Unincreíble revelación, vivida por pocos y rechazada por muchos (I)

Leonardo Boff*

En las religiones, los seres humanos buscan a Dios. En la Tradición de Jesús es Dios quien busca a los seres humanos. En las primeras lo hacen mediante la oración oral, la meditación silenciosa, la observancia de los preceptos religiosos y éticos, la participación en las fiestas y los ritos y la memoria de las tradiciones. Cuanto más recta y fiel sea una persona, más meritoriamente llega a Dios.

En la Tradición de Jesús ocurre lo contrario: Es Dios quien busca al ser humano, especialmente a aquel que se siente perdido, que no lleva una vida virtuosa y que juzga haber sido abandonado por Dios. Lógicamente en esta Tradición también se reza y se conservan las tradiciones religiosas, se vive éticamente y se participa en los cultos y las fiestas. Reuniendo todo: se observa la Ley. Pero la novedad no reside en esto, ni es por estos medios por los que acogemos la singularidad traída por Jesús.

La experiencia originaria de Jesús: la proximidad de Dios

En un pequeño pueblo, Nazaret, tan insignificante que nunca aparece en la Escrituras del Antiguo Testamento, vive un hombre desconocido cuyo nombre nunca figuró en la crónica profana de la época, ya fuera en Jerusalén o en Roma. Pertenece al grupo de los llamados “los pobres de Yavé”, que son los humildes e invisibles, pero cuya característica consiste en vivir una profunda fe en el Dios de los padres, Abraham, Isaac y Jacob, y una inquebrantable confianza en que Dios va a realizar lo que los profetas habían anunciado: la justicia para los pobres, la protección de las viudas y el ensalzamiento de los humillados y ofendidos. Ese hombre es Jesús de Nazaret.

De profesión es un artesano-carpintero como su padre José. Hasta la edad adulta ha vivido en su familia la espiritualidad de los pobres de Yavé. En su pueblo era conocido como “el hijo de José, de quien conocemos el padre y la madre” (Jn 6,42) o simplemente como “el carpintero, hijo de María” (Mt 5,3) o “el hijo de José”(Lc 4,22).

Pero él mostraba una singularidad que dejaba perplejos a sus padres. No llamaba a Dios como era lacostumbre, sino de una forma muy propia: Abba (diminutivo infantil de “papá querido”. Esto quedóclaro cuando a los 12 años participó, con sus padres, en la romería anual a Jerusalén y se perdió porallí. Una vez encontrado, les dijo a sus padres que estaban llenos de angustia: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” (Lc 2,50). Perplejos, sus padres no entendieron este lenguajeinaudito (Lc 2,5). Así y todo, María guardaba estas cosas en su corazón (Lc 2,51). Y todo terminó allí. No se sabe nada de su vida oculta, profesional y familiar. Solo el evangelista Lucas observa tardíamente hacia los años 80 dC que “Jesús crecía en edad, en sabiduría y en gracia delante de Diosy de los hombres” (Lc 2,52).

Sin contar los evangelios de la infancia de Mateo y de Lucas, cargados de significado teológico posterior, todos los evangelistas comienzan sus narrativas con el bautismo de Jesús por Juan Bautista. Fue entonces, testimonian los relatos, cuando ocurrió una gran transformación en la vida del desconocido Nazareno. Cuando oyó hablar de Juan Bautista, venido del desierto, que bautizaba en el río Jordán, no por curiosidad sino por su espíritu profundamente piadoso, se unió a la multitud y fue también a ver a Juan y conocer qué estaba pasando allí. Venían multitudes de toda Palestina, pues el Bautista predicaba la inminente llegada del Reino (el nuevo orden querido por Dios) y pedía penitencia a la gente en vista de esta irrupción. Es probable que Jesús conversara con él y con sus discípulos.

Pero llegó el momento en que junto con la multitud, y no él solo como muestran las pinturas, Jesús entró en el agua. A una señal del Bautista, él se sumergió en el agua y así se dejó bautizar, como hacían todos.

Pero he aquí que en él sucedió algo especialísimo. Después de ser bautizado, mientras rezaba, dice el texto de Lucas (3,21), sintió una tremenda conmoción interior. Fue invadido por una onda de ternura tan avasalladora que conmovió todo su interior: “Tu eres mi hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,9-11). Lucas es más explícito y dice que Jesús oyó: “Tu eres mi Hijo amado, y hoy te engendré” (Lc 3,21-22).

El lenguaje bíblico expresa la experiencia interior usando expresiones pictóricas y simbólicas: el cielo se abrió y se vio al Espíritu descender sobre él en forma corpórea de paloma.

Se trata de una escenificación plástica para expresar una radical y originalísima experiencia espiritual vivida por Jesús, imposible de ser expresada con palabras. A partir de ahí ocurrió una verdadera revolución en su vida: se siente hijo amado de Dios-Pa querido. Es invadido por una pasión de amor divino que trastocó su vida. Experimentó una absoluta y directa proximidad de Dios.Ya no es él quien busca a Dios. Dios lo buscó y asumió como su hijo querido.

La increíble revolución: la proximidad amorosa de Dios-Abba

Como en todas las cosas, todo tiene un proceso. Con Jesús no fue diferente. Fue dándose cuentalentamente de la cercanía de Dios, de acuerdo a su edad, hasta irrumpir en plena conciencia albautizarse en el río Jordán a la edad de 30 años. Una cosa es ser objetivamente el Hijo bienamado de Dios y otro es darse cuenta subjetivamente de este hecho. En el bautismo en el río Jordánsucedió ese salto de conciencia con ocasión de esa visitación concretísima de Dios-Abba.

Aquí se encuentra la gran singularidad relatada por los evangelistas: dar testimonio de la proximidad de Dios, del Dios que busca intimidad con el ser humano, con Jesús de Nazaret. Esa proximidad escon todos los seres humanos, independientemente de su condición moral y de su situación de vida. Se trata del desbordamiento gratuito del amor de Dios hacia sus hijos e hijas.

Con esto se inaugura un nuevo camino, distinto del de la observancia de la Ley y de las distinciones que se hacen entre buenos y malos, justos e injustos. Estas cosas tienen su razón de ser en la convivencia humana. Pero no es así como Dios ve y juzga a los seres humanos. Su mirar y su lógica es totalmente otra, como se reveló en Jesús, miembro del grupo de los pobres de Yavé. En este irrumpe un amor divino ilimitado, empezando por aquel del que nunca hablan, que nunca fue a ninguna escuela de teología, como mucho a la escuelita bíblica de la sinagoga. El Nazareno vino de este medio. No pertenece al mundo de los letrados, de los juristas, de la casta sacerdotal o de algún status social. Es un anónimo, más acostumbrado al trabajo de las manos que al uso de la palabra.

De repente todo cambió: inundado de la proximidad amorosa de Dios se puso a predicar con tanto entusiasmo y sabiduría que los oyentes comentaban: “¿De dónde le viene tal sabiduría? ¿No es el hijo del carpintero?” (Mc 6,23, Mt 13, 54-55) Sus privilegiados son los pobres, siempre cobardemente despreciados; come con los pecadores, se aproxima a los cobradores de impuestos, odiados por el pueblo pues son aliados de las fuerzas de ocupación romana (Mc 2,216). Le llaman hasta comilón y bebedor porque acepta la invitación a comer en casa de pecadores (Mt 11,19). Rompe los tabús religiosos de la época al conversar con una mujer samaritana, al defender a otra mujer sorprendida en adulterio, al dejar que sus pies fueran ungidos con un perfume especial, besados y enjuagados con los cabellos y las lágrimas de María Magdalena, que tenía mala fama.

Andando con gente de mala fama Jesús les muestra la cercanía de Dios

¿Por qué hace eso? Porque quiere llevar a todos, especialmente a estos socialmente descalificados,los leprosos, los paralíticos, los ciegos, pero también los pecadores públicos, los desesperados, lanovedad de que Dios está próximo a todos ellos. Jesús, desbordando de amor de Dios-Abba, vahacia sus hermanos y hermanas y les anuncia esa novedad de la cercanía incondicional de Dios que se hace para todos el “pa amoroso”. Lo decisivo no es la Ley y las tradiciones cuidadosamente observadas sino aceptar aquello que Dios-Abba dijo a Jesús y que ahora lo repite para ellos, poco importa lo que hacen en la vida ni como es su condición religiosa y moral. Solo les dice: “vosotrossois mis hijas e hijos, en vosotros encuentro mi regocijo”. Esto suena primeramente como sorpresa y después como una inaudita alegría y liberación. Dicen: es la buena noticia, es el evangelio. Esta sorprendente propuesta requería y requiere una respuesta. Exige cambiar de mente y de corazón.¿Lo hemos hecho? Esta es la cuestión. (sigue)

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Jesucristo el Liberador, Vozes 1972-2012; Pasión de Cristo-pasión delmundo, Vozes 2012Nuestra resurrección en la muerteVozes 2010publicados todos en español por la editorial Sal Terrae.Traducción de Mª José Gavito Milano

Uma espantosa revelação, vivida por poucos  e recusada por muitos (I)

                                            Leonardo Boff

Nas religiões, os seres humanos buscam a Deus.Na Tradição de Jesus é Deus que busca os seres humanos. Na primeira, o fazem pela oração oral, pela meditação silenciosa, pela observância dos preceitos religiosos e éticos, pela participação das festas e dos ritos e pela memória das tradições. Quanto mais reta e fiel for a pessoa, mais meritoriamente chega a Deus.

Na Tradição de Jesus ocorre o contrário: É Deus que busca o ser humano, especialmente aquele que se sente perdido, que não leva uma vida   virtuosa e que julga ter sido abandonado por Deus. Logicamente, nesta Tradição também se reza e se conservam as tradições religiosas, se vive eticamente e se frequentam os cultos e as festas. Englobando tudo: observa-se a Lei. Mas não é aqui que reside a novidade.E não é por esses meios que acolhemos a singularidade trazida por Jesus.

A  experiência originária de Jesus: a proximidade de Deus

Num obscuro vilarejo,Nazaré, tão insignificante que nunca ocorre nas Escrituras do Antigo  Testamento, vive um homem desconhecido cujo nome nunca constou na crônica profana da época, seja de Jerusalém, seja de Roma. Ele pertence ao grupo dos chamados “os pobres de Javè” que são os humildes e invisíveis mas cuja característica consiste em viver uma profunda fé no Deus dos pais, Abraão,Isaac e Jacó  e uma inabalável confiança em Deus de que vai realizar o que os profetas anunciaram:a justiça para os pobres, a proteção das viúvas e a elevação dos humilhados e ofendidos. Esse homm é Jesus de Nazaré.

De profissão é um artesão-carpinteiro como seu pai José. Até a idade adulta viveu na família a espiritualidade dos pobres de Javé.Era conhecido no vilarejo como “o filho de José, de quem conhecemos o pai e a mãe”(Jo 6,42) ou simplesmente “o carpinteiro, filho de Maria” (Mt 5,3) ou “o filho de José”(Lc 4,22).

Mas ele mostrava uma singularidade que deixou perplexos os pais.Não chamava a Deus como se costumava, mas de uma forma bem própria: de Abba o diminutivo infantil de “meu querido paizinho”. Isso ficou claro quando aos 12 anos participou, com os  pais, da romaria anual a Jerusalém e por lá ficou perdido. Encontrado, sob a angústia dos pais,diz:”Não sabíeis que eu devia ficar no casa do meu Pai (Lc 2,50)? Perplexos, seus pais não entenderam esta linguagem inaudita (Lc 2,5). Maria, no entanto, guardava-o em seu coração (Lc 2,51). E tudo morreu ai. Não se sabe nada de sua vida oculta,  profissional e familiar. Apenas o evangelista Lucas observa tardiamente pelos anos 80 dC:”Jesus progredia em idade, em sabedoria e graça diante de Deus e dos homens”(Lc 2,52).

Abstraindo os evangelhos da infância de Mateus e de Lucas, carregados de significação teológica posterior, todos os evangelistas começam suas narrativas pelo batismo de Jesus por João Batista. Foi então, testemunham os relatos, que ocorreu uma  grande transformação na vida do ignoto Nazareno. Quando ele ouviu a fama de João Batista, vindo do deserto, que batizava junto ao rio Jordão, não por curiosidade mas por seu espírito profundamente piedoso, se uniu à multidão e foi também ver João e o que estava acontecendo por lá. Multidões acorriam de toda a Palestina, pois o Batista pregava a iminente vinda do Reino (a nova ordem querida por Deus) e cobrava do  povo penitências em vista desta irrupção. Provavelmente Jesus tenha conversado com ele e com  seus discípulos. 

Mas chegou o momento em que junto com a multidão e não sozinho como mostram as gravuras, Jesus entrou na água. A um sinal do Batista, ele mergulhou na água e assim se deixou batizar, como faziam todos.Mas eis que ocorreu nele algo especialíssimo. Depois de batizado, enquanto rezava, diz o texto de Lucas (3,21), sentiu um tremendo frêmito interior. Foi invadido por uma onda de ternura tão avassaladora que comoveu todo seu interior:”Tu es meu filho amado, em ti pus meu agrado”(Mc 1,10-11). Lucas é mais explícito e diz o que Jesus ouviu:“Tu és meu Filho amado, eu hoje te gerei”(Lc 3,21-22).

A linguagem bíblica expressa a experiência interior usando expressões pictóricas e simbólicas: o céu se abriu e se viu o Espírito descer sobre ele em forma corpórea de pomba.

Trata-se de uma encenação plástica  para expressar uma radical e originalíssima experiência espiritual, vivida por Jesus, impossível de ser expressa por palavras. A partir daí ocorreu uma verdadeira revolução em sua vida: sente-se filho amado pelo Deus-Paizinho querido. É invadido por uma paixão de amor divino que transtornou sua vida. Experimentou uma absoluta e direta proximidade de Deus. Não é mais ele que busca Deus. É Deus que o buscou e o assumiu como seu filho querido.

A espantosa revolução: a proximidade amorosa do Deus-Abba

Como em todas as coisas tudo conhece um processo. Com Jesus não foi diferente.Foi lentamente se dando conta da proximidade de Deus, consoante a idade, até irromper em plena consciência ao se batizar no rio Jordão na idade de 30 anos. Uma coisa é ser objetivamente o Filho bem amado de Deus e outro é subjetivamente dar-se conta desse fato. No batismo no rio Jordão, ocorreu esse salto da consciência por ocasião dessa visitação concretíssima do Deus-Abba.

Aqui se encontra a grande singularidade relatada pelos evangelistas: testemunhar a proximidade de Deus, do Deus que busca intimidade com o ser humano, com  Jesus de Nazaré. Essa proximidade é com todos os seres humanos, independentemente de sua condição moral e situação de vida. Trata-se do transbordamento gratuito do amor de Deus para com todos os seus filhos e filhas.

Com isso se inaugura um novo caminho, diverso daquele da observância da Lei e das distinçõe que se fazem entre bons e maus, justos e injustos. Estas coisas têm lá sua razão de ser na convivência humana. Mas não é por ai que Deus vê e julga os seres humanos. Seu olhar e sua lógica é totalmente outra como se revelou em  Jesus,membro grupo dos pobres de Javé.Nele irrompe um amor  divino ilimitado a começar por  aquele que nunca falam,que não frequentaram algum escola de  teologia, no máximo, a escolinha bíblica junto à sinagoga. O Nazareno veio deste meio. Não pertence ao mundo dos letrados, dos juristas, da casta sacerdotal e de algum status social. É um anônimo,mais afeito ao trabalho das mãos do que ao uso da paalavra.

De repente tudo mundou: inundado pela proximidade amorosa de Deus põe-se a pregar com tal entusiasmo e sabedoria a ponto de os ouvintes comentarem: “Donde lhe vem tal sabedoria? Não é ele o filho do carpinteiro (Mc 6,23,Mt 13, 54-55)? Seus privilegiados são os pobres, sempre covardemente desprezados, come com os pecadores, aproxima-se dos cobradores de impostos,odiados pelo povo pois são aliados das forças de ocupação romana(Mc 2,216). Chamam-no até de comilão e beberão porque aceita o convite de comer na casa de pecadores (Mt 11,19). Rompe os tabus religiosos da época ao conversar com um mulher samaritana, ao defender outra mulher pega em adultério e deixar que seus pés sejam ungidos com raro perfume, beijados e com os cabelos  enxugando as lágrimas de Maria Madalena,tida de má fama.

Frequentando gente de má fama Jesus lhes mostra a proximidade de Deus

Por que faz isso? Porque quer levar a todos, especdialmente a estes socialmente desqualificados, os hanseniano, os paralíticos, os cegos mas também  os pecadores públicos, os desesperados, a novidade de que Deus se aproximou de todos eles. Jesus, transbordando de amor do Deus-Abba vai a seus irmãos e irmãs e lhes anuncia essa novidade da proximinada incondicional de Deus que se fez para todos o “paizinho amoroso”. O decisivo não é a Lei e as tradições cuidadosamente observadas mas aceitar aquilo que Deus-Abba  disse a Jesus e que agora o repete para eles, pouco importa o que fazem na vida, como é sua condição religiosa e moral. Apenas lhes diz: “vós sois meus filhos e filhas amados em vós encontro meu regozijo”. Isso soa primeiramente como um espanto e depois como uma inaudita alegria e libertação. Dizem: eis a boa nova,eis o evangelho. Esta surpreendente pro-posta precisava e precisa de uma res-posta.Exige mudar a mente e o coração. E o foi? Eis a questão (segue).

Leonardo Boff é teólogo e escreveu Jesus Cristo Libertador, Vozes,(1972/2012); Paixão de Cristo-paixão do mundo ,Vozses (2012): A nossa ressurreição na morte, Vozes (2010).

Padre Julio Lancellotti: el Gandhi de Brasil

Leonardo Boff*

El padre Julio Lancellotti acaba de publicar un libro Amar a la manera de Dios (Planeta 2021). Existe una inmensa literatura sobre el amor y he leído gran parte de ella, pero de todos los que conozco este libro del padre Lancellotti me parece uno de los más impresionantes y verdaderos. No se trata de discurrir sobre el amor, sino de vivirlo concretamente y dar testimonio de él. Y ese testimonio es convincente.

El gran naturalista francés Jacques Monod nos legó una frase que nos deja perplejos: “Los seres humanos han experimentado todo, menos el amor”. Pero entenderemos esta afirmación sorprendente si leemos lo que el padre Lancellotti escribió, en la línea de lo que el Papa Francisco también afirmó como un sueño en su encíclica Fratelli tutti, “un mundo de fraternidad universal y de amor social”.

Nos dice el padre Lancellotti: “En una sociedad como la nuestra, ¿dónde está el amor? ¿Existe amor en la ciudad de São Paulo? Tal vez lo pongamos en duda. Hablando de modo individual claro que hay amor, pero debemos ver si la estructura, si la forma de organizar la sociedad manifiesta el amor. Alguien de afuera mirando São Paulo ¿podría decir que en esta ciudad todos se aman? Las favelas, el pueblo abandonado por las calles, las cárceles, la violencia, el desempleo ¿muestran amor en São Paulo?”(p.100).

El amor del cual se trata aquí es el amor social. Él está prácticamente ausente en todo el mundo, lo que la pandemia ha mostrado claramente en la forma absolutamente desigual como han sido distribuidas las vacunas, como, por ejemplo, en África con solo un 4%. Es ese amor social el que nunca ha sido experimentado, por lo menos en las sociedades que conocemos, particularmente las modernas. El padre Lancellotti nos quita la ilusión del amor como romance. En sus palabras: “El amor es un compromiso trasformador; amor es una palabra provocativa porque es un verbo de acción; es transformar, enfrentar aun siendo vulnerables; no es callar; amar es manifestarse y defender; eso es terriblemente transformador” (p.91).

Él define de qué lado está: “yo no trabajo con quienes viven en la calle. Convivo con ellos. Y esa convivencia tiene una señal: la mirada” (p.108). Mirarlos como a un hermano LGBT o hermana, lésbica o trans; saludarlos, preguntarles su nombre, tocar su piel para que se sientan de la misma humanidad que nosotros.

Explícitamente declara: “El lugar desde donde hablo tiene como base a los jóvenes infractores, a las mujeres y los hombres presos, a la población de la calle, y la cuestión general del hambre, la miseria y la violencia” (p.77). Fundó la Casa Vida para niños con HIV, incluso contra la protesta del vecindario liderada por una médica.

El título del libro marca el sentido de su amor hacia todos estos despreciados por la sociedad: Amar a la moda de Dios. ¿Cómo es amar a la moda de Dios? Aquí el padre Lancellotti revela aquello que es la esencia del mensaje de Jesús: Dios ama a todos indistintamente, poco importa su condición moral, sexual y racial. Ama hasta a los ingratos y malos, como afirma San Lucas en su evangelio (6,35); ama a los últimos, a los invisibles, a los pecadores, a aquellos que se sienten lejos de Dios y perdidos: la mujer samaritana, la extranjera, la adúltera. Todas y todos son los destinatarios del amor gratuito de Dios. Por eso Jesús, que encarnaba ese amor de Dios, de su Padre (Abba, papá) comía con los pecadores y andaba con personas de mala fama. Es para asegurarles: no importa lo que son, si obedecen o no las leyes, si son piadosos o no, si son buena gente o no: Dios está en medio de nosotros y busca nuestra intimidad.

Todas las religiones buscan a Dios. La religión judeocristiana afirma que Dios busca al ser humano: incluso al más distante y fuera de los marcos sociales y morales. Esa es la gran novedad traída por Jesús: la proximidad amorosa de Dios. Él trató de decirla y mostrarla a todo el mundo. El verdadero drama fue y sigue siendo que la gran mayoría no acogió o no acoge la amorosidad de Dios. Porque no la aceptaron, Jesús fue perseguido, calumniado y finalmente condenado a muerte de cruz. Pero nunca dejó de amar al ladrón que estaba a su lado.

El padre Lancellotti comprendió este tipo de amor a la manera de Dios y de Jesús, amor único, y lo vive con aquellos que nunca reciben amor de nadie. Y sufre el mismo destino de Jesús: la persecución, la calumnia y amenazas serias de muerte, solo por el hecho de amar a aquellos que son cobardemente pisoteados y excluidos, los empobrecidos, “los hermanos y hermanas menores de Jesús” (Mt 25,40).

Respetadas las diferencias de lugar y de situaciones, podemos decir que el padre Júlio Lancellotti es el Mahatma Gandhi de Brasil. Bien decía este: “Entré en la política por amor a la vida de los débiles; viví con los pobres, recibí parias como huéspedes, luché para que tuviesen derechos políticos iguales a los nuestros, desafié a reyes, me he olvidado de las veces que estuve preso”. Algo parecido puede decir el padre Lancellotti. Hizo y hace todo porque “ama a la manera de Dios” que es la forma más humana de amar, pues incluye a todos y “no echa fuera a nadie” (Jn 6,37).

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Jesucristo el Liberador, muchas ediciones, Vozes 2020, Sal Terrae en español.

Traducción de Mª José Gavito Milano

“Und wenn ich auch wanderte im finsteren Tal des Todes, ich bin bei dir”

Leonardo Boff

In diesen finsteren Zeiten unter der gefährlichen Wirkung von Covid-19 legt sich ein Mantel der Angst und des Leids über unser Leben. Wir leben existenziell erschöpft wegen der geliebten Menschen, die wir verloren haben, wegen der drohenden Verseuchung und mehr noch, weil wir nicht wissen, wann das alles enden wird. Was wird als Nächstes kommen?

Ein frommer Israelit durchlebte manchen Kummer und hinterließ uns ein Bild seiner Situation in dem berühmten Psalm 23: “Der Herr ist mein Hirte, mir wird nichts mangeln.“ Darin gibt es einen Vers, der genau auf unsere Situation zutrifft: “Und ob ich schon wanderte im finsteren Tal, fürchte ich kein Unglück, denn du bist bei mir“.

Biblisch gesehen ist der Tod nicht nur als das Ende des Lebens zu verstehen, sondern existentiell als die Erfahrung tiefgreifender Krisen wie ernste Lebensbedrohung, erbitterte Verfolgung durch Feinde, Demütigung, Ausgrenzung und verheerende Einsamkeit. Es geht also um den Abstieg in die Höllen des menschlichen Daseins.

Wenn wir im christlichen Glaubensbekenntnis sagen, dass Jesus in die Hölle hinabgestiegen ist, meinen wir damit, dass er extreme Einsamkeit und absolute Verlassenheit, sogar von seinem Vater, erfahren hat (vgl. Mk 15,34). Er ist tatsächlich durch das Tal der Todesfinsternis gegangen, die Hölle des menschlichen Daseins. Es ist daher tröstlich, die Worte des Guten Hirten zu hören: “Fürchte dich nicht, ich bin bei dir”.

Unser großer Schriftsteller João Guimarães Rosa hat in Grande Sertão: Veredas gut beobachtet: “Das Leben ist gefährlich.“ Wir fühlen uns aus dem Garten Eden vertrieben. Wir versuchen immer, ein mögliches Paradies zu bauen. Wir leben in riskanten Zeiten. Die Bedrohung lauert überall. Und in diesem Moment mit dem Virus, stärker als je zuvor.

Wie sehr wir uns auch bemühen und wie gut sich die Gesellschaften auch organisieren, wir können nie alle Risikofaktoren kontrollieren. Covid-19 hat uns die Unberechenbarkeit und unsere Verwundbarkeit vor Augen geführt. Deshalb ist die menschliche Existenz dramatisch und manchmal tragisch. Wenn es um die Sicherung unseres Lebens geht, sind wir letztlich gezwungen, uns jenseits von Medizin und Technik einem Größeren anzuvertrauen, der uns “zu grünen Auen und stillen Quellen” führen kann, dem Gott des Guten Hirten. Dieses Vertrauen überwindet die Hoffnungslosigkeit.

Erweitern wir den Horizont ein wenig: Die Zukunft des Lebens und der Biosphäre steht auf dem Spiel. Tausende von Spezies verschwinden aufgrund der menschlichen Gier und Nachlässigkeit. Die zunehmende Erwärmung des Planeten einhergehend mit der Verknappung des Trinkwassers könnte uns mit einer dramatischen Nahrungsmittelkrise konfrontieren. Millionen von Menschen könnten auf der Suche nach dem Überleben vertrieben werden und das ohnehin schon fragile politische und soziale Gleichgewicht der Nationen bedrohen.

Hier müssen wir erneut den Hirten des Universums anrufen, denjenigen, der die Macht hat über den Lauf der Zeit und das Klima, günstige Situationen zu schaffen und in den Völkern und Staatsoberhäuptern einen Sinn für Solidarität und Verantwortung zu wecken.

Was heute unsere Lebensfreude zerstört, ist die Angst.  Sie ist die Folge einer Gesellschaft, die in den letzten Jahrhunderten auf Wettbewerb und nicht auf Kooperation, auf dem Willen zur Anhäufung materieller Güter, auf Konsumdenken und auf der Anwendung von Gewalt als Mittel zur Lösung persönlicher und sozialer Probleme aufgebaut wurde.

Was die Angst und ihre Folgen aufhebt, ist die Fürsorge füreinander, vor allem jetzt, um nicht von dem Virus angesteckt zu werden und andere nicht anzustecken. Fürsorge ist grundlegend für unser Verständnis des Lebens und der Beziehungen zwischen allen Wesen. Ohne Fürsorge wird das Leben nicht geboren oder reproduziert. Sich um jemanden zu kümmern, ist mehr als nur die Verwaltung seiner Interessen, es bedeutet, sich affektiv auf ihn einzulassen, sich um sein Wohlbefinden zu kümmern und sich für sein Schicksal mitverantwortlich zu fühlen. Aus diesem Grund kümmern wir uns auch um alles, was wir lieben, und alles, was wir pflegen, lieben wir auch.

Die Fürsorge ist auch der Antizipator von Verhaltensweisen, damit diese sich gut auswirken und das Zusammenleben bestärken.

Eine Gesellschaft, die von der Fürsorge regiert wird, für das Gemeinsame Haus, die Erde, die Fürsorge für die Ökosysteme, die die Voraussetzungen der Biosphäre und unseres Lebens garantieren, die Fürsorge für die Ernährungssicherheit jedes einzelnen Menschen, die Fürsorge für frisches Wasser, das höchste Gut der Natur, die Fürsorge für die Gesundheit der Menschen, vor allem für die Bedürftigsten, Fürsorge, Pflege des geistigen Umfelds der Kultur, damit jeder Mensch ein sinnerfülltes Leben führen kann, Grenzen, das Altern und den Tod ohne großes Drama erleben und annehmen kann, eine solche fürsorgliche Gesellschaft wird sich des Friedens und der Harmonie erfreuen, die für das menschliche Zusammenleben notwendig sind.

Es ist tröstlich, inmitten unserer aktuellen Bedrängnis, die von Covid-19 bedroht wird, den Einen zu hören, der uns zuflüstert: “Fürchte dich nicht, ich bin bei dir” (Psalm 23) und durch Jesaja versichert er uns: “Fürchte dich nicht, denn ich bin dein Gott; ich will dich stärken, ja, ich will dir helfen, ja, ich will dich in meiner Hand stützen” (Jes 41,10).

Auf diese Weise erhält unser persönliches Leben eine gewisse Leichtigkeit, und selbst inmitten von Risiken und Bedrohungen bewahrt es eine heitere Jugendlichkeit, da wir spüren, dass wir nie allein sind. Gott begleitet uns auf unserem Weg als der Gute Hirte, der dafür sorgt, dass es uns an nichts mangelt”.

Leonardo Boff Theologe und PhilosophAutor von: Der Herr ist mein Hirte: Psalm 23 ausgelegt vonPatmos; 1. Edition (1. Januar 2005

Übersetzt von Bettina Goldhacker