Brasil en la encrucijada: ¿prolongar la dependencia o completar la invención?

Observador atento de los procesos de transformación de la economía mundial en contrapunto con la brasilera, Celso Furtado, uno de nuestros mejores nombres en economía política, escribió en su libro “Brasil: la construcción interrumpida“: «En medio milenio de historia, partiendo de una constelación de fechorías, de poblaciones indígenas desgarradas, de esclavos trasplantados desde otro continente, de aventureros europeos y asiáticos en busca de un destino mejor, llegamos a un pueblo de extraordinaria polivalencia cultural, un país sin paralelo por su inmensidad territorial y su homogeneidad lingüística y religiosa. Pero nos falta la experiencia de pruebas cruciales como las que conocieron otros pueblos cuya supervivencia llegó a estar amenazada. Nos falta también un verdadero conocimiento de nuestras posibilidades y principalmente de nuestras debilidades. Pero no ignoramos que el tiempo histórico se acelera y que la cuenta de ese tiempo se hace contra nuestra.  Se trata de saber si tenemos un futuro como nación que cuenta en la construcción del devenir humano o si prevalecerán las fuerzas que se empeñan en interrumpir nuestro proceso histórico de formación de un Estado-nación»  (Paz e Terra, Rio 1993, 35).

La actual sociedad brasilera, hay que reconocerlo, ha conocido avances significativos bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores.  La inclusión social realizada y las políticas sociales beneficiosas para millones de personas que siempre estuvieron al margen tienen una magnitud histórica cuyo significado todavía no acabamos de evaluar, especialmente si las comparamos con las fases históricas anteriores, hegemonizadas por las élites tradicionales que siempre detentaron el poder del Estado.

Pero estos avances no son aún proporcionales a la grandeza de nuestro país y de su pueblo. Las manifestaciones de junio de 2013 mostraron que buena parte de la población, particularmente los jóvenes, está insatisfecha. Estos manifestantes quieren más. Quieren otro tipo de democracia, la participativa, quieren una república no de negociados sino de carácter popular, exigen con razón  transportes que no les roben tanto tiempo de vida, servicios básicos de higiene, educación, que los habilite para entender mejor el mundo y para mejorar el tipo de trabajo que escojan; reclaman sanidad con un mínimo de decencia y calidad. Crece en todos la convicción de que un pueblo enfermo e ignorante jamás dará un salto cualitativo hacia otro tipo de sociedad menos desigual y, por eso, como la llamaba Paulo Freire, menos malvada. El PT deberá estar a la altura de esos nuevos desafíos y renovar su agenda o pagar el precio de no continuar más en el poder.

Estamos aproximándonos a aquello que Celso Furtado llamaba “pruebas cruciales”. Tal vez como nunca antes en nuestra historia, hemos llegado al momento crítico de las “pruebas”. Las próximas elecciones tendrán, a mi modo de ver, una característica singular. Dada la aceleración de la historia, impulsada por la crisis sistémica mundial, nos veremos forzados a tomar una decisión: o aprovechamos las oportunidades que los países centrales en profunda crisis nos propician, reafirmando nuestra autonomía y garantizando nuestro futuro, autónomo pero relacionado con la totalidad del mundo, o las desperdiciamos y viviremos amarrados al destino decidido siempre por ellos, que nos quieren condenar a ser solo abastecedores de los productos in natura que les faltan y así nos vuelven a recolonizar.

No podemos aceptar esta extraña división internacional del trabajo. Tenemos que retomar el sueño de algunos de nuestros mejores analistas de la valía de Darcy Ribeiro y de Luiz Gonzaga de Souza Lima, entre otros, que propusieron una reinvención o refundación de Brasil sobre bases nuestras, gestadas por nuestro ensayo civilizatorio, tan enaltecido por Celso Furtado.

Este es el desafío lanzado de forma urgente a todas las instancias sociales: ¿Ayudan a la invención de Brasil como nación soberana, repensada en los marcos de la nueva conciencia planetaria y del destino común de la Tierra y de la humanidad? ¿Podrán ser co-parteras de una ciudadanía nueva ―la co-ciudadanía y la ciudadanía terrena― que articula al ciudadano con el Estado, al ciudadano con otro ciudadano, lo nacional con lo mundial, la ciudadanía brasilera con la ciudadanía planetaria, ayudando así a moldear el devenir humano? ¿O se harán cómplices de esas fuerzas que no están interesadas en la construcción del proyecto-Brasil porque se proponen incluir a Brasil en el proyecto-mundo-globalizado de una forma subalterna y dependiente, con ventajas concedidas a las clases opulentas, beneficiadas con este tipo de alianza?

Las próximas elecciones van a arrojar luz sobre estos dos proyectos. Debemos decidir de qué lado estaremos. La situación es urgente pues, como advertía pesaroso Celso Furtado: «todo apunta hacia la inviabilización del país como proyecto nacional» (op.cit. 35). No queremos aceptar como fatal esta seria advertencia. No hay que reconocer las derrotas sin haber dado antes todas las batallas, como nos enseñaba Don Quijote en su gaya ciencia.

Todavía hay tiempo para hacer cambios que pueden reorientar el país hacia su rumbo cierto, especialmente ahora que, con la crisis ecológica, Brasil ha adquirido un peso decisivo en la balanza y el equilibrio buscado por el planeta Tierra. Es importante creer en nuestras virtualidades, diría más, en nuestra misión planetaria.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Brasile al bivio: prolungare la dipendenza o completare l’invenzione?

Osservatore attento dei processi di trasformazione dell’economia mondiale in contrappunto con quella brasiliana, Celso Furtado,  uno dei nostri migliori nomi in economia politica, ha scritto nel suo libro Brasile: la costruzione interrotta: “In mezzo millennio di storia, partendo da una costellazione di fattorie, di popolazioni indigene disorientate, di schiavi trapiantati da un altro continente, di avventurieri europei e asiatici in cerca di un destino migliore, siamo arrivati a un popolo di straordinaria polivalenza culturale, un paese senza confronti per la vastità territoriale e per l’omogeneità linguistica e religiosa. Ma ci manca l’esperienza di prove cruciali,  come quelle che hanno conosciuto altri popoli la cui sopravvivenza è arrivata ad essere minacciata. E ci manca pure una vera conoscenza delle nostre possibilità e soprattutto dei nostri lati deboli. Ma non ignoriamo che il tempo storico si accelera e che la conta di questo tempo avviene contro di noi. Si tratta di sapere se abbiamo un futuro come nazione che conta nella costruzione del divenire umano. Oppure se prevarranno le forze impegnate per interrompere il nostro processo storico di formazione di uno Stato-Nazione” (Paz e Terra, Rio 1993, 35).

L’attuale società Brasiliana , bisogna ammetterlo, ha conosciuto avanzate significative sotto i governi del Partito dei Trabalhadores. L’inclusione sociale realizzata e le politiche sociali benefiche per quei milioni che erano rimasti sempre al margine, possiede una magnitudine storica il cui significato non abbiamo ancora finito di apprezzare, specialmente se ci confrontiamo con le fasi storiche anteriori, egemonizzate dall’élite tradizionali che sempre hanno avuto in mano il potere di Stato.

Ma questi avanzamenti non sono ancora proporzionati alla grandezza del nostro paese e del suo popolo. Le manifestazioni del giugno 2013 hanno mostrato che buona parte della popolazione, specialmente i più giovani, è insoddisfatta. Questi manifestanti vogliono di più. Vogliono un altro tipo di democrazia, quella partecipativa, vogliono una repubblica non di patteggiamenti ma di carattere popolare, esigono a ragione un sistema di trasporti che non rubi loro troppo tempo di vita, servizi basici di igiene, educazione che dia loro la capacità di decifrare meglio il mondo e migliorare il tipo di lavoro eventualmente scelto, reclamano un servizio sanitario con un minimo di decenza e qualità. Cresce in tutti la convinzione che un popolo malato e ignorante mai farà un salto di qualità in direzione di un altro tipo di società meno diseguale e, per questo, come la chiamava Paulo Freire, meno malvagia. Il PT dovrà stare all’altezza di queste nuove sfide, rinnovare la sua agenda anche a rischio di non stare più al potere.

Ci stiamo avvicinando a ciò che Celso Furtado chiamava “prove cruciali”. Forse come mai prima nella nostra storia, siamo arrivati a questo stadio critico delle “prove”. Le prossime elezioni avranno, a mio modo di vedere una qualità singolare. Data l’accelerazione della storia, sospinta dalla crisi sistemica mondiale, saremo portati a prendere una decisione: o approfittiamo delle opportunità che i paesi centrali in profonda crisi ci offrono, riaffermando la nostra autonomia e garantendo il nostro futuro autonomo ma relazionato con la totalità del  mondo oppure le sciupiamo e vivremo ingabbiati col destino sempre deciso da loro che vogliono condannarci ad essere soltanto fornitori di prodotti in natura , di cui sono sprovvisti e così tornano a colonizzarci di nuovo.

Non possiamo accettare questa strana divisione internazionale del lavoro. Dobbiamo riprendere il sogno di alcuni dei nostri migliori analisti del calibro di Darcy Ribeiro e di Luis Gonzaga de Souza Lima tra gli altri che hanno proposto una reinvenzione o rifondazione del Brasile su basi nostre, gestite dal nostro tentativo di civiltà tanto magnificato da Celso Furtado.

Questa è la sfida lanciata in forma urgente a tutte le istanze sociali: sono esse di aiuto nell’invenzione del Brasile come nazione sovrana, ripensata nei quadri della nuova coscienza planetaria e del destino comune della Terra e dell’Umanità? Potranno queste essere partners di una cittadinanza nuova – la co-cittadinanza e la cittadinanza terrestre – che articola il cittadino con lo Stato, il cittadino con l’altro cittadino, quello nazionale con quello mondiale, la cittadinanza brasiliana con la cittadinanza planetaria, aiutando così a modellare il divenire umano? O esse si faranno complici di quelle forze che non sono interessate alla costruzione del progetto-Brasile perché si propongono di inserire il Brasile nel progetto-mondo globalizzato in maniera subalterna e dipendente, con i vantaggi concessi alle classi opulente, beneficiate da questo tipo di alleanze?

Le prossime elezioni porteranno alla luce questi due progetti. Dobbiamo decidere da che parte stare. La situazione è urgente perché, come avvertiva preoccupato Celso Furtado;”tutto indica la non ulteriore praticabilità del paese come progetto nazionale” (op.cit.35). Ma non vogliamo accettare come fatale questo avviso severo. Non dobbiamo riconoscere le sconfitte senza prima dare battaglia come ci ha insegnato Don Chisciotte nella sua gaia saggezza.

C’è ancora tempo per cambiamenti che possono riorientare il paese nella direzione giusta, specialmente adesso che, con la crisi ecologica, il paese si è trasformato in un peso decisivo della bilancia e dell’equilibrio ricercato dal pianeta Terra. E’ necessario credere nelle nostre possibilità nascoste, anzi dirò di più, nella nostra missione planetaria.

Traduzione di Romano Baraglia

La sabiduría china del cuidado: el Feng Shui

Una de las ventajas de la globalización, que es no solo económico-financiera sino también cultural, está en permitirnos recoger valores poco desarrollados en nuestra cultura occidental. En esta ocasión, vamos a hablar del Feng-Shui chino. Literalmente significa viento (feng) y agua (shui). El viento lleva el Qi [se lee chi], la energía universal, y el agua la retiene. Personalizado significa “el maestro de las recetas”: el sabio que, a partir de su observación de la naturaleza y de una fina sintonía con el Qi, indicaba el rumbo de los vientos y los flujos de agua y, así, cómo montar bien la vivienda.

Beatriz Bartoly, en su brillante tesis de filosofía en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), de la cual fui orientador, escribe: «el Feng Shui nos remite a una forma de celo cariñoso» –nosotros diríamos cuidadoso y tierno– «con respecto a lo banal de nuestra existencia, que en Occidente ha sido desprestigiado y menospreciado durante mucho tiempo: cuidar las plantas, los animales, arreglar la casa, cuidar de la limpieza, del mantenimiento de los aposentos, preparar los alimentos, adornar lo cotidiano con la prosaica, y al mismo tiempo, majestuosa belleza de la naturaleza. Sin embargo, más que las construcciones y las obras humanas, es su conducta y su acción el objetivo principal de esta filosofía de vida, pues más que los resultados al Feng-Shui le interesa el proceso. Lo valioso está en la acción y no en su efecto, en la conducta y no en la obra».

Como se deduce, la filosofía Feng-Shui se centra más en el sujeto que en el objeto, más en la persona que en el ambiente y la casa en sí. La persona tiene que involucrarse en el proceso, desarrollar la percepción del ambiente, captar los flujos energéticos y los ritmos de la naturaleza. Debe asumir una conducta en armonía con los otros, con el cosmos y con los procesos rítmicos de la naturaleza. Cuando haya creado esa ecología interior, estará capacitada para organizar, con éxito, su ecología exterior.

Más que una ciencia y un arte, el Feng Shui es fundamentalmente una sabiduría, una ética ecológico-cósmica de cómo cuidar de la correcta distribución del Qi en todo nuestro ambiente.

En sus múltiples facetas el Feng Shui representa una síntesis acabada del cuidado en la forma como se organiza el jardín, la casa o el apartamento, con una integración armoniosa de los elementos presentes. Podemos incluso decir que los chinos, como los griegos clásicos, son los incansables buscadores del equilibrio dinámico en todas las cosas. El supremo ideal de la tradición china que encontró en el budismo y en el taoísmo su mejor expresión, representada por Laozi (siglo VI-V a.C.) y por Zhuangzi (siglo V-IV a.C.), consiste en procurar la unidad mediante un proceso de integración de las diferencias, especialmente de las conocidas polaridades yin/yang, masculino/femenino, espacio/tiempo, celestial/terrenal entre otras. El Tao representa esa integración, la realidad inefable con la cual busca unirse la persona.

Tao significa camino y método, pero también la Energía misteriosa y secreta que produce todos los caminos y proyecta todos los métodos. Es inexpresable en palabras, ante ella solo cabe el respetuoso silencio. Subyace en la polaridad del yin y del yang y se manifiesta a través de ellos. El ideal humano es llegar a una unión tan profunda con el Tao que se produzca el satori, la iluminación. Para los taoístas el bien supremo no se da más allá de la muerte como para los cristianos, sino ya en el tiempo y en la historia, mediante una experiencia de no-dualidad y de integración en el Tao. Al morir la persona se sumerge en el Tao y se unifica con él.

Para alcanzar esta unión, es imprescindible la sintonía con la energía vital que atraviesa el cielo y la tierra, llamada Qi. Qi es intraducible, pero equivale a la ruah de los judíos, al pneuma de los griegos, al spiritus de los latinos, al axé de los yoruba/nagô, al vacío cuántico de los cosmólogos: expresiones que designan la Energía suprema y cósmica que subyace y sustenta a todos los seres.

Por la fuerza del Qi todas las cosas se transforman (véase el I Ching, el Libro de los Cambios) y se mantienen permanentemente en proceso. Fluye en el ser humano a través de los meridianos de la acupuntura. Circula en la Tierra por las venas telúricas subterráneas, compuestas por campos electromagnéticos distribuidos a lo largo de los meridianos de ecopuntura que entrecruzan la superficie terrestre. Cuando el Qi se expande significa vida, cuando se retrae, muerte. Cuando adquiere peso, se presenta como materia, cuando se torna sutil, como espíritu. La naturaleza es la combinación sabia de los distintos estados del Qi, desde los más pesados hasta los más ligeros.

Cuando el Qi emerge en un determinado lugar, surge un paisaje armonioso con brisas suaves y aguas cristalinas, montañas sinuosas y valles verdeantes. Es una invitación al ser humano para instalar allí su morada o encontrar un apartamento en el cual se sienta “en casa”.

La visión china del mundo privilegia el espacio, a diferencia de Occidente que privilegia el tiempo. El espacio para el taoísmo es el lugar de encuentro, de convivencia, de las interacciones de todos con todos, pues todos somos portadores de la energía Qi que empapa el espacio. La suprema expresión del espacio se realiza en la casa, en el jardín, en el apartamento bien cuidado.

Si el ser humano quiere ser feliz debe desarrollar la topofilia, amor al lugar donde vive y donde construye su casa y su jardín o donde monta su apartamento. El Feng Shui es el arte y la técnica de construir bien la casa, el jardín, y decorar el apartamento con sentido de armonía y belleza. Frente al desmantelamiento del cuidado y a la grave crisis ecológica actual, la milenaria sabiduría del Feng Shui nos ayuda a rehacer la alianza de simpatía y de amor con la naturaleza. Esa conducta reconstruye la morada humana (que los griegos llamaban ethos), asentada sobre el cuidado y sus múltiples resonancias como la ternura, la caricia y la cordialidad.

Traducción de María José Gavito Milano

The Chinese wisdom of caring: Feng Shui

One advantage of globalization, one that is not only economic-financial but also cultural, is that it enables us to access values that are not well developed in our Western culture. Here, we will touch on the Chinese Feng-Shui. Literally, it means wind (feng) and water (shui). The wind carries Qi [pronounced, chi], the universal energy, and the water retains it.  On a personal level, it means “master of the prescriptions”: the wise one who, starting from the observation of nature and of close harmony with Qi, would point out the path of the winds and the flow of the waters and, this way, how to properly construct a dwelling.

Beatriz Bartoly, in her brilliant thesis of philosophy, of which I served as advisor, at the State University of Rio de Janeiro (UERJ), writes: «Feng Shui gives us a form of loving jealousy» –we would say caring and tenderness– «with respect to the banality in our existence, that in the West has long been discredited and underrated: to care for the plants, for the animals, to arrange the home, care for the cleaning, the maintenance of the bedrooms, preparation of meals, to adorn daily life with the prosaic, and simultaneously, with the majestic beauty of nature. However, more than buildings and human endeavors, the principal objective of this philosophy of life is conduct and action, because more than in the results, Feng-Shui is interested in the process. The value is in the action rather than its effect, in the conduct rather than the end result».

As is deduced, the philosophy of Feng-Shui is centered more in the subject than the object, more in the person than the environment and the house itself. The person must be involved in the process, to develop the perception of the environment, capture the energetic flows and the rhythms of nature. The person must assume a conduct in harmony with others, with the cosmos and the rhythmical processes of nature. The person who has created that interior ecology will be able to successfully organize its exterior ecology.

More than a science or art, Feng Shui is fundamentally a wisdom, an ecological-cosmic ethic of how to correctly distribute the Qi throughout our environment.

The multiple facets of Feng Shui represent the final synthesis of care in organizing the garden, the house or apartment, with a harmonious integration of the elements that are present. We can even say that the Chinese, as the classic Greeks, are tireless seekers of the dynamic equilibrium of all things. The supreme ideal of the Chinese tradition, that found its best expression in Buddhism and Taoism, represented by Lao-tzu (VI-V century a.C.) and by Zhuangzi (V-IV century a.C.), consists of procuring unity through a process of integrating the differences, especially the known polarities of yin/yang, masculine/feminine, space/time, celestial/terrestrial, among others. The Tao represents that integration, the ineffable reality with which it attempts to unify the person.

Tao means path and method, but also the mysterious and secret Energy that produces all the paths and projects all the means. It cannot be expressed in words.  Before it, only respectful silence suffices. It underlies the polarity of yin and yang and manifests itself though them. The human ideal is to reach such a profound union with Tao that the satori, the illumination, results. For Taoists, the supreme good is not found beyond death, as it is for Christians, but here, in time and history, through an experience of non-duality and integration in the Tao. A person who dies is submerged in, and unified with, the Tao.

To reach this union, harmony with the vital energy that courses through heaven and Earth, called Qi, is essential. Qi can not be translated, but is equivalent to the ruah of the Jews, the pneuma of the Greeks, the spiritus of the Latins, the axe of the yoruba/nago, the quantum vacuum of the cosmologists: expressions of the supreme and cosmic Energy that underlies and sustains all beings.

Through the strength of Qi, all things are transformed (see the I Ching, the Book of Changes), and permanently remain in process. The Qi flows in the human being through the meridians of acupuncture. It circulates in the Earth through the subterranean telluric veins, composed of the electromagnetic fields that lie along the meridians of ecopuncture that are interwoven along Earth’s surface. The expansion of Qi means life, when Qi retracts, there is death. When Qi acquires weight, it appears as matter, when it turns subtle, as spirit. Nature is the wise combination of the distinct states of Qi, from the heaviest to the lightest.

When Qi emerges in a given place, a harmonious scene is created, with soft winds and crystalline waters, sinuous mountains and green valleys. It invites the human being to build his abode, or locate an apartment there, where he can find himself “at home”.

The Chinese vision of the world favors the space, in contrast to the West, that favors time. Space for Taoism is the place of encounter, of confraternity, of the interactions of all with all, because all of us are carriers of the Qi energy that envelopes the space. The supreme expression of space is realized at home, in the garden, in the well cared for apartment.

The human being who wants to be happy must develop topofilia; love of the place where one lives and where one’s home and garden, or apartment, is found.  Feng Shui is the art and technique of building well the house, the garden, and of decorating the apartment with a sense of harmony and beauty.  In the face of the dismantling of caring and the present ecological crisis, the millenarian wisdom of Feng Shui helps us rebuild the alliance of sympathy and love with nature. That remakes the human presence (that the Greeks called ethos), based on caring and its multiple facets, such as tenderness, charity and cordiality.

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar,
done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.