Benedicto XVI – Un Papa de la vieja cristiandad

Siempre que muere un Papa toda la comunidad eclesial y mundial se conmueve, pues ve en él el confirmador de la fe cristiana y el principio de unidad entre las varias iglesias locales. Pueden hacerse muchas interpretaciones de la vida y de los actos de un Pontífice. Haré una a partir de Brasil (de América Latina), seguramente parcial e incompleta.

Es importante constatar que en Europa viven solo el 23,18% de los católicos y en América Latina el 62%, el restante en África y Asia. La Iglesia Católica es una Iglesia del Segundo y del Tercer mundo. Probablemente los futuros Papas vendrán de esas Iglesias, llenas de vitalidad y con nuevos estilos de encarnar el mensaje cristiano en las culturas no occidentales.

Con referencia a Benedicto XVI conviene distinguir al teólogo Joseph Ratzinger del Pontífice Benedicto XVI.

El teólogo Joseph Alois Ratzinger fue un típico intelectual y teólogo centro-europeo, brillante y erudito. No fue un creador, sino un eximio expositor de la teología oficial. Esto aparecía claramente en los varios diálogos públicos que mantuvo con ateos y agnósticos.

No introdujo visiones nuevas, pero dio otro lenguaje a las ya tradicionales, fundadas especialmente en San Agustín y San Buenaventura. Tal vez sea algo nuevo su propuesta de la Iglesia como un pequeño grupo altamente fiel y santo en “representación” de la totalidad. Para él no era importante el número de los fieles. Era suficiente el pequeño grupo altamente espiritual que está en lugar de todos. Sucede que dentro de ese grupo de puros y santos hubo pedófilos y personas envueltas en escándalos financieros, lo que desmoralizó su comprensión de representación.

Benedicto XVI alimentaba un sueño de recristianizar Europa bajo la hegemonía de la Iglesia Catolica, un sueño considerado inviable por que la Europa de hoy, con tantas revoluciones que ha hecho y con la introducción de valores democráticos,no es la misma del imaginario de viés medieval, con su sintesis entre fe y razón.Ese ideal no encontró resonacia por ser extemporaneo y raro.

Otra posición singular, objeto de una polémica interminable conmigo, que obtuvo resonancia en la Iglesia, fue la interpretación de que la “Iglesia Católica es la única Iglesia de Cristo”. Las discusiones conciliares y el espíritu ecuménico cambiaron “es” por “subsiste”. Se abría así un camino para que en otras Iglesias “subsistiese” también la Iglesia de Cristo. Ratzinger siempre afirmó que ese cambio era solo un sinónimo de “es”, lo que la investigación minuciosa de las actas teológicas del Concilio no confirmó. Pero siguió sustentando su tesis. Afirmó además que las otras Iglesias no son iglesias, sino que poseen solamente elementos eclesiales.

Llegó a afirmar, varias veces, que mi posición se había difundido entre los teólogos como algo común, lo que motivó nuevas críticas por parte del Papa. No obstante, se fue quedando aislado, pues había provocado gran decepción en las demás iglesias cristianas, como la luterana, la baptista, la presbiteriana y otras, por cerrar las puertas al diálogo ecuménico.

Entendió la Iglesia como una especie de castillo fortificado contra los errores de la modernidad, colocando la ortodoxia de la fe, ligada siempre a la verdad (su tonus firmus), como referencia principal. No obstante su carácter personal sobrio y cortés, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se mostró extremadamente duro e implacable. Cerca de cien teólogas y teólogos, de los más preeminentes, fueron sentenciados o con la pérdida de la cátedra, o con la prohibición de enseñar y escribir teología o, como en mi caso, con “silencio obsequioso”. Así, nombres notables de Europa como Hans Küng, Edward Schillebeeckx, Jacques Dupuis, B. Häring, J. M. Castillo entre otros. En América Latina, el fundador de la Teología de la Liberación, el indigena peruano Gustavo Gutiérrez,el hispano-latinoamericano Jon Sobrino, la teóloga Ivone Gebara, censurada, así como el autor de estas líneas. En Estados Unidos hubo otros, como Charles Curran y R. Haight. Hasta fueron prohibidos los libros de un teólogo indio ya fallecido, el padre Anthony de Mello, así como T. Balasurya de Sri Lanka que fué excomulgado. 

Los/las teólogos/as de América Latina, decepcionados, nunca acabamos de comprender por qué prohibió la colección “Teología y Liberación”, de 53 volúmenes, que incluía a decenas de teólogos y teólogas (se publicaron unos 26 tomos), destinada a subsidiar los seminarios, las comunidades eclesiales de base y los grupos cristianos comprometidos con los derechos humanos. Era la primera vez que se producía una obra teológica de envergadura fuera de Europa, con resonancia mundial. Pero fue pronto abortada. El teólogo Joseph Ratzinger se mostró amigo de los amigos de los pobres. Eso entrará negativamente en la historia de la teología.

Son muchos los teólogos que afirman que estaba obsesionado con el relativismo y por marxismo, aunque este hubiese fracasado en la Unión Soviética. Publicó un documento sobre la teología de la Liberación, Libertatis nuntius (1984), lleno de advertencias pero sin una condena explícita. Otro documento posterior, Libertatis conscientia (1986), destaca los elementos positivos pero con demasiadas restricciones. Podemos decir que nunca entendió lo central de esa teología: la “opción por los pobres contra su pobreza y por su liberación”, que hacía de los pobres protagonistas de su liberación y no meros destinatarios de la caridad y del paternalismo. Esa era la visión tradicional y la del Papa Benedicto XVI. Sospechaba que había marxismo dentro de ese protagonismo de la fuerza histórica de los pobres. 

 Como Pontífice, Benedicto XVI inauguró el “Retorno a la Gran Disciplina”, con clara tendencia restauradora y conservadora, hasta el punto de reintroducir la misa en latín y de espaldas al pueblo. Causó extrañeza general en la propia Iglesia cuando en el año 2000 publicó el documento “Dominus Iesus”. En él reafirma la vieja doctrina medieval superada por el Concilio Vaticano II, según la cual “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Los no-cristianos corrían grave peligro. Nuevamente negó el calificativo de “iglesia” a las demás Iglesias, lo que provocó irritación general. Serían solamente comunidades eclesiales. Con toda su sagacidad polemizó con los musulmanes, con los evangélicos, con las mujeres y con el grupo integrista contrario al Vaticano II.

Su forma de conducir la Iglesia no mostraba el carisma, tan fuerte en el Papa Juan Pablo II. Se orientaba más por la ortodoxia y por el celo vigilante de las verdades de la fe que por la apertura al mundo y por una relación de ternura para con el pueblo cristiano, como lo aparece fuertemente el Papa Francisco.

Fue un genuino representante de la vieja cristiandad europea con su pompa y poder político-religioso. Desde la perspectiva de la nueva fase de la planetización, la cultura europea, rica en todos los campos, se ha encerrado en sí misma. Raramente se ha mostrado abierta a otras culturas como las antiguas de América Latina, África y Asia,lo que se ha mostrado en el proceso de evangelización que implicaba una occidentalización de la fé. Nunca se liberó de una cierta arrogancia de ser la mejor y en nombre de eso colonizó todo el mundo, tendencia aún no totalmente superada. 

No obstante las limitaciones, por sus virtudes personales y por la humildad de haber renunciado al munus papal al haber llegado al límite de sus fuerzas, seguramente se contará entre los bienaventurados.

*Leonardo Boff, teólogo católico brasilero

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Benedikt XVI. – Ein Papst der alten Christenheit

Der Tod eines Papstes bewegt die gesamte Kirchen- und Weltgemeinschaft, die in ihm die Bestätigung des christlichen Glaubens und das Prinzip der Einheit der verschiedenen Ortskirchen sieht. Viele Interpretationen können über das Leben und die Taten eines Papstes gemacht werden. Ich werde einen aus Brasilien (aus Lateinamerika) machen, sicherlich teilweise und unvollständig.

Es sei darauf hingewiesen, dass nur 23,18 % der Katholiken in Europa und 62 % in Lateinamerika leben, der Rest in Afrika und Asien. Die katholische Kirche ist eine Kirche der Zweiten und Dritten Welt. Zukünftige Päpste werden wahrscheinlich aus diesen Kirchen kommen, voller Vitalität und mit neuen Arten der Inkarnation der christlichen Botschaft in nicht-westlichen Kulturen.

In Bezug auf Benedikt XVI. ist es zweckmäßig, den Theologen Joseph Ratzinger und den Papst Benedikt XVI. zu unterscheiden.

Der Theologe Joseph Alois Ratzinger ist ein typischer mitteleuropäischer Intellektueller und Theologe, brillant und gelehrt. Er ist kein Schöpfer, aber ein hervorragender Vertreter der offiziellen Theologie, was sich deutlich in den verschiedenen öffentlichen Dialogen zeigte, die er mit Atheisten und Agnostikern führte.

Es führte keine neuen Perspektiven ein, sondern gab den bereits traditionellen Visionen, die insbesondere in Saint Augustin und Saint Bonaventure gegründet wurden, eine andere Sprache. Vielleicht etwas Neues ist seine These von der Kirche als einer kleinen, sehr treuen und heiligen Gruppe als „Repräsentation“ des Ganzen. Die Zahl der Gläubigen war ihm nicht wichtig. Die kleine, hochspirituelle Gruppe, die für alle einsteht, war genug. Zufällig gab es in dieser Gruppe der Reinen und Heiligen Pädophile und Menschen, die in Finanzskandale verwickelt waren, was ihr Verständnis von Repräsentation demoralisierte.

Papst Benedikt XVI. hatte einen einzigartigen, ich würde sagen seltsamen Traum: Europa unter der Hegemonie der katholischen Kirche neu zu christianisieren. Er suchte nach einer verlorenen Einheit, der großen mittelalterlichen Synthese. Zufällig ist Europa ein anderes, säkularisiertes, das mehrere Revolutionen durchgemacht hat, die die Neuzeit mit neuen Werten, mit Demokratien, Menschenrechten und der Säkularität des Staates einleiteten. Dieses ganze Projekt wurde als ein Traum ohne Realisierbarkeit angesehen. Es zeigte einfach die restaurative und konservative Sehnsucht von Benedikt XVI. nach einer versöhnten Welt unter dem Bogen des Christentums, das jetzt von verschiedenen Kirchen, Philosophien und neuen Geschichtsvisionen zerrissen, gekennzeichnet ist.

 
Eine andere ungewöhnliche Position, Gegenstand einer endlosen Kontroverse mit mir, die aber in der Kirche Resonanz fand, war die Interpretation, dass die „katholische Kirche die einzige Kirche Christi“ sei. Konziliare Diskussionen und der ökumenische Geist veränderten „ist“ zu „existiert“ (subsistit in). Auf diese Weise wird der Kirche Christi ein Weg eröffnet, in anderen Kirchen zu „existieren“. Ratzinger behauptete immer, diese Veränderung sei nur ein weiterer Ausdruck  des „ist“, was die akribische Recherche der theologischen Akten des Konzils nicht bestätigte. Aber unterstützte er weiterhin seine These. Außerdem stellte er fest, dass die anderen Kirchen nicht Kirche seien, sondern nur kirchliche Elemente hätten.
 
Er ging so weit, mehrmals zu behaupten, dass sich diese meine Position unter Theologen als etwas Gemeines verbreitet habe, was zu neuer Kritik des Papstes gegen mich führte. Er war jedoch isoliert, da er bei anderen christlichen Kirchen wie Lutheranern, Baptisten, Presbyterianern und anderen große Enttäuschungen verursacht hatte, indem er die Türen zum ökumenischen Dialog verschlossen hatte.
 
Er verstand die Kirche als eine Art befestigte Burg gegen die Irrtümer der Moderne und stellte die Orthodoxie des Glaubens, die immer mit der Wahrheit (ihrem tonus firmus) verbunden ist, als Hauptbezugspunkt. Ander ist der Papst Franziskus, für ihn ist die Liebe, besonders der Barmherzlichkeit und die Achsamkeit gegenüber allen, besonders den Armen die Hauptbezieung sein soll.
 
Trotz seines nüchternen und höflichen Charakters zeigte er sich als Präfekt der Kongregation für die Glaubenslehre äußerst hart und unerbittlich. Etwa hundert Theologinnen und Theologen, darunter die prominentesten, wurden entweder mit dem Verlust des Lehrstuhls oder mit dem Zeugnis, Theologie zu lehren und zu schreiben, oder, wie in meinem Fall, mit dem „unterwürfigen Schweigen (silentium obsequiosum)“ verurteilt.“ Hans Küng, Edward Schillebeeck, Jacques Dupuis, B. Haering, J.M. unter anderem. In Lateinamerika der Begründer der Befreiungstheologie der Indiane aus Peru Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, der Theologe Ivone Gebara zensiert, sowie der Autor dieser Zeilen. Andere wurden in den USA getroffen, wie Charles Curran und R. Haight. Sogar einem verstorbenen Theologen aus Indien, Pater Anthony de Mello, wurden seine Bücher verboten, ebenso wie einem anderen exkommunizierten Inder, Belasurya.
    Benedikt XVI. als Leiter der Kiche ist der,  die „Rückkehr zur großen Disziplin“ mit einer klaren restaurativen und konservativen Tendenz ein, bis hin zur Wiedereinführung der Messe in lateinischer Sprache und mit dem Rücken zum Volk. 
    In der Kirche selbst sorgte sie für allgemeine Verwunderung, als sie im Jahr 2000 das Dokument „Dominus Jesus“ veröffentlichte, in dem er die alte mittelalterliche und vom Zweiten Vatikanischen Konzil abgelöste Lehre bekräftigte, wonach „außerhalb der katholischen Kirche kein Heil“ sei.  Nichtchristen waren in großer Gefahr. Erneut verweigerte er den anderen Kirchen die Bezeichnung „Kirche, was allgemeine Irritationen hervorrief. Sie seien nur kirchliche Gemeinschaften.
    Die enttäuschten lateinamerikanischen Theologen haben nie verstanden, warum die Sammlung „Theologie und Befreiung“ in 53 Bänden, an der Dutzende von Theologen/inen beteiligt waren (etwa 26 Bände wurden veröffentlicht), die dazu gedacht war, Seminare, kirchliche Gemeinschaften und christliche Gruppen zu unterstützen, die sich für Menschenrechte einsetzen. Es war das erste Mal, dass ein großes theologisches Werk außerhalb Europas mit weltweiter Resonanz entstand. Aber es wurde bald abgebrochen. Der Theologe Joseph Ratzinger hat sich als Feind der Freunde der Armen erwiesen. Das wird negativ in die Theologiegeschichte eingehenEs gibt viele Theologen, die behaupten, er sei vom Relativismus und Marxismus besessen gewesen, obwohl er in der Sowjetunion gescheitert sei. Er veröffentlichte ein Dokument zur Befreiungstheologie, Libertatis nuntius (1984), voller Warnungen, aber ohne ausdrückliche Verurteilung. Ein weiteres späteres Dokument, Libertatis conscientia (1986), hebt seine positiven Elemente hervor, jedoch mit zu vielen Einschränkungen. 
    
    Wir wagen zu sagen, dass er die zentrale Bedeutung dieser Theologie nie verstanden hat: die „Option für die Armen gegen die Armut und für die Befreiung“. Es machte die armen Protagonisten ihrer Befreiung und nicht bloße Empfänger von Almosen und Paternalismus. Das war die traditionelle Ansicht und die von Papst Benedikt XVI. Er vermutete, dass es in diesem Protagonismus der historischen Macht der Arme Marxismus gab.

    Bei aller Scharfsinnigkeit polemisierte er mit Muslimen, mit Evangelikalen, mit Frauen und mit der fundamentalistischen Gruppe gegen das Zweite Vatikanische Konzil.

    Seine Art, die Kirche zu führen, war nicht charismatisch wie die von Johannes Paul II. Sie wurde mehr von Orthodoxie und wachem Eifer für die Wahrheiten des Glaubens geleitet als von Weltoffenheit und Zärtlichkeit gegenüber dem christlichen Volk, wie es Papst Franziskus tut.
    Er war ein legitimer Vertreter des alten europäischen Christenheit mit ihrem Pomp und ihrer politisch-religiösen Macht.In der Perspektive der neuen Phase der Planetisierung schloss sich die auf allen Gebieten reiche europäische Kultur ab. Selten war es so offen für andere Kulturen wie die alten in Lateinamerika, Afrika und Asien. Eine gewisse Arroganz, die Beste zu sein, wurde sie nie los und kolonisierte in deren Namen die ganze Welt, eine Tendenz, die noch nicht ganz überwunden ist.
    Trotz der Schatten, aber wegen seiner persönlichen Tugenden und der Demut, das päpstliche Amt aufgrund der Grenzen seiner Kräfte niedergelegt zu haben, wird er sicherlich zu den Seligen gezählt werden.
     
    Leonnardo Boff, brasilianischer katholischer Theologe.
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    Benedikt XVI. – Ein Papst der alten Christenheit

                              

    Der Tod eines Papstes bewegt die gesamte Kirchen- und Weltgemeinschaft, die in ihm die Bestätigung des christlichen Glaubens und das Prinzip der Einheit der verschiedenen Ortskirchen sieht. Viele Interpretationen können über das Leben und die Taten eines Papstes gemacht werden. Ich werde einen aus Brasilien (aus Lateinamerika) machen, sicherlich teilweise und unvollständig.

    Es sei darauf hingewiesen, dass nur 23,18 % der Katholiken in Europa und 62 % in Lateinamerika leben, der Rest in Afrika und Asien. Die katholische Kirche ist eine Kirche der Zweiten und Dritten Welt. Zukünftige Päpste werden wahrscheinlich aus diesen Kirchen kommen, voller Vitalität und mit neuen Arten der Inkarnation der christlichen Botschaft in nicht-westlichen Kulturen.

    In Bezug auf Benedikt XVI. ist es zweckmäßig, den Theologen Joseph Ratzinger und den Papst Benedikt XVI. zu unterscheiden.

    Der Theologe Joseph Alois Ratzinger ist ein typischer mitteleuropäischer Intellektueller und Theologe, brillant und gelehrt. Er ist kein Schöpfer, aber ein hervorragender Vertreter der offiziellen Theologie, was sich deutlich in den verschiedenen öffentlichen Dialogen zeigte, die er mit Atheisten und Agnostikern führte.

    Es führte keine neuen Perspektiven ein, sondern gab den bereits traditionellen Visionen, die insbesondere in Saint Augustin und Saint Bonaventure gegründet wurden, eine andere Sprache. Vielleicht etwas Neues ist seine These von der Kirche als einer kleinen, sehr treuen und heiligen Gruppe als „Repräsentation“ des Ganzen. Die Zahl der Gläubigen war ihm nicht wichtig. Die kleine, hochspirituelle Gruppe, die für alle einsteht, war genug. Zufällig gab es in dieser Gruppe der Reinen und Heiligen Pädophile und Menschen, die in Finanzskandale verwickelt waren, was ihr Verständnis von Repräsentation demoralisierte.

    Papst Benedikt XVI. hatte einen einzigartigen, ich würde sagen seltsamen Traum: Europa unter der Hegemonie der katholischen Kirche neu zu christianisieren. Er suchte nach einer verlorenen Einheit, der großen mittelalterlichen Synthese. Zufällig ist Europa ein anderes, säkularisiertes, das mehrere Revolutionen durchgemacht hat, die die Neuzeit mit neuen Werten, mit Demokratien, Menschenrechten und der Säkularität des Staates einleiteten. Dieses ganze Projekt wurde als ein Traum ohne Realisierbarkeit angesehen. Es zeigte einfach die restaurative und konservative Sehnsucht von Benedikt XVI. nach einer versöhnten Welt unter dem Bogen des Christentums, das jetzt von verschiedenen Kirchen, Philosophien und neuen Geschichtsvisionen zerrissen, gekennzeichnet ist.

     
    Eine andere ungewöhnliche Position, Gegenstand einer endlosen Kontroverse mit mir, die aber in der Kirche Resonanz fand, war die Interpretation, dass die „katholische Kirche die einzige Kirche Christi“ sei. Konziliare Diskussionen und der ökumenische Geist veränderten „ist“ zu „existiert“ (subsistit in). Auf diese Weise wird der Kirche Christi ein Weg eröffnet, in anderen Kirchen zu „existieren“. Ratzinger behauptete immer, diese Veränderung sei nur ein weiterer Ausdruck  des „ist“, was die akribische Recherche der theologischen Akten des Konzils nicht bestätigte. Aber unterstützte er weiterhin seine These. Außerdem stellte er fest, dass die anderen Kirchen nicht Kirche seien, sondern nur kirchliche Elemente hätten.
     
    Er ging so weit, mehrmals zu behaupten, dass sich diese meine Position unter Theologen als etwas Gemeines verbreitet habe, was zu neuer Kritik des Papstes gegen mich führte. Er war jedoch isoliert, da er bei anderen christlichen Kirchen wie Lutheranern, Baptisten, Presbyterianern und anderen große Enttäuschungen verursacht hatte, indem er die Türen zum ökumenischen Dialog verschlossen hatte.
     
    Er verstand die Kirche als eine Art befestigte Burg gegen die Irrtümer der Moderne und stellte die Orthodoxie des Glaubens, die immer mit der Wahrheit (ihrem tonus firmus) verbunden ist, als Hauptbezugspunkt. Ander ist der Papst Franziskus, für ihn ist die Liebe, besonders der Barmherzlichkeit und die Achsamkeit gegenüber allen, besonders den Armen die Hauptbezieung sein soll.
     
    Trotz seines nüchternen und höflichen Charakters zeigte er sich als Präfekt der Kongregation für die Glaubenslehre äußerst hart und unerbittlich. Etwa hundert Theologinnen und Theologen, darunter die prominentesten, wurden entweder mit dem Verlust des Lehrstuhls oder mit dem Zeugnis, Theologie zu lehren und zu schreiben, oder, wie in meinem Fall, mit dem „unterwürfigen Schweigen (silentium obsequiosum)“ verurteilt.“ Hans Küng, Edward Schillebeeck, Jacques Dupuis, B. Haering, J.M. unter anderem. In Lateinamerika der Begründer der Befreiungstheologie der Indiane aus Peru Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, der Theologe Ivone Gebara zensiert, sowie der Autor dieser Zeilen. Andere wurden in den USA getroffen, wie Charles Curran und R. Haight. Sogar einem verstorbenen Theologen aus Indien, Pater Anthony de Mello, wurden seine Bücher verboten, ebenso wie einem anderen exkommunizierten Inder, Belasurya.
     Benedikt XVI. als Leiter der Kiche ist der,  die „Rückkehr zur großen Disziplin“ mit einer klaren restaurativen und konservativen Tendenz ein, bis hin zur Wiedereinführung der Messe in lateinischer Sprache und mit dem Rücken zum Volk. 
     
    In der Kirche selbst sorgte sie für allgemeine Verwunderung, als sie im Jahr 2000 das Dokument „Dominus Jesus“ veröffentlichte, in dem er die alte mittelalterliche und vom Zweiten Vatikanischen Konzil abgelöste Lehre bekräftigte, wonach „außerhalb der katholischen Kirche kein Heil“ sei.  Nichtchristen waren in großer Gefahr. Erneut verweigerte er den anderen Kirchen die Bezeichnung „Kirche, was allgemeine Irritationen hervorrief. Sie seien nur kirchliche Gemeinschaften.
    Die enttäuschten lateinamerikanischen Theologen haben nie verstanden, warum die Sammlung „Theologie und Befreiung“ in 53 Bänden, an der Dutzende von Theologen/inen beteiligt waren (etwa 26 Bände wurden veröffentlicht), die dazu gedacht war, Seminare, kirchliche Gemeinschaften und christliche Gruppen zu unterstützen, die sich für Menschenrechte einsetzen. Es war das erste Mal, dass ein großes theologisches Werk außerhalb Europas mit weltweiter Resonanz entstand. Aber es wurde bald abgebrochen. Der Theologe Joseph Ratzinger hat sich als Feind der Freunde der Armen erwiesen. Das wird negativ in die Theologiegeschichte eingehen.
     
    Es gibt viele Theologen, die behaupten, er sei vom Relativismus und Marxismus besessen gewesen, obwohl er in der Sowjetunion gescheitert sei. Er veröffentlichte ein Dokument zur Befreiungstheologie, Libertatis nuntius (1984), voller Warnungen, aber ohne ausdrückliche Verurteilung. Ein weiteres späteres Dokument, Libertatis conscientia (1986), hebt seine positiven Elemente hervor, jedoch mit zu vielen Einschränkungen. 
     
    Wir wagen zu sagen, dass er die zentrale Bedeutung dieser Theologie nie verstanden hat: die „Option für die Armen gegen die Armut und für die Befreiung“. Es machte die armen Protagonisten ihrer Befreiung und nicht bloße Empfänger von Almosen und Paternalismus. Das war die traditionelle Ansicht und die von Papst Benedikt XVI. Er vermutete, dass es in diesem Protagonismus der historischen Macht der Arme Marxismus gab.

    Bei aller Scharfsinnigkeit polemisierte er mit Muslimen, mit Evangelikalen, mit Frauen und mit der fundamentalistischen Gruppe gegen das Zweite Vatikanische Konzil.

     
    Seine Art, die Kirche zu führen, war nicht charismatisch wie die von Johannes Paul II. Sie wurde mehr von Orthodoxie und wachem Eifer für die Wahrheiten des Glaubens geleitet als von Weltoffenheit und Zärtlichkeit gegenüber dem christlichen Volk, wie es Papst Franziskus tut.
     
    Er war ein legitimer Vertreter des alten europäischen Christenheit mit ihrem Pomp und ihrer politisch-religiösen Macht.In der Perspektive der neuen Phase der Planetisierung schloss sich die auf allen Gebieten reiche europäische Kultur ab. Selten war es so offen für andere Kulturen wie die alten in Lateinamerika, Afrika und Asien. Eine gewisse Arroganz, die Beste zu sein, wurde sie nie los und kolonisierte in deren Namen die ganze Welt, eine Tendenz, die noch nicht ganz überwunden ist.
     
    Trotz der Schatten, aber wegen seiner persönlichen Tugenden und der Demut, das päpstliche Amt aufgrund der Grenzen seiner Kräfte niedergelegt zu haben, wird er sicherlich zu den Seligen gezählt werden.
     
    Leonnardo Boff, brasilianischer katholischer Theologe.
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    Stadien der tragischen ökologischen Aggressivität des Menschen

    Reduziert man die 13,7 Milliarden Jahre der Existenz des Universums auf ein Jahr, so ist der heutige Mensch, sapiens sapiens, nach Berechnungen mehrerer Kosmologen am 31. Dezember um 23 Stunden, 58 Minuten und 10 Sekunden im Prozess der Evolution erschienen. Wir erscheinen also weniger als zwei Minuten nach Beginn des letzten kosmischen Jahres. Welchen Sinn hat es, so spät im kosmogenen Prozess angekommen zu sein? Um einen solchen Prozess zu krönen oder um ihn zu zerstören? Das ist eine offene Frage. Was wir sehen können, ist unsere wachsende Zerstörungswut gegenüber der Umwelt, in der wir leben, der Natur und unserem gemeinsamen Haus. Schauen wir uns einige Stufen unserer Aggressivität an. Das wirft beunruhigende Fragen auf.

    1. Interaktion mit der Natur

    Am Anfang hatten unsere Vorfahren, verloren in den Schatten der Urzeit, eine harmonische Beziehung zur Natur. Sie unterhielten eine nicht destruktive Interaktion: Sie nahmen, was die Natur ihnen reichlich bot. Diese Zeit dauerte einige Jahrtausende und begann in Afrika, wo der Mensch vor 8-9 Millionen Jahren auftauchte. Daher sind wir alle in gewisser Weise Afrikaner. Dort haben sich unsere körperlichen, psychischen, intellektuellen und geistigen Strukturen herausgebildet, die im Unbewussten aller Menschen bis heute präsent sind.

    2. Eingriffe in die Natur

    Vor mehr als zwei Millionen Jahren brach der geschickte Mensch (homo habilis) in den Prozess der Anthropogenese (der Entstehung des Menschen in der Evolution) ein. Hier fand ein erster Wendepunkt statt. Es begann, was heute in extremer Weise kulminiert.

    Der geschickte Mensch erfand Instrumente, mit denen er in die Natur eingriff: einen spitzen Stock, einen scharfen Stein und andere ähnliche Mittel. Was die Natur ihm spontan bot, war nicht genug. Mit einem Eingriff konnte er ein Tier mit dem scharfen Ende eines Stocks verwunden und töten oder Pflanzen mit scharfen Steinwerkzeugen schneiden.

    Dieser Eingriff dauerte Jahrtausende. Aber mit der Einführung von Landwirtschaft und Bewässerung entwickelte er sich noch viel intensiver. Dies geschah vor etwa 10-12 Tausend Jahren (je nach Region unterschiedlich), in der so genannten Jungsteinzeit. Man leitete das Wasser von Flüssen wie dem Tigris und dem Euphrat im Nahen Osten, dem Nil in Ägypten, dem Indus und dem Ganges in Indien und dem Gelben Fluss in China ab. Sie verbesserten den Ackerbau, züchteten Schlachttiere und Vögel, insbesondere Hühner, Schweine, Rinder und Schafe. Die menschliche Bevölkerung wuchs schnell. Zu dieser Zeit hörten die Menschen auf, Nomaden zu sein, und wurden sesshaft. Sie gründeten Dörfer und Städte, im Allgemeinen entlang der oben erwähnten Flüsse oder um den riesigen Binnensee, den Amazonas, der vor Tausenden von Jahren in den Pazifik mündete.

    3. Aggression gegen die Natur

    Von der Intervention ging es weiter zur Aggression der Natur. Sie entstand, als Metallinstrumente, Speere, Äxte und Waffen verwendet wurden, um Tiere und Menschen zu töten. Die Aggression spezialisierte sich, bis sie im Industriezeitalter des 18. Jahrhunderts in Europa, angefangen in England, ihren Höhepunkt erreichte. Es wurden riesige Maschinen erfunden, mit denen man der Natur enorme Reichtümer entlocken konnte. Ein entscheidender Schritt in der Aggression wurde in der Neuzeit vollzogen, als die Technowissenschaft mit ihrer immensen Kapazität zur Erforschung der Natur auf allen Ebenen und an allen Fronten aufkam.

    Sie beruhte auf der Annahme, dass der Mensch sich als “Herr und Besitzer” der Natur und nicht als Teil von ihr fühlte. Die treibende Idee, die sie leitete, war der Wille zur Macht, verstanden als die Fähigkeit, alles zu beherrschen: andere Menschen, soziale Gruppen, Völker, Kontinente, die Natur, die Materie, das Leben und die Erde selbst als Ganzes.

    Der Engländer Francis Bacon drückte dieses Ziel mit den Worten aus: “Man muss die Natur quälen, wie der Folterer sein Opfer quält, bis sie alle ihre Geheimnisse preisgibt”. Damit erhielt die Aggression einen offiziellen Status. Sie wurde und wird bis zum heutigen Tag angewandt.

    Der Ausgangspunkt war die (falsche) Annahme, dass die natürlichen Ressourcen unbegrenzt seien. So konnte ein Entwicklungsprojekt geschmiedet werden, das ebenfalls unbegrenzt war. Heute wissen wir, dass die Erde begrenzt und endlich ist und dass sie kein Projekt für unbegrenztes Wachstum zulässt. Dennoch ist dieser Glaube immer noch vorherrschend.

    4. Die Zerstörung der Natur

    In den letzten Jahrzehnten, vor allem nach dem Zweiten Weltkrieg (1939-1945), nahm die systematische Aggression ein Ausmaß an, das einer echten Zerstörung der Ökosysteme und der biologischen Vielfalt gleichkam. Mutter Erde selbst wurde nun an allen Fronten angegriffen. Um den gegenwärtigen Verbrauch der Menschheit zu decken, brauchen wir anderthalb Erden, was zum “Earth Overshoot” führt, der dieses Jahr am 22. Juli stattfand.

    Namhaften Wissenschaftlern zufolge haben wir ein neues geologisches Zeitalter, das Anthropozän, eingeläutet, in dem der Mensch die größte Bedrohung für die Natur und das Leben darstellt. Wir sind an einem Punkt angelangt, an dem unser industrieller Prozess und unser konsumorientierter Lebensstil jährlich etwa 100 000 lebende Organismen dezimieren. Aufgrund dieser wahren biologischen Tragödie sprechen wir vom Nekrozän, d. h. dem Zeitalter des Massensterbens (necro) von natürlichem Leben und auch von menschlichem Leben. Auch im Amazonasgebiet werden ganze Ökosysteme in Mitleidenschaft gezogen. Schließlich sprechen einige bereits vom Pyrozän (Pyros ist griechisch für Feuer). Die Veränderung des Klimaregimes und die unaufhaltsame Erwärmung trocknen den Boden aus und erhitzen auch die Steine so, dass Stöcke und trockene Blätter Feuer fangen, das sich ausbreitet und riesige Brände verursacht, die bereits in Europa, Australien, dem Amazonas und anderen Orten zu beobachten sind.

    Wer wird den zerstörerischen Impetus und die Wut des Menschen stoppen, der mit chemischen, biologischen und nuklearen Waffen bereits die Mittel zu seiner eigenen Selbstzerstörung geschaffen hat? Nur göttliches Eingreifen? Gott, so heißt es in der Heiligen Schrift, ist der Herr des Lebens und der “leidenschaftliche Liebhaber des Lebens”. Wirst du intervenieren? Die Fragen bleiben offen.

    Leonardo Boff Befreiungstheologe aus Brasulien, Auchtor mit Mark Hathaway, The Tao of liberatioin, N.Yorl 2010.