Fiocruz, Fratelli tutti y el Papa Francisco

Leonardo Boff

Fiocruz (Fundación Oswaldo Cruz) con 120 años de existencia es una referencia internacional en ciencia y tecnología en ciencias biológicas y de la salud, especialmente en salud pública. En este tiempo de pandemia de la Covid-19 ha desempeñado un papel fundamental en el esclarecimiento de la acción del virus y también en la producción de una vacuna en colaboración con la universidad de Oxford. En el ámbito de Seminarios Avanzados de Salud Global y Diplomacia de la Salud se solicitó un debate sobre la encíclica social Fratelli tutti del Papa Francisco.

Los científicos, animados por la presidenta de esta magna institución, tal vez la mayor de América Latina, Nísia Trindade de Lima, organizaron un debate sobre la encíclica, conscientes de su relevancia humanitaria. En el debate estaba el presidente de la Academia Brasilera de Ciencias, Luiz Davidovich y la investigadora emérita Cecília Minayo, siendo moderador el profesor emérito de la Fiocruz, Paulo Marchiori Buss.

La presidenta, Nísia Trindade Lima, solicitó el apoyo del Papa Francisco. Este vino, rico y minucioso, celebrando el significado de Fiocruz, pero llegó solo al día siguiente cuando debería haber sido para la apertura del evento. Pero valió la pena este reconocimiento.

A mí me solicitaron una breve exposición sobre Fratell tutti, que acepté honrado, dada el alto significado de Fiocruz. El texto que está siendo publicado, representa lo que se expuso a los presentes. Siguió un breve e inteligente debate, valorando siempre la contribución de Fratelli tutti en el modelado de un nuevo futuro para la humanidad en la post-Covid-19. Sigue el texto de la charla.

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No es difícil darse cuenta de que el Papa Francisco con la encíclica social Fratelli tutti rechaza el actual modo de vivir en la Casa Común, pues afirma “Si alguien cree que sólo se trataba de hacer funcionar lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad” (n.7).

Directamente afirma “que es una ilusión engañosa pensar que podemos creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca” (n.30). En función de eso advierte: “nadie se salva solo, sólo es posible salvarnos juntos” (n.32).) En un twitter de finales de octubre declaró: “O nos salvamos todos o no se salva nadie”.

1. El rechazo del sistema actual globalizado

Ataca directamente los cuatro pilares que sustentan el sistema mundial: el mercado en términos de economía, el neoliberalismo en términos de política, el individualismo en términos de cultura y la devastación de la naturaleza, en términos de ecología. “El mercado por si solo· afirma el Papa, “no resuelve todo, aunque a veces nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas ante cualquier reto que surja. El neoliberalismo se reproduce siempre igual a sí mismo… como el único camino para resolver los problemas sociales” (n.168). El individualismo es presentado “como el virus más difícil de vencer; no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad… como si, acumulando ambiciones y seguridades individuales, pudiésemos construir el bien común” (n. 105). En términos de ecología critica la destrucción de la naturaleza en razón de de acumular más y más ganancias y de las muertes que produce en la humanidad y en la naturaleza.

“La sociedad mundial tiene serias fallas estructurales que se resuelven con parches o soluciones rápidas meramente ocasionales. Hay cosas que deben ser cambiadas con reajustes profundos y transformaciones importantes” (n.179). Su propósito es acumular sin límites, dando por supuesto supuesto que los recursos naturales también serían ilimitados. Tal suposición resulta ser falsa. La Laudato Sì lo denuncia como “una mentira” (n.161), porque un planeta finito no soporta un proyecto infinito.

Conclusión: nos encontramos hoy en un mundo “sin proyecto para todos” (n.15; n.31). Sin él, todos somos rehenes del proyecto privado de los más fuertes que establece una perversa opresión económica, social y cultural sobre todas las sociedades humanas, inaugurando, según algunos científicos, una nueva era geológica, la del antropoceno, en la que el ser humano constituye la gran amenaza para la vida. 

Ese sistema no se afina con la naturaleza humana, que es esencialmente cooperativa y solidaria, como nos enseñan las neurociencias y las ciencias de la vida. El ser humano en verdad emerge como un ser de relación orientado hacia todas las direcciones, conectándose con toda la realidad, también divina.

Esta forma de habitar la Casa Común niega una de las constantes cosmológicas que preside todo el universo y sostiene a todos los seres, desde las galaxias más distantes, las estrellas y nuestra Tierra hasta cada uno de nosotros. Esta constante significa que todo está relacionado con todo y que no existe nadie fuera de la relación (Laudato Si, n. 86; 117). 

Todo esto es rechazado, práctica y teóricamente, por este sistema que atomiza las ciencias y las prácticas productivas y se ha convertido, en palabras del gran biólogo Edward Wilson, en el gran Satán de la Tierra, en lugar de ser su ángel bueno y cuidador. Se ha convertido en el meteoro rasante que mata y asesina vidas de la naturaleza y de la humanidad, una expresión usada a menudo por el Papa Francisco.

En este contexto de un sistema a la deriva, con un futuro sin futuro, el Papa Francisco propone una alternativa, basada en principios y valores ausentes en el orden actual, en plena crisis sistémica. 

¿En qué fuentes beberá los principios y valores que pueden representar una alternativa al orden/desorden actual? Busca en lo que es más humano en los humanos, porque sólo ahí se encuentra una base sólida, sostenible y personalizable. Por ser esencialmente humanos, estos valores y principios están presentes en todos los hombres y mujeres de las más diferentes culturas, adquiriendo diferentes expresiones, propias de cada tradición cultural, pero siempre como articulaciones de estos datos antropológicos básicos.

Entonces, el amor deja de ser una experiencia sólo entre dos seres que se atraen, para emerger como amor social. De la misma manera, la amistad adquiere una expresión social, “porque no excluye a nadie” (n.94), la fraternidad entre todos los humanos es sin fronteras, incluyendo, en el espíritu de San Francisco, a los demás seres de la naturaleza, ya que Francisco llamaba con el dulce nombre de hermanos y hermanas a todas las criaturas, por pequeñas que fueran; la cooperación, abierta a todos los países y culturas; el cuidado, empezando por uno mismo (n.117) se expande a todo lo que existe y vive especialmente el cuidado de la naturaleza y de la Madre Tierra; asimismo, la justicia social y la compasión universalizadas con todos los que sufren en la naturaleza y en la humanidad. Todo este mundo de excelencias está presente en el ser humano. Aquí está el nuevo paradigma que deberá prevalecer en la post-epidemia.

Estos valores se vivían sólo subjetivamente en relaciones cortas y en la privacidad de la vida. La novedad del Papa fue generalizar y universalizar lo que era subjetivo e individual.

Si observamos bien, lo que nos ha ayudado a enfrentarnos a la Covid-19 no han sido los mantras del capitalismo y el neoliberalismo. Fueron la centralidad de la vida en lugar de la búsqueda del beneficio, la interdependencia de todos con todos en lugar del individualismo, la solidaridad y la cooperación entre los pueblos en lugar de la competencia, la inclusión de todos en la Casa Común y no la afirmación de una soberanía superada por la nueva fase planetaria de la globalización, el cuidado mutuo, de la naturaleza y de la Madre Tierra, en lugar del saqueo desenfrenado de los bienes y servicios naturales, la priorización de la sociedad en lugar de la dominación de la economía y la política por el mercado, un Estado suficientemente pertrechado para satisfacer las demandas de la población en lugar del Estado mínimo. Esta inversión de valores y prioridades es la que está salvando a la humanidad de los ataques de la Covid-19.

He aquí la alternativa presentada en Fratelli tutti: “un nuevo sueño de fraternidad y amistad social… que se abre al diálogo con todas las personas de buena voluntad” (n.6).

Es importante entender el sueño aquí como lo interpretan muchos psiquiatras, como por ejemplo C.G. Jung: “como la anticipación de logros futuros” o “como la anticipación previa, a través del inconsciente colectivo, de posibilidades reales”.

La fraternidad y la amistad social serán los ejes estructuradores de toda su propuesta. El Papa se da cuenta de lo inusitado de su propuesta, reconociendo que “parece una utopía ingenua, pero no podemos renunciar a este sublime objetivo” (n.190). Dónde si no en la naturaleza humana, siempre relacionada con el todo, hay que buscar la alternativa a un tipo de sociedad inhumana y cruel con sus propios semejantes en el afán de acumular bienes materiales. Ella olvida que el ser humano no es un animal hambriento, sino un ser que tiene hambre de pan pero también otra hambre, de amor, de reconocimiento, de paz con la naturaleza, de belleza y de diálogo con el Trascendente.

2. Contraposición de dos paradigmas: señor & hermano 

Para comprender mejor la novedad de esta propuesta paradigmática, sería esclarecedor compararla con el paradigma que subyace al actual sistema mundial y que ha estado vigente durante más de dos siglos: el de los tiempos modernos.

Se acepta entre pensadores, filósofos, científicos sociales y de otras áreas de pensamiento que el ideal a perseguir y generar en los tiempos modernos, ya proyectado por los padres fundadores de los siglos XVI y XVII (Descartes, Galileo Galilei, Newton, Francis Bacon, Copérnico y otros) es el saber como poder y la voluntad de poder: poder entendido como dominación del otro, de las clases, pueblos, culturas de África, Asia y América, de la naturaleza, de los más ínfimos, los topquarks, de los átomos y de la vida misma (código genético).

Para dar eficacia al saber y al poder, se creó la tecnociencia. Esta está predominantemente al servicio del poder económico, político e ideológico, del mercado, y sólo después, de la vida. En La Laudato Sì el Papa lo somete a una rigurosa crítica (nn. 106-114). Y en Fratelli tutti, afirma con severidad: “La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictados y al paradigma eficientista de la tecnocracia” (n.177). La ciencia debe hacerse con conciencia y la técnica con criterios éticos en vista del bien común y la salvaguardia de la integridad de la naturaleza y el equilibrio de la Tierra.

Hay una afirmación que sin duda se dirige a la comunidad de científicos: “Hoy existe la convicción de que, además de los desarrollos científicos especializados, es necesaria la comunicación entre disciplinas, puesto que la realidad es una, aunque pueda ser abordada desde distintas perspectivas y con diferentes metodologías. No se debe ocultar el riesgo de que un avance científico sea considerado el único abordaje posible para comprender algún aspecto de la vida, de la sociedad y del mundo” (n. 204). Sería el fundamentalismo científico como única forma de acceder a la realidad, sabiendo que la nueva epistemología, especialmente las reflexiones de Ilya Prigonine/Isabelle Stengers, él Premio Nobel de Química, que en su conocido libro La nueva alianza aprecian la articulación de los muchos conocimientos que, como ventanas, nos dan dimensiones de la realidad, desde los más populares, el de de los chamanes y otras tradiciones y, por supuesto, el científico.

La figura es la del ser humano como dominus, amo y dueño (maître et possesseur de Descartes) de todo. La naturaleza y la propia Tierra (mera res extensa) no tienen ningún valor en sí mismas, sólo en la medida en que están ordenadas al ser humano. Él está por encima de la naturaleza y no se entiende a sí mismo como parte de ella o al pie de ella. En palabras de Fratelli tutti: “es la pretensión de ser señores absolutos de la vida misma y de todo lo que existe” (n.34).

El poder como dominación violenta ha significado históricamente una devastación de las culturas como las de los pueblos mesoamericanos y los pueblos originarios, un intento de homogeneizar los hábitos de pensar, actuar, hacer política y de las distintas culturas, anulando sus diferencias. Este inquietante proyecto encontró su máxima expresión en la Shoah, “símbolo de los extremos a los que puede llegar la maldad humana” (n.247): seis millones de judíos y otros condenados a las cámaras de gas por el nazismo. Observa tristemente que “en nuestro mundo se vive una guerra mundial a pedazos” (n. 259).

En contraposición a este paradigma del dominusFratelli tutti presenta el paradigma del frater, del hermano/hermana, de donde se deriva la fraternidad universal. Incluyendo los dos géneros, sería la hermandad universal, todos, hombres y mujeres, hermanos y hermanas. Él se siente parte de la naturaleza, al pie de ella junto a los demás seres, con el imperativo ético de cuidar y guardar esa herencia sagrada (cf. Gn 2,15). Un eslabón de fraternidad une a todos los seres como lo sustenta la Carta de la Tierra (UNESCO 2003) y las dos encíclicas ecológicas del Papa Francisco. Este paradigma es aquel de los pueblos originarios y de los andinos con su bien vivir y convivir que se sienten profundamente en armonía con la naturaleza y con todo el universo. Este proyecto, sin embargo, nunca fue realizado históricamente en Occidente. De ahí su sorprendente novedad.AD

Dicho en palabras de andar por casa: el paradigma del dominus, del dueño y señor, está representado por el puño cerrado para someter mientras que el del frater es la mano abierta y extendida para la caricia esencial y para entrelazarse con otras manos y vivir la colaboración y la ética del cuidado de unos con otros y de toda la naturaleza. 

Aquí reside el gran viraje paradigmático propuesto por Fratelli tutti. No es mera proyección ensoñadora. Capta las tendencias de nuestra época y afirma que existe “un anhelo mundial de hermandad (n. 8). Bellamente sustenta que “aquí está un óptimo secreto para soñar y volver nuestra vida una bella aventura… los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos e hijas de esta misma Tierra… todos hermanos y hermanas” (n. 8).

Es importante resaltar esta contraposición de paradigmas. Urge hacer la transición del dominus al frater si queremos enfrentar con éxito las amenazas que pesan sobre el sistema-Tierra y el sistema-vida, destacadas en el detallado capítulo primero “las sombras de un mundo cerrado” (nn.9-55).

En la epidemia de la Covid-19 “se hizo evidente la incapacidad de obrar en conjunto” (n.7); “la sociedad cada vez más globalizada nos hace vecinos pero no nos hace hermanos ” (n.12); puede hacernos socios,“aquel que está asociado para determinados intereses” (n.102) pero no próximos en el sentido de la parábola del buen samaritano (n.102) detalladamente analizada por el Papa (nn.63-86).

3. Resonancias de la fraternidad universal, de la amistad social y del amor ilimitado.

Seria largo identificar las resonancias de los valores antes mencionados, cosa que hice en un estudio más detallado.

Concentrémonos en una cuestión central: cómo hacer la transición del paradigma del dueño y señor (dominus) al paradigma del hermano y la hermana (frater).

En el ensayo de una respuesta el Papa apela al principio esperanza (Ernst Bloch), que es más que una virtud porque “nos habla de una realidad que está enraizada en lo más hondo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en los que vive…; ella nos abre a los grandes ideales” (n.55). 

Como ha dicho a menudo a los movimientos sociales: “no esperen nada de arriba, porque siempre viene más de lo mismo o incluso peor”. Pero “no lo hagamos solos, individualmente…; estamos llamados a invitar a otros y a encontrarnos en un “nosotros” más fuerte que la suma de pequeñas individualidades» (n.78).

Quisiera señalar, entre otros, sólo dos puntos completamente nuevos: “en la política hay lugar para el amor con ternura: a los más pequeños, los más débiles, los más pobres; sí, son nuestros hermanos y como tales debemos amarlos y tratarlos” (n. 194). La política es más que la búsqueda del poder. El poder debe ser la mediación para construir el bien común. La ternura “es el amor que se hace cercano y concreto; es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos” (n.196).

Y la política hecha no burocrática y fríamente, sino con amabilidad es “un estado de ánimo que no es áspero, grosero, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta; una persona que posee esta cualidad ayuda a los demás a hacer más llevadera su existencia” (n.223).

Pero volvamos al tema: ¿cómo se hará la transición? El Papa no entra en detalles, seguramente porque sabe que hay muchos biomas para los cuales no hay una fórmula única. Que eso lo decidan los ciudadanos y las naciones. Pero plantea dos puntos interesantes, uno tomado de la tradición social de la Iglesia, el principio de subsidiariedad y el otro de la moderna discusión ecológica: el valor de la región o del biorregionalismo.

Inicialmente afirma: “Es posible comenzar desde abajo y caso por caso, luchar por lo más concreto y local hasta el último rincón de la patria y del mundo” (n.78). Pero añade: “este principio abarca la participación y la acción de las comunidades, la organización de nivel menor” (n.175), los movimientos que nacen desde abajo: todo lo que una instancia inferior puede hacer, no lo haga la instancia superior. Con esto abre el camino a iniciativas de todo tipo de grupos pequeños. Es la concreción del principio de subsidiariedad.

La otra categoría a la que dedica varios párrafos es el cultivo de la región o del biorregionalismo, ya que es “lo local lo que nos hace caminar con los pies sobre la tierra” (n. 142). Lo local debe estar siempre articulado con lo global para tener una experiencia integradora en esta nueva fase de la humanidad: “No es posible ser saludablemente local sin una sincera y cordial apertura a lo universal, para ser solidario con los dramas de los demás pueblos” (146).

Esta articulación entre lo local y lo global permite el surgimiento de la comunidad mundial, que no es el resultado de la suma de los distintos países, pero sí la propia comunión que existe entre ellos y la mutua inclusión (n.137). Este fue el gran ideal propuesto por Immanuel Kant en su última obra “Para una paz perpetua” (1793).en la cual propone una “República mundial” (Weltrepublik) fundada en la hospitalidad universal entre todos los habitantes de la Tierra y en el respeto a los derechos humanos, “la niña de los ojos de Dios”.

La viabilidad de este sueño será el gran punto de discusión de ahora en adelante. ¿Pero acaso tenemos otra alternativa sino ésta fundada en el propio ser del ser humano? Como nunca antes en la historia nos estamos confrontando a la posibilidad del fin de la especie humana. Depende de decisiones político-ético-espirituales de la humanidad dar un salto de calidad que nos alzará a un nuevo nivel de conciencia y a inaugurar un nuevo comienzo. En caso contrario iremos al encuentro de lo peor, o en el límite, haremos el camino ya recorrido por los dinosaurios. 

4. Conclusión: hombre universal, un hermano entre hermanos 

Entretanto cabe reconocer que nos encontramos sin lugar a dudas ante una emergencia planetaria. Parece que no tenemos otra alternativa que consultar lo que hay de mejor en nuestra humanidad y extraer de ella un proyecto común que podrá garantizarnos un horizonte de esperanza y unir y re-unir en la misma Casa Común.

De todos modos, estamos ante un hombre, el Papa Francisco, que por su ejemplo y por supalabra se ha elevado a la altura de uno de los mayores líderes espirituales y políticos de la humanidad, si no el mayor de todos. Se despojó de los títulos inherentes a su alta función como Papa y se ha hecho hermano de todos para hablar como hermano entre hermanos. 

A ejemplo de su patrono, Francisco de Asís, se trasformó también en un hombre universal, acogiendo a todos e identificándose con los más vulnerables e invisibles de nuestro mundo. Él suscita la esperanza de que podemos y debemos alimentar el sueño de la fraternidad sin fronteras y del amor universal. Le mueve la fe de que “Dios creó todo por amor y que es el apasionado amante de la vida” (Sab 11, 26), texto citado tres veces en la Laudato Si.

Espera que ese Dios vivo no permitirá que la humanidad, ya entronizada en el Reino de la Trinidad por la resurrección y ascensión de un hermano nuestro, Jesús de Nazaret, desaparezca así tan miserablemente. Todavía vamos a vivir y brillar.

Él ha hecho su parte. Compete a nosotros no dejar que el sueño sea solo un sueño errático, sino que sea lo que él significa, el “anticipador de realidades futuras y posibles”, el comienzo seminal de una nueva forma de habitar juntos, como hermanos y hermanas y con la naturaleza, en la misma casa común.

¿Tendremos tiempo y sabiduría para este salto? El tiempo es corto tempo, pero urge y no podemos llegar tarde, ni errar el camino porque no tenemos tiempo de corregirlo. Seguramente continuarán las “densas sombras” a las que el Pontífice se refiere en la encíclica. Pero tenemos una lámpara en la Fratelli tutti. Ella no disipa todas las “densas sombras”. Solo nos ilumina el camino que tenemos que recorrer. Y esto nos basta.

*Leonardo Boff, teólogo, filósofo, miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra. 

Traducción de M.ª José Gavito Milano

Um comentário sobre “Fiocruz, Fratelli tutti y el Papa Francisco

  1. Leonardo, le deseo a usted y famulia que se cumplan sus aspiraciones y que el Padre Bueno le siga bendiciendo a ustedes. Un abrazo

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