Volver a las raíces para rejuvenecer

Por más que caminemos por nuestro planeta o por fuera de él como los astronautas, llevamos siempre con nosotros la fuerza de las raíces. De tiempo en tiempo se reavivan y suscitan en nosotros un deseo incontenible de volver a ellas. No están fuera de nosotros. Son nuestra base inconsciente de sustentación y alimentación vital. Por eso las llevamos siempre con nosotros. Y rejuvenecemos cada vez que volvemos a ellas.

El 9 y 10 de septiembre de este año, viví una inusual experiencia al visitar la casa de mi abuelo en el norte de Italia. Sentimientos profundos, venidos de la noche del inconsciente personal y colectivo, irrumpieron en mí. Me sentí religado a aquel origen: a la vieja casa, los cuartos ennegrecidos, las puertas que chirrían al abrirse, las camas duras y largas (varios dormían juntos), el fogón de leña, los armarios llenos de cuencos y cacharros antiguos, la mesa grande con largos bancos a los lados para que quepan todos. Era el paisaje interior. Desde el balcón se divisa el paisaje exterior. Da al largo valle con casitas distribuidas en medio de los campos verdes y a lo lejos el famoso monte Grappa de casi dos mil metros de altura en el cual se entablaron sangrientas batallas en la Primera Guerra mundial entre el ejército italiano y el austrohúngaro.

Era la casa de mi abuelo paterno en el Valle de Seren del Grappa, cerca de Feltre y de Belluno en la región del Triveneto italiano. En realidad es un pequeño conglomerado de casas, pegadas unas a otras, llamado Col dei Bof (Colina de los Bof). Queda en bastante arriba, a mitad de la gran montaña. Hasta hace poco estaba totalmente abandonado, como tantas otras casas de la montaña, hasta que la “Fundación de Seren” formada por gente de Bolzano, Feltre y Belluno, con algunos medios y fuerte sentido de rescate ecológico de la región, se hizo cargo de ella y la transformó en un centro de encuentro y de cultura. Por la noche se ilumina. Parece suspendida en el aire con la oscura montaña a su espalda.

La población del valle era pobre, la agricultura de subsistencia mal alimentaba la familia, pues los suelos montañeses no eran demasiado fértiles. Muchos pasaron hambre. Algunos conocieron la pelagra (hambre extrema, pues sólo comían polenta y agua, hasta consumirse)

En este contexto buena parte de la población de poco más de dos mil personas emigró, algunas para Río Grande del Sur hacia1880. Los antepasados, especialmente los dos antepasados Rech y Boff (se escribía Boeuf), habían venido de Alemania (de Alsacia y Lorena, hoy Francia) en el siglo XV. Eran especialistas en cortar los árboles centenarios de aquellos valles y montañas para hacer con ellos carbón, vendido en toda la región del Véneto (Bolzano y Venecia).

Al llegar al lugar, me esperaba un puñado de antiguos parientes. Habían adornado la casa con espigas de maíz, flores y frutas de la época. Un pequeño coro cantaba las canciones en dialecto véneto que conocíamos de casa. De repente, situado delante de la vieja casa –una casona amplia e imponente– sentí que aquellas paredes estaban impregnadas del espíritu del “poro nonno Boff”. Sí, él estaba allí. Los muertos son solo invisibles, pero nunca ausentes. Vi su figura siempre seria, de cuidada elegancia, con su pañuelo al cuello, montado en un caballo bien ensillado visitándonos en la ciudad vecina. Siempre me sentaba en sus rodillas y me hacía gracias con el estilo divertido de los italianos. Y al final, a escondidas de mi padre, me daba algún dinero, la cosa que yo más esperaba.

Fui a dirigir la palabra a los presentes. La voz se me ahogó en la garganta. Dejé que las lágrimas del recuerdo y de la saudade resbalasen de mis ojos y por la barba. Sentía, por una percepción transracional, que él estaba allí. Imaginaba su coraje: abandonó todo, la casa, la tierra de los antepasados, el paisaje querido para enfrentar lo desconocido y construir la “Mérica” como decía (“Merica, Merica, Merica, che cosa sarà questa Merica? Un massolin di fior”: “América, América, América, ¿qué cosa será esta América? Un ramillete de flor”). Visité cada rincón y hojeé viejos libros que habían quedado allí.

Por la noche hablé a la población. La Iglesia estaba llena. Conté historias heroicas de los abuelos, cómo primeramente desbravaron Río Grande y después, los hijos (mis padres) la región que hoy es Concordia en el Oeste del Estado de Santa Catarina. Cómo rezaban el rosario los domingos, cantaban la letanía de Nuestra Señora en latín y cómo mi padre, que era maestro de escuela, enseñaba a los mayores el portugués, pues en casa solo hablaban el dialecto véneto.

Vengo de esos tiempos, he recorrido todas las fases de la evolución cultural y hoy, dije, estoy aquí con ustedes volviendo a mis raíces siempre antiguas y siempre nuevas. Al final canté lo que cantábamos de pequeños en la colonia italiana: “sia dottore o avvocato, tutto deve a suo papa. Ma ragazzi, lo sapete che il vostro nonno avanti sempre va”: “Seas doctor o bogado, debes todo a tu papá. Pero niños recordad que vuestro abuelo va siempre adelante.”

En el atardecer de la vida, tuve una experiencia de rejuvenecimiento volviendo a mis raíces.

traducción de Maria José Gavito Milano

An Open Letter to Pope Francis: an Assembly for Life on Earth

Dearest Pope Francis,

We, the undersigned Christians,  as well as persons of other religions and persons of good will, address this Open Letter to You, with a very special petition. We would like You to call a global event, such as an Assembly, in defense of life on Earth.

Today life is mortally wounded: by hunger (900 million people worldwide), by thirst (1200 million persons do not have clean water to drink every day, and 2400 million lack basic sanitation), by war, by the destruction of the environment (the soil, water, biodiversity, air) and, above all, humanity and all forms of life are threatened by astonishing climate changes. As the Aparecida Document says, we are experiencing not only an epoch of changes, but a change of epoch (DAp 44). A consumerist and predatory society such as at present holds no future for humanity as a whole.

When creating the world, God gave the Earth to men and women for us “to cultivate it and to guard it” (Gen 2,15). After the Flood, when Noah left the Ark with his family and all the animals that were there, God made with them a primordial alliance, saying: “For my part, I will establish a covenant with you, and with your descendents; with every living creature that is with you, with the birds, the domestic and wild animals. In sum, with all the animals of the Earth that leave the ark with you” (Gen 9, 9-10). Apostle Paul himself tells us that “creation itself awaits liberation from the bondage of corruption into the freedom that is the glory of the children of God”  (Rom 8, 21). Thus, God loves all that God has created and has commanded us to care for this divine creation.

The traditional and original peoples and, lately, the scientists, have warned that all forms of life on the face of the Earth are in danger. Yet, there exists no response from the political and economic world that is equal to the challenge of this historical moment.  As You, Yourself, have said, we cannot passively accept the globalization of indifference.

You have the moral and spiritual authority with all of humanity to call it to this urgent debate and even more urgently needed actions. We petition you as a means of contributing to the effectiveness of your gestures, which call us to care for and protect life under threat. You expressed these gestures on the way to Lampedusa, during the World Gathering of Youth in Brazil, in your visit with the immigrants in Italy, and in the fast against war. If You do call an Assembly to defend life in its plenitude, listen not only to the specialists, but also to the original peoples impacted by the destruction  of their environment, to those affected by, and refugees from, climate change, to the victims of hunger and thirst. Certainly, a great part of humanity will promptly heed this call.

This is what we, the undersigned, also wish. With respect and a fraternal embrace, in the spirit of Saint Francis of Assisi, in communion with all forms of life and all of humanity, we confirm our petition.

Brasilia-DF,  September 16,  2013

Those who want to join in this letter, only need to access this site: http://www.semanasocialbrasileira.com.br,  or robertomalvezzi@oi.com.br

or,  directly in the link of  avaaz http://www.avaaz.org/po/petition/Convocacao_para_a_defesa_da_vida_na_Terra_Carta_Publica_ao_Papa_Francisco/?wjKSWdb

A morte da Irmã Genoveva, a parteira do povo Tapirapé

No dia 24 de setembro de 2013 morreu na aldeia dos indígenas Tapirapé no Araguaia a Irmãnzinha de Jesus Genoveva. Dentro de poucos dias faria 60 anos de inserção na vida daquela tribo que estava em extinção. Ela e suas companheiras viveram uma experiência que o antropólogo Darcy Ribeiro considerava uma das mais exemplares de toda a história da antropologia: o encontro e convivência de alguém da cultura branca com a cultura indígena.

Primeiramente publico o relato-testemunho de Canuto que bem conhecia a vida e a obra da Irmã Genoveva. Depois republicarei um artigo que escrevi ainda em 1992 quando a encontrei na prelazia de São Felix do Araguaia. É uma pequena homenagem a esta extraordinária e santa mulher que se identificou com os Tapirapé a ponto de parecer uma verdadeira Tapirapé:Lboff

**************

Eis o testemunho, de Canuto, que bem sabe da vida e obra da Irmãzinha Genoveva:

Cheguei hoje às 6:00 hs da manhã lá do Urubu Branco, onde estive para os funerais de Irmãzinha Genoveva. Queria partilhar um pouquinho com vocês do que vi e vivi.

Primeiro, as informações de como foi a morte dela.

Genoveva na manhã da terça-feira, 24, estava bem disposta. Tinha amassado barro para fazer não sei bem que conserto na casa. Almoçou tranquilamente com a irmãzinha Odile. Estavam descansando quando se queixou de dores no peito. Odile foi logo providenciar um carro para levá-la ao hospital de Confresa. No caminho a respiração foi ficando mais difícil. Morreu antes de chegar ao hospital.

De volta à aldeia, consternação geral. Genoveva viu nascer quase 100% dos Apyãwa  (é assim que se autodenominavam os Tapirapé.  Assim voltam a se autodenomiar hoje), nestes 61 anos de vida partilhada.  Os Apyãwa fizeram questão de sepultá-la, segundo seus costumes,  como se mais uma Apyãwa tivesse morrido. Os cantos fúnebres, ritmados com os passos se prolongaram por muito tempo, durante a noite e o dia seguinte. Muitas lamentações e choros se ouviam.

Segundo o ritual Apyãwa, Genoveva foi enterrada dentro da casa onde morava.

A cova foi aberta com todo o cuidado pelos Apyãwa, acompanhada de cânticos rituais. A uma altura de uns 40  centímetro do chão foram colocadas duas travessas, uma em cada ponta da cova. Nestas travessas foi amarrada a rede que ficou na posição de uma rede estendida com quem está dormindo. Por sobre as travessas foram colocadas tábuas. Por sobre as tábuas é que foi colocada a terra. Toda a terra colocada foi peneirada pelas mulheres, como é a tradição. No dia seguinte esta terra foi molhada e moldada de tal forma que fica firme e espessa como a de chão batido. Tudo acompanhado com cânticos rituais.

            Em sua rede em que todos os dias dormia, Genoveva continua o sono eterno entre aqueles que escolheu para ser seu povo.

A notícia da morte se espalhou pela região, pelo Brasil e pelo mundo.  Agentes de Pastoral da Prelazia de São Félix do Araguaia, os atuais e alguns antigos, amigos e admiradores do trabalho das irmãzinhas  foram chegando para a despedida. A vice-presidenta do CIMI, irmã Emilia, com os coordenadores do CIMI, de Cuiabá, chegaram depois de uma viagem de mais de 1.100 kms quando o corpo já estava na cova, ainda coberto só com as tábuas.  Os Apyãwa as retiraram para que os que acabavam de chegar a vissem pela última vez em sua rede.

Os membros d equipe pastoral da Prelazia de São Félix do Araguaia, junto com os outros não indígenas, entre os cânticos rituais dos Tapirapé, foram entremeando cânticos e depoimentos da caminhada cristã de Irmãzinha Genoveva.

Ao final, o cacique falou que os Apyãwa estão todos muito tristes com a morte da irmãzinha. Falando em português e tapirapé, ressaltou o respeito como eles sempre foram tratados pelas irmãzinhas, durante estes sessenta anos de convivência. Lembrou de que os Apyãwa devem sua sobrevivência às irmãzinhas, pois quando elas chegaram, eles eram muito poucos e hoje chegam a quase mil pessoas.

Plantada em território Tapirapé está Genoveva, um momunento  de coerência, silêncio e humildade, de respeito e reconhecimento do diferente, gritando como é possível, com ações simples e pequenas, salvar a vida de todo um povo.

Valeu a pena ter ido lá nesta oportunidade.

Abraços a todas e todos

Canuto

 

        Morreu a Irmã Genoveva, a parteira do povo Tapirapé

      Via de regra, a propagação do cristianismo se fez pela palavra do evangelho no quadro de um projeto civilizatório e de uma forma de ser Igreja que construiu edifícios religiosos e escolas. É o evangelho pelo caminho do poder.

 

Mas nunca faltou na história outra tendência, vivida outrora por Francisco de Assis e por Bartolomé de las Casas,  de  acercar-se dos outros pelo caminho da convivência pacífica, sem palavras, fraterna e amorosa.

 

No mundo contemporâneo foi  testemunhada pelo Irmão Carlos de Foucauld que nos inícios do século XX foi ao meio dos muçulmanos no deserto da Algéria, não para anunciar mas para conviver com eles e acolher a diferença de sua cultura e de sua religião. E nos dias atuais está sendo vivida, exemplarmente, pelas seguidoras do Irmão Carlos, as Irmãzinhas de Jesus, entre os índios Tapirapé no noroeste do Mato Grosso, próximo ao rio Araguaia. É o poder do evangelho.

 

         No domingo passado, dia 17 de setembro de 2002 assisti a celebração do cinquentenário da presença delas junto aos Tapirapé. Lá estava ainda a pioneira, a Irmãzinha Genoveva que  em outubro de 1952 começou sua convivência com a tribo. De manhã, com o bispo Pedro Casaldáliga, advogado e defensor dos índios, se lançou um livro de extraordinário valor: O renascer do povo Tapirapé:  diário das Irmãzinhas de Jesus de Charles de Foucauld, 1952-1953(Editora Salesiana, SP, 2002), belíssimamente ilustrado para estar à altura da  refinada estética dos Tapirapé.

 

         Como elas chegaram lá? As Irmãzinhas souberam através dos frades dominicanos franceses que missionavam em terras do Araguaia, que os Tapirapé estavam em extinção. Dos 1500 de antigamente foram reduzidos a 47  por causa incursões dos Kayapó, das enfermidades dos brancos e da falta de mulheres. No espírito do Irmão Carlos, de ir para conviver e não para converter, decidiram unir-se à agonia de um povo.

 

À sua chegada,  a Irmãzinha Genoveva ouviu do cacique Marcos:”Os Tapirapé vão desaparecer. Os brancos vão acabar conosco. Terra vale, caça vale, peixe vale. Só índio não vale nada”. E eles haviam internalizado que não valiam nada mesmo e que estavam condenados inexoravelmente a desaparecer.

 

Elas foram junto a eles e pediram hospedagem. Começaram viver com eles o evangelho da fraternidade na roça, na luta pela mandioca de cada dia, no aprendizado da língua e no incentivo a tudo o que era deles, inclusive a religião, num percurso solidário e sem retorno.    Com o tempo foram incorporadas como membros da tribo.
         A autoestima deles voltou. Graças à mediação delas, conseguiram que mulheres Karajá se casassem com homens Tapirapé e assim garantissem a multiplicação do povo. De 47 passaram hoje a 520. Em 50 anos, elas não converteram sequer um membro da tribo. Mas conseguiram  muito mais: fizeram-se parteiras de um povo, à luz daquele que entendeu sua missão de “trazer vida e vida em abundância”.

Quando vi o rosto de uma india Tapirapé e o rosto envelhecido da Irmãzinha Genoveva notei: se tivesse tingido de tucum seus cabelos brancos, ela seria tida por uma perfeita mulher Tapirapé. Realizou, de fato, a profecia da Fundadora:”As Irmãzinhas se farão Tapirapé, para daqui, irem aos outros e amá-los,  mas  serão sempre Tapirapé”. Não é por ai que deverá seguir o Cristianismo, se quiser ter futuro num mundo globalizado? O evangelho sem poder?

 

 

 

 

 

Con il Papa Francisco: il Terzo Mondo dentro del Vaticano

Sono note le tante innovazioni che Papa Francesco, il Vescovo di Roma, come vuole essere chiamato, ha introdotto nelle abitudini papali e nello stile di presiedere la Chiesa nella tenerezza, nella comprensione, con il dialogo e con la compassione.

Ma alcuni sono rimasti perplessi, perché erano abituati allo stile classico dei papi, dimenticando che questo stile è ereditato dagli imperatori romani pagani, dal nome di “Papa” al mantello sulle spalle (Mozetta), tutto ornato, simbolo del potere imperiale assoluto, prontamente respinto da Francesco.

Ricordiamo di nuovo che l’attuale Papa viene da fuori, dalla periferia della Chiesa centrale europea. Porta con sé un’altra esperienza ecclesiale, con nuovi costumi e con un’altra forma di sperimentare il mondo con le sue contraddizioni. Lo ha espresso coscientemente nella sua lunga intervista con la rivista gesuita Civiltà Cattolica: “Le chiese giovane sviluppano una sintesi di fede, cultura e vita in divenire, e quindi diversa da quella che hanno sviluppato le Chiese più antiche”. Queste ultime non sono segnate dal divenire ma dalla stabilità e fa loro fatica incorporare elementi nuovi derivati dalla cultura moderna laica e democratica.

Qui il Papa Francesco sottolinea la differenza. È consapevole di venire da un altro modo di essere Chiesa, maturato nel Terzo Mondo. Questo è caratterizzato da profonde ingiustizie sociali, da un numero assurdo di baraccopoli che circondano quasi ogni città, da culture originarie sempre disprezzate e da l’eredità della schiavitù di origine africana, che subiscono discriminazioni importanti. La Chiesa ha capito che oltre alla sua missione religiosa particolare, non poteva sottrarsi a una missione sociale urgente: schierarsi con i deboli e gli oppressi e lottare per la loro liberazione. In diversi incontri dei vescovi continentali di Latinoamerica e dei Caraibi (Celam) è maturata l’opzione preferenziale per i poveri, contro la loro povertà, e l’evangelizzazione liberatrice.

Papa Francesco viene di questo brodo ecclesiale e culturale. Qui, tali opzioni con le loro riflessioni teologiche, con modi di vivere la fede in rete di comunità e celebrazioni incorporando lo stile popolare di pregare Dio, sono cose evidenti. Ma non lo sono per i cristiani della antica cristianità europea, pieni di tradizioni, teologie, cattedrali e un senso del mondo riempito con il modo greco-romano-germanico di articolare il messaggio cristiano. Venendo di una Chiesa che ha dato centralità ai poveri, prima di tutto ha visitato i rifugiati sull’isola di Lampedusa, poi a Roma presso il centro dei gesuiti e poi presso i disoccupati di Corsica. E’ naturale per lui, ma è quasi uno “scandalo” per i curiali e un fatto senza precedenti per gli altri cristiani europei. L’opzione per i poveri, ribadita dagli ultimi papi era solo retorica e concettuale. Non c’era un vero incontro con i poveri ed i sofferenti. Con Francesco capita esattamente il contrario: l’annuncio è pratica affettiva ed efficace.

Forse queste parole di Francesco chiariscono il suo modo di vivere e di vedere la missione della Chiesa: “Vedo la Chiesa come un ospedale da campo dopo una battaglia. E’ inutile chiedere a uno gravemente ferito se ha il colesterolo e la glicemia elevati! È necessario guarire le ferite. Poi, si può parlare di tutto il resto”. “La Chiesa” – continua – “a volte é chiusa in piccole cose, in piccoli precetti. La cosa più importante, piuttosto, è il primo annuncio: ‘Gesù ti ha salvato!’. Pertanto, i ministri della Chiesa, in primo luogo, devono essere ministri di misericordia, le riforme strutturali e organizzativi sono secondarie, vale a dire, vengono dopo, la prima riforma dovrebbe essere l’atteggiamento. I ministri del Vangelo devono essere persone in grado di scaldare il cuore della gente, camminare con loro durante la notte, dialogare e anche entrare nella “loro” notte  senza perdersi nel buio. “Il popolo di Dio -conclude- vuole pastori e non dipendenti o clerici di Stato”. In Brasile, parlando ai vescovi latinoamericani ha chiesto loro di fare la “rivoluzione della tenerezza”.

Pertanto, la centralità non è occupata dalla dottrina e disciplina, così dominante in questi ultimi tempi, ma dalla persona di Gesù e della umana nelle sue ricerche, che sia o non sia credente, come il Papa ha mostrato nel dialogo con l’ex direttore del quotidiano romano La Repubblica, Eugenio Scalfari, persona non credente. Sono nuovi venti che soffiano dalle nuove chiese periferiche e danno aria nuova a tutta la Chiesa. La primavera davvero sta arrivando, prometente.

Leonardo Boff ha scritto Francesco d’Assisi e Francesco di Roma, Mar Idéias, Rio 2013.