Una tragedia humana: las actuales migraciones mundiales

Leonardo Boff

            En nuestros días hay millones de migrantes por tierra y mar en busca de mejores condiciones de vida. Según datos de la ONU, en 2025 había en el mundo 304 millones de migrantes. Hoy, con más de cien zonas de conflicto, como acaba de informar el coordinador de la Cruz Roja, serán muchos más, pues la humanidad está viviendo una ininterrumpida guerra civil. La mayoría huye de guerras que causan innumerables víctimas. Otros emigran porque sus tierras se han vuelto infértiles debido al exceso de calor. También están quienes buscan otros países debido a persecuciones religiosas o políticas.

            El mayor número proviene del África subsahariana y de Oriente Medio, ambos en dirección a Europa. Hay además muchos miles de latinoamericanos que emigran ilegalmente a Estados Unidos.

            Todos los inmigrantes indocumentados, bajo la presidencia de Donald Trump, están siendo expulsados del país. Esto fue realizado por una policía especial, el ICE, que utilizó la violencia e incluso la fuerza bruta para obligarlos a emigrar.

            Son inolvidables las escenas cobardes de aquellos agentes del ICE cazando inmigrantes indocumentados en las calles, en las escuelas, en las fábricas, en las explotaciones agrícolas e incluso en las iglesias. El presidente Donald Trump considera injusta y prejuiciosamente a esos inmigrantes como gente mala, ladrones y asesinos, cuando en su gran mayoría hacen funcionar los servicios en hoteles, restaurantes, fábricas, producción agrícola y muchos otros sectores, perjudicando con su expulsión los negocios de los propios estadounidenses.

            Resulta chocante la violencia aplicada a los inmigrantes detenidos y deportados, arrojados en grandes aeronaves, encadenados como si fueran ganado, sin ningún respeto por su dignidad. Revolucionó especialmente el arresto de un niño de 5 años, esposado como si fuera un adulto, como forma de atraer al padre y detenerlo. La indignación fue nacional e internacional, obligando a las autoridades responsables a liberar al niño y a su padre.

            En Europa, los migrantes son generalmente mal recibidos, tanto los provenientes de África como los de Oriente Medio. Muchos murieron en la travesía en embarcaciones sin ninguna seguridad. El Mediterráneo se transformó en una sepultura de cientos y cientos de personas que allí se ahogaron. La indiferencia y la falta de sensibilidad indignaron al Papa Francisco cuando estuvo en Lampedusa, lugar de llegada de muchos inmigrantes. Criticó duramente el hecho de que los europeos hubieran perdido la sensibilidad y la capacidad de llorar por el sufrimiento de sus semejantes.

            En algunos países fueron totalmente rechazados, como en Hungría bajo el hoy ex presidente Orbán, de extrema derecha y violento. En la muy cristiana Polonia se admite selectivamente solo a cristianos, negando hospitalidad a musulmanes o personas de otras denominaciones religiosas.

            Se teme que el cambio climático, acelerándose cada vez más y destruyendo vastas regiones con grandes inundaciones, severas sequías e inmensos incendios, termine creando oleadas de miles y miles de migrantes que buscan salvar sus vidas. Sus lugares de origen se han vuelto prácticamente inhabitables. La ONU ha advertido a los países centrales y desarrollados que preparen sus infraestructuras para acoger y dar hospitalidad a estos damnificados.

            La hospitalidad aparece como un valor de referencia para enfrentar este fenómeno mundializado. Las migraciones masivas podrán desestabilizar naciones enteras y las políticas sociales, dada la gravedad de la situación creada por los cambios en la geopolítica (la disputa por la hegemonía mundial entre Estados Unidos, Rusia y China), por los trastornos climáticos provocados por la crisis ecológica y por la corriente marítima de El Niño.

            Hoy, la capacidad de mostrar hospitalidad —considerada por todas las tradiciones culturales como uno de los más altos valores en las relaciones humanas— revela cuánto de sensibilidad y humanidad subsiste todavía entre nosotros, tanto como personas individuales y  como sociedades complejas. Las actuales desigualdades escandalosas, fruto de una acumulación inimaginable de riqueza por parte de unos pocos que explotan a muchos y devastan los bienes y servicios naturales, no ofrecen señales de esperanza de que prevalezcan la sensibilidad y la humanidad, base de la hospitalidad, frente a los millones de migrantes a nivel mundial.

            Aun así, vencidos y derrotados, jamás desistiremos del empeño en favor de los migrantes y refugiados, despreciados y rechazados, pues esa causa, por ser verdadera, es invencible. En ella se muestra lo mejor que existe en los seres humanos: compadecerse de los peregrinos forzados, de los migrantes; vivir la solidaridad concreta frente a su frágil situación; y el amor incondicional hacia esos humillados y ofendidos. Según los relatos bíblicos y el sentido de uno de los más conmovedores mitos griegos sobre la hospitalidad —el de los ancianos Báucis y Filemón— quien hospeda al peregrino y al desconocido está hospedando anónimamente al propio Dios.

            La familia del Hijo del Hombre fue inmigrante en Egipto y volvió sagrado todo empeño en favor de quienes viven penosamente una situación semejante. Por eso, una realidad parecida representa para la conciencia un llamado ético permanente, incluso en medio de dificultades, prejuicios y rechazos. Al fin y al cabo, todos somos migrantes y huéspedes en esta Tierra que pertenece tanto a los presentes como a las futuras generaciones. Todos pasamos. Solo ella, la Casa Común, permanece todavía por millones de años, girando alrededor del sol y gestando vida para la naturaleza y para la humanidad.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL y publicó también el libro Hospitalidad: derecho y deber de todos, Vozes, 2005.

Uma tragédia humana:as atuais migrações mundiais

Leonardo Boff

Nos dias atuais há milhões de migrantes por terra e por mar em busca de condições de vida melhores.Segundo dados da ONU em 2025 havia no mundo 304 milhões de migrantes. Hoje com mais de cem  zonas de conflito como acaba de informar o coordenador da Cruz Vermelha, serão muito mais, pois a humanidade está vivendo em ininterrupta guerra civil.A maioria foge de guerras que vitimam um sem número de vidas. Outros porque suas terras se tornaram inférteis pelo excesso de calor. Ainda há os que buscam outros países devido a perseguição religiosa ou política.

O maior número vem de África subsaariana e do Oriente Médio,ambos em direção da Europa.Há muitos milhares de latino-americanos  que imigram ilegalmente para os EUA.

Todos os imigrantes indocumentados, sob a presidência de Donald Trump, estão sendo banidos do país. Isso foi feito com uma polícia especial ICE que usou a violência até a força bruta para fazê-los emigrar.

Inesquecíveis são as cenas covardes daqueles policiais da ICE caçando imigrantes indocumentados nas ruas, nas escolas,nas fábricas, nas fazendas agrícolas e até nas igrejas. O Presidente Donald Trump de forma injusta e preconceituosa  considera tais imigrantes  gente má, ladrões e assassinos, quando em sua grande maioria fazem funcionar os serviços em hotéis, restaurantes, em fábricas, na produção agrícola e em muitos outros serviços, prejudicando os negócios de norte-americanos.

Chocante é a violência aplicada aos imigrantes presos e deportados,  jogados nos grandes aeronaves, acorrentados como se fossem gado, sem qualquer respeito à sua dignidade. Revoltante foi a prisão de uma criança de 5 anos, algemada como se fosse um adulto, forma para atrair o pai e prendê-lo. A indignação foi nacional e internacional, obrigando as autoridades responsáveis a liberar a criança e o pai.

Na Europa os migrantes são geralmente mal recebidos, seja os vindos de África ou do Oriente Médio. Muitos morreram na travessia em barcos sem nenhuma segurança. O Mediterrâneo se transformou numa sepultura de centenas e centenas que aí se afogaram. A indiferença e a falta de sensibilidade causaram indignação ao Papa Francisco quando esteve em Lapedusa, chegada de muitos imigrantes. Duramente criticou o fato de que os europeus perderam a sensibilidade e a capacidade de chorar sobre o sofrimento de seus semelhantes.

Em alguns países foram totalmente rejeitados como na Hungria sob o hoje ex-presidente Orbán, de extrema direita e violento. Na cristianíssima Polônia se admitem, seletivamente, somente cristãos, negando hospitalidade a muçulmanos ou de outra denominação religiosa.

Teme-se que as mudanças climáticas, acelerando-se cada vez mais e destruindo vastas regiões com grandes inundações, severas secas e imensas queimadas, acabam criando levas de milhares e milhares de migrantes procurando salvar suas vidas. Seus lugares se fizeram praticamente inabitáveis. A ONU tem alertado os países centrais e desenvolvidos que preparem suas infra-estruturas para acolher e dar hospitalidade a estes flagelados.

A hospitalidade comparece como valor referencial para fazer frente a este fenômeno mundializado. As migrações em massa poderão desestabilizar inteiras nações e as  políticas sociais, dada a gravidade da situação criada pela mudanças na geopolítica (a disputa pela hegemonia mundial entre USA, Rússia e China), pelos transtornos climáticos provocados pela crise ecológica e pela corrente marítima do El Niño.

Hoje é a capacidade de mostrar a hospitalidade, sempre tida por todas as tradições culturais como um dos mais altos valores no relacionamento humano, o quanto de sensibilidade e de humanidade subsistem ainda entre nós como pessoas individuais e como sociedades complexas. Mantidas as atuais desigualdades escandalosas, fruto de uma acumulação inimaginável de riqueza dos poucos que exploram os muitos e devastam os bens e serviços naturais, não nos oferecem sinais de esperança de que prevaleçam a sensibilidade e a humanidade, base da hospitalidade, face aos milhões de migrantes a nível mundial.

Mesmo assim, vencidos e derrotados, jamais desistiremos no empenho em favor dos migrantes e refugiados, desprezados e rechaçados, pois essa causa, por ser verdadeira, é invencível. Nela se mostra o melhor que existe nos seres humanos: compadecer-se com os peregrinos forçados, com os migrantes, viver a solidariedade concreta face à sua frágil situação, e o amor incondicional para com esses humilhados e ofendidos. Segundo os relatos bíblicos e o sentido de um dos mais comovedores mitos gregos sobre  hospitalidade, a dos bons velhinhos Báucis e Felêmon, quem hospeda o peregrino e o desconhecido, está hospedando anonimamente o próprio Deus.

A família do Filho do Homem foi imigrante no Egito e tornou sagrado todo empenho em favor daqueles que vivem penosamente semelhante situação. Por isso, uma situação parecida representa à consciência um apelo ético permanente mesmo no meio das dificuldades, dos  preconceitos e das rejeições. Afinal, todos somos migrantes e hóspedes nesta Terra que é de todos os presentes e dos futuros. Todos passamos. Somente ela, a Casa Comum, permanece ainda por milhões de anos, girando ao redor do sol e gestando vida,  para a natureza e para a humanidade.

Leonardo Boff escreve para a revista LIBERTA do ICL (https://www.revistaliberta.com.br) e publicou também o livro Hospitalidade: direito e dever de todos, Vozes 2005 ((https://www.leonardoboff.org).

Wurzeln des Femizids: Die Zerschlagung des Matriarchats durch das Patriarchat

Leonardo Boff

Es gab eine Zeit, in der die historische Existenz des Matriarchats mangels Daten nicht anerkannt wurde. Die Forschungen von Bachofen, Neumann und anderen Archäologen – zusammen mit Studien aus der Tiefenpsychologie und anderen Fachgebieten – haben jedoch die Tatsache bestätigt, dass eine matriarchale Phase der Menschheit tatsächlich existiert hat.

Zunächst wurde sie im Mittelmeerraum entdeckt, später dann in fast allen Teilen der Welt. Es wurden weibliche Darstellungen der Göttlichkeit gefunden, die großen Mütter mit tausend Brüsten, die die Fruchtbarkeit der Frau symbolisieren.

Diese Gesellschaften waren zutiefst ökologisch geprägt, in die Natur eingebunden, friedlich und offen für alle.

Doch die Zeiten haben sich geändert, und mit ihnen auch die Beziehungen zwischen Männern und Frauen. Wahrscheinlich ermöglichte die Entwicklung von Werkzeugen und Technologien, die bei der Beherrschung der Natur und der Nahrungsbeschaffung effektiver waren und mehr körperliche Kraft erforderten, den Männern, langsam an Bedeutung zu gewinnen. Sie nutzten diese Vorteile und entwickelten Strategien, um das Matriarchat zu verdrängen. Sie führten die Herrschaft des Mannes über die Frau und die Besetzung aller öffentlichen Räume durch den Mann ein. 

Es kam zu einem regelrechten Kampf der Geschlechter, einem Geschlechterkampf, der noch nicht beendet ist, denn er dauert bis heute an. Lassen Sie uns das anhand eines Beispiels verdeutlichen.

Bezeichnend ist die Art und Weise, wie die Sünde Adams und Evas neu interpretiert wurde. Darin offenbart sich das gesamte Bestreben des Patriarchats, das Matriarchat zu demontieren. Diese Sichtweise wurde ab 1986 vertieft, als die Internationale Akademie HAGIA gegründet wurde, die sich der kritischen Erforschung und den Erfahrungen des Matriarchats widmet. Die Gründerin Heide Göttner-Abendroht fasste die Forschungsergebnisse in zwei Bänden zusammen: „Das Matriarchat I und II“ (Stuttgart 1988 und 1991).

Für unsere Überlegungen sind die interdisziplinären Studien zweier renommierter feministischer Theologinnen von grundlegender Bedeutung: Riane Eisler (Sex Myth and Politics of the Body: New Paths to Power and Love, Harper San Francisco 1955) und Françoise Gange (Les dieux menteurs, Paris, Editions Indigo-Côtes Femmes, 1997). Sie haben auf raffinierte Weise unter Rückgriff auf Linguistik, Strukturalismus und andere verwandte Wissenschaften gezeigt, dass dem heutigen patriarchalischen Narrativ ein früheres matriarchalisches Narrativ zugrunde liegt. Dieses wurde ausgelöscht und umgeschrieben, um die patriarchalische Macht über die Frau zu rechtfertigen. Wir werden ihrer Argumentation folgen.

Die heiligen Riten und Symbole des Matriarchats werden verteufelt und in Form einer auf den Plan des Schöpfers zurückgehenden Urgeschichte auf die Ursprünge zurückprojiziert.

Die heutige Darstellung der Ur-Sünde stellt vier grundlegende Symbole der Religion der großen Muttergöttinnen in Frage.

Das erste Symbol, das angegriffen wurde, war die Frau selbst (Genesis 3,16), die in der matriarchalischen Kultur mit dem heiligen, lebensspendenden Geschlecht ausgestattet war. Als solche symbolisierte sie die Große Mutter, die höchste Gottheit.

Zweitens wird das Symbol der Schlange dekonstruiert, das als Hauptattribut der Muttergöttin gilt. Sie verkörperte die göttliche Weisheit, die sich stets erneuerte, wie die Haut der Schlange.

Drittens wurde der Baum des Lebens entstellt, der stets als eines der wichtigsten Symbole des Lebens galt. Indem er Himmel und Erde verbindet, erneuert der Baum unablässig das Leben als beste Frucht der Göttlichkeit und des Universums. Genesis 3,6 erkennt ausdrücklich an, dass „der Baum gut zu essen war, eine Freude für die Augen und begehrenswert, um weise zu handeln“. Doch über ihn liegt das Verbot, man darf ihn nicht einmal berühren, er kann den Tod bringen.

Stattdessen wurde die Beziehung zwischen Mann und Frau zerstört, die ursprünglich den Kern der Erfahrung des Heiligen bildete. Die Sexualität war heilig, da sie den Zugang zur Ekstase und zum mystischen Wissen ermöglichte.

Die heutige Darstellung der Erbsünde hat die tiefe und wahre Bedeutung dieser Symbole völlig auf den Kopf gestellt. Sie hat sie entheiligt, verteufelt und von einem Segen in einen Fluch verwandelt.

Die Frau wird für immer verflucht sein, zu einem minderwertigen Wesen gemacht: „Der Mann wird über sie herrschen“ (Gen 3,16). Die Fähigkeit der Frau, Leben zu schenken, wurde in einen Fluch verwandelt: „Ich werde die Schmerzen der Schwangerschaft vervielfachen“ (Gen 3,16). Wie sich zeigt, war die Umkehrung vollständig und hatte äußerst negative Folgen für das spätere, von Männern geprägte Weltbild.

Die Schlange ist verflucht (Gen 3,14) und zum Symbol des versuchenden Teufels geworden. Das Hauptsymbol der Frau wurde zu ihrem erbitterten Feind: „Ich werde Feindschaft setzen zwischen dir und der Frau“ (Gen 3,15).

Der Baum des Lebens und der Weisheit steht in der heutigen patriarchalischen Lesart unter dem Zeichen des Verbots (Gen 3,3). Früher, in der matriarchalischen Kultur, bedeutete das Essen vom Baum des Lebens, sich mit Weisheit zu erfüllen. Nun bedeutet das Essen von ihm eine tödliche Gefahr, die Gott selbst angekündigt hat: „Esst nicht von der Frucht des Baumes in der Mitte des Gartens, rührt sie nicht einmal an, sonst werdet ihr sterben”(Gen 3,3).

Die heilige Liebe zwischen Mann und Frau wird verzerrt: „Unter Schmerzen wirst du Kinder gebären; deine Sehnsucht wird dich zu deinem Mann ziehen, und er wird über dich herrschen“ (Gen 3,16). 

Seitdem ist eine positive Wahrnehmung von Sexualität, Körper und Weiblichkeit unmöglich geworden. Hierin liegt die historisch-soziale Begründung für das Verbrechen des Femizids in Brasilien und weltweit. Laut UNO werden weltweit täglich 140 Frauen Opfer von Femizid. In Lateinamerika und der Karibik sind es 11, in Brasilien 4 pro Tag.

Hier zeigt sich, was durch die vollständige Dekonstruktion der früheren, weiblichen und sakralen Erzählung bewirkt wurde. Die ursprüngliche Schöpfungsgeschichte wurde neu geschrieben, um alle späteren Bedeutungen zu verfälschen. Wir alle sind, ob wir wollen oder nicht, Geiseln der adamitischen, antifeministischen und Schuld zuweisenden Erzählung.

Die Arbeit der Theologinnen Riane Eisler und Françoise Gange versteht sich bewusst als befreiend: Sie soll den konstruierten Charakter der derzeit vorherrschenden Erzählung aufzeigen, die sich auf Herrschaft, Sünde und Tod konzentriert, und eine ursprünglichere und positivere Alternative vorschlagen, in der eine neue Beziehung zum Leben, zur Macht, zum Heiligen und zur Sexualität entsteht. Und sie soll Frauenmorde unmöglich machen.

 Diese Interpretation zielt nicht darauf ab, eine vergangene Situation wiederherzustellen, sondern ein besseres Gleichgewicht zwischen männlichen und weiblichen Werten für die heutige Zeit zu finden.

Wir erleben derzeit einen Paradigmenwechsel in den Beziehungen zwischen Mann und Frau. Dieser muss durch tiefgreifendes und ganzheitliches Denken gefestigt werden, das ein größeres persönliches und kollektives Glück ermöglicht, als es unter dem patriarchalischen Regime nur unzureichend erreicht wurde. Genau das tun Feministinnen, Politikerinnen, Anthropologinnen, Philosophinnen und Theologinnen in Brasilien und weltweit mit bemerkenswerter Kreativität.

Leonardo Boff schreibt für die Zeitschrift LIBERTA des Instituto Conhecimento Liberta (ICL: https://www.revistaliberta.com.br); gemeinsam mit Rose Marie Muraro verfasste er außerdem das Buch „Feminino e Masculino: uma nova consciência para o encontro das diferenças“ (Weibliches und Männliches: ein neues Bewusstsein für die Begegnung der Unterschiede), erschienen bei Editora Vozes 2012 (https://www.leonardoboff.org).

Übersetzt von Bettina Goldhartnack

Raíces del feminicidio: el desmontaje del matriarcado por el patriarcado

                      Leonardo Boff

         Hubo una época en la que no se aceptaba la existencia histórica del matriarcado debido a la insuficiencia de datos. Las investigaciones arqueológicas, los estudios de Bachofen,Engels de Neuman de la psicología profunda y otros campos confirmaron el hecho de que realmente existió, hace unos 20 años, una fase matriarcal de la humanidad.

         Primeramente, fue identificada en la cuenca del Mediterráneo y luego en casi todas las partes del mundo. Se descubrieron figuras femeninas de la divinidad, las grandes madres de mil pechos, simbolizando la fecundidad de la mujer.

         Estas sociedades eran profundamente ecológicas, integradas en la naturaleza, pacíficas, espirituales e inclusivas de todos y todas.

         Pero los tiempos cambiaron y con ellos las relaciones entre hombres y mujeres. Probablemente el desarrollo de instrumentos y de tecnologías más efectivas para dominar la naturaleza y conseguir alimentos, exigiendo mayor fuerza física, permitió a los hombres ganar lentamente más protagonismo. Ellos se valieron de estas ventajas y elaboraron estrategias para desplazar al matriarcado. Introdujeron el dominio del hombre sobre la mujer y ocuparon todos los espacios públicos.

         Se produjo una verdadera lucha de los sexos, una lucha de género que aún no ha terminado, pues continúa hasta nuestros días. Pongamos un ejemplo.

         Es emblemática la forma en que fue reelaborado el pecado de Adán y Eva. En él se revela todo el esfuerzo de desmontaje del matriarcado por parte del patriarcado. Esta visión fue profundizada a partir de 1986, cuando se creó la Internationale Akademie HAGIA, dedicada a la investigación crítica y a las experiencias del matriarcado. Su fundadora, Heide Göttner-Abendroth, resumió las investigaciones en dos volúmenes: Das Matriarchat I y II (Stuttgart, 1988 y 1991).

         Para nuestra reflexión son fundamentales los estudios multidisciplinarios de dos destacadas teólogas feministas, Riane Eisler (Sex Myth  and Poilitics of the Body: New Paths to Power and Love, Harper San Francisco 1955)  y Françoise Gange(Les dieux menteurs, Paris, Editions Indigo-Côtes Femmes, 1997). Ellas, de manera refinada, utilizando la lingüística, el estructuralismo y otras ciencias afines, mostraron que bajo el actual relato patriarcal subyace un relato matriarcal anterior. Este fue borrado y reescrito para justificar el poder patriarcal sobre la mujer. Seguiremos su argumentación.

         Los ritos y símbolos sagrados del matriarcado son diabolizados y retroproyectados a los orígenes bajo la forma de un relato primordial fundado en el designio del Creador.

         El actual relato del pecado de los orígenes pone en cuestión cuatro símbolos fundamentales de la religión de las grandes diosas-madres.

         El primer símbolo atacado fue la propia mujer (Libro del Génesis 3,16), que en la cultura matriarcal estaba dotada de un sexo sagrado, generador de vida. Como tal, simbolizaba a la Gran Madre, la Divinidad Suprema.

         En segundo lugar, se deconstruyó el símbolo de la serpiente, considerada el principal atributo de la Diosa-Madre. Ella representaba la sabiduría divina que se renovaba constantemente, como la piel de la serpiente.

         En tercer lugar, se desfiguró el árbol de la vida, siempre considerado uno de los principales símbolos vitales. Uniéndo el cielo con la Tierra, el árbol renueva continuamente la vida, como fruto supremo de la divinidad y del universo. Génesis 3,6 reconoce explícitamente que “el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar sabiduría”. Pero sobre él cae la prohibición: ni siquiera puede tocarse, pues puede producir la muerte.

         En quarto lugar, se destruyó la relación hombre-mujer, que originariamente constituía el corazón de la experiencia de lo sagrado. La sexualidad era sagrada porque posibilitaba el acceso al éxtasis y al saber místico.

         El actual relato del pecado de los orígenes invirtió totalmente el sentido profundo y verdadero de esos símbolos. Los desacralizó, los diabolizó y los transformó de bendición en maldición.

         La mujer será eternamente maldita, convertida en un ser inferior: “el hombre te dominará” (Gn 3,16). El poder de la mujer de dar vida fue transformado en una maldición: “multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos” (Gn 3,16).

 Como se desprende, la inversión fue total y tuvo consecuencias altamente negativas para el imaginario posterior, controlado por los hombres.

         La serpiente es maldita (Gn 3,14) y convertida en símbolo del demonio tentador. El símbolo principal de la mujer fue transformado en su enemigo mortal: “pondré enemistad entre ti y la mujer” (Gn 3,15).

         El árbol de la vida y de la sabiduría, en la lectura patriarcal actual, aparece bajo el signo de la prohibición (Gn 3,3). Antes, en la cultura matriarcal, comer del árbol de la vida era impregnarse de sabiduría. Ahora, comer de él significa un peligro mortal anunciado por Dios mismo: “no comáis del fruto del árbol que está en medio del jardín, ni siquiera lo toquéis, porque moriréis” (Gn 3,3).

         El amor sagrado entre el hombre y la mujer aparece distorsionado: “con dolor darás a luz a tus hijos; tu deseo te arrastrará hacia tu marido y él te dominará” (Gn 3,16).

         A partir de entonces se volvió imposible una lectura positiva de la sexualidad, del cuerpo y de la feminidad. Aquí está la justificación histórico-social del crimen del feminicidio en Brasil y en el mundo. Según la ONU, 140 mujeres son víctimas de feminicidio por día en el mundo. En América Latina y el Caribe, 11; en Brasil, 4 diarias.

         Aquí se muestra lo que ocurrió con la deconstrucción total del relato anterior, femenino y sagrado. El relato original de los orígenes fue reescrito de tal manera que contaminó todas las significaciones posteriores. Todos somos, en mayor o menor medida, rehenes del relato adámico, antifeminista y culpabilizador.

         El trabajo de las teólogas Riane Eisler y Françoise Gange pretende ser intencionalmente liberador: mostrar el carácter construido del actual relato dominante, centrado en la dominación, el pecado y la muerte; y proponer una alternativa más originaria y positiva, en la que aparece una nueva relación con la vida, con el poder, con lo sagrado y con la sexualidad. E impedir el feminicidio.

         Esta interpretación no pretende restaurar una situación pasada, sino encontrar un mayor punto de equilibrio entre los valores masculinos y femeninos para los tiempos actuales.

         Estamos asistiendo a un cambio de paradigma en las relaciones masculino/femenino. Este debe consolidarse con un pensamiento profundo e integrador que posibilite una felicidad personal y colectiva mayor que aquella débilmente alcanzada bajo el régimen patriarcal. Eso es lo que las feministas, políticas, antropólogas, filósofas y teólogas de Brasil y del mundo están haciendo con notable creatividad.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del Instituto Conhecimento Liberta. También escribió junto a Rose Marie Muraro Femenino y Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias (Editora Vozes, 2012).