignidade aos empobrecidos.

O destino de nossa nação está em nossas mãos. Depende da opção por aquilo que tire o Brasil do fosso no qual o lançaram e nos permita diminuir a nefasta desigualdade social e, por fim, nos conceda a alegre celebração da vida. A próxima eleição-duelo em 2 de outubro significará o grande teste: que Brasil e que Presidente, de fato, nós queremos. Oxalá triunfe o projeto da biofilia, do amor à vida, especialmente aquela sofrida das grandes maiorias.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escritor e publicou: Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018.

L’indipendenza incompiuta del Brasile non è che una promessa di futuro per tutta l’umanità.

Il 7 settembre di ogni anno si celebra il Giorno dell’Indipendenza del Brasile. Ma si tratta di un’indipendenza incompiuta. È stata realizzata da Dom Pedro I montando su un asino e non epicamente come lo ritrae in modo falso Meireles sopra un bellissimo cavallo.

Alla raggiunta indipendenza del Brasile [n.r dal regno del Portogallo], si mantennero gli stessi rapporti del periodo coloniale, tra i signori della ‘Casa Grande’ e gli schiavi dei ‘senzala’. Non dimentichiamo il fatto che l’Indipendenza è stata realizzata nel quadro della schiavitù, una condizione brutale e crudele per milioni di persone deportate dall’Africa e qui schiavizzate. Anche dopo la Legge Aurea del 1888, gli schiavi non ricevettero alcun risarcimento in termini di terra, lavoro e opportunità. Furono costretti a ‘vivere alla giornata’ senza assolutamente nulla. Oggi gli afro-discendenti costituiscono il 54% della nostra popolazione per la quale non abbiamo mai saldato il nostro debito per tutto ciò che hanno sofferto e per l’aiuto dato a costruire questa nazione.

Come paese, siamo sempre stati dipendenti. Prima dal Portogallo, poi dall’Inghilterra, poi dagli USA e attualmente dai paesi opulenti con le loro mega corporazioni che sfruttano le nostre ricchezze.

Non c’è mai stato un progetto di nazione. Come è stato ampiamente dimostrato dagli storici, ha sempre prevalso una politica di conciliazione delle classi abbienti tra loro e con le spalle rivolte al popolo, escluso e vilmente disprezzato e odiato. Loro hanno occupato lo Stato e il suo apparato per garantire i loro privilegi, per usufruire dei vantaggi dei grandi progetti, delle tangenti e della corruzione semplicemente naturalizzata. Ecco perché abbiamo un Paese profondamente diviso tra un ristretto numero di miliardari, una porzione di classe media e grandi maggioranze emarginate ed escluse dai beni della civiltà.

In epoca coloniale vi furono resistenze e rivolte di gente del popolo, di neri e indigeni, tutte violentemente schiacciate con impiccagioni, fucilazioni o, nel migliore dei casi, con l’esilio e con colpi di stato e dittature in epoca repubblicana.

In verità, qui, la democrazia delegata fu e continua ad essere di bassa e anche bassissima intensità, con una libertà solo formale e giuridica, ma senza il suo complemento insostituibile, l’uguaglianza. Ecco perché c’è una disuguaglianza vergognosa, una delle maggiori al mondo, che è un’ingiustizia sociale così grave da gridare al cielo per le vittime che produce.

Guardando indietro, la storia della nostra patria è segnata da ombre oscure: il genocidio indigeno, la colonizzazione, la schiavitù e il dominio di élite arretrate, come le qualifica la sociologa Jessé Souza.

Quando qualcuno dai ‘piani di sotto’, sopravvissuto alla grande tribolazione brasiliana, Luis Inácio Lula da Silva e il suo successore Dilma Rousseff sono arrivati al potere, introducendo politiche sociali per l’inserimento di milioni di poveri e affamati, è stato presto organizzato un colpo di stato parlamentare-giudiziario contro di loro. In questo modo il vecchio ordine (del disordine sociale) si è salvato ed è stato portato avanti da una figura folle e psicopatica che ha tirato fuori dall’armadio di parti importanti della popolazione tutto ciò che c’era di odio e di perversione, frutto represso e tardivo del tempo della schiavitù. Gli schiavi erano semplicemente “pezzi” da vendere e comprare al mercato e trattati con le famose tre P: pau, pão e pano (bastone, pane e panno), pau come frustate disumane, pão per non morire di fame e pano per nascondere le vergogne. La pratica era una violenza che continua ancora oggi con la popolazione nera e povera.

Bella finalità: qui la nostra indipendenza è stata zoppa e incompiuta, il che toglie ogni senso di celebrazione. In quanto non c’è mai stata una rivoluzione, come nei grandi paesi che hanno fatto il loro salto di qualità, privando la classe al potere del privilegio e del facile arricchimento, non ci è mai stata data l’opportunità di fondare una nazione con un progetto per tutti, orgoglioso e attivo. Abbiamo solo esteso il regime di dipendenza da diverse altre potenze straniere fino alla data odierna.

Quale sarebbe la nostra possibilità e il nostro destino? Guardare avanti e al futuro. Siamo una nazione continentale, con la più grande ricchezza ecologica del pianeta in termini di acqua dolce, foreste tropicali, suoli fertili, immensa biodiversità e un popolo aperto, abile e intelligente che è riuscito a sopravvivere a ogni tipo di oppressione.

Sappiamo che la Terra ha raggiunto il suo limite. Il 28 luglio 2022 ha coinciso con l’Earth Overshoot Day, ovvero abbiamo utilizzato tutti i beni e servizi naturali indispensabili per la vita. Siamo entrati in debito con la Terra. Nei primi sette mesi dell’anno abbiamo utilizzato tutto lo stock di acqua, minerali, vegetali ed energia che il pianeta può produrre e rigenerare in un periodo di 365 giorni. Per continuare a vivere, avremmo bisogno della bio-capacità di 1,75 Terre che non abbiamo.

Con l’inaspettata crescita del riscaldamento globale e con ciò che già esiste di CO2 e metano accumulato nell’atmosfera, gli eventi estremi saranno inevitabili. Siamo arrivati ​​tardi. Con la scienza e la tecnica possiamo solo mitigare gli effetti estremi che arriveranno con la distruzione di ecosistemi e migliaia di vite umane. Secondo i dati IPCC di quest’anno, ciò potrebbe accadere nei prossimi 3-4 anni. Ci sono molte nazioni che non sono in grado di produrre ciò di cui la loro popolazione ha bisogno, una situazione aggravata dall’intrusione del Covid-19.

Questa triste realtà potrebbe diventare una catastrofe globale. È a questo punto che entra in gioco la possibile e reale indipendenza del Brasile. Può essere la tavola apparecchiata per la fame e la sete di tutta l’umanità. Ciò dipenderà in gran parte dal Brasile, dall’umidità della nostra Amazzonia, dalle proteine ​​del nostro bestiame e pollame e dalla produzione alimentare dei nostri terreni. La maggior parte dei paesi, oggi indipendenti, saranno dipendenti da noi. Avremo finalmente raggiunto la nostra vera indipendenza, non per nostro orgoglio e beneficio, ma come servizio alla vita sulla Terra e alla sopravvivenza dell’umanità.

Finalmente potremo cantare la canzone di carnevale: “Libertà, Libertà! Apri le tue ali su di noi. E che la voce dell’Uguaglianza sia sempre la nostra voce” e quella di tutta l’umanità.

Leonardo Boff, teologo, filosofo e scrittore.

(traduzione in italiano di Gianni Alioti)

La independencia inconclusa de Brasil,pero promesa de un futuro para toda la humanidad.

El día 7 de septiembre de cada año celebramos el día de la Independencia de Brasil. Pero se trata de una independencia inconclusa. Fue proclamada por Don Pedro I montado encima de un burro, no como épica y falsamente lo pinta Meireles montado en un hermoso caballo.

Al independizarse se mantuvieron en Brasil las mismas relaciones de la época colonial, de los señores de la Casa Grande y de los esclavizados de la senzala. No olvidemos el hecho de que la Independencia se hizo todavía en el marco de la esclavitud, que fue brutal y cruel para millones de personas traidas de África y esclavizadas aquí. Incluso después de la Ley Áurea de 1888, los esclavizados no tuvieron ninguna compensación en tierras, trabajos u oportunidades. Fueron lanzados al dios-dará sin absolutamente nada. 

Hoy los afrodescendientes son el 54% de nuestra población; nunca saldaremos nuestra deuda por todo lo que sufrieron y ayudaron a construir esta nación.

Como país, siempre fuimos dependientes. Primero de Portugal, después de Inglaterra, luego de USA y actualmente de los países opulentos con sus megacorporaciones que explotan nuestras riquezas.

Nunca hubo un proyecto de nación. Predominó siempre, como ha sido demostrado ampliamente por los historiadores, una política de conciliación de las clases adineradas entre sí y de espaldas al pueblo, excluido y cobardemente despreciado y odiado. Ellas ocuparon el Estado y sus aparatos para garantizar sus privilegios, usufructuar los beneficios de los grandes proyectos, los sobornos y la corrupción simplemente naturalizada. Por eso tenemos un país profundamente dividido entre un pequeño número de millonarios y multimillonarios, una porción de clase media y grandes mayorías marginalizadas y excluidas de los bienes de la civilización.

En la época colonial hubo resistencias y revueltas de gente del pueblo, de negros e indígenas, todas violentamente aplastadas con ahorcamientos, fusilamientos o, en el mejor de los casos, con el exilio, y con golpes y dictaduras en la época republicana.

A decir verdad, aquí la democracia fue y sigue siendo de baja y hasta de bajísima intensidad, con una libertad puramente formal y jurídica pero sin su insustituible complemento, la igualdad. Por eso existe una desigualdad vergonzosa, de las mayores de mundo, que es una injusticia social tan grave que clama al cielo por las víctimas que produce. 

Mirando hacia atrás, nuestra historia patria está marcada por las oscuras sombras del genocidio indígena, de la colonización, de la esclavitud y de la dominación de las élites del atraso, como las califica el sociólogo Jessé Souza. Cuando alguien venido del piso de abajo, sobreviviente de la gran tribulación brasilera, llegó al poder, Luis Inácio Lula da Silva, con su sucesora Dilma Rousseff introdujeron políticas sociales de inserción de millones de personas pobres y hambrientas, pronto se armó contra ellos un golpe jurídico-parlamentario-judicial. De esta forma se salvó el viejo orden (del desorden social) que halló continuad en una figura insana e psicópata que sacó del armario de una parte importante de la población todo el odio y perversión que había reprimidos, fruto tardío del tiempo de la esclavitud.

Los esclavizados eran simplemente “piezas” a ser vendidas y compradas en el mercado y tratadas con las famosas tres pes: palo, pan y paño; palo como latigazos inhumanos, pan para que no muriesen de hambre y paño para esconder sus vergüenzas. La práctica era la violencia que continúa todavía hoy con la población negra y pobre. 

Fine finaliter: aquí nuestra independencia fue manca e inacabada, lo que nos quita cualquier sentido de celebración. Como nunca hubo una revolución que, como en los grandes países que dieron su salto de calidad, apease del poder-dominación a la clase del privilegio y del enriquecimiento fácil, nunca tuvimos la oportunidad de fundar una nación con un proyecto para todos, altivo y activo. Solo hemos prolongado el régimen de dependencia de varios otros poderes foráneos hasta el día de hoy. 

¿Cuál sería nuestra oportunidad y nuestro destino? Mirar hacia delante y al futuro. Somos una nación continental, con la mayor riqueza ecológica del planeta en términos de agua dulce, selvas tropicales, suelos fértiles, inmensa biodiversidad y un pueblo abierto, hábil e inteligente que ha conseguido sobrevivir a todo tipo de opresión. 

Sabemos que la Tierra ha llegado a su límite. El día 28 de julio de 2022 ocurrió el Día de la Sobrecarga de la Tierra (The Earth Overshoot Day) o sea, que ya hemos gastado todos los bienes y servicios naturales indispensables para la vida en este año. Estamos en números rojos. En los siete meses pasados hemos usado todas las aguas, minerales, vegetales y energía que el planeta puede producir y regenerar en el período de 365 días. 

Para poder seguir viviendo sería necesaria la biocapacidad de 1,75 Tierras, que no tenemos.

Con el aumento inesperado del calentamiento global y con el CO2  y el metanoque ya existen acumulados en la atmósfera, los eventos extremos serán inevitables. Hemos llegado con retraso. Con ciencia y técnica podemos solo mitigar los efectos extremos que vendrán con destrucción de ecosistemas y miles de vidas humanas. Según los datos de este año del IPCC esto podrá suceder en los próximos 3-4 años. Hay muchas naciones que no consiguen producir lo que su población necesita, situación agravada por la irrupción de la Covid-19.

Esta realidad sombría puede llegar a ser una catástrofe global. Y en este punto es donde entra la independencia posible y real de Brasil. Él puede ser la mesa puesta para las hambres y las sedes de toda la humanidad. Esta dependerá en gran parte de Brasil, de la humedad de nuestra Amazonia, de la proteína de nuestro ganado y aves, y de la producción de alimentos de nuestros suelos. Gran parte de los países, hoy independientes, serán dependientes de nosotros. Finalmente habremos alcanzado nuestra real independencia, no para nuestro orgullo y beneficio, sino como servicio para la vida en la Tierra y la supervivencia de la humanidad.

Finalmente podremos entonar la canción carnavalesca: “¡Libertad, Libertad! Abre tus alas sobre nosotros Y que la voz de la igualdad sea siempre nuestra voz” y de toda la humanidad.

*Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor, ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes 2021; Habitar la Tierra, Vozes 2022.

Traducción de MªJosé Gavito Milano