El post-coronavírus: qué cosmologia y qué virtudes assumir?(IV)

Este modo de vida sostenible propuesto por la Carta de la Tierra se traduce en prácticas virtuosas que hacen real este proposito. Son muchas las virtudes para otro mundo posible. Seré breve, ya que publiqué tres volúmenes con este mismo título “Virtudes para otro mundo posible” (Sal Terrae 2005-2006). Enumero 10 sin detallar su contenido, lo que nos llevaría lejos.

           Virtudes de otro mundo posible y necesario

La primera es el cuidado esencial. Lo llamo esencial porque, según una tradición filosófica que proviene de los romanos, cruzó los siglos y adquirió su mejor forma con varios autores, especialmente en el núcleo central de Ser y Tiempo de Heidegger. En él se considera el cuidado como la esencia del ser humano. Es la condición previa para el conjunto de factores que permiten el surgimiento de la vida. Sin cuidado, la vida nunca irrumpiría ni podría sobrevivir. Algunos cosmólogos como Brian Swimme y Stephan Hawking vieron el cuidado como la dinámica misma del universo. Si las cuatro energías fundamentales no tuvieran el cuidado sutil de actuar sinérgicamente, no tendríamos el mundo que tenemos. Todo ser vivo depende del cuidado. Si no hubiésemos tenido el cuidado infinito de nuestras madres, no sabríamos cómo salir de la cuna y buscar nuestro alimento, ya que somos seres biológicamente carentes, sin ningún órgano especializado. Necesitamos el cuidado de otros. Todo lo que amamos también lo cuidamos y todo lo que cuidamos, lo amamos. Con respecto a la naturaleza significa una relación amistosa, no agresiva y respetuosa de sus límites.

La segunda virtud es el sentimiento de pertenencia a la naturaleza, a la Tierra y al universo. Somos parte de un gran Todo que nos desborda por todos los lados. Somos la parte consciente e inteligente de la naturaleza, somos esa parte de la Tierra que siente, piensa, ama y venera. Este sentimiento de pertenencia nos llena de respeto, de asombro maravillado y de acogida.

La tercera virtud es la solidaridad y la cooperación. Somos seres sociales que no sólo viven, sino que conviven con otros. Sabemos por la bioantropología que fue la solidaridad y la cooperación de nuestros antepasados antropoides la que, al buscar alimentos y traerlos para el consumo colectivo, les permitió dejar atrás la animalidad e inaugurar el mundo humano.Las varias ciencias de la vida, la psicologia evolutiva,las neurociencias, la cosmogénesis, la ecología y otras han confirmado el caracter esencial de la cooperación y de la solidaridad. Hoy, en el caso del coronavirus, lo que nos está salvando es la solidaridad y la cooperación de todos con todos.No son los valores axiales del capitalismo: la competencia y el individualismo. Esta solidaridad debe comenzar por los últimos e invisibles, sin los cuales deja de ser inclusiva de todos.

La cuarta virtud es la responsabilidad colectiva. Ya hemos expuesto su significado más arriba. Es el momento de la conciencia en el que cada uno y toda la sociedad se dan cuenta de los efectos buenos o malos de sus decisiones y actos. Sería absolutamente irresponsable la deforestación descontrolada de la Amazonia porque desequilibraría el régimen de lluvias de vastas regiones y eliminaría la biodiversidad indispensable para el futuro de la vida. No necesitamos referirnos a una guerra nuclear cuya letalidad eliminaría toda la vida, especialmente la humana.

La quinta virtud es la hospitalidad como deber y como derecho. El primero en presentar la hospitalidad como un deber y un derecho fue Immanuel Kant en su famoso texto “En vista de la paz perpetua” (1795). Entendía que la Tierra es de todos, porque Dios no le dio la propiedad de ninguna parte de ella a nadie. Ella pertenece a todos los habitantes, que pueden caminar por todas partes. Cuando se encuentra a alguien, es el deber de todos ofrecer hospitalidad, como signo de pertenencia común a la Tierra, y todos tenemos derecho a ser acogidos, sin distinción alguna. Para Kant, la hospitalidad junto con el respeto de los derechos humanos constituirían los pilares de una república mundial (Weltrepublik). Este tema es de mucha actualidad dado el número de refugiados y las muchas discriminaciones de diferentes clases. Tal vez sea una de las virtudes más urgentes en el proceso de planetización, aunque una de las menos vividas.

La sexta virtud es la convivencia de todos con todos. La convivencia es un hecho primario porque todos venimos de la convivencia que tuvieron nuestros padres. Somos seres de relación, que es lo mismo que decir, no vivimos simplemente, sino que convivimos a lo largo del tiempo. Participamos de la vida de los demás, de sus alegrías y angustias. Sin embargo es difícil para muchos convivir con aquellos que son diferentes, ya sea de etnia, de religión, de partido político. Lo importante es estar abierto al intercambio. Lo diferente siempre nos trae algo nuevo que nos enriquece o nos desafía. Lo que nunca podemos hacer es convertir la diferencia en desigualdad. Podemos ser humanos de muchas maneras diferentes, a la manera brasileña, italiana, japonesa, yanomami. Cada manera es humana y tiene su dignidad. Hoy, a través de los medios de comunicación cibernéticos, abrimos ventanas a todos los pueblos y culturas. Saber convivir con estas diferencias abre nuevos horizontes y entramos en una especie de comunión con todos. Esta convivencia implica también a la naturaleza, convivir con los paisajes, con los bosques, con los pájaros y los animales. No sólo para mirar el cielo estrellado, sino para entrar en comunión con las estrellas, porque de ellas venimos y formamos un gran Todo. En definitiva, formamos una comunidad de destino común con toda la creación.

La séptima virtud es el respeto incondicional. Cada ser, por pequeño que sea, tiene valor en sí mismo, independientemente del uso humano. Albert Schweitzer, gran médico suizo que fue a Gabón, en África, para atender a los hansenianos, desarrolló el tema en profundidad. Para él el respeto es la base más importante de la ética, porque incluye la acogida, la solidaridad y el amor. Debemos empezar por el respeto a nosotros mismos, manteniendo actitudes dignas y formas que despierten el respeto de los demás. Es importante respetar a todos los seres de la creación, porque ellos valen por sí mismos; existen o viven y merecen existir o vivir. Es especialmente valioso el respeto ante toda persona humana, pues es portadora de dignidad, de sacralidad y de derechos inalienables, sin importar de dónde provenga. Debemos un respeto supremo a lo sagrado y a Dios, el misterio íntimo de todas las cosas. Sólo ante Él podemos arrodillarnos y venerar, pues sólo ante Él cabe esta actitud.

La octava virtud es la justicia social y la igualdad fundamental de todos. Justicia es más que dar a cada uno lo que es suyo; entre los humanos, la justicia es el amor y el mínimo respeto que debemos dedicar a los demás. La justicia social es garantizar lo mínimo a todas las personas, no crear privilegios, y respetar sus derechos en pie de igualdad, porque todos somos humanos y merecemos ser tratados humanamente. La desigualdad social significa injusticia social y, teológicamente, es una ofensa al Creador y a sus hijos e hijas. Tal vez la mayor perversidad que existe hoy en día sea la que deja a millones de personas en la miseria, condenadas a morir antes de tiempo. En este tiempo de coronavirus, se ha demostrado la violencia de la desigualdad social y la injusticia. Mientras algunos pueden vivir en cuarentena en casas o apartamentos adecuados, la gran mayoría de los pobres están expuestos a la contaminación y a menudo a la muerte.

La novena virtud es la búsqueda incansable de la paz. La paz es uno de los bienes más ansiados, porque, por el tipo de sociedad que construimos, vivimos en permanente competencia, con llamadas al consumo y a la exaltación de la productividad. La paz no existe en sí misma, es la consecuencia de valores que deben ser vividos previamente y que dan como resultado la paz. Uno de las formas más acertadas de comprender la paz nos viene de la Carta de la Tierra, donde se dice: «La paz es la plenitud que resulta de las relaciones correctas con uno mismo, con otras personas, con otras culturas, con otras vidas, con la Tierra y con el Gran Todo del cual somos parte» (n.16 f). Como se puede ver, la paz es la consecuencia de relaciones adecuadas y el fruto de la justicia social. Sin estas relaciones y esta justicia sólo conoceremos una tregua, nunca una paz permanente.

La décima virtud es el cultivo del sentido espiritual de la vida. El ser humano tiene una exterioridad corporal mediante la cual nos relacionamos con el mundo y con las personas y tenemos también una interioridad psíquica donde se anidan, en la estructura del deseo, nuestras pasiones, los grandes sueños, y nuestros ángeles y demonios. Debemos controlar estos últimos y cultivar amorosamente los primeros. Sólo así podremos disfrutar del equilibrio necesario para la vida.

Pero también poseemos una profundidad, esa dimensión en la que residen los grandes interrogantes de la vida: ¿quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué podemos esperar después de esta vida terrenal? ¿Cuál es la Energía Suprema que sostiene el firmamento y mantiene nuestra Casa Común alrededor del Sol y la mantiene siempre viva para permitirnos vivir? Es la dimensión espiritual del ser humano, hecha de valores intangibles como el amor incondicional, la confianza en la vida, el coraje para enfrentar las inevitables dificultades. Nos damos cuenta de que el mundo está lleno de sentidos, que las cosas son más que cosas, son mensajes y tienen otro lado invisible. Intuimos que hay una Presencia misteriosa que impregna todas las cosas. Las tradiciones religiosas y espirituales han llamado a esta Presencia con mil nombres, sin poder, sin embargo, descifrarla totalmente. Es el misterio del mundo que se remite al Misterio Abisal que hace que sea todo lo que es. Cultivar este espacio nos humaniza, nos hace más humildes y nos arraiga en una realidad trascendente, adecuada a nuestro deseo infinito.

              Conclusión: ser simplemente humanos

La conclusión que sacamos de estas largas reflexiones sobre el coronavirus 19 es: debemos ser simplemente humanos, vulnerables, humildes, conectados entre sí, solidarios y cooperativos, parte de la naturaleza y la porción consciente y espiritual de la Tierra con la misión de cuidar la herencia sagrada que hemos recibido, la Madre Tierra, para nosotros y para las generaciones futuras.

Son inspiradoras las últimas frases de la Carta de la Tierra: «Que nuestro tiempo sea recordado por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por el firme compromiso de alcanzar la sostenibilidad e intensificar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida».

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito Virtudes para otro mundo posible (3 vol.), Sal Terrae, 2005-2006.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Tornare alla “normalità” è condannarsi

Quando la pandemia di coronavirus sarà passata, non ci sarà permesso di tornare alla “normalità” come era prima. Perché questo significherebbe, innanzitutto, disinteresse per le migliaia di persone che sono morte a causa del virus e mancanza di solidarietà con le loro famiglie e i loro amici. In secondo luogo, sarebbe la dimostrazione che non abbiamo imparato nulla da quella che, più che una crisi, è stata una chiamata urgente a cambiare il nostro modo di vivere nel mondo, nostra unica Casa Comune. È stata una chiamata della stessa Terra vivente, quel super-organismo autoregolato del quale noi siamo la parte intelligente e cosciente.

Il sistema attuale minaccia le fondamenta (le basi) della vita

Ritornare alla precedente situazione del mondo, egemonizzato dal capitalismo neoliberale, incapace di risolvere le sue contraddizioni interne e il cui DNA è la sua voracità, con crescita illimitata a scapito dello sfruttamento eccessivo della natura e dell’indifferenza per la povertà e la miseria della grande maggioranza dell’umanità da essa prodotta, è dimenticare che questa struttura sta scuotendo le basi ecologiche che sostengono tutta la vita del pianeta. Ritornare alla precedente “normalità” (business as usual) vuol dire prolungare una situazione che potrebbe significare la nostra autodistruzione.

Se non facciamo una “radicale conversione ecologica”, secondo le parole di papa Francesco, la Terra vivente potrà reagire e contrattaccare con virus ancora più violenti in grado di far scomparire la specie umana. Questa non è solo un’opinione puramente personale, ma l’opinione di molti biologi, cosmologi ed ecologi che seguono sistematicamente il crescente degrado dei sistemi vitali e del sistema terrestre. Dieci anni fa (2010), come risultato della mia ricerca sulla cosmologia e sul nuovo paradigma ecologico, ho scritto il libro Proteger a Terra – Cuidar a vida: como escapar do fim do mundo ed. Record (Proteggere la Terra – Prendersi cura della vita: come sfuggire alla fine del mondo). Le previsioni che ho fatto allora sono state pienamente confermate dalla situazione attuale.

Il progetto capitalista e neoliberale è stato respinto

Una delle lezioni che abbiamo imparato dalla pandemia è questa: se gli ideali del capitalismo neoliberale – concorrenza, accumulazione privata, individualismo, il primato del mercato sulla vita e minimizzazione della presenza dello Stato – fossero stati completamente seguiti, la maggior parte dell’umanità sarebbe perduta. Ciò che ci ha salvato è stata la cooperazione, l’interdipendenza tra tutti e tutte, la solidarietà e uno Stato sufficientemente attrezzato per offrire la possibilità di trattamento del coronavirus a tutte le persone; nel caso del Brasile, il Sistema Unico della Salute (SUS).

Abbiamo fatto delle scoperte: abbiamo bisogno di un contratto sociale mondiale, perché siamo ancora ostaggi dell’obsoleta sovranità di ciascun Paese. I problemi globali richiedono una soluzione globale, concordata da tutti i paesi. Abbiamo visto il disastro nella Comunità Europea, dove ogni paese aveva un proprio piano, senza prendere in considerazione la necessaria cooperazione con gli altri paesi. È stata una devastazione specialmente in Italia e in Spagna, e recentemente negli Stati Uniti, dove il sistema sanitario è totalmente privatizzato.

Un’altra scoperta è stata l’urgenza di avere un organismo di governo mondiale pluralistico per garantire alla intera comunità vivente (non solo, quindi, alla comunità umana ma alla comunità di tutti gli esseri viventi) il necessario per vivere decentemente. I beni e i servizi naturali sono scarsi e molti di essi non sono rinnovabili. Con questi dobbiamo soddisfare le esigenze fondamentali del sistema vitale, pensando anche alle generazioni future. È il momento di creare un reddito di base universale per tutte le persone, costante invito del coraggioso uomo politico ed economista brasiliano Eduardo Suplicy.

Una comunità di destino condiviso

I cinesi hanno visto chiaramente questa esigenza nel promuovere “una comunità dal destino condiviso per tutta l’umanità”, un testo incorporato nel rinnovato articolo 35 della Costituzione cinese. Questa volta, o ci salveremo tutti, o ci uniremo al corteo di coloro che vanno nella fossa comune. Per questo dobbiamo urgentemente cambiare il nostro modo di rapportarci con la natura e con la Terra, non come signori, cavalcando su di essa, dilapidandola, ma come parti consapevoli e responsabili, mettendoci al suo fianco e ai suoi piedi, custodi di tutta la vita.

Alla famosa TINA (There Is No Alternative), “non c’è (un’altra) alternativa” della cultura del capitale, dobbiamo confrontarci con un’altra TINA (There Is a New Alternative), “c’è una nuova alternativa”. Se nella prima alternativa la centralità era occupata dal profitto, dal mercato e dal dominio della natura e da altro (ad es. l’imperialismo), in questa seconda sarà la vita nella sua grande diversità, anche quella umana, con le sue molteplici culture e tradizioni, che organizzerà il nuovo modo di abitare la Casa Comune. Questo è imperativo e rientra nelle nostre possibilità umane: abbiamo la scienza e la tecnologia, abbiamo un fantastico accumulo di ricchezza monetaria, ma la stragrande maggioranza dell’umanità e, quel che è peggio, di capi degli Stati non hanno la consapevolezza di questa necessità né la volontà politica di attuarla. Forse, di fronte al rischio reale della nostra scomparsa come specie, avendo raggiunto per la Terra i limiti di sopportabilità, l’istinto di sopravvivenza ci renderà socievoli, fraterni e tutti collaborativi e solidali tra di noi. Il tempo della competizione è finito. Ora è il momento della cooperazione.

Inaugurazione di una civiltà biocentrica

Credo che inaugureremo una civiltà biocentrica, attenta e rispettosa della vita, “la terra della buona speranza”, come dicono alcuni. Sarà possibile realizzare il “bien vivir y convivir” dei popoli andini: l’armonia di tutti e tutte con tutti gli altri e tutte le altre, in famiglia, nella società, con gli altri esseri viventi, con le acque, con le montagne e persino con le stelle nel cielo.

Come ha giustamente detto l’economista premio Nobel Joseph Stiglitz, “avremo una scienza non al servizio del mercato, ma il mercato al servizio della scienza”, e io aggiungerei, con la scienza al servizio della vita.

Non usciremo dalla pandemia di coronavirus nel modo in cui ci siamo arrivati. Ci saranno sicuramente dei cambiamenti significativi, forse anche strutturali. Il noto leader indigeno, Ailton Krenak della Valle del Rio Doce (Brasile), ha giustamente detto: “Non so se usciremo da questa esperienza nello stesso modo in cui ci siamo entrati. È come una scossa per vedere ciò che conta davvero; il futuro è qui e ora, potremmo non essere vivi domani; speriamo di non tornare alla normalità” (giornale “O Globo” del 01/05/2020)

Logicamente, non possiamo immaginare che le trasformazioni avvengano da un giorno all’altro. È comprensibile che le fabbriche e le catene di produzione vogliano tornare alla logica precedente. Ma non saranno più accettabili. Dovranno subire un processo di riconversione in cui l’intero apparato della produzione industriale e agroindustriale dovrà acquisire il fattore ecologico come elemento essenziale. La responsabilità sociale delle imprese non è sufficiente. Dovrà essere imposta la responsabilità sociale ecologica.

Si cercheranno energie alternative ai combustibili fossili, con un minore impatto sugli ecosistemi. Si farà più attenzione all’atmosfera, alle acque e alle foreste. La protezione della biodiversità sarà fondamentale per il futuro della vita e del cibo, sia per l’uomo che per l’intera comunità degli essere viventi.

Che tipo di Terra vogliamo per il futuro?

Sicuramente ci sarà un grande dibattito di idee su quale futuro vogliamo e su quale tipo di mondo vogliamo abitare; su quale sarà la struttura più appropriata per la fase attuale della Terra e dell’umanità stessa, la fase della pianificazione e della percezione sempre più chiara che non abbiamo un’altra casa comune da abitare se non questa. E che abbiamo un destino comune, felice o tragico. Per essere felici, dobbiamo occuparcene in modo che tutti, tutte e tutto possa starci bene dentro, inclusa la natura.

Alcuni temono un processo di radicale violenza da parte dei “padroni del potere economico e militare” per assicurare i loro privilegi e i loro capitali. Sarebbe una forma diversa di dispotismo perché sarebbe basato su cyber media e su intelligenza artificiale con i suoi complessi algoritmi, un sistema di sorveglianza su tutte le persone del pianeta. La vita sociale e le libertà potrebbero essere costantemente minacciate. Ma ogni potere avrà sempre un contropotere. Ci sarebbero grandi scontri e conflitti a causa dell’esclusione e della miseria di milioni di persone che, nonostante la sorveglianza, non si accontenterebbero delle briciole che cadono dalle tavole dei ricchi epuloni.

Non pochi propongono una glocalizzazione, cioè l’accento viene posto sul “locale”, ossia in ciascuna regione con le proprie specificità geologiche, fisiche, ecologiche e culturali ma aperta al “globale” che coinvolge tutta l’umanità. In questo bio-regionalismo si potrebbe realizzare un vero sviluppo sostenibile, sfruttando i beni e i servizi offerti localmente. Praticamente tutto avverrà nella regione, con aziende più piccole, con una produzione agroalimentare ecologica, senza la necessità di lunghi trasporti che consumano energia e inquinano. La cultura, l’arte e le tradizioni rivivranno come una parte importante della vita sociale. La governance sarà partecipativa, riducendo le disuguaglianze e rendendo minore la povertà, sempre possibile, nelle società complesse. Questa è la tesi che il cosmologo Mark Hathaway ed io difendiamo nel nostro libro comune Il Tao della Liberazione (2010) che è stato ben accolto nell’ambiente scientifico e tra gli ecologisti al punto che Fritjof Capra, fisico e ecologista norteamericano-austriaco, si è offerto di fare per noi un’interessante prefazione.

Altri vedono la possibilità di un eco-socialismo planetario, capace di realizzare ciò che il capitalismo, per la sua essenza competitiva ed escludente, è incapace di fare: un contratto sociale globale, egualitario e inclusivo, rispettoso della natura in cui il noi (spirito comunitario e sociale) e non l’io (individualismo) sarà l’asse portante delle società e della comunità mondiale. L’eco-socialismo planetario ha trovato nel franco-brasiliano Michael Löwy il suo enunciatore più brillante. Avremo, come riafferma la Carta della Terra e l’enciclica di Papa Francesco “sulla cura della Casa Comune”, uno stile di vita veramente sostenibile e non solo uno sviluppo sostenibile.

Alla fine, passeremo da una società industriale/consumista a una società che sostiene la vita con un consumo sobrio e solidale; da una cultura di accumulo di beni materiali a una cultura umanistico-spirituale in cui beni non materiali come la solidarietà, la giustizia sociale, la cooperazione, i legami affettivi e, non ultimi, l’amore e la logique du coeur saranno alla sua base.

Non sappiamo quale tendenza prevarrà. L’essere umano è complesso e indecifrabile, è mosso dalla benevolenza ma anche dalla crudeltà. È completo ma non ancora in construzzione. Imparerà, attraverso errori e successi, che la migliore struttura per la umana convivenza con tutti gli altri esseri viventi sulla Madre Terra deve essere guidata dalla logica dell’universo stesso: essa è strutturata, come ci dicono noti cosmologi e fisici quantistici, secondo complesse reti di interrelazioni. Tutto è relazione. Nulla esiste al di fuori della relazione. Ciascuno aiuta l’altro mutuamente a continuare ad esistere e a poter evolvere insieme. L’essere umano stesso è come un rizoma (bulbo di radici) di relazioni in tutte le direzioni.

Se posso esprimerlo in termini teologici: è l’immagine e somiglianza della Divinità che emerge come la relazione intima di tre Infiniti, ciascuno singolare (le singolarità non si sommano), Padre, Figlio e Spirito Santo, che esistono eternamente l’uno per l’altro, con l’altro, nell’altro e attraverso l’altro, costituendo una comunione divina di amore, bontà e bellezza infinita.

Tempi di crisi come il nostro, di passaggio da un tipo di mondo all’altro, sono anche tempi di grandi sogni e utopie. Sono questi che ci spingono verso il futuro, includendo il passato ma lasciando il nostro segno nel terreno della vita. È facile calpestare l’impronta lasciata dagli altri, ma non ci conduce a nessun cammino di speranza. Dobbiamo lasciare la nostra orma, contraddistinta dalla inesauribile speranza della vittoria della vita, perché il sentiero si fa camminando e sognando. Quindi, camminiamo.

*Leonardo Boff ecoteologo, filosofo, ha scritto: Proteger a Terra- cuidar da vida: como escapar do fim do mundo, Record, Rio 2010.

Traduzione di M. Gavito e S. Toppi

Homenagem ao corpo de enfermagem e médico

       Homenagem ao corpo de enfermagem e médico

                           Leonardo Boff

Hoje é um dia sagrado, o dia das enfermeiras e dos enfermeiros e assistentes. São aqueles operadores de saúde que junto com o corpo médico estão doando suas vidas, face ao ataque feroz do covid-19, para salvar outras vidas. São 12 milhões de enfermeiros/as, centenas afetados pelo vírus e muitos vitimados por ele.São fiéis ao juramento que fizeram,um dia, de que um médico,uma médica, uma enfermeira e um enfermeiro jamais abandonam seu paciente. Hoje mais que homenageá-las e homenageá-los é um dia de gratidão, de reverência e de devoção por tudo o que estão fazendo. Não tenho outras palavras senão o silêncio reverente. Lboff

        Como acontece a prática do cuidado?

Vera Regina Waldow, uma extraordinária enfermeira gaúcha que por sua prática e livros enfatizou o cuidado como a ética natural desta profissão/missão. Estudou esta questão em detalhe e discutindo com a melhor literatura nacional e internacional. Seu sonho é que “a enfermagem seja conhecida e reconhecida como prática de cuidado” (Cuidar, expressão humanizadora da enfermagem,Vozes 2004). Em suas palavras:

Cuidar consiste em uma forma de viver, de ser, de se expressar; é uma postura ética e estética frente ao mundo; é um compromisso com o estar-no-mudo e contribuir com o bem-estar geral, na preservação da natureza, na promoção das potencialidades, da dignidade humana e de nossa espiritualidade; é contribuir na construção da história, do conhecimento da vida (Cuidar,89).

Note-se a amplitude do conceito, especialmente abrindo-se para a preservação da natureza e para a espiritualidade, campos novos da diligência da medicina e da enfermagem.

Continua Waldow diz com experiência e acerto:

Os objetivos de cuidar envolvem, entre outros, aliviar, confortar, ajudar, favorecer, promover, restabelecer, restaurar, dar, fazer etc. O cuidado é imprescindível em todas as situações de enfermidade, incapacidades e durante o processo de morte; mesmo na ausência e alguma enfermidade e no cotidiano dos seres humanos, o cuidado é também imprescindível, tanto como uma forma de viver como de se relacionar (Cuidar, 89).

O cuidado é fundamental na Atenção Primária de Saúde (APS), pois a maioria dos casos de doença podem ser resolvidos por esta atenção sem chegar ao hospital. Se bem repararmos, o cuidado seja como desvelo, atenção, gesto amoroso seja como sentir-se afetivamente envolvido e preocupado pelo outro pelos laços que estabeleceu com ele, está ligado à vida e à sobrevivência e às relações com o outro, inclusive com a natureza cuja integridade e vitalidade é fundamental para a saúde pessoal e coletiva.

              As atitudes de cuidado

Compendiando, sumariamente, as atitudes que o cuidado ao enfermo pede, podemos elencar as seguintes:

Compaixão: é a capacidade de colocar-se no lugar do outro e sentir com ele. Não dar-lhe a impressão que está só e entregue à sua dor

Toque da carícia essencial: tocar o outro é devolver-lhe a certeza de que pertence à nossa humanidade e o toque da carícia é uma manifestação de amor. Muitas vezes, a doença é um sinal de que o paciente quer se comunicar, falar e ser ouvido(Dahlke, A doença como linguagem da alma,Cultrix 2000). Sente enorme dificuldade de fazê-lo. Pelo toque se sente escutado e procura um sentido escondido atrás da doença que o enfermeiro ou a enfermeira ou médico podem ajudá-lo a descobrir (Paes Campos, Quem cuida do cuidador, Vozes, 2005,38; J.Y.Leloup. Uma arte de cuidar,Vozes 2007, 61-65).

Diz acertadamente uma enfermeira do Paraná Darci Aparecida Martins:

Quando te toco, te cuido, quando te cuido te toco…Se és um idoso te cuido quando estás cansado; te toco quando te abraço; te toco quando estás chorando; te cuido quando não estás mais andando (A enfermagem e a arte de cuidar, Paulus 2005,45-46).

Assistência judiciosa: O paciente precisa de ajuda e a enfermeira ou o enfermeiro deseja cuidar. A convergência destes dois movimentos gera a reciprocidade e a superação do sentimento de uma relação desigual. Criar-lhe um suporte que lhe permita manter relativa autonomia. A assistência deve ser judiciosa: tudo o que o paciente pode fazer, incentivá-lo a fazer e assisti-lo somente quando já não o pode fazer por si mesmo.

Devolver-lhe a confiança na vida: O que o paciente mais deseja é resgatar seu equilíbrio perdido, é voltar a ser saudável. Dai ser decisivo devolver-lhe a confiança na vida em suas energias interiores, físicas, psíquicas e espirituais pois elas atuam como verdadeiras medicinas. Incentivar gestos simbólicos, carregados de afeto. Não raro, os desenhos que a filhinha fez para o pai doente, suscita nele tanta energia e comoção que equivale a um coquetel de vitaminas.

Fazê-lo acolher a condição humana. Normalmente o paciente se interroga, perplexo: por que isso foi acontecer comigo, exatamente agora em que tudo na vida estava dando certo? Por que, jovem ainda, sou acometido desta grave doença? Por que sou arrancado das relações familiares, sociais e do trabalho por causa da contaminação do coronavírus? Tais questionamentos remetem a uma reflexão humilde sobre a condition humaine que é, em todo o momento, exposta a riscos e à vulnerabilidades inesperadas.Estas questões,penso, muitos que estão em quarentena ou mesmo internados estão colocando.

Quem é sadio sempre pode ficar doente. E toda doença remete à saúde que é o valor de referência maior. Mas não conseguimos saltar por cima de nossa sombra e não há como não acolher a vida assim como é: sadia e enferma, bem sucedida e fragilizada, ardendo por vida e tendo que aceitar eventuais doenças e, no limite, a própria morte. É nestes momentos em que os pacientes fazem profundas revisões de vida, não se contentam apenas com as explicações científicas (sempre necessárias), dadas pelos médicos, mas anseiam por um sentido que surge a partir de um diálogo profundo com seu Self ou da palavra sábia de um sacerdote, de um pastor ou de uma mãe de santo, ou de uma pessoa espiritual. Resgatam, então, valores cotidianos que antes sequer anotavam, redefinem seu desenho de vida e amadurecem. A palavra tranquila e serena da enfermeira ou do enfermeiro pode dar-lhe paz e sossego.Quem sai curado do coronavírus será seguramente muito diferente do que quando entrou, agradecido à  ao corpo de saúde, à vida e a seus pequenos detalhes.

Acompanhá-lo na grande travessia. Há um momento inevitável que todos, mesmos a pessoa mais idosa do mundo, devem morrer. É a lei da vida, sujeita à morte É uma travessia decisiva. Ela deve ser preparada por toda uma vida que se guiou por valores morais generosos, responsáveis e benfazejos.

Mas para a grande maioria, a morte é sofrida como um assalto e um sequestro diante dos quais se sente impotente. E dá-se conta de que, finalmente, deve se entregar.

A presença discreta, respeitosa da enfermeira ou do enfermeiro, pegando-lhe a mão, sussurrando-lhe palavras de conforto e de coragem, convidando-o a ir ao encontro da Luz e da Fonte da vida podem fazer que o moribundo saia da vida sereno e agradecido pela existência que viveu.

Sussurar-lhe ao ouvido, se possui uma referência religiosa, as palavras tão consoladoras de São João: Se teu coração te acusa, saiba que Deus é maior que teu coração”(3,20). Pode entregar-se tranquilamente a Deus cujo coração é de puro amor e de misericórdia infinita,

Aqui o cuidado se revela muito mais como arte que como técnica e supõe no operador de saúde densidade de vida, sentido espiritual e um olhar que alcança para além da vida e da morte(L.Boff, Vida para além da morte,Vozes 2008).

Atingir este estágio é uma missão a que o enfermeiro e enfermeira e também  os médicos e médicas devem buscar para serem plenamente servidores da vida.

Pode servir-lhe de inspiração as sábias palavras de Norman Cousins (1915-1990) jornalista e escritor, um dos maiores defensores do desarmamento nuclear e que no dia mesmo em que os americanos lançaram a primeira bomba atômica sobre Hiroshima a 6 de agosto de 1945 ousou escrever um editorial com o título:

“O homem moderno é obsoleto”. Ai manifestava profunda culpa por este ato de insanidade e concluía: A tragédia da vida não é a morte, mas aquilo que deixamos morrer dentro de nós enquanto vivemos. Quantos não sofrem por não poderem velar por seus entes queridos falecidos e ver como são levados sozinhos ao sepultamento, não raro, em valas comuns. Não há lágrimas suficientes para tanta dor.

Quem cuida do cuidador e da cuidadora?

As primeiras e mais ancestrais cuidadoras são nossas mães e avós que desde o início da humanidade cuidaram de sua prole. Caso contrário, ninguém de nós estaria aqui para falar de cuidado.

Não poderíamos, entretanto, concluir nossas reflexões sem fazermos uma menção ao arquétipo do cuidado na saúde que foi a enfermeira inglesa Florence Nithingale (1820-1910).          Humanista e profundamente religiosa, decidiu melhorar os padrões da enfermagem em seu pais. Com estudos em ciências, matemática, filosofia e línguas, primeiramente, visitou lugares onde se praticava uma enfermagem alternativa, voltada para o paciente como na Alemanha, em Roma e em Paris. Depois, resolveu pôr em prática sua visão de cuidado. Desenrolava-se cruel a guerra da Crimeia na Turquia, onde se aplicavam bombas de fragmentação que produziam muitos feridos.

Em 1854 com outras 28 companheiras Florence se deslocou para campo de guerra. Aplicando no hospital militar, estritamente a prática do cuidado em 6 meses reduziu de 42% para 2% o número de mortos. Esse sucesso granjeou-lhe notoriedade.

De volta a seu pais e depois nos USA criou uma rede hospitalar que aplicava o cuidado e, por escritos e palestras, anunciava que o cuidado deveria ser o eixo norteador da enfermagem e sua ética natural. Até os dias de hoje, mesmo com as mutações havidas e a flexibilização da disciplina que ela impunha, Florence Nithingale continua um referência inspiradora.

Há uma questão ligada ao cuidado que deve realisticamente ser abordada. O operador da saúde é por essência um curador. Cuida dos outros como missão e como opção ética. Mas quem cuida do cuidador se perguntava o médico dr. Eugênio Paes Campos num livro em que narra as experiências de uma unidade de cuidado, refletidas à luz das contribuições de R. W. Winnicott (Op.Cit.Vozes 2005).

Pessoalmente temos sustentado a tese que o ser humano é, por sua natureza e essência, um ser de cuidado. Sente a predisposição de cuidar dos outros e sente a necessidade de ser ele também cuidado. Cuidar e ser cuidado são existenciais (estruturas permanentes) indissociáveis.

Constata-se com frequência que a atitude de cuidado que envolve afetivamente o operador da saúde e o enche de preocupações para com o paciente é muito exigente. Especialmente se o cuidado constitui, como deve ser, não um ato esporádico mas uma atitude permanente e consciente. Esse é o caso no Brasil e no mundo inteiro contra o ataque avassalador do coronavírus.

Desponta então no operador/a de saúde a vulnerabilidade humana. Não dispomos da onipotência divina. Somos mortais, sujeitos ao cansaço, ao estresse e à vivência de pequenos fracassos e decepções. Sentimo-nos sós. Precisamos ser cuidados, caso contrário, nossa vontade de cuidar se enfraquece. Que fazer então?

Logicamente, cada pessoa precisa enfrentar com sentido de resiliência (saber dar a volta por cima) esta situação dolorosa. Mas esse esforço não substitui o desejo de ser cuidado. É então que a comunidade de base do cuidado, os demais operadores de saúde, médicos e o corpo de enfermagem devem entrar em ação.

Esta comunidade deve ser previamente estabelecida, fundada na comum vontade de assumir a postura do cuidado, de trabalhar articulada, respeitando-se, apoiando-se e, se for necessário, a se cuidarem reciprocamente.

O enfermeiro ou a enfermeira sente necessidade de ser novamente bebê que é cuidado pela mãe. A pessoa precisa se sentir acolhida e revitalizada, exatamente, como uma criança sente quando é cuidada pela mãe. Outras vezes sente necessidade do cuidado como suporte, sustentação e proteção, coisa que o pai proporciona ao seu bebê.

Alguém do grupo assume estas funções de mãe e de pai cuidadores. Cria-se então o “holding”do psicólogo  inglês W.R. Winnicott, quer dizer, aquele conjunto de cuidados e fatores de animação oferecidos pelo pai e pela mãe. Estas funções de pai-mãe e bebê são sustentadas pelo cuidado. O cuidado é revitalizado por esta circularidade, assumida pela comunidade de base de cuidado e volta então o estímulo para continuar no cuidado pelos pacientes ( C. Berriel Veronezze e Tania Mara Silva Benfica, Grupos terapêuticos, 2010, 65-78).

Quando esta comunidade existe e reinam relações horizontais de confiança e de mútua cooperação, se superam os constrangimentos, nascidos da necessidade de ser cuidado. Há que aceitar como dado de realidade que quem cuida precisa ser cuidado. E deve-se aprender a fazê-lo, para que ninguém se sinta humilhado ou diminuído, ao contrário, ajude a estreitar os laços e criar o sentimento de uma comunidade não só de trabalho mas uma comunidade de destino.

Feliz é o hospital e bem-aventurados são aqueles pacientes que podem contar com uma comunidade de base de cuidadores. Não haverá operadores de saúde “prescrevedores” de receitas e aplicadores de fórmulas mas “cuidadores” de vidas enfermas que buscam saúde. Ai seguramente há muito mais energia que flui e que influencia enormemente na cura dos pacientes.

Hoje sob a situação mundial dramática do ataque feroz do covid-19, devemos apoiar, sustentar e, por que não, rezar ao Espírito Criador de toda vida para as mantenha saudáveis, a elas e aos médicos e médicas e sempre corajosas e corajosos em amor aos outros acometidos pelo vírus.

Leonardo Boff, é teólogo, filósofo e escreveu: O cuidado necessário, na vida e na saúde, Vozes 2013.

 

 

 

 

 

Iris Boff: MÃE É ….

Hoje,domingo de maio, é convencionalmente o dia das mães. Todos os dias são dias das mães, pois elas estão presentes na vida e no coração de todas as pessoas. Esse dia é para reconhecer sua existência sem a qual ninguém no mundo existiria. Não há humanidade sem mães. Elas como mulheres são mais da metade da humanidade. E são as irmãs ou as mãe da outra metade, dos homens. Não são, portanto,pouca coisa. Foi dito pela FAO, organismo da ONU que cuida da alimentação do mundo: “Se não dermos mais poder de decisão às mulheres, não garantiremos um futuro da vida. Pois são elas que geram e entendem a vida”. Não se fala de participação pois elas sempre participaram e participaram, mas no patriarcado nunca puderam decidir. Agora que a vida corre risco de ser atacada letalmente com o coronavírus e eventntualmente ser eliminada por nossa irresponsabilidade, recorremos à sua capacidade de decisão, pois elas geram e sabem o que é a sacralidade da vida.Aqui vai um pequeno poema para dizer nas palavras de uma mãe de sete filhos o que é ser Mãe em suas múltiplas facetas, em sua missão irrenunciável no percurso de vida de cada pessoa. L.Boff

                                        MÃE É :                                         

 Mãe tem um endereço certo. É aquele lugar no coração do qual nunca saímos.

Ela é o PARAISO que nunca perdemos.

 A longa história da Humanidade se repete no ventre da Mãe em apenas 9 meses

       Mãe é a MEMÓRIA do mundo.

Carregando uma bomba atômica vital, o ventre da Mãe é capaz de transformar em pouco tempo uma minúscula célula num ser humano perfeito e completo.

       Mãe é o LABORATÓRIO da Vida.

 O ritual que uma Mãe faz ao esperar , preparar, parir, cuidar e educar uma criança faz dela verdadeira SACERDOTIZA.

A devassa, ou prostituta se transforma em Madona de Michelangelo, quando tem uma criança no colo. A maternidade lhe confere uma auréola de luz. Ela vira Nossa Senhora.

       Mãe é sempre uma SANTA.

 A Revolução , pacífica e silenciosa das Consciências, começa no ventre da mulher

       Toda a Mãe é uma GUERREIRA sem armas.

Em meio a exigências, disputas e uma guerra contínua de nervos, A Mãe é o PARTIDO MAIS PACIFISTA do mundo.

Numa cultura machista , o filho bem sucedido carrega o nome do pai e o fracassado é o FILHO DA MÃE.

Bandido, delinqüente, criminoso, tem sempre a causa ganha e o perdão irrestrito para aquela que diz: É MEU FILHO.

O vínculo do casal pode ser provisório, mas o do PAI E DA MÃE é para sempre

A maternidade não é só biológica, ela é também consciente. Primeiro se é mãe das bonecas, sobrinhos, afilhados, mãe da própria mãe. Mãe de uma causa, de um movimento, de uma obra.

       TODA A MULHER É MÃE.

 O cuidado, delicadezas e minúcias , com que uma Mãe toca seu bebê, a magia de suas mãos e o esmero em lidar com fios, tintas, comidas, remédios, roupas, livros, máquinas, tecidos, teclas, volantes, cantando e dançando, rindo e chorando, rezando e xingando, fazem dela uma ARTISTA, FIANDEIRA, FEITICEIRA, BRUXA E XAMÃ.

Em momentos de aflição e catástrofe: “MINHA MÃE “ é a primeira invocação.

Mãe é a portadora das virtudes teologais FÉ , ESPERANÇA E CARIDADE .

Ela é a primeira Religião, a primeira Divindade. Ela é a DEUSA.

MÃE É UMA SÓ.

Iris Boff é educadora, poeta, mãe de sete filhos homens e de inúmeros netos,guerreira ao apoiar e participar de movimentos sociais populares que buscam vida, justiça e libertação.É minha irmã.