Las amenazas de la Gran Transformación (II)

En el artículo anterior analizamos las amenazas que nos trae la transformación de la economía de mercado en sociedad de mercado con la doble injusticia que acarrea: la social y la ecológica. Ahora queremos detenernos en su incidencia en el ámbito de la ecología tomada en su más amplia acepción ambiental, social, mental e integral.

Constamos un hecho singular: en a medida en que crecen los daños a la naturaleza que afectan cada vez más a las sociedades y la calidad de vida, crece simultáneamente la conciencia de que, en un 90%, tales daños se atribuyen a la actividad irresponsable e irracional de los seres humanos, más específicamente, a aquellas élites de poder económico, político, cultural y mediático que se han constituido en grandes corporaciones multilaterales y han asumido por su cuenta los rumbos del mundo. Es urgente que hagamos alguna cosa que interrumpa esta vía hacia el precipicio. Como advierte la Carta de la Tierra: «o hacemos una alianza global para cuidar de la Tierra y unos de otros podremos asistir a la destrucción de nuestra especie y de la diversidad de la vida» (Introducción).

La cuestión ecológica, especialmente tras el Informe del Club de Roma en 1972 titulado Los límites del Crecimiento se ha vuelto un tema central de la política, de las preocupaciones de la comunidad científica mundial y de los grupos más despiertos y preocupados por nuestro futuro común.

El foco de las cuestiones se desplazó del crecimiento/desarrollo sostenible (imposible dentro de la economía de libre mercado) hacia el sostenimiento de toda la vida. Primero hay que garantizar la sostenibilidad del planeta Tierra, de sus ecosistemas, de las condiciones naturales que posibilitan la continuidad de la vida. Solamente garantizadas estas condiciones previas, se puede hablar de sociedades sostenibles y de desarrollo sostenible o de cualquier otra actividad que quiera presentarse con este calificativo.

La visión de los astronautas reforzó esta nueva conciencia. Desde sus naves espaciales o desde la Luna se dieron cuenta de que Tierra y humanidad forman una única entidad. No están separadas ni son realidades paralelas. La humanidad es una expresión de la Tierra, su parte consciente, inteligente y responsible de la conservación de las condiciones que continuamente producen y reproducen la vida. En nombre de esta conciencia y de esta urgencia surgió el principio responsabilidad (Hans Jonas), el principio cuidado (Boff y otros), el principio sostenibilidad (Informe Brundtland), el principio de interdependencia-cooperación (Heisenberg/Wilson/Swimme), el principio prevención/precaución (Carta de Río de Janeiro de 1992 de la ONU), el principio compasión (Schopenhauer/Dalai Lama) y el principio Tierra (Lovelock y Evo Morales).

La reflexión ecológica se ha vuelto más compleja. No se puede reducir solo a la preservación del medio ambiente. La totalidad del sistema-mundo está en juego. Así han surgido una ecología ambiental que tiene como meta la calidad de vida; una ecología social que busca un modo sostenible de vida (producción, distribución, consumo y tratamiento de las basuras); una ecología mental que se propone criticar prejuicios y visiones de mundo hostiles a la vida y formular un nuevo diseño civilizatorio, a base de principios y de valores, para una nueva forma de habitar la Casa Común; y finalmente una ecología integral que se da cuenta de que la Tierra es parte de un universo en evolución y que debemos vivir en armonía con el Todo, uno, complejo y cargado de propósito.

Se ha creado de este modo una cuadrícula teórica, capaz de orientar el pensamiento y las prácticas amigables a la vida. Entonces se hizo evidente que la ecología más que una técnica de manejo de bienes y servicios escasos representa un arte, una nueva forma de relacionarse con la naturaleza y con la Tierra y el descubrimiento de la misión del ser humano en el proceso cosmogénico y en el conjunto de los seres: cuidar y preservar.

Por todas partes del mundo han surgido movimientos, instituciones, organismos, ONGs, centros de investigación, cada cual con su singularidad: hay quien se preocupa por los bosques, otros de los océanos, de la preservación de la biodiversidad, de las especies en peligro de extinción, de los ecosistemas tan diversos, de las aguas y de los suelos, o de las semillas y la producción orgánica. Entre todos estos movimientos cabe destacar a Greenpeace por su persistencia y valor de enfrentarse, corriendo peligros, a quienes amenazan la vida y el equilibrio de la Madre Tierra.

La misma ONU ha creado una serie de instituciones que tienen como objetivo hacer el seguimiento del estado de la Tierra. Las principales son el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, la OMS (Organización Mundial de la Salud), la Convención sobre la Biodiversidad y especialmente el IPPC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático) entre otras.

Esta Gran Transformación de la conciencia está llevando a cabo una complicada travesía, necesaria para fundar un nuevo paradigma, capaz de transformar la eventual tragedia ecológico-social en una crisis de paso que nos permitirá un salto de calidad rumbo a un nivel más alto de relación amistosa, armoniosa y cooperativa entre Tierra y humanidad. Si no asumimos esta tarea, el futuro común estará amenazado.

Challenges of the Great Transformation (II)

In the previous article we analyzed the challenges brought us by the transformation of the market economy to a market society, with its accompanying twin injustices: social and ecological. We will expand now on its impact on the ecological field, considered in its broader environmental, social, mental and physical meaning.

We observe a singular fact: to the degree that the damage to nature grows, affecting ever more societies and the quality of life, there simultaneously grows an awareness that 90% of these injuries are attributable to the irresponsible and irrational activity of human beings, more specifically, of the elite economic, political, cultural and media forces that have organized themselves into great multilateral corporations and have taken unto themselves the destiny of the world. It is urgent that we do something to interrupt their path to the precipice. As the Earthcharter warns: «either we create a global alliance to care for the Earth and for one another, or we could be enabling the destruction of our species and the diversity of life» (Introduction).

The ecological question, especially after the 1972 Report of the Club of Rome, titled The Limits of Growth, has become a central theme of politics, and of the concerns of the world scientific community and the groups that are more aware of and concerned with our common future.

The focus of the question moved from sustainable growth/development (impossible in the free market economy), to the sustainability of all life. First we must guarantee the sustainability of planet Earth, of her eco-systems, and the natural conditions that make possible the continuity of life. Only when these conditions are guaranteed is it possible to talk of sustainable societies and sustainable development, or of any other activity that may be subsumed by this characterization.

The vision of the astronauts reinforced this new consciousness. From their spacecrafts or the Moon, they realized that the Earth and humanity form a single entity. They are neither separate nor parallel realities. Humanity is an expression of the Earth, of that aspect that is conscious, intelligent, and responsible for conserving the conditions that continuously produce and reproduce life. In the name of this awareness and urgency arose the responsibility principle (Hans Jonas), the caring principle, (Boff and others), the sustainability principle, (Brundtland Report), the principle of interdependence-cooperation (Heisenberg/Wilson/Swimme), the prevention/precaution principle, (1992 Charter of Rio de Janeiro of the UNO), the compassion principle, (Schopenhauer/Dalai Lama), and the Earth principle (Lovelock and Evo Morales).

The ecological reflection has turned out to be very complex. It cannot be reduced merely to the preservation of the environment. The entire world-system is at risk. Thus an environmental ecology has arisen, whose main goal is the quality of life; a social ecology that searches for a sustainable form of living (production, distribution, consumerism and the treatment of waste); a mental ecology that proposes to criticize prejudices and world visions that are hostile to life, and to formulate a new design for civilization, based on principles and values, for a new way of inhabiting the Common House; and finally, an integral ecology that understands that the Earth is part of an evolving universe, and that we must live in harmony with the Whole; unitary, complex and filled with purpose.

Thus a theoretical framework has been created, one capable of guiding thought and practices friendly to life. It became evident that, more than a technique for handling scarce goods and services, ecology is an art, a new form of relating with nature and the Earth, and the discovery of the mission of the human being in the cosmological process and in the collection of beings: to care for and to preserve.

Throughout the world there have appeared movements, institutions, organisms, NGOs, centers of investigation, each with its singular focus: some are concerned with the forests, others with the oceans, with the preservation of bio-diversity, endangered species, the hugely diverse ecosystems, the water, the soil, or of the seeds and organic production. Of all these movements, Greenpeace deserves mention, for its persistence and the courage to confront, with all the risks, those who threaten life and the equilibrium of Mother Earth.

The UN itself has created a series of institutions whose objectives include monitoring the situation of the Earth. The principal ones are the United Nations Environment Program, UNEP, the Food and Agriculture Organization of the United Nations, FAO, the World Health Organization, WHO, the Convention on Bio-Diversity, CBD, and especially the Intergovernmental Panel on Climate Change, IPPC, among others.

This Great Transformation of consciousness has embarked on a complicated journey, one that is necessary to create a new paradigm, capable of transforming the eventual ecological-social tragedy into a crisis of passage that will enable a qualitative leap towards a higher level of a friendly, harmonious, and cooperative relationship between the Earth and humanity. If we do not undertake this task, the common future will be threatened.

Free translation from the Spanish by
Servicios Koinonia, http://www.servicioskoinonia.org.
Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.
****************************************************************

Herausforderungen der Großen Transformation (I)

Die Große Transformation besteht aus dem Übergang von einer Marktwirtschaft zu einer Marktgesellschaft. Oder, anders ausgedrückt, von einer Gesellschaft mit Markt zu einer Gesellschaft, die ausschließlich aus Markt besteht. Märkte gab es schon immer in der Geschichte der Menschheit, doch es gab noch nie eine Marktgesellschaft, die die Ökonomie zur einzigen Achse macht, um die sich das ganze soziale Leben dreht und die sich die Politik unterordnet und die Ethik aufhebt. Alles ist käuflich, selbst das Sakrale.

Es geht nicht einfach um irgendeine Art von Markt. Es handelt sich um einen Markt, der von der Konkurrenz bestimmt ist, nicht von der Kooperation. Was zählt sind der individuelle Profit oder der der Konzerne, nicht das Gemeinwohl der Gesellschaft als ganzer. Profite werden im allgemeinen zu Lasten der Natur und zum Preis ihrer Zerstörung als auch durch das perverse Fördern sozialer Ungleichheiten gemacht. In diesem Sinne ist die wissenschaftliche Arbeit von Thomas Pikettys mit dem Titel „Kapital im XXI. Jahrhundert“ unwiderlegbar.

Der Markt muss frei sein, folglich weist er Kontrollen zurück und sieht den Staat als größtes Hindernis, dessen Aufgabe, wie wir wissen, darin besteht, die Gesellschaft und den Bereich der Wirtschaft mit Hilfe von Gesetzen und Normen zu ordnen und die Suche nach dem Gemeinwohl zu koordinieren. Die Große Transformation postuliert einen minimalistischen Staat, der praktisch auf Fragen zur Infrastruktur und der so gering wie möglich gehaltenen Finanzverwaltung sowie auf Fragen zur Sicherheit beschränkt wird. Alles andere muss vom Markt erbeten werden, der sich dafür bezahlen lässt.

Der Drang danach, alles zur Ware zu machen, hat alle Bereiche der Gesellschaft durchdrungen: Gesundheit, Bildung und Sport, die Welt der Kunst und der Unterhaltung und sogar wichtige religiöse Bereiche und die Kirchen. Religionen und Kirchen übernehmen die Logik des Marktes, die Kreation einer enormen Masse an Konsumenten und symbolischen Gütern. Diese Kirchen sind arm im Geiste, doch reich im Sinne von Gelderwerb. Es ist nicht selten, dass ein Tempel und eine Einkaufspassage nebeneinander im selben Einkaufszentrum bestehen. Es geht immer um dasselbe: Einkünfte zu erlangen, sei es durch materielle oder durch „spirituelle“ Güter.

Der ungarisch-nordamerikanische Wirtschaftshistoriker Karl Polanyi (1886-1964) studierte diesen zerstörerischen Prozess im Detail. Polanyi prägte den Begriff Die Große Transformation, der Titel eines seiner Bücher, das er 1944 vor Ende des 2. Weltkriegs schrieb. Zu seiner Zeit fand das Buch keine große Beachtung. Heute, da seine Thesen sich mehr denn je bestätigt sehen, wurde das Buch zur Pflichtlektüre für alle, die verstehen wollen, was im Bereich der Ökonomie geschieht, was in allen Bereichen menschlicher Aktivität Widerhall findet, einschließlich der religiösen Aktivität. Man geht davon aus, dass Papst Franziskus sich von Polanyi inspirieren ließ, als er das aktuelle Vermarkten von allem, selbst von Menschen und ihrer Organe, verurteilte.

Diese Art und Weise, die Gesellschaft rund um die ökonomischen Interessen zu organisieren, hat die Menschheit von oben bis unten gespalten: eine enorme Schere hat sich geöffnet zwischen den wenigen Reichen und den vielen Armen. Eine grausame soziale Ungerechtigkeit wurde hergestellt mit einer Vielzahl an ausgegrenzten Menschen, die als unökonomisch erachtet werden, verbranntem Öl, Menschen, für die der Markt sich nicht mehr interessiert, da sie sehr wenig produzieren und fast nichts konsumieren.

Gleichzeitig hat die Große Transformation der Marktgesellschaft eine gefährliche soziale Ungerechtigkeit hervorgebracht. In ihrem Anhäufungs-Eifer wurden die Naturgüter und -ressourcen auf äußerst räuberische Weise ausgebeutet, wobei ganze Ökosysteme verwüstet wurden, die Erde kontaminiert wurde sowie Wasser, Luft und Lebensmittel ohne sich über ethische, soziale oder hygienische Belange Gedanken zu machen.

Ein solches Projekt, das auf unbegrenztes Anhäufen abzielt, kann von einem begrenzten, kleinen, alten und kranken Planeten nicht getragen werden. Auch ein systemisches Problem ist erstanden, das Ökonomen, die diese Art des Wirtschaftens befürworten, selten bedenken: Die physikalisch-chemisch-ökologischen Grenzen des Planeten Erde sind bereits erreicht worden. Diese Tatsache erschwert das beständige Wachstum des Systems, wenn es dieses nicht sogar unmöglich macht, denn es erfordert eine Erde voller Ressourcen (Güter und Dienstleistungen oder „großzügige Geschenke“ in der Sprache der indigenen Völker).

Wenn wir diesen Weg weiter verfolgen, können wir erleben, wie es bereits geschieht, dass die Erde darauf mit Gewalt reagiert. Als eine sich selbst regulierende, lebende Entität, reagiert die Erde auf Aktionen, die ihre Fähigkeit schwächen, ihr Gleichgewicht zu erhalten, mit extremen Ereignissen, Erdbeben, Tsunamis, Orkanen und einem völligen Fehlen von Klima-Regulierung.

Diese Transformation erweist sich durch ihre eigene interne Logik als zerstörerisch für das Leben, das Ökosystem und die Umwelt. Es zerstört systematisch die Basis, die das Leben erhält. Das Leben ist in Gefahr, und so könnte, sei es durch die bestehende Aufrüstung an Massenvernichtungsmitteln oder durch das ökologische Chaos, die menschliche Spezies von der Erde verschwinden. Das könnte die Konsequenz unserer Verantwortungslosigkeit sein und von unserem völligen Mangel an Achtsamkeit für alles, was lebt und existiert.

 

Bettina Gold-Hartnack

69/70 anos da bomba atômica sobre o Japão: a arma da autodestruição da espécie?

Passaram-se 69/70 anos do maior ato terrorista da história que foi o lançamento de duas bombas atômicas sobre as cidades japonesas de Hiroshima e Nagasaki. Não eram armas contra exércitos, mas armas de destruição em massa, de civis, mulheres, crianças, animais, vegetação, de tudo o que vive. O copiloto Robert Lewis vendo a devastação, assustado exclamu: ”Meu Deus, o que fizemos”? O impacto foi tão demolidor que o imperador Hiroíto logo se rendeu também por este argumento:”para evitar a total extinção da civilização humana”(P. Johnson,Tempos modernos 1990,357). Ele captou sabiamente: partir de agora não precisamos mais que Deus intervenha para pôr fim à nossa história. Nós nos demos os instrumentos que nos podem autodestruir. Como disse Sartre:” nós nos assenhoreamos de nosssa própria morte”.

No final de sua vida, o grande historiador inglês Arnold Toynbee (+1975), depois de escrever muitos tomos sobre as grandes civilizações, deixou consignada esta opinião sombria em seu ensaio autobiográfico Experiências de 1969: “Vivi para ver o fim da história humana tornar-se uma possibilidade intra-histórica capaz de ser traduzida em fato não por um ato de Deus mas do homem”.

O insuspeito Samuel P. Huntington, já falecido, antigo assessor do Pentágono e um analista perspicaz do processo de globalização, no término de seu O choque de civilizações diz: “A lei e a ordem são o primeiro pré-requisito da civilização; em grande parte no mundo elas parecem estar evaporando; numa base mundial, a civilização parece, em muitos aspectos, estar cedendo diante da barbárie, gerando a imagem de um fenômeno sem precedentes, uma Idade das Trevas mundial, que se abate sobre a Humanidade” E para terminar o cenário valem as palavras do famoso historiador Eric Hobsbawm que fecha seu livro Era dos extremos (1995) com esta grave advertância:”O futuro não pode ser a continuação do passado…nosso mundo corre risco de explosão e implosão…Tem que mudar…e a alternativa para uma mudança da sociedade, é a escuridão”. Não é issos que estamos vendo?

Portanto, os cenários não são nada róseos. Mas quem pensa nestas ameaças que pesam sobre nosso destino? Os chefes de Estado de transormaram antes em gestores da macroeconomia do que governantes de seus povos. E os “capos” das grandes corporações transnacionais só pensam em lucrar e lucrar indefinidamente às expensas da demolição das fundações materias da vida e da superexploração de povos inteiros como a Grécia, Portugal, Espanha e Itália.

O fato é que depois da invenção perversa das armas nucleares, a produção da máquina de morte se sofisticou ainda mais com outras armas: químicas, biológicas, bacteriológicas, eletrônicas, nanotecnológicas que podem destruir toda a humanidade e a biosfera visível por 25 formas diferentes. A razão alcançou seu mais alto grau de irraciionalidade e de loucura. Vivemos tempos que brincam com o suicídio coletivo.

Geralmente esta é a lógica dos bruxos da ciência: se podemos, quem nos impedirá de realizar o que podemos? Depois da violência da economia, como está ocorrendo com uma fúria inaudita em vários países do mundo, particularmente na Europa, vem, via de regra, a violênca das armas.

Em muitas partes do mundo há conflitos que se acirram cada vez mais. Há os que aventam a possibilidade da utilização de armas nucleares táticas, pequenas que não matam muita gente, mas tornam a região por 15 a 20 anos inabitável por causa da radioatividade e com a erosão genética de muitos seres vivos, como ocorreu em Chernobyl na Ucrânia e está ocorrendo em Fukushima no Japão.

Vale a pena ler o livro do ex-assessor de François Mitterand, Jacques Attali, Uma breve história do futuro (2008). Descreve três ondas do futuro: o hiperimpério (os USA em decadência); o hiperconflito (balcanização do mundo com guerras regionais cada vez mais letais). A violência cresce a ponto de degenerar numa guerra de destruição em massa generalizada. Então, imagina Attali, a humanidade se dará conta de que pode realmente se autodestruir. Finalmente se torna socialista, não por ideologia mas por necessidade: só temos esta Terra e devemos repartir seus recursos escassos senão morreremos. Surge a onda da hiperdemocracia planetária.

Attali termina o livro se perguntando: e o Brasil nisso tudo? Ele mesmo responde:”Se há um país que se assemelha ao que poderia tornar-se o mundo, no bem e no mal, esse país é o Brasil. Nele encontramos todas as dimensões do hiperimpério, tudo o que prepara o hiperconflito e tudo o que anuncia a hiperdemocracia”. Cabe a nós refletir seriamente sobre que futuro estamos preparando, miniatura do futuro bom ou da desgraça sobre toda a vida na Terra?