El Papa, la sinodalidad y la eclesiogénesis

Leonardo Boff*

En la Iglesia católico-romana se enfrentan dos modelos de organización de la comunidad de fieles. Dicho en un lenguaje fácilmente comprensible: el modelo de Iglesia sociedad de fieles y el modelo de Iglesia comunidad de todos los fieles. 

La Iglesiasociedad de fieles se organiza de modo jerárquico: papa-obispos-sacerdotes-laicos. El concepto organizativo es el “poder sacro” (sacra potestas) ejercido por aquellos que han recibido el sacramento del Orden: el clero. El poder supremo reside en la cabeza, en el Papa, se distribuye entre los obispos y en menor medida en los sacerdotes; los laicos y las mujeres están excluidos por no haber recibido el sacramento del orden. 

Como puede verse, es una sociedad de desiguales: por una parte el clero con el poder y con la palabra y por la otra parte los laicos, sin poder y sin palabra. Así lo dijo explícitamente el Papa Gregorio XVI (1831-1846): «Nadie puede ignorar que la Iglesia es una sociedad desigual, en la cual Dios destinó a unos para ser gobernados y a otros para gobernar. Estos son los clérigos, aquellos son los laicos». Pío X (1903-1914) fue todavía más explícito: «Solo el colegio de los pastores tiene el derecho de dirigir y gobernar. La masa no tiene otro derecho que dejarse gobernar como grey obediente que sigue a su pastor».

Se puede discutir si este modelo es conforme a los evangelios y a la práctica del Jesús histórico, pero es el dominante en estos tiempos. 

El otro modelo, el de la Iglesia-comunidad de todos, ha encontrado expresión en las miles de comunidades eclesiales de base (CEB), sobre todo en de Brasil, América Latina y el Caribe y en otras partes del mundo cristiano. Debido a la falta de sacerdotes, los laicos, hombre y mujeres de fe, sin asistencia de ningún tipo, han asumido la tarea de difundir el mensaje y la práctica de Jesús. Es importante observar que generalmente son los pobres y los fieles que se reúnen en forma de comunidad de 15-20 familias en torno a la escucha del Evangelio, leído y discutido entre todos. A su luz se discuten los problemas de la vida. Después, se realizan celebraciones creativas y se extraen consecuencias prácticas para la vida diaria. Son base en un doble sentido: social (clases populares) y eclesial (laicos y laicas).

El eje estructurador es la “comunión” (communio/koinonia) entre todos, que se sienten como comunidad de iguales, hermanos y hermanas. Participan todos sin excepción. Lógicamente, no todos hacen todas las cosas. Para eso reparten entre ellos los distintos servicios (que San Pablo llama carismas): cuidado de los enfermos, catequesis a los niños, alfabetización, preparación de las celebraciones religiosas, coordinación entre ellos para que todo salga bien y se mantenga la unidad de los servicios para el bien de todos, la coordinación con otros movimientos. Todo es circular, típico del espíritu comunitario.

Aquí aparece otra manera de ser Iglesia, similar a la Iglesia de los inicios, como testimonian las cartas de san Pablo, cuando los fieles se reunían en la casa de esta o aquella persona. Entre los propios componentes de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) se dice: es una Iglesia que nace del pueblo por obra del Espíritu de Dios. Teólogos y obispos que participan en este modo de ser Iglesia han acuñado la expresión eclesiogénesis: la génesis de la Iglesia o la recuperación de la Iglesia de Jesús y de los apóstoles por el poder del Espíritu Santo.

Entre estos dos modelos no se percibe un conflicto: las CEBs quieren obispos y sacerdotes dentro de su comunidad y muchísimos obispos y sacerdotes apoyan y se unen a este modo de vivir la fe evangélica. La única tensión, y a veces conflicto, se produce entre el grupo de obispos y sacerdotes que no han hecho opción por los pobres y su expresión eclesial en las comunidades de base y persisten en el carácter piramidal de la Iglesia-sociedad.

En todo caso, aquí emerge una Iglesia que no es una organización sino un organismo vivo, abierta siempre a nuevas maneras de comunicar y vivir el evangelio, unida a la vida y en diálogo con todos, pero sobre todo con los oprimidos en lucha por su liberación. 

Tengo la clara impresión de que el papa Francisco, al proponer al Sinodo de Obispos de 2023: “Una Iglesia sinodal: comunión-participación-evangelización” tiene en mente la experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base que conoce bien y que han sido muy bien expuestas en la Conferencia del CELAM de Aparecida (2007), de cuyo documento fue el redactor principal. El Papa entiende la Iglesia como “constitutivamente sinodal”, “una Iglesia en sínodo permanente”, es decir una Iglesia que va más allá de su estructura jerárquica, que se comprende, en línea con el Vaticano II, como Iglesia-pueblo de Dios. Para él es fundamental escuchar y dar voz a quienes nunca la han tenido y no han sido nunca escuchados en la Iglesia: los laicos y laicas. Se trata de “escuchar al pueblo”, “escuchar a la totalidad de bautizados”, siempre a partir de abajo, del nivel local, parroquial, diocesano hasta llegar al nivel nacional, continental, universal. 

Al celebrar el 50° aniversario de la institución del Sínodo, ha sido rotundo: «La sinodalidad es una dinámica de circularidad fecunda… un dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales».

Esta no es una aspiración ni un desiderátum. Esta visión ya es vivida y desarrollada en miles de Comunidades Eclesiales de Base y seriamente fundamentada eclesiológicamente por teólogos latinoamericanos. La sinodalidad equivale a la eclesiogénesis, a la reinvención del modo de ser Iglesia a partir de la fe de las grandes mayorías de pobres y creyentes inspiradas por el Espíritu de Jesús muerto y resucitado.

El Papa Francisco retoma un concepto de la tradición, el Sínodo (caminar juntos) y amplía su alcance más allá del episcopado a toda la Iglesia, comenzando desde abajo, desde aquellos que han sido siempre invisibles y considerados “masa de creyentes” (Pío X): laicos cristianos, hombres y mujeres, y también las religiosas.

La sinodalidad universal representa una reforma de las estructuras de la Iglesia desde dentro y desde abajo, mediante del trabajo y la gracia del discernimiento espiritual del Papa. Él se ha puesto a escuchar el curso de la historia y el anhelo universal de comunión y de participación en los destinos de nuestra historia y de la Madre Tierra, amenazada ecológicamente. En respuesta a este anhelo, la Iglesia se vuelve sínodo y comunión. 

Ahora entendemos mejor por qué muchos se oponen al Papa Francisco, ya que abandona la visión que ha hecho del clero una facción dentro de la Iglesia y lo trasforma en una función (un carisma) de servicio, junto y con todo el pueblo de Dios. Los conservadores insisten y persisten en la antigua estructura de una Iglesia jerárquica y piramidal, llena de privilegios, que difícilmente se puede justificar frente a la práctica del Jesús histórico y de los evangelios. 

Se ha abierto un camino. Debemos recorrerlo y consolidarlo. Solo de esta manera la Iglesia puede despatriarcalizarse, más fácilmente desoccidentalizarse y mundializarse.

*Leonardo Boff, ecoteólogo brasilero, ha escrito Iglesia: carisma y poder (1984); Eclesiogénesis: las comunidades de base reinventan la Iglesia (1982), publicados ambos en español por la editorial Sal Terrae.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Il Papa, la sinodalità e l’ecclesiogenesi

Leonardo Boff

Nell’attuale Chiesa cattolica romana si confrontano due modelli di organizzazione della comunità dei fedeli. Detto con un linguaggio facilmente comprensibile: il modello di una Chiesa-società di fedeli e di una Chiesa-comunione tra tutti i fedeli.

La Chiesa-società dei fedeli è organizzata in modo gerarchico: papa-vescovi-sacerdoti-laici. Il concetto organizzativo è il “potere sacro” (sacra potestas) esercitato da coloro che hanno ricevuto il sacramento dell’Ordine: il clero. Il potere supremo è nel Capo, nel Papa, è distribuito tra i vescovi e in misura minore nei sacerdoti, esclusi i laici e le donne per non essere stati investiti del sacramento dell’Ordine.

Come si vede, è una società di diseguali: da una parte il clero con il potere e con la parola e dall’altra i laici senza potere e senza la parola. Fu detto esplicitamente da papa Gregorio XVI (1831-1846): “Nessuno può ignorare che la Chiesa è una società ineguale, in cui Dio ha destinato alcuni come governanti e altri come servi. Questi sono i laici, quelli sono i chierici”. . Pio X (1903-1914) fu ancora più esplicito: «Solo il collegio dei pastori ha il diritto di dirigere e governare. La massa non ha altro diritto che lasciarsi governare come un gregge obbediente che segue il suo pastore».

Si può sostenere se questo modello è conforme ai vangeli e alla pratica del Gesù storico. Ma è quello dominante di questi tempi.

L’altro modello, la Chiesa-comunione di tutti, ha trovato espressione nelle migliaia di Comunità ecclesiali di base (CEB) soprattutto in Brasile, nell’America Latina, nei Caraibi e altre parti del mondo cristiano. A causa della generale mancanza di sacerdoti, i laici, uomini e donne di fede, del tutto senza assistenza, si sono assunti il ​​compito di portare avanti il ​​messaggio e la pratica di Gesù. È importante osservare che generalmente sono i poveri e i fedeli che si raccolgono in forma di comunità di 15-20 famiglie attorno all’ascolto del Vangelo, letto e discusso tra tutti. Alla sua luce si discutono i problemi della vita. In sequenza si tengono celebrazioni creative e si traggono conseguenze pratiche per la vita quotidiana. Questi sono la base, in un duplice senso: sociale (classi popolari) ed ecclesiale (laici e laiche).

L’asse strutturante è la “comunione” (communio/koinonia) tra tutti coloro che si sentono uguali, fratelli e sorelle. Tutti partecipano senza eccezioni. Logicamente, non tutti fanno tutte le cose. Per questo distribuiscono tra loro i vari servizi (che San Paolo chiama carismi): chi si prende cura dei malati, chi fa catechesi ai bambini, chi insegna l’alfabetizzazione, chi prepara le celebrazioni religiose, chi si coordina con altri movimenti, chi si responsabilizza per il coordinamento affinché tutto scorra e si mantenga l’unità dei servizi per il bene di tutti. Tutto è circolare, tipico dello spirito comunitario.

Qui appare un nuovo modo di essere Chiesa, vicina alla Chiesa dei primordi, come testimoniano le epistole di San Paolo, quando i fedeli si radunavano nelle case di questa o quella persona. Si parla tra i propri componenti delle Comunità Ecclesiali di Base (CEBs): è una Chiesa che nasce dalla fede del popolo per opera dello Spirito di Dio. Teologi e vescovi coinvolti in questo modo di essere Chiesa hanno coniato l’espressione: ecclesiogenesi: la genesi di una Chiesa o il re-investimento della Chiesa di Gesù e degli apostoli nella potenza dello Spirito Santo.

Non si percepisce un conflitto tra i due modelli: quelli delle CEBs vogliono i vescovi e i sacerdoti all’interno delle comunità e moltissimi vescovi e sacerdoti sostengono e si inseriscono in questo modo di vivere la fede evangelica. L’unica tensione e, a volte, conflitto, è tra quei gruppi di vescovi e sacerdoti che non hanno scelto l’opzione per i poveri e la loro espressione ecclesiale nelle comunità di base e che persistono nel carattere piramidale della Chiesa-società.

In ogni caso, qui emerge una Chiesa che non è un’organizzazione ma un organismo vivo, sempre aperta a nuovi modi di comunicare e vivere il Vangelo, unita alla vita e in dialogo con tutti, ma soprattutto con gli oppressi e impoveriti nelle loro lotte per la liberazione.

Ho la netta impressione che papa Francesco, nel proporre al Sinodo dei Vescovi del 2023: “Una Chiesa sinodale: comunione-partecipazione-evangelizzazione” abbia in mente l’esperienza delle Comunità Ecclesiali di Base che lui conosce bene e che sono state esposte così bene nella Conferenza CELAM di Aparecida (2007), del cui documento è stato il principale redattore. Il Papa intende la Chiesa come “costitutivamente sinodale”, “una Chiesa in sinodo permanente”, cioè una Chiesa che va oltre la sua struttura gerarchica, ma si comprende, in linea con il Vaticano II, come Chiesa-popolo di Dio. Per lui è fondamentale ascoltare e dare voce a coloro che non hanno mai detto la loro e non sono mai stati ascoltati nella Chiesa: laici e laiche. Si tratta di “ascoltare il popolo”, “ascoltare la totalità dei battezzati”, sempre a partire dal basso, dal livello locale, parrocchiale, diocesano e raggiungere il livello nazionale, continentale e universale.

Nel celebrare il 50° anniversario dell’istituzione del Sinodo, è stato forte: «La sinodalità è una dinamica di circolarità feconda…un dinamismo di comunione che ispira tutte le decisioni ecclesiali”.

Questa non è un’aspirazione o un desiderato. Questa visione è già vissuta e sviluppata da migliaia di Comunità Ecclesiali di Base e seriamente fondata ecclesiologicamente dai teologi latinoamericani. La sinodalità equivale all’ecclesiogenesi, alla reinvenzione del modo di essere Chiesa a partire dalla fede delle grandi maggioranze di poveri e credenti sotto l’ispirazione dello Spirito di Gesù morto e risorto.

Papa Francesco riprende un concetto della tradizione, il Sinodo,(caminare insieme) e ne estende la portata oltre l’episcopato a tutta la Chiesa, a cominciare dal basso, da coloro che erano resi invisibili e considerati “massa di clienti” (Pio X): laici cristiani, uomini e donne e anche le religiose.

La sinodalità universale rappresenta una riforma delle strutture della Chiesa dall’interno e dal basso, attraverso l’opera e la grazia del discernimento spirituale del Papa. Lui si è posto all’ascolto del corso della storia e dell’anelito universale alla comunione e alla partecipazione ai destini della nostra storia e della Madre Terra, ecologicamente minacciata. La Chiesa diventa sinodale e comunione in risposta a questo anelito.

Ora capiamo meglio perché molti si oppongono a papa Francesco, in quanto lui abbandona quella visione che ha fatto del clero una fazione all’interno della Chiesa e lo trasforma in una funzione (un carisma) di servizio insieme e con tutto il popolo di Dio. I conservatori insistono e persistono nell’antica strutturazione di una Chiesa gerarchica e piramidale, piena di privilegi che difficilmente sono giustificati di fronte alla pratica del Gesù storico e dei Vangeli.

Un cammino è stato aperto. Dobbiamo percorrerlo e consolidarlo. Solo in questo modo la Chiesa può  più facilmente de-occidentalizzarsi e mondializzarsi.

*Ecoteologo brasiliano e ha scrito Chiesa:carisma e potere, CIttadella 1984 ; Eclesiogenesi: le comunità di base reiventno la chiesa, 1982.

(Traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)

Eine andere (Welt-)Agenda: freies Leben oder ein anderes zivilisatorisches Paradigma?

Leonardo Bolff

Vorbemerkung: Eine internationale Gruppe wurde organisiert, die eine “andere Weltagenda zur Befreiung des Lebens” vorschlug. Die erste Sitzung fand am 5.5.2022 statt. Jeder Teilnehmer (insgesamt etwa 20, aber nicht alle haben teilgenommen) hatte 10-15 Minuten Zeit, um seine Vision des Themas vorzustellen. Grundsätzlich geht es darum, wie die wissenschaftlichen Erkenntnisse, die die Suche nach einer Agenda zur Befreiung des Lebens unterstützen, demokratisiert werden können. Ich stelle hier meine kurze Präsentation in französischer Sprache vor, mit den Ideen, die ich in anderen Schriften vorgeschlagen und verteidigt habe. Bislang, so scheint es, bewegt sich die neue Agenda noch innerhalb des alten Paradigmas (der vorherrschenden Blase), und die Frage nach der tiefen Krise, die dieses Paradigma, das der technisch-wissenschaftlichen Moderne, ausgelöst hat und die die Zukunft unseres Lebens und unserer Zivilisation gefährdet, wurde nicht gestellt. Daher die Gelegenheit, eine kritische und völlig ungläubige Position gegenüber der Virtualität dieses Paradigmas der Lebensbefreiung, die es schnell zerstört, deutlich zu machen.

Leonardo Boff

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Lassen Sie mich gleich zur Sache kommen: Ist innerhalb des gegenwärtigen zivilisatorischen Paradigmas der Moderne eine andere Agenda möglich, oder sind wir an seine unüberwindlichen Grenzen gestoßen und müssen wir ein anderes zivilisatorisches Paradigma suchen, wenn wir weiterhin auf diesem Planeten leben wollen?

Inspiriert durch drei Aussagen von großer Autorität.

Die erste stammt aus der Erdcharta, die 2003 von der UNESCO verabschiedet wurde. Ihr erster Satz hat apokalyptische Züge: “Wir stehen vor einem kritischen Moment in der Geschichte der Erde, in einer Zeit, in der die Menschheit über ihre Zukunft entscheiden muss… Wir haben die Wahl: Entweder wir bilden eine globale Allianz, um für die Erde und für einander zu sorgen, oder wir riskieren unsere eigene Zerstörung und die Zerstörung der Vielfalt des Lebens” (Präambel).

Die zweite ernste Aussage stammt von Papst Franziskus in der Enzyklika Fratelli tutti (2020): “Wir sitzen alle im selben Boot, niemand wird von sich aus gerettet, entweder wir retten uns alle oder niemand wird gerettet” (Nr. 32).

Die dritte Aussage stammt von dem großen Historiker Eric Hobsbawn in seinem bekannten Werk The Age of Extremes (1994), und zwar in seinem letzten Satz: “Wir wissen nicht, wohin wir gehen. Eines ist jedoch sicher. Wenn die Menschheit eine annehmbare Zukunft haben will, kann dies nicht durch die Verlängerung der Vergangenheit oder der Gegenwart geschehen. Wenn wir versuchen, das dritte Jahrtausend auf dieser Grundlage aufzubauen, werden wir scheitern. Und der Preis des Scheiterns, d.h. die Alternative zur Veränderung der Gesellschaft, ist die Finsternis” (S.562).

Mit anderen Worten: Unsere Art, die Erde zu bewohnen, die uns unbestreitbare Vorteile gebracht hat, ist an ihre Grenzen gestoßen. Alle Ampeln sind auf Rot geschaltet. Wir haben das Prinzip der Selbstzerstörung entwickelt und sind in der Lage, alles Leben mit chemischen, biologischen und nuklearen Waffen auf vielfältige Weise auszulöschen. Die Technik, die uns an die äußerste Grenze der Tragfähigkeit des Planeten Erde gebracht hat (The Earth Overshoot), ist nicht in der Lage, uns allein zu retten, wie Covid-19 gezeigt hat. Wir können die Zähne des Wolfes abfeilen, weil wir denken, dass wir ihm seine Gefräßigkeit nehmen. Aber diese liegt nicht in den Zähnen, sondern in seiner Natur.

Deshalb müssen wir unser Boot verlassen und über eine neue Weltagenda hinausgehen. Wir haben das Ende des Weges erreicht. Wir müssen einen anderen Weg einschlagen. Andernfalls werden wir uns, wie Sigmunt Bauman in seinem letzten Interview vor seinem Tod sagte, “in den Zug derer einreihen, die auf ihr eigenes Grab zusteuern”. Wenn wir leben wollen, sind wir gezwungen, uns neu zu erschaffen und ein neues Paradigma der Zivilisation zu erfinden.

Zwei Paradigmen: das des dominus und das des frater

Ich sehe in diesem Moment die Konfrontation zwischen zwei Paradigmen, die von der Enzyklika Fratelli tutti gut herausgestellt wurden: das dominus-Paradigma und das frater-Paradigma. Mit anderen Worten: das Paradigma der Eroberung, Ausdruck des Willens zur Macht als Herrschaft, formuliert von den Gründervätern der Moderne mit Descartes, Newton, Francis Bacon, Herrschaft über alles, über die Völker, wie in Amerika, Afrika und Asien, Herrschaft über die Klassen, über die Natur, über das Leben, und Herrschaft über die Materie bis zu ihrem letzten energetischen Ausdruck durch das Higgs-Boson.

Der Mensch (Descartes’ maître et possesseur) fühlt sich nicht als Teil der Natur, sondern als ihr Herr und Meister (dominus), der nach den Worten von Francis Bacon “die Natur foltern muss, wie der Folterknecht sein Opfer, bis sie alle ihre Geheimnisse preisgibt”, dem Begründer der modernen wissenschaftlichen Methode, die bis heute vorherrscht.

Dieses Paradigma versteht die Erde als eine bloße res extensa und zwecklos, die in eine Truhe mit Ressourcen verwandelt wurde, die als unerschöpflich angesehen werden und ein unendliches Wachstum/eine unendliche Entwicklung ermöglichen. Heute wissen wir jedoch wissenschaftlich, dass ein endlicher Planet kein unendliches Projekt tragen kann, was die große Krise des Kapitalsystems als Produktionsweise und des Neoliberalismus als dessen politischer Ausdruck ist.

Alle Lebewesen haben, wie Dawson und Crick in den 50er Jahren gezeigt haben, dieselben 20 Aminosäuren und vier Stickstoffbasen, die von der ursprünglichsten Zelle, die vor 3,8 Milliarden Jahren entstand, über die Dinosaurier bis hin zu uns Menschen reichen. Deshalb sagt die Erd-Charta, und Papst Franziskus unterstreicht dies in seinen beiden Öko-Enzykliken Laudato Si’ über die Sorge für das gemeinsame Haus (2015) und Fratelli tutti (2020): Ein Band der Geschwisterlichkeit verbindet uns alle, “zum Bruder Sonne, zur Schwester Mond, zum Bruder Fluss und zur Mutter Erde” (LS Nr. 92; CT-Präambel). Der Mensch fühlt sich als Teil der Natur und hat denselben Ursprung wie alle anderen Lebewesen, den “Humus” (die fruchtbare Erde), aus dem der homo als männlich und weiblich, als Mann und Frau hervorgeht.

Während das erste Paradigma von Eroberung und Herrschaft geprägt ist (das Paradigma von Alexander dem Großen und Hernan Cortes), zeigt das zweite die Fürsorge und Mitverantwortung aller für alle (das Paradigma von Franz von Assisi und Mutter Teresa von Kalkutta).

Bildlich gesprochen können wir sagen: Das Paradigma des dominus ist die geballte Faust, die sich unterwirft und dominiert. Das Paradigma des frater ist die ausgestreckte Hand, die sich mit anderen Händen verschränkt, um alle Dinge zu streicheln und zu pflegen.

Das Paradigma des dominus ist dominant und ist der Ursprung unserer vielen Krisen und in allen Bereichen. Das Paradigma der Geschwisterlichkeit ist im Entstehen begriffen und stellt die größte Sehnsucht der Menschheit dar, insbesondere jener großen Mehrheiten, die gnadenlos beherrscht, ausgegrenzt und dazu verurteilt sind, vor ihrer Zeit zu sterben.

Aber sie hat die Kraft eines Samenkorns. Wie jedes Samenkorn enthält es die Wurzeln, den Stamm, die Zweige, die Blätter, die Blüten und die Früchte. Deshalb geht die Hoffnung durch es hindurch, als ein Prinzip, das mehr ist als eine Tugend, als jene unbezwingbare Energie, die immer neue Träume, neue Utopien und neue Welten projiziert, das heißt, die uns dazu bringt, neue Wege zu beschreiten, um die Erde zu bewohnen, um zu produzieren, um die Früchte der Natur und der Arbeit zu verteilen, um zu konsumieren und um brüderliche und schwesterliche Beziehungen zwischen den Menschen und mit den anderen Wesen der Natur zu organisieren.

Der Übergang vom dominus-Paradigma zum frater-Paradigma

Ich weiß, dass sich hier das dornige Problem des Übergangs von einem Paradigma zum anderen stellt. Er wird prozesshaft erfolgen, mit einem Fuß im alten Paradigma des dominus/der Eroberung, weil wir unseren Fortbestand sichern müssen, und mit dem anderen Fuß im neuen Paradigma des frater/der Fürsorge, um es von unten her einzuleiten. Hier sollten mehrere Annahmen erörtert werden, aber dies ist nicht der richtige Zeitpunkt, um dies zu tun. Aber in einem Punkt können wir vorankommen: Durch die Arbeit im Territorium, den Bioregionalismus, kann das neue Paradigma der Geschwisterlichkeit/Pflege regional auf nachhaltige Weise umgesetzt werden, weil es die Fähigkeit hat, alle einzubeziehen und mehr soziale Gleichheit und ökologisches Gleichgewicht zu schaffen.

Unsere große Herausforderung besteht darin, von einer kapitalistischen Gesellschaft der Überproduktion materieller Güter zu einer Gesellschaft überzugehen, die alles Leben erhält, mit menschlich-geistigen, immateriellen Werten wie Liebe, Solidarität, Mitgefühl, Gerechtigkeit, Respekt und Fürsorge insbesondere für die Schwächsten.

Das Aufkommen einer Bio-Zivilisation

Diese neue Zivilisation hat einen Namen: Sie ist eine Biozivilisation, in der das Leben in seiner ganzen Vielfalt, vor allem aber das persönliche und kollektive menschliche Leben, im Mittelpunkt steht. Wirtschaft, Politik und Kultur stehen im Dienst der Aufrechterhaltung und Erweiterung der in allen Lebensformen vorhandenen Virtualität.

Die Zukunft des Lebens auf der Erde und das Schicksal unserer Zivilisation liegen in unserer Hand. Wir haben wenig Zeit, um die notwendigen Veränderungen vorzunehmen, denn wir sind bereits in die neue Phase der Erde eingetreten, in die Phase der zunehmenden Erwärmung. Die Staatsoberhäupter sind sich der ökologischen Notlage nicht ausreichend bewusst, und die gesamte Menschheit ist sich dessen noch sehr wenig bewusst.


Leonardo Boff, Ekotheologie, schrieb mit Mark Hathaway:The Tao of Liberation:exploring the Ecology os Transformation, Orbis Books, N.York 2010.