La fuerza histórica de los pobres y oprimidos

Leonardo Boff*

A mi siempre me ha impresionado una pequeña historia relatada en el libro del Eclesiastés del Primer Testamento (o Antiguo). Se asume que el Eclesiastés es obra del sabio rey Salomón. Sería lo que hoy llamaríamos un académico o un profesor universitario (en hebreo Qohelet). Es conocido por la expresión “vanidad de vanidades; todo es vanidad” (1,2). Algunas versiones modernas traducen: “ilusión, pura ilusión; todo es ilusión”.

Todo el libro es una búsqueda incansable de la felicidad, pero se enfrenta con la muerte inevitable que vuelve todas las búsquedas, ilusiones, puras ilusiones. No por eso deja de ser temeroso de Dios y ético al indignarse frente a las opresiones: “cuántas son las lágrimas de los oprimidos sin nadie que los consuele cuando están bajo el poder de los opresores… feliz aquel que no llegó a nacer porque no ha visto la maldad que se comete bajo el sol” (4,1.3).

La pequeña historia reza así: ”Había una ciudad de pocos habitantes. Un rey poderoso marchó sobre ella, la sitió y levantó contra ella grandes rampas de ataque. En la ciudad había un hombre pobre, y sabio, que podría haberla salvado con su sabiduría. Pero nadie se acordó de aquel hombre pobre. La sabiduría del pobre es despreciada y sus palabras nunca se escuchan”(9,14-16).

Esta constatación me conduce a la teología latinoamericana de la liberación. Es una teología cuyo eje articulador es “la opción no excluyente por los pobres, contra la pobreza y por su liberación”. Ella da centralidad a los pobres como lo hace el evangelio del Jesús histórico: ”felices vosotros los pobres porque vuestro es el Reino de Dios” (Lucas 6,20). Pero hay algo inédito en la Teología de la Liberación que supera el asistencialismo y el paternalismo tradicionales que practicaban la caridad con los pobres pero los dejaban en su situación de pobres

La Teología de la Liberación aportó algo singular: reconocer la fuerza histórica de los pobres. Ellos comenzaron a tomar conciencia de que su pobreza no es querida por Dios, ni es natural, sino consecuencia de fuerzas sociales y políticas que los explotan para enriquecerse a costa de ellos, haciéndolos así pobres. Entonces, no son simplemente pobres, son oprimidos. 

Contra toda opresión aparece la liberación. Concientizados de este hecho y organizados, constituyen fuerzas sociales capaces, junto con otras fuerzas, de cambiar la sociedad para que sea mejor, no tan injusta, opresora y desigual.

Los cristianos se inspiraron en la tradición del Éxodo (“oí el clamor de mi pueblo oprimido, y bajé a liberarlo”, Ex 3,7), en la de los profetas que, contra los opresores de los pobres y de las viudas, denunciaban a las élites dominantes y a los reyes (Isaías, Amós, Oseas, Jeremías), haciendo decir a Dios: “misericordia quiero y no sacrificios; buscad el derecho, corregid al opresor, haced justicia al huérfano y a la viuda” (Isaías, 1,17), pero principalmente en la práctica del Jesús histórico que estaba siempre claramente del lado de la vida sufriente, especialmente de los pobres, de los enfermos, de los marginados, de las mujeres, ejerciendo una práctica verdaderamente liberadora de los padecimientos humanos. Les anunciaba el proyecto de Dios, una revolución absoluta: un Reino de amor, de paz, de perdón, de compasión y también de dominio sobre la naturaleza rebelada.

Esta es la base de la teología de la liberación. Marx no fue nunca padre ni padrino de este tipo de teología, como muchos la acusan todavía hoy. La teología de la liberación se fundamenta en la tradición profética y en la práctica del Jesús histórico. No olvidemos que él fue juzgado, condenado y levantado en una cruz por los religiosos de su tiempo, asociados con el poder político romano, a causa de la libertad que se tomaba ante las leyes opresoras y la imagen de un Dios vengador. Puso todo bajo la criba del amor y de la misericordia. Si no servían al amor y no llevaban a la misericordia él rompía con costumbres y tradiciones que pesaban sobre la vida de todo el pueblo.

La Teología de la Liberación dio un voto de confianza a los pobres, considerándolos protagonistas de su propia liberación y actores en una sociedad como la nuestra que crea más y más pobres y vergonzosamente los desprecia y los relega a la marginalidad. Ella se funda sobre la explotación de las personas, sobre la competición y no sobre la solidaridad, y sobre la depredación irresponsable de la naturaleza y no sobre su cuidado.

La experiencia que hicimos es exactamente la narrada en el libro del Eclesiastés: los pobres son sabios, nos enseñan, pues su saber está hecho de experiencias; hacemos un intercambio de saberes, entre el nuestro científico y el experiencial de ellos y así sumamos fuerzas. Descubrimos que cuando se organizan en comunidades, en movimientos, y participan como ciudadanos en partidos que buscan la justicia social, revelan su capacidad de presión y hasta de imponer trasformaciones sociales. 

¿Pero cuáles son los políticos en los parlamentos y los pocos gobiernos que los escuchan y atienden sus reivindicaciones? Generalmente sólo se cuenta con ellos cuando hay elecciones, para seducirlos para sus proyectos, por lo general ficticios.

Voy a contar, no sin cierto apuro, lo que pasó conmigo. El gran filósofo y jurista Norberto Bobbio de la Universidad “degli Studi” de Turín quiso honrar a la Teología de la Liberación, concediéndome el título de “doctor honoris causa” en política. Sectores del Vaticano y el cardenal de Turín ejercieron una fuerte presión para que ese evento no se realizase, lo que irritó sobremanera al filósofo-jurista Bobbio. El evento se realizó con su presencia, ya mayor y enfermo. En el diploma universitario se leía: “La personalidad del franciscano Leonardo Boff se destaca tanto en la investigación en ciencias políticas y teológicas, como en el compromiso ético y social. Sus escritos y su reflexión, altamente originales y movidos por una pasión cívica, están en el centro de un debate político y eclesiástico fervoroso en el mundo contemporáneo”. El 27 de noviembre de 1990 me fue concedido el título mencionado.

Noberto Bobbio quedó tan impresionado con el discurso que pronuncié como agradecimiento al título, que comentó: “Nosotros, los de la izquierda, teníamos que esperar a un teólogo para recordarnos que los pobres son sujetos de la historia” (cf. M. Losano, Norberto Bobbio: uma biografia cultural, E. Unesp 2022, pp 460-463).

Para mi era la confirmación de la verdad de la historia del Eclesiastés: tenemos que oír a los pobres (por su causa me honraron con el título) que antes de leer las letras, leen el mundo con acierto. Sin la sabiduría de ellos y la de los pueblos originarios no salvaremos nuestras sociedades ni tampoco evitaremos las catástrofes de nuestra civilización.

*Leonardo Boff ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018; La búsqueda de la justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2023.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

A força hiatórica dos pobres e oprimidos

                              Leonardo Boff

A mim sempre me impressionou uma pequena história relatada no livro do Eclesiastes do  Primeiro Testamento (ou o Antigo). O Eclesiastes se assume como sendo o sábio rei  Salomão. Seria o que chamaríamos hoje um acadêmico ou um professor universitário (em hebraico Qohelet), É conhecido pela expressão “vaidade, pura vaidade;tudo é vaidade”(1,2). Algumas traduções modernas traduzem: “ilusão,pura ilusão; tudo é ilusão”.

Todo livro é uma busca incansável pela felicidade mas se confronta com a morte inevitável que torna todas as buscas ilusões, puras ilusões. Nem por isso deixa de ser temente a Deus e ético ao se indignar face às opressões:”quantas são as lágrimas dos oprimidos sem ninguém que os console quando estão sob o poder dos opressores…feliz é aquele que não chegou a nascer porque não viu a maldade que se comete debaixo do sol”(4,1.3).

A pequena história reza assim:

Havia uma cidade de poucos habitantes.Um rei poderoso marchou sobre ela, cercou-a e levantou contra ela grandes rampas de ataque. Havia na cidade um homem pobre, porém sábio, que poderia ter salvo a cidade com sua sabedoria. Mas ninguém se lembrou daquele homem pobre. A sabedoria do pobre é desprezada e suas palavras nunca são ouvidas”(9,14-16).

Essa constatação me reporta à teologia latino-americana da libertação. É uma teologia cujo eixo articulador é a opção não excludente pelos pobres e por sua  libertação”. Ela confere centralidade aos pobres como está no evangelho do  Jesus histórico:”felizes os pobres porque de vós é o Reino de Deus”(Lucas 6,20). Mas há algo de inédito na Teologia da Libertação que supera o assistencialismo e o paternalismo tradicionais que faziam caridade para com os pobres  mas os deixavam em sua situação de pobres.

A Teologia da Libertação acrescentou algo singular: reconhecer a força história dos pobres. Eles começaram a se conscientizar de que sua pobreza não é querida por Deus,nem é natural, mas consequência de forças sociais e políticas que os exploram para se enriquecerem à custa deles, fazendo-os assim pobres. Então não são simplesmente pobres, são oprimidos. Contra toda opressão vale a libertação.Conscientizados deste fato e organizados, constituem-se forças sociais, capazes, junto com outras forças, de mudarem a sociedade para que seja melhor, não tão injusta, opressora e desigual.

Os cristãos se inspiraram na tradição do Êxodo (“ouvi o clamor de meu povo oprimido, desci para libertá-lo:”Ex 3,7), naquela dos profetas que contra os opressores dos pobres e das viúvas  denunciavam as elites dominantes e os reis (Isaías,Amós, Oséias,Jeremias), fazendo Deus dizer: “quero misericórdia e não sacrifícios; procurai o direito, corrigi o opressor, julgai a causa do órfão e defendei a viúva”(Isaías, 1,17). Mas principalmente na prática do Jesus histórico que claramente estava sempre do lado da vida sofrida, especialmente dos pobres, dos doentes,dos marginalizados, das mulheres, curando e exercendo uma prática verdadeiramente libertadora dos padecimentos humanos. Anunciava-lhes o projeto de Deus,uma revolução absoluta: um Reino de amor, de paz, de perdão, de compaixão e também de domínio sobre a natureza rebelada.

Esta é a base da teologia da libertação. Marx não foi nem pai nem padrinho deste tipo de teologia, como muitos ainda hoje a acusam. Mas se fundamenta na tradição profética e da prática do Jesus histórico. Não esqueçamos que ele foi julgado, condenado e erguido numa cruz pelos religiosos no tempo, associados ao poder político romano.  Por causa da liberdade que se tomava face à leis opressoras e a uma imagem de um Deus vingador. Tudo colocou sob o crivo do amor e da misericórdia Se não servia ao amor e não levava à misericórdia rompia com costumes e tradições que oneravam a vida de todo um povo.

A Teologia da Libertação deu um voto de confiança nos pobres, considerando-os  protagonistas de sua própria libertação e atores na sociedade como a nossa que cria mais e mais pobres e vergonhosamente os despreza e relega à marginalidade. Ela se funda sobre exploração das pessoas, sobre competição e não sobre a solidariedade e sobre depredação irresponsável da natureza e não sobre o cuidado.

A experiência que fizemos é exatamente aquela contada no livro do Eclesiastes: os pobres são sábios, nos ensinam, pois seu saber é de experiências feito; fazemos uma troca de saberes, entre o nosso científico e o deles experiencial e assim somamos forças. Descobrimos que quando se organizam em comunidades, em movimentos, e como cidadãos participam de partidos que buscam a justiça social, revelam sua capacidade de pressão e até de impor transformações sociais.Mas quem dos políticos nos parlamentos, quais os poucos governos que os escutam e atendem a suas reivindicações? Geralmente só contam quando há eleições para seduzi-los para seus projetos,geralmente, fictícios.

Conto, não sem certo constrangimento, o que ocorreu comigo. O grande filósofo e jurista Norberto Bobbio da Universidade “degli Studii” de Turim quis honrar a Teologia da Libertação, concedendo-me o título de “doutor honoris causa” em política. Setores do Vaticano e o Cardeal de Turim fizeram forte pressão para que esse evento não acontecesse, o que irritou sobremaneira o filósofo-jurista Bobbio.O evento aconteceu com a presença dele, já velhinho e adoentado. No diploma universitário se dizia:”A personalidade do franciscano Leonardo Boff se destaca seja na pesquisa  em ciências políticas e teológicas, seja no empenho ético e social. Seus escritos e sua reflexão, altamente originais e movidos por paixão cívica, estão no centro de um debate político e eclesiástico fervoroso no mundo contemporâneo”. No dia 27 de novembro de 1990 me foi concedido o referido título.

Noberto Bobbio ficou tão impressionado com a aula magistral que dei, como agradecimento ao título, que comentou:”Nós, da esquerda, devíamos esperar de um teólogo para nos lembrar que os pobres são sujeitos da história”(cf.M.Losano, Norberto Bobbio:uma biografia cultural,E.Unesp 2022,pp 460-463).

Para mim era a confirmação da verdade da história do Eclesiastes: temos que ouvir os pobres (por causa deles me honraram com o título) que antes de ler as letras, leem mundo com acerto. Sem a sabedoria deles e dos povos originários não salvaremos nossas sociedades e também não evitaremos as catástrofes de nossa civilização.

Leonardo Boff escreveu:Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018; A busca da justa medida: como equilibrar o planeta Terra,Vozes 2023.

Tirare il freno di sicurezza: vista la gravità della crisi attuale

            Leonardo Boff

Ci troviamo nel cuore di una crisi spaventosa e diffusa nel modo in cui abitiamo e ci relazioniamo con il nostro pianeta, devastato e attraversato da guerre di grande distruzione e guidato dall’odio razziale e ideologico. Inoltre, l’era della ragione scientifica ha creato l’irrazionalità del principio di autodistruzione: possiamo porre fine, con armi già costruite, alla nostra vita e a gran parte, se non all’intera, biosfera.

Non sono pochi gli analisti della situazione mondiale che ci mettono in guardia sul possibile utilizzo di tali armi di distruzione di massa. Il motivo di fondo sarebbe la disputa su chi comanda sull’umanità e chi ha l’ultima parola. Ha a che fare con il confronto tra l’uni-polarità sostenuta dagli Stati Uniti e la multi-polarità richiesta dalla Cina, dalla Russia e, infine, dal gruppo di paesi che formano i BRICS. Se ci fosse una guerra nucleare, in questo caso, si realizzerebbe la formula: 1+1=0: una potenza nucleare distruggerebbe l’altra e insieme annienterebbero l’umanità e una parte sostanziale della vita.

Date queste circostanze, ci troviamo a dover tirare il freno di sicurezza sul treno della vita, perché, senza freni si può precipitare in un abisso. Temiamo che questo freno sia già ossidato e reso inutilizzabile. Possiamo uscire da questa minaccia? Dobbiamo provarci, secondo il detto di Don Chisciotte: “prima di accettare la sconfitta, dobbiamo combattere tutte le battaglie”. E noi lo faremo.

Utilizzo due categorie per chiarire meglio la nostra situazione. Uno del teologo e filosofo danese Soren Kierkegaard (1813-1885), l’angoscia, e un’altra del teologo e filosofo tedesco, illustre discepolo di Martin Heideger, Hans Jonas (1903-1993), la paura.

L’angoscia (“Il concetto di angoscia”, SE 2018) per Kierkegaard non è solo un fenomeno psicologico, ma un dato oggettivo dell’esistenza umana. Per lui pastore e teologo, oltre che esimio filosofo, sarebbe l’angoscia di fronte alla perdizione o alla salvezza eterna. Ma è applicabile alla vita umana. Questa si presenta fragile e soggetta a morire in qualsiasi istante. L’angoscia non lascia la persona inerte, ma la spinge continuamente a creare le condizioni per salvaguardare la vita.

Oggi dobbiamo alimentare questo tipo di angoscia esistenziale di fronte alle minacce oggettive che gravano sul nostro destino e che possono essere fatali. È qualcosa di sano, che appartiene alla vita e non qualcosa di malsano da curare psichiatricamente.

Hans Jonas nel suo libro “Il principio di responsabilità” (Einaudi, Torino 2009) analizza la paura di trovarci sull’orlo del baratro e di precipitarvi fatalmente. Siamo in una situazione di non ritorno. Non si tratta più di un’etica del progresso o del miglioramento. Ma della prevenzione della vita contro le minacce che possono portarci alla morte. La paura qui è salutare e salvifica, poiché ci obbliga a un’etica della responsabilità collettiva, nel senso che tutti debbano contribuire alla preservazione della vita umana sulla Terra.

La situazione attuale a livello planetario è fuori dal controllo umano. Abbiamo creato un’Intelligenza Artificiale Autonoma che già è indipendente dalle nostre decisioni. Chi, con i suoi miliardi e miliardi di algoritmi, gli impedisce di scegliere di distruggere l’umanità?

In primo luogo, abbiamo un compito da svolgere: dobbiamo assumerci la responsabilità del danno che stiamo visibilmente causando al sistema-vita e al sistema-Terra, senza capacità di impedirlo o fermarlo, ma solo mitigandone gli effetti dannosi. Il sistema energivoro di produzione globale è così ben oliato che non può né vuole fermarsi. Non rinuncia ai suoi mantra fondamentali: aumento illimitato del profitto individuale, concorrenza feroce e super-sfruttamento delle risorse della natura.

Inoltre, è importante responsabilizzarci anche per il male che, in passato, non abbiamo saputo evitare fisicamente e spiritualmente e le cui conseguenze sono diventate inevitabili, come quelle che stiamo subendo come il crescente riscaldamento del pianeta e l’erosione della biodiversità.

La paura che ci attanaglia riguarda il futuro della vita e la garanzia che possiamo ancora sopravvivere su questo pianeta. Alla luce di questo desiderato Jonas formulò un imperativo etico categorico:

Agisci affinché gli effetti della tua azione siano compatibili con la permanenza di un’autentica vita umana sulla Terra; oppure, espresso negativamente: agisci in modo che gli effetti della tua azione non siano distruttivi per la possibilità futura di una tale vita; o, semplicemente, non mettere in pericolo la continuità indefinita dellumanità sulla Terra” (Op.cit. 2009). Noi aggiungeremmo: “non mettere in pericolo la continuità indefinita di ogni forma di vita, della biodiversità, della natura e della Madre Terra”.

Queste riflessioni ci aiutano ad alimentare una certa speranza nella capacità degli esseri umani di cambiare, poiché dispongono di libero arbitrio e flessibilità.

Ma poiché il rischio è globale, si impone un’istanza globale e plurale (rappresentanti dei popoli, delle religioni, delle università, dei popoli originari, della saggezza popolare) per trovare una soluzione globale. Per questo dobbiamo rinunciare al nazionalismo e ai confini obsoleti tra le nazioni.

Come si può osservare, le varie guerre che si svolgono oggi riguardano i confini tra le nazioni, l’affermazione dei nazionalismi e la crescente ondata di conservatorismo e di politiche di estrema destra allontanano questa idea di un centro collettivo per il bene di tutta l’umanità.

Dobbiamo riconoscere: questi conflitti sui confini tra le nazioni, sono dissociati dalla nuova fase della Terra, divenuta Casa Comune, e rappresentano movimenti regressivi e contrari al corso irresistibile della storia che unifica sempre più il destino umano con il destino del pianeta vivente.

Siamo una Terra sola e un’Umanità sola da salvare. E con urgenza poiché il tempo corre contro di noi. Cambiamo mentalità e le nostre pratiche. Leonardo Boff ha scritto Habitare la Terra,Roma 2023; Terra madura: uma teologia da vida, Planeta 2023

This liberation theologian was once silenced by the Vatican. In the Laudato Si’ era, he’s getting a second look.

James T. KeaneJanuary 30, 2024- Review America

Leonardo Boff (Brasil TV/Wikimedia Commons)

Reflecting on more than 80 years of life in his 2022 book Thoughts and Dreams of an Old Theologian, Leonardo Boff summed up many of his theological and personal concerns in a clarion call for change. “Either we care for Mother Earth, our Common Home, and we join hands to work together in solidarity, or we join the procession of those headed for their own funeral. Here we see the importance and the urgency of nurturing good dreams that lead us to transformational activities and constantly nourish our hope,” he wrote, adding:

This is the dream I want to pass on, as my life nears toward its end, to the young people who will come after us. It is their task to take forward the dream of Jesus, of Pope Francis, of liberation theology at its broadest, and of so many others who also nurture dreams of a better humanity. These young people will have to be the leaders in shaping a better future for us, for nature, and for Mother Earth.

If those dreams and concerns sound somewhat familiar, even to a reader unfamiliar with Boff’s work, it is because many of them were also reflected in recent Vatican documents like “Laudato Si’” and “Querida Amazonia.” After the publication of the former, rumors circulated that Pope Francis had personally asked Boff for his input on the writing of the encyclical.

Leonardo Boff, the pope’s theologian?

After the publication of “Laudato Si’,” rumors circulated that Pope Francis had personally asked Leonardo Boff for his input on the writing of the encyclical.

It was not always thus. In a long and still-ongoing career, Boff was for many years one of the leading voices of liberation theology—and became a lightning rod for criticism of that theological school in the 1980s and 1990s.

Advertisement

Born in Concórdia, Brazil, in 1938, Boff entered the Franciscans in 1959 and was ordained in 1964. He earned a doctorate in philosophy and theology from the University of Munich in 1970. In the years that followed, Boff joined scholars such as Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, S.J., and Juan Luis Segundo, S.J., in promoting the theology of liberation through books like Jesus Christ Liberator (1974). He was a strong proponent of comunidades de base, the small and local “base communities” which were championed by liberation theologians as centers of theological praxis in the face of economic injustice and structural sin. His 1987 book, Introducing Liberation Theology, co-written with his brother Clodovis, is still widely used in colleges and theological schools as a textbook.

In 1985, the Congregation for the Doctrine of the Faith (now the Dicastery for the Doctrine of the Faith) censured Boff for his book Church: Charism and Power and silenced him for a year. The C.D.F., then led by Cardinal Joseph Ratzinger, criticized Boff’s “ecclesiological relativism” in seeing both Protestant and Catholic church structures as incomplete, and also cited his praxis-based approach to theology (centered on the base communities) that, the C.D.F. argued, seemed to relativize the nature of truth.

In a 1988 book on the matter, The Silencing of Leonardo Boff: The Vatican and the Future of World Christianity, the theologian Harvey Cox suggested that the Vatican singled out Boff because it saw the “grass-roots religious energy” Boff represented as a threat to the church’s teaching authority.

Advertisement

Cox, wrote the theologian Lamin Sanneh in America in 1988, placed Boff’s silencing “in the global context of world Christianity, in particular the potential scale of the fallout from the growing challenge of third-world Christianity to the accustomed privileges of Western religious hegemony.”

Harvey Cox suggested that the Vatican singled out Boff because it saw the “grass-roots religious energy” Boff represented as a threat to the church’s teaching authority.

Tweet this

Cox saw Boff as “an evangelical radical, not a modernist” who did not want to bring the church up to date, necessarily, but to align it more closely with the Gospels, wrote America editor in chief George W. Hunt, S.J., in 1989. Cardinal Ratzinger, Hunt wrote, sought to recenter the church “intellectually and liturgically in its ancient homeland (Europe), and to achieve this his congregation must be ‘the protector not only of the integrity of the faith and the documents of Vatican II but also of their proper interpretation against cagey [non-European] theologians.’” Boff, on the other hand, found the solution to what ailed the church “not in ‘recentering’ but in ‘decentering,’ that is, a form of Catholicism ‘in which the Gospel can take root in a variety of disparate cultures and flourish especially among the poor.’”

Advertisement

Boff continued to write and teach (he was a professor of theology at the Jesuit Institute for Philosophy and Theology in Petropolis, Brazil, for 22 years) after his silencing ended, publishing such books as Ecclesiogenesis and Cry of the Earth, Cry of the Poor. In 1992, Boff faced a potential silencing once again from the C.D.F. Recognizing that his status as a priest under obedience in a religious order was an issue in the C.D.F.’s repeated efforts to discipline him, he resigned from the Franciscans that June. The next year, he took a position at Rio de Janeiro State University in Brazil, where he is now the Professor Emeritus of Ethics, Philosophy of Religion and Ecology.

In 2000, Cardinal Ratzinger reflected on the contretemps in a speech at the Vatican that suggested Boff’s silencing stood as a warning to other theologians. “At a distance of 15 years, it is clearer than it perhaps was then that it was not so much a matter of a single theological author, but of a vision of the church which circulates with different variations and which is still very current today,” Ratzinger said. Boff was one of many theologians censured by the C.D.F. during the pontificate of John Paul II, a process America’s editors criticized in a 2001 editorial, “Due Process in the Church.”

In recent years, in addition to Thoughts and Dreams of an Old Theologian, Boff has also published such books as Christianity in a Nutshell, Come Holy Spirit and The Following of Jesus. His theological work has increasingly focused on the ecological crisis facing the world.

“Boff’s skillful use of the sociology of knowledge enables him to explain why theologians of other ages interpreted the faith within the total social, cultural, political and economic realities of their day,” wrote Joseph P. Fitzpatrick, S.J., in America in 1990. “It also prompts him to declare why the perspective of liberation theology is the only authentic interpretation of the faith in the presence of the massive inhumanity, oppression and injustice of our day.”

Recommended for You

‘Laudato Si’’ to ‘Laudate Deum’: What has changed in Pope Francis’ climate teaching?

Peter Knox

Street artist of ‘Super Pope’ fame gets official Vatican stamp of approval

Nicole Winfield – Associated Press

Boff’s primary concern theologically and sociologically has always been the poor and marginalized, particularly in Latin America. But that might not be the audience needs to hear him the most. “The Christian slum-dweller in Lima or Sao Paulo does not need a Gustavo Gutiérrez or à Leonardo Boff in order to know that something is terribly wrong and has to change, or that the Gospel has plenty to say about the nature of that change,” wrote Kevin P. O’Higgins, S.J., in a 1990 essay for America.

“It is the comfortable Christian suburbanite—clerical, religious or lay—in North America or Western Europe who has [the] most difficulty in seeing what is wrong and what is demanded by an authentic faith.”

Boff’s 1987 book, Introducing Liberation Theology, co-written with his brother Clodovis, is still widely used in colleges and theological schools as a textbook.

James T. Keane

Facebookhttps://www.americamagazine.org/sites/default/files/styles/medium/public/profile_photo/keane_0_0.jpg?itok=hkqBrr19 Theology / Environment / Vatican / Laudato Si

James T. Keane

James T. Keane is a senior editor at America.

@jamestkeane