La fuerza política de la esperanza ante la situación actual

Vivimos tiempos de gran desamparo social. Se ha producido una especie de terremoto, esta vez no provocado por la naturaleza sino por la propia política.

Hubo un golpe de clase de los adinerados, amenazados en sus privilegios por los beneficiados por las políticas sociales de los gobiernos del PT, que los llevó a ocupar lugares de los que antes estaban excluidos. Para ello usaron el parlamento, como en 1964 los militares. La destitución de la presidenta Dilma, democráticamente elegida, sirvió a los propósitos de estas élites económicas (el 0,05% de la población según el IPEA), lo cual implicaba ocupar los aparatos del Estado y garantizar así su status histórico-social hecho a base de privilegios y de negocios turbios. Habiendo naturalizado la corrupción, no tuvieron escrúpulos en modificar la constitución e introducir reformas que eliminaron derechos de los trabajadores y modificaron profundamente los beneficios de la Seguridad Social.

La corrupción, detectada primeramente por los órganos de espionaje de Estados Unidos y traspasada a nuestro sistema jurídico, permitió instaurar un proceso judicial que recibió el nombre de Lava-Jato. Ahí se detectó la trama inimaginable de corrupción que atraviesa las grandes empresas, desde las estatales a las privadas, los fondos y otros órganos, dentro de la lógica del patrimonialismo. La corrupción identificada fue de tal orden que escandalizó al mundo. Llegó a quebrar estados de la federación, como por ejemplo el de Río de Janeiro.

Yo mismo y otros muchos estamos sin recibir nuestros sueldos de profesores universitarios, retirados o no, desde diciembre de 2016.

La consecuencia es el descalabro político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Todas ellas están contaminadas por la corrupción. La justicia es vergonzosamente parcial especialmente el justiciero Sergio Moro y buena parte del Ministerio Público, apoyados por una prensa reaccionaria sin compromiso con la verdad. Esta justicia revela sin tapujos una furia incontrolable de persecución al expresidente Lula y a su partido, el PT, el mayor del país. Se quiere destruir su indiscutible liderazgo, desfigurar su biografía e impedir de cualquier modo que sea candidato. Se fuerza su condenación, fundada más en convicciones que en pruebas materiales, lo que impediría su candidatura, que goza de la preferencia de la mayoría.

La consecuencia es un sufrido vacío de esperanza. Pero es importante recuperar el carácter político-transformador de la esperanza. Ernst Bloch, el gran pensador de la esperanza, habla del principio-esperanza, que es más que la virtud común de la esperanza. Es ese impulso que habita en nosotros, que nos mueve siempre, que proyecta sueños y utopías, y sabe sacar de los fracasos motivos de resistencia y lucha.

De san Agustín, tal vez el mayor genio cristiano, gran formulador de frases, nos viene esta sentencia: “la esperanza tiene dos hijas queridas: la indignación y la valentía; la indignación nos enseña a rechazar las cosas así como están y la valentía, a cambiarlas”.

En este momento debemos evocar en primer lugar a la hija-indignación frente a lo que el gobierno Temer está perpetrando criminalmente contra el pueblo, contra los indígenas, contra la población del campo, contra las mujeres, contra los trabajadores y contra las personas mayores, quitándoles derechos y rebajando a millones de personas, que de la pobreza están pasando a la miseria. No se escapa ni la soberanía nacional, pues el gobierno Temer está permitiendo vender tierras nacionales a extranjeros.

Si el gobierno ofende al pueblo, este tiene derecho a evocar a la hija-indignación y no darle paz, sino exigir en las calles y plazas su salida, ya que está acusado de delitos de corrupción y es fruto de un golpe, y por eso carece de legitimidad.

La hija-valentía se muestra en el deseo de cambio, no obstante los enfrentamientos que pueden ser peligrosos. Ella nos mantiene animados, nos sostiene en la lucha y puede llevarnos a la victoria. Es importante seguir el consejo del Quijote: no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas.

Un dato que debemos tener en cuenta siempre es que la realidad no es solo lo que está ahí, como un hecho al alcance de nuestra mano. Lo real es más que lo factual. Lo real esconde dentro de sí virtualidades y posibilidades ocultas que pueden ser sacadas afuera y volverse hechos nuevos.

Una de estas posibilidades es evocar el artículo primero de la constitución que reza: “todo poder emana del pueblo”. Los gobernantes y los políticos solo son delegados del pueblo. Cuando le traicionan, ya no representan los intereses generales sino los de las empresas que financian sus elecciones. El pueblo tiene derecho de sacarlos del poder mediante elecciones directas ya.

“Fuera Temer y directas ya” no es un slogan de grupos sino de grandes multitudes. La hija-valentía debe exigir, por derecho, esta opción, la única que garantizará autoridad y credibilidad a un gobierno capaz de sacarnos de la presente crisis.

Las dos hijas de la esperanza podrían hacer suya esta frase de A. Camus: «En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible».

*Leonardo Boff es articulista del JB online, profesor y escritor.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

François Houtart e Miguel d’Escoto: servos dos oprimidos: Frei Betto

Associo-me ao Frei Betto na homenagem de dois grandes amigos comuns que tínhamos e que concluiram, na semana passada, a sua peregrinação por este mundo: o teólogo e sociólogo belga vivendo no Equador, François Hourtart e o ex-chanceler da Nicaragua e ex-presidente da ONU 2008-2009, o padre Miguel d’Escoto. Foram os servos dos oprimidos duante toda a vida. Dele aprendemos a política unida à espiritualidade e a reconhecer a diplomacia como caminho para a paz entre os povos. Sentiremos sua falta, pois estavam sempre presentes em nossos encontros intervindo com judiciosas intervenções. Foram nossos mestres e doutores e sempre permanecerão em nossa memória e em nosso coração:Lboff

*****************************

François Houtart transvivenciou no último 6 de junho, no Equador. Tinha 92 anos, e o entusiasmo revolucionário de um jovem de 20. Nosso último encontro foi em março deste ano de 2017, quando fiz uma série de palestras em Quito a convite do presidente Rafael Correa. François me acompanhou todo o tempo. Fomos juntos a Pucahuaico, onde se encontra enterrado o corpo de monsenhor Leônidas Proaño, bispo indígena identificado com a Teologia da Libertação. A capela, aos pés do vulcão Imbabura, estava repleta de índios e gente do povo. Houtart presidiu a celebração eucarística.

No dia seguinte, Rafael Correa nos ofereceu um almoço. Havia sido aluno de François em Lovania, Bélgica, onde durante anos Houtart formou, em Sociologia e Ciências da Religião, alunos oriundos da periferia do mundo, entre os quais o colombiano Camilo Torres e o brasileiro Pedro Ribeiro de Oliveira, que nos relata:

“Em 1975, voltei à Bélgica para iniciar o doutorado. A primeira reunião de trabalho com Houtart, meu orientador, desmontou tudo que eu tinha preparado para a tese sobre catolicismo popular. Disse que ela era insuficiente, porque não trazia uma explicação sociológica. Para aumentar meu espanto, acrescentou: ‘Como você não deve ignorar, só a teoria marxista é realmente explicativa. As outras são apenas descritivas.’ Saí dali atordoado, sem entender como um padre, que havia sido perito no Concílio, tendo colaborado até na redação da Gaudium et Spes, havia se tornado marxista sem deixar a Igreja. Aos poucos fui entendendo: ele fazia oposição ativa à guerra dos EUA contra o Vietnam, e foi assim que descobriu, na teoria da luta de classes, um instrumento teórico capaz de elucidar o que estava em jogo naquela guerra, nos movimentos anticolonialistas da África e da Ásia, e nas ditaduras latino-americanas. O melhor é que me convenceu de uma vez por todas. Na última vez em que participamos juntos de um congresso de Sociologia da Religião, éramos os únicos sociólogos a usar o instrumental marxista para explicar fatos religiosos. Brinquei com ele, pedindo que demorasse bastante a morrer, para eu não ficar sozinho usando Marx para entender a religião…”

François era alto, tinha os olhos muito claros e sorria com facilidade, mesmo ao manifestar, no Fórum Social Mundial de Porto Alegre, em 2005, pertinentes críticas ao governo brasileiro na presença do presidente Lula. De fala pausada, seu raciocínio científico era didático, pois abandonara a Europa para viver na América Latina e se dedicar aos movimentos sociais de países de nosso continente, da África e da Ásia. Em 2016, assessorou o congresso nacional do MST, em Brasília.

Convivemos em várias ocasiões ao participar de eventos no Brasil, em Cuba, na Nicarágua e na Bolívia. Eu sempre me perguntava como um homem acima dos 80 anos encontrava tanto ânimo para viajar mundo afora, muitas vezes carregando uma pesada mala com livros de sua autoria, sem jamais se queixar de se hospedar em uma tenda indígena no alto dos Andes, em um assentamento do MST no Brasil ou em uma cabana de plantadores de arroz no Vietnam.

Em seus anos de estudo em Roma, François teve como colega um jovem chamado Karol Wojtyla. Contou-me que o seminarista polonês tinha obsessão por aprender idiomas. Aproveitava as férias para se deslocar para as regiões da Europa nas quais lhe fosse ensinada uma nova língua. Certa ocasião, acompanhou Houtart até a Bélgica, interessado em aprimorar seu francês e conhecer o flamengo.

Uma noite, Wojtyla retornou à casa sob forte chuva. Seus sapatos poloneses haviam sido arruinados pela água. François encontrou um seminarista belga que, por calçar o mesmo número do polonês, pode lhe ceder um novo par. Décadas depois, já sacerdote, o doador dos sapatos quis ser recebido pelo papa João Paulo II. A burocracia alegou falta de agenda. Ao encaminhar uma nota ao pontífice, recordando os sapatos, as portas do Vaticano se abriram.

Em 2016, Houtart me convidou ao Equador para um seminário sobre a encíclica socioambiental Louvado Sejas, do papa Francisco. Do trabalho conjunto naqueles dias resultou a publicação, assinada por nós dois, Laudato Si – Cambio Climático y Sistema Económico (Quito, Centro de Publicaciones, Pontifícia Universidad Católica del Ecuador, 2016).

Na viagem que, em março último, fizemos à região andina do Equador, François me narrou sua participação, aos 15 anos, na resistência contra a ocupação nazista na Bélgica. Ele e um amigo decidiram fabricar uma bomba caseira para descarrilar um trem de soldados de Hitler. Não tiveram êxito e o atentado lhe valeu um puxão de orelhas da mãe. Contou-me ainda que tinha mais de dez irmãos. Há uma década, com todos vivos, se reuniram para comemorar os 1.000 anos da soma de suas idades.

Na visita de João Paulo II a Cuba, em janeiro de 1998, Fidel convidou Houtart para assessorá-lo, em companhia de Pedro Ribeiro de Oliveira, do teólogo italiano Giulio Girardi e de mim. Foram dias de intenso trabalho comunitário.

Formação operária
Em 2016, François me remeteu um interessante relato sobre a sua formação, que aqui transcrevo em espanhol:
“Durante mis años de seminário en Malines (Bélgica), participaba en numerosas reuniones de la JOC (Juventud Obrera Católica) en Valonia y en Bruselas, durante las vacaciones. Ahí fue donde descubrí la situación de la clase obrera de esa época (1944-1949). Justo después de la postguerra, el esfuerzo de reconstrucción de Europa estuvo acompañado por una sobre explotación del trabajo, y las condiciones sociales de los jóvenes eran particularmente escandalosas.”

“Los congresos de la JOC regionales y nacionales permitían informarse sobre el marco más general de la situación económica y social. Además, pude visitar diferentes fábricas y minas de carbón. La JOC belga me puso en contacto con el movimiento en Francia, en los Países Bajos, en Inglaterra, en Alemania, en España, y poco a poco la dimensión internacional se convirtió también en una parte importante de mi introducción en el mundo del trabajo.”

“En numerosas ocasiones, me entrevisté con Monseñor Cardijn (fundador de la JOC) y estuve muy impresionado por su combatividad, su insistencia sobre la incompatibilidad entre la injusticia social y la fe Cristiana, y sobre su conocimiento de la vida de los jóvenes trabajadores. Descubrí también el método pedagógico, el no partir de arriba imponiendo un saber, sino de abajo, descubriendo la realidad: ver, juzgar, actuar.”

“Esta experiencia me incitó a pedir, después de mi ordenación sacerdotal, iniciar estudios de Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad Católica de Lovaina. Me pasé 3 años ahí, quedándome en permanente contacto con la JOC, siguiendo ciertas secciones, viajando por Europa para encuentros con el movimiento. Mi tesis de licenciatura estuvo dedicada al estudio de las estructuras pastorales de Bruselas, habiendo descubierto, por una parte, su ausencia en los medios obreros, y por otra la identificación de la cultura religiosa cristiana con la cultura burguesa, creando un divorcio con la clase obrera y, particularmente, los jóvenes.”

“Durante el último año de mis estudios en Lovaina, fui el capellán del Hogar de los Jóvenes Trabajadores en Bruselas, un servicio de la JOC para los jóvenes que habían estado confrontados a la Justicia de la Juventud.”

“En el plan europeo, es en Francia donde tuve más contactos, particularmente en la región parisina: St Denis y otros suburbios. Me hice amigo de algunos sacerdotes obreros, e incluso me quedaba a vivir en sus casas.”

“Después de conseguir una beca por estudios para la Universidad de Chicago (1952-1953), con el fin de continuar la Sociología Urbana y la Sociología de la Religión, residí en una parroquia donde trabajaba al capellán de la JOC de la ciudad. Fue también la ocasión de bastantes encuentros con la JOC de los Estados Unidos. Durante las vacaciones de Pascua de 1953, fui a La Habana para asistir a un Congreso de la JOC de América Central y del Caribe, donde estuvo presente Cardijn. Pude tener reuniones con secciones locales y entrevistarme con el capellán nacional de Cuba. Esto me metió en la problemática latinoamericana, que deseaba conocer desde hacía tiempo. Después del congreso acompañé al capellán de la JOC de Haití a Puerto Príncipe, y me pasé una semana en el país en visitas y reuniones con el movimiento haitiano.”

“Luego di clases durante un semestre en la Universidad de Montreal, y también participé en actividades del movimiento. De ahí me trasladé de nuevo a América Latina y durante 6 meses recorrí casi todos los países, desde México hasta Argentina, siempre con la JOC, gracias a los contactos conseguidos durante los congresos internacionales. Fue una gran escuela el descubrir el continente desde abajo. Una vez más, descubrí los abismos entre los ricos y los pobres y la explotación increíble de los jóvenes urbanos y rurales. Fui golpeado por el papel de los sacerdotes apegados al movimiento en la renovación de una Iglesia tan alejada del pueblo y tan próxima a las élites y oligarquías sociales. Eran activos en todos los campos: social, litúrgico, pastoral, bíblico. Una gran parte de estos sacerdotes pertenecían a las órdenes religiosas y bastante de ellos habían estudiado en Europa.”

“Este contacto con América Latina fue el que me hizo iniciar, en 1958, un estudio socio-religioso sobre el conjunto del continente, con equipos en cada país, varias veces con miembros de la JOC. Se terminó en 1962 y fue publicado en unos cuarenta volúmenes, lo que llevó al Consejo Episcopal Latinoamericano pedirme una síntesis en tres lenguas para distribuir en la entrada del Concilio Vaticano II al conjunto de los obispos y a acompañarle como peritus durante los 4 años del trabajo conciliar.”

“El cardenal Cardijn me había pedido entre tanto si aceptaría ser el capellán internacional del movimiento, lo que evidentemente me interesaba mucho, pero mi obispo, el cardenal Van Roey no aprobó esta idea.”

“Después, habiendo trabajado en Asia, durante las vacaciones de la Universidad de Lovaina, donde impartía Sociología de la Religión, me puse en contacto también con la JOC en Sri Lanka, en la India, en Vietnam, en Corea del Sur, en Filipinas. Con mi colega, Geneviève Lemercinier, nos hicimos cargo de un seminario de formación para el análisis social para los militantes de la JOC de Hong Kong. En África del Sur, en pleno apartheid, participé durante 3 días en una reunión nacional con jóvenes trabajadores blancos, negros y mestizos, lo cual en principio estaba prohibido, en un convento de los Padres Oblatos, en Bloemfontein.”

“En cualquier parte, de América Latina, Ásia y África, me he reunido en los años siguientes con antiguos miembros de la JOC, tanto en los sindicatos, como en las ONG de desarrollo, o en el seno de partidos políticos progresistas y también revolucionários, como en Nicarágua o en Bolívia.”

“Las enseñanzas que sacado de la JOC han sido numerosas y fundamentales. En primer lugar, fue el conocimiento del mundo obrero, de sus luchas, de sus organizaciones. Después, fue el método: ver, juzgar, actuar, que da un marco de reflexión muy eficaz para el análisis de las realidades y para la puesta en marcha de una acción que les sea adaptada. Si estudié Sociología y si continué constantemente el trabajo de investigación, era para afinar el “ver” en sociedades muy diferentes y complejas. Esto también me permitió descubrir que se podía leer la sociedad desde arriba, pero también desde abajo, y que la opción del Evangelio era leer el mundo con los ojos de los pobres y de los oprimidos. No existe una ciencia neutra, sobre todo en el marco de las ciencias humanas.”

“La pedagogía de la JOC y su adaptación a un medio específico de jóvenes trabajadores, a menudo a duras penas alfabetizados, me ha enseñado a utilizar un lenguaje sencillo, a estructurar correctamente el raciocinio para que sea comprendido, en una palabra a bajarse del pedestal académico y también de aprender de los que tienen un saber práctico a menudo despreciado por el saber llamado “sabio”.”

“Por fin, es también la JOC que me ha llevado a profundizar la dimensión social del Evangelio, y a comprender que lo que pide el Señor es el amor eficaz. No se trata únicamente de una actitud personal, sino que este amor implica la construcción de una sociedad justa y de seguir el ejemplo de Jesús en su sociedad, donde anunció los valores del Reino de Dios, el amor al prójimo, la justicia, la igualdad, la misericordia, la paz, y combatió todos los poderes opresores, económicos, sociales, políticos e incluso religiosos. No en vano murió (ejecutado) sobre la cruz.” (Quito, 01.03.16)

A transvivenciação
Nidia Arrobo Rodas, que trabalhava com François na Fundação Povo Indígena do Equador, relata os últimos momentos dele:
“Nuestro querido François se fue como vivió, con una serenidad total, entero, lúcido, diáfano, de pie…. En la víspera, luego de un Acto de Denúncia en el IAEN (Instituto de Altos Estudios Nacionales) sobre el genocídio Tamil, cenamos como de costumbre la “sopita” que tanto le gustaba y para él era imprescindible al caer la tarde tomarla en comunión en nuestra mini residencia y, como de costumbre, se fue a dormir… Claro que en su habitación siguió trabajando… No sabemos hasta que hora… Porque hasta las once de la noche aún recibimos sus emails.”

“Al amanecer, intuimos que se ha levantado para ir a la ducha y las fuerzas le faltaron… Se ha puesto la salida de cama, se ha sentado en su sillón relax muy próximo a su cama, y con su mano en el corazón se quedó durmiendo el sueño más profundo de su vida, muy plácidamente, sin hacer ningún ruido, muy calladito.. Un infarto masivo… A las siete y media de la mañana… se despertó en Dios.”

“Precisamente en el mes de abril fuimos al cardiólogo, a instancias mias, porque sentía que se agitaba mucho y como que le faltaba el occígeno… El cardiólogo le pidió hacerse una cirugía de la arteria del corazón, pues se había estrechado, y el marca pasos ya no respondía como hace cuatro años que se lo puso. Le dije: François, la cirugía es inminente… El optó por hacercela en Bélgica por sugerencia del mismo cardiólogo… Pero por más que le insistia, no tomó la decisión de viajar enseguida: ‘Tengo muchos compromisos, tengo que terminar la cátedra Houtart en el mes de junio y me voy’ me dijo. De nuevo le dije que era mucho tiempo de espera… Pero él era dueño absoluto de su voluntad y de sus decisiones… Optó por terminar aquí todo lo previsto y viajar en junio a Bélgica para su cirugía, que deportivamente decía, es algo muy pequeño.”
“Con esto, tenía pasajes comprados y maletas listas, para viajar ayer (9 de junio), pero primero a Bogotá, luego una semana en Cuba, luego una semana en Brasil y llegar a finales de junio a su Bélgica…”

“Yo sabía que él libremente optó por vivir con nosotros, se sentía feliz, vivió feliz… y pienso que en el fondo de su corazón quizó terminar aquí mismo sus días.”

“La última celebración tuvo lugar – a pedido mio – en el IAEN, el propio miércoles, exactamente a las cinco de la tarde, día y hora en la que tenía terminar el programa de su cátedra este año.”

“Estamos desolados… Fuimos felices con su presencia jovial, llena de amistad, finura de espíritu, delicadezas y de detalles increíbles; pero al mismo tiempo sé que él fue feliz en medio de nosotros… Siempre nos lo decía y esto me llena de gozo y gratitud.”

“Sin embargo a él lo sentimos entre nosotros, el está vivo y sigue y seguirá vivo y resucitado en las luchas de liberación de todos los empobrecidos de todo el mundo, y en los dolores de parto con los que gimen los PUEBLOS INDIGENAS y nuestra Pachamama.”

“Como consta en su testamento, lo cremamos… y lo más pronto sus cenizas reposarán junto a las de su madre en su Bélgica natal.”

Miguel D’Escoto
Dois dias depois de Houtart nos deixar, perdi outro amigo, também sacerdote e revolucionário como ele, o padre Miguel D’Escoto, falecido aos 84 anos. Ministro das Relações Exteriores da Nicarágura sandinista entre 1979 a 1990, presidiu a Assembleia Geral da ONU em 2008 e 2009.
Filho de diplomata, D’Escoto nasceu em Los Angeles, em 1933. Fez-se sacerdote pela congregação de Maryknoll e foi um dos fundadores da editora novaiorquina Orbis Books, que em 1977 publicou nos EUA meu livro Cartas da prisão com o título Against principalities and powers.

Foi D’Escoto que recebeu Lula e a mim em Manágua, por ocasião do primeiro aniversário da Revolução Sandinista, em julho de 1979. Levou-nos à casa de Sérgio Ramirez, então vice-presidente do país, na noite de 19 de julho, quando então conhecemos e conversamos longamente com Fidel Castro.

Em janeiro de 1980, ele veio a São Paulo, em companhia de Daniel Ortega, presidente da Nicarágua, participar do primeiro congresso mundial da Teologia da Libertação. Foi um dos oradores da Noite Sandinista, no TUCA, teatro da Universidade Católica de São Paulo.

No domingo, 29 de novembro de 1981, em Manágua, reencontrei-o em sua casa, que pertencera ao executivo que presidira o Banco Central da Nicarágua à época da ditadura Somoza. Ali se encontravam Daniel Ortega; o secretário-geral da Frente Sandinista de Libertação Nacional, René Nuñez; os padres Gustavo Gutiérrez, Pablo Richard, Fernando Cardenal, Uriel Molina, e o ministro do Bem-Estar Social, padre Edgard Parrales.

D’Escoto acabava de retornar do México e descrevia em detalhes as recentes conversas sobre a América Central entre o presidente López Portillo e o general Alexander Haig, secretário de Estado dos EUA. Na atenção dos convivas, uma indisfarçável satisfação pela eficiência da espionagem sandinista dentro do governo mexicano.

Falamos da conjuntura da Igreja, da campanha internacional contra a Revolução e sobre a Juventude Sandinista, agora aos cuidados de Fernando Cardenal. Preocupava-me o caráter mecanicista do marxismo divulgado entre os jovens sandinistas, mera apologética de antigos manuais russos. Insisti na importância de os sacerdotes no poder – D’Escoto, Parrales e os irmãos Cardenal – explicitarem publicamente sua vida de fé. Temia que projetassem uma imagem mais política que cristã.

No sábado, 16 de novembro de 1984, em Manágua, retornei à casa de D’Escoto. Perguntei-lhe por que não fora à reunião da OEA em Brasília. “Para não valorizar a OEA” – respondeu -, “que continua servindo de instrumento nas mãos dos Estados Unidos, contra a soberania dos povos da América Central.”

Celebramos a eucaristia sob o alpendre de vime do quintal. Lemos e meditamos o evangelho de Mateus 4, 25 ss. D’Escoto desabafou: “Estou com o corpo e a mente cansados, pois já não acompanham o ritmo acelerado que as circunstâncias me impõem. Sonho em desfrutar da solidão, em ter tempo para mim e não ter que ficar sempre atento ao telefone. No entanto, sei que, por enquanto, isso é apenas um sonho. De minha intimidade com Jesus arranco as forças que me sustentam.”

Ao fim da celebração, me disse: “Quero duas coisas de você: leio com muito gosto o último livro de Dom Pedro Casaldáliga. Soube que, em breve, ele irá à Espanha. Peça-lhe que, antes, passe por Nicarágua. E insista com Dom Paulo Evaristo Arns para que venha à posse de Daniel, dia 10 de janeiro próximo.

“Por que você não liga agora para Dom Paulo?” – sugeri.

Tentamos, mas o cardeal de São Paulo não se encontrava em casa.

Onze dias depois dei pessoalmente o recado a Dom Paulo Evaristo Arns. No ano seguinte, Dom Pedro Casaldáliga visitou a Nicarágua.

Em março de 1986, reencontrei-o em Havana, em companhia de Rosario Murillo, atual vice-presidente da Nicarágua e esposa de Daniel Ortega, e de Manuel Piñeiro, chefe do Departamento de América do Comitê Central do Partido Comunista de Cuba. Falamos longamente sobre a situação da Nicarágua e do apoio explícito que os bispos Obando e Vega davam à política agressiva de Reagan. D’Escoto era de opinião que os padres, religiosos e leigos deviam enfrentar corajosamente o arcebispo de Manágua, partindo, se necessário, para a desobediência eclesiástica. Isso lhe valeu, posteriormente, a suspensão, por parte do papa João Paulo II, do exercício de seu sacerdócio, medida revogada pelo papa Francisco.
Em janeiro de 1989, em Havana, nos vimos na comemoração dos 30 anos da Revolução Cubana. Ele se entreteve em longa conversa com Leonardo Boff sobre a teologia da Trindade. “É a base da minha espiritualidade”, ouvi-o dizer. E lamentou a situação de seu país: “O mais duro para o povo da Nicarágua não é a agressão americana, mas a falta de apoio da Igreja.”
Tivemos outros encontros posteriores, como na época em que presidia a Assembleia Geral da ONU, o que o levou a descrer inteiramente da eficácia dessa importante instituição, manipulada pelos interesses da Casa Branca.

Acréscimo meu: junto com vários chefes de Estado do mundo inteiro e de grandes nomes da ciência política e econômica desenhou outra constituição da ONU, cuja sede deveria ser na África, na Nigéria. Os estudos sobre as instituições, sobre os vários departamentos,sobre o sistema financeiro andavam bem adiantados. Ele e eu fomos encarregados de redigir o núcleo teórico da nova ONU. O título que demos foi: Declaração universal sobre o Bem Comum da Terra e da Humanidade. O texto circulou pelo mundo afora e se encontra na internet. O próprio Papa Francisco utilizou este texto para a sua encíclica sobre o Cuidado da Casa Comum. Foi graças às gestões de Miguel d’Escoto enquanto presidente da ONU da 63º sessão em 22 de fevereiro de 2009 que passou a proposta de transformar o dia 22 de abril, dia da Terra, como sendo o Dia da Mãe Terra. Discursou o presidente da Bolívia Evo Morales Ayma e quem escreve estas linhas. Nossa argumentação foi tão convincente que a Assambléia aprovou por unanimidade a proposta. Outras vezes ajudei-o a redigir seus discursos que sempre iniciavam:”Meus irmãos e minhas irmãs”. Um jornal de Nava York observou que esta saudação soava ridícula. Mas d’Escoto respondeu, reafirmando a fraternidade universal e por isso era importante saudar a todos com a doce fórmula “meus irmãos e minhas irmãs”. Visitei-o algumas vezes na Nicaragua, já bastante adoentado e entretivemos longas conversações espirituais, pois era alguém profundamente religioso. O que mais venerava era o Espírito Santo e a Virgem Maria. Ele mesmo editou meu livro sobre o Espírito Santo, todo ilustrado com imagens da arte indígena nicaragüense. Agora junto a Deus continuará a lutar pela confraternização de todos os povos, numa Nações Unidas não mais dominada pelos “donos”do poder mundial, mas pela comunhão entre todos os povos, culturas e religiões (Leonardo Boff).

Com o desaparecimento de François Houtart e Miguel D’Escoto perdem a América Latina, a causa dos pobres e a Teologia da Libertação. Deixam-nos um legado de como viver a fé cristã em um mundo dividido entre poucos biliardários e multidões de miseráveis, e do que significa ser discípulo de Jesus nesse conturbado início do século XXI.

Frei Betto é escritor, autor de “Paraíso perdido – viagens ao mundo socialista” (Rocco), entre outros livros.
http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

El porqué de las elecciones directas ya

Todos reconocen que estamos sumergidos en una profunda crisis, de las más graves de nuestra historia, porque abarca todos los ámbitos de la vida social y de la particular. El hecho de la crisis significa que perdemos las estrellas-guía y nos encontramos en un vuelo ciego sin saber hacia donde vamos. Nadie hoy puede decir lo que será Brasil en los próximos meses. Por eso no es verdad afirmar que las instituciones están funcionando. Si funcionasen no habría crisis. Funcionan para algunos y para otros son completamente disfuncionales, especialmente para la gran mayoría del pueblo, víctima de reformas sociales que van contra sus anhelos más profundos y, lo que es peor, que implican la retirada de derechos y de conquistas históricas, tal como están previstas en las reformas laboral y de la seguridad social.

El hecho está agravado por la ilegitimidad del Presidente, cuya legalidad es discutida y, para muchos, consecuencia de un golpe parlamentario detrás del cual se ocultan, como en otras ocasiones, las oligarquías económicas y los ricos rentistas que controlan gran parte de la economía nacional y que ven amenazada su acumulación perversa.

Nadie puede negar que estamos sumergidos en un caos político que se revela por la supresión de los límites de los tres poderes de la república, cada uno invadiendo la esfera de los otros. Los procuradores, los jueces y las fuerzas policiales que llevan a cabo la operación Lava Jato pasan por encima de preceptos constitucionales, algunos sagrados en todas las tradiciones jurídicas desde el tiempo del Código de Hammurabi (1772 a.C), como es la presunción de inocencia. Las investigaciones de Lava Jato y las delaciones premiadas sacaron a la luz del día lo que se había ido gestando desde hace decenas de años: la red de corrupción que se apoderó del Estado, de las grandes corporaciones y de los parlamentarios, en su mayoría elegidos por las grandes empresas, representando más los intereses de ellas y menos los del pueblo.

Hemos llegado a un punto crítico en el que tenemos al frente del poder ejecutivo a un Presidente acusado de corrupción, rodeado de ministros en gran parte denunciados y corruptos. Tanto el parlamento como el presidente han perdido totalmente la credibilidad, lo que se revela por los bajísimos índices de aprobación popular.

El presidente no muestra ninguna grandeza, víctima de su propia mediocridad y de su vanidad ilimitada. Se aferra al poder sabiendo la desgracia que eso representa para el pueblo y la completa desmoralización de la actividad política. En caso de que renuncie o pierda el cargo en el proceso del TSE, se invoca el artículo 81 de la Constitución –que no es cláusula pétrea como quieren algunos– que prevé la elección indirecta del presidente por el Congreso.

De las calles y de todos los estratos viene el grito: ¿qué legitimidad tiene un congreso cuando gran parte de él está formada por personas denunciadas por delitos de corrupción? Día a día crece la petición de elecciones directas ya, no sólo de Presidente sino también de todos los parlamentarios. Por lo tanto, elecciones directas generales, ya.

Cuando existe un caos político y sin líderes con capacidad de mostrar una dirección, la solución más sensata es volver al primer artículo de la constitución que reza “todo poder emana del pueblo”. El es el sujeto legítimo del poder político, el poseedor de la verdadera soberanía. Todos los elegidos son representantes legitimados por este poder. Como dice el conocido jurista Nicola Matteucci de la Universidad de Bolonia: “La soberanía es un poder constituyente, el verdadero poder último, supremo, originario… que se manifiesta solamente cuando está rota la unidad y la cohesión social” (Dicionário de Política, Brasília 1986, p.1185).

Pues bien, estamos ante la quiebra de la unidad y de la cohesión social. Ya no hay nada que nos una, ni en los partidos ni en la sociedad. Todo puede ocurrir, como una explosión social violenta, sin excluir una intervención militar, ya ensayada en las manifestaciones populares de Brasilia el día 25 de mayo.

Cuando ocurre tal caos social es la soberanía popular la que debe ser invocada y hacerse valer. Esta es previa a la constitución que prevé elecciones solamente en 2018. Aquí está la base para convocar elecciones directas ya. Nuestra constitución está cubierta de parches, tantas fueran las enmiendas que equivalen a la mitad de su texto. Se está preparando una nueva enmienda constitucional que prevé la anticipación de las elecciones generales para este año. Estas no podrían ser solamente de presidente, sino de todos los representantes políticos.

¿Qué autoridad tendría un presidente, elegido indirectamente, o incluso directamente, manteniendo el actual Parlamento, infectado de mala voluntad y desmoralizado por las acusaciones de corrupción? Junto a esta elección directa, vendría una reforma política mínima que introdujese la cláusula de barrera partidista y regulase las coaliciones para evitar un presidencialismo de coalición, que favoreció la lógica de los amaños y de la corrupción y por eso no es recomendable. Ese camino sería el más viable y tenemos que apoyarlo.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y articulista del JB online y escritor

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

La centralidad de los humildes de la Tierra a propósito del discurso de Lula

Esta reflexión está motivada por el discurso del expresidente Lula al cerrar la apertura del 6º Encuentro Nacional del Partido de los Trabajadores el día 1º de junio de 2017 en Brasilia. Lo hago como observador interesado en el proyecto social que el PT realizó en parte en sus años de gobierno. No estoy afiliado al partido, pues estimo que partido es siempre parte y la tarea del pensador intelectual es intentar pensar el Todo y ocuparse menos de las partes que siempre son muchas y no raramente contradictorias.

Tres puntos me llamaron particularmente la atención.

El primero de ellos es el carácter de clase del partido. Está en su nombre: Partido de los Trabajadores. Es decir, se propone representar a las grandes mayorías del país compuestas por la clase de los trabajadores del campo y de la ciudad, aquellos que dentro del sistema del capital viven de salarios (venta de su fuerza de trabajo manual o intelectual). Esto no significa que esté cerrado solamente a estas grandes mayorías. Está abierto a todos los que asumen la democracia y las principales demandas de los trabajadores que son tener trabajo, ganar un salario decente, trabajar en condiciones adecuadas, luchar por la justicia social para disminuir el foso perverso de las desigualdades sociales y poder organizarse en sindicatos para defender mejor sus derechos y tener más fuerza en las negociaciones con los dueños del capital.

Lula resaltó el carácter nacional del PT. En su gran mayoría, los partidos en Brasil tienen su base en los estados de la federación y representan a las fuerzas hegemónicas locales. Piensan más lo regional y menos lo nacional. El PT nació pensando lo nacional, es decir, Brasil como proyecto de nación soberana, autónoma que rompió con el sustrato esclavócrata, colonial, neocolonial y dependiente de las grandes potencias que hegemonizan el curso del mundo. El PT desarrolló la conciencia de que tenemos una base ecológica, geopolítica, económica, poblacional y cultural que nos permite elaborar un proyecto propio de nación soberana. Este, junto con las demás naciones, ayuda a definir los rumbos inciertos de la humanidad, ahora en una fase nueva de su historia. Es la fase de la planetización, fase en cierta forma dramática a causa del calentamiento global y del grito de la Tierra superexplotada por nuestro modo de producción depredador y de consumo perdulario de bienes y servicios naturales. El futuro de nuestra especie y de nuestra civilización está en juego.

Lula destacó que el PT es el primer partido de carácter nacional que se propone pensar el país como un todo y en el interés de todos, a partir de los intereses de las grandes mayorías históricamente descuidadas. Hay que reconocer, como lo mostraran nuestros historiadores, en particular José Honório Rodrigues y Raymundo Faoro, que los partidos dominantes pensaron un Brasil menor, buscando primeramente sus intereses y no el interés común de todo el pueblo brasilero. Nunca hubo un proyecto que incluyese a los millones de excluidos, margindos y considerados por la clase dominante, heredera de la mentalidad de la Casa Grande, como don nadies, a los que «les negó derechos, arrasó su vida y, cuando los vio crecer, les negó poco a poco su aprobación, conspirando para ponerlos de nuevo en la periferia, lugar que sigue creyendo que les pertenece» (Rodrigues, Conciliação e Reforma no Brasil, 1965, p. 14-15). ¿No se está repitiendo esta tragedia con las medidas del “gobierno” que tenemos, de manera aún más radical, desmontando, una por una, las conquistas de años de trabajo político y social?

El segundo punto es de gran relevancia ética y política. Se trata del núcleo central del proyecto político del PT: dar centralidad a los humildes de la Tierra. Al hablar del proyecto que debe ser nuevamente pensado, incrementado y consolidado en el Congreso, no empezó con la idea arrogante de Brasil gran potencia industrial y campeona en exportación de materias primas. Empezó con los humildes de la Tierra: con los indígenas, a quienes debemos proteger y devolver sus tierras invadidas por el agronegocio; empezó con los quilombolas, a quienes debemos reconocimiento por su lucha de supervivencia, por sus tierras y villas; empezó por los negros, a millones convertidos en “piezas”, carbón para quemar en las fábricas de producción; volverse hacia África no es solo para pagar una deuda histórica impagable, sino practicar la solidaridad para que ella pueda mejorar las condiciones de vida de sus poblaciones mediante lo que nuestras instituciones científicas ligadas a la agricultura produjeron con gran calidad; empezó por las mujeres discriminadas todavía por el patriarcalismo, a pesar de toda la contribución que han dado al desarrollo del país; empezó por los Sin Tierra y Sin Techo que buscan tierra para trabajar, producir y vivir en una democracia llevada al campo y a las periferias; empezó con los rescatadores de material reciclable, a los que siempre apoyó (y se conmovió al recordarlos), liberando algunos millones de reales para que mejorasen sus condiciones de trabajo; empezó con los LGBT que trabajan, votan, pagan impuestos y muchos son asesinados; empezó con los trabajadores en general, obligados a aceptar salarios bajos para permitir una mayor acumulación a las oligarquías que controlan gran parte de nuestra economía; en fin, empezó diciendo que debemos incluir a los empresarios, pequeños, medianos y grandes que crean empleos y producen, y que deben sentir su responsabilidad en la construcción de una nación más justa e igualitaria. Todos debemos convergir en este sueño colectivo.

¿Cuál es el significado de este tipo de discurso? Dar primacía a la persona humana. Esa opción revela la innegable dimensión ética de la política, pues ya para Aristóteles ética y política eran sinónimos. Gobernar no es administrar la economía, controlada por el mercado, sino cuidar del pueblo, de la calidad de su vida y de su alta dignidad. Gandhi decía que la política es un gesto amoroso para con el pueblo, el cuidado de la cosa común. Esto es lo que fue propuesto como el núcleo esencial del proyecto político a ser concretado por el PT y sus aliados.

Pero esto difícilmente se consigue, recalcó el expresidente – y este es el tercer punto – si no hay educación general. Dedicó los mayores elogios a la importancia decisiva de la educación para gestar un país soberano y moderno. De ahí las muchas iniciativas que inauguraron los gobiernos del PT para permitir que los pobres, negros y marginados hiciesen cursos de profesionalización y pudiesen ingresar en las universidades.

Finalmente, invitó a todos a ser creativos. No se trata de repetir lo que ya se ha hecho, sino de reinventar nuevas formas de hacer política social con participación popular, aprovechando las buenas experiencias realizadas, y proyectar otras nuevas que busquen más inclusión, más ciudadanía y más dignificación de la vida humana.

Por último, apeló a la importancia política de la esperanza. Quien alimenta esperanza no acepta indignado las iniquidades sociales, se dispone a luchar para proyectar un horizonte nuevo; la esperanza desencadena energías escondidas que pueden crear un nuevo paisaje y dar la victoria. La esperanza es el motor de la historia y de los cambios.

Si el PT llega nuevamente al gobierno central, mediante el voto popular por voluntad de la mayoría de la población es para encontrar una salida a la crisis, ya que las clases dominantes que se apoderaron del poder, están perdidas en su voracidad de acumulación en contra de la gran mayoría de los ciudadanos y, atónitas, no saben encontrar una superación promisoria de la crisis en la que todos estamos metidos. Las víctimas principales son los históricamente sufridores a los cuales no nos está permitido imponer cargas todavía más pesadas de las que ya cargaron. Sería demasiada inhumanidad. Pero eso es lo que estamos verificando con las medidas desastrosas de la actual administración.

Un PT renovado y purificado de sus errores, defectos y limitaciones, puede proponerse a la sociedad como un partido que puede despejarnos el horizonte y ofrecerse como un camino político de desarrollo sostenible por ser más participativo donde, al decir de Paulo Freire, no sea tan difícil el amor.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo, escritor y articulista del JB online y escribió La casa común, la espiritualidad y el amor, Paulinas 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano