Homenaje a Paulo Freire en el centenario de su nacimiento: frei Betto

Frei Betto es uno de los mejores conocedores de Paulo Freire. Además de amigo personal, aplicó su método en la educación popular que ejerce hasta el día de hoy. Este homenaje que le hace en el centenario de su nacimiento es una mezcla de experiencias vividas con él y exposición simple y ejemplar de su método. Me uno a él en esta celebración. Traté con él cuando Paulo pertenecía al comité científico del grupo de teólogos y filósofos, de los cuales formaba parte, que editaban y editan todavía la Revista Internacional Concilium (en 7 lenguas). Desde el principio surgió un gran diálogo, del cual él era maestro. Se cuenta entre los fundadores de la Teología de la Liberacióncosa que él decía muy honrado. Sigue el texto lúcido y vivencial de Frei Betto. LBoff

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Puedo afirmar, sin miedo a exagerar, que Paulo Freire está en la raíz de la historia del poder popular brasilero a lo largo de 50 años, entre 1966 y 2016. Ese poder surgió como un árbol frondoso de la izquierda brasilera actuante en la segunda mitad del siglo XX: grupos que lucharon contra la dictadura militar (1964-1985); las comunidades Eclesiales de Base de las Iglesias cristianas; la amplia red de movimientos populares y sociales que despuntaron en los años 70; el sindicalismo combativo; y, en la década de 1980, la fundación de la CUT (Central Única de los Trabajadores); de la ANAMPOS (Articulación Nacional de los Movimientos Populares y Sindicales) y enseguida de la CMP (Central de Movimientos Populares); del PT (Partidos de los Trabajadores); y del MST (Movimento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra); y de tantos otros movimientos, ONGs y entidades. 

Si tuviese que responder a la sugerencia: “Indique una persona causante de todo eso”, diría sin ninguna duda: Paulo Freire. Sin la metodología de educación popular de Paulo Freire, no habría esos movimientos, porque él nos enseñó algo muy importante: a ver la historia desde la óptica de los oprimidos y hacerlos protagonistas de los cambios en la sociedad. 

Los excluidos como sujetos políticos

Al salir de la prisión política, a finales de 1973, tuve la impresión de que toda lucha aquí fuera había acabado por la fuerza de la represión de la dictadura militar, y porque todos nosotros, imbuidos de la pretensión de ser los únicos entendidos en la lucha capaz de rescatar la democracia, estábamos en la cárcel, muertos o en el exilio. Cual no fue mi sorpresa al encontrar una inmensa red de movimientos populares diseminados por todo Brasil.

Cuando fue fundado el PT, en 1980, vi a compañeros de izquierda reaccionar: “¿Obreros? No. Es mucha pretensión los obreros queriendo ser la vanguardia del proletariado. Somos nosotros, intelectuales teóricos, marxistas, quienes tenemos capacidad para dirigir a la clase trabajadora”. No obstante, en Brasil los oprimidos empezaban a volverse no sólo sujetos históricos, sino también líderes políticos, gracias al método Paulo Freire.

Una vez en México compañeros de izquierda me preguntaron:

— ¿Cómo hacer aquí algo parecido al proceso de ustedes en Brasil? Porque ustedes tienen un sector de izquierda en la Iglesia, un sindicalismo combativo, el PT… ¿Cómo se obtiene esa fuerza política popular?

— Empiecen haciendo educación popular –respondí– y de aquí a treinta años…

Ellos me interrumpieron:

— ¡Treinta años es demasiado! Queremos una sugerencia para tres años.

— Para tres años no sé cómo hacer –observé–, pero para treinta años conozco el camino.

En resumen, todo el proceso de acumulación de fuerzas políticas populares que resultó en la elección de Lula como presidente de Brasil, en 2002, y mantuvo al PT en el gobierno federal durante trece años, no cayó del cielo. Todo fue construído con mucha tenacidad a partir de la organización y movilización de las bases populares aplicando el método Paulo Freire.

El método Paulo Freire

Conocí el método Paulo Freire en 1963. Yo vivía en Río de Janeiro, integraba la dirección nacional de la Acción Católica. Al surgir los primeros grupos de trabajo del método Paulo Freire, me comprometí en un equipo que los sábados subía a Petrópolis, distante 70 km de Río, para alfabetizar a obreros de la Fábrica Nacional de Motores. Allí descubrí que nadie enseña nada a nadie, unos ayudan a otros a aprender.

¿Qué hicimos con los trabajadores de aquella fábrica de camiones? Fotografiamos las instalaciones, reunimos a los obreros en el salón de una iglesia, proyectamos diapositivas e hicimos una pregunta totalmente simple:

— En esta foto ¿qué es lo que ustedes no hicieron?

— Bueno, no hicimos el árbol, la planta, el camino, el agua…

— Eso que ustedes no hicieron es naturaleza –dijimos.

— ¿Que es lo que hizo el trabajo humano? –indagamos.

— El trabajo humano hizo el ladrillo, la fábrica, el puente, la cerca…

— Eso es cultura –dijimos. — ¿Y cómo fueron hechas esas cosas?

Ellos discutían y respondían:

— Fueron hechas en la medida en que los seres humanos transformaron la naturaleza en cultura.

Enseguida aparecía la foto del patio de la Fábrica Nacional de Motores ocupado por muchos camiones y las bicicletas de los trabajadores. Simplemente preguntábamos:

— En esta foto, ¿qué hicieron ustedes?

— Los camiones.

— ¿Y qué tienen ustedes? 

— Las bicicletas.

— ¿Ustedes no estarán equivocados?

— No, nosotros fabricamos los camiones…

— ¿Y por qué no van a casa en camión? ¿Por qué van en bicicleta?

— Porque el camión cuesta caro y no es nuestro.

— ¿Cuánto cuesta un camión?

— Cerca de 40 mil dólares.

— ¿Cuánto ganan ustedes al mes?

— Bueno, ganamos en promedio 200 dólares.

— ¿Cuánto tiempo tiene que trabajar cada uno de ustedes, sin comer, sin beber, sin pagar alquiler, economizando todo el salario para ser un día dueño del camión que construye?

Ahí ellos empezaban a calcular y tomaban conciencia de la esencia de la relación capital x trabajo, lo que es la plusvalía, la explotación etc.

Las nociones más elementales del marxismo, en cuanto crítica del capitalismo, venían por el método Paulo Freire. Con la diferencia de que no estábamos dando clase, no hacíamos lo que Paulo Freire llamaba ‘educación bancaria’, o sea, meter nociones de política en la cabeza del trabajador. El método era inductivo. Como decía Paulo, nosotros, los profesores, no enseñábamos, ayudábamos a los alumnos a aprender.

Culturas distintas y complementarias

Cuando llegué a São Bernardo do Campo (SP), en 1980, había militantes de izquierda que distribuían periódicos entre las familias de los trabajadores. Cierto día doña Marta me preguntó:

— ¿Qué es “contradicción de clase”?

— Doña Marta, olvide eso.

— No soy de mucha lectura –se justificó– porque mi vista es mala y la letra pequeña.

— Olvide eso –le dije–. La izquierda escribe esos textos para leerlos ella y quedarse contenta, creyendo que está haciendo la revolución.

Paulo Freire nos enseñó, no sólo a hablar en lenguaje popular, plástico, no académicamente conceptual, sino también a aprender con el pueblo. Enseñó al pueblo a recuperar su autoestima. 

Al salir de la cárcel, viví cinco años en una favela en Espíritu Santo. Allí trabajé en educación popular con el método Paulo Freire. Al volver a São Paulo, a finales de los 70, Paulo Freire me propuso hacer un balance de nuestra experiencia en educación y, gracias a la mediación del periodista Ricardo Kotscho, produjimos el libro titulado “Esa escuela llamada vida” (Ática). Es su relato como educador y creador del método, y mi experiencia como educador de base.

En el libro cuento que, en la favela donde yo vivía, había un grupo de mujeres embarazadas de su primer hijo asesoradas por médicos de la Secretaría Municipal de Salud. Pregunté a los médicos por qué trabajar solo con las embarazadas de primer hijo.

— No queremos mujeres que ya tengan vicios maternales –dijeron–, queremos enseñar todo.

Pues bien, pasados unos meses, llamaron a mi puerta.

— Betto, queremos su ayuda.

— ¿Mi ayuda?

— Hay un cortocircuito entre nosotros y las mujeres. Ellas no entienden lo que hablamos. Usted, que tiene experiencia con ellas, nos podría asesorar.

Fui a presenciar el trabajo de ellos. Al entrar en el Centro de Salud del bairro, me asusté. Allí estaban mujeres muy pobres, y el Centro había sido adornado con carteles de bebés Johnson, rubios de ojos azules, propaganda de Nestlé etc. Delante de aquel espectáculo visual, reaccioné:

— Todo está equivocado. Cuando las mujeres entran aquí y ven esos bebés perciben que eso es otro mundo, no tiene nada que ver con los bebés de ellas.

Presencié el trabajo de los médicos. Hablaban en FM y las mujeres estaban sintonizadas en AM. La comunicación realmente no funcionaba. En una sesión, el doctor Raúl explicó, en lenguaje científico, la importancia de la alimentación materna y, por tanto, de las proteínas, para la formación del cerebro humano. Cuando él terminó la exposición, las mujeres lo miraron como yo al abrir un texto en mandarín o árabe: sin entender nada.

— Doña María, ¿usted entendió lo que dijo el doctor Raúl? – pregunté.

— No, no entendí, sólo entendí que él dijo que nuestra leche es buena para la cabeza de los niños.

— ¿Y por qué no lo entendió usted? 

— Porque no tengo estudio. Fui poco a la escuela, nací pobre en el campo. Yo tenía que trabajar la tierra y ayudar al sustento de la familia.

— ¿Y por qué el doctor Raúl supo explicar todo eso?

— Porque él es doctor, tiene estudios. Él sabe y yo no sé. 

— Doctor Raúl, ¿usted sabe cocinar? – pregunté.

— No sé ni hacer café. 

— Doña María, ¿usted sabe cocinar?

— Sí sé.

— ¿Sabe hacer pollo en salsa oscura (plato que en Espirito Santo y también en algunas áreas del Nordeste se llama galinha de cabidela)?

— Sé.

— Por favor, póngase de pie – le pedí– y cuéntenos cómo se hace un pollo en salsa oscura.

Doña María dio un aula de culinaria: cómo se mata el pollo, cómo se despluma, cómo se prepara la carne y se hace la salsa etc.

Cuando ella se sentó, dije:

— Doctor Raúl, ¿usted sabe hacer un plato así?

— Claro que no, me gusta, pero no sé cocinar.

— Doña María –concluí– usted y el doctor Raul, perdidos en un bosque espeso, muertos de hambre, y de pronto aparece una gallina. Él, con toda su cultura moriría de hambre, usted, no. 

La mujer abrió una sonrisa de oreja a oreja. En aquel momento ella descubrió un principio fundamental de Paulo Freire: no existe nadie más culto que otro, existen culturas distintas, socialmente complementarias. Si ponemos en la balanza toda mi filosofía y teología y la culinaria de la cocinera del convento en el que vivo, ella puede pasar sin mis conocimientos, pero yo no puedo pasar sin los de ella. Esa es la diferencia. La cultura de una cocinera es imprescindible para todos nosotros.

Paulo Freire y desafíos de futuro

Ante la emergencia de tantos gobiernos autoritarios y la profusión de mensajes antidemocráticos, racistas, homofóbicos, machistas y negacionistas en las redes digitales, me parece de suma importancia revisitar a Paulo Freire en esta fecha del centenario de su nacimiento.

El reflujo de las fuerzas progresistas en América Latina en los últimos años y el despuntar de figuras neofascistas como Bolsonaro en Brasil, nos obligan a reconocer que hace décadas abandonamos el trabajo de base de organización y movilización populares. Ese vacío en las poblaciones de la periferia, de las favelas, de las zonas rurales pobres, está siendo ocupado por el fundamentalismo religioso, por el narcotráfico y los milicianos.

Paulo Freire nos enseña en sus obras que no hay movilización sin concientización previa. Es preciso que las personas tengan un “varal” donde colgar los conceptos políticos y las claves de análisis de la realidad. El “varal” es la percepción del tiempo como historia.

Hay civilizaciones, tribus, grupos, que no tienen percepción del tiempo como historia. Los griegos antiguos, por ejemplo, creían que el tiempo era cíclico. Hoy, el tiempo retorna por medio del esoterismo, del negacionismo, del fatalismo y del fundamentalismo religioso. Pero retorna sobre todo por el neoliberalismo.

La esencia del neoliberalismo es la deshistorización del tiempo. Cuando Fukuyama declaró que “la historia acabó”, expresó esto que el neoliberalismo nos quiere inculcar: ¡Hemos llegado a la plenitud de los tiempos! El modo neoliberal de producción capitalista, basado en la supremacía del mercado, es definitivo. Pocos son los escogidos y muchos los excluidos. Y de nada sirve querer luchar por una sociedad alternativa, ¡por “otro mundo posible”!

De hecho, hoy en día es difícil hablar de sociedad alternativa. Socialismo entonces, ¡ni pensar! Se ha creado un pudor, un bloqueo intelectual y emocional. “El socialismo acabó, se derrumbó, colapsó, fue enterrado”, alardean las pitonisas. Las alternativas que se plantean son por lo general intrasistémicas.

La noción de que el tiempo es historia viene de los persas, pasada a los hebreos y acentuada por la tradición judaica. Tres grandes paradigmas de nuestra cultura son de origen judaico –Jesús, Marx y Freud– y, por lo tanto, trabajaron con la categoría de tiempo como historia.

No se consigue estudiar el marxismo sin profundizar en los modos de producción anteriores para entender cómo se llegó al modo de producción capitalista. Y entender, enseguida, cómo sus contradicciones podrían llevar a los modos de producción socialista y comunista. El análisis marxista supone por tanto el rescate del tiempo como historia.

Si alguien hace análisis o psicoterapia, el psicoanalista pregunta al paciente sobre su pasado, su infancia, su crianza. Si el paciente puede hablar sobre su vida intrauterina, tanto mejor… Toda la psicología de Freud es un rescate de nuestra temporalidad como individuos.

La perspectiva de Jesús era histórica. El Dios de Jesús se presenta con currículum vitae: no es un dios cualquiera –es Dios de Abraham, Isaac y Jacob– o sea, un Dios que hace historia. La categoría principal de la predicación de Jesús es histórica: el Reino de Dios. Aunque situado allá arriba por el discurso eclesiástico, teológicamente no se sitúa allá arriba. El Reino es algo ahí adelante, es la culminación del proceso histórico.

Es curioso que en la Biblia la historia, como factor de identificación del tiempo, es tan fuerte que en el relato del Génesis la Creación del mundo ya aparece marcada por esa historicidad del tiempo antes de la aparición del ser humano.

Para muchos, historia es lo que hombres y mujeres hacen. Entonces, no habría historia antes del surgimiento de hombres y mujeres, tanto es así que se habla de prehistoria. Para la Biblia, ya hay historia antes de la aparición del ser humano. Tanto que los griegos consideraban al dios de los hebreos una entidad muy incompetente. Un verdadero dios crea como el Nescafé: instantáneo, y no a plazos, como muestra el relato bíblico. En el relato de la Creación, en siete días, ya hay historicidad. Y Paulo Freire, hombre de formación cristiana y militante adepto a los fundamentos del marxismo, supo percibir la importancia de la lectura del mundo como condición para la lectura del texto.

Al neoliberalismo no le conviene esta perspectiva. Por eso, no se puede hacer educación popular sin tener el “varal” para colgar las ropas… Ese “varal” –el tiempo en cuanto historia– es fundamental para poder visualizar el proceso social y político. Esto sucede también en la dimensión micro de nuestras vidas. ¿Por qué hoy muchos tienen dificultad para hacer proyectos de vida? ¿Por qué hay jóvenes que llegan a los 20 años sin la menor idea de lo que pretenden ser o hacer en la vida? Para muchos de ellos, todo es aquí y ahora.

Por lo tanto, si queremos rescatar el legado de Paulo Freire, el camino es volver al trabajo de base con las clases populares, adoptando su método en una perspectiva histórica, abierta a las utopías libertarias y al horizonte democrático. Fuera del pueblo no hay salvación. Y si creemos que la democracia debe ser, de hecho, el gobierno del pueblo para el pueblo y con el pueblo, no queda alternativa sino adoptar el proceso educativo paulofreiriano que sitúa a los oprimidos como protagonistas políticos e históricos.

Cuando Paulo Freire volvió de 15 años de exilio, en agosto de 1979, nos encontramos en São Paulo. Éramos vecinos y con frecuencia lo visitaba. Estrechamos mucho nuestras relaciones personales.

Termino este homenaje con este texto que escribí el día 2 de mayo de 1997, fecha de la transvivenciación de Paulo Freire:

Ivo vio la uva”, enseñaban los manuales de alfabetización. Pero el profesor Paulo Freire, con su método de alfabetizar concientizando, hace que adultos y niños en Brasil y en Guinea-Bissau, en la India, en Nicaragua y en tantos otros lugares, descubran que Ivo no vio solo con los ojos. Vio también con la mente y se preguntó si uva es naturaleza o cultura.

Ivo vió que la fruta no resulta del trabajo humano. Es Creación, es naturaleza. Paulo Freire enseñó a Ivo que sembrar uva es acción humana en y sobre la naturaleza. Y la mano, multiherramienta, despierta las potencialidades del fruto. Así como el propio ser humano fue sembrado por la naturaleza en años y años de evolución del Universo.

Coger la uva, aplastarla y transformarla en vino es cultura, señaló Paulo Freire. El trabajo humaniza la naturaleza y, al realizarlo, el hombre y la mujer se humanizan. Trabajo que instaura el nudo de relaciones, la vida social. Gracias al profesor, que inició su pedagogía revolucionaria con trabajadores del Sesi de Pernambuco, Ivo vio también que la uva es recogida por temporeros, que ganan poco, y comercializada por intermediarios, que ganan mucho más.

Ivo aprendió con Paulo que, aun sin todavía saber leer, él no es una persona ignorante. Antes de aprender las letras, Ivo sabía levantar una casa, ladrillo a ladrillo. El médico, el abogado o el dentista, con todos sus estudios, no son capaces de construir como Ivo. Paulo Freire enseñó a Ivo que no existe nadie más culto que otro, existen culturas paralelas, distintas, que se complementan en la vida social.

Ivo vió la uva y Paulo Freire le mostró los racimos, el parral, toda la plantación. Enseñó a Ivo que la lectura de un texto es tanto mejor comprendida cuanto más se inserta el texto en el contexto del autor y del lector. De esa relación dialógica entre texto y contexto, Ivo extrae el pretexto para actuar. En el inicio y en el fin del aprendizaje la praxis de Ivo es lo que importa. Praxis-teoría-praxis, en un proceso inductivo que torna al educando sujeto histórico.

Ivo vio la uva y no vio el ave que, desde arriba, mira la parra y no ve la uva. Lo que Ivo ve es diferente de lo que ve el ave. Así, Paulo Freire enseñó a Ivo un principio fundamental de epistemología: la cabeza piensa desde donde pisan los pies. El mundo desigual puede ser leído con la óptica del opresor o con la óptica del oprimido. Resultan lecturas tan diferentes una de otra como entre la visión de Ptolomeo, al observar el sistema solar con los pies en la Tierra, y la de Copérnico, al imaginarse con los pies en el Sol.

Ahora Ivo ve la uva, el parral y todas las relaciones sociales que hacen del fruto fiesta en el cáliz de vino, pero ya no ve a Paulo Freire, que se sumergió en el Amor la mañana del 2 de mayo de 1997. Nos deja una obra inestimable y un testimonio admirable de competencia y coherencia.

Paulo debía estar en Cuba donde recibiría el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana. Al sentir dolorido su corazón, que tanto amó, pidió que fuese yo a representarlo. Pero yo tenía que ir a Palestina y no me fue posible atenderlo. Sin embargo, antes de embarcar fui a rezar con Nita, su mujer, y con sus hijos en torno a su semblante tranquilo: Paulo veía a Dios.

Frei Betto es escritor, autor de Por una educación crítica y participativa (Rocco) y de Esa escuela llamada vida (Ática) con Paulo Freire y Ricardo Kotscho. Librería virtual: www.freibetto.org

  •  

Homenagem a Paulo Freire em seu centenário de nascimento:frei Betto

                                               

Frei Betto é um dos melhores conhecedores de Paulo Freire. Além de amigo pessoal aplicou o seu método na educação popular que exerce até os dias de hoje. Essa homenagem que ele lhe presta pelos seus 100 ano de nascimento é um misto de experiências vividas com ele e exposição simples e exemplar de seu método. Unimo-nos a ele nesta celebração. Com ele privei quando Paulo compunha o comité científico do grupo de teólogos e filósofos, dos quais fazia parte, que editavam e ainda editam a Revista Internacional Concilium (em 7 línguas). Logo no início surgiu um grande diálogo, do qual ele era mestre. Conta-se entre os fundadores da Teologia da Libertação, coisa que ele o dizia com honra. Aqui vai o texto lúcido e vivencial de Frei Betto. LBoff

************************************************************************

Posso afirmar, sem receio de exagerar, que Paulo Freire é raiz da história do poder popular brasileiro nos 50 anos entre 1966 e 2016. Esse poder surgiu, como árvore frondosa, da esquerda brasileira atuante na segunda metade do século XX: grupos que lutaram contra a ditadura militar (1964-1985); as Comunidades Eclesiais de Base das Igrejas cristãs; a abrangente rede de movimentos populares e sociais despontados nos anos 1970; o sindicalismo combativo; e, na década de 1980, a fundação da CUT (Central Única dos Trabalhadores); da ANAMPOS (Articulação Nacional dos Movimentos Populares e Sindicais) e, em seguida, da CMP (Central de Movimentos Populares); do PT (Partidos dos Trabalhadores); e do MST (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra); e de tantos outros movimentos, ONGs e entidades. 

Se eu tivesse que responder à sugestão: “Aponte uma pessoa causa de tudo isso.” Eu diria, sem nenhuma dúvida: Paulo Freire. Sem a metodologia de educação popular de Paulo Freire, não haveria esses movimentos, porque ele nos ensinou algo de muito importante: ver a história pela ótica dos oprimidos e torná-los protagonistas das mudanças na sociedade.

 Os excluídos como sujeitos políticos

Ao sair da prisão política, em fins de 1973, tive a impressão de que toda luta aqui fora havia acabado por força da repressão da ditadura militar, até porque todos nós, imbuídos da pretensão de sermos os únicos entendidos em luta capaz de resgatar a democracia, estávamos na cadeia, mortos ou no exílio. Qual não foi a minha surpresa ao encontrar uma imensa rede de movimentos populares disseminados por todo o Brasil. 

       Quando o PT foi fundado, em 1980, vi companheiros de esquerda reagirem: “Operários? Não. É muita pretensão operários quererem ser a vanguarda do proletariado! Somos nós, intelectuais teóricos, marxistas, que temos capacidade para dirigir a classe trabalhadora”. No entanto, no Brasil os oprimidos começavam a se tornar não só sujeitos históricos, mas também lideranças políticas, graças ao método Paulo Freire.

       Uma vez, no México, companheiros de esquerda me perguntaram: 

       — Como fazer aqui algo parecido ao processo de vocês lá no Brasil? Porque vocês têm um setor de esquerda na Igreja, um sindicalismo combativo, o PT… Como se obtém essa força política popular? 

       — Comecem fazendo educação popular – respondi – e daqui a trinta anos… 

       Eles me interromperam: 

       — Trinta anos é muito! Queremos uma sugestão para três anos. 

       — Para três anos não sei como fazer – observei -, mas para trinta anos sei o caminho.

       Em resumo, todo o processo de acumulação de forças políticas populares, que resultou na eleição de Lula a presidente do Brasil, em 2002, e manteve o PT no governo federal por treze anos, não caiu do céu. Tudo foi construído com muita tenacidade a partir da organização e mobilização de bases populares pela aplicação do método Paulo Freire. 

O método Paulo Freire 

Conheci o método Paulo Freire em 1963. Eu morava no Rio de Janeiro, integrava a direção nacional da Ação Católica. Ao surgirem os primeiros grupos de trabalho do método Paulo Freire, engajei-me em uma equipe que, aos sábados, subia para Petrópolis, distante 70km do Rio, para alfabetizar operários da Fábrica Nacional de Motores. Ali descobri que ninguém ensina nada a ninguém, uns ajudam os outros a aprenderem. 

       O que fizemos com os trabalhadores daquela fábrica de caminhões? Fotografamos as instalações, reunimos os operários no salão de uma igreja, projetamos diapositivos e fizemos uma pergunta absolutamente simples: 

       — Nesta foto, o que vocês não fizeram?

       — Bem, não fizemos a árvore, a mata, a estrada, a água… 

       — Isso que vocês não fizeram é natureza – dissemos. 

       — E o que o trabalho humano fez? – indagamos. 

       — O trabalho humano fez o tijolo, a fábrica, a ponte, a cerca… 

       — Isso é cultura – dissemos. — E como essas coisas foram feitas? 

       Eles debatiam e respondiam: 

       — Foram feitas na medida em que os seres humanos transformaram a natureza em cultura.

       Em seguida, aparecia a foto do pátio da Fábrica Nacional de Motores ocupado por muitos caminhões e as bicicletas dos trabalhadores. Simplesmente perguntávamos: 

       — Nesta foto, o que vocês fizeram? 

       — Os caminhões. 

       — E o que vocês possuem? 

       — As bicicletas. 

       — Vocês não estariam equivocados? 

       — Não, nós fabricamos os caminhões…

       — E por que não vão para casa de caminhão? Por que vão de bicicleta? 

       — Porque o caminhão custa caro, e não pertence a nós. 

       — Quanto custa um caminhão? 

       — Cerca de 40 mil dólares.

       — Quanto vocês ganham por mês? 

       — Bem, ganhamos em média 200 dólares.

       — Quanto tempo cada um de vocês precisa trabalhar, sem comer, sem beber, sem pagar aluguel, economizando todo o salário para, um dia, ser dono do caminhão que você faz? 

       Aí eles começavam a calcular e tomavam consciência da essência da relação capital x trabalho, o que é mais-valia, exploração etc. 

       As noções mais elementares do marxismo, enquanto crítica do capitalismo, vinham pelo método Paulo Freire. Com a diferença de que não estávamos dando aula, não fazíamos o que Paulo Freire chamava de ‘educação bancária’, ou seja, enfiar noções de política na cabeça do trabalhador. O método era indutivo. Como dizia Paulo, nós, professores, não ensinávamos, mas ajudávamos os alunos a aprenderem.

Culturas distintas e complementares

       Quando cheguei a São Bernardo do Campo (SP), em 1980, havia militantes de esquerda que distribuíam jornais entre as famílias dos trabalhadores. Certo dia, dona Marta me indagou: 

       — O que é “contradição de crasse”? 

       — Dona Marta, esqueça isso. 

       — Não sou de muita leitura – justificou-se – porque minha vista é ruim e a letra, pequena. 

       — Esqueça isso – eu disse. — A esquerda escreve esses textos para ela mesma ler e ficar feliz, achando que está fazendo revolução. 

       Paulo Freire nos ensinou, não só a falar em linguagem popular, plástica, não academicamente conceitual, mas também a aprender com o povo. Ensinou o povo a resgatar sua autoestima. 

       Ao sair da prisão, morei cinco anos em uma favela no Espírito Santo. Lá trabalhei com educação popular no método Paulo Freire. Ao retornar a São Paulo, no fim dos anos 1970, Paulo Freire me propôs dar um balanço da nossa experiência em educação e, graças à mediação do jornalista Ricardo Kotscho, produzimos o livro chamado “Essa escola chamada vida” (Ática). É o seu relato como educador e criador do método, e da minha experiência como educador de base. 

       No livro, conto que na favela em que eu morava havia um grupo de mulheres grávidas do primeiro filho, assessoradas por médicos da Secretaria Municipal da Saúde. Perguntei aos médicos por que trabalhar apenas com mulheres grávidas do primeiro filho.  

       — Não queremos mulheres que já tenham vícios maternais. – disseram – Queremos ensinar tudo. 

       Pois bem, passados uns meses, bateram na porta do meu barraco. 

       —  Betto, queremos sua ajuda. 

       — Minha ajuda? 

       — Há um curto-circuito entre nós e as mulheres. Elas não entendem o que falamos. Você, que tem experiência com esse povo, podia nos assessorar. 

       Fui assistir ao trabalho deles. Ao entrar no Centro de Saúde do morro, fiquei assustado. Ali estavam mulheres muito pobres, e o Centro havia sido todo enfeitado com cartazes de bebês Johnson, loirinhos de olhos azuis, propaganda da Nestlé etc. Diante daquele visual, reagi: 

       — Está tudo errado. Quando as mulheres entram aqui e olham esses bebês, percebem que isso é outro mundo, não tem nada a ver com os bebês do morro. 

       Assisti ao trabalho dos médicos. Percebi que falavam em FM e as mulheres estavam sintonizadas em AM. A comunicação realmente não funcionava. Numa sessão, o doutor Raul explicou, em linguagem científica, a importância do aleitamento materno e, portanto, das proteínas, para formação do cérebro humano. Quando ele terminou a exposição, as mulheres o fitaram como eu ao abrir um texto em mandarim ou árabe: não entendo nada. 

       — Dona Maria, a senhora entendeu o que doutor Raul falou? – perguntei.

       — Não, não entendi, só entendi que ele falou que o leite da gente é bom pra cabeça das crianças. 

       — E por que a senhora não entendeu?

       — Porque não tenho estudo. Frequentei pouco a escola, nasci pobre na roça. Eu tinha que trabalhar na enxada e ajudar no sustento da família. 

       — E por que o doutor Raul soube explicar tudo isso? 

       — Porque ele é doutor, é estudado. Ele sabe e eu não sei. 

       — Doutor Raul, o senhor sabe cozinhar? – indaguei.

       — Nem café sei fazer. 

       — Dona Maria, a senhora sabe cozinhar?

       — Sei. 

       — Sabe fazer frango ao molho pardo (prato que, no Espirito Santo, e também em algumas áreas do Nordeste, é chamado de galinha de cabidela)?

       — Sei. 

       — Por favor, fica de pé – pedi – e conta pra gente como se faz um frango ao molho pardo.

       Dona Maria deu uma aula de culinária: como se mata o frango, de que lado se tiram as penas, como preparar a carne e fazer o molho etc. 

       Quando ela se sentou, falei: 

       — Doutor Raul, o senhor sabe fazer um prato desses? 

       — De jeito nenhum, até gosto, mas não sei cozinhar. 

       — Dona Maria – concluí – a senhora e o doutor Raul, os dois perdidos em uma mata fechada, famintos e, de repente, aparece uma galinha. Ele, com toda cultura, morreria de fome, a senhora não. 

       A mulher abriu um sorriso de orelha a orelha. Ela descobriu, naquele momento, um princípio fundamental de Paulo Freire: não existe ninguém mais culto do que o outro, existem culturas distintas, socialmente complementares. Se pusermos na balança toda minha filosofia e teologia, e a culinária da cozinheira do convento em que vivo, ela pode passar sem meus conhecimentos, mas eu não posso passar sem a cultura dela. Eis a diferença. A cultura de uma cozinheira é imprescindível para todos nós.

Paulo Freire e desafios de futuro

       Diante da emergência de tantos governos autoritários e da profusão de mensagens antidemocráticas, racistas, homofóbicas, machistas e negacionistas nas redes digitais, me parece de suma importância revisitar Paulo Freire nesta data do centenário de seu nascimento. 

       O refluxo das forças progressistas na América Latina nos últimos anos, e o despontar de figuras neofascistas como Bolsonaro no Brasil, nos obrigam a reconhecer que há décadas abandonamos o trabalho de base de organização e mobilização populares. Esse vazio junto às populações da periferia, das favelas, das zonas rurais pobres, vem sendo ocupado pelo fundamentalismo religioso, pelo narcotráfico e milicianos. 

       Em suas obras, Paulo Freire nos ensina que não há mobilização sem prévia conscientização. É preciso que as pessoas tenham um “varal” onde pendurar os conceitos políticos e as chaves de análise da realidade. O “varal” é a percepção do tempo como história. 

       Há civilizações, tribos, grupos, que não têm percepção do tempo como história. Os gregos antigos, por exemplo, acreditavam que o tempo é cíclico. Hoje, o tempo cíclico retorna por meio do esoterismo, do negacionismo, do fatalismo e do fundamentalismo religioso. Mas retorna, sobretudo, pelo neoliberalismo. 

       A essência do neoliberalismo é a desistorização do tempo. Quando Fukuyama declarou que “ahistória acabou”, ele expressou isto que o neoliberalismo quer nos incutir: Chegamos à plenitude dos tempos! O modo neoliberal de produção capitalista, baseado na supremacia do mercado, é definitivo! Poucos são os escolhidos e, muitos, os excluídos. E não adianta mais querer lutar por uma sociedade alternativa, um “outro mundo possível”!

       De fato, hoje em dia é difícil falar em sociedade alternativa. Socialismo então, nem pensar! Criou-se um pudor, um bloqueio intelectual e emocional. “O socialismo acabou, desabou, ruiu, foi enterrado!”, alardeiam as pitonisas.As alternativas que se colocam são, em geral, intrassistêmicas.

       A noção de que o tempo é história vem dos persas, repassada aos hebreus e acentuada pela tradição judaica. Três grandes paradigmas de nossa cultura são de origem judaica – Jesus, Marx e Freud – e, portanto, trabalharam com a categoria de tempo como história.

       Não se consegue estudar o marxismo sem aprofundar os modos de produção anteriores, para entender como se chegou ao modo de produção capitalista. E entender, em seguida, como suas contradições poderiam levar aos modos de produção socialista e comunista. A análise marxista supõe, portanto, o resgate do tempo como história.

       Se alguém faz análise ou terapia, o psicanalista logo pergunta ao paciente sobre o seu passado, sua infância, sua criação. Se o paciente puder falar sobre sua vida intrauterina, tanto melhor… Toda a psicologia de Freud é um resgate de nossa temporalidade como indivíduos.

       A perspectiva de Jesus era histórica. O Deus de Jesus se apresenta com currículo vitae: não é um deus qualquer – é Deus de Abraão, Isaac e Jacó – ou seja, um Deus que faz história. A categoria principal da pregação de Jesus é histórica: o Reino de Deus. Embora colocado lá em cima pelo discurso eclesiástico, teologicamente não se situa lá em cima. O Reino é algo lá na frente, é a culminância do processo histórico.

       É curioso que na Bíblia a história, como fator de identificação do tempo, é tão forte que no relato do Gênesis a Criação do mundo já aparece marcada por essa historicidade do tempo antes do aparecimento do ser humano.

       Para muitos, história é aquilo que homens e mulheres fazem. Então, não haveria história antes do surgimento de homens e mulheres, tanto que se fala em pré-história. Para a Bíblia, já há história antes do aparecimento do ser humano. Tanto que os gregos consideravam o deus dos hebreus uma entidade muito incompetente. Um verdadeiro deus cria como o Nescafé: instantâneo, e não a prazo, como mostra o relato bíblico. Ora, no relato da Criação, em sete dias, já há historicidade. E Paulo Freire, homem de formação cristã e militante adepto dos fundamentos do marxismo, soube perceber a importância da leitura do mundo como condição da leitura do texto.

       Ao neoliberalismo não convém essa perspectiva. Por isso, não se pode fazer educação popular sem ter o “varal” para dependurar as roupas… Esse “varal” – o tempo enquanto história – é fundamental para que se possa visualizar o processo social e político. Isso acontece também na dimensão micro de nossas vidas. Por que, hoje, muitos têm dificuldade de ter projetos de vida? Por que jovens chegam ao 20 anos sem a menor ideia do que pretendem ser ou fazer da vida? Para muitos deles, tudo é aqui e agora.

       Portanto, se queremos resgatar o legado de Paulo Freire, o caminho é voltar ao trabalho de base com as classes populares, adotando o seu método em uma perspectiva histórica, aberta às utopias libertárias e ao horizonte democrático. Fora do povo não há salvação. E se acreditamos que a democracia deve ser, de fato, o governo do povo para o povo e com o povo, não resta alternativa senão adotar o processo educativo paulofreiriano que situa os oprimidos como protagonistas políticos e históricos.

       Quando Paulo Freire retornou de 15 anos de exílio, em agosto de 1979, nos encontramos em São Paulo. Éramos vizinhos e, com frequência, eu o visitava. Estreitamos muito as nossas relações pessoais. 

       Assim, termino esta homenagem com este texto que escrevi no dia 2 de maio de 1997, data da transvivenciação de Paulo Freire: 

       “Ivo viu a uva”, ensinavam os manuais de alfabetização. Mas o professor Paulo Freire, com o seu método de alfabetizar conscientizando, fez adultos e crianças, no Brasil e na Guiné-Bissau, na Índia, na Nicarágua e em tantos outros lugares, descobrirem que Ivo não viu apenas com os olhos. Viu também com a mente e se perguntou se uva é natureza ou cultura.

       Ivo viu que a fruta não resulta do trabalho humano. É Criação, é natureza. Paulo Freire ensinou a Ivo que semear uva é ação humana na e sobre a natureza. E a mão, multiferramenta, desperta as potencialidades do fruto. Assim como o próprio ser humano foi semeado pela natureza em anos e anos de evolução do Universo.

       Colher a uva, esmagá-la e transformá-la em vinho é cultura, assinalou Paulo Freire. O trabalho humaniza a natureza e, ao realizá-lo, o homem e a mulher se humanizam. Trabalho que instaura o nó de relações, a vida social. Graças ao professor, que iniciou sua pedagogia revolucionária com trabalhadores do Sesi de Pernambuco, Ivo viu também que a uva é colhida por boias-frias, que ganham pouco, e comercializada por atravessadores, que ganham muito mais. 

       Ivo aprendeu com Paulo que, mesmo sem ainda saber ler, ele não é uma pessoa ignorante. Antes de aprender as letras, Ivo sabia erguer uma casa, tijolo a tijolo. O médico, o advogado ou o dentista, com todo o seu estudo, não é capaz de construir como Ivo. Paulo Freire ensinou a Ivo que não existe ninguém mais culto do que o outro, existem culturas paralelas, distintas, que se complementam na vida social.

       Ivo viu a uva e Paulo Freire mostrou-lhe os cachos, a parreira, a plantação inteira. Ensinou a Ivo que a leitura de um texto é tanto melhor compreendida quanto mais se insere o texto no contexto do autor e do leitor. É dessa relação dialógica entre texto e contexto que Ivo extrai o pretexto para agir. No início e no fim do aprendizado é a práxis de Ivo que importa. Práxis-teoria-práxis, num processo indutivo que torna o educando sujeito histórico.

       Ivo viu a uva e não viu a ave que, de cima, enxerga a parreira e não vê a uva. O que Ivo vê é diferente do que vê a ave. Assim, Paulo Freire ensinou a Ivo um princípio fundamental de epistemologia: a cabeça pensa onde os pés pisam. O mundo desigual pode ser lido pela ótica do opressor ou pela ótica do oprimido. Resulta uma leitura tão diferente uma da outra como entre a visão de Ptolomeu, ao observar o sistema solar com os pés na Terra, e a de Copérnico, ao imaginar-se com os pés no Sol.

       Agora Ivo vê a uva, a parreira e todas as relações sociais que fazem do fruto festa no cálice de vinho, mas já não vê Paulo Freire, que mergulhou no Amor, na manhã de 2 de maio de 1997. Deixa-nos uma obra inestimável e um testemunho admirável de competência e coerência.

       Paulo deveria estar em Cuba, onde receberia o título de Doutor Honoris Causa, da Universidade de Havana. Ao sentir dolorido seu coração que tanto amou, pediu que eu fosse representá-lo. De passagem marcada para a Palestina, não me foi possível atendê-lo. Contudo, antes de embarcar fui rezar com Nita, sua mulher, e os filhos, em torno de seu semblante tranquilo: Paulo via Deus.

Frei Betto é escritor, autor de “Por uma educação crítica e participativa” (Rocco) e de “Essa escola chamada vida” (Ática), em parceria com Paulo Freire e Ricardo Kotscho. Livraria virtual: www.freibetto.org

Padre Julio Lancellotti: el Gandhi de Brasil

Leonardo Boff*

El padre Julio Lancellotti acaba de publicar un libro Amar a la manera de Dios (Planeta 2021). Existe una inmensa literatura sobre el amor y he leído gran parte de ella, pero de todos los que conozco este libro del padre Lancellotti me parece uno de los más impresionantes y verdaderos. No se trata de discurrir sobre el amor, sino de vivirlo concretamente y dar testimonio de él. Y ese testimonio es convincente.

El gran naturalista francés Jacques Monod nos legó una frase que nos deja perplejos: “Los seres humanos han experimentado todo, menos el amor”. Pero entenderemos esta afirmación sorprendente si leemos lo que el padre Lancellotti escribió, en la línea de lo que el Papa Francisco también afirmó como un sueño en su encíclica Fratelli tutti, “un mundo de fraternidad universal y de amor social”.

Nos dice el padre Lancellotti: “En una sociedad como la nuestra, ¿dónde está el amor? ¿Existe amor en la ciudad de São Paulo? Tal vez lo pongamos en duda. Hablando de modo individual claro que hay amor, pero debemos ver si la estructura, si la forma de organizar la sociedad manifiesta el amor. Alguien de afuera mirando São Paulo ¿podría decir que en esta ciudad todos se aman? Las favelas, el pueblo abandonado por las calles, las cárceles, la violencia, el desempleo ¿muestran amor en São Paulo?”(p.100).

El amor del cual se trata aquí es el amor social. Él está prácticamente ausente en todo el mundo, lo que la pandemia ha mostrado claramente en la forma absolutamente desigual como han sido distribuidas las vacunas, como, por ejemplo, en África con solo un 4%. Es ese amor social el que nunca ha sido experimentado, por lo menos en las sociedades que conocemos, particularmente las modernas. El padre Lancellotti nos quita la ilusión del amor como romance. En sus palabras: “El amor es un compromiso trasformador; amor es una palabra provocativa porque es un verbo de acción; es transformar, enfrentar aun siendo vulnerables; no es callar; amar es manifestarse y defender; eso es terriblemente transformador” (p.91).

Él define de qué lado está: “yo no trabajo con quienes viven en la calle. Convivo con ellos. Y esa convivencia tiene una señal: la mirada” (p.108). Mirarlos como a un hermano LGBT o hermana, lésbica o trans; saludarlos, preguntarles su nombre, tocar su piel para que se sientan de la misma humanidad que nosotros.

Explícitamente declara: “El lugar desde donde hablo tiene como base a los jóvenes infractores, a las mujeres y los hombres presos, a la población de la calle, y la cuestión general del hambre, la miseria y la violencia” (p.77). Fundó la Casa Vida para niños con HIV, incluso contra la protesta del vecindario liderada por una médica.

El título del libro marca el sentido de su amor hacia todos estos despreciados por la sociedad: Amar a la moda de Dios. ¿Cómo es amar a la moda de Dios? Aquí el padre Lancellotti revela aquello que es la esencia del mensaje de Jesús: Dios ama a todos indistintamente, poco importa su condición moral, sexual y racial. Ama hasta a los ingratos y malos, como afirma San Lucas en su evangelio (6,35); ama a los últimos, a los invisibles, a los pecadores, a aquellos que se sienten lejos de Dios y perdidos: la mujer samaritana, la extranjera, la adúltera. Todas y todos son los destinatarios del amor gratuito de Dios. Por eso Jesús, que encarnaba ese amor de Dios, de su Padre (Abba, papá) comía con los pecadores y andaba con personas de mala fama. Es para asegurarles: no importa lo que son, si obedecen o no las leyes, si son piadosos o no, si son buena gente o no: Dios está en medio de nosotros y busca nuestra intimidad.

Todas las religiones buscan a Dios. La religión judeocristiana afirma que Dios busca al ser humano: incluso al más distante y fuera de los marcos sociales y morales. Esa es la gran novedad traída por Jesús: la proximidad amorosa de Dios. Él trató de decirla y mostrarla a todo el mundo. El verdadero drama fue y sigue siendo que la gran mayoría no acogió o no acoge la amorosidad de Dios. Porque no la aceptaron, Jesús fue perseguido, calumniado y finalmente condenado a muerte de cruz. Pero nunca dejó de amar al ladrón que estaba a su lado.

El padre Lancellotti comprendió este tipo de amor a la manera de Dios y de Jesús, amor único, y lo vive con aquellos que nunca reciben amor de nadie. Y sufre el mismo destino de Jesús: la persecución, la calumnia y amenazas serias de muerte, solo por el hecho de amar a aquellos que son cobardemente pisoteados y excluidos, los empobrecidos, “los hermanos y hermanas menores de Jesús” (Mt 25,40).

Respetadas las diferencias de lugar y de situaciones, podemos decir que el padre Júlio Lancellotti es el Mahatma Gandhi de Brasil. Bien decía este: “Entré en la política por amor a la vida de los débiles; viví con los pobres, recibí parias como huéspedes, luché para que tuviesen derechos políticos iguales a los nuestros, desafié a reyes, me he olvidado de las veces que estuve preso”. Algo parecido puede decir el padre Lancellotti. Hizo y hace todo porque “ama a la manera de Dios” que es la forma más humana de amar, pues incluye a todos y “no echa fuera a nadie” (Jn 6,37).

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Jesucristo el Liberador, muchas ediciones, Vozes 2020, Sal Terrae en español.

Traducción de Mª José Gavito Milano

O padre Júlio Lancellotti: o Gandhi do Brasil

                                                      Leonardo Boff

O padre Júlio Lancellotti acaba de publicar um livro Amar à maneira de Deus  (Planeta 2021). Existe imensa literatura sobre o amor e grande parte dela eu mesmo li. Mas entre todos que conheço, este do padre Lancellotti comparece como um dos mais impressionantes e verdadeiros. Não se trata de discorrer sobre o amor. Mas vive-lo concretamente e dar testemunho dele. E esse testemunho é convincente.

O grande naturalista francês Jacob Monod legou-nos uma frase que nos deixa perplexos:”Os seres humanos experimentaram tudo, menos o amor”. Mas entenderemos esta afirmação surpreendente se lermos o que o padre Lancellotti escreveu, bem na esteira do que o Papa Francisco  também afirmou como um sonho  na sua encíclica Fratelli tutti, “um mundo  de uma fraternidade universal e de um amor social:” O amor social é o centro.

Diz-nos o padre Lancellotti:”Numa sociedade como a nossa, onde está o amor? Existe amor na cidade de São Paulo? Talvez fiquemos em dúvida. Falando de modo individual é claro que há. Mas devemos ver se a estrutura, se a forma de organizar  a sociedade manifesta o amor. Alguém de fora, olhando para São Paulo poderia dizer, que nesta cidade, todos se amam? As favelas, o povo abandonado pelas ruas, os presídios, a violência, o desemprego mostram amor em São Paulo”(p.100)?

O amor do qual aqui se trata é o amor social. Ele está praticamente ausente no mundo  todo, o que a pandemia  mostrou claramente na forma absolutamente desigual como foram distribuídas as vacinas, como, por exemplo, a África com apenas 4%. É esse amor social que nunca foi experimentado, pelo menos, nas sociedades que conhecemos, particularmente, as modernas. O padre Lancellotti nos tira a ilusão do amor como romance. Em suas palavras:”O amor é engajamento transformador; amor é uma palavra provocativa porque é um verbo de ação; é transformar, enfrentar mesmo com vulnerabilidade; não é cala; amar é se manifestar e defender; issso é terrivelmente transformador”(p.91).

Ele define de que lado está:”eu não trabalho com os moradores de rua. Eu convivo com eles. E essa convivência tem uma senha:o olhar”(p.108). O olhar para eles como a um irmão LGBTI ou irmã, lésbica ou trans; cumprimentá-los, perdi-lhes o nome e tocar a sua pele para que se sintam da mesma humanidade que a nossa.

Explicitamente declara:”Meu lugar de fala tem como base os jovens infratores, as mulheres e os homens presos, a população de rua e a questão geral da fome, da miséria e da violência”(p.77). Fundou a Casa Vida para crianças com HIV mesmo contra o protesto de toda a vizinhança, liderada por uma médica.

O título do livro marca o sentido de seu amor por todos estes  desprezados pela sociedade: Amar à moda de Deus. Como é amar à moda de Deus? É aqui que o padre Lancellotti revela aquilo que é a essência da mensagem de Jesus: Deus ama a todos indistintamente. pouco importa sua condição moral,sexual e racial Ama até os ingratos e maus, como assevera São Lucas em seu evangelho (6,35); ama os últimos, os invisíveis, os pecadores, aqueles que sentem longe de Deus e perdidos: a mulher samaritana, a estrangeira, a adúltera. Todos e todos são os destinatários do amor gratuito de Deus. Por isso Jesus que encarnava esse amor de Deus, de seu Pai (Abba, paizinho querido) comia com os pecadores e andava com pessoas de má companhia. É para assegurar-lhes: não importa o que são, se obedecem ou não às leis, se são piedosos ou não, se não a boa gente ou não: Deus está no meio de nós e busca a nossa intimidade.

Todas as religiões buscam a Deus. A religião hebraico-cristã afirma que Deus busca o ser humano: mesmo o mais distante e fora dos quadros sociais e morais. Essa é a grande novidade trazida por Jesus:a proximidade amorosa de Deus. Ele tentou dize-la e mostrá-la a todo mundo. O verdadeiro drama consistiu e consiste em que a grande maioria não acolheu ou não acolhe a amorosidade de Deus. Pelo fato de não aceitá-la Jesus foi perseguido, caluniado e finalmente condenado à morte de cruz. Mas nunca deixou de amar, mesmo na cruz, o ladrão ao lado.

O padre Lancellotti comprendeu esse tipo de amor à moda de Deus e de Jesus, amor único e o vive com aqueles que nunca recebem amor da ninguém. E sofre o mesmo destino de Jesus: a perseguição, a calúnia e as ameaças sérias de morte. Só pelo fato de amar aqueles que são covardemente espezinhados e excluídos, os empobrecidos, “os irmãos e as  irmãs”menores de Jesus (Mt 25,40).

Respeitadas as diferenças de lugar e de situações, podemos dizer que o padre Júlio Lancellotti é o Mahama Gandhi do Brasil. Bem dizia este:”Entrei na política por amor à vida dos fracos; morei com os pobres, recebi párias como hóspedes, lutei para que tivessem direitos políticos iguais aos nossos, desafiei reis, esqueci-me das vezes que estive preso”. Algo parecido pode dizer o padre Lancellotti. Fez e faz tudo porque “ama à maneira de Deus” que é a forma mais humana de amar, pois inclui a todos e “não manda ninguém embora”(Jo 6,37).

Leonardo Boff é teólogo e escreveu Jesus Cristo Libertador, Vozes muitas ediçõe 2020.