¿Es posible la fraternidad humana universal y con todas las criaturas? (I)

Leonardo Boff*

En la encíclica social Fratelli tutti (2020) el Papa Francisco presenta su “sueño” de una nueva humanidad fundada en la fraternidad universal y en el amor social (n.6), inspirado en la figura y en el ejemplo de San Francisco de Asís, el hermano universal.

El infierno de los campos de extermio nazi

Este tema de la fraternidad universal fue la insistente preocupación de uno de los mejores conocedores del espíritu de Asís: Éloi Leclerc en varias de sus obras, especialmente en la Sabiduría de un Pobre (París 1959, Braga 1968) y en El Sol sale sobre Asís (París 1999, Sal Terrae 2004). Él no habla teóricamente sino a partir de una terrible experiencia personal. Joven fraile francés, aunque no siendo judío, fue llevado a Alemania y hundido en el infierno de los campos de exterminio nazi de Buchenwald y de Dachau. Conoció la banalidad del mal, las matanzas de la SS por el simple gusto de matar, las torturas y las humillaciones que marcaronsu alma como un hierro al rojo vivo.

Demolida su fe en el ser humano y dudando de todo ideal de fraternidad humana, buscaba desesperadamente un rayo de luz que no le venía de ninguna parte. Incluso después de ser liberado por los aliados en 1945 empezó a tener miedo de todo ser humano. Confiesa: “me despertaba por la noche, sobresaltado, bañado en sudor y el alma llena de pavor; aquellas imágenes de horror volvían siempre y me perseguían; no podía borrarlas” (p.33). Y continúa: “Que el Señor me perdone si a veces de noche, ese hombre viejo en el que me volví, levanta los ojos inquietos al cielo en busca de un poco de luz” (p.31).

La internalización del torturador

Cargaba dentro de sí a los verdugos nazis que le perseguían y le suscitaban cuestiones aterradoras sobre el destino humano y su capacidad de destruir vidas indefensas. Ese mismo trauma, mucho más que psicológico, pues invade y destruye todo el ser humano por dentro y por fuera, fue vivido por el fraile dominico brasilero fray Tito Alençar, bárbaramente torturado por el delegado Fleury. Internalizó su imagen perversa de tal forma que se sentía siempre perseguido por él, hasta que no aguantando más dio fin a su vida, prefiriendo morir antes que vivir en una tortura permanente. Esa experiencia terrible fue vivenciada también por fray Éloi Leclerc, que, larga y sufridamente reflexionada, nos entregó una lucecita trémula, apuntando la posibilidad de una fraternidad universal, inspirada en el pobre de Asís.

En medio de la agonia se entona el Cántico a las Criaturas

El encuentro con esa figura y con su ejemplo hizo que los albores del del sol renaciesen de nuevo en su alma obnubilada y consiguiera rescatar el sentido secreto de todo elsufrimiento. Narra un hecho misterioso que ocurrió en el tren descubierto cargado de prisioneros, que durante 28 días viajaba de un lugar a otro desde Buchenwald hasta acabar en Dachau, en los alrededores de Munich. En él iban tres frailes, uno de ellos agonizante. En medio del infierno, irrumpíó algo de cielo. Sin saber por qué, movidos por una fuerza superior, empezaron a cantar con voces casi inaudibles el Cántico de las Criaturas de San Francisco. Las densas tinieblas no pudieronimpedir la luz del señor y hermano Sol y la generosidad de la madre y señora Tierra. En el Cántico se celebra el encuentro de la ecología interior con la ecología exterior y los esponsales del Cielo con la Tierra, del cual nacen todas las cosas. La pregunta que siempre le anudaba la garganta: ¿será que la fraternidad entre los humanos y con los demás seres de la creación es posible? 

La ternura y la belleza convierten a las personas

¿Esa experiencia entre agonía y deslumbramiento, no podría contener una eventual respuesta esperanzadora?Por lo menos se abrió un trémulo destello. Tal choque existencial lo motivó a estudiar y a profundizar cual sería la singularidad de esta figura absolutamente excepcional dentro del conjunto de las hagiografías.

Leclerc describe, entonces, el proceso de construcción de la fraternidad universal en la trayectoria de Francisco de Asís. Hijo de un rico comerciante de tejidos, considerado el rey de la jeneuse dorée de la ciudad de Asís, vivía en farras y algazaras, pero de repente empezó a darse cuenta de la futilidad de aquella vida. Pasaba horas en la capillita de San Damián, contemplando el rostro dulce y tierno de un crucifijo bizantino. Algo semejante hacía Dostoievsky que una vez al año viajaba hasta Dresden en Alemania para contemplar en la iglesia durante horas la belleza de un cuadro de María extraordinariamente deslumbrante. Necesitaba esta contemplación para apaciguar su alma atormentada. En la novela Los hermanos Karamazov dejó esta intrigante frase: “la belleza salvará al mundo”.

Así fue, la dulzura y la mirada misericordiosa del Cristo bizantino, a semejanza de Dostoievsky, conquistó a aquel joven en profunda crisis existencial y le cambió el destino de su vida. Le convenció la fe en el Creador que creó una fraternidad fundamental, haciendo que todos los seres, pequeños y grandes, también los humanos y el propio Jesús de Nazaret, fuesen todos sacados del polvo, del humus de la Tierra. Todos tenemos el mismo origen, formamos una fraternidad terrenal.

Dicho en términos religiosos, esta idea de una profunda solidaridad y fraternidad aparece clara en la carta a los Efesios san Pablo. El apostol recordaba a sus lectores: “Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo. Siendo Dios, no hizo caso de su condición divina; se anonadó y asumió la condición de siervo por solidaridad con los seres humanos; se presentó como un simple hombre; se humilló obedientemente hasta la muerte y muerte de cruz” (el castigo más humillante impuesto a los subversivos: Flp 2,5-8).

Una radical fraternidad y comunión con los últimos, los leprosos

A la luz de estas cavilaciones, Francisco olvidó su situación de hijo de un rico mercader, descubrió el origen común de todos los seres, el polvo de la Tierra, su humus, y contempló también la humildad de Cristo retratada en el rostro sereno y dulce del crucifijo bizantino. Como era práctico y resoluto en todo lo que se proponía, sacó pronto una conclusión: voy a unirme solidariamente a aquellos que están más próximos al Crucificado: los leprosos, y con ellos voy a vivir aquello que nos hace por la creación hermanos y hermanas y a crear una fraternidad radical con ellos. Confiesa en su testamento: “aquello que antes me parecía amargura, ahora emerge como dulzura”. Conocemos el resto de la saga del Sol de Asís como lo llama Dante en la Divina Comedia.

Por su parte, Éloi Leclerc no se contentó con la experiencia iluminadora del Cántico de las Criaturas. La angustiante pregunta no le daba sosiego: ¿cuál es el gran obstáculo que impide la fraternidad humana y con todas las criaturas y que crea espacio para las masacres y la eliminación sumaria de personas consideradas inferiores o subhumanas, como ocurrió en los campos de exterminio? Llegó a esta conclusión: es la voluntad de poder y de poder como dominación.

La voluntad de poder y de dominacion como el gran obstaculo

Como C.G.Jung ya había observado, la voluntad de poder es el más peligroso arquetipo del ser humano, pues le da la ilusión de ser como Dios, disponiendo como quiere de la vida y la muerte de los demás. Y remataba: “donde predomina el poder ahí no hay ya ternura ni amor”. Cuando se vuelve absoluto, el poder se muestra asesino y elimina a todos los que hacen oír otra voz (p.30). Pues bien, nuestras sociedades históricas (a excepción de los pueblos originarios en los cuales la fraternidad predomina y no el poder) se estructuran alrededor de la voluntad de poder y de dominio de todo lo que se presente: el otro, los pueblos, la naturaleza y la propia vida. Ella introduce la gran división entre aquellos que tienen poder y aquellos que no tienen poder.

Mientras el poder prevalezca como eje estructurador de todo jamás habrá fraternidad entre los humanos y con la creación. Como este arquetipo es humano, él está latente dentro de cada uno de nosotros. En nosotros se esconde un Hitler, un Stalin, un Pinochet y un Bolsonaro. El propio Leclerc confiesa: “Sentí despertar dentro de mi la bestia con su sed de venganza” (p.32). Tenemos que poner bajo serio control esa figura funesta que mora en nosotros, si queremos mantener nuestra humanidad y posibilitar la fraternidad ilimitada. Sinos entregamos a la seducción del poder, rompemos todos los lazos y la indiferencia, el odio y la barbarie pueden ocupar todo el espacio de la conciencia, como está ocurriendo en varios países del mundo, especialmente entre nosotros en Brasil con Bolsonaro que difunde odio, exalta torturadores, pone los fake news y la mentira como comunicación normal del Estado. Emergen entonces las figuras siniestras e incluso necrófilas referidas. 

¿Quién iba a decir que en un país de la vieja cristiandad, como Alemania que nos dio tantos genios como Mozart y Beethoven, Goethe, Freud, Einstein, Marx, Heidegger, Heisenberg, Barth, Rahner,Brecht y otros tantos pudiera irrumpir la barbarie,el  inimus homo?

“O nos salvamos todos o nadie se salva”

Este hecho dramatiza aún más la cuestión propuesta osadamente por el Papa Francisco en la Fratelli tuttiuna fraternidad universal y un amor sin fronteras. Quizá porque esta vez, como ha repetido varias veces: ”O nos salvamos todos o nadie se salva”. Puede ser que la Tierra, o el propio universo, quien sabe, nos estén ofreciendo una última oportunidad: o cambiamos o la Tierra seguirá girando alrededor del sol, pero sin nosotros. (continúa)

*Leonardo Boff  es ecoteólogo y filósofo; ha escrito: Covid-19: contraataque de la Madre Tierra contra la humanidad, Vozes 2ª ed, 2020/21.

É possível a fraternidade humana universal e com todas as criaturas?(I)

                                                      Leonardo Boff

Na encíclica social Fratelli tuttiI (2020)o Papa Francisco apresenta seu “sonho” de uma nova humanidade fundada na fraternidade universal e no amor social (n.6), inspirado na figura e no exemplo de São Francisco de Assis, o irmão universal.

Esse tema da fraternidade universal foi a insistente preocupação de um dos melhores conhecedores do espírito de Assis:Eloi Leclerc em várias de suas obras ,especialmente, na Sabedoria de um Pobre (Paris 1959,Braga 1968) e no O Sol  nasce em Assis (Pars 1999, Vozes 2000). Ele não fala teoricamente mas a partir de um aterradora experiência pessoal. Jovem frade francês,mesmo não sendo judeu, foi levado para a Alemanha e mergulhou no inferno dos campos de extermínio nazista de Buchenwald e de Dachau. Conheceu a banalidade do mal,as matanças feitas pela SS pelo simples gosto de matar, as torturas e as humilhações que marcaram sua alma como ferro em brasa.

Abalado na fé no ser humano e duvidando de todo o ideal de uma fraternidade humana, buscava desesperadamente um raio de luz que não lhe vinha de nenhum lugar, Mesmo depois de sua libertação pelos aliados em 1945 começou  a ter medo de todo o ser humano. Confessa:”de noite, acordava sobressaltado, o suor escorrendo e  a alma tomada de pavor; aquelas imagens de horror sempre voltavam e me perseguiam; eu não podia apagá-las”(p.33). E continua:”Que o Senhor me perdoe, se às vezes de noite, esse homem velho que me tornei, levante os olhos inquietos ao céu, à busca de um pouco de luz”(p.31).

Carregava dentro de si os carrascos nazistas que o perseguiam e lhe suscitavam questões terrificantes sobre o destino humano e sua capacidade de destruir vidas indefesas.Esse mesmo trauma, mais que psicológico, pois invade e destrói todo ser humano por dentro e por fora, foi vivenciado pelo dominicano brasileiro Frei Tito Alencar, barbaramente torturado pelo delegado Fleury. Internalizou sua imagem perversa de tal forma que se sentia sempre perseguido por ele até que,não aguentando mais, deu fim à sua vida, preferindo  morrer do que viver uma  permanente tortura.Essa experiência terrível foi vivenciada também por Frei Eloi Leclerc,que longa e sofridamente refletida, nos entregou uma trêmula luzinha  apontando a possibilidade de uma  fraternidade universal,inspirada no pobre de Assis.

Foi o encontro com essa figura e com seu exemplo que lhe fez nascer de novo o sol em sua alma obnubilada e conseguiu resgatar o sentido secreto de todo o sofirimento. Narra um fato misterioso que ocorreu no trem descoberto e carregado de prisioneiros que por 28 dias de Buchenwald  viajava de um lugar ao outro ate parar em Dachau nos arredores de Munique. Eram três confrades,um deles agonizante. No meio do inferno, irrompeu algo do céu. Sem saber por quê,movidos por uma força superior, começaram a cantar com vozes quase inaudíveis o Cântico das Criaturas de São Francisco. As densas trevas não puderam impedir a luz do senhor e irmão Sol e a generosidade da mãe e senhora Terra. No Cântico se celebra o encontro  da ecologia interior com a ecologia exterior e o esponsal do Céu com a Terra, do qual nascem todas as coisas. A pergunta que sempre lhe atravessava a garganta: será que a fraternidade entre os humanos e com os demais seres da criação é possível? Essa experiência entre agonia e deslumbramento, não poderia conter uma eventual resposta esperançadora? Abriu-se pelo menos um trêmulo clarão. Tal choque existencial o motivou a estudar e a aprofundar qual seria a singularidade desta figura absolutamente excepcional dentro do conjunto das agiografias.

Leclerc descreve, então, o processo de construção da fraternidade universal na trajetória de Francisco de Assis. Filho de um rico comerciante de tecidos, considerado o rei da jeneuse dorée da cidade que vivia em farras e algazarras, de repente começou a dar-se conta da futilidade daquela vida. Passava horas na capelinha de São Damião,  contemplando o rosto doce e terno de um crucifixo bizantino.  Algo semelhante fazia Dostoievsky  que uma vez ao ano viajava até Dresden na Alemaha para na  igreja contemplar, por horas, a beleza de um quadro de Maria extraordinariamente deslumbrante. Precisava desta contemplação para apaziguar sua alma atormentada. No romance Os Irmãos Karamasov deixou esta instigante frase:”é a beleza que salvará o mundo”.

Assim foi a doçura e o olhar misericordioso do Cristo bizantino, à semelhança com Dostoievsky, que conquistou aquele jovem em profunda crise existencial e lhe mudou o destino da vida. Convenceram-no a fé no Criador que criou uma fraternidade fundamental, fazendo que todos os seres, pequenos e grandes,também os humanos e o próprio Jesus de Nazaré, fossem todos tirados do pó, do húmus da Terra. Todos têm a mesma origem,formam uma fraternidade terrenal.

São Paulo aos Efesios lembrava aos seguidores:”Tende os mesmos sentimentos que Cristo teve. Sendo Deus, não fez caso de sua condição divina; fez-se um nada e assumiu a condição de servo por solidariedade com os seres humanos; apresentou-se como simples homem; humiliou-se- obedientemente até à morte e à morte de cruz”(o mais humilhante dos castigos impostos aos subersivos: Flp 2,5-8).

À luz destas matutações,Francisco esqueceu sua situação de filho de um rico mercador, descobriu a origem comum de todos os seres, do pó da Terra,  de seu húmus e contemplou também a humildade de Cristo retratada no rosto sereno e doce do crucifixo bizantino.  Como era prático e resoluto em tudo o que se propunha,  tirou logo uma conclusão: vou solidariamente unir-me àqueles que mais próximos estão  do Crucificado: os leprosos e com eles, vou viver aquilo que nos faz pela criação irmãos e irmãs e criar uma uma radical fraternidade com eles. Confessa em seu testamento: “aquilo que antes me parecia amargura agora emergia como doçura”. Conhecemos o resto da saga do Sol de Assis como o chama Dante na Divina Comédia.

Entretanto, Eloi Leclerc não se contentou com a experiência iluminadora do Cântico das Criaturas. A angustiante pergunta não lhe dava sossego: qual é  o grande obstáculo que impede  a fraternidade humana e com todas as criaturas e que cria espaço para os massacres e a eliminação sumária de pessoas,tidas inferiores ou sub-humanas como ocorreu nos campos de extermínio? Chegou à conclusão: é a vontade de poder.

Como C.G.Jung já havia percebido, a vontade de poder constitui o mais perigoso arquétipo do ser humano, pois lhe dá a ilusão de ser como Deus, dispondo como quiser da vida e da morte dos outros. E arrematava:”onde predomina o poder aí não há mais ternura nem amor”. Quando se  torna absoluto, o poder se mostra assassino e elimina a todos os que fazem ouvir outra voz (p.30). Ora, nossas sociedades históricas (à exceção dos povos originários) se estruturam ao redor da vontade de poder e de dominar tudo o que se apresente: o outro, os povos, a natureza e a própria vida. Ela introduz a grande divisão entre aqueles que têm poder e aqueles que não têm poder.

Enquanto prevalecer o poder como eixo estruturador de tudo jamais haverá fraternidade entre os humanos e com a criação. Como este arquétipo é humano, ele está latente dentro de cada um de nós. Em nós se esconde um Hitler,um Stalin,um Pinochet e um Bolsonaro.O próprio Lclerc confessa:”Senti despertar em mim mesmo, a besta com sua sede de vingança”(p.32). Temos que colocar sob severo controle  essa figura funesta que mora em nós, se quisermos manter a nossa humanidade. Se nos entregamos à sedução do poder, quebramos todos os laços e a indiferença, o ódio e a barbárie podem ocupar todo o espaço da consciência, como está ocorrendo em vários países no mundo, especialmente entre nós no Brasil. Emergem então as figuras sinistras e até necrófilas referidas.

Quem diria que num paîs da velha cristandade que nos deu tantos gênios como Mozart e Bethoven, Goethe, Freud, Einstein, Marx, Heidegger,Brecht e outros tantos pudessem ter liberado o inimus homo latente dentro deles?

Esse fato dramatiza ainda mais a questão ousadamente proposta pelo Papa Francisco na Fratelli tutti: uma fraternidade universal e um amor sem fronteiras.Talvez porque desta vez,como tem repetido várias vezes:”Ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”. Pode ser que nos é oferecida pela própria Terra,quem sabe, pelo próprio universo, uma derradeira chance: ou mudamos ou a Terra seguirá girando ao redor do sol,mas sem nós. ( continua)

Leonardo Boff é ecotólogo e filósofo e escreveu: O Covid-19: um contra-ataque da Mãe Terra contra a humanidade, Vozes 2.ed,2020/21.

Por fin el Covid-19 nos hizo descubrir el planeta Tierra

Leonardo Boff*

Uno de los efectos positivos de la irrupción de la Covid-19 en nuestras vidas ha sido el descubrimiento del planeta Tierra por toda la humanidad. Nos hemos dado cuenta forzosamente de que existe una íntima conexión entre la vida humana, la naturaleza y el planeta Tierra. El virus no cayó del cielo; vino como contraataque de la Tierra, considerada como un supersistema vivo que siempre crea y se autocrea, y se organiza para mantenerse vivo y producir todo tipo de vida existente en este planeta. Particularmente los quintillones de quintillones de microorganismos que existen en los suelos y en nuestro propio cuerpo, verdadera galaxia (Antônio Nobre) habitada por un número incalculable de virus, bacterias y otros microorganismos. 

El contexto del virus, casi nunca citado por los analistas de las redes de comunicación, es el sistema capitalista anti-naturaleza y anti-vida. Él hizo que el virus perdiese su hábitat y avanzase sobre nosotros. Ese sistema de producción y de consumo asalta despiadadamente la naturaleza, saquea sus bienes y servicios y destruye el equilibrio de la Tierra. 

Esta responde con el calentamiento global, la erosión de la biodiversidad, la escasez de agua potable y otros eventos extremos. Todos de alguna forma participamos de este ecocidio, pero los actores principales –es forzoso decirlo y denunciarlo – son el sistema del capital y la cultura del consumo descontrolado, y especialmente los millonarios con su consumo suntuoso. Por lo tanto, retiremos la culpa de la humanidad pobre, que colabora mínimamente y es víctima del mencionado sistema.

El ser humano, siempre curioso por saber más y más, ha hecho descubrimientos sin número: de nuevas tierras como las de América, de pueblos, culturas, todo tipo de aparatos, desde el arado hasta el robot, el submundo de la materia, los átomos, los topquarks y el campo de Higgs, lo íntimo de la vida, el código genético. Y no paran los descubrimientos.

Pero ¿quién descubrió la Tierra? Fue preciso que enviásemos astronautas fuera de la Tierra o hasta la Luna para ver la Tierra desde fuera de la Tierra y finalmente, maravillados, descubrir la Tierra, nuestra Casa Común. Frank White escribió en 1987 un libro The Overview Effect (tengo un libro firmado por él el 29/5/1989) en el cual recoge los testimonios de los astronautas emocionados hasta las lágrimas. 

El astronauta Russel Scheickhart nos revela: “Vista desde afuera, la Tierra parece tan pequeña y frágil, una mancha pequeña preciosa que puedes tapar con tu dedo pulgar. Todo lo que significa algo para ti, toda la historia, el arte, el nacimiento y la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo está en aquel punto azul y blanco que puedes tapar con tu pulgar. Desde esa perspectiva entiendes que todo ha cambiado… que tu relación ya no es la misma que la de antes” (White, p.200).

Eugene Cernan confesó: «Fui el último hombre en pisar la Luna en diciembre de 1972. Desde la superficie lunar miraba con temblor reverencial hacia la Tierra, en un trasfondo muy oscuro. Lo que yo veía era demasiado hermoso para ser aprehendido, demasiado ordenado y lleno de propósito para ser un mero accidente cósmico. Uno se siente obligado interiormente a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar. La veneración y la acción de gracias surgen espontáneamente. Para eso debe existir el universo» (White p. 205).

Acertadamente comenta Joseph P. Allen: «Se ha discutido mucho sobre los pros y los contras de los viajes a la Luna, pero nunca oí a nadie argumentar que debíamos ir a la Luna para poder ver la Tierra desde fuera de la Tierra. Después de todo, esta debe haber sido seguramente la verdadera razón de que hayamos ido a la Luna» (White, p. 233). 

Efectivamente esta es la razón secreta e inconsciente de los viajes espaciales: descubrir la Tierra, el tercer planeta de un sol de quinta categoría, dentro de nuestra galaxia. El sistema solar en el cual está nuestra Tierra dista 27 mil años-luz del centro de la galaxia, la Vía Láctea, en la cara interna del brazo espiral de Orión. Ese sistema con la Tierra alrededor es casi nada y nosotros une quantité négligeable, cercana a cero. Y, sin embargo, desde aquí la Tierra a través de nosotros contempla el universo entero, del cual forma parte. Y a través de nuestra inteligencia, que pertenece al propio universo, él se piensa a sí mismo. Lo que cuenta en nosotros no es la cantidad sino la calidad, única, capaz de pensar, de amar el universo y de venerar a Aquel que lo sustenta permanentemente.

No solo descubrimos la Tierra. Descubrimos que somos aquella parte de la Tierra que piensa, ama y cuida. Por eso ser humano (homo en latín) viene de húmus, tierra fértil, y Adán procede de Adamah, tierra fecunda.

A partir de ahora nunca desaparecerá de nuestra conciencia que hemos descubierto la Tierra, nuestro hogar cósmico, y que somos la parte consciente, inteligente y amorosa de ella. Porque somos portadores de estas cualidades, nuestra misión es cuidar de ella como nuestra Casa Común, y de todos los demás seres que en ella habitan y que tienen el mismo origen que nosotros, por tanto son nuestros parientes.

Si es así, ¿por qué la hemos maltratado, superexplotado y estamos destruyendo las bases que sustentan nuestra vida? Si hay una lección que la Madre Tierra a través de la Covid-19 nos quiere transmitir es seguramente esta: 

«Tenéis que cambiar vuestra relación con la naturaleza y conmigo, si queréis que yo siga ofreciéndoos todo lo que necesitáis para vivir con una sobriedad compartida, en fraternidad y sororidad universales y bajo el cuidado amoroso con todos vuestros hermanos y hermanas de la gran comunidad de vida, también mis hijos e hijas bien amados. En el pasado, en tiempos inmemoriales, os di a elegir entre “la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge la vida para que vivas tú y tu descendencia. Esta promesa la mantendré siempre”» (Deut 30,19).

Escojamos la vida. Es el llamamiento de la Madre Tierra. Es el designio del Creador.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito Covid-19: el contraataque de la Madre Tierra contra la humanidad, Vozes, 2ª edición 2021.

Traducción de M.ª José Gavito Milano

Em fim descubrimos o planeta Terra

                                     Leonardo Boff

Um dos efeitos positivos da intrusão co Covid-19 foi a descoberta do planeta Terra por toda a humanidade. Demo-nos forçosamente conta de que vigora uma íntima conexão entre a vida humana, a natureza e o planeta Terra. O vírus não caiu do céu. Ele veio como contra-ataque da Terra, tida como super-sistema vivo  que sempre se cria, autocria e se organiza para manter-se vivo e produzir todo tipo de vida existente neste planeta. Particularmente o quintilhões de quintilhão de micro-organismos que existem nos solos e mesmo em nosso própro corpo, verdadeira galáxia (Antônio Nobre) habitada por um número incalculável de vírus, bactéras,  fungos e outros micro-organismos.

O contexto do vírus, quase nunca citado pelos analistas das redes de comunicação, é o sistema capitalista anti-natereza e antivida. Ele fez com que o vírus perdesse seu habitat e avançasse sobre nós. Esse sistema de produção e de consumo impiedosamente assalta a natureza, depreda seus bens e serviços e destrói o equilíbrio da Terra.

Esta  nos responde com o aquecimento global, erosão da biodiversidade, a escassez de água potável e outros eventos extremos. Todos de alguma forma participamos deste ecocídio, mas os atores principais – é forçoso dizê-lo e denunciá-lo – são o sistema do capital e a cultura do consumo desbragado, especialmente os milionários com seu consumo suntuoso. Portanto, tiremos a culpa de cima da humanidade pobre que minimamente colabora e de forma como vitima do referido sistema.

O ser humano, sempre curioso por saber mais e mais, fez descobertas sem número: de novas terras como as Américas, de povos, culturas, todo tipo de aparatos desde o arado até o robot, o sub-mundo da matéria, os átomos,  toquarks e o campo Higgs, o íntimo da vida, o código genético. E não param as descobertas.

Mas quem descobriu a Terra? Foi preciso que enviássemos astronautas para fora da Terra ou ir até  à Lua para de lá ver a Terra de fora da Terra e finalmente, maravilhados, descobrir a Terra, nossa Casa  Comum. Frank White escreveu um livro The Overview Effect (tenho um livro autogrado por ele de 5/29/1989) no qual recolhe os testemunhos dos astronautas emocionados até às lágrimas.

O astronauta Russel Scheickhart  nos revela:” Vista a partir de fora, a Terra parece tão pequena e frágil, uma pequenina mancha preciosa que você pode cobrir com seu polegar.Tudo o que significa alguma coisa para você, toda a história, arte, o nascimento e a morte, o amor,  a alegria e as lágrimas, tudo está naquele ponto azul e branco que você  pode cobrir com seu polegar. E a partir daquela perspectiva você entende que tudo mudou… que a relação não é mais a mesma como fora antes”(White,p.200).

Eugene Cernan confessou:”Eu fui  o último homem a pisar na Lua em dezembro de 1972. Da superfície lunar olhava com um tremor reverencial para a Terra, num transfundo muito escuro.  O que eu via era demasiadamente belo para ser apreendido, demasiadamente ordenado e cheio de propósito para ser um mero acidente cósmico. A gente se sentira interiormente obrigado a louvar a Deus. Deus deve existir por  ter criado aquilo que eu tinha o privilégio de contemplar. Espontaneamente  surgem a veneração e a ação de graças. É para isso que existe o universo”(White p. 205).

De forma acertada  comenta Joseph P. Allen:”Discutiu-se muito os prós e contras das viagens à Lua. Não ouvi ninguém argumentar que devíamos ir à Lua para podermos ver de lá a Terra de fora da Terra. Depois de tudo, esta deve ter sido  seguramente a verdadeira  razão de termos ido à Lua (White, p. 233).

Efetivamente esta é a razão secreta e inconsciente das viagens siderais: descobri a Terra, o terceiro planeta de um sol de quinta categoria, dentro de nossa galáxia. O sistema solar no qual está a nossa Terra dista 27 mil anos-luz do centro da galáxia, a Via Láctea, na face interna do braço espiral de Orion. Esse sistema com a Terra ao redor é um quase nada e nós une quantité négligeable, perto do zero. E contudo é daqui que a Terra através de nós contempla  o inteiro universo, do qual é parte. É através de nossa inteligência que pertence ao próprio universo que ele se pensa a si mesmo.  O que conta em nós não é a quantidade mas a qualidade, única, capaz de pensar, amar o universo e venerar Aquele que permanentemente o sustenta.

Não apenas descobrimos a Terra. Descobrimos que somos Terra, Aquela porção da Terra que pensa, ama e cuida. Por isso ser humano (homo em latim) vem de húmus, terra fértil ou Adão que procede de Adamah, terra fecunda.

A partir de agora nunca sairá de nossa consciência de que temos descoberto, em fim, a Terra, nosso lar cósmico e que somos a parte consciente, inteligente e amorosa dela. Porque somos portadores destas qualidades, nossa missão é cuidar dela como Casa Comum e de todos os demais seres, que nela habitam e que têm a mesma origem que nós, portanto, são nossos parentes.

Se assim é, por que a temos maltratado, superexplorado e estamos destruindo as bases que sustentam nossa vida? Se há uma lição que a Mãe Terra através do Covid-19 nos quer transmitir é seguramente esta:

“Mudem vossa relação para com a natureza e para comigo  se quiserdes que eu continue a vos oferecer tudo o que precisais para viver na sobriedade compartida, na fraternidade e sororidade universais e no cuidado amoroso para com todos vossos irmãos e irmãs da grande comunidade de vida, também meus filhos e filhas bem-amados. Em tempos muito antigos eu  vos propus “a vida e a morte, a bênção e a maldição. Escolhei  vida para que vivais com toda  a vossa descendência. Essa promessa eu sempre manterei”(Deut 30,28).

Escolhamos a vida. É o apelo da Mãe Terra. É o desígnio do Criador.

Leonardo Boff é ecoteólogo e escreveu O Covid-19: o contra-ataque da Mãe Terra contra a humanidade, Vozes,2ª.edição 2021.